lunes, 18 de febrero de 2019

NOVOTEL BARCELONA SANT JOAN DESPI (BARCELONA)

NOVOTEL BARCELONA SANT JOAN DESPI (****)
Carrer de TV3, 2
08970 Sant Joan Despi (Barcelona)

Habitación: 512
Fecha de entrada: 18/03/2018
Tarifa: 67€ (AD)


A la entrada de la ciudad por la A2 a pie mismo de autopista en una zona amplia con otros edificios hoteleros y el enorme complejo de la televisión autonómica catalana. Un edificio cuadrado en granito gris con ventanas que hacen algo de espejo. Siete alturas terminadas con un remate con el logo de la cadena. Delante del hotel es imposible parar, aunque junto a la puerta hay una pequeña zona ajardinada para un carga y descarga rápido. Un poco más adelante sí que es posible encontrar plazas de aparcamiento.

La puerta corredera se abre automáticamente bajo un pequeño techo metálico en el que en una vitrina se ofrece información del hotel y bajo el que hay un enorme óculo en metacrilato blanco a través del que se ve la zona de juegos infantiles que ofrece el hotel. En el suelo, una alfombra que combina el metal y la tela. Dentro el espacio es amplio. Iluminado con mucha luz, quizá algo fría. Al fondo, un bullicioso bar con la televisión a volumen alto. Aquí delante varios sofás y un par de mesas altas con ordenadores y la zona de juegos infantiles con varias playstations. A la derecha de la puerta, casi oculta, queda la recepción. Aunque el corte de todo es "moderno" algo respira una cierta sensación de antigüedad. 

Los mostradores de recepción, dos, en madera rojiza y rematados con un cristal con el logo del hotel así lo demuestran. Todo muy abigarrado y junto, en una pequeña zona en la que se amontonan una vitrina con objetos que vende el hotel y un par de posters con información sobre el hotel y la ciudad. Tras el mostrador, colgando de una pared también en madera rojiza una televisión con información del hotel y un reloj digital. Nos atiende un joven que nos pide de nuevo todos los datos (la reserva hasta está pagada). Copia del DNI, copia de la tarjeta y luego llega el momento de las firmas: hay que firmar el parte de viajeros, no sé qué de la tarjeta, no sé qué de la reserva... Tedioso. Y más porque es medianoche y estamos cansados. Por fin nos asigna la habitación, y nos da la tarjeta. Por el wifi tenemos que preguntar nosotros, que es gratuito y veloz en todo el edificio. Por el desayuno también tenemos que preguntar nosotros.

Dos pasos hacia atrás y en ese amplio hall de luces frías encontramos los ascensores. Dos. Modernos, de puertas metálicas correderas. Dentro son generosos de tamaño. Moqueta en el suelo y paredes de madera con algún espejo. Varios carteles del hotel cuelgan de sus paredes. Sorprende uno que avisa de posibles "atascos" en el desayuno en función del horario al que vayamos.

El ascensor abre sus puertas a un pasillo que corre a derecha e izquierda. Suelo de moqueta marrón bastante sucia por el paso del tiempo y algo deteriorada. Puertas de madera clara. Pomos metálicos y el número de la habitación en un pequeño letrero en gris verdoso sobre la misma puerta. A derecha e izquierda del pasillo, unas ventanas con vistas al exterior por las que la luz entra durante el día. 

Tras la pesada puerta mantenemos la misma moqueta marrón viejuna que pide a gritos una renovación. Paredes en gotelé blanco algo demodé. No es necesario introducir la tarjeta en ningún sitio para activar la luz, y basta con pulsar un interruptor que enciende un sólo punto de luz ubicado en ese pasillo de la entrada y una lámpara anclada al largo escritorio que hay en el dormitorio. A la derecha hay un aparador con la caja fuerte, dos tablas con sendas barras ancladas a la pared entre las que hay un espejo de cuerpo entero hacen las veces de armario. De las barras cuelgan algunas perchas antirrobo. 

Un paso más adelante encontramos el dormitorio. De generoso tamaño y rematado por una ventana que debió tener un gran adhesivo por el exterior y que se quedó el pegamento adherido por lo que entra la luz pero no se ve bien lo que hay fuera. Vistas, aquí abajo, al pequeño jardín que rodea el edificio y un poco más allá, a la carretera que está allí mismo. La ventana protegida por un foscurit en tono arena algo desvencijado ya que no impide el paso de la luz cuando amanece. 


A la izquierda encontramos el display del aire acondicionado. Un botón de encendido y apagado, otro para la potencia y una rueda para la temperatura. No hace nada. Nada. Sólo ruido. Con el selector a 30 grados el aire sigue saliendo frío. A la derecha hay un larguísimo armario en madera blanca que enlaza un maletero generoso con un larguísimo escritorio. En él hay anclada una lámpara con pantalla de cristal blanco. Bajo ella, una cajonera con un lustrazapatos, unos folios y un set de costura. Encima del escritorio un enchufe disponible, el único en toda la habitación y el teléfono, que no está en la mesilla, ya que estas son demasiado pequeñas, una televisión plana y algunos folletos del hotel. Encima, colgando de la pared, un cuadro feo en rojo. Dos sillas, de enorme respaldo, algo incómodas para el trabajo y al final del escritorio, metido en un armario, el carísimo minibar. Junto a él, una papelera. Al final del escritorio, sobre el minibar se ofrece una bandeja de cortesía con un hervidor de agua un par de vasos de cartón y un surtido de cafés, infusiones y azúcares. 

En el lado izquierdo del dormitorio está la cama. Uno de los lados está casi pegando a la pared, por lo que el paso hacia ese lado resulta complicado. Blanca, con cuatro almohadas bastante cómodas. El colchón quizá resulte demasiado blando. Un nórdico muy agradable nos envuelve. Un pequeño cabecero en madera recoge dos minimesillas. En una de ellas un block de notas y un lapicero. Sobre ambas, dos lámparas de noche con pantalla de cristal blanco que se encienden con pequeños interruptores situados en su fuste. Luz agradable pero escasa. 

Junto a la cama, y en el espacio que hay hasta la ventana se extiende un largo sofá que puede convertirse en cama. Resulta cómodo. Vestido con una funda en tonos marrón algo sucia. Sobre él, anclado en la pared hay un aplique de luz a juego con los demás. No hay enchufes disponibles para los aparatos electrónicos, salvo el que hay sobre el escritorio, lejos, sin duda, de la cama.

El descanso es fácil. La insonorización interior del hotel no es mala, y el hotel resulta tranquilo. La exterior también es buena, aunque se escucha algo el pesado tráfico de la A2.

El baño se abre tras una puerta blanca con un pequeño pomo redondeado. El suelo es de porcelana marrón. Las paredes de baldosas blancas con algún detalle en naranja algo trasnochadas. A la izquierda de la puerta está el inodoro con la cisterna incrustada en la pared y el bidet. A la derecha, en fibra, una encimera curva de color verdoso que acoge el lavabo. Sobre ella hay un enorme espejo que incluye dos grandes apliques de luz. En general fría, pero efectiva. Sobre una madera se ofrecen un bote de champú otro de gel y una pastilla de jabón. Al otro lado, anclado a la pared, un secador de pelo de generosa potencia. El grifo, monomando, está demasiado roñoso y el difusor de aire resta potencia y caudal al agua. De una barra metálica anclada al bajo de la encimera, cuelgan dos toallas de manos.

Enfrente de la puerta está la bañera. Algo sobreelevada, lo que puede hacer incómodo el acceso y deja el grifo excesivamente bajo para los que somos altos. Protegida por una antihigiénica cortina blanca que queda casi corta. La grifería sigue siendo tan roñosa como la del lavabo y además está puesta inclinada. Las juntas de la bañera con la pared y con el resto del alicatado están bastante dañadas. La temperatura de la ducha, que es una alcachofa normal de teléfono, es correcta, pero falta un punto de caudal y otro de presión. Una barra situada dentro de la bañera ofrece las dos toallas de ducha: blancas, limpias, mullidas y generosas.

Por la mañana en un restaurante situado junto al bar y rodeado de cristaleras al jardín y la piscina del hotel se sirve un completo desayuno buffet atendido por una simpática camarera. El surtido es muy generoso: zumos, fruta cortada, embutidos, fiambres, quesos, platos calientes (huevos fritos, tortilla, revueltos, bacon, salchichas, chorizos, verduras...), distintos tipos de pan recién horneado, bollería crujiente, chocolates, galletas... y un café de máquina no muy malo. Ofrece además la posibilidad de preparar café para llevar en un vaso de cartón. Lástima que el espacio, quizá con luz demasiado artificial no sea excesivamente acogedor.

En el mostrador de recepción el mismo peñazo de siempre, pero especialmente lento. Hay que volver a dar los datos de la empresa, firmar otro puñado de papeles... pese a que ya todo estaba pagado. Con tanto rollo casi ni nos dicen adiós.


Calidad/precio: 6
Servicio: 6
Ambiente: 5.5
Habitación: 6.5

Baño: 4.5
Estado de conservación: 4.5

Desayuno: 8.5
Valoración General: 6

miércoles, 6 de febrero de 2019

MERCURE BILBAO JARDINES DE ALBIA (BILBAO - VIZCAYA)

MERCURE BILBAO JARDINES DE ALBIA HOTEL (****)
Orueta Apezpikuaren, 2, 
48009 Bilbao (Vizcaya)

Habitación: 306
Fecha de entrada: 14/03/2018
Tarifa: 93€ (SA)


En el centro administrativo de la ciudad, a un paso de la zona vieja y del Guggenhein encontramos un moderno edificio en granito blanco con grandes ventanales que lo rompen, situado anexo a otro edificio de corte más clásico y en una calle pequeña de circulación restringida. El edificio abre su puerta a la recepción en la planta 3, teniendo un par de plantas hacia arriba y otro par hacia abajo asumiendo el desnivel que en ese lugar ofrece la ciudad.


Un amplio y luminoso hall nos recibe. Techo alto tras las puertas de cristal correderas ubicadas bajo un pequeño techo con el logo del hotel en metálico. Dentro, paredes blancas. A la derecha, en un elegante azul marino, un trozo de pared como de capitoné y un par de butacas. Un paso adelante los dos mostradores de recepción. Exentos, como dos bloques de mármol negro separados. En ellos algunos folletos del hotel. Tras ellos, cuelga de la pared una foto de la ria y sobre ella un enorme pedazo de acero cortén como si fuera un trozo de barco. Lámparas de bola amarillentas cuelgan del techo. La sensación es de modernidad, con algún toque elegante (en los colores), pero también de cierto bullicio. A la izquierda de la entrada se encuentra el bar, y un poco más adelante de la recepción, la enorme barra (generosa y visualmente surtida de pinchos, bocadillos...), quizá demasiado bulliciosa. 

En recepción el trato sin más. Al menos es rápido. Da igual haber ingresado los datos en la reserva, da igual el oro de la cadena, da igual... otra vez DNI, tarjeta... Nos asignan la habitación y nos indican su habitación, en la misma planta que la recepción ya que estamos en el nivel calle pero es el piso 0. También nos indica el funcionamiento del wifi que es velocísimo y de sencilla conexión.

Avanzamos unos pasos y llegamos a la zona donde están los dos ascensores de puertas metálicas. Allí mismo una puerta metálica de color azul verdoso nos invita a pasar al pasillo al que se abren las habitaciones. Luces puntuales, atmósfera agradable moqueta en el suelo, mullida y limpia en tonos marrones y rosas. Las paredes en verde azulado y las puertas, poderosas en tono a juego. Los pomos de acero con lector de tarjetas por proximidad.

Tras la pesada puerta mucha luz, artificial. Suelo de madera nueva y limpia. Paredes empapeladas imitando tela en color crudo con elegantes listas azules. A la derecha, antes de la puerta del baño una ranura iluminada en verde para la tarjeta. Botonadura en plástico negro elegante. Un amplio pasillo. 

A la derecha, el armario, con dos puertas correderas, una de espejo y la otra empapelada en el mismo tono que el resto de la habitación. Por dentro, en un lado, un colgador con perchas antirrobo y un par de baldas. En el otro, varias baldas, cajones, la caja fuerte, y una gamuza lustrazapatos.

Un par de pasos más adelante llegas al dormitorio. El espacio es grande y generoso. Moderno. Quizá las rayas azules le den un aire especial de elegancia. Allí mismo el display del aire acondicionado. Sencillo: una rueda para elegir la temperatura, y dos botones para seleccionar el encendido y apagado y la potencia. Funciona con eficacia y aunque no hace demasiado ruido, no es posible dormir con él encendido. 

A la derecha de la habitación hay un armario negro de madera con el minibar de corto y caro surtido, un par de vasos y una bandeja de cortesía con un hervidor, te, café, y azúcar. Sobre él, un revistero con algunas revistas sobre la ciudad. A continuación un maletero de madera negra y tiras de plástico blancas. Sobre él, un espejo enmarcado en negro. Después, bajo un gran plasma hay una estrecha mesa de trabajo de madera negra con algunos detalles en piel blanca. No resulta muy cómoda porque deja poco espacio para meter las piernas por debajo. Sobre ella hay varios folletos del hotel, dos enchufes disponibles y una silla negra de plástico y metal. En el espacio que hay hasta la ventana hay una butaca comodísima en tono azul y una lámpara de pie baja como de lectura. 
La ventana esta protegida por una cortina-foscurit. Vistas a la calle principal y a un edificio quizá demasiado cercano. La insonorización no es muy mala, pero hay un bar cercano con terraza y toca noche de fútbol por lo que se oye algún que otro grito. Por dentro la insonorización es bastante mejor. 

A la izquierda del dormitorio están las camas. Dos. Generosas. El colchón es muy cómodo, aunque visualmente aparece algo hundido. Ambas se presentan vestidas en blanco con sábanas y un suave nórdico. Dos almohadas en cada una de distinta dureza y un cojín con detalles en azul. Ambas ubicadas bajo un cabecero de piel blanca en capitoné del que salen dos enormes lámparas de aire retro que permiten una fantástica lectura en la cama. A cada lado sendas mesillas, generosas, en madera negra y piel en tono crudo. Sobre una de ellas hay un enorme y modernísimo teléfono además de un block de notas y un lapicero del hotel. Sobre ambas hay sendas lámparas de noche en cristal de colores y pantallas en tonos crudos que crean una agradable sensación de luz cálida en el espacio. Un montón de interruptores para apagar todas las luces de la habitación y un par de enchufes disponibles para los equipos electrónicos.

El baño también resulta nuevo, limpio y brillante. En mármol y granito negro y blanco. De frente una encimera negra recoge un lavabo blanco con grifería monomando muy cuidada. Aunque su presión es adecuada, su caudal resulta algo escaso y se nota demasiado el difusor de aire. Sobre un metacrilato se ofrecen dos botes de champú, dos de gel y dos pastillas de jabón, todo de buena factura y envasado con el logo de la cadena. Dos vasos de cristal. Sobre la encimera un espejo con marco de madera oscura. Al lado un secador de buena potencia. Junto a las patas metálicas que sostienen la encimera, una papelera de metal.

A la izquierda, sobre un suelo negro, distinto al mármol blanco del resto del baño se presentan un inodoro y un bidet. El inodoro está demasiado cerca de la pared y sentarse puede resultar algo incómodo si uno es grande. Junto al bidet, cuelgan de un toallero las dos toallas de manos, quizá algo lejos del lavabo. Blancas, mullidas y de buena factura. A la derecha una fenomenal cabina de ducha con una mampara de cristal quizá algo corta que hace que por la mañana saquemos más agua de la deseada al suelo del baño. Una moderna y brillante grifería ofrece una doble ducha: un teléfono de generosa alcachofa y una ducha superior de efecto lluvia. La presión, el caudal y la temperatura son envidiables. En el rincón hay un pequeño aparador para colocar el champú, que nos hemos tenido que acordar de coger. Dentro de la ducha también hay un generoso calienta toallas que hace las veces de calefacción, lo que permite levantarse por la mañana con el baño caldeado. Las toallas en él ofrecidas son grandes, mullidas, blancas y nuevas.

Por la mañana la salida en recepción es un poco fría y atropellada. Demasiados procesos y demasiado lentos para sacar una factura con unos datos que ya deberían tener. Con tanto clic informático casi ni nos despedimos.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 7
Ambiente: 7.5
Habitación: 8.5

Baño: 8.5
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 
Valoración General: 8

martes, 22 de enero de 2019

HOTEL LÓPEZ DE HARO (BILBAO - VIZCAYA)

HOTEL LÓPEZ DE HARO (*****)
Orueta Apezpikuaren, 2, 
48009 Bilbao (Vizcaya)

Habitación: 511
Fecha de entrada: 08/03/2018
Tarifa: 93€ (SA)



A un paso del centro comercial de la ciudad, y a dos del centro más histórico de la ciudad, en una tranquila y corta calle casi sin tráfico encontramos un clásico de corte clásico, con una planta baja de tipo florentino con grandes bloques de piedra, algunos óculos y una enorme puerta de madera blanca y cristal con manivelas doradas y letras del mismo color con el nombre del hotel por encima. Hacia arriba, seis plantas de ladrillo, roto por cuadradas ventanas. Todo muy recto, simétrico y clásico.

Un tipo vestido de blanco de los pies a la cabeza se hace cargo de nuestro coche y de nuestro equipaje nada más parar frente a la puerta en el espacio reservado para ello. Nos abre la puerta y entramos en un luminoso recibidor. Todo pintado en blanco. Puntos de luz en el techo. En el suelo, sobre el mármol, una enorme alfombra sobre el que hay una mesa con algunas plantas. A la derecha, en un armario librería se ofrece agua y una infusión de bienvenida. A la izquierda el mostrador de recepción, como una barrera tras la que hay un par de mesas de trabajo. Sobre el mostrador, ancho y de mármol hay algunas tarjetas y folletos del hotel.

Hace años que no dormimos aquí, pero el recepcionista nos saluda sorprendentemente por nuestro apellido. Muy ceremonioso chequea nuestros datos en el ordenador y nos entrega un pesado llavero dorado con llave antigua. Nos pregunta cuántos equipos vamos a querer conectar a la red y nos entrega dos papelitos (uno para cada uno) con la compleja clave del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio.  Los armarios, las molduras del techo, las alfombras… todo da una refinada sensación de clasicismo. Lástima que el bar, ubicado al fondo del hall, sea demasiado gritón y que huela demasiado como a lejía.

El tipo de blanco nos indica el camino hacia el ascensor y nos acompaña. Botones dorados clásicos abren dos puertas automáticas. muy ceremonioso. El interior del ascensor es nuevo. Paredes imitando madera con unas láminas de espejo y una pantalla con una foto de NuevaYork y un surtido de noticias. Las puertas se abren a un amplio distribuidor. Suelo de madera, antigua pero cuidada, alfombras por todos los sitios. Hay como dos alturas, unidas por una amplia escalera. Luces puntuales. Sensación de calidez. Paredes a grandes rayas blancas y negras. Puertas de madera antigua bien cuidada. Lástima que las puertas de los office y de las escaleras estén destrozadas a golpes.

La puerta se abre con una llave de las antiguas, de cobre. Moqueta gruesa, casi negra en el suelo, paredes blancas y techos con molduras en color gris plateado, como casi todos los marcos de las puertas. Un foco de luz en el pasillo. Algo frío. Todos los interruptores son negros con una banda iluminada en tono rojo. Hay uno que activa todas las luces de la habitación. A la derecha, tres puertas entreabiertas con el armario. Viejo. Las puertas están pintadas pero no las merece un cinco estrellas. El armario tampoco. Hay tres partes. En una un viejo minibar con un amplísimo y caro surtido. En otra, cajones y una caja fuerte y en otra el colgador largo. Perchas antirrobo de distintos formatos y medidas, y una curiosa percha porta corbatas. A continuación un enorme espejo de techo a suelo. Enfrente, la puerta del baño, en madera blanca, con manivela de acero nuevo y marco de madera en ese gris plateado. La sensación es de que hace falta alguna reforma. Algunas partes del techo están rajadas e incluso algún trozo de moldura, caído.

Un paso más adelante entramos en el dormitorio. No es muy grande. A la derecha de la puerta un maletero de metal de tijera bajo una placa de metacrilato que cubre la pared. El botones vestido de blanco se encarga de abrirlo y colocar sobre él la maleta. A continuación, colgando de la pared, un bonito televisor de plasma, y junto a él antes de la ventana un pequeño escritorio. Tiene demasiadas cosas (un equipo de música, una cafetera de cortesía, un bote de ambientador, cartas y folletos del hotel...) por lo que se hace complicado trabajar en él. Junto a él hay varios enchufes disponibles. Pero falta espacio (la mesa es pequeña, aunque de bella factura) y falta también una lámpara de trabajo. Sobre el escritorio, un cuadro en blanco y negro con una imagen clásica de la ciudad.  Delante del escritorio una silla de madera negra a juego con la mesa, y tapizada en raso a rayas bastante incómoda.

Al fondo de la habitación protegida por unos cortinones brillantes en color plata, un visillo blanco y un potente foscurit está la ventana de correcta factura. Vistas a un patio interior silencioso decorado con un pequeño jardincito al que se le podrían dar más posibilidades.

A la izquierda de la puerta del dormitorio encontramos, bajo un espejo con marco de madera una mesa redonda de centro con una flor y una silla de piel cómoda aunque algo baja. En el centro está la cama. Ancha para ser individual, quizá estrecha para ser doble. Ubicada bajo un potente cabecero de tela negra con motivos florales y un marco grande negro. Contrasta con la lencería blanca con la que se viste el descanso. Dos almohadas y un cuadrante comodísimos, como comodísimo es el colchón y el nórdico y las sábanas que conforman el equipo de lencería. A los pies, un plaid en ese tono gris plata que se repite por todos los sitios. A cada lado de la cama hay sendas mesillas, de madera negra. Elegantes. Sobre ambas, dos lámparas de noche, con pantallas muy oscuras. Dan un toque muy cálido y agradable a la habitación por la noche, pero claramente insuficiente para la lectura o el trabajo desde la cama. En una de ellas, la que tiene el teléfono, hay una hilera de interruptores de luz y otro para un hilo musical que no funciona. Un enchufe disponible. 

El descanso es correcto. Hay aire acondicionado, algo ruidoso, pero no se puede controlar desde la habitación. Debe ser todavía de aquellos centrales para todo el edificio. Lo cierto es que la temperatura resulta más que agradable, y el ruido es apenas imperceptible durante la noche. La insonorización interior podría mejorarse. El hotel es muy tranquilo pero se escuchan las puertas de los vecinos. El dormitorio en general está renovado e inspira una agradable sensación de calidez.
El baño resulta más arcaico. Antiguo. No es viejo porque todo está muy bien conservado, pero respira aires de tiempos pasados. Muy luminoso con puntos de luz en todo el techo y con distintas opciones de luz. Suelo y paredes en mármol en tono arena. A la izquierda hay un inodoro y un bidet (con tapa) de corte antiguo. El inodoro es de esos que se llena de agua cuando uno tira de la cadena. Junto a ellos una papelera con una bolsa de plástico. Frente a la puerta hay un lavabo blanco encastrado en una encimera de mármol sobre la que hay un enorme espejo. En la parte baja del espejo hay una repisa de cristal en la que se ofrecen dos vasos envueltos en plástico, un bote de gel, de crema hidratante, de champú y de acondicionador, y una pastilla de jabón. Todo ello bien empaquetado con el logo de la cadena Ercilla. Junto al lavabo, en una cesta de mimbre se ofrece el resto de las amenites: set dental, pañuelos de papel y gorro de ducha. Quizá repertorio algo escaso para algo escaso para un cinco estrellas.  A la derecha del lavabo un espejo de aumento con el mástil que lo agarra a la pared algo deteriorado. A la izquierda un potente secador de pelo.
El grifo es algo antiguo, pero funciona a la perfección. Buena temperatura, presión y caudal, tanto que el ruido que provoca el chorro de agua contra el lavabo llega a resultar molesto. A la derecha de la puerta encontramos la bañera. No muy alta, y protegida por una mampara de cristal. Dentro, una impresionante columna con chorros de hidromasaje, quizá algo baja para los que somos muy altos, lo que nos obliga a ducharnos “doblados”. La temperatura y presión son correctas, pero quizá al caudal le falte un punto para ser excelente. Al fondo de la bañera encontramos un toallero metálico donde se ofrecen dos toallas de ducha. Las otras dos toallas, de manos, cuelgan de una barra delante del lavabo. La lencería en general es correcta. Blanca, muy limpia, de tamaño generoso pero poco lustrada para ser un cinco estrellas.

Salimos temprano y todavía no está disponible el desayuno. Pero la atención en recepción es sumamente cálida. Nos preguntan por el minibar, pero también por el descanso, y se hacen cargo de nuestro equipaje que bajan al coche que acercan a la puerta mientras terminamos de abonar la estancia.

Calidad/precio: 9
Servicio: 10
Ambiente: 8.5
Habitación: 8.5

Baño: 7
Estado de conservación: 6

Desayuno: 
Valoración General: 8.5

miércoles, 9 de enero de 2019

HOTEL LA CITY (ALICANTE)

HOTEL LA CITY (***)
Avda de Salamanca 16
03005 Alicante

Habitación: 601
Fecha de entrada: 24/02/2018
Tarifa: 


En un edificio de siete plantas, estrecho, de ladrillo rojo, con dos ventanas por piso, ubicado justo frente a la estación del tren de Alicante, embutido en una manzana con otros establecimientos hosteleros, viviendas y apartamentos, encontramos este sencillo y funcional hotel. 

Una fachada de cristal, de escasos 6 metros abre a la calle y llena de luz la pequeña recepción. Puertas correderas entre pequeñas plantas artificiales, con el logo del hotel. Dentro, allí mismo, se amontonan en un pequeño espacio el mostrador de recepción a la derecha, dos bicis de alquiler, unas cuantas butacas de cuero negro y metal, una máquina de vending con bebidas, varias vitrinas en con objetos de la zona a la venta. 

El mostrador, alto y con un montón de cosas por encima (folletos, tarjetas...) está atendido por un simpático joven. Pesados trámites legales y varias llamadas por el walkietalkie para comprobar la disponibilidad de las habitaciones. Intenta adjudicarnos, sin éxito, una habitación con cama de matrimonio. Nos entrega la tarjeta que hace de llave de la habitación y una clave para el wifi, gratuito, veloz y sin cortes. 

Dos pasos más adelante en un estrecho pasillo de terrazo, como el resto de la recepción está el ascensor. Sólo uno para tantos pisos puede resultar escaso en algunos momentos. Al fondo de ese pasillo está la pequeña cafetería con una televisión encendida a gran volumen. El interior del ascensor tiene el suelo imitando madera, botonadura de plástico gris, y algunos espejos oscuros. No es muy grande, pero tampoco pequeño. 

Las puertas automáticas se abren a un estrecho pasillo que corre a derecha e izquierda con suelo de terrazo, y luces demasiado frías. En los pasillos un par de radiadores eléctricos. Pocas habitaciones por planta, aunque faltan indicadores a la salida del ascensor de cuales hay a cada lado. Las puertas de las habitaciones en madera clara con modernos pomos. 

Dentro el suelo cambia a gres algo machacado en color arena. Frente a la puerta de entrada está la puerta del baño en la misma madera. Interruptores de plástico blanco y gris algo endebles. Una ranura para la tarjeta y que se active la luz. En dos pasos estamos en el dormitorio, no sin antes, activar el aire acondicionado. Un sencillo display con un botón de encendido, otro de potencia y una rueda para seleccionar la temperatura. Funciona muy bien, aunque ruidoso para dormir con él. 

Ya dentro del dormitorio a la izquierda encontramos un poderoso armario de puertas correderas de madera. Pese a su espectacularidad exterior, el interior resulta algo pobre. Un par de perchas antirrobo en una zona de colgador largo, y otro par en el lado del colgador corto donde además hay una cajonera con una gamuza lustrazapatos y una caja fuerte. Frente al armario, un maletero de madera con lamas metálicas. 

A continuación dos camas, estrechas (muy) y cortas (muy), apoyadas sobre un cabecero de madera algo brillante en el que se empotran las mesillas. Encima del cabecero dos cuadros con dibujos raros. Sobre una de las mesillas un teléfono, un lapicero y un bloc de notas. Sobre ambas, interruptores para las luces, un enchufe (en ambos lados) para los aparatos electrónicos y un par de lámparas con pantalla en blanco algo escasas de potencia (para la lectura) pero que ayudan a crear un ambiente algo más cálido que lo que la sensación general produce. Las paredes pintadas en un gris verdoso tienen bastantes rayas, golpes y grietas, lo que genera una cierta sensación de descuido. 

Las camas están recubiertas por una algo vieja colcha blanca. Sábanas blancas, correctas y limpias y como manta un nórdico a cuadros blancos. A los pies, un plaid de color marrón algo sucio, a juego con los cojines. La insonorización exterior es formidable, y la interior mejorable aunque al haber pocas habitaciones en cada planta, todo resulta bastante tranquilo. 

A los pies de la cama hay una mesa escritorio en madera clara. Sobre ella una pequeña televisión plana. Algunos folletos del hotel y una bandeja con varias gominolas, dos vasos y un botellín de agua de cortesía. En un extremo, una lámpara de aluminio con pantalla blanca, con poca potencia para trabajar. No encontramos enchufe libre cerca salvo que desenchufemos la luz, la tele o el minibar vacío que hay bajo el escritorio junto a una papelera.

Junto a la mesa está la ventana. Nueva, con persiana y buen cierre. Protegida por una cortina corta en tono crudo algo sucia. Al fondo de la habitación hay un espejo de cuerpo entero y una cama supletoria donde entendemos que debería haber una butaca. El espacio en general es generoso, aunque algo frío y poco acogedor.

El baño resulta algo oscuro. Paredes de porcelánico gris oscuro y suelos de porcelánico crudo. Hay dos interruptores de luz junto a la puerta. Uno ilumina dos focos sobre el lavabo. Luz cálida y puntual aunque algo insuficiente. El otro enciende una luz algo más fría y un ruidoso extractor. El espacio es suficiente. Frente a la puerta un pequeño, pequeño, lavabo en blanco, con el grifo puesto en un lateral. Es tan pequeño que la repisa que hay sobre él molesta un poco a la hora de lavarse. En la repisa, de cristal, se ofrecen dos vasos de plástico, y dos curiosos sobres como de smoothies con el champú y el gel, de apertura algo compleja. Sobre ella, un pequeño espejo. Bajo el lavabo, una toalla de manos que cuelga de una barra toallero de metal y una banqueta de plástico blanco. Cerca, colgando de la pared, un potente secador de pelo.
 
A la derecha de la puerta hay un inodoro y un bidet, de porcelana blanca. Colgando de la pared hay un aparato de calefacción algo ostentoso que no necesitamos utilizar, junto a una percha metálica. A la izquierda está la bañera, lamentablemente protegida por una larga y antihigiénica cortina blanca que cuelga de una barra. Dentro, una grifería sencilla pero que ofrece una increíble presión, caudal y temperatura. Y un toallero con una toalla de baño estándar pero bastante correcta. 

Por la mañana, en una pequeña cafetería ubicada al fondo de la recepción se sirve un buffet con escasa calidad, corto surtido (huevos revueltos sin huevo, algo de embutidos y jamón, queso, panes, zumo de naranja y algo de bollería de poca calidad) y con un montón de ruido de la barra y de la televisión. Luego en la recepción, salida sin más, la factura y adiós. 

Calidad/precio: 
Servicio: 5
Ambiente: 6.5
Habitación: 7.5

Baño: 7
Estado de conservación: 6

Desayuno: 3
Valoración General: 7

lunes, 10 de diciembre de 2018

NH MURCIA CENTRO (MURCIA)

NH MURCIA CENTRO (***)
Madre de Dios 4
30004 Murcia

Habitación: 410
Fecha de entrada: 15/02/18 
Tarifa: 



En el mismo corazón de la ciudad, al lado de la Catedral y en la zona comercial de tráfico restringido, NH ha reformado un antiguo hotel "de los de toda la vida". Un edificio empotrado en una manzana de viviendas. Siete alturas de ladrillo anaranjado y ventanas de aluminio blanco en una estrecha calle semipeatonal. Frente a la puerta hay media docena de sitios reservados para la carga y descarga de pasajeros antes de llevar el coche a un vertiginoso y peligroso parking que queda a dos pasos. 

Diez metros de fachada de cristal con puertas que hay que empujar nos introducen a una recepción muy nueva y moderna. No grande, pero tampoco pequeña. Luces un punto frías, maderas grises en el suelo y claras a lamas intercaladas con luces en el techo. Alguna butaca y una pequeña mesa con agua y golosinas como bienvenida. En medio dos columnas poderosas redondeadas. A la izquierda unas enormes letras de NH y a la derecha el mostrador de recepción que más bien es un búnker metido en la pared. Dos puestos de trabajo tras un anchísimo mostrador de mármol blanco rematado junto al suelo con unas luces. Algunos folletos de la cadena y un par de pantallas con imágenes del hotel. Dentro hay algunos armarios viejos. 

Nos atiende un recepcionista algo mayor, con más voluntad que acierto. Algo lento, y eso que es entrada la madrugada. Imprime todo lo que hay que firmar después de volver a copiar los datos del DNI que ya debería tener la cadena. Nos indica el horario y la ubicación del desayuno y nos entrega la tarjeta de la habitación. Sobre el mostrador hay un cartelito que ofrece la clave del WiFi que funciona bastante mal.

Seguimos avanzando hacia el interior del establecimiento y tras tres escalones (también hay rampa) encontramos el ascensor. Es pequeño, antiguo, con las puertas, estrechas, algo deterioradas. Pintadas en blanco, a juego con la luminosidad del resto del espacio. El interior, en cambio, es más oscuro, con botones metálicos algo antiguos, una zona de espejo y un enorme cartel ofertando el servicio de desayunos del hotel.

Las puertas se abren, algo desvencijadas, frente a un pasillo muy luminoso en tonos crudos. Suelo de moqueta algo rosada, paredes en vescom crudo con indicadores de los números de las habitaciones en acero y algunos tramos de pared recubiertos con enormes y curiosos vinilos en blanco y negro con estampas de la ciudad. Al pasillo principal, ancho, se abren otros bastante más estrechos que conducen a las habitaciones. Luz abundante y sensación de nuevo. Puertas de madera clara con modernos pomos de acero brillante. 

La puerta se abre justo frente a la puerta del baño, en un estrecho pasillo. Junto a ella, unos interruptores en gris con la ranura para la tarjeta. Suelo de madera nueva, limpísima y cuidada en tono claro. Paredes en vescom a elegantes rayas blancas y crudas. Dos pasos y llegamos al dormitorio, aunque antes encontramos a la derecha un espejo de cuerpo entero con sencillo marco de madera. El espacio es más bien reducido. Pero suficiente. Y muy luminoso. 
 
Al fondo, una generosa ventana algo endeble (menos mal que la calle es tranquila) cubierta por un eficaz foscurit y un visillo en marrón oscuro casi negro. Antes de ella, un moderno escritorio blanco, de madera con patas metálicas, delante del que hay una cómoda silla de trabajo en piel blanca con ruedas y giratoria. Sobre la mesa algunos folletos del hotel, un moderno flexo fenomenal para el trabajo, y dos enchufes para los aparatos electrónicos. En el suelo, una papelera, y colgando de la pared un enorme plasma. 

Entre el escritorio y la ventana hay un maletero de tijera en acero con cintas de tela negra. 

A la izquierda están las dos camas, algo justas de anchura (90 cm). Vestidas en blanco con un suave y mullido nórdico. Muy confortable. Dos almohadas de distinta dureza y grosor en cada una. Los colchones, de generoso calibre, se empotran en un mullido cabecero como en capitoné de piel algo verdosa retroiluminado. A ambos lados de la cama, sendas mesillas exentas, redondas, modernas en metacrilato blanco. Sobre una un moderno teléfono, un block de notas y el mando a distancia de la televisión. Sobre ambas, enchufes disponibles, interruptores para todas las luces, y dos lámparas de noche, ancladas a la pared, de escasa potencia y que funcionan con interruptores independientes situados en las mismas. 

En general el juego de luces es muy agradecido, sobre todo el toque cálido que produce la luz retranqueada tras el cabecero. Si no fuera por la mala insonorización interior del hotel (que deja escuchar cualquier movimiento en las habitaciones contiguas) y por el reflejo de la luz de emergencia situada sobre la puerta de entrada, el descanso sería formidable. Hasta el aire acondicionado es increíblemente silencioso: se trata de un aparato exento anclado a la pared sobre el armario y manejado con un mando a distancia portátil muy sencillo. Aunque le cuesta un poco arrancar, cuando lo hace, es tan eficaz como silencioso. 

Junto a las camas está el armario. De tres cuerpos. Uno con baldas y sin puerta en el que además se ofrece el minibar de corto y caro surtido y la caja fuerte. Los otros dos cuerpos combinan colgador largo y corto con perchas antirrobo con un armario cajonero. Aquí si que unas puertas de madera clara, a juego con el suelo, cierran el armario.

El baño es de tamaño ajustado pero suficiente. Limpísimo, modernísimo y luminosísimo. Suelo y paredes de porcelánico blanco con algunas vetas en gris. Luces, quizá algo frías en el techo y en dos bandas ubicadas a cada lado del espejo principal situado sobre el lavabo. Frente a la puerta está el inodoro, sobre el que hay una ventana impracticable con cristal traslúcido. A un lado del inodoro, una banqueta metálica sobre la que descansa la alfombrilla de baño. Al otro lado, colgando de la pared un calienta toallas de aluminio brillante con dos toallas de baño generosas, limpias y mullidas. Además de esas dos, el conjunto de lencería se completa con otras dos de manos que cuelgan del lavabo. 

A la izquierda de la puerta encontramos el lavabo, moderno, blanco y que presenta una pequeña encimera sobre la que se ofrecen dos vasos de cristal, dos de plástico y una bandeja con el set de amenities (jabón de manos, gel, champú, gorro de baño y crema hidratante) propio de la cadena de buena factura. El grifo monomando moderno funciona sin problemas y ofrece buen caudal y temperatura. Sobre el lavabo hay un espejo con un pequeño espejo redondo en el interior que hace las veces de aumento. 

En el rincón del fondo, tras una mampara de cristal y aluminio metálico brillante está la cabina de ducha. No muy grande, pero tampoco pequeña. Una de las paredes es un vinilo enorme con una foto de la contigua torre de la Catedral. Suelo de piedra blanca agradable al piso y al fondo una moderna grifería rematada en una gran alcachofa. La presión, el caudal y la temperatura son envidiables. ¡Qué más podemos pedir!. 

En el entresuelo, en un salón de luz algo amarillenta, por la mañana se ofrece un variado buffet de desayuno. Nos reciben, tras una pared de cristal que separa una zona de espera con periódicos, simpáticos, una pareja de camareros que enseguida nos ofrecen prepararnos algo de lo que no hay expuesto en el buffet (tortilla, huevos recién hechos...). El surtido generoso y de calidad más que correcta: zumos variados, siendo natural el de naranja, platos calientes (huevos revueltos, fritos, bacon, salchichas, vegetales...), fiambres (jamón, chorizo...), quesos, fruta preparada y cortada, variedad de panes, churros, y un surtido de bollería más que amplio, con algunos toques de dulces locales. El café se ofrece en una máquina bastante correcto, y con la opción de poder llevarse un vaso de cartón para terminar de despertarse.

Tras el mostrador nos atiende ahora una recepcionista muy atenta que se desvive por explicarnos cómo salir del parking, dejar la maleta en la consigna... Al final, nos invita a tener un excelente día, y se lo agradecemos. 

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 8

Baño: 8.5
Estado de conservación: 9

Desayuno: 8
Valoración General: 8

lunes, 19 de noviembre de 2018

AC SEVILLA TORNEO (SEVILLA)

AC SEVILLA TORNEO (****)
Avda Sánchez Pizjuán 32
41009 Sevilla 

Habitación: 402
Fecha de entrada: 30/01/2018
Tarifa:

Lejos del centro pero junto a los nudos de comunicación más importantes del oeste de la ciudad, en un barrio algo degradado, encontramos un moderno edificio exento de cinco plantas que ocupa toda una parcela entre grandes avenidas. Exterior en gris con ventanas que pueden protegerse con lamas de madera en el mismo tono lo que le da una configuración peculiar y algo "desordenada".

Media docena de escaleras, casi ocultas nos dejan desde una amplísima acera ante la puerta corredera automática que da acceso a la recepción. No es muy grande, pero el espacio se abre hacia la izquierda con el bar y el restaurante. Bastante luz, gracias a las enormes cristaleras que ocupan todas las paredes, aunque tamizada con unos visillos rayados en tonos marrón. La sensación no es cálida, pero tampoco fría. Quizá lo oscuro del resto del entorno (bar, restaurante, pasillo) sea lo que reste esa natural calidez. 

Justo frente a la puerta, a cuatro pasos de esta, está el poderoso mostrador de recepción: el frontal, como de acero muy brillante casi espejo. La parte superior, de mármol negro. Sobre ella dos vades negros y algunas informaciones del hotel y la ciudad. Colgando del techo una hilera de lámparas de cristal que iluminan el mostrador. Tras él, una pared de madera con algunos motivos geométricos. Dos puestos de trabajo. Una simpática y dicharachera recepcionista nos atiende amablemente. Damos nuestro nombre y simplemente nos pide confirmar el último número del DNI. Y del tirón nos entrega la tarjeta de la habitación, el documento que hemos de firmar y un papel con la clave del wifi que es gratuito y veloz en todo el hotel. 

Seguimos avanzando hacia el interior del edificio dejando a la izquierda el oscuro bar y restaurante hasta llegar a los ascensores, ubicados justo detrás del mostrador de recepción. Son tres, modernos, casi nuevos. Puertas metálicas automáticas. Botones digitales en una pantalla enorme blanca. Espejo oscuro en las paredes. Un cartel con información del servicio de bar y restaurante. 

Las puertas se abren a un pasillo iluminado con luces puntuales, pero nuestra habitación está allí mismo. Puerta blanca, manivela metálica. Introducimos la llave y abrimos. A la derecha, la ranura para meter la llave y activar la luz. Madera en tono gris en el suelo. Muy limpia y cuidada. Vescom a finas rayas gris claro en las paredes. Quizá un punto de frío. No está la mañana muy apacible. Junto a la rendija para la llave, está el armario. Dos puertas correderas en madera oscura con algunos metacrilatos que dejan pasar la luz interior. En un módulo, baldas y la caja fuerte. En el otro un colgador alto con media docena de perchas antirrobo. 

A continuación del armario, la puerta de cristal del baño. Justo enfrente un espejo de cuerpo entero, sin marco, y el display digital del aire acondicionado. Ruidoso. Complicado de manejar, pero eficaz. Y un paso más adelante, el dormitorio. El espacio no es grande, pero es suficiente. Frente a nosotros, en el suelo, un armario en tono metálico con ruedas que hace las veces de maletero. Sobre él una televisión plana quizá algo pequeña. A continuación, la mesa de trabajo. Generosa, cómoda, con una silla de piel plastificada negra bastante cómoda. Sobre la mesa un vade negro, la carta del servicio de habitaciones, una carpeta metálica con los servicios del hotel y una lámpara de mesa de escasa potencia para el trabajo. Junto a la mesa, un enchufe disponible. Bajo la mesa, una papelera y el minibar de cara y corta oferta. Encima de la mesa, un cuadro de tono metálico algo feo. 
 
La pared del fondo la ocupa una generosa ventana que cierra perfectamente. Por dentro, protegida por un foscurit, una cortina y un visillo. Todos ellos en distintos tonos de gris. Por fuera, unas lamas correderas como de madera permiten tapar más la luz exterior para el descanso. Amplias vistas desde la ventana a la parte trasera del hotel y a los edificios de viviendas que circundan la pastilla urbanística en la que se edifica el establecimiento. 

Bajo la ventana hay una mesa de centro redonda y negra, y con ella una butaca de piel negra y estructura metálica. Tras ella, una lámpara de pie. 

A la derecha de la entrada está la cama. Bajo un largo cabecero en negro brillante. Grande. Generosa. Vestida con unas suaves sábanas de hilo que protegen un agradable nórdico. Tres almohadas, también blancas, con un ribete en un gris marengo, muy cómodas. A ambos lados de la cama sendas mesillas en tono metálico empotradas en el cabecero. En una el teléfono. En la otra, el mando de la televisión. Sobre las mesillas sendas lámparas de noche con tulipas en color crudo y un brazo direccionable de luz de lectura muy eficaz. Bajo ellas varios interruptores de B-ticino y un enchufe disponible para recargar el móvil... 

El descanso no cuesta. El entorno del hotel es tranquilo. La insonorización exterior es colosal. La interior quizá podría mejorar un poco: se escucha alguna puerta y algún paso hacia el ascensor, pero en general, silencio. Quizá se cuela demasiada luz por las rendijas de la puerta.  
El baño tiene una pared de cristal a la habitación, protegida con unos vinilos. Espacio adecuado. Suelo y paredes en porcelánico de tonos marrones. Un punto de luz en el techo y dos luminarias encastradas en el espejo situado sobre el lavabo. Frente a la puerta, el lavabo, de cristal opaco con una grifería moderna algo usada. Quizá le falte una pieza pero el chorro de agua es demasiado pequeño, y su caudal y presión escasas. Junto al lavabo se disponen las amenities: una pastilla de jabón en forma de pelota de golf, un bote de champú y otro de gel en blanco con el logo de la cadena. Bajo el lavabo, cuelga de una barra una toalla de manos, y más abajo, en un ligero armario con ruedas se ofrecen el resto de amenities envueltos en plástico blanco (gamuza lustrazapatos, peine, gorro de baño y pañuelos de papel), un par de vasos y un par de toallas extras. La lencería (dos toallas de baño, dos de lavabo y una alfombrilla de baño) es blanca con los logos de la cadena, limpia, mullida, y agradable. Quizá las luces del espejo sean tan potentes que molesten un poco para mirarse y creen algunas zonas de sombra. 
 
Entre el lavabo y el inodoro, anclado a la pared encontramos un secador de pelo de buena potencia. Bajo él, una papelera metálica. Frente al inodoro, un bidet (con tapa) y a su lado, la bañera. Esta es blanca, moderna y bien cuidada. Protegida por una mampara móvil de cristal. Dentro moderna grifería y una ducha rematada en una alcachofa casi nueva y bien cuidada. Excelente caudal, presión y temperatura nos despiertan bien de mañana. Una pequeña bandeja permite dejar el bote de gel, y un toallero nos deja a mano la toalla para secarnos. 


En el mostrador, muy temprano, nos atiende otra simpática recepcionista, que además de las preguntas de rigor sobre el minibar, nos pregunta por nuestro descanso y nos da "un millón de gracias por habernos elegido". Otro millón para ella.

Calidad/precio: 6
Servicio: 7
Ambiente: 6.5
Habitación: 4

Baño: 7.5
Estado de conservación: 4

Desayuno: 7
Valoración General: 6

martes, 6 de noviembre de 2018

ONE SHOT COLON 46 (VALENCIA)

ONE SHOT COLÓN 46 (***)
Colón 46
46004 Valencia

Habitación: 107
Fecha de entrada: 24/01/19 
Tarifa: 56€ (SA)

Un estrecho edificio empotrado en una de las manzanas del ensanche valenciano. En la zona más céntrica y comercial de la ciudad. Ocho alturas en blanco, recientemente reformado, con algunos puntos de luz y algunos dibujos en tonos azules. Aunque la fachada destaca comparada con los edificios contiguos, nada llama la atención sobre él a pie de calle, sobre una acera repleta de escaparates. 

Unas puertas correderas de cristal con el logo azul del hotel, que permanecen siempre cerradas hasta que la recepción las activa con un botón, nos introducen en el pequeño hall. Minúsculo. Techo altísimo. Suelo negro porcelánico con dibujos geométricos y coloristas. A la izquierda el mostrador. De madera. Con dos ordenadores y dos sillas altas para que las recepcionistas se puedan sentar. Algunos folletos por encima con información del hotel. Tras él dos cuadros, que se venden. La sensación es cálida y moderna, aunque el bullicio de la calle está allí mismo. 

Una simpática joven nos recibe sonriente. Pese a que la víspera nos llegó un mail para hacer el "check-in online" (que hicimos), al llegar, no hay diferencia. Otra vez a copiar el DNI, la tarjeta... Tedioso. Por fin, nos explica el horario del desayuno (que no tomaremos), el funcionamiento del cobro del parking, firmamos un par de papeles y por fin nos entrega un cartoncito con la tarjeta de la habitación y la clave del wifi que es gratuito y veloz en todo el hotel. 

Un paso más adelante y en un recoveco protegido por algunas maderas está el ascensor. Algo antiguo pero renovado. Puertas automáticas. Un espejo en la pared del fondo, y un pasamanos en azulón. El techo algo envejecido. Las paredes negras aparecen pintadas con mensajes del hotel como si de una pizarra se tratara. 

Las puertas se abren ruidosamente en el mismo pasillo. No es muy ancho. Moqueta de figuras geométricas en verde y marrón en el suelo. Paredes de color verde. Luces indirectas a la altura del suelo. Las puertas de las habitaciones aparecen pintadas en distintos, y vivos, colores. Cada una tiene a su izquierda un brillante cuadro con el número de la habitación y colgando desde el techo un cable rematado en una bombilla. A la derecha, en la pared, varias láminas de vivos colores algo plastificadas dan el contraste de la decoración. 

Tras la puerta, gris, de apertura por contacto de la tarjeta, entramos directamente a la habitación. Sensación moderna y algo oscura. Un punto de frío. El aire acondicionado está apagado y la noche es fría. Suelo de madera algo envejecida pero limpia y agradable. Paredes grises y escasa luz: un halógeno junto a la puerta, otro sobre el escritorio y dos lámparas retro sobre las mesillas. Junto a la puerta una ranura para meter la llave de la habitación y activar las luces y el display del aire acondicionado: algo enrevesado, sin opción automática y terriblemente ruidoso, terriblemente, incluso con el sistema apagado.

A la izquierda, tras un visillo y un foscurit color arena, que no consigue parar la luz, una ventana a un estrecho patio interior decorado con formas geométricas de colores. 

A la derecha, un armario de madera empotrado, sin puertas. Una barra colgador con media docena de perchas normales. Algunas baldas y cajones y la caja fuerte. A los pies un minúsculo maletero rematado con un cojín de símil piel rojo. A continuación, el escritorio, en madera similar a la del suelo, con finas patas metálicas. La butaca, en tono azulón resulta cómoda, pero casi no nos caben las piernas bajo los hierros de las patas. Sobre el escritorio, algo de información sobre el hotel y dos enchufes: uno europeo y otro americano. Encima, como si de un enorme espejo alargado con marco de madera se tratara, está el televisor. Bajo el escritorio, un minibar de corto y caro surtido.  En la esquina final, tras otro visillo y otro foscurit, una pequeña ventana con vistas a un amplio patio de vecinos. 

Frente a la puerta están las dos camas. Colchones de buen calibre pero de ajustada anchura situados sobre unos canapés en metal morado. Los cabeceros, irregulares, en símil piel en tonos morados y marrones. Junto a las camas, dos mesillas, anchas, de cuatro patos y sin cajón. Sobre una de ellas el teléfono y un lapicero con el logo del hotel. Sobre la otra, el mando a distancia de la televisión. Dos lámparas dirigibles ancladas a la pared crean una cálida atmósfera, aunque su luz es algo escasa para la lectura desde la cama. Encima de ambas mesillas, interruptores para todas las luces y enchufes para los aparatos electrónicos. 

La cama aparece vestida con un edredón suave, pero estrecho y corto. Parece como si el calibre del colchón fuera excesivo para esa prenda. Dos almohadas de distinta dureza y grosor con unos detalles en azul. Cómodas. Aún así, el descanso cuesta. Al ser la habitación interior no escuchamos el ruido de la calle, pero la insonorización interior es terrible. Por las paredes se escucha lo que pasa en las habitaciones contiguas y las rejillas del aire acondicionado funcionan como caja de resonancia de las cosas que ocurren en los pisos superiores (voces, gritos, movimientos, aguas, duchas...). Si a eso le añadimos que el foscurit no frena la luz, y que la puerta no encaja del todo y se cuela la luz del pasillo por la rendija inferior y lateral, tenemos el completo.

El baño resulta pequeño pero suficiente. Moderno y agradable. Una encimera blanca con un lavabo poco hondo sujetada por patas de metal negro. Suelo y paredes de una curiosa imitación a granito gris bastante agradable. La grifería, moderna y grande, funciona a la perfección en el caudal, pero no conseguimos sacar agua caliente. Sobre la encimera se ofrece el set de amenities, preparado para la cadena con curiosos mensajes en las etiquetas: gel, champú, acondicionador, una pastilla de jabón y un gorro de ducha. Dos vasos de color azul. Sobre la encimera un generoso espejo con dos apliques de luz con bolas. Bajo ella, una papelera metálica. El equipo de lencería es correcto: dos toallas de manos y dos de baño, confeccionadas para la cadena con rayas: limpias, mullidas y correctas de tamaño. 

Frente a la puerta del baño encontramos el inodoro, moderno y con la cisterna empotrada en la pared con dos curiosos pulsadores. A su lado, una escobilla de baño negra. A la derecha, una enorme cabina de ducha separada del resto por una mampara de cristal de techo a suelo. La pared pasa a ser de cerámica imitando madera. El suelo, en blanco muy agradable. Una ducha de teléfono anclada a la pared y en el techo un enorme rociador de efecto lluvia. Aquí tanto la presión como el caudal y la temperatura son exquisitas. Quizá le cuesta mucho al agua ajustar los cambios de temperatura, pero por lo demás, formidable experiencia mañanera bajo el agua.

Por la mañana al salir, nos preguntan por el minibar, y también por si ha ido todo bien. La factura, el pago y poco más.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 6.5

Baño: 8
Estado de conservación: 9

Desayuno: 
Valoración General: 8