jueves 22 de octubre de 2009

SERCOTEL ABBOT (BARCELONA)



SERCOTEL ABBOT
Avda. de Roma, 23
08029 Barcelona
Telf: 934.300.405
Fax: 934.195.741

info@hotelabbotbarcelona.com
www.hotelabbotbarcelona.com

Habitación: 104
Fecha de Entrada: 21/10/2009
Tarifa: 64€ (Sólo Alojamiento)

A dos manzanas de la estación de Sans, en una zona en la que han proliferado de la mano del AVE los hoteles urbanos en la Ciudad Condal encontramos este viejo hotel supuestamente renovado como escenario para una mala noche en una mala posada antes de tomar un tren demasiado madrugador. El edificio de ladrillo rojo y ventanas blancas está empotrado entre otros edificios y se corona con unas letras rojas luminosas con el nombre del hotel.

La recepción es pequeña. Tras las puertas correderas de cristal un suelo de parquet nuevo nos acoge bajo unas luces frías. Apenas una columna que vende artículos de regalo, una mesa que supuestamente debería servir, con unos viejos termos y unos vasos de plástico, como bebida de cortesía y un mostrador semicircular frente a los ascensores.

El trato tras el mostrador es muy rápido y cordial. Nos toman los datos del DNI con rapidez y eficacia y nos sorprende la simpatía del joven que nos recibe. Cumplido el sagrado trámite accedemos a los ascensores. Viejos pero remozados. Con suelo de aluminio antigolpes y botonadura tan desgastada que más que leer los números hay que adivinarlos. Para que se sepa cual es el botón de Recepción se ha puesto una pegatina blanca sobre el botón. Rápidamente llegamos a nuestra planta. La misma luz fría en el techo, el mismo suelo de parquet bajo nuestros pies pero ahora con una viejísima, sucísima y raidísima alfombra de tonos azules y amarillos. Paredes amarillentas y puertas mal pintadas en color asalmonado.

Tras la puerta la escena sigue parecida. El mismo suelo y las mismas paredes y la misma sensación de que allí se hizo una mala reforma hace años y que ya está necesitando otra, que esperemos sea buena. Frente a la puerta de entrada nos encontramos la puerta del baño, con dos tornillos clavados a la altura de los ojos que no sostienen nada. El pasillo gira hacia la derecha. Estrecho. Al final hay un maletero plegable justo antes de acceder al dormitorio.

Solamente el suelo que es nuevo y está limpio y el nuevo plasma evitan esa sensación de decrepitud general. Un destartalado escritorio en imitación de madera de caoba con una incómoda silla permiten trabajar. Hay un enchufe para una lámpara de mesa que se puede eliminar para enchufar el portátil. El wifi es gratuito pero la intensidad de la señal del hotel de enfrente llega con más fuerza a nuestra habitación que la de nuestro propio hotel. Por más que lo intentamos somos incapaces de acceder a la red. A juego con el escritorio se ha dispuesto un largo cabecero con dos mesillas empotradas, ambas repletas de cosas (teléfono, papeles plastificados con horarios del hotel, folletos de propaganda, un bolígrafo). Entre medio la cama.

A los pies de esta un enorme armario bien vestido en su interior con puertas de espejo y tiradores roñosos por el paso del tiempo. Junto a él empotrado en un hueco se presenta el minibar de corto surtido. Al fondo de la habitación la ventana sobre la puerta principal. Las cortinas color rosáceo están rotas y sumamente sucias. El foscurit demasiado flojo se presenta corto y medio arrancado, por lo que la luz entra a raudales por la noche.

La cama aparece con una cubierta color azul no demasiado sucia. Debajo un colchón confortable, aunque un poco blando envuelto en unas sábanas demasiado "químicas" fruto del trato de la tintorería. El descanso se hace confortable aunque entre luz por la ventana y por las rendijas de la puerta de entrada. El aire acondicionado no resulta necesario en esta época del año, pero cuando lo sea su sonoridad impedirá el dormir bien con él encendido. La insonorización en general es manifiestamente mejorable.

Sobre las mesillas hay interruptores que apagan todas las luces, menos la lámpara de pie del escritorio, y enchufes. Además todavía queda un viejo equipo de hilo musical que no funciona ya.

Abrir la puerta del baño es todo un atrevimiento. El espacio no puede ser más ajustado. La puerta roza el límite del lavabo, empotrado en una pequeña encimera de mármol muy desgastado. Paredes de porcelana color arena que perdió su lustre y su limpieza hace mucho tiempo. Milimétricamente seguidos se presentan un inodoro sobre el que se han colocado unas baldas para presentar un champú, un gel un bodymilk y una pastilla de jabón. Seguido a él el lavabo con un pequeño espejo delante y junto a este, al final de la mini estancia, y bajo un techo practicable impresentablemente sucio, una media bañera. Vieja, antigua, protegida por una sucia cortina blanca muchísimo más larga que la altura de la bañera por lo que acabamos pisándola.

La presión del lavabo es correcta, pero la ducha además de estar colocada demasiado baja no dispone ni de presión de caudal. Para colmo el desagüe no traga bien por lo que se nos llena la bañera. Quizá sea un método para hacer las duchas cortas, y casi sin agua porque apenas cae. El juego de toallas es completo pero manifiestamente mejorable en cuanto a su limpieza y presencia.

Por la mañana un extranjero nos despide atropelladamente tras el mostrador con la corbata sin atar y la clásica pregunta "¿algo del minibar?". Adiós.

Calidad/precio: 4
Servicio: 6
Habitación: 6
Baño: 2
Estado conservación: 3.5
Valoración General: 4

miércoles 21 de octubre de 2009

HOTEL SHA WELLNESS CLINIC (ALFAZ DEL PI - ALICANTE)



HOTEL SHA WELLNESS (*****)
Verderol 5
Playa del Albir
03580 Alicante
Telf: 986.442.224

www.shawellnessclinic.com
info@shawellnessclinic.com

Habitación: 207
Fecha de Entrada: 20/10/2009
Tarifa: 100€ (Sólo Alojamiento)

En una de las pedanías de Alfaz del Pi, y al final de una zona residencial con villas y chalets, colgado de la montaña y con descomunales vistas al mar encontramos este establecimiento a medio camino entre el hotel de lujo más espectacular y la clínica de tratamientos vitales más moderna. Todo tipo de tratamientos se ofrecen al cliente que pase varios días de estancia: adelgazamiento, antiestres, curas de sueño… Accedemos a la puerta de entrada situada junto a una monumental fuente sorteando varios escalones. A mitad de ellos aparece un mozo que se hace cargo de nuestro equipaje.

El hall es un golpe de blanco. Mármol blanco en el suelo, mostrador blanco y unos sofás blancos, todo ello rodeado de un enorme muro de cristal sin juntas que inunda la estancia con la luz del Mediterráneo. Angela nos espera tras el mostrador con una carpeta para hacernos el check in personalizado en la habitación. Nos acompaña por los distintos ascensores y corredores que debemos atravesar hasta llegar a la habitación. Cada zona del hotel tiene una letra asignada y el suelo de los ascensores está decorado con esa letra y palabras que empiezan por ella.

Tras el segundo ascensor salimos a un pasillo abierto al jardín rodeado de una vegetación casi tropical. El silencio y la calma son absolutos y el hilo musical nos envuelve con sus suaves melodías. Delante de las oscuras puertas de madera de las habitaciones y sobre el suelo se ha dispuesto un cristal retroiluminado con el número de la habitación.

Al abrir la puerta la sensación de calma todavía se acrecienta. Suelo de gres gris en toda la estancia. La pared del fondo es una enorme cristalera que da acceso a una gigantesca terraza con vistas al mar sobre la que hay dos tumbonas y una mesa con dos sillas. En la entrada, a la derecha, encontramos el baño y a la izquierda un amplio vestidor que dispone también de una bandeja de cortesía con te y otras infusiones y un minibar de servicio gratuito con agua y otros productos naturales.

Tras la entrada pasamos a la habitación. Enorme, de proporciones espectaculares y muy luminosa. Decorada con sumo gusto y cuidado en tonos blancos y negros. Paredes de madera marrón oscuro. Hacia la izquierda encontramos una zona de salón. Un enorme cheslong en tonos azulados, con una mesa baja de centro en un lado bajo la que se extiende una tupida alfombra. En el otro una mesa con dos sillas como de trabajo. Enchufes cercanos y luz potente en el techo para poder trabajar. Hay un enchufe de conexión a Internet, velocísima y gratuita. Sobre la mesa hay más botellas de agua a nuestra disposición y distintos libros y revistas.

Un armario separa el salón del dormitorio. En el centro un enorme plasma de Sony que puede girarse para ver la televisión desde el sofá o desde la espectacular cama. Junto a la cama, sobre las mesillas interruptores para subir y bajar las persianas, encender y apagar todas las luces y el hilo musical. Además un teléfono de diseño de Jacob Jensen, de curiosa melodía, inalámbrico que nos permite movernos por toda la habitación, incluso por la terraza, hablando. La cama se viste en blanco con unas increíbles sábanas de hilo y unas confortables almohadas de distinta dureza y tacto. Pero lo mas sorprendente es el colchón. Colosal, recubierto con un topper de viscoelástica que nos envuelve como un guante y nos procura un descanso reparador y formidable. El mullido cabecero aparece decorado con motivos naturales de inspiración oriental. No en vano el establecimiento dice que junta lo mejor de la medicina oriental con la occidental.

El aire acondicionado funciona a la perfección de modo silencioso y con un display de lo más sencillo. En cualquier caso Angela nos lo ha explicado bien al hacer el check in. La calma y el silencio lo envuelven todo. No en vano, en la carta de bienvenida que encontramos en el dormitorio nos indica que seamos especialmente cuidadosos con el descanso de otros huéspedes durante la siesta y por la noche. Enormes persianas eléctricas impiden que la luz nos despierte por la mañana.

En el baño todo es generoso. El tamaño, la iluminación, incluyendo una luz azulada en el techo para ir al baño por la noche y de efecto antivaho sobre el grandioso espejo. Junto al lavabo, enpotrado en una encimera alargada de color blanco se dispone un espejo de aumento para el afeitado y maquillaje. Bajo la encimera una repisa acoge las enormes, suaves y limpísimas toallas, un albornoz, zapatillas y un gran secador de pelo.

Las amenities se presentan sobre una bandeja de metacrilato. El surtido es impresionante. Hay de todo, incluido aftershave y cremas exfoliantes para hombre y mujer además de los clásicos gel, champú, costurero, set dental... todo ello de alta calidad y mejor presentación. Además del lavabo y del inodoro completan el equipamiento de baño un radiador calientatoallas de regulación termostática y una poderosa ducha protegida por cristal y con una increíble alcachofa de efecto lluvia por la que el agua sale con la presión y el caudal adecuados.

Por la mañana en recepción Jesús nos atiende con simpatía y nos pide disculpas por un pequeño problema que tuvo con la impresora al emitirse la factura. En cualquier caso su primera pregunta al vernos aparecer fue "Ha descansado bien". Gracias a Dios por el minibar (que es gratuito) no hay que preguntar. Sustituye la maldita pregunta por un "vuelva pronto, pero para estar más tiempo". Así será.

Calidad/precio: 10
Servicio: 10
Habitación: 10
Baño: 10
Estado conservación: 10
Valoración General: 10

martes 20 de octubre de 2009

HOTEL INFFINIT (VIGO - PONTEVEDRA)



HOTEL INFFINIT (***)
Marqués de Valladares 8.
36201 Vigo (Pontevedra)
Telf: 986.442.224

www.inffinit.com
vigo.hotel@inffinit.com

Habitación: 405
Fecha de Entrada: 19/10/2009
Tarifa: 74€ (Alojamiento y Desayuno)

Situado en el centro histórico, a un paso del puerto y el frente de mar y de la zona comercial de la ciudad el antiguo Hostal Nilo reabres sus puertas convertido en un confortable hotel de tres estrellas en el que el diseño y el confort se cruza en nuestro camino por todos los rincones.

Tras la puerta de apertura automática un golpe de granito y cristal negro lo invade todo. Una pequeña y acogedora recepción, con el mostrador a la derecha avanza hacia el interior del edificio con varios sofás de diseño que combinan el blanco con el negro. Al fondo la cafetería con un enorme plasma encendido pero gracias a Dios con el volumen apagado. La sensación general es de calidez, aumentada quizá por los numerosos puntos de luz indirecta que llenan la estancia. Tras el mostrador el trato es simplemente correcto. Quizá algo frío. Nos piden el DNI y nos indican que simplemente van a copiar los datos del DNI y nos dan la habitación. Y así es. Rápido y correcto. Sin más.

Un impecable y elegante ascensor vestido por completo de negro con varios puntos de luz en techo y suelo nos lleva hasta el pasillo de las habitaciones. Allí todavía más negro. Moqueta negra en el suelo, donde también se alojan los puntos de luz indirecta. Puertas negras y números de las habitaciones en blanco retroiluminados. La puerta de la habitación se abre por contacto con la tarjeta magnética que nos entregaron en recepción. Tras la puerta pasamos a la luz.

Suelo de madera clara agradabilísima al pie descalzo. Paredes blancas. A la derecha de la puerta un armario bien vestido -que alberga el minibar- con una puerta corredera de cristal negro. Delante de él una zona pequeña de recepción con un espejo y frente a la entrada la puerta del baño. El dormitorio se abre hacia la derecha. Sobre la madera y bajo la fantástica cama blanca con cuatro almohadas se ha desplegado una enorme alfombra color negro, que hace juego con el escritorio y contrasta con el cabecero en piel blanca.

Sobre el escritorio una potente lámpara para trabajar y colgada de la pared un plasma de 32 pulgadas con servicios interactivos. Una silla confortable para el trabajo y un pequeño maletero completan el mobiliario. Varios enchufes para conectar el portátil aunque el wifi es de pago. La cama aparece encuadrada entre dos grandes mesillas negras. En una de ellas hay un enorme teléfono con una gran pantalla táctil. Sobre las mesillas, todos los interruptores de luz necesarios para apagar desde la cama toda la luminaria y dos enchufes a cada lado para cargar móvil y otros engendros electrónicos. Por encima, dos ventanas que se protegen con unas cortinas eléctricas. Al fondo de la habitación y sobre una mesita de cristal con una butaca hay otra ventana. Todas ellas dan al exterior a una de las tranquilas y peatonales calles laterales.

La cama es sumamente confortable. Se viste con un ligero nórdico y cuatro almohadas de distintas durezas y medidas. La lencería es sobradamente correcta. El silencio y la insonorización tanto interior como exterior están muy bien conseguidos. La oscuridad se consigue por completo. Lástima que no haya manera de eliminar el brillo de la pantalla del teléfono, que refleja por toda la habitación. El aire acondicionado, que se maneja desde un display algo complicado, funciona silenciosamente y adecuadamente cuando adivinamos la combinación adecuada de teclas para ello.

El baño tiene el tamaño adecuado y además de disponer de una ventana con vistas a la calle convenientemente oculta tras una cortina, ofrece un lavabo, un inodoro y una enorme ducha de suelo de baldositas negras y mampara de cristal hasta el techo. La grifería de diseño de última generación funciona correctamente en cuanto a temperatura, caudal y presión. La ducha se presenta con un flexo normal de tipo teléfono y con una amplia alcachofa de efecto lluvia muy reparadora por la mañana. Lástima que el desagüe no cuele bien y en lo que dura una ducha normal se haya rebosado el vaso de la ducha y el agua llegue hasta fuera del baño.

El set de amenities es colosal. Varios botes de champú, gel, crema hidratante, jabón, set dental, de afeitado, peine, costurero... Igual de espectacular es la lencería de baño. Toallas amplias, mullidas y agradables al tacto.

Por la mañana en la entreplanta se sirve con una atención muy cordial y simpática un cortito pero delicioso desayuno buffet en el que todos los platos calientes se preparan bajo demanda en el momento.

Abajo en recepción nos sorprende la pregunta de la joven recepcionista. "Me voy, querría una factura". "Muy bien, pero ¿qué tal ha descansado?". "Necesitará un taxi?". Sólo al final se acuerda del minibar. Enseguida viene el taxi y nos vamos.

Calidad/precio: 9.5
Servicio: 8
Habitación: 9
Baño: 8.5
Estado conservación: 10
Valoración General: 9

jueves 8 de octubre de 2009

HOTEL EL HIDALGO (VALDEPEÑAS - CIUDAD REAL)



HOTEL EL HIDALGO (***)
Autovía de Andalucía km 194
13300 Valdepeñas (Ciudad Real)
Telf: 926.313.088
Fax: 926.313.336

www.hotelelhidalgo.com

Habitación: 122
Fecha de Entrada: 09/07/2009
Tarifa: 62€ (Alojamiento y Desayuno continental)

Entre la Autovía de Andalucía y la vieja -pero todavía en uso- vía del tren hace años que se instaló este motel pensado para los largos desplazamientos por carretera de la época en la que conducir desde Madrid a Sevilla suponía una odisea. Antes de las primeras estribaciones de Despeñaperros y en mitad de la llanura manchega se levanta un complejo de edificios que de forma geométrica se van abriendo alrededor de un patio que alberga un agradable jardín y una refrescante pero antigua piscina. Un sitio para un alto en el camino. Antes parada, fonda y sueño, hoy quizá lo último sea menos justificable. Durante años fue gestionado por la cadena Meliá bajo su emblema Tryp. Antes bajo la bandera de Sol. Pero siempre ha sido El Hidalgo un punto en el camino hacia el sur.

Aparcamos el coche bajo una vieja y descuidada techumbre frente a la puerta principal que separa la recepción propiamente dicha de la cafetería. Llegamos muy tarde. Muy cansados y la acogida por el joven que atiende el mostrador es agradable, cordial y muy rápida. Nos pide permiso para quedarse con el DNI que nos devolverá mañana y así no nos entretiene más en recepción para que vayamos a descansar. Rápidamente nos entrega el llavero enorme de metacrilato rojo con las llaves y en un plano adherido al mostrador nos indica el modo de llegar hasta la habitación.

La misma carreterita que para por delante de la recepción describe un círculo en el que se van abriendo pequeños chalecitos de oscuro ladrillo y con un descuidado jardín en la puerta que albergan dos habitaciones. Junto al chalecito hay una zona estrecha en la que se puede aparcar el coche protegido bajo un chamizo. Ojo, ha de ser coche pequeño, de los de la época. La construcción en general resulta curiosa, no en vano fue premio Nacional de Arquitectura. Tras la puerta algo frágil y de apariencia castellana, iluminada con un farol sobre el dintel accedemos a la habitación. Los insectos voladores que acudieron a la luz intentan colarse.

Tras la puerta encontramos suelo de arcilla color marrón, que en general necesita un mejor acabado en cuanto a limpieza se refiere. Hay algunos insectos muertos por el suelo. Paredes amarillas. Luz escasa para trabajar pero suficiente para "un alto en el camino". A la derecha del pasillo la puerta del baño. A la izquierda una puerta cerrada que comunica con la habitación contigua. Dos pasos más adelante otra puerta nos separa del dormitorio.

Amplio, con espacio sobrante. Dos camas cubiertas por una colcha amarilla a juego con las cortinas y la tapicería de las sillas, con un cabecero y dos mesillas. A los pies de estas una destartalada mesa de escritorio cubierta con cristal con una no menos destartalada silla. Una lámpara de pié junto a un enorme armario empotrado con puertas castellanas e interior lamentablemente conservado. Junto a la alargada ventana del fondo se presenta una mesa de centro y dos sencillas butacas. El armazón de la ventana es viejísimo. Se ha tratado de compensar con una doble ventana de aluminio, pero la antigua allí queda, con la madera casi carcomida y con bichos muertos y hojas secas entre las dos.

La cama está limpia, muy confortable y correcta para el descanso. La lencería es agradable. Pero allí no hay quien duerma. El foscurit de la ventana ha desaparecido con lo que sólo una cortina amarilla intenta parar la luz del exterior. El aire acondicionado enfría de maravilla pero con una terrible sonoridad. Intentar dormir con él encendido es casi imposible. Y con él apagado corremos el riesgo de axfisia. Es lo que tiene el Julio manchego. Menos mal que en el viejo minibar se ofrecen de cortesía algunas botellas de agua mineral para pasar la canícula. Es imposible definir si la insonorización interior es buena o no porque la falta de insonorización exterior lo cubre todo. Podemos contar uno a uno todos los camiones que bajan lanzados hacia Andalucía. Igual que todos los trenes que pasan por la parte de atrás.

No hay wifi y tan sólo un enchufe junto a la puerta de entrada al dormitorio. Desde las mesillas, situadas muy por encima de las camas se pueden manejar todas las luces y se dispone de un enchufe que aparece cubierto por un aparato de estos eléctricos que mata los mosquitos.

El baño es nuevo. Muy del estilo de Tryp. Suelo y paredes de gres marrón claro. Un lavabo con encimera de mármol y un espejo. Inodoro y una ducha cerrada con una cortina blanca. Amenities sorprendentemente variadas: gel, champú, jabón, gorro de ducha y peine. La presión es agradable en el lavabo pero no el caudal.

En la ducha la temperatura es correcta pero no así el caudal y la presión. Demasiado aire por medio unido a poco caudal hacen difícil despejarse después de una noche a trompicones. Toallas abundantes, limpísimas y prácticamente nuevas.

En la cafetería, llena de viajeros se nos ofrece un desayuno a base de café y bollos servidos con esmero y simpatía. En el mostrador los trámites de pago son algo lentos pero cordiales y amables interesándose por nuestro viaje, aunque no por el descanso... No mentes la bicha!.

Calidad/precio: 5
Servicio: 8
Habitación: 4
Baño: 6.5
Estado conservación: 3.5
Valoración General: 4.5

miércoles 7 de octubre de 2009

ABBA FONSECA (SALAMANCA)



ABBA FONSECA(****S)
Plaza San Blas 2
37007 Salamanca
Telf: 923.011.010
Fax: 923.011.011

www.abbafonsecahotel.com

Habitación: 204
Fecha de Entrada: 29/09/2009
Tarifa: 88€ (Alojamiento y Desayuno)

Junto al Colegio Fonseca y a un paso del corazón histórico de la ciudad universitaria, en un antiguo convento que todavía conserva la robustez y seriedad de sus muros exteriores y algunas reproducciones de inscripciones renacentistas que decoran la recepción. Antes de la puerta una plaza peatonal a la que resulta complejo -pero no imposible- acceder con el coche.

Tras una puerta giratoria moderna accedemos a una poco sorprendente recepción. Demasiado estilismo de la cadena y pocas concesiones a darnos ver que estamos en Salamanca. Apenas unas inscripciones claramente modernas con grafía antigua en la parte superior de las paredes. En largo mostrador lleno de folletos y papeles en un lado y bastante desordenado en su interior nos esperan dos jóvenes para cumplir sin pena ni gloria el ritual de cada noche: ¿su bono? (¡si llevo dos semanas de viaje ¿dónde quiere que tenga el bono?!), ¿su tarjeta?, ¿su DNI?. Mientras tanto un obrero se afana en cerrar el techo practicable y recoger una escalera y los escombros tras haber realizado una reparación. Junto al mostrador se extiende una zona apenas iluminada con tres sofás y mesas de centro que invitarían a la lectura de no ser porque el secador del baño situado al fondo lanza su potente sonido hasta allí y el volumen del televisor de la cafetería -situada junto al baño- es demasiado estridente.

Entregadas las llaves subimos por unos modernos ascensores hasta las habitaciones. Al salir del ascensor encontramos unos pasillos iluminados con luz amarillenta. Moqueta roja y puertas de madera clara. Tras la puerta la moqueta salmón mullida y bastante limpia nos sigue acogiendo. Un pasillo en el que encontramos el armario -bastante escaso en cuanto a su configuración interior- y un maletero a la izquierda. A la derecha, la puerta del baño.

Tras otra puerta de separación y aislamiento llegamos al dormitorio. Amplísimo. Enorme en espacio. Escaso en luz. La tarde amenaza tormenta, pero la altísima ventana del fondo da a un patio interior al que podrá entrar la luz pero no en esa tarde. Las luces incrustadas en el techo son claramente escasas para el trabajo y la lectura.

Una cama enorme muy alejada de sus mesillas y rematada con un cabecero negro y blanco que pretende imitar burdamente a la piel se ve acompañada por un largo escritorio que comienza con el minibar y la tele de plasma y que termina en una amplia zona de trabajo con enchufes (no los hay en las mesillas), algo más de luz y wifi de pago. Junto a la ventana hay una mesa de centro don dos butacas y un planchador eléctrico colgado de la pared junto a un poderoso espejo. Sobra espacio por todos los sitios y a veces se tiene la sensación de cierto "desangelo".

La cama resulta muy correcta. Frescas y suaves sábanas y ligera manta. Aparece cubierta por una colcha color asalmonado algo sucia, a juego con el techo, también salmón y las cortinas. Por la noche la oscuridad se consigue bastante bien. No se escuchan ruidos fuera, al dar a un amplio patio interior en su mayoría no ocupado pero la insonorización interior deja mucho que desear y en silencio uno es capaz de adivinar hasta la sintonía de la cadena de televisión del vecino.

Las luces de la mesillas son desesperadamente tenues y quedan muy alejadas de la cama para que sirvan para trabajar o leer desde ella. El aire acondicionado funciona con eficacia y silencio y su utilización resulta sencilla.

La puerta del baño se atasca en el suelo al abrirla y hay que empujarla con fuerza. La rozadura está empezando a dejar marca en el suelo. Suelo y paredes de mármol blanco que contrasta con la encimera de mármol verde que acoge un enorme espejo antivaho y un lavabo. Al abrir el grifo del lavabo notamos mucha presión pero poco caudal. Al instante el agua se torna turbia, rojiza y al final marrón. Dejamos que corra un buen rato pero sigue marrón. Y sigue. Y sigue. Tiramos de la cadena y sigue marrón. Lo mismo en la ducha. Será la avería que estaban arreglando en recepción. Tanto rato tomando los datos podían haberlo avisado.

El set de amenities es colosal. El propio de la cadena con alusiones a Atapuerca. No falta nada: set dental, de afeitado, esponja, colonia, after shave... El champú y el gel se ofrecen en dos botellas empotradas en la pared dentro de la ducha. ¿Existe algo menos atractivo que una ducha con eso?. La presión y el caudal sin embargo son muy potentes y consiguen despertarte con brío. Igual que la lencería de baño. Nueva, moderna y poderosa.

Por la mañana un sencillo buffet de desayuno se sirve en una sala apenas iluminada con un par de lámparas de pie. Está claro que el hotel ha puesto el foco en el ahorro de costes. Si oscura es la sala en la que desayunas, negro es el camino hasta llegar a ella. En la despedida tan solo ¿algo de minibar? ¿parking?. Adiós.

Calidad/precio: 7
Servicio: 6
Habitación: 7.5
Baño: 8
Estado conservación: 8.5
Valoración General: 7.5

martes 6 de octubre de 2009

PARADOR NACIONAL DE PLASENCIA (PLASENCIA - CACERES)



PARADOR DE PLASENCIA (****)
Plaza San Vicente Ferrer, s/n
10600 Plasencia (Cáceres)
Telf: 927.425.870
Fax: 927.425.872

plasencia@parador.es
www.parador.es

Habitación: 204
Fecha de Entrada: 28/09/2009
Tarifa: 85€ (Alojamiento y Desayuno)

En el mismo centro de la ciudad cacereña, envuelto entres sus murallas y dominando la principal zona turística y comercial de Plasencia, este antiguo Monasterio del siglo XVI alberga, como no podía ser menos, uno de los Paradores más espectaculares de la red. Desde la puerta todo sorprende: altísimos techos, interminables claustros, enormes paredes. Un ascensor de vehículos permite el acceso directo desde la calle al parking y desde este a recepción.

Tras un largo y amplísimo pasillo nos topamos con la recepción, situada en una estancia de techos altos, suelos y paredes de piedra y decorado con un enorme mostrador de madera. Tras él el trato se vuelve algo frío, distante y rígido. Demasiados papeles y demasiado grandes para firmar si tan apenas vamos a pasar unas horas. Nos entregan la llave de la habitación en un pesado llavero metálico con el logo de la cadena, pero en el que apenas se ve el número de la habitación y nos acompañan a un enorme claustro para indicarnos el camino de las celdas (allí se llaman así a las habitaciones, siguiendo la tradición monástica).

El suelo es de piedras redondeadas por las que resulta difícil y ruidoso mover las maletas. Alrededor del claustro se han provisto distintos espacios para sentarse, tomar un café, charlar con un amigo o simplemente dejar pasar el tiempo. Sobre estos sofás, varias decenas de cuadros de temática religiosa (Inmaculadas, Ultimas Cenas, Cristos Crucificados...). Tras una pequeña puerta accedemos a un recibidor también pequeño en el encontramos el igualmente pequeño ascensor. Apenas dos personas con su pequeño equipaje caben en cada viaje. Oscuro pero limpio nos lleva hasta la segunda planta. Allí, de nuevo en el claustro, pero con el suelo cubierto por una tupida alfombra encontramos las poderosas puertas de las habitaciones. De corte castellano y madera oscura ven roto su rigor al haber colgado de los pomos promociones varias del Parador y la cadena.

Tras la puerta arcilla marrón clara en el suelo y paredes de gotelé blanco. Mobiliario castellano riguroso en madera potente. Desde el interruptor de la entrada la sensación es que las habitaciones empiezan a pedir una pequeña actualización. Nada hay roto ni viejo, pero si algo trasnochado. Cerrando la puerta encontramos a la izquierda la puerta del baño, y frente a esta un maletero exento con un espejo. A continuación accedemos a otra estancia a modo de sala de estar. Un poderoso armario castellano, un mullido sofá doble, un par de sillas, mesas de centro y lámparas de pié invitan a la tertulia sobre una gruesa alfombra.

Dos arcadas separan esta sala del dormitorio. En una de ellas se ha instalado un planchador eléctrico, muy útil para el hombre de negocios que viaja con su traje. Las luces del salón se apagan una a una de las distintas lámparas. No hay interruptores.

El dormitorio es de por si amplio. Dos camas gemelas con cabeceros de madera verdosa y lámparas de noche, pero de escasa potencia sobre las mesillas. Un estrecho y decorativo escritorio antiguo, bonito pero poco práctico ya que el portátil apenas cabe y el enchufe está escondido detrás del minibar que sostiene la televisión. Se ofrece un servicio de wifi gratuito protegido mediante una contraseña. Falla a menudo. Un pequeño ventanuco protegido por madera y una tupida cortina y una amplia ventana balconada permiten el paso de la luz exterior.

A los pies de la cama dos gruesas alfombras que tras el servicio de noche se cubren con un pie de cama blanco. Además sobre la mesilla nos colocan una cajita con dos bombones. Pero no abren la cama. El colchón resulta reparador, así como la almohada. La lencería de cama está limpia y es fresca y suave, aunque a juzgar por la posición del logotipo se ha colocado al revés.

El silencio hacia el exterior es impresionante. El interior en cambio debería mejorar. Se escuchan los pasos y voces del pasillo y hasta los movimientos de las habitaciones contiguas. La oscuridad se consigue absolutamente aunque es necesario dar un paseo por toda la habitación para apagar las luces porque no todas se pueden apagar desde los interruptores de la mesilla, que disponen de enchufes para el móvil y un interruptor que apaga el aire acondicionado que no funciona.

Todo el baño parece caduco. Las instalaciones funcionan todas bien a excepción del sumidero del lavabo que traga con dificultad, pero el color chocolate de la porcelana que decora paredes y suelos parece traído de otras décadas. La presión y el caudal son increíblemente generosos en ducha y grifo.

El set de amenities propio de la cadena resulta algo escasito para hablar de un cuatro estrellas. Nos falta el set de afeitado y la esponja. A cambio ofrecen generosas botellitas de champú, gel y colonia, así como set dental, peine y gorro de ducha, todo ello presentado sobre un basto metacrilato en la encimera del lavabo, sobre el que cuelga un potente espejo.

La ducha es reparadora por la mañana aunque a priori la edad del grifo pudiera indicar lo contrario. Las toallas, típicas de la cadena, son nuevas, gigantescas, mullidas y de rápido secado.

Por la mañana tenemos que salir muy temprano, y el desayuno no empieza hasta las 8. Está claro que es un hotel de relax, no de trabajo. A pesar de ello, el amable y eficaz recepcionista nos lleva a un pequeño salón medieval de techos decorados con arcadas de medio punto y nos ofrece un café recién hecho y una cesta cargada de rica y variada bollería. No pregunta por el minibar, y nos indica la mejor manera de salir de la ciudad. Ojalá la entrada hubiera sido igual.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 7
Habitación: 8.5
Baño: 8
Estado conservación: 6.5
Valoración General: 8

lunes 28 de septiembre de 2009

AYRE SEVILLA (SEVILLA)



AYRE SEVILLA (****) (antes Occidental)
Avda Kansas City s/n
41018 Sevilla
Telf: 954.919.797
Fax: 954.584.615

reservas-sevilla@occidental-hoteles.com
www.occidental-hoteles.com

Habitación: 524
Fecha de Entrada: 28/06/2009
Tarifa: 90€ (Alojamiento y Desayuno)

Justo enfrente de Santa Justa. Separado de los andenes por tan sólo dos semáforos este mastodóntico edificio con cierto aire árabe en colores blanco y ladrillo acoge desde unos meses antes de la apertura de la Expo92 uno de los hoteles más grandes de la ciudad, a un paso de las zonas comerciales, y no demasiado lejos del centro histórico.

Tras una puerta giratoria algo pesada accedemos a la recepción. En forma de L muy luminosa al disponer de dos paredes de cristal con vistas a la calle y altísimas ventanas. Varios sofás, unas vitrinas que muestran joyas y artículos de moda, una mesa con un ordenador a disposición de los clientes, y haciendo esquina, el mostrador de recepción. Alex nos trata muy cordialmente. Los trámites son rápidos y eficaces. Nos pregunta qué periódico queremos al día siguiente y si queremos una llamada despertador. Sorprende su simpatía y atención.

Cruzamos toda la recepción hasta los ascensores. Puertas doradas algo envejecidas y un amplio ascensor recubierto de espejos tintados y con varios carteles de propaganda de las bondades del hotel nos conducen a las habitaciones. Al salir del ascensor, un distribuidor separa los amplios y enmoquetados pasillos hacia los que se abren las habitaciones cerradas con puertas blancas. Frente a nuestra habitación está la desvencijada puerta de servicio precedida de una roñosa alfombra que rompe la uniformidad de la moqueta.

Tras la puerta un espacio amplio y claro. El aire acondicionado ha hecho su trabajo y la habitación está fresquita para paliar los rigores del Julio sevillano. Moqueta en tonos azulados y rosas sorprendentemente limpia. Paredes y mobiliario en tonos blancos. Un pasillo largo nos ofrece a la izquierda la puerta del baño, y a la derecha un enorme armario ropero muy bien equipado con las puertas de espejo. A continuación el dormitorio. Bien iluminado y rematado al fondo por una ventana de cristal oscuro con vistas a la calle oculta tras una cortina un tanto hortera.

La cama se cubre por una limpia colcha de color anaranjado y se presenta enmarcada en un cabecero de madera blanca con brillo y con dos mesillas algo separadas de la cama. Interruptores para las luces y el aire acondicionado, que funciona bastante silenciosamente. Falta un enchufe junto a la cama. Si que hay enchufes disponibles en el escritorio. Amplio, confortable, con un espejo enorme delante y buena luz. A los cinco minutos de haber llegado a la habitación suena el teléfono. Es el director. Se presenta y nos desea una buena estancia además de invitarnos a conocerle personalmente. No tenemos tiempo pero prometemos intentarlo la próxima ocasión (una semana después). Junto al escritorio hay un armario con la televisión y el minibar, y junto a la ventana dos butacas con una mesa de centro con agua y fruta de cortesía.

La cama es confortable y las sábanas suaves y ligeras. La luz no se puede eliminar del todo porque la cortina de la ventana cierra mal, dejando pasar algo de la luz. La insonorización respecto a la calle es formidable, y con las otras habitaciones y el pasillo, bastante correcta. El silencio de la noche ayuda al descanso, aunque se echan en falta lámparas de lectura (o luces más potentes) en la mesilla, para trabajar desde la cama antes de dormir.

El baño es igualmente luminoso. Correcto en su espacio, formas y decoración. Sanitarios en blanco. Lavabo con una gran encimera de mármol y un formidable espejo. Completísimo set de amenities de ETRO (con colonia incluida). Lástima que la ducha todavía se cubra con una cortina de tela blanca poco higiénica.

La lencería de baño es sorprendentemente grande y sorprendentemete suave. Contundente es la presión y el caudal en todos los grifos. Y muy correcta la temperatura. La ducha dispone de un grifo prácticamente nuevo.

Por la mañana en la planta 1 se sirve un buffet de desayuno. Correcto en calidad y surtido y simpático en su servicio. En recepción al irnos no preguntan por el minibar, sino por nuestro descanso. Se interesan por nuestro equipaje y por si necesitamos un taxi. Casi se olvidan hasta de cobrarnos.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 9
Habitación: 8
Baño: 9
Estado conservación: 8.5
Valoración General: 9