miércoles, 22 de febrero de 2017

PENSIÓN BERENGUELA (MELIDE - LA CORUÑA)

PENSIÓN BERENGUELA (*)
Rúa Cantón San Roque 5
15800 Melide (La Coruña)

Habitación: 413

Fecha de entrada: 11/11/2016
Tarifa: 30 A+D

En el mismo Camino de Santiago, en el centro del pueblo, y escondido en un estrecho callejón al que se abre la larga cristalera de una churrería con la que comparte propiedad, encontramos un diminuto edificio de 4 alturas, moderno, nuevo, pintado en rosa palo.

Diminuto es el edificio, la recepción y los espacios. Pero también lo es el precio. La acogida y atención sin embargo son muy grandes.‎ Mucho. La persona encargada de la churrería sale a recibirnos y nos entrega la tarjeta que hace de llave de la habitación. Sin más trámites que el de darle nuestro nombre en el mínimo espacio de la recepción. Un mínimo mostrador, con algunos folletos de servicios del pueblo y un puñado de caramelos. Suelo de mármol muy limpio, reluciente y nuevo. Nos explican el funcionamiento del wifi (que es gratuito, velocísimo y funciona con una sencilla contraseña) , el horario de desayuno (en la churrería) y el procedimiento para lavar y secar la ropa.

Un moderno ascensor, de metal, con una enorme pantalla para los botones y una pared de espejo nos conduce hasta la cuarta planta donde en un pequeño recibidor se abren las puertas de tres habitaciones. La cerradura de la puerta es muy moderna, y basta con acercar la tarjeta a la misma. La puerta, de madera clara, también es nueva.

Tras ella, el espacio es pequeño pero suficiente. Moderno, limpio. Casi cuadrangular, suelo de parquet nuevo y limpio, paredes y techos pintados en blanco. A la izquierda de la puerta un armario empotrado de dos puertas con una balda, dos cajones y colgador con un montón de perchas de distintos tipos.

En el centro la cama. Cómoda. Amplia para ser individual. Algo justa si fuera doble. Vestida con sábanas limpias y suaves, una manta y una colcha blanca que la recubre por completo. Cabecero de madera clara. Sobre él, una lámina alargada con una foto del Camino. Encima el aparato de aire acondicionado. Funciona con un "encendido y apagado" desde un interruptor que hay sobre la mesilla. Funciona bien, pero no podemos calibrar su potencia ni la temperatura -aunque está adecuada para el clima en el que viajamos-, y es bastante ruidoso para dormir con él encendido.

A cada lado de la cama, dos estrechas mesillas de la misma madera clara que el resto de la habitación. Sobre ellas, en un lado un interruptor de la luz y el del aire acondicionado. En el otro, otro interruptor y un enchufe. Sobre ambas, dos lámparas de noche con pantalla cuadrada color crudo. Una de ellas no funciona. 

La cama es cómoda, pero la insonorización es bastante mejorable. Tanto interior como exterior. Del interior se escuchan las otras habitaciones y del exterior, aunque la zona es tranquila, se escuchan las máquinas del aire acondicionado situadas junto a la ventana. Para colmo, sobre la puerta hay una luz que indica la "salida de emergencia" que es imposible apagar y permanece encendida toda la noche. Si uno no llega muy cansado, puede que el descanso se le complica. Desde luego, si viene andando por el Camino desde Gonzar (32 kms) le da igual la luz o el ruido.

Al fondo de la habitación hay una ventana de moderno aluminio con persiana y protegida por un estor con vistas al pueblo. Bajo ella una sencilla mesa de madera, una silla y una papelera. Al lado un espejo de cuerpo entero. Junto a la puerta del baño, colgando de la pared un moderno televisor de plasma.

El baño es tan pequeño como todo. Forrado de cerámica desde el suelo hasta el techo dispone de un inodoro, un minúsculo lavabo con un grifo moderno y un espejo sobre él y una ducha en esquina, con mamparas correderas. El lavabo es tan pequeño que resulta imposible lavarse (a poco grande que sea uno) sin tirar agua por fuera. Al encender la luz se activa un molesto extractor de aire, que hace lo que puede, porque tras la ducha, la humedad se mantiene durante horas adherida a la pared y al suelo, y si uno no cierra bien la puerta del baño hasta la habitación. El calefactado del baño se consigue gracias a un curioso aparato de calefacción por aire que funciona estupendamente.

Por la mañana, desde las 6 de la mañana se puede desayunar en la cafetería de enfrente. Donde además se paga la cuenta de la habitación. Chocolate recién hecho, con churros recién hechos para afrontar con la cariñosa despedida de la propietaria la siguiente etapa del Camino.

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 6
Habitación: 8.5

Baño: 7
Estado de conservación: 9

Desayuno: 7
Valoración General: 8

lunes, 6 de febrero de 2017

POUSADA DE PORTOMARÍN (PORTOMARÍN - LUGO)

POUSADA DE PORTOMARÍN (***)
Avda de Sarria 

27170 Portomarín (Lugo)

Habitación: 115

Fecha de entrada: 10/11/2016
Tarifa: 66 A+D

Hace años que el establecimiento perdió su bandera de Parador Nacional, y con ello el brillo y esplendor típico de la cadena, pero tanto su estructura, como sus habitaciones recuerdan bastante aquella época. Situado al final de la jacobea villa, reconstruida por completo a finales de los años 50 cuando un pantano ocupó su antigua ubicación. Un edificio de dos plantas, en piedra y con balconadas blancas de aluminio nos recibe tras un pórtico en una zona de aparcamiento de coches, vacío, y lleno de hojas de árboles.  Un techo con algunas jardineras y un par de elegantes lámparas nos sitúa en la puerta de madera del establecimiento.

Tras ella un mínimo recibidor en el que hay un armario con espejo y enganches para dejar paraguas, o bordones, porque ambos son compañeros inseparables de los huéspedes de esa zona. Una puerta más, de madera clara y cristales nos deja en la recepción. Grande. Fría. Suelo de mármol claro. Tristemente iluminada. Algo caduca y desangelada. A la derecha, la puerta de la cafetería en la que suenan con fuerza los gritos de alguna tertulia vespertina. Justo enfrente las escaleras, con una bella estatua de Santiago, el ascensor junto al que hay un carro portaequipajes. A la izquierda y frente a una mesa y sillas de madera de estilo castellano un largo mostrador de recepción. 

Tras el mostrador un enorme espacio con varias mesas de trabajo. Sobre el mostrador, varios folletos de negocios de la zona (masajes, geles...), el sello típico para plasmar en la credencial de peregrinos, algunos periódicos... Nos atiende una simpática joven. Muy servicial, eficaz y amable. Nos entrega directamente las llaves y negociamos con ella poder tomar un desayuno temprano. Ella misma se ofrece a servírnoslo media hora antes de la establecida en el hotel (8.00). Nos explica que el wifi es gratuito, sin clave y funciona con velocidad en todo el edificio. 

Subimos por la escalera. Esta termina en un amplio recibidor, junto al ascensor. A derecha e izquierda se abre el pasillo de las habitaciones. Madera brillante en el suelo protegido por una estrecha alfombra en tonos pastel azul y rosado que amortigua el ruido de pasos y ruedas de maleta. Un extractor de aire molesta con su ruido. Paredes en blanco. Puertas en madera clara brillante. Luces algo amarillentas. 

En el pomo de la puerta, nuevo, dorado, brillante introducimos la tarjeta y accedemos a un pequeño espacio. Suelo de parquet brillante bien conservado, con una línea oscura alrededor de toda la estancia. Paredes en blanco. Mucha luz (artificial). A la izquierda, otra puerta nos llevará al dormitorio; a la derecha, un armario de tres puertas: colgador con tres perchas, cajoneras, la bolsa de la lavandería, una manta extra y un cuadrante de almohada. 

La puerta de la izquierda se abre al dormitorio. Grande. Generoso. Paredes blancas con escasas manchas. Frente a la puerta, las dos camas, vestidas con colchas azules algo horteras. Cabeceros de barrotes en madera oscura. Sobre ellos un par de cuadros. Las camas son cómodas sin más. Quizá los colchones algo blandos. O muy usados ya. Limpias. Vestidas con suaves sábanas y una gruesa manta. A ambos lados, mesillas de la misma madera que el cabecero. Sobre ellas dos lámparas de pantalla ancladas a la pared, algo escasas para la lectura. En las mesillas hay interruptores, que no apagan todas las luces, y enchufes. Sobre una de ellas, además un teléfono con un bloc de notas y un bolígrafo con el logo del hotel y almohadilla para usarlo en el smartphone. Un viejo display para el hilo musical que no funciona. No hay aire acondicionado. A los pies de la cama, sendas alfombras en tonos pastel azul y rosa. 

En el espacio que hay hasta la pared de la derecha al fondo, hay dos butacas algo desgastadas, pero cómodas y una mesa de centro.  Al la derecha de la puerta un maletero tapizado en tela de cachemire y con la pared protegida con madera de rejilla. A continuación la puerta del baño y luego un incómodo escritorio. Por un lado la silla se ha sustituido por un banco sin respaldo incómodo para trabajar, y por otro lado, aparece completamente ocupado por una televisión de plasma, una bandeja de plástico con dos vasos, los precios del minibar y una lámpara de pie con pantalla y escasa potencia de iluminación para trabajar. No hay enchufes cerca. Bajo la mesa, hay un pequeño armarito con un minibar de espléndido surtido. Sobre ella, un espejo 

Aunque junto al balcón hay un radiador, este no funciona y se ha sustituido por un radiador eléctrico situado junto a la puerta del baño. Suficiente para calentar la estancia. 

El balcón es de aluminio nuevo blanco, aunque la manivela está rota. Pesados cortinones con foscurit lo protegen, pero una de los lados de la cortina está enganchado y no se puede abrir. Vistas a las banderas que hay junto a la puerta principal, y allí adelante a los montes de la ciudad. La ubicación del hotel hace que su exterior sea súmamente tranquilo por lo que el descanso es confortable, aunque la insonorización interior pueda ser algo mejorable. Es necesario acordarse de apagar bien el televisor, porque la luz azul que emite estando en standby puede molestar durante la noche.

El baño es amplio. Frío, si no dejamos que el calor del radiador eléctrico entre también en él. Un poco caduco, especialmente por el color marrón chocolate de los sanitarios. Suelo de mármol bastante machacado (manchas...) por el uso. Una especie de sifón metálico en el centro del suelo que falta por ajusta y se mueve si uno lo pisa.  Enorme encimera de mármol con dos lavabos con antiguas griferias monomando. Sobre ella un gigantesco espejo iluminado en su marco de mármol marrón más oscuro. Un enorme, antiguo y poco potente secador de pelo anclado a la pared sobre uno de los toalleros.  Bajo la encimera una banqueta y una papelera.

A la derecha la bañera con cortina y una ducha rematada en teléfono de plástico pero brutal presión y temperatura, justo lo que busca y necesita el peregrino. Un bote de gel y champú, de buena calidad, anclado a la pared. Algo roñoso todo. A la izquierda, taza y bidet junto a una ventana con cortina que da también a la puerta principal.

En el centro de la encimera, en una cesta de mimbre se ofrece un variado set de amenities de estética medieval (gamuza de zapatos, gorro de ducha, pastilla de jabón, set de costura...). La lencería se compone de dos toallas de lavabo, dos de baño (algo pequeñas) y una alfombrilla para la ducha. Todo de buena calidad pero algo antiguas ya y en algunos puntos deshilachadas. 

Por la mañana, en una fría cafetería de luz blanca, nos han preparado un potente desayuno -fuera de hora- con café expreso, zumo de naranja, pan recién hecho, bollería industrial, embutidos y quesos de la zona, tostadas, mantequilla, mermelada...

Tras el mostrador de recepción, se interesan por el descanso, nos cobran y nos desean buen Camino.

Calidad/precio: 7
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 6.5

Baño: 6
Estado de conservación: 5

Desayuno: 7
Valoración General: 7

domingo, 22 de enero de 2017

BARCELO ASIA GARDENS (BENIDORM - ALICANTE)

BARCELO ASIA GARDENS (*****)
Rotonda del Fuego
Terra Mítica
03509 Finestrat - Benidorm (Alicante)


Habitación: 1212
Fecha de entrada: 17/10/2016
Tarifa:

Un edificio de color rojizo, ubicado junto al parque temático Terra Mítica, y casi oculto en medio de un frondosísimo bosque tropical alberga uno de los hoteles más reputados de nuestro país. Cuando en la barrera desde la que se controla el acceso al complejo, aparece desde una cabaña de cañas y paja un empleado que nos saluda juntando las manos y haciendo una reverencia de tipo oriental entendemos que aquello puede ser distinto.


Una carreterita en cuesta abajo con parking descubierto a la izquierda sitúa a la derecha el edificio principal. En él, un enorme pórtico con un lujoso coche negro con los logos del hotel cubre la puerta de entrada al hotel, altísima, de cristal, corredera. Dentro un enorme espacio a derecha, izquierda, arriba y abajo. Hacia la derecha un tranquilo bar en tonos azulados; hacia la izquierda un larguísimo mostrador de recepción; hacia abajo unas escaleras que bajan a un piso inferior abierto al superior; hacia arriba unos techos altísimos en madera y paja, como si estuviéramos en una efímera construcción oriental. Música relajante, decoración oriental, olor a incienso, curiosos ventiladores de madera en forma de hoja. Silencio y calma. Luz, a raudales, que entra a través de las cristaleras que hay en la pared de la puerta y en la pared de enfrente, que da hacia los jardines, las piscinas, los rascacielos de Benidorm, y allí abajo, al mar.

Camino del mostrador nos encontramos un escritorio para las actividades del hotel, y una pequeña tienda con ropa y recuerdos del hotel. Pronto, un joven vestido -como todos- con una levita de color arena, sale a nuestro encuentro, nos saluda con una reverencia y juntando las manos y se hace cargo de nuestro equipaje. En el mostrador el trato es súmamente cordial. Lento, y tedioso como siempre, pero al menos el muchacho que nos atiende nos pregunta por nuestro viaje, por si es la primera vez en el hotel, por nuestras preferencias y nos explica los horarios del spa, comedor... Nos indica igualmente que el wifi es abierto y gratuito en todo el hotel. Funciona espectacularmente bien, aunque hay zonas (la habitación que nos asignan) a la que la señal llega con suma dificultad y la navegación se interrumpe constantemente.

El mozo que se hizo cargo de nuestro equipaje nos acompaña a la habitación explicándonos en el trayecto más cosas sobre el hotel, y una vez en la habitación, el funcionamiento de la misma. Amplios pasillos con mullida moqueta color arena, paredes del mismo color y puertas oscuras se abren a nuestro paso. De vez en cuando una mesa estrecha con una lámpara, un ramo de flores o un libro abierto con fotos del hotel. Tomamos un ascensor de puertas metálicas correderas en un recibidor redondo decorado con troncos de bambú. El ascensor guarda los mismos tonos arena que el resto del pasillo. Luz tenue en su interior, suelo porcelánico y espejos estrechos en alguna de sus paredes.

La puerta se abre a otro recibidor redondo, con bambús, en el que convergen varios pasillos de habitaciones, que siguen el mismo estilo. Avanzamos por el nuestro hasta el fondo, justo junto a la puerta por la que se sale al jardín y las piscinas. Los números de habitaciones se ubican junto a las puertas en unos cartelitos con forma de flor. Para abrir la puerta de la habitación hay que situar el dibujo de una flor que hay en la tarjeta que hace de llave en un pequeño círculo que hay sobre el pomo de acero. Al abrir la puerta la luz se enciende automáticamente gracias a un detector de presencia.

Suelo porcelánico negro en toda la estancia, muy agradable. A la izquierda una pared de cristal traslúcido y madera casi negra alberga el gigantesco baño. A la derecha, un larguísimo armario de tres cuerpos con colgador largo, colgador corto, estanterías, cajonera, una caja fuerte, la bolsa de lavandería, una gamuza limpiazapatos, un set de costura, dos preciosos albornoces/batas muy finos de una tela que hace cuadritos y dos juegos de zapatillas de baño. Donde el armario termina se abre la habitación.


Gigantesco tamaño. Luz a raudales que entra por la pared de cristal del fondo que da a una terraza con vistas al jardín tropical aquí y a las atracciones de Terra Mítica allá lejos, en la que hay una mesa y un par de sillas. Sobre la mesa un cenicero con una caja de cerillas. El exterior de la terraza es del color rojizo del edificio y se ve rematada por un tronco de madera oscura que hace de apoyabrazos.

A la derecha, bajo un enorme espejo un generoso maletero de madera y acero. A continuación una mesa de madera oscura de aire oriental, alargada sobre la que hay colgada una enorme televisión de plasma. Bajo la mesa, el minibar. Sobre él, varios folletos de los servicios del hotel, un par de guías de las cadenas a las que el hotel pertenece, la carta del room service y una botella de agua de cortesía. Al terminar esa mesa hay un espacio con una papelera y a continuación una mesa de trabajo de cristal y hierro, con una cómoda silla para trabajar. Una lámpara de mesa, un bade y un par de enchufes frente a ella para poder enchufar el ordenador. Lástima que el wifi llegue allí con suma difícultad.

El gran ventanal, de puertas correderas, que da acceso a la terraza se ve protegido por un potente foscurit y una cortina en tonos marrones claros. Las cortinas se cruzan en el centro consiguiendo que no entre nada de luz por la mañana. Junto a la ventana, dos elegantes butacas tapizadas en blanco y rojo con una mesa de hierro y cristal redonda y una lámpara de pie invitan a la lectura, a la tertulia o a ver la televisión.

Las camas son enormes. Dos. Amplias. Blanquísimas. Limpísimas. Comodísimas. El nórdico con el que se visten resulta ligerísimo y confortable. Vestido con una preciosa sábana de rayas. Un montón de almohadas, cojines y cuadrantes permiten elegir el que nos resulta más cómodo para descansar. A cada lado de las camas, situadas bajo un cabecero de madera hay sendas mesillas también de madera. Sobre ellas, un bloc de notas, un lapicero, una lámpara de noche con pantalla color claro (algo escasa para la lectura) un teléfono, un enchufe y varios interruptores que no apagan todas las luces. La luz del escritorio y la de las butacas situadas junto a la ventana hay que apargarlas desde sus propios interruptores. El descanso es confortable. El exterior es absolutamente tranquilo y no se oye ningún ruido. La insonorización del interior es mejorable. En el silencio de la noche se escucha desde la cama (hasta media noche, que entonces se apaga) el hilo musical del pasillo. Y las voces del pasillo también pueden llegar a molestar.

El baño es gigantesco. Casi tanto como el dormitorio. Se accede a él a través de dos puertas correderas. El suelo mantiene el porcelánico oscuro. Frente a la puerta una enorme pared de espejo en la que hay una enorme encimera de madera oscura sobre la que hay dos pilas de lavabo exentas, con esbeltos grifos. Junto a ellos, en una pesada bandeja el set de amenities (gel, champú, acondicionador, crema hidratante, set dental y de afeitado, un par de toallas de manos, dos pastillas de jabón y un set con algodones, bastoncillos...). Entre los lavabos hay un jarroncito con una flor de bambú verde. Una caja de kleenex, un potente secador, un espejo de aumento completan el servicio. Bajo la encimera tres gigantescas toallas de baño con el logo del hotel. A la izquierda de la encimera, colgando de un toallero dos toallas de lavabo. Calidad excepcional en la lencería. A la derecha de la encimera una generosa bañera desde la que se pueden correr dos puertas que comunican directamente con el dormitorio.

A la izquierda de la entrada al baño, y protegidos por unas enormes mamparas de cristal con un vinilo encontramos un espacio con el inodoro y el videt, de corte moderno, y una cabina de ducha formidable. Pared porcelánica y suelo agradable. Una ducha de teléfono y otra de generosa alcachofa para el efecto lluvia. La temperatura es formidable, y la presión y el caudal, alucinantes. Despertar asegurado.

Por la mañana en un enorme comedor, que se extiende hasta el exterior y permite desayunar al borde de un lago con peces y vistas allá abajo al mar, se sirve el desayuno buffet. Es difícil decir qué no se ofrece. Un simpático y amable cocinero prepara allí sobre la marcha y a la vista los platos que uno desee (huevos, tortillas, revueltos con todo tipo de ingredientes). Además hay tortillas de patata, crepes, gofres, churros, bacon, judías, tomate asado, salchichas, champiñones. En otra zona decenas de variedades de quesos, ibéricos, jamones, fiambres, panes, frutas cortadas, zumos de todo tipo, aguas de sabores inimaginables (pepino, frutos rojos, cítricos...), leche de todos los tipos, batidos, una extensa colección de bollería recién hecha, un puesto de productos sin gluten, otro de productos integrales...

A la salida, en el mostrador, todo un poco lento. Al menos se preocupan de nuestro descanso y de nuestro viaje de vuelta, pero no deja de ser tediosa la espera a la factura, la tarjeta...

Calidad/precio: 9
Servicio: 9.5
Ambiente: 9
Habitación: 9
Baño: 9.5
Estado de conservación: 9.5
Desayuno: 10
Valoración General: 9

lunes, 9 de enero de 2017

AC FORUM OVIEDO (OVIEDO - ASTURIAS)


AC FORUM OVIEDO (****)
Plaza de los Ferroviarios 1
03.003 Oviedo (Asturias)

Habitación: 508
Fecha de entrada: 16/10/2016
Tarifa: 

Situado en el centro de la ciudad, como un enorme muro de siete alturas sobreelevado sobre un parking, un centro comercial y la estación del tren, el rectangular edificio destaca por su tono claro y sus largas hileras de ventanas, muy en la línea de otros hoteles de la misma cadena. El acceso en coche particular resulta algo intrincado, pero se agradece por la inmensa plaza a la que se abre la puerta principal, giratoria y de cristal, que nos acoge. 


Tras la puerta, la recepción es gigantesca. De frente y hacia la izquierda hay distintas zonas con mesas, librerías una zona con ordenadores todo ello en tonos oscuros muy propios de la cadena. Hacia la derecha encontramos además del largo mostrador de recepción, en negro y con dos puestos de trabajo, unos cuantos sofás en los que sentarse a esperar a un huésped. Toda la pared frontal es de cristal, lo que asegura la luz natural durante el día. La sensación es de amplitud, quizá demasiada, y de bastante oscuridad.

Llegamos tarde, pasada la medianoche. Y nos atiende tras el mostrador un simpático recepcionista que nos pide simplemente el número del DNI. Desde ahí ya obtiene toda la información, nos prepara la llave (siempre he pensado que a esas horas de la noche esas llaves y documentos para firmar ya deberían estar preparados), nos entrega el bienvenida para la firma y la clave del wifi que funciona veloz y gratuito en todo el edificio.

Avanzado hacia la derecha encontramos un amplio recibidor al que llegan dos ascensores, las escaleras y un ascensor específico para el parking. El ascensor es moderno y amplio. Algo oscuro. Una pared de madera con varios carteles de la cadena y del hotel y la otra de espejo desde media altura. Las puertas se abren al inicio de un largo pasillo donde están las habitaciones. Moqueta oscura en el suelo, paredes de madera oscura, puntos de luz sobre las puertas. Sensación de oscuridad y de calor, que no despreciamos dado lo desapacible de la noche.

La plateada manivela de las puertas, clásica de la cadena nos introduce en una habitación sin sorpresa alguna. Igual sería estar en Oviedo, en Lugo, en Sevilla o en Alicante. Suelo de madera oscura a lamas estrechas, paredes en vescom color tierra despegado en algunas juntas. A la izquierda una puerta de cristal opaco se abre al baño. Unos pasos más adelante el sencillo display del aire acondicionado (on/off y una rueda con la temperatura) que funciona de manera ruidosa, aunque la habitación está suficientemente caldeada. 

La estancia es adecuada de tamaño. A la derecha un largo y alto maletero rematado con un cojín de color tierra. Sobre él un cuadro. Bajo el mismo, un par de armarios y varios cajones. A continuación un pequeño mueble acoge el minibar, de caro surtido, y una moderna y generosa televisión de plasma. En el hueco que queda hasta la pared del fondo, un escritorio de madera oscura con una silla tapizada en claro, bastante cómoda y mullida. Sobre el escritorio, un bade negro, la carta del room service, una carpeta metálica con información del hotel, una lámpara de escasa potencia para la lectura, un enchufe cercano y un cubo rojo con varias varillas para generar aroma especial en la estancia, que apenas se percibe. 

La cama es blanca. Grande para ser individual, pequeña para ser doble. Vestida con una sábana blanca con algún ribete gris. Baja ella un nórdico que en algún momento de la noche llega a asfixiarnos y hacernos sudar demasiado. Tres almohadas de distinta dureza. Cómoda sin más. Está empotrada en un cabecero de madera clara con dos mesillas en color gris. En ellas un teléfono moderno, el mando de la tele, un block de notas y un bolígrafo. Sobre ellas, dos lámparas de noche que incluyen unas lámparas de lectura dirigibles de gran potencia. Una de ellas no funciona. Las luces son o todo o nada. Con lo que no hay manera de poder establecer un cierto ambiente personal en la habitación. Sobre ambas mesillas hay disponibles enchufes para los gadets electrónicos.  


Junto a la cama hay un armario. Dos puertas correderas en madera oscura y metacrilato blanco esconden un correcto armario con zona de colgador, cajones y baldas. Iluminado por dentro con el resto de iluminación de la habitación. 

La pared del fondo tiene la ventana, enmarcada en madera y protegida por un poderoso foscurit y un visillo blanco. Generosas vistas a la puerta principal. Junto a la ventana y sobre una alfombra entre gris y verde una butaca con tapizado de pana marrón claro y una pesada mesa redonda de centro en negro metálico. La zona en la que se encuentra el hotel es tranquila y la altura del edificio incrementa esa sensación. La insonorización exterior es formidable. La interior podría mejorarse. Se escucha demasiado el pasillo y las voces en las habitaciones contiguas. 

El estilo del baño es el clásico de la cadena, aunque está dividido en dos zonas separadas por una puerta, también de cristal opaco, corredera. Mármol verde, en paredes y suelos. Una encimera de cristal opaco con el lavabo. Sobre ella un bote de champú, otro de gel y una pastilla de jabón en forma de pelota de golf. Dos toallas pequeñas de mano. Sobre la encimera un espejo con dos luces incrustadas a derecha e izquierda. Bajo la encimera, un ligero armarito metálico con ruedas ofrece unos kleenex, un gorro de ducha y una toalla de baño. Junto al lavabo un teléfono, un curioso termostato para la temperatura del agua, un espejo de aumento y un secador de pelo. 

Una ancha bañera blanca con mampara de cristal acoge la ducha, de teléfono algo antiguo, rematada en una alcachofa con efecto masaje. El caudal del lavabo puede resultar algo escaso. El de la ducha, sin embargo es generosísimo. Igual que la presión. Dentro de la bañera, una barra de acero sostiene una gran toalla de baño y bajo ella, doblado, el pie de ducha.

Tras la puerta corredera, en el mismo acabado de mármol encontramos un inodoro y un bidet, ambos blancos y de corte moderno. 

Por la mañana el desayuno ofrece un variado buffet en un gigantesco salón con vistas a la puerta principal. Poca cantidad, pero amplio surtido. Hay zumos varios, fruta, platos calientes (huevos revueltos y bacon), fiambres y quesos, y miniaturas de bollería. El café, de Nespresso.

En la recepción por la mañana, nos atienden dos chicas. Nos preguntan por nuestro descanso, por el minibar, y nos vamos. 

Calidad/precio: 
Servicio: 7.5
Ambiente: 7
Habitación: 8

Baño: 8.5
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 8
Valoración General: 8

domingo, 11 de diciembre de 2016

AC VALENCIA (VALENCIA)

AC VALENCIA (****)
Avenida de Francia 67
46023 Valencia

Habitación: 914

Fecha de entrada: 20/10/16 
Tarifa: 

En el extremo este de la ciudad, cerca de los puertos marítimos, a pocos minutos andando de la playa y de varios centros comerciales, en la confluencia de dos amplias avenidas encontramos el AC Valencia en un edificio típico de la cadena. 10 plantas en granito color arena y con franjas algo más oscuras con las ventanas. En uno de los extremos del tejado, el típico cubo verde de AC. La entrada pasa casi desapercibida en la esquina de dos amplísimas avenidas. Una puerta corredera de cristal se abre al pasar y nos introduce directamente frente al mostrador de recepción.

El recibidor se abre hacia la izquierda en forma de L hacia la cafetería, con una zona de sofás, con prensa disponible, y unas cuantas mesas que pueden usarse para trabajar, hasta donde se ubican los ascensores. Pero tras la puerta, nos damos de bruces con el mostrador, negro, como suele ser habitual en la cadena. Con dos puestos de trabajo. La pared del fondo también negra, y la ropa de los dos empleados, también. Nos atiende una muchacha amablemente. Trato distante. Le cuesta encontrar una habitación para nosotros porque la prevista no estaba lista. Con decirle el DNI ya le vale. Su compañero nos entrega la llave de tarjeta y un ppael tóscamente recortado con la clave del wifi que funciona de forma gratuita y veloz en todo el edificio.

Hacia la izquierda avanzamos por un lobby enmoquetado inundado de luz por las grandes cristaleras (protegidas con lamas de madera) que abren a la calle. Al fondo, casi junto al mostrador de la cafetería encontramos los dos ascensores. Quizá escasos para un edificio tan grande. Siempre que los usamos hemos encontrado gente esperando. Su interior es moderno y luminoso. Paredes la mitad de espejo y la otra mitad de una especie de plástico de color gris claro. Varios carteles con información del hotel y de la cadena. 

Las puertas se abren a un largo pasillo a derecha e izquierda en el que se encuentran las habitaciones. Haciendo de pequeño recibidor hay un espejo con una mesa baja sobre la que hay un libro abierto con fotos de hoteles. Moqueta oscura en el suelo, puertas marrones oscuras con luces puntuales sobre las puertas y alguna otra en los laterales del pasillo. Nuestra habitación se sitúa frente una destartalada puerta de un oficio, que destaca tanto por su blanco como por su sucio y golpeado.

Tras la puerta de la habitación, un AC más. Vescom marrón claro en las paredes, suelo de lamas de madera bastante maltratada (arañazos, manchas...) y espacio en general bastante pequeño. En la parte de atrás de la puerta, un espejo de cuerpo entero. El pasillo, corto nos abre a la derecha la puerta de cristal opaco del baño y un paso más adelante el dormitorio. Justo antes, el sencillo display del aire acondicionado (on/off y una rueda con la temperatura) que por mucho que tocamos no conseguimos hacer funcionar. Sin embargo, permanentemente -incluso con el aire en posición off- se escucha un sonido desde la rejilla de retorno de aire, que llega a molestar por la noche. 

La estancia es considerablemente pequeña. A la izquierda un largo y alto maletero rematado con un cojín de color tierra. Sobre él un cuadro del puente colgante de Bilbao... (¡¡pero si estamos en Valencia!!). Bajo el mismo, un par de armarios y varios cajones. A continuación un largo escritorio de madera y patas metálicas recibe un gran plasma, varias folletos del hotel y una carpeta metálica con la explicación de los servicios. En el extremo de la mesa junto a la ventana hay una lámpara de mesa, pero no hay enchufe cercano para conectar el portátil. O desenchufamos el plasma, o tiramos el cable desde la mesilla. O desenchufamos el minibar que queda debajo de la mesa. En él se ofrecen dos pequeñas botellas de agua de cortesía.

La cama es blanca, generosamente grande. Vestida con una sábana blanca con algún ribete gris. Bajo ella un suave nórdico. Cuatro almohadas de distinta dureza. Cómoda. Sobre ella un sobre con un bienvenida del director y una cajita con dos bombones. Está empotrada en un cabecero de madera oscura de tres piezas que ya andan situadas a distintas alturas. De él salen dos pequeñas mesillas (no hay espacio para más). En una de ellas un teléfono moderno, el mando de la tele, un block de notas y un bolígrafo. Sobre ellas, dos lámparas de noche que incluyen unas lámparas de lectura dirigibles de gran potencia. Las luces son o todo o nada. Con lo que no hay manera de poder establecer un cierto ambiente personal en la habitación. Sobre ambas mesillas hay disponibles enchufes para los gadets electrónicos.  

Entre la cama y el armario que hay junto a ella queda un estrechísimo pasillo que impide acceder a él con comodidad. Dos puertas correderas en madera oscura y metacrilato blanco esconden un correcto armario con zona de colgador, cajones y baldas. Iluminado por dentro con el resto de iluminación de la habitación. En su interior dos confortables albornoces. 

La pared del fondo tiene la ventana, enmarcada en madera y protegida por un poderoso foscurit y un visillo blanco. Generosas vistas a la confluencia de las dos avenidas y al puerto. La ventana es doble, lo que aumenta el aislamiento exterior de la estancia de manera espectacular. La insonorización interior sería mejorable. Posiblemente porque además la puerta queda un poco separada del suelo, y por la noche se cuelan no sólo los ruidos sino también la luz del pasillo, llegando hasta el dormitorio. 


Junto a la ventana, en la zona donde más desgastada está la madera del suelo, encontramos una butaca de pana marrón y una mesa de centro en metal y negro. 

El estilo del baño es el clásico de la cadena. La dimensión, la clásica del hotel: pequeño. Algo abigarrado. Mármol verde en paredes y suelos. Una encimera de cristal opaco con el lavabo. Sobre ella un bote de champú, otro de gel, y otro con loción corporal además de una pastilla de jabón en forma de pelota de golf. Dos toallas pequeñas de mano. Sobre la encimera un espejo con dos luces incrustadas a derecha e izquierda. Bajo la encimera, un ligero armarito de metal y madera ofrece el resto del set de amenities: una gamuza limpiazapatos, unos kleenex, un gorro de ducha, un set dental, un peine, una toalla de baño y un par de zapatillas de felpa. Junto al lavabo un teléfono, un curioso termostato para la temperatura del agua, un espejo de aumento y un potente secador de pelo. 

Frente al lavabo, el inodoro. Y junto a él una ancha bañera blanca con mampara de cristal. La ducha, de teléfono, funciona con un brutal caudal y una no menos excelente presión. Despertar asegurado. Dentro de la bañera, una barra de acero sostiene dos grandes toallas de baño. La lencería en general es limpia y de buena calidad y estado. 

Por la mañana el desayuno ofrece un variado buffet en un salón demasiado lleno de mesas y con un grupo de gritones orientales. Poca cantidad, pero amplio surtido. Hay zumos varios, fruta, platos calientes (huevos revueltos, judías y bacon), fiambres y quesos, jamón, y miniaturas de bollería tanto normales como integrales. El café se ofrece en una máquina de Nespresso que no da a basto. 

En la recepción por la mañana, nos atiende un joven que sólo pregunta por el minibar. Y adiós.


Calidad/precio: 
Servicio: 7
Ambiente: 7
Habitación: 6.5

Baño: 8.5
Estado de conservación: 6

Desayuno: 8
Valoración General: 7.5

martes, 29 de noviembre de 2016

HOTEL CARRIS ALMIRANTE (FERROL - LA CORUÑA)

HOTEL CARRIS ALMIRANTE FERROL (****)
María 2 
15402 Ferrol (Coruña)


Hab: 305
Fecha: 4/10/16
Tarifa: 


Situado en el mismo centro de la ciudad, junto a la Plaza de España en una zona tranquila y peatonal. Un edificio de siete plantas, en chaflán, remozado por fuera en un color blanco casi brillante.

Una puerta corredera automática nos da paso a mediadocena larga de escaleras, en mármol arena clara que nos dejan ante otras puertas correderas que ya nos sitúan en‎ la recepción. Lo moderno y brillante del exterior contrasta con un interior algo más trasnochado.

A la derecha el largo mostrador de recepción, de madera, tras el que nos atiende una señora. Tras ella una pared blanca, desnuda, que pide a gritos algo: un cuadro, un mural, un reloj... Frente a la puerta de entrada a continuación de la recepción, el acceso a la ‎cafetería, tranquila, de la que se oye en exceso la televisión. Junto a su puerta dos columnas revestidas de metal dorado como imitando a un barco. A la izquierda de la puerta de entrada, los dos ascensores y un poco más atrás una zona de sofás y mesas con folletos turísticos. El suelo de mármol, dibuja una rosa de los vientos.

En general el espacio resulta algo frío, y trasnochado. La decoración es un poco antigua: plantas de interior, adhesivos en el suelo indicando que es una zona wifi...

Sobre el mostrador hay varios folletos y publicidad del hotel y la cadena. El libro de reservas y un par de monitores de los ordenadores que maneja la recepcionista. El trato es muy agradable, aunque profesional. Y algo lento. Quizá demasiado lento. Por fin nos entrega la tarjeta de la habitación y la clave del wifi que es gratuito y funciona velozmente en todo el edificio, aunque no conseguimos que el Outlook saque nuestros correos. Nos indica dónde podemos aparcar el coche, que hemos dejado en un par de plazas reservadas que hay junto a la puerta, y nos dirigimos hacia el ascensor.

Hay dos. De modernas puertas correderas en acero inoxidable. Su interior es estrecho y largo. Espejos de media altura con unos cuantos carteles sobre la cadena y los servicios del hotel. 

Nos dejan en un frío recibidor al que también llegan las escaleras. El pasillo que se abre a derecha e izquierda se estrecha bastante. Luz fría como de hospital. Gotelé amarillo. Suelo de fría cerámica clara. Estrecho. Frío. Puertas de las habitaciones en marrón oscuro, con molduras. La placa con el número de la habitación en plateado y negro junto a la puerta.

Al abrir la puerta la sensación rancia y algo casposa se acentúa. Junto a la puerta, el dispositivo para introducir la llave y que se active la luz. El suelo se convierte en parquet de pequeñas lamas haciendo cuadraditos, algo deteriorado por el uso. ‎Un pequeño recibidor con un perchero colgado en la pared. Una puerta a la derecha que abre al baño. Y otra enfrente que abre a un saloncito: un sofá doble y otro individual vestidos con una horrible tapicería marrón. Una mesa de centro baja en madera y cristal. Un espejo colgado en la pared. Y un minibar alto exento y en madera. Una lámpara de pie. Luz fría sobre el techo. La pared sigue amarillenta, aunque el gotelé ha desaparecido. Al fondo del espacio una ventana protegida por un visillo blanco y una cortina algo hortera y rancia en tonos azules tornasolados. La ventana, en aluminio azul tiene la persiana por el interior.

Otra puerta nos deja en el dormitorio. ‎Muy amplio. Muy rancio. En forma casi triangular rematada con tres grandes ventanas que llenan de luz la estancia. La lámpara del techo, fría, vibra a punto de fundirse, así que la apagamos. A la izquierda un armario empotrado. Enorme: cajones, caja fuerte, estanterías, colgador con perchas anti robo y espejos en el interior de las puertas. Sobre una de las estanterías, una manta y otra almohada. En uno de los cajones la bolsa de la ropa sucia y una gamuza lustrazapatos. Al lado del armario, una mesa baja con una moderna televisión de plasma. 

A su lado y bajo las ventanas una mesa camilla de madera oscura con dos sillas. Es la mesa de trabajo, pero resulta ciertamente incómoda. Sobre ella, la desgastada carta del room Service, y un bloc de notas del hotel con un bolígrafo. Hay una lámpara de pie a su lado y un enchufe disponible. La ventana igual que la del salón: en aluminio azul y con la persiana por dentro. No cierran muy bien, por lo que se escucha bastante el ruido de los coches que por esa calle si que circulan. Además la insonorización interna también es mejorable y se escuchan los pasos sobre el mármol del pasillo y el ir y venir de las ruedas de las maletas.
La cama, aparece vestida con una tela a juego de la hortera de las cortinas. Es sorprendentemente baja. Aunque cómoda, quizá algo dura. Vestida con suaves sábanas blancas y manta. Muy ancha para ser individual, algo estrecha para ser doble. A cada lado hay sendas mesillas exentas, de madera oscura a juego con el cabecero. Sobre ellas, además de un cristal hay interruptores para apagar las luces (no todas) ‎y enchufes disponibles. ‎Y sobre todo ello sendas lámparas de noche con pantallas en color claro, poco intensas para la lectura. Sobre una de ellas un teléfono.

Junto a la puerta de entrada hay un maletero de madera, apoyado en una pared bastante maltratada con golpes y arañazos de otras maletas. Sobre él, un display digital para el aire acon‎dicionado, aunque no conseguimos que la temperatura de la habitación suba al nivel que le pedimos. Las luces del display, que siempre permanecen encendidas -incluso apagado- iluminan demasiado la habitación de noche. Tanto en el salón, como en el dormitorio (y en el baño) hay radiadores para la noche...

El baño es moderno. Algo hortera, pero se nota reformado no hace mucho. Cerámica en tonos verdosos y grises en paredes y suelo. ‎Luz fría sobre el techo. El inodoro junto a la puerta. El bidet al fondo. Junto al inodoro el lavabo, blanco, incrustado en una generosa encimera de mármol sobre la que hay un gran espejo. Champú, gel, jabón y set dental. Dos vasos de cristal, un secador de pelo de poca potencia, una banqueta de plástico blanco bajo la encimera y una papelera de acero inoxidable.. La temperatura del lavabo es correcta aunque al caudal y la presión le pueda faltar un poquito.

La bañera, con la ducha, aparece protegida por una cortina blanca, que deberían haber sido desterrada hace tiempo. La presión y el caudal son formidables. Dos toallas de lavabo y dos toallas de ducha completan el set de lencería, correcto y generoso. 

En un moderno comedor, ocupado por mesas de almuerzo hay dispuestas unas pocas mesas en la pared del fondo para tomar el desayuno. Es buffet y se ofrece en una larga barra. Zumos naturales, fiambres, quesos, bocadillos, macedonias, bollería y barras de pan recién hecho. En la cocina pueden prepararnos algunos platos calientes (huevos fritos, bacon...). Una máquina de café ofrece uno de respetable calidad. 

Al decir adiós en el mostrador, sólo nos recuerdan el minibar. 

Calidad/precio: 
Servicio: 7

Ambiente: 5.5
Habitación: 5.5

Baño: 6.5
Estado de conservación: 4

Desayuno: 7
Valoración General: 5.5

martes, 15 de noviembre de 2016

MELIA MADRID PRINCESA (MADRID)

MELIA MADRID PRINCESA (*****)
Calle de la Princesa 27
28008 Madrid


Habitación: 608

Fecha de entrada: 23/09/2016
Tarifa:

Un mastodonte rectangular de cemento, roto por largas hileras de ventanas, de casi 20 plantas ubicado entre el Arco de Moncloa y la Plaza de España. A un paso de la Gran Vía y de la Zona Universitaria. La finca ocupa una manzana entera con una calle interior en la que pueden aparcar los coches -si uno encuentra espacio- para descargar pasajeros y equipaje. Si uno va caminando por la calle, casi no se da cuenta que llega al hotel, ya que los bajos de todo el edificio están ocupados por comercios, y el rótulo del hotel, apenas se ve. 

Dos jóvenes botones salen de un destartalado cuarto situado junto a la puerta principal para ayudarnos con el equipaje. Una enorme puerta giratoria de cristal nos conduce a un amplio y bullicioso hall. Nuestra llegada coincide con la llegada de un grupo de orientales que acaban de "asaltar" la tienda del Real Madrid. La sensación general del ambiente es barroca. Todo en mármol negro, que contrasta con algunas butacas y sofás en piel de tonos claros de caprichosas formas, situados a la derecha de la puerta. De frente, justo en el centro, una enorme mesa, barroca. Y tras ella, unas escaleras que bajan hacia el bar y otras que suben al espacio "The Level" para los clientes más prioritarios de la cadena. Del techo, alto, cuelgan dos arañas de cristal. 

A la izquierda encontramos el mostrador. Con un carril especial para los clientes Prioritarios. También en mármol negro es atendido por una pareja de recepcionistas. Aunque hay tres puestos de trabajo. El trato es correcto. Rápido, eficaz y sumamente procedimental. Sin salirse un ápice de lo necesario y de lo -supongo- escrito en el manual de estilo de acogida: DNI, tarjeta de puntos "y ahora para cerrar el check in necesitaré una tarjeta de crédito". Nos entrega la llave de tarjeta de la habitación en una elegante carpetita negra de cartón donde escribe la contraseña del wifi.

Atravesamos todo el hall para llegar al vestidor en el que se abren los ascensores. Tres. Las puertas, automáticas, son antiguas. Todavía conservan el viejo logotipo del Sol de la cadena. Su interior es completamente nuevo. Seguimos en negro, todo bastante oscuro, con espejos en las paredes y una pantalla con noticias, el tiempo, un reloj... Las puertas se abren a un distribuidor igualmente oscuro. Moqueta negra en el suelo, paredes de espejo muy ahumado y tres esculturas de formas redondeadas. Apenas se distinguen los letreros que indican la dirección de las habitaciones. El pasillo se abre a derecha e izquierda, con paredes de madera clara, y moqueta tupida en tonos marrones, negros y rojos chillones. Las puertas de las habitaciones quedan muy iluminadas. Y el techo se ve retroiluminado en rojo. Quizá demasiado en contraste con la oscuridad del ascensor y del recibidor. 

Tras la puerta encontramos un largo pasillo de suelo cerámico en pequeñas baldosas color cobrizo. A la izquierda el interruptor general de la luz y un gigantesco espejo de techo a suelo. A la derecha un armario de puerta corredera en madera clara y cristal traslúcido. Dentro de él, una barra colgador con perchas variadas (normales, antirrobo, para faldas...), una placa de mármol que hace las veces de maletero y una serie de cajones y estanterías. La pared del fondo del armario es una puerta corredera que se abre desde el baño, por lo que tenemos acceso al armario por ambos lados. En uno de los cajones hay un lustrazapatos, un calzador y la bolsa de lavandería.

El suelo de la habitación es de una cerámica que imita a la madera clara. Agradable. Paredes en madera y pintura marrón. El espacio no es muy grande, pero si suficiente. Destaca la cama, enorme, blanca, comodísima, vestida con un nórdico agradable y media docena de almohadas de distintos tipos. A los pies de la cama un plaid como de pana marrón. A ambos lados de la cama sendas mesillas de madera, con la tapa en cristal retroiluminado en colores que podemos variar desde los interruptores que hay sobre ella (rojo, verde, azul, amarillo...) para cambiar el ambiente de la estancia. Interruptores que permiten apagar todas las luces de la habitación y un enchufe a cada lado. Sobre una de las mesillas un teléfono, un bolígrafo y un set de notas. El cabecero de la cama, también de madera se remata en el centro con un espejo rodeado de un marco dorado. A cada lado, incrustadas en el cabecero, hay unas lámparas de lectura escamoteables y direccionables. 

También junto a la mesilla, acertadamente enclavado en el cabecero de la cama, encontramos el display del aire acondicionado. Que funciona de forma sencilla con la posición automática y con poco ruido, aunque el arranque hace vibrar la instalación entera. 

A los pies de la cama hay una estrecha mesa de cristal bajo la que hay un taburete y sobre la que cuelga la tele de plasma. En la mesa un libro de Madrid y varias revistas comerciales. Junto a ella un escritorio en forma de L diseñado para el trabajo. Cuerpo de madera y mesa de cristal , con un moderno y potente flexo de trabajo y una silla de trabajo con ruedas en color rojo. El armario esconde el minibar y una caja fuerte. A su lado hay varios enchufes disponibles así como un teléfono, otro block de notas y bolígrafo y una papelera plateada. Sobre la mesa, una bandeja de cortesía nos ofrece unas gominolas y una botella de agua con un saluda del director. 

La pared del fondo es una enorme cristalera. Dos ventanas de compleja apertura que dejan ver bonitas vistas de la Almudena y el Palacio Real. Unos visillos blancos la cubren de día y un tupido foscurit revestido con una cortina en tonos marrones y dorados algo brillantes por la noche. Junto a la ventana, y para completar el mobiliario, una butaca de terciopelo marrón con un reposapies redondo a juego. Sobre ella una lámpara sesentera de color rojo con una bola de luz en su interior. 

La sensación es de tranquilidad. Se está bien. La insonorización exterior es adecuada. Sin más. La interior es algo mejorable. Se escuchan bastante las voces del pasillo y la actividad en las habitaciones contiguas.

Otra puerta corredera de madera y cristal traslúcido nos deja en el baño. Suelo cerámico en colo cobre con pequeñas baldosas similar al del pasillo de entrada. Primero encontramos a la derecha el armario que se abre al pasillo, y a la izquierda una encimera de mármol con dos lavabos pequeños exentos con modernos grifos efectistas. El set de amenities es completo: gel, champú, acondicionador, leche hidratante, set dental, de afeitado, dos pastillas de jabón todo ello en elegantes frascos negros y estuches negros y plateados. Un enorme espejo situado sobre la encimera, dos toallas de lavabo colgando de ella, un secador de escasa potencia y un espejo de aumento completan los detalles de esta zona.

Un paso más y separado por una puerta de cristal encontramos el inodoro, el bidet y la bañera. Sanitarios blancos, de corte moderno. Paredes en cerámica de color cobrizo con bastantes chorretones provocados por el uso. Un toallero calefactado con dos enormes toallas y dos albornoces completan el set de lencería. Grandes tamaños, aunque podríamos esperar algo más de las toallas. La bañera tiene una mampara de cristal y tras ella una ducha de teléfono y otra fija de efecto lluvia. La grifería es moderna, muy moderna. Tanto que cuesta un poco entender cómo funciona aquello. La temperatura es fenomenal, el caudal y la presión es simplemente correcto.

El desayuno se sirve en la primera planta, en un bullicioso restaurante lleno de orientales. Dos paredes de cristal con vistas a Princesa. En forma de L se establecen dos barras con el enorme surtido de productos que se ofrecen: zumos variados, fruta cortada y preparada, platos calientes (tortillas, bacon, verduras, chorizos, salchichas...) una zona de show cooking, friambres, quesos, minibocadillos, churros, porras, bollería de todos los tipos y tamaños, macarrons... El café se sirve en la mesa por un atento servicio. En jarras de café aguado, aunque también existe la opción de pedir un expresso.

Al final, en el mostrador de recepción, pregunta por el minibar y adiós, aunque nos desean pasar un buen día...

Calidad/precio: 
Servicio: 8

Ambiente: 8
Habitación: 8.5

Baño: 9
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 8.5
Valoración General: 9