miércoles, 21 de septiembre de 2016

AC SANT CUGAT (SANT CUGAT - BARCELONA)

AC SANT CUGAT (****)
Plaza de Xavier Cugat s/n
08174 Sant Cugat del Vallés (Barcelona)

Habitación: 321
Fecha entrada: 15/07/2016
Tarifa: 99€ AD

En un polígono empresarial, rodeado de modernos edificios corporativos, y a pie de la AP7 un antiguo Novotel hoy remodelado por completo y gestionado por AC. Rodeado de un pequeño jardín con piscina, un edificio de cuatro plantas y grandes ventanas con una legión de taxis en la puerta. 

Dos puertas de cristal automáticas nos dejan en la recepción. Moderna. Suelo de fina moqueta oscura, paredes en vescom gris. Sensación de modernidad, amplitud, y tranquilidad. A la izquierda del hall hay un espacio con sofás y alguna mesa baja y varios cuadros con motivos arquitectónicos y geométricos. De frente los dos ascensores en una pared forrada de acero. Hacia la derecha y algo oculto, el mostrador de recepción, junto a unas estanterías que venden bebidas, sándwiches, productos de higiene e incluso ropa. Un poco más adelante está el bar (detrás de los ascensores) una amplia zona de estar y el comedor junto a la puerta de salida al jardín y la piscina. Todo este espacio tiene la pared de cristal, oscuro, y cubierto con estores blancos. En cualquier caso, la luz artificial crea una atmósfera acogedora.

En el mostrador con dos puestos de atención el procedimiento es bastante rápido. Mostramos el DNI y a partir de ahí ya tienen todos nuestros datos. Nos dan el bienvenida para firmar, y nos entregan la llave de la habitación y la clave del wifi, gratuito que funciona bastante veloz en todo el edificio, aunque a veces se producen algunos cortes. 

Los ascensores son modernos, luminosos y amplios. Suelo de moqueta. Paredes de acero y espejo y un par de carteles sobre el hotel y la cadena. Las puertas se abren en un amplio recibidor, en el que ya hay habitaciones que continúan por un ancho pasillo en forma de L. Moqueta y paredes oscuras que contrastan con las puertas claras.

Las puertas de los dormitorios, en blanco son algo débiles, lo que implica que la insonorización interior sea manifiestamente mejorable. Se escucha demasiado lo que pasa en el pasillo. El exterior es tranquilo, pero la insonorización no es muy buena. Desde las 7 de la mañana oímos el motor de un autobús de japoneses aparcado en el jardín del hotel que espera a cargar su pasaje. Al sacar la tarjeta de la cerradura de la puerta esta se abre a una zona de estar. Suelo de madera blanca y paredes en vescom una negra y otra gris clara. Un sofá cama doble, una cómoda butaca giratoria (ambos en escay marrón claro) una mesa de centro en blanco y acero, una mesa rinconera con una lámpara con pantalla y un teléfono moderno. Todo ello sobre una gruesa alfombra marrón. 

En la pared negra, un cuadro‎ con motivos arquitectónicos y dos luces que lo iluminan. Junto a la ventana, una lámpara de pie en metal y blanco. La estrecha ventana, da a la entrada principal, y un foscurit y un leve visillo marrón y blanco a rayas protegen eficazmente de la entrada de la luz. 

Frente al sofá, un largo armario con cajones, baldas y un minibar. Sobre el armario, en una bandeja se ofrece una cafetera Nespresso con dos cápsulas, un par de juegos de tazas y una botella de agua. Sobre todo el conjunto un gran plasma LG. El regulador del aire acondicionado, situado junto a la puerta (que tiene un espejo de cuerpo entero y mirilla) es algo complejo, pero incluye la función auto. Funciona con eficacia aunque con un punto de excesiva sonoridad. Todos los interruptores de la habitación son de Bticino negro. 

Una puerta, también blanca, nos separa de una estancia pequeña que hace las veces de vestidor. A la derecha un armario entero de pared a suelo con tres puertas: baldas, colgadores, cajones, caja fuerte y algunas amenities (bolsa de lavado, lustrazapatos...). Sobre el armario tres focos de luz que iluminan fantásticamente el ambiente. A la izquierda, ocupando toda la pared, un espejo formidable de cuerpo entero. Junto al armario y tras una puerta de cristal hay un pequeño aseo: inodoro y lavabo. Este, moderno, en mármol blanco pulido, de escasa profundidad se recibe en una larga encimera sobre la que hay una pastilla de jabón en forma de pelota de golf y un par de toallas. Sobre la encimera otro espejo iluminado. 

Una puerta más, también blanco, y entramos en el dormitorio principal. Pared gris de vescom. A la izquierda, la puerta de cristal del baño. A la derecha, y en fila hasta la ventana un maletero tapizado en capitoné negro, un sencillo escritorio de madera con patas de acero con una luz bajo el mismo que hace más agradable la estancia, una silla algo plastificada y el minibar. Sobre el escritorio hay dos enchufes, una lámpara con pantalla no excesivamente buena para el trabajo y un teléfono. Por encima de ello un enorme plasma. A la izquierda del conjunto, la ventana, de apertura oscilobatiente, que no aisla del todo del exterior, al menos el sonido. Un foscurit y un ligero visillo impiden el paso de la luz, aunque en el extremo final, pegado a la pared, donde no llega la cortina se cuela algo al amanecer. 

Entre ese maletero-escritorio-minibar y la cama hay un generoso espacio con dos butacas y una mesa de centro redonda situadas sobre una tupida alfombra. Todo orientado hacia la televisión. Tras este conjunto, la cama. Grande, blanca, rematada con un plaid marrón. Lencería limpísima y correcta con un suave nórdico y cuatro almohadas de distinta dureza. El cabecero en madera y piel clara incluye una mesilla a cada lado. Sobre ellas un enchufe (en cada una) y sendas lámparas de acero y pantalla blanquecina y dos direccionables de lectura. En una de ellas un teléfono, un bloc de notas y un bolígrafo de la cadena. Lástima que con las distintas luminarias que hay en la estancia la opción que nos ofrecen los interruptores sea "todo encendido" o "todo apagado". Sólo podemos jugar a hacer más acogedora la habitación con la luz de lectura, pero el resultado no es sensato. 

Junto a la puerta de entrada al dormitorio hay otro display de aire acondicionado, que funciona independiente del que hay en el salón. De igual forma dispone del sistema automático y funciona perfectamente con un poquito de sonido. En la pared en la que se sitúa la ventana hay un gran cuadro de motivos arquitectónicos. 

El baño, tras una puerta de cristal opaco, es grande, nuevo, moderno y muy luminoso. El suelo de una especie de lamas de mármol que imita a la madera. Paredes en vescom negro. Luces puntuales que iluminan mucho. A la izquierda de la puerta encontramos el inodoro. Quizá demasiado pegado a la pared. Y justo de frente tras un amplio espacio, los lavabos. Dos, en una larga encimera en blanco con pilas poco profundas. Grifos modernos. Por encima, un espejo ocupando toda la pared, con dos puntos de luz en cada lado. Cuatro cuadrantes de mano, dos toallas de lavabo y dos enormes toallas de bañera completan el juego de lencería, además en el armario del vestidor se ofrece un albornoz y zapatillas. 

Sobre la encimera dos vasos, gel, champú, crema hidratante y pastillas de jabón en forma de pelota de golf. Bajo la encimera, en una liviana y metálica mesita auxiliar el resto de amenities: set dental, set de afeitado, kleenex y gorro de ducha. Junto a ella un espejo de aumento iluminado y un secador de pelo de fuerte potencia. 

La ducha, muy luminosa es formidable. Suelo blanco, paredes de cristal con un vinilo opaco a rayas, nueva, moderna. Una columna de ducha con teléfono, y sobre el techo un grifo de efecto lluvia formidable. La temperatura, la presión y el caudal son magníficos y la ducha matutina se convierte en una experiencia reconfortante. 

Tras ella, el desayuno se sirve en un salón algo bullicioso, desordenado y no del todo limpio. Mesas y sillas en tonos claros contrastan con el oscuro del suelo y la luminosidad que entra por las paredes acristaladas que dan al jardín y a la ventana. El surtido es un poco escaso: zumos, platos calientes en el mostrador de una cocina a la vista que no está operativa (huevos revueltos y bacon), fruta cortada, fiambres (jamón de york, pavo, jamón serrano y algo de queso), cereales, pan y bollería pequeña crujiente y recién hecha. Variedad de mermeladas y café Nespresso. No hay demasiada cantidad porque la reposición del producto cuesta mucho tiempo. 

Al final, en el mostrador de salida, el proceso es rápido y sin más: pregunta por el minibar, factura, pago y a por otro...

Calidad/precio: 8
Servicio: 6.5
Ambiente: 7.5
Habitación: 8

Baño: 9
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 7
Valoración General: 8

domingo, 4 de septiembre de 2016

NH SUECIA (MADRID)

NH SUECIA (****)
Marqués de Casa Riera 4

28014 Madrid


Habitación: 612
Fecha de entrada: 21/06/2016
Tarifa:

En el mismo corazón de Madrid. A un paso de la Gran Vía, tras el Círculo de Bellas Artes y en la confluencia de dos tranquilas y estrechas calles encontramos este edificio recientemente remodelado y convertido en un moderno y funcional NH. 15 plantas, en granito gris, serio y riguroso, como muchos edificios de la zona.

La entrada, cuesta arriba, bajo un altísimo pórtico nos obliga a superar dos puertas de cristal correderas y un puñado de escaleras antes de dejarnos a pie mismo del mostrador de recepción. El espacio es moderno, lo que contrasta con la seriedad del exterior, aunque algo justo de tamaño. De frente, un potente mostrador en forma de L y de color blanco brillante bellamente retroiluminado. A la derecha, allí mismo los dos ascensores que suben a las habitaciones. Techo de corcho con agujeritos y algunas luces ocultas azuladas; suelo de moqueta gris algo brillante y de textura filamentosa y paredes en blanco. A la izquierda se abre la barra del bar y una zona de estar con distintas configuraciones de sofás, sillas, butacas… en tonos agradables y modernos. Un poco más al fondo, y a ras de calle, sin visión desde la recepción, el comedor de desayunos. 

El mostrador tiene dos puestos de trabajo, uno en cada lado de la L. Nos atienden con simpatía y eficacia. Simplemente nos piden el número de DNI y una vez chequeado todo en el ordenador, nos entregan la llave de la habitación y la clave del wifi que es gratuito y funciona de manera veloz en todo el edificio. 

Los ascensores, metálicos, oscuros y muy modernos, con algunas fotografías de la terraza panorámica del hotel, suben rápidamente hacia la sexta planta. Al salir, aunque los pasillos son blancos, como las puertas de las habitaciones, y la moqueta del suelo de un gris claro, la sensación es un poco oscura. Los pasillos requiebran un poco intrincadamente, hasta que llegamos a una zona en la que grandes ventanas permiten el paso de la luz exterior. En esa zona encontramos nuestra habitación.

Tras la pesada puerta, el espacio es amplio, luminoso y moderno. Paredes blancas luminosas y suelo de madera en lamas anchas de un marrón grisáceo. A la derecha se abre un armario sin puertas, con varias baldas, un largo colgador con perchas y una zona de maletero. Entre las baldas está el minibar, la caja fuerte y una bandeja con varios snacks. Todo ello iluminado en un blanco azulado. A la izquierda y tras una puerta blanca encontramos el inodoro. Y un paso más adelante, sin puerta, el resto del baño (una espectacular cabina de ducha de cristal y un moderno lavabo blanco). A continuación el dormitorio.

La zona de dormir es generosamente grande. A la derecha hay unas baldas con un par de revistas y un juego de copas y vasos para el minibar. A continuación  una mesa redonda de centro con dos sillas de plástico algo incómodas. Aunque allí mismo hay un aplique con varios enchufes disponibles, ni las sillas ni la mesa son las más cómodas para trabajar. Sobre la mesa, colgando de la pared, una televisión de plasma. Bajo ella una lámpara de suelo en tonos amarillentos. Junto a todo ello un espejo de cuerpo entero. 

Entre la mesa y las dos enormes ventanas que rematan la pared del fondo de la habitación hay un sofá, que puede convertirse en cama de una piel excesivamente plastificada, y una lámpara de pie. Las dos ventanas dan a la tranquila calle lateral e insonorizan estupendamente bien el espacio. Un visillo blanco y una cortina en tornos verdes, sin foscurit, no consiguen -ni por asomo- detener la luz del exterior en cuanto el cielo empieza a clarear. Tampoco hay persianas ni otros elementos que consigan amortiguar la luz. El aire acondicionado se maneja desde un complejísimo display. Funciona de manera bastante silenciosa, y muy efectiva. Pero al no saber manejarlo decidimos apagarlo al haber descendido demasiado la temperatura.

La cama en blanco, con un suave nórdico ofrece un confortable colchón. A cada lado hay sendas mesillas redondas de madera blanca. En una el teléfono. En otra información sobre el hotel y un bloc de notas. Sobre ambas, enchufes disponibles y varios interruptores para apagar todas las luces menos la de pie que hay junto al sofá. El cabecero de la cama, en capitoné de piel color arena viene remarcado por una madera oscura y esta, con una impactante luz todo alrededor. A cada lado del cabecero sendas lámparas de lectura direccionables. Muy potentes. 

El baño, como hemos dicho, queda abierto a la habitación. Por un lado, un moderno lavabo blanco de escasa profundidad de pila. A su alrededor queda una mínima encimera en la que se ofrecen las amenities, algo escasas, propias de la cadena: gel, champú, leche hidratante y una pastilla de jabón. Dos vasos, dos toallas y un espejo alto embutido en una pared de pizarra. Bajo el lavabo en una repisa metálica encontramos las dos toallas de bañera, grandes, limpias y nuevas.

Una puerta corredera de cristal nos introduce en la ducha. Suelo agradable en color blanco, pared de pizarra y grifería moderna. Una enorme alcachofa de efecto ducha hace las delicias de este momento de la mañana: caudal, presión y temperatura impresionantes. 

Por la mañana el desayuno se sirve en un salón a pie de calle. Alrededor de una barra, como de bar, atendida por una camarera se ofrece un variado surtido. Platos calientes (huevos revueltos, tortillas, bacon... algunos platos que se pueden pedir para cocinar "al momento"), zumos, fiambres, quesos, jamones, mermeladas, bollería recién hecha, pan, churros y porras con chocolate... El café que es servido a la mesa resulta correcto.

En el mostrador de salida, todo simpatía. Pregunta rápida por el minibar y por si hemos descansado a gusto. Y como tenemos prisa, nos vamos.

Calidad/precio: 
Servicio: 8.5

Ambiente: 8
Habitación: 8

Baño: 9
Estado de conservación: 9.5

Desayuno: 8.5
Valoración General: 9

martes, 23 de agosto de 2016

AC BARCELONA FORUM (BARCELONA)

 
AC BARCELONA FORUM (****)
Passeig del Taulat 278
08019 Barcelona


Habitación: 1508
Fecha de entrada: 06/07/2016
Tarifa:

Al final de ciudad, donde la Diagonal acaba en el mar, en la zona construida para albergar el Forum, rodeado de hoteles y de edificios corporativos de moderno diseño, sedes de compañías mayormente tecnológicas, en un enorme edificio, la cadena AC gestiona uno de sus buques insignia en la ciudad. 22 plantas en una arquitectura rompedora como de cuatro bloques cosidos y rematados con un enorme logo de la compañía. 

Una anchísima acera nos separa el taxi de la entrada del hotel, en forma de puerta giratoria. Tras ella un enorme espacio en todos los sentidos: alto, ancho y largo. Dos paredes de cristal llenan el lobby de luz. Sensación de modernidad, vanguardia y diseño, aunque ya demasiado visto, y quizá algo frío. Tres puestos de recepción allí al fondo a la izquierda quedan casi invisibles ante la magnitud de las proporciones. Hasta el mostrador, unos cuantos sofás, butacones, pufs, y mesas bajas para la tertulia y el compartir. Algunas librerías con volúmenes sobre diseño y arte. Iluminación bastante efectista y suelo de brillante mármol. 

El mostrador de recepción, en mica blanca retroiluminada tiene tres puestos de trabajo. Las pantallas del ordenador sobre el mostrador, hacen como un parapeto entre el huésped y el recepcionista. Allí, al otro lado, aunque el trato es simpático es un poco peñazo: el dni, la tarjeta de crédito, ahora le tengo que hacer un bloqueo en la tarjeta, ahora dígame su código postal, ahora dígame... Es medianoche, estoy fundido... he venido a dormir, no a alimentar una base de datos... A cambio, quizá, nos ofrecen sin coste, por ser gold de la cadena, una junior suite. Al final nos explican los horarios de los servicios y nos dan una clave para el wifi gratuito (sólo para miembros Marriott) que funciona de forma veloz en todo el edificio. Si uno no es miembro Marriott ha de pagar 8€ por día. 

Unos pasos más al fondo encontramos los ascensores. Hay seis. Enormes, muy anchos, luminosos y rodeados de espejos. Una botonera plateada junto a un cartel que indicia la distribución del hotel. Sube rápido hasta nuestra planta 15. Salimos a un hall con dos ventanas con vistas al mar. A la izquierda se abre el pasillo de las habitaciones. Casi en penumbra. Luces solamente sobre las puertas de las habitaciones. Suelo de moqueta gris filamentosa. Paredes a juego y puertas marrón oscuro con pomos plateados y placas con los números de las habitaciones también plateadas y con un toque verde en el número. 

Tras la puerta, la sensación es de frío. El aire acondicionado debe llevar unas cuantas horas encendido y hace mucho frío. Además de frío, la sensación también es de repetición: un AC más. Da igual que sea Barcelona, Miami, Badajoz o Murcia. En un corto pasillo se ubica, a la derecha, la ranura para que la tarjeta de la habitación encienda las luces, el display del aire acondicionado que funciona de maravilla y casi silenciosamente con tres botones (una rueda de temperatura, un selector de potencia y otro de frío o calor), y un armario estrecho y alto con el minibar tras una puerta de cristal y varios snacks en una balda a media altura. 

Paredes en vescom color arena con alguna junta algo despegada y suelo de madera oscura cuidada. Tras ese pasillo, una sala de estar. Amplia. Con una alfombra en tonos grises y marrones cubriendo casi la mitad del espacio. Un sofá doble de piel marrón; sobre él un enorme cuadro de un caracol; una butaca con cojines claros, una mesa de centro con dos revistas, y una mesa baja con una lámpara y un libro sobre la cadena. Frente al sofá doble y junto a una gran lámpara de pié direccionable, un enorme plasma y una cadena de sonido con un CD de música relajante a nuestra disposición. La pared del fondo, una enorme ventana a media altura cubierta con unos visillos negros y un potente foscurit. Las vistas, amplísimas al centro comercial y a la ciudad de Barcelona, donde descubrimos además del Tibidabo allá arriba, las torres de la Sagrada Familia algo más cerca.

En esa misma estancia hay un escritorio de los clásicos de la cadena. Con varios cajoncitos, una lámpara de mesa, un teléfono y una silla de piel oscura bastante cómoda. Junto al escritorio una papelera metálica y un enchufe disponible para conectar nuestro portátil. El wifi es gratuito Allí al lado una enorme puerta corredera nos separa del dormitorio. 

El espacio del dormitorio también es generoso. Una enorme cama blanca con un pie de cama en color negro brillante. Confortable. Sin más. Vestida con agradables sábanas y un leve nórdico. El enorme colchón está recubierto con un topper más pequeño que el colchón, por lo que alrededor de la cama queda un cuadrado de distinta "altura". A cada lado sendas mesillas de madera algo "machacadas" por el paso del tiempo y los clientes, con enchufes a cada lado para los gadets tecnológicos. En una de ellas hay un libro sobre Barcelona. En la otra, un bloc de notas, un bolígrafo, el teléfono y una tarjeta para solicitar el desayuno en la habitación. El cabecero de madera tiene dos incrustaciones en piel cruda sobre las mesillas y en ellas dos lámparas de noche, y dos lámparas direccionables de lectura. Con lo efectista que podía ser la iluminación, han decidido dos opciones: todo apagado o todo encendido. Sin más. ¿La ventaja? Que ninguna luz se queda encendida sin poder apagarla desde la cama. ¿La desventaja? que no es posible crear distintos ambientes en función de lo que uno esté haciendo: trabajar, ver la tele, charlar... 

A los pies de la cama, otro enorme plasma sobre una larga cajonera y otra lámpara de pie direccionable. La pared de la izquierda es otra enorme ventana con las mismas vistas, protegida por otro visillo negro y un foscurit que consigue parar la luz de la mañana barcelonesa, que en una avenida tan ancha es muchísima y desde bien temprano. 

A la derecha de la puerta del dormitorio encontramos la zona del baño y vestidor. Seguimos con el suelo de madera y el vescom en las paredes y enfrente encontramos el lavabo. De cristal, como en casi toda la cadena. Con un espejo enorme iluminado enfrente. Sobre la encimera, dos toallas pequeñas, una pastilla de jabón en forma de pelota de golf, champú, gel, acondicionador y leche corporal. Bajo la encimera, en una ligera mesita auxiliar de metal, un completo set de amenities (set dental, de afeitado, gorro de baño, kleenex, lustrazapatos y zapatillas de ducha). Colgando de la pared un potente secador. 

A la derecha del lavabo y haciendo una L encontramos el vestidor con un alto maletero y un armario sin puerta en el que además de zona para colgar perchas hay varias baldas. En una de ellas, la caja fuerte. A la izquierda del lavabo, y tras una puerta de cristal el resto del baño.

Suelo y paredes aparecen ahora en mármol verde. Muy limpio. Una enorme bañera, un inodoro y un bidet. Y tras otra puerta de cristal una enorme cabina de ducha con dos duchas una frente a la otra. La pared de la ducha, de mármol verdoso, y el suelo, de cerámica marrón muy agradable y brillante. A priori la ducha resulta tremendamente atractiva. Quizá el remate, en un grifo de teléfono, no sea lo que un espacio así merece, pero bueno. Pero al abrir el agua se nos va toda la ilusión. La presión es mínima. Mínima. Ni caudal, ni presión. Para colmo la temperatura es o fría o muy caliente. Terriblemente caliente. My goce in the poceTres toallas de baño grandes y mullidas y dos albornoces completan el juego de lencería.

Por la mañana, el desayuno se sirve en una planta intermedia en un largo y acristalado salón con vistas a la calle. El surtido es descomunal: platos calientes (huevos revueltos, tortillas, bacon, salchichas, rollitos...), fruta cortada, fiambres (jamón, chorizo, lomo, pavo), quesos, mini bocadillos, mini sandwiches, bollería crujiente y recién hecha, zumos de frutas naturales, variedad de panes... lástima que el café sea para salir corriendo. Pero corriendo. 

Lástima que en recepción no nos dejen. El check out es un auténtico peñazo. Hay que volver a dar todos los datos otra vez, la tarjeta, tienen no se qué problema con el ordenador... Al final no sabemos si nos preguntan o no por el minibar, pero sí que estamos allí casi 10 minutos para lo que debería costar más de 50 segundos. 

Calidad/precio: 
Servicio: 6

Ambiente: 6
Habitación: 7.5

Baño: 5
Estado de conservación:7.5

Desayuno: 8
Valoración General: 7

miércoles, 6 de julio de 2016

GRAN HOTEL LOS ABETOS (SANTIAGO DE COMPOSTELA - LA CORUÑA)


GRAN HOTEL LOS ABETOS (****)
Calle de San Lázaro s/n
15820 Santiago de Compostela (La Coruña)


Habitación: 2154
Fecha de entrada: 29/06/2016
Tarifa:

Fuera de la ciudad, justo enfrente de la entrada a la misma por el Camino de Santiago, un complejo hotelero con estupendas instalaciones para bodas y reuniones. Dos robustos edificios de piedra gallega rodeados de jardines. Una carretera interior rodea ambos. En el edificio principal, el más alto y esbelto y también el más cercano a la autopista, acoge algunas habitaciones además de los servicios comunes (recepción, salas de reunión, restaurante, piscina…). En el otro, de dos plantas y algo más alargado recibe las habitaciones.

Una puerta corredera da acceso a la finca. Seguimos por una carreterita entre los dos edificios con una zona de aparcamiento a ambos lados, hasta que a la izquierda encontramos un pequeño tejado porticado y ajardinado, donde parar los coches, para acceder a la recepción. Allí está también el autobús que regularmente lleva a los huéspedes hasta el mismo centro de la ciudad. Puertas correderas acristaladas nos dejan en un espacio  elegante, amplio y muy luminoso. A diferentes alturas. A la derecha, el mostrador de recepción; a la izquierda un espacio elegante con sofás, chaiselonges y butacas para la tertulia, y bajando unos escalones los ascensores y la cafetería con más zona para estar y una pared acristalada enorme con vistas a la entrada de la ciudad, que llena de luz la zona. Suelo de mármol, paredes en tonos marrones.
El mostrador de recepción es de madera sobre una base de mármol. Robusto, con un punto antiguo. Despejado de todo. Apenas unas flores y una pantalla con imágenes del hotel. El trato tras él es frío y distante. Y súper procedimentado: el DNI, un móvil, un mail, la tarjeta de crédito… datos, datos y datos. Preguntamos por la wifi que es abierta y gratuita. El problema es que en el edificio de habitaciones, aunque reclamamos dos veces que no funcionaba no conseguimos conectarnos. En el edificio principal sí que funcionaba. Y no mal.

Nuestra habitación está ubicada en el otro edificio, así que cruzamos la carreterita y bajo un pórtico entramos en una calle adoquinada y cubierta con cristal en la que a modo de casitas se encuentran las habitaciones. Cada habitación tiene dos plantas y una zona situada junto a la puerta, y cubierta, en la que se puede aparcar el coche. Todo construido al más puro estilo de villa gallega: ventanales blancos, piedra de la zona… Antes de la puerta, un felpudo con el logo del hotel. Y a continuación una puerta de madera clara con pomo dorado en el que insertamos la tarjeta.

La puerta se abre hacia fuera porque en el interior encontramos, nada más pasar el marco, cinco escalones. Paredes marrón verdoso, suelo de parquet marrón oscuro protegido con una enorme y tupida alfombra en tonos verdes, crudos y rojos. Techos blancos con vigas de madera. Sensación de calidad, clasicismo y acogida. Luces puntuales de lámparas con tulipas colgadas de la pared, una lámpara de pie en una mesa y otra junto a una enorme butaca de lectura. Es una zona de estar: un sofá doble rojo con cojines en verde, sobre el que cuelga un cuadro, una mesa de centro de cristal y madera, y una auxiliar con una lámpara y un teléfono. Frente a él un potente armario exento, de dos pisos, en el que hay una televisión y un enorme y algo viejo minibar correctamente surtido. Unas cortinas verde y rojo ocultan un balcón con una generosa terraza cubierta, acristalada y  amueblada (una mesa y unas butacas) que da al jardín trasero de la finca. Entre la barandilla de la escalera que sube de la calle y la que sube al dormitorio hay una butaca orejera con reposapiés de corte clásico a juego con el sofá. Junto a ella una lámpara de lectura de pie.

Subimos otras escaleras y a la derecha nos encontramos el baño y de frente el dormitorio tras atravesar otra puerta de madera clara. Suelo de parquet oscuro casi totalmente cubierto por una alfombra a juego con la del piso inferior. Paredes y techos en los mismos tonos. El espacio es el adecuado para el dormitorio. Un maletero de madera con un protector de pared a juego; un escritorio de madera rematado en cristal con una silla de color rojo algo incómoda para el trabajo. Sobre el escritorio un enorme plasma y junto a él un enchufe para el portátil y una lámpara de pie.

Frente al escritorio, la cama. Son dos camas individuales, algo estrechas cada una (90cm) pero cubiertas por un único nórdico blanco y elegante decorado con un plaid a los pies en color rojo. Cómodas sin más. A ambos lados, sendas mesillas, clásicas de madera, con lámparas de tulipa ancladas a la pared. En ambas mesillas hay un enchufe para los gagdets tecnológicos y un interruptor para apagar esa lámpara. Los interruptores de toda la estancia chirrían un poco con el resto de la decoración. Con una decoración tan “clásica” quizá pegaría otro tipo de diseño. Antes de acostarnos debemos ir apagando, desde el piso de abajo, todas las luces y lámparas, que algunas se apagan con interruptor de pared y otras con algún interruptor en ellas incrustadas.. En la pared del fondo del dormitorio y tras unos pesados cortinones de color burdeos encontramos una ventana con vistas a “la calle principal” y su peculiar techumbre de cristal. Un armario empotrado de puertas correderas completa el mobiliario del dormitorio. Tras una puerta, unas cuantas baldas a distinta altura y la caja fuerte, y tras la otra, un perchero colgado desde lo profundo y extraíble.  

El aire acondicionado es efectivo y se maneja desde un display situado junto a la puerta, con una rueda de temperatura, un interruptor de potencia y otro de encendido y apagado. Funciona ruidosamente, aunque no necesitamos encenderlo por la agradable temperatura exterior. El lugar es tranquilo pero se escucha bastante lo que ocurre en las habitaciones contiguas y en “la calle principal” a la que se abren las habitaciones. Dentro del dormitorio hay un punto de luz casi en el suelo que mantiene iluminada la habitación durante toda la noche. Sobre el armario hay una luz de emergencia que también se mantiene encendida.
El baño resulta amplio. Quizá la iluminación podría resultar más efectista. Al encender la luz, se activa un ventilador que produce un molesto ruido. Suelo de granito gris y paredes de mármol color arena rematadas en una moldura blanca que lleva al techo. El lavabo, incrustado en una encimera de mármol negro presenta una grifería plateada de corte clásico, con un mando a cada lado y un grifo central. Sobre él, un espejo con marco barroco dorado. El set de amenities, personalizado para el hotel, es generoso: champú, gel, crema hidratante, gorro de ducha, kleenex, lustrazapatos. Dos vasos y un secador de escasa potencia.
Un inodoro, un bidet y una bañera con una ducha con grifo de teléfono de alcachofa grande. La potencia y el caudal son estupendos pero la temperatura oscila un poco. Fluctúa entre el frío y el calor… El juego de lencería: dos toallas de lavabo y dos de baño es generoso de tamaño y de calidad correcta.

Por la mañana, el desayuno se sirve en un bullicioso salón del edificio principal con vistas a la entrada de la ciudad. Café correcto y un variado surtido de platos calientes (huevos fritos, revueltos, salchichas, bacon), fiambres (jamón de york, pavo, jamón serrano, chorizo, lomo…), quesos, salmón… y de bollería (croisants, tartas de almendras, de manzana, bizcochos…).

En la recepción, a la salida, el mismo trato distante y frío de la llegada.

Calidad/precio: 
Servicio: 6

Ambiente: 7
Habitación: 7

Baño: 7
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 8
Valoración General: 7

miércoles, 22 de junio de 2016

HOTEL LANDA (BURGOS)

HOTEL LANDA (*****)
Autovía A1 km 235
09001 Burgos

Habitación: 201
Fecha de entrada: 14/05/2016
Tarifa: 180€ (SA)

La respuesta a la petición de reserva en este maravilloso hotel ya presagia que algo distinto y especial encontraremos en él. Si además, la víspera de llegar recibimos otro correo de la encargada de recepción en la que nos reconfirma todo y se pone a nuestra disposición para ayudarnos en cualquier cosa que ocurra cuando lleguemos al hotel, entonces ya entendemos porqué el Landa es un sitio tan especial.


Cualquiera que haya viajado con frecuencia entre Madrid y el norte de España seguro que ha parado alguna vez en esta antigua casa de postas famosa por su cordero, sus huevos fritos y sus morcillas. Junto a aquella antigua casa se construyeron otras edificaciones con habitaciones y se trajo, piedra a piedra una torre medieval de un pueblo cercano, que acoge además de la recepción, las habitaciones más especiales. 

A pié mismo de la Nacional I y justo donde termina la ciudad de Burgos, rodeado de un enorme y tranquilo jardín (con pista de padel, piscina y hasta helipuerto) Landa es un ejemplo de buen hacer, lujo, elegancia y tranquilidad. 

Un timbre nos comunica con la recepción desde donde nos bajan un bolardo que limita el acceso al hotel sólo a los vehículos de los huéspedes alojados. A la puerta de la torre medieval acude raudo un botones elegantemente vestido que se hace cargo de nuestro equipaje y de nuestro coche. Tres escaleras nos sitúan junto a la enorme puerta de madera de la torre medieval. Tras ella dos enormes, pesados y larguísimos cortinones separan la calle de un espacio espectacular. Lo primero que nos impacta es el olor, maravilloso, que impregna todas las estancias del hotel. Huele a elegancia. La luz, tenue que proviene de algunas saeteras de la torre y de una decena de lámparas de pie que decoran el espacio. Una serie de alfombras muy gruesas en color crudo cubren el suelo. A la derecha una señorial escalera, también alfombrada y decorada con un enorme escudo de la España medieval. A la izquierda una zona con varios sofás y butacas, espejos y mesas bajas... todo ello cómodo y tranquilo para la lectura. 

Bajo la escalera, el mostrador de recepción, de acero y cristal, discreto y elegante. Oculta la zona de trabajo pero se observa como que tuviera dos puestos de trabajo. Es atendido por una simpática empleada elegantemente vestida de blanco. Nos pregunta por nuestro viaje, por si estamos cansados, nos pide la documentación y nos entrega la llave de la habitación, que cuelga de un enorme llavero de madera. El proceso no ha sido rápido, tampoco lento, pero ha sido sumamente cordial. 

La recepcionista sale del mostrador y nos acompaña al ascensor. Queda junto al mostrador de recepción en una puerta de madera separada por un enorme y elegante pórtico geminado de estilo gótico. El ascensor es antiguo, pero enorme. De madera todo él con un elegante espejo. Sube despacio la planta que nos separa de nuestra habitación. Al abrir la puerta un enorme espacio cuadrado de techos enormes y decoración medieval: algunas cómodas, unos espejos y algunas lámparas de pie. A la derecha nuestra habitación, a la izquierda otra y enfrente una bellísima puerta de madera que da a un salón.

El pomo de la puerta queda un poco bajo, pero se olvida en cuanto uno traspasa el umbral de la misma. Luz a raudales, pese a que la habitación sólo dispone de tres ventanas que se abren en la torre. El mismo olor elegante que en el resto del establecimiento. Moqueta en el suelo, de color crudo, mullida y sumamente limpia. 

Al abrir la puerta encontramos hacia la izquierda un pasillo corto que nos deja en el dormitorio. Enorme. Destaca especialmente la gigantesca cama de 2x2 hecha en forja dorada rematada con un dosel coronado. Del cabecero cuelga una rica tela de lino en tonos arenas. A cada lado de la cama hay una mesilla. En una lado una mesa camilla redonda pequeña, vestida con faldas en tonos verdosos muy elegante. En el otro lado una mesilla clásica rectangular de madera. Sobre ellas elegantes lámparas con pantalla. Junto al cabecera e incrustadas en la pared hay un par de brazos direccionables de luz para la lectura. Sobre las mesillas interruptores para apagar las luces del dormitorio y el pasillo y un par de enchufes disponibles para los gadets tecnológicos. La cama es comodísima. Exquisitamente vestida con sábanas de hilo lavadas y planchadas en el Monasterio de las Huelgas. Dos almohadas excelentes, aunque por la noche, en el servicio de cobertura, nos ofrecen además, un cuadrante más voluminoso, un pie de cama, una chocolatina y una botella de agua. 

Al pie de la cama se ofrece un descomunal maletero de tijera. Quizá excesivo. Junto a la puerta de entrada al dormitorio hay una enorme cómoda de madera oscura sobre la que hay un gigantesco plasma y una cadena de sonido. A su lado, una silla. Y sobre ella un sencillo display para el aire acondicionado con una rueda que le hace funcionar de forma silenciosa y automática. La pared pintada en tono arena clara parece algo manchada por el roce de la televisión, que es direccionable para verla desde la cama, o desde la zona de estar que hay en el otro extremo del dormitorio. Sobre otra gruesa alfombra y haciendo una L se dispone un enorme y mullido sofá doble, una butaca independiente y una mesa auxiliar, cuadrada, con una lámpara con pantalla. En ella se ofrecen unas fresas en una delicada cesta de mimbre. 

La estancia se ilumina con las lámparas de las mesillas, la de la mesa auxiliar, una lámpara de pie para la lectura que hay junto al sofá doble y unos focos que hay incrustados en el techo. Todo ello consigue crear un ambiente cálido y acogedor. Además, una enorme ventanal se abre al jardín en primera instancia, aunque allí adelante vemos los camiones que sin descanso recorren la carretera que une Madrid con Irún. La ventana cierra espectacularmente bien y no se oye un sólo ruido del exterior del hotel. Tampoco del interior. La ventana además tiene unas poderosas contraventanas de madera que se cierran desde el interior y una pesada y rica cortina. Junto a la ventana, enmarcado hay un trabajo de ganchillo con una imagen de San Antonio.

Frente a la puerta de la habitación encontramos tras una mampara de cristal y elegante acero, un enorme vestidor con zona de trabajo. El suelo sigue siendo de moqueta y la estancia se llena de luz con la ventana que da al jardín, algo matizada con la maceta que hay en su alfeizar. Enormes y pesados cortinones la separan de un precioso escritorio de corte inglés sobre el que descansa una lámpara y varios folletos con información del hotel. La silla no es muy cómoda para el trabajo y hay un par de enchufes cercanos para conectar el portátil. El establecimiento dispone de wifi gratuito y bastante veloz, aunque en algunos puntos la señal es algo débil. La pared de la izquierda de esta estancia es un enorme armario dividido en tres puertas con espejos en dos de ellas. En uno, hay cajones y colgadores de distintos tamaños. Baldas y colgadores en los otros dos. En el último además hay una caja fuerte y un minibar con cuatro botellas de agua de cortesía. En las cajoneras además de un elegante y enorme calzador hay un cepillo de ropa, dos bolsas de zapatos y dos gamuzas para limpiarlos.

La pared de la derecha de esa estancia vestidor/despacho es de nuevo de cristal y acero. Y da al baño. Enorme. Descomunal. Mármol claro en el suelo y en parte de las paredes. Frente a la entrada hay una bañera incrustada en una enorme encimera de mármol marrón algo más oscuro sobre la que se disponen dos albornoces, dos juegos de champú, gel y bodymilk de Loewe, una esponja que crece al contacto con el agua y un par de maceteros decorativos. La grifería en acero impecablemente limpio y cuidado es de corte clásico y un punto rococó. 

Junto a la bañera hay un calienta toallas del que cuelgan dos enormes toallas de baño y un pie de ducha, todos con el logotipo del hotel bordado en azul. Junto al toallero tras una puerta de cristal entramos en una cabina de ducha alucinante. Gran espacio y grifería clásica, como en la bañera. Ofrece una ducha de teléfono y una enorme alcachofa con un punto antiguo de la que sale un excepcional caudal, a una fenomenal presión y con la temperatura que deseemos. 

A la derecha de la entrada al baño, tras otra puerta de cristal encontramos el inodoro y el bidet, también de corte clásico y en porcelana blanca. A la izquierda de la entrada en una encimera de mármol con patas de madera se ofrecen dos pilas de lavabo de metal, con grifería clásica y sobre la que se dispone un enorme espejo hasta el techo. En la encimera encontramos el resto del set de amenities (gorro de ducha, set dental y de afeitado y kleenex) y el resto del impecable juego de lencería de baño (dos toallas de manos, otras dos de lavabo y dos toallas de damasco). 

El baño dispone de dos lámparas con pantallas a cada lado de los lavabos, pero también algunos puntos de luz en el techo. Una ventana saetera también da luz natural a la estancia. La iluminación del baño.

Por la mañana, el servicio de desayuno no está del todo bien conseguido. No hay buffet sino una especie de menú cerrado, a 17 euros que ofrece una excelente bollería, deliciosas mermeladas y mantequillas, excelente café, zumo de naranja natural y varias piezas de fruta que no vienen preparadas ni cortadas. Quizá sea mejor opción desayunar sobre la barra de la cafetería un café con un bollo. 

En la recepción al despedirnos no hay más preguntas que sobre nuestra estancia, sobre lo bien o mal que hemos estado, sobre si pudimos utilizar la piscina o si disfrutamos de la gastronomía. Mientras pagamos, nos dan la factura el botones nos trae el coche a la puerta con el equipaje ya cargado en su interior. 

Calidad/precio: 10
Servicio: 10

Ambiente: 10
Habitación: 10

Baño: 10
Estado de conservación: 9

Desayuno: 7.5
Valoración General: 10

domingo, 5 de junio de 2016

ARTIEM MADRID (MADRID)

ARTIEM MADRID (****)
Juan Pérez Zúñiga 20
28027 Madrid 

Habitación: 312
Fecha de entrada: 12/05/2016
Tarifa: 100€ (AD)

Cuando recibes el email de respuesta a la solicitud de reserva en Artiem Madrid ya notas que aquello puede ser un hotel realmente especial. El todo, las opciones y posibilidades que ofrece, incluso la tipografía transmiten frescura, cercanía y entusiasmo porque acabemos eligiendo esta opción.


El hotel ocupa un edificio moderno de cinco cuatro plantas en tonos grises y verdes pistachos en una zona residencial en el anillo exterior de la M30. Cerca de la zona empresarial de Arturo Soria y no lejos del aeropuerto, rodeado de viviendas en una tranquila calle. Inaugurado a principios de 2016 desde la entrada todo huele a nuevo. Un atrio decorado con cajas de madera y flores nos deja a pie de una enorme puerta giratoria que nos introduce en el hotel. 

Un suave olor como a canela lo envuelve todo. Estamos situados en un recibidor desnudo, en el que destacan los tonos suaves marrones y pistachos, que es como el "emblema" de la casa. Madera clara en el suelo, paredes crudas y techo con las instalaciones a la vista. Delante de nosotros no hay nada. A la izquierda se abre una amplia y tranquila sala de estar con varios sofás, butacas y un enorme buffet de bebidas (zumos, aguas, refrescos, café...) y comidas (snacks, sandwiches, dulces, frutos secos, yogures...) a libre disposición del cliente. Todo gratis y en autoservicio salvo las bebidas alcohólicas. 

Escondido hacia la derecha está el mostrador de recepción. Madera clara, y otra vez el tono verdoso. Dos personas nos atienden detrás. Al principio los trámites son los de siempre: dni, tarjeta de crédito... Pero una vez que nos entregan la llave nos explican de forma simpática todas las opciones del hotel: el gimnasio, la sala de estar, la de desayuno, la música suave y envolvente, la situación de los ascensores... 

Los ascensores, modernos, un punto oscuros, con espejos y con una vitrina con información sobre el hotel funcionan sólo si introducimos la tarjeta de la habitación. Al abrirse las puertas llegamos a un recibidor donde también llega la escalera, como de vecinos. La sensación general es de limpieza, tranquilidad y luminosidad. Las paredes blancas, los suelos de moqueta gris muy suave, y el marrón de las puertas incrementa esa sensación de calma. 

Tras la puerta de la habitación la sensación se incrementa si acaso. Suelo de madera clara y todo lo demás blanco. Un pasillo, con la puerta de cristal del baño a la izquierda nos lleva a una gran estancia que hace las veces de despacho, sala de estar y dormitorio, todo ello rematado por un largo ventanal, con vistas a un amplio, luminoso y tranquilo patio de vecinos. 

Terminado el pasillo lo primero que encontramos a la izquierda es una amplia mesa de trabajo en color negro con patas en madera y un cajón. Sobre ella algunos folletos con información sobre el hotel y de la cadena y un flexo nuevo pero de corte retro. Al lado dos enchufes. Uno para el flexo y otro para una lámpara de pie situada junto a la mesa. La desenchufamos para poder enchufar el portátil. Junto a ella un cómodo sillón de trabajo giratorio y con ruedas en tela verde.A su lado una papelera con tres espacios de distintos colores para fomentar el reciclaje. Justo detrás, el armario, que ofrece sin puerta alguna una larga barra colgador con varias perchas normales. Junto a la barra y tras una puerta oscura, varios estantes y la caja fuerte. Entre el escritorio y el armario, un generoso espejo de cuerpo entero.

El wifi es gratuito en todo el hotel y funciona con eficacia y velocidad.

Delante de la zona de trabajo, sin separación alguna  y a los pies de la cama encontramos un generoso espacio de salón. Un cómodo sofá doble en color gris claro, una gruesa alfombra de pelo en tono crudo, una mesa baja redonda junto al sofá, un largo maletero en madera y negro y un armario con el minibar vacío, completan el mobiliario. Sobre el armario, una botella de agua de cortesía, una bandeja con una brocheta de fruta y una cafetera con varios sobres de café, té y azucar. Colgando de la pared sobre el maletero se dispone un enorme plasma suficientemente grande para verlo tanto desde el sofá como desde la cama que queda situada detrás.

La luz, que se puede manejar desde múltiples interruptores blanquísimos a lo largo y ancho de la habitación es más que correcta para el trabajo, y para ver la televisión. Además permite jugar con distintas configuraciones para crear un ambiente más acogedor. El larguísimo ventanal aparece cubierto por un foscurit colgado sobre raíles que se cruzan en el centro y un leve visillo en tonos grises. Lástima que por los dos extremos de la ventana se cuele la luz de la mañana ya que el foscurit no termina de cerrar del todo en esas zonas.

La cama resulta estupenda. Toda blanca, con cuatro grandes almohadas comodísimas. El colchón es mullido y agradable, igual que la fresca lencería. El cabecero, de madera clara remata en una luz algo amarillenta orientada hacia el techo. De él cuelgan dos potentes brazos de luz direccionables para la lectura en la cama. A ambos lados sendas mesillas de madera a juego con el resto del mobiliario: madera y negro. En ambas hay interruptores para apagar todas las luces de la habitación, y en ambas también hay un par de enchufes disponibles para los aparatos electrónicos con los que viajamos. Una de ellas además ofrece un bolígrafo para tableta, un moderno teléfono y un pequeño block de notas.

Encima de los interruptores de la mesilla encontramos el display del aire acondicionado, para poder manejarlo desde la cama si fuera necesario. Es sencillo, digital y con opción automática. Trabaja eficazmente pero la máquina vibra demasiado y el ruido puede ser molesto por la noche. Y en cualquier caso es molesto en el baño, donde se escucha más la vibración. Salvo esto, el descanso es agradable porque tanto el interior como el exterior del hotel resultan tranquilos. La insonorización también es excelente.

El baño estaca por las paredes blancas que contrastan con el suelo de pizarra negro. Tanto blanco y la iluminación le dan un cierto toque frío y destemplado. A la derecha encontramos una encimera con dos lavabos de curiosa forma piramidal. Los grifos son modernos y de diseño. La encimera ofrece poco espacio para dejar los útiles de aseo. Sobre ella un enorme espejo hasta el techo y un bote anclado a la pared que ofrece jabón de manos.

Frente a la puerta está el inodoro, con escobilla de limpieza a su lado y un toallero con dos toallas de mano. Sobre todo ello, en una repisa de madera se ofrecen las dos toallas de bañera, un espejo de mano de aumento y un completo set de amenities (crema hidratante, crema exfoliante, set dental, peine, set de maquillaje, gorro de baño y esponja lustrazapatos). Falta el champú y el gel de baño que lamentablemente se ofrecen en otro bote anclado a la pared de la ducha.

La ducha se sitúa a la izquierda de la puerta. Es descomunal. Suelo de porcelana negra muy suave y una enorme mampara de cristal que la separa del resto del baño. Dentro, una ducha de teléfono y otra, gigantesca de efecto lluvia, posiblemente lo más impactante de la habitación. Caudal, presión y temperatura son excepcionales. El fenomenal juego de lencería se completa con dos mullidos y modernos albornoces blancos con listas.

Por la mañana, junto a la recepción, en una moderna sala con mesas de madera clara, butacas y sillas en telas verdes y una pared de cristal a un pequeño jardín se ofrece el desayuno buffet. Toda una pared en la que se ofrecen algunos zumos (el de naranja, recién hecho, se sirve directamente en la mesa por el camarero), fiambres, jamón, quesos, sobrasada, fruta pelada y cortada, cereales, generosas piezas de bollería recién horneada y una zona de showcooking donde al momento nos preparan huevos y bacon al gusto. El café, servido en tazas verdes de Ikea es correcto. Sorprende el amplio surtido de panes (junto al que se ofrecen patés y quesos para untar) y un rincón especial para la tradición local: rosquillas de San Isidro (estamos en la víspera de su fiesta).

Luego en recepción el trato es un poco distante. No hay demasiadas preguntas. Las recepcionistas están más pendientes de la conversación que mantienen entre ellas que de nuestra despedida. Nos entregan la factura y nos vamos.

Calidad/precio: 9
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 9

Baño: 8
Estado de conservación:10

Desayuno: 9
Valoración General: 9.5

lunes, 23 de mayo de 2016

IBIS BONAIRE (VALENCIA)

 
IBIS BONAIRE (**)
Autovía A3 Km 345
Centro Comercial Bonaire
46.960 Aldaia (Valencia)


Habitación: 120
Fecha de entrada: 11/05/2016
Tarifa: 57€ (AD)

A pie de A3, junto al aeropuerto y en medio de un inmenso parque comercial y de ocio, compartiendo parcela con un gigantesco hotel independiente y con un Holiday Inn encontramos este hotel de la bandera económica del grupo Accor. Un cubo moderno, en color gris, con largos ventanales y emblemas en rojo rodeado de una zona verjada que hace las veces de parking y pequeño jardín. Tanto de día como de noche la puerta de acceso al recinto permanece cerrada, lo que da sensación de seguridad en un entorno que especialmente de noche parece algo inhóspito. 


Entre dos puertas correderas encontramos varios carritos maleteros de esos de aeropuerto y accedemos a la recepción. En realidad es una única estancia, bastante bien iluminada gracias a los enormes ventanales de dos de sus paredes. Mármol marrón en el suelo, techos blancos con luces algo frías. En esa estancia, como decimos, se encuentra, a la izquierda de la entrada un pequeño business center con un ordenador, unos cuantos expositores con folletos del hotel y la cadena, una pequeña zona con sofás para esperar a algún cliente alojado y justo frente a la puerta el mostrador de recepción. Poderoso, de madera clara, curvo con dos puestos de trabajo que enlaza con la barra del bar que se abre allí mismo y que ocupa el resto de la estancia. Un puñado de mesas algo desordenadas con sillas de distintas formas y colores. Es bar 24 horas y es el espacio en el que se sirve el desayuno por la mañana. Una pizarra puesta en el suelo nos lo recuerda.

Tras el mostrador el proceso es tedioso. La empleada tiene serios problemas con el idioma y pese a ser Gold de la cadena nos vuelve a pedir todos los datos de filiación, tarjeta de crédito... Nos ofrece la posibilidad de pagar en ese momento, y visto lo tedioso y lento del asunto aceptamos. Así nos ahorraremos salir con prisa en el madrugón del día siguiente. Por fin nos entrega la llave con unos cuantos papeles más, que ni siquiera leemos y la clave del wifi que es gratuito en todo el hotel y bastante veloz. 

A la izquierda del mostrador encontramos el ascensor. Junto a él hay un pasillo que lleva a los baños y una máquina para limpiar los zapatos. El ascensor es algo oscuro. Tiene espejos ahumados y el suelo es de porcelana gris casi negra. Moderno. Nos sitúa en el primer paso en un pasillo en forma de L con moqueta entre verde y azul. Algunas macetas de flores artificiales, y paredes en blanco. Las puertas de las habitaciones y sus marcos, en un azul verdoso muy claro. La nuestra está allí mismo y toda la puerta está ocupada con un enorme anuncio de unos descuentos en la tarifa del hotel si uno se da de alta como empresa.

La puerta, pesada, se abre a la segunda, porque la manivela parece que no termina de funcionar bien. Dentro la sensación es un poco oscura y sobre todo es de aprovechamiento del espacio hasta el límite. Moqueta marrón oscuro algo deteriorada en el suelo. Paredes blancas. El escaso mobiliario, marrón claro. Algunos toques verdosos en las lámparas de las mesillas, en la lámpara que hay en una de las paredes y en un pequeño detalle del cabecero de la cama. 

No hay rendija para tener que meter la tarjeta de la habitación para conectar la luz, sino que esta se enciende directamente con el interruptor. A la izquierda de la puerta, una pared curva de fibra de vidrio en color madera es la pared del baño, que ocupa una pieza entera sobreelevada, prefabricada e incrustada en el espacio de la habitación.

Allí mismo encontramos la cama, blanca con tres almohadas generosas. Grande para ser individual, quizá algo pequeña para doble. Grueso canapé negro sobre el que descansa un colchón fino. Correcta, sin más. Vestida con una limpia y suave lencería blanca. El descanso es agradable, aunque quizá las almohadas sean demasiado gruesas -para gustos los colores-. La oscuridad se consigue si no nos olvidamos de bajar unos estores que están anclados al cristal de las ventanas. La insonorización exterior es correcta, también es cierto que el entorno, de noche, está desierto. La interior podría ser mejor porque se escuchan los movimientos en las habitaciones contiguas y las voces en el pasillo. 

A los pies de la cama hay un espejo estrecho y alto y junto a ella hay dos mesillas generosas en color blanco. En una de ellas dos enchufes e interruptores para apagar las pocas luces que hay en la habitación. Sobre las mesillas dos lámparas, bastante feas, en tonos verdosos que ofrecen dos potencias de iluminación. Con estas luces podemos llegar a crear un cierto tono acogedor en la estancia. El aire acondicionado se maneja desde un sencillo display con rueda, que es automático. Bastante silencioso. Incluso para dormir con él encendido en su potencia más baja. 

Al otro lado de la cama hay un armario que forma un único cuerpo que hace las veces de escritorio, cama supletoria (oculta), armario ropero y armario en el que se sitúa una televisión de las de antes (con culo). La mesa es incómoda para trabajar porque apenas hay espacio para meter las piernas debajo. La silla, plegable, es infernal aunque hay enchufes para conectar nuestros artilugios (los de la mesilla cercana). Al no haber maletero tenemos que usar la mesa como tal. El armario es un generoso espacio desaprovechado con una zona de profundos estantes a los que casi no se tiene acceso y una barra colgadora con unas cuantas perchas de las normales en plástico blanco. 


Todo esto queda situado justo debajo de la ventana que aparece cubierta con un foscurit verde metalizado. Detrás de él una gran ventana de apertura muy limitada con vistas a una pared de metal situada a menos de un metro de nosotros. Terrible. Posiblemente sea el recubrimiento de algunas máquinas e instalaciones del hotel porque a veces se escucha un cierto zumbido que proviene de allí.


El baño es un único cuerpo de fibra de vidrio blanca. Para acceder a él hay que subir un escalón (por debajo deben ir las tuberías e instalaciones). Todo da la sensación de ser de plástico. El lavabo, de color verdoso y grifo de plástico que imita al metal. Un enorme espejo con una pegatina de ofertas del hotel y dos lamparas a cada lado. Las amenities se ven reducidas a sendos botes anclados a la pared (del lavabo y de la ducha) con jabón. Además hay varios vasos de plástico y un secador de pelo de escasa potencia. Tres toallas de bañera y un pie de ducha componen el set de lencería. Algo justitas de calidad y con bastante uso. Eso sí, impecablemente limpias. 

Pegado al lavabo está el inodoro y allí mismo un rincón que acoge una ducha tras dos puertas de plástico transparente. La presión, el caudal y la temperatura son perfectas. Tanto en la ducha como en el lavabo. La iluminación del espacio algo fría y desde que se enciende la luz no deja de sonar un molesto extractor de humos, olores, humedad...

Por la mañana el desayuno sería completamente prescindible, de no ser porque allí cerca no hay otra opción. En la barra del bar se ofrece una especie de selfservice con bandeja: zumos, y aguas, tortilla de patata precocinada, jamón serrano, york, pavo, queso semicurado, algo de fruta, pan, croissants y un bizcocho, cereales y café más que correcto. Todo autoservicio. Nos llama la atención que en la maquina de café haya vasos de cartón y tapas para llevarnos el café fuera. el restaurante.

Pasamos por recepción para decir que nos vamos. Pero podíamos no haber pasado.

Calidad/precio: 7
Servicio: 5
Ambiente: 5
Habitación: 6.5

Baño: 6.5
Estado de conservación: 6

Desayuno: 4
Valoración General: 6