
Hotel Ayerbe (***)
Duque de Bivona nº 15
22800 Ayerbe (Huesca)
Telf: 974.380.080
contacto@hotelayerbe.com
www.hotelayerbe.com
Habitación: 17
Fecha de llegada: 27/05/09
Tarifa: 50€ (Alojamiento y desayuno)
En las puertas del Reino de los Mallos, y en la última curva de la carretera que atraviesa el pueblo de Ayerbe un edificio sin demasiado encanto provee de un alojamiento básico y más que correcto para montañeros, turistas y viajantes por la zona. Una amplia explanada empedrada algo descuidada sirve de parking improvisado antes de atravesar una pequeña puerta de aluminio blanco y cristal que nos sitúa en la estrecha y pequeña recepción.
Tras un curvo y escaso mostrador nos atiende de forma cordial, familiar y sumamente correcta un encargado del hotel, vestido de forma convencional, quizá muy dirigida al público más fiel del establecimiento (montañeros, excursionistas...). Tras rellenar a mano los datos del DNI de forma rápida y eficaz nos explica con claridad meridiana el funcionamiento del hotel, y las dependencias, además de fijar una hora para servirnos al día siguiente el desayuno. Enseguida nos entrega la llave convencional con un llavero de madera y nos deja ir a descansar.
Por unas escaleras de piedra con barandillas de forja accedemos a las habitaciones. También hay un ascensor disponible. Los pasillos son algo estrechos y se iluminan a nuestro paso con detectores de presencia. Un parquet color claro lo invade todo. La sensación general es de limpieza y luminosidad pero también de cierta fragilidad y sonoridad en el interior de las habitaciones, cerradas con puertas de madera del mismo color que el suelo.
Tras la puerta caemos directamente en la habitación. Luminosa por el suelo brillante, la pared blanca y la enorme ventana a la carretera que hay al frente. Bajo la ventana un enorme escritorio con enchufes para el portátil, sirve también de cabecero para una cama amplia para ser individual y escasa para ser doble cubierta por una hortera colcha. Sobre el escritorio el trabajo se hace agradable ya que se ha dispuesto un potente flexo, amén de la luz del prepirineo que inunda todo, y se ofrece una conexión gratuita a internet, protegida por una contraseña absolutamente indescifrable que se ofrece escrita en un documento en el escritorio.
La cama resulta cómoda. La lencería correcta y el descanso reparador. No hay mesilla, pero sí la extensión del cabecero de la cama. En él se han dispuesto enchufes suficientes e interruptores. Hay un silencio brutal en la habitación. No se escucha ni un ruido de los pasillos ni de la calle. La persiana de la ventana y sus dos contraventanas nos protegen de la luz y del sonido de los coches que pasan por allí debajo. La insonorización hacia dentro es más sorprendente porque la sensación de delgadez de las paredes y puertas es manifiesta. Quizá somos el único huésped en el hotel esa noche.
El baño carece de decoración. Suelo de gres blanco y paredes alicatadas hasta el techo con baldosas porcelánicas blancas. Escaso espacio en el que se amontonan un lavabo encuadrado en una encimera sobre la que hay un enorme espejo, un inodoro y una cabina de ducha con una puerta corredera enrrollable. En el lavabo se ofrece un set de amenities muy superior al que podríamos esperar con set dental y de afeitado. El jabón de manos y el gel/champú se ofrecen en unos botes rellenables adheridos a la pared del baño y la ducha.
La presión, el caudal y la temperatura son soberbios, especialmente en la ducha, absolutamente reparadora. El equipo de lencería de baño, aunque abundante es algo escaso de tamaño, pero no podemos pedir más por 50€.
Por la mañana, en una estrecha cafetería con tres mesas nos sirven un desayuno buffet a la carta. Podemos elegir y repetir entre fiambres de la zona, quesos, bollería, mermeladas, distintos panes, y un espectacular surtido de aceites con un documento que explica las características de cada uno. Todo ello servido con simpatía, amabilidad y atención por la misma persona que nos atendió por la noche.
Ese mismo trato se refleja en el momento de la despedida frente al mostrador.
Calidad/precio: 8.5
Servicio: 9
Habitación: 8
Baño: 6
Estado conservación: 8.5
Valoración General: 8
jueves 9 de julio de 2009
HOTEL VILLA DE AYERBE (AYERBE, HUESCA)
HOTEL DERBY (SEVILLA)

Hotel Derby (***)
Del Duque 13
41002 Sevilla
Telf: 954.561.088
reservas@hotelderbysevilla.com
www.hotelderbysevilla.com
Habitación: 283
Fecha de llegada: 26/05/09
Tarifa: 60€ (Solo Alojamiento)
Pocos sitios hay en Sevilla más céntricos que la Plaza del Duque. En el mismo corazón comercial de la ciudad y en el epicentro de la Semana Santa Sevillana se levanta un edificio mezcla de ladrillo y cristal del que llama más la atención ser una de las sedes de El Corte Inglés, casi dueño de la plaza, que albergar uno de los clásicos hoteles sevillanos.
Tras la puerta de cristal corredera delante de la que se amontonan los taxis, y tras sortear cinco o seis empinados escalones accedemos a la recepción. A la antigua usanza en todos los aspectos: decoración, vestuario, luminosidad... Un enorme mostrador de madera recubierto de cristal deja ver un amplio espacio tras el cual se agolpan dos mesas, y unas maletas a modo de consigna. Quizá la sensación sea de cierto desorden, pero sorprende mucho más el trato del recepcionista. Sumamente correcto. Quizá excesivamente profesional. La rapidez con la que nos asignan la habitación y toman nota a mano de nuestros datos es tan asombrosa como la educación con la que nos tratan. Siempre de usted, y siempre a su servicio.
Avanzamos la recepción hasta alcanzar los ascensores. Sin duda requieren una reforma. Antiguos estrechos y oscuros nos dejan a pie de un distribuidor al que tras unas enormes puertas blancas antiincendio se abren los pasillos recubiertos por una tupida moqueta color rojizo, que aplaca los pasos y ruedas de las maletas. Su iluminación deja mucho que desear, y la oscuridad de las puertas, moqueta y el grisáceo gotelé de la pared, no ayudan a sentirnos en la luminosa Hispalis.
La puerta de la habitación, de madera oscura con pomo redondeado da sensación de fragilidad. Tras la puerta, desaparece la moqueta en pos de una moderna madera oscura de tacto muy agradable y espléndida limpieza. Un estrecho pasillo con la puerta del baño a la derecha, junto a la puerta principal y enseguida otra puerta que nos separa del dormitorio que continúa con el gotelé blanco de los pasillos. Entrando en él nos invade una extraña sensación de antiguedad. La inexistente decoración resulta carca y trasnochada, sólo el impecable suelo salva el conjunto de trasladarnos a los años 70.
Espacio justo con un destartalado armario ropero empotrado, apenas vestido y con puertas correderas de espejo que han perdido su función móvil y prácticamente hay que levantarlas a pulso para que se cierren. Dos camas presentadas en blanco bajo un largo cabecero en madera rojiza algo pasada de moda a juego con las mesillas, en idéntico color. Estas disponen de interruptores para todas las luces (algo escasas para el conjunto) un enchufe y un regulador del aire acondicionado. Junto a la ventana, con doble cristal y persiana, con vistas a la plaza, se sitúa el escritorio. Algo destartalado y estrecho con un enchufe cercano y wifi gratuito bajo contraseña ofrecida en recepción. Frente a la mesa, un antiguo minibar sostiene una vieja televisión.
Las camas resultan confortables. La lencería es algo más vieja y denota en su aspereza el maltrato de una lavandería demasiado industrial. La almohada también es confortable, pero no se ofrecen más que las presentadas, con lo que resulta incómoda la lectura en la cama, amen de la escasa luz que desprenden las lámparas de noche. El aire acondicionado en su nivel más bajo resulta casi imperceptible. La insonorización hacia fuera podría ser algo mejorable, especialmente a primera hora de la mañana donde el trajín de carga y descarga de los comercios de la zona es excesivamente ruidoso. También la insonorización hacia dentro podría mejorarse algo aunque la puerta que separa el pasillo de entrada del dormitorio ayuda un poco.
El baño resulta decepcionante en cuanto a la decoración. Aquí nos vamos a los años 50. Suelo de mármol color miel bastante machacado por el paso del tiempo. Sanitarios color arena algo pasados de moda y griferías algo roñosas son el preludio de lo peor. Si a eso le añadimos unas amenities en sobre con gel/champú, gorro de ducha, pastilla de jabón y peine las expectativas se caen por el suelo. Sin embargo, el grifo del lavabo funciona correctamente en cuanto a caudal y presión. Igual que temperatura.
La lencería es manifiestamente mejorable, ya que esas toallas de franjas marrones con el nombre del hotel resultan pasadas de moda. Tras otra antihigiénica y trasnochada cortina accedemos a la bañera. La ducha es un prodigio de caudal, presión y temperatura. Despierta a cualquiera. Se perdonan todos los defectos del baño por una ducha así. Colosal.
Por la mañana, tras el mostrador simplemente nos preguntan por el descanso y se hacen cargo muy amablemente de nuestro equipaje hasta nuestro regreso.
Calidad/precio: 6.5
Servicio: 6
Habitación: 6
Baño: 5
Estado conservación: 5.5
Valoración General: 6
domingo 31 de mayo de 2009
TRYP GUADALMAR (MALAGA)

Tryp Guadalmar (****)
Moby Dick 2
Urb. Guadalamar
29004 Málaga
Telf: 952.231.703
Fax: 952.240.385
tryp.guadalmar@solmelia.com
www.solmelia.com
Habitación: 607
Fecha de llegada: 25/05/09
Tarifa: 65€ (Alojamiento y desayuno buffet)
En el corazón de una urbanización de verano a las afueras de Málaga, a un paso del aeropuerto y delante mismo de la playa, el hotel se ubica en un edificio bastante soso en color albero roto por unas enormes terrazas a las que se accede desde las habitaciones con vistas al mar y a la larga playa casi vírgen que alcanza hasta Torremolinos.
Delante de la puerta un amplio aparcamiento descubierto con unas barreras que controlan el acceso. Tras dos sucesivas puertas correderas de cristal accedemos al patio principal en el que a la derecha se sitúa la recepción, quizá algo oculta y a la que se llega después de haber pasado por un centro de estética o peluquería y por las puertas de los salones de reuniones, muy activos en este establecimiento. En el centro del enorme patio varias zonas con sofás para el descanso y la tertulia. Al fondo a la derecha el ruidoso bar y restaurante y al fondo de frente el acceso a la piscina y a la playa.
La recepción aparece dividida en dos mostradores. El trato de Antonio es tan rápido y cordial como excesivamente familiar. Parece que nos conoce de toda la vida y comenta todos los datos del DNI y la Tarjeta de Crédito antes de asignarlos la llave de la habitación e indicarnos el pasillo de la derecha por el que se accede a los ascensores. Enormes, amplísimos y modernos, claramente renovados hace poco ya que no hacen juego con la época de construcción del hotel. No está viejo ni deteriorado pero los ascensores son muy muy nuevos y brillantes.
A la salida de los mismos accedemos a un espacio amplio, iluminado por una enorme ventana con vistas a la playa. Suelo de mármol y un pasillo que se abre a la izquierda a ambos lados. El pasillo sigue siendo de mármol blanco lo que aumenta la sonoridad de zapatos y maletas ante un deficiente insonorización de las habitaciones. Enormes puertas blancas en las habitaciones. Puertas que es necesario golpear con fuerza para que se cierren.
Tras la puerta continúa el mismo suelo. Paredes de gotelé color amarillento. A la derecha un enorme armario ropero que deja ver el paso de los años, con puertas de espejo. A la izquierda la puerta del baño. Tras este escaso pasillo, accedemos al dormitorio. Amplio y bien iluminado con la luz natural proveniente de una terraza algo descuidada pero con insuperables vistas al mar y a la playa. Sin luz natural el juego de luces pierde mucho, muchísimo y resulta complicado leer, trabajar.... El mobiliario es de estilo rústico. A los pies de las camas hay un maletero al que se une un gran escritorio con la televisión sobre él, y una incómoda silla delante. No hay enchufe disponible y el wifi es de pago (Zona ADSL de Telefónica).
Junto al balcón se han dispuesto dos butacas con una mesa de centro justo delante del aparato de aire acondicionado, que aparece anclado a la pared con el mando a distancia adherido a él. El equipo no es muy ruidoso pero molesta durante la noche. Las camas se presentan en blanco en contraste con los cuadros horteras de las cortinas. Dos camas amplias separadas por una mesilla que acoge un insulso teléfono y un enchufe para el móvil o el portátil, aunque las lámparas sobre la cama son de penosa potencia lumínica. El colchón y la lencería son cómodos y modernos, aunque el almohadón resulta algo incómodo por excesivamente duro (para gustos, los colores).
Aún así el descanso se ve roto por la escasísima insonorización con el pasillo, la escasa con el exterior (que se oiga el mar puede llegar a ser relajante, pero que se oigan los aviones en las últimas aproximaciones hacia el Aeropuerto situado a escasos 2km resulta molesto) y la luz que entra por debajo de la mal ajustada puerta.
El baño es más luminoso. Con paredes alicatadas en azulejo hasta media altura y rematadas en color azul claro. Al usar el lavabo el desagüe despide un desagradable olor que se va disipando poco a poco. Por el grifo el aire domina la mezcla con el agua. Las amenities propias de Tryp pero de escasa variedad: gorro de ducha, pañuelos y dos horribles botes de gel y champú anclados en la bañera y otro de jabón de manos bajo el enorme espejo que preside la encimera que alberga el lavabo.
La ducha, protegida por una antihigiénica cortina de tela blanca con un logotipo de Tryp de hace dos o tres imágenes corporativas se presenta fija en la pared, a escasa altura y con una presión y caudal desesperantemente flojos. Imposible despertarse debajo de ese chorrillo. Para colmo el equipo de lencería es manifiestamente mejorable en cuanto a limpieza, planchado y estado.
Por la mañana el desayuno resulta sorprendente. Escasito en servicio, pero con buen café, mejor calidad de producto y excelente surtido. Una buena manera de olvidar el fiasco de la ducha. Tras ello en recepción el mismo Antonio con el mismo trato campechano nos pregunta por el minibar y por si hemos descansado. Y luego nos cobra mientras se ofrecer para ayudarnos en nuestro viaje (taxi...).
Calidad/precio: 6.5
Servicio: 7
Habitación: 6
Baño: 4.5
Estado conservación: 7
Valoración General: 6
viernes 29 de mayo de 2009
HOTEL GOYA (ZARAGOZA)

Hotel Goya (****)
Cinco de Marzo 5
50004 Zaragoza
Telf: 976.229.331
Fax: 976.232.154
hotelgoya@palafoxhoteles.com
www.palafoxhoteles.com
Habitación: 506
Fecha de llegada: 20/05/09
Tarifa: 65€ (Alojamiento y desayuno buffet)
En una estrecha calle peatonal en el mismo corazón de la ciudad la cadena Palafox gestiona uno de sus primeros hoteles en la ciudad. Todo un clásico algo renovado pero en esperas de una renovación total que lo ponga a cabeza de los hoteles de la ciudad. Ubicación envidiable y espacio más que de sobra para hacer un espectacular hotel, aunque las nuevas aperturas (Hiberus, Petronila... ) realizadas por la compañía, deben ser primero digeridas.
El hall es muy amplio y luminoso con enorme ventanales abiertos directamente a la calle. Madera oscura en las paredes, y suelo de mármol negro. Luces algo oscuras y un largo mostrador de mármol blanco con el clásico portallaveros en la parte de atrás. El trato en recepción es tan rápido como amable. Basta con entregar el DNI y nos asignan la habitación. Dejamos el equipaje en el mostrador y ellos se encargan de colocarlo en la habitación correspondiente.
Unos viejos ascensores, renovados en su interior nos conducen a los pasillos de las habitaciones. Estos aparecen separados por unas puertas de cristal. El de la derecha resulta algo antiguo y estrecho, el de la izquierda, el nuestro, mucho más ancho y algo más moderno. Moqueta rosa asalmonado en el suelo, luces algo pasadas de moda y puertas manifiestamente actualizables. Cuadros en las paredes de imágenes clásicas.
Tras la puerta, que se abre mediante una llave de tarjeta de plástico perforada, encontramos paredes de papel amarillo claro y moqueta bastante limpia en tonos azules. Un recibidor suficientemente amplio hace las veces de vestidor. En él se dispone un maletero con un espejo de cuerpo entero, un profundo armario ropero, la puerta del baño y la puerta que comunica con la habitación de al lado si se desea habitación comunicada. Separada por otra puerta accedemos a la habitación.
Luces puntuales en las mesillas, en una lámpara de pie junto a la ventana y una de trabajo en el escritorio son las únicas luminarias. Una poderosa ventana ocupa toda la pared del fondo. Sus vistas no son demasiado excitantes, a los tejados de las casas cercanas, pero al menos entra suficiente luz y podemos ver el cielo. Dos enormes camas encuadradas en un armario cabecero de madera con las mesillas adosadas, unas lámparas de noche y un display para encender y apagar el sorprendentemente silencioso, eficaz y potente aire acondicionado, la televisión y todas las luces de la habitación.
Delante de la ventana hay dos butacas y una mesa de centro sobre la que se nos ofrece como obsequio de bienvenida un plato con frutas de Aragón y una botellita de aceite del Bajo Aragón. Junto a la ventana hay un armario profundo bastante bien vestido: cajones, baldas y colgador. Perchas de plástico algo antiguas, pero correctas. Junto a la televisión de plasma se encuentra el minibar y el escritorio. El juego de escritorio y silla no resultan muy cómodos para el trabajo, y la lámpara no tiene la potencia suficiente para un trabajo agradable. El wifi es de pago (a Telefónica) y no hay ni un sólo enchufe disponible en toda la habitación, ni en las mesillas ni en el escritorio por lo que para enchufar algo debemos sacrificar la tele o el minibar.
Las camas se presentan cubiertas por unas colchas en tonos rojos, sorprendentemente limpias, a juego con las cortinas. El colchón es poderosamente cómodo. Muy grueso y firme, pero que ofrece un descanso absolutamente reparador. Igual ocurre con las almohadas. La oscuridad es total aunque a primera hora de la mañana el foscurit no puede con la luz que entra por la ventana. La insonorización hacia afuera es formidable, a lo que le ayuda la tranquilidad del patio de vecinos al que se abre la ventana. Hacia el interior es manifiestamente mejorable. Se escuchan las voces y pasos del pasillo, así como los movimientos de las habitaciones contiguas. Con la puerta del dormitorio cerrada, conseguimos bastante más privacidad.
El baño es vetusto. En tonos marrones y con escasa luz, especialmente para el maquillaje femenino. Un enorme espejo que denota el tremendo paso del tiempo se sitúa sobre una gigantesca encimera de mármol marrón con dos lavabos. El set de amenities es muy completo y de alta calidad (Jabón, champú, gel, set dental y de afeitado, gorro de ducha...). Los grifos son algo antiguos pero bien cuidados y conservados, y sobre todo fantásticamente mantenidos. Potencia y caudal son formidables. Quizá hasta excesivos.
La ducha se encuentra dentro de la bañera. Es de aquellas antiguas empotrada en la pared y con giros para poder dar masaje. Lástima que quede a una altura algo escasa para nuestro tamaño porque el caudal, la presión y la temperatura son formidables. Una mampara de cristal protege el baño de salpicaduras. Mención especial merece la lencería de baño: nueva, enorme, mullida, fresca y agradabilísima.
Por la mañana un variadísimo buffet de desayuno con productos de altísima calidad y simpático y agradable servicio. Hasta la máquina de café elabora este de manera más que correcta. El trámite de salida es tan bueno como en la entrada. Pregunta por nuestro descanso y trámites de cobro y firma. Además, nos desean buen viaje, y buen día.
Calidad/precio: 8.5
Servicio: 9
Habitación: 7.5
Baño: 6.5
Estado conservación: 7
Valoración General: 8.5
martes 26 de mayo de 2009
BALNEARIO DE ARNEDILLO (ARNEDILLO - LA RIOJA)

Balneario Termaeuropa de Arnedillo (****)
Joaquín Velasco s/n
26589 Arnedillo (La Rioja)
Telf: 941.394.000
Fax: 941.394.075
www.balnearioarnedillo.com
Habitación: 188
Fecha de llegada: 14/05/09
Tarifa: 65€ (Alojamiento y desayuno buffet)
Sobre un edificio de finales del siglo XIX se levantó un hotel para albergar a aquellas personas que acudían hasta la localidad riojana para tomar las aguas minero medicinales del balneario. Pocas cosas han cambiado desde los años cincuenta. Quizá alguna actualización durante el siglo XX, pero no demasiadas. Tras cruzar el río Cidacos por un estrecho puente debemos dirigir nuestro coche hacia la derecha para aparcar en una enorme campa de tierra y grava y luego volver andando hasta la puerta del hotel.
Tras sortear una decena de escaleras o dar un rodeo mediante una rampa accedemos a la recepción. Estrecha y larga. En su primera parte bien iluminada a través de unos grandes ventanales y de la luminosidad de los tonos claros de los sofás. En el interior, donde se sitúa el mostrador, la luz se atenúa bastante, y comienza a sentirse ese agobio húmedo propio de los balnearios. Una fuente acristalada que permite ver el paso de las aguas del balneario por debajo contribuye a esa sensación de axfisia. El mostrador de madera y mármol es atendido con lentitud por una sola persona y eso que es primera hora del día, osea hora del check out.
Cuando llega nuestro turno los trámites son sumamente rápidos y veloces. Revisión al DNI y entrega de la llave. A través de un viejo ascensor panelado accedemos a los pasillos. La sensación de viejo se agudiza. Pasillos de gotelé con zócalos de madera a media altura. Parquet antiguo y crujiente de color rojizo brillante y puertas de las habitaciones azules oscuras. En algunos tramos la pared rompe su gotelé en rocas de la montaña sobre la se asienta el complejo. Las luces amarillentas, las lámparas trasnochadas y el mobiliario antiguo nos trasladan a los años 80.
Tras la puerta la luz lo llena todo. Suelo de madera agradable a la vista y al pie. Un mínimo recibidor con un maletero, el armario ropero bastante mal vestido y la puerta del baño. Las paredes de gotelé destacan el paso del tiempo y los interruptores nos trasladan décadas atrás. Una puerta separa ese mínimo recibidor del dormitorio.
En él el espacio es amplio. Paredes en verde bastante machacadas por el paso de clientes y con un zócalo de madera hasta media altura. Una cama ancha para ser individual y estrecha para ser doble con sendas mesillas a cada lado y los interruptores -sin enchufe- sumamente lejos de ambas. Claramente la habitación era de dos camas y se sustituyó por una. Frente a las camas hay un escritorio algo incómodo que acoge un minibar con cuatro botellines de agua y una televisión pequeña manifiestamente mejorable. Junto a la enorme ventana, que incluye un balcón para salir a la terraza con vistas al rugiente río, se sitúa una lámpara de pie y una pequeña butaca. Frente al escritorio hay un enchufe para el portátil. El wifi es de pago y su señal lamentable.
Por la cama han pasado muchos huéspedes. No está vieja, pero si que sería recomendable un cambio. Se presenta con una colcha color vainilla algo hortera y sobre ella se disponen albornoces, zapatillas y varios carteles que indican que cualquier cosa de esas, hay que pagarla. El colchón resulta correcto para el descanso, pero la almohada algo incómoda. El aire acondicionado funciona con sorprendente silencio y la persiana no consigue bajar del todo con lo que la luz entra desde primera hora de la mañana. La insonorización hacia dentro no es buena. Se escuchan los movimientos del vecino a través de la pared. Hacia fuera se escucha el salvaje rumor del río durante la noche.
El baño es muy pequeño. Dos personas difícilmente podrán revolverse en él. Todo es de mármol marrón claro, con muchas huellas de haber pasado por él mucho tiempo: manchas de gotas... Una encimera con un lavabo y un espejo enfrente, un bidet, un inodoro y una ducha dentro de la bañera. El set de amenities resulta completo y bien presentado, especialmente gel y champú. Se nota que estamos en un sitio de aguas porque tanto la temperatura como la presión y el caudal son colosales.
La ducha está dentro de una bañera que protege con una pared cualquier posible salpicadura hacia afuera. El grifo de la misma está anclado a la pared y es de aquellas alcachofas enormes que se pueden girar para conseguir efectos masajeantes. La lencería es más que correcta con un mullido y amplio albornoz.
En un salón con vistas al río se sirve un desayuno buffet por la mañana. Atención escasa, calidad justita, surtido correcto y presentación algo mejorable, igual que su café que se extrae de una máquina infernal. Tras el desayuno, en recepción el trámite de salida se hace de forma cordial y amigable. Sin grandes sorpresas pero al menos con simpatía.
Calidad/precio: 4.5
Servicio: 7
Habitación: 6
Baño: 6.5
Estado conservación: 3
Valoración General: 5.5
lunes 25 de mayo de 2009
Ñ MOMENTOS DE NAVARRA (TUDELA - NAVARRA)

Hotel Ñ Momentos de Navarra (***)
Canal de Mañeru s/n
Pol. Ind La Barrena
31500 Tudela (Navarra)
Telf: 948.413.413
hotel.tudela@gruponam.com
www.namhoteles.com
Habitación: 1
Fecha de llegada: 12/05/09
Tarifa: 60€ (Sólo Alojamiento)
Un moderno edificio negro en las afueras de Tudela y en el corazón de un Polígono Industrial y Comercial acoge un nuevo hotel con algunas peculiaridades como compartir la recepción con la cafetería, el restaurante y una tienda, pero sobre todo con un fantástico trato simpático y excesivamente familiar de Emy, alma mater de la acogida y la gestión de la reserva.
Solicitamos cama grande al realizar la reserva, y nos indican que esa cama sólo está disponible en la Suite, más cara, pero que nos la dejarán a la tarifa normal de 60€. Igual que el resto de habitaciones. En la parte trasera del edificio hay un parking gratuito para los clientes aunque en la puerta es más que sencillo encontrar sitio para aparcar, y más si uno llega fuera de los horarios laborales. Los montadores, instaladores y viajantes que frecuentan el hotel con mercancía en sus vehículos, sin duda lo agradecerán. Una zona cubierta de piedra pizarra negra y un pequeño jardín con césped nos recibe antes de entrar en el edificio.
Tras la puerta, toda la recepción se abre hacia la derecha. Muchísima luz gracias a los enormes ventanales que rompen toda la fachada. Paredes blancas y suelo de madera clara incrementan la sensación lumínica. Un larguísimo mostrador en blanco y cristal une la recepción con la barra del bar y la cafetería. Una televisión a demasiado volumen, resta calor a la acogida de Emy. Quizá excesivamente familiar y cordial, pero desde luego, se nota su interés porque nos encontremos a gusto y sobre todo por convencernos de volver a visitar el establecimiento. Ya dimos los datos al hacer la reserva, así que basta con una rápida fotocopia del DNI y nos entrega la llave de la habitación, explicándonos que hay wifi gratuito, que el parking está detrás, que el desayuno puede ser buffet o un café y un bollo en la cafetería...
Justo detrás de la recepción se sitúa el ascensor para acceder al piso superior, pero nuestra habitación está en el piso bajo. Al final del pasillo. Anchos corredores, muy bien iluminados pero con alguna deficiencia en el sistema de detección de presencia de las luces que hace que duren poco tiempo encendidas, aunque se vuelvan a encender. El suelo de madera quizá resulte algo ruidoso para zapatos y ruedas de maleta.
Junto a las puertas de las habitaciones se han colocado, sobre los números, pequeñas láminas de monumentos naturales de Navarra, con una pequeña leyenda inferior que explica al viajero lo que allí se representa. En nuestra habitación, hay una foto de las Bardenas. Foto que, mucho más grande, se coloca como cabecero de la cama.
Tras la puerta continúa el suelo de madera. Un ancho pasillo con la puerta del baño a la derecha nos introduce en la habitación. Muy funcional. Muy limpia. Muy grande. Muy luminosa. Paredes blancas, dos ventanas del techo al suelo cubiertas por unos estores negros y blancos llenan de luz la habitación. Puntos de luz sobre las mesillas, sobre el armario ropero empotrado y sobre la mesa de trabajo. Lástima un penetrante olor químico como de algún producto utilizado en la limpieza.
El mobiliario se reduce a una enorme cama de 220x200 cubierta con una manta color rojo situada frente a un cabecero mullido en color crudo y entre dos mesillas sobre las que cuelgan dos enormes lámparas, y que disponen de enchufes. Al pie de la cama, y muy separada de esta hay un curioso escritorio de madera, extraída de la pared. En el escritorio hay enchufe para el ordenador además de wifi gratuito de envidiable velocidad. También se ha dispuesto en forma de pinza sobre la madera una curiosa lámpara de trabajo. Sobre la mesa un potente plasma de 32 pulgadas, y junto a ella, entre las ventanas, un maletero. El armario empotrado de puertas correderas podría haberse vestido algo más, ya que solo se dispone de colgador y una balda a baja altura.
En algunos rincones más inaccesibles del techo hay restos de alguna tela araña, pero la limpieza domina casi todo como nota principal.
La cama resulta dura al principio, pero muy agradable durante la noche. El excesivo metraje de la misma hace que la lencería sea de una cama menor por lo que queda algo escasa en los laterales dando una sensación algo ridícula. A pesar de ello, sábanas suaves y manta ligera. El aire acondicionado funciona silenciosamente en las potencias más bajas. Aún así no es necesario su uso. La insonorización es bastante mejorable tanto hacia el interior, como hacia el exterior, aunque fuera no hay prácticamente vida desde la hora de la cena. Los estores que hacen de cortinas no impiden que la luz exterior se cuele por sus laterales. Quizá habría que hacerlos más anchos y más pegados a la ventana. Para colmo en la puerta hay un enorme cartel fosforito que se ilumina en la oscuridad (como gusiluz). Imagino que serán medidas de seguridad de estas marcadas por algún iluminado funcionario foral que no duerme más de 2 noches al año fuera de su casa.
El baño resulta formidablemente grande. Y funcional. Luces puntuales pero suficientes sobre la enorme encimera que alberga dos lavabos. Entre ellos una bandeja con un variadísimo set de amenities sin la marca del hotel. Sólo faltan gel y champú que lamentablemente se ofrecen en un dispensador de acero inoxidable dentro de la ducha. La presión en los grifos del lavabo es formidable, igual que el caudal y la temperatura.
Avanzando por el suelo como de piedra pizarra encontramos el inodoro, y frente a él una enorme cabina de ducha protegida por un cristal. En su interior, además del horrible dispensador de jabón una doble ducha: teléfono y efecto lluvia. Lástima que el botón conmutador de una a otra esté roto y sólo podamos probar el teléfono. En cualquier caso formidable presión, caudal y temperatura que hace que llenemos el escaso plato de ducha casi hasta desbordarse. Aunque las toallas son nuevas resultan algo pequeñas de tamaño. A cambio, se dispone de un formidable albornoz.
Por la mañana, el mismo trato familiar nos ofrece un café y un bollo. Lástima que en el mostrador de recepción la despedida no fuera tan cálida como la acogida.
Calidad/precio: 8.5
Servicio: 9
Habitación: 8.5
Baño: 7.5
Estado conservación: 8.5
Valoración General: 8.5
domingo 24 de mayo de 2009
HOTEL TRH ALCORA (SAN JUAN DE AZNALFARACHE - SEVILLA)

Hotel TRH Alcora (****)
Crta. San Juan-Tomares km1
41920 San Juan de Aznalfarache (Sevilla)
Telf: 954.349.600
www.hotelalcora.com
Habitación: 2033
Fecha de llegada: 12/05/09
Tarifa: 70€ (Sólo Alojamiento)
Un mastodóntico edificio alberga a la entrada del Aljarafe un espectacularmente grande hotel, construido para albergar las riadas humanas de la Expo92 y hoy readaptado a un Centro de Negocios preparado para la reunión, conferencia y congreso. El acceso es directo desde la autovía a un amplio jardín, con una extensa zona de aparcamiento asfaltado y rodeado de pequeños parterres. Frente a la puerta giratoria, una furgoneta que realiza el servicio gratuito desde el Hotel hasta el centro de la ciudad.
Tras la puerta el espacio se multiplica por infinito. Un enorme patio alargado con plantas, fuentes, bancos, farolas, escaleras varias que se abren al fondo en una zona circular, a la que se asoman las habitaciones con una pequeña charca con varios chorrillos, luces... A la derecha de la entrada encontramos el larguísimo mostrador de recepción. En mármol blanco y con distintos servicios: conserjería, recepción, caja, información... Lo cierto es que para todo nos atienden desde el mismo sitio y la misma persona.
Agradable acogida. Muy educada y respetuosa y sobre todo veloz. Ya tiene asignada la habitación y basta con darle el número de DNI para que nos entregue la llave preguntándonos antes por nuestro día e informándonos de la posibilidad de wifi gratuito y de shuttle al centro de la ciudad.
Avanzamos por el pasillo hasta el fondo. Allí, en un recóndito espacio a la derecha se sitúan los ascensores. De puertas plateadas e interior algo anticuado. Anuncios del hotel y de su restaurante y al salir llegamos a un oscuro pasillo muy amplio con moqueta azulada. Luces indirectas que se encienden a nuestro paso, aunque la sensación es un poco antigua.
Tras la puerta blanca accedemos a un recibidor. Suelo de parquet claro y nuevo con un armario ropero enorme a la izquierda y a la derecha la puerta del baño junto a un maletero y un espejo. Otra puerta separa ese recibidor-vestidor de una amplia sala de estar. Decoración algo insulsa y estándar. Ecléctica que dirían los modernos. Un enorme sofá en color salmón, dos butacas y una mesa de centro, con un armario con ruedas que sostiene una vieja televisión. Completa el mobiliario una cómoda que alberga el minibar, y una cómoda mesa de trabajo con un enchufe situado delante de ella y conexión wifi gratuita. También hay conexión por cable, pero funciona con deficiencia.
Al fondo de este espacio hay una ventana con vistas a la parte trasera del hotel. Luz a raudales que se frena gracias a un potente foscurit y a una potente cortina a juego con la tapicería. Una de las paredes se ha convertido en enormes puertas correderas de aluminio blanco y cristales opacos que dan paso al dormitorio.
Dos enormes camas, en el mismo tono asalmonado, enmarcadas entre dos mesillas sin enchufes cercanos, otro maletero y una ventana con vistas al mismo patio trasero amplio. El colchón y la almohada aunque resultan duras en el primer momento se convierten en un elemento sumamente confortable para el descanso. Lástima que la lencería esté algo arrugada, lo que da una sensación de extraña vejez en lo que al equipo de descanso se refiere.
El aire acondicionado funciona de forma silenciosa, aunque por las fechas del año en la que nos encontramos no es necesario. La oscuridad se consigue bien con las tupidas cortinas siempre que tomemos tiempo en cerrarlas de forma correcta. La insonorización hacia el exterior es formidable, igual que hacia el pasillo (aunque sólo sea porque nos separan hasta tres puertas), aunque escuchamos el ruido de los interruptores del vecino de habitación, sus toses y demás ruidos.
El baño no ha sido renovado, como ha sido la habitación. Largo y estrecho con luz algo fría presenta una larguísima encimera de mármol con doble lavabo. Sobre ella un set de amenities muy completo (set dental, jabón, champú, gel, set de afeitado...) en estridentes tonos anaranjados, propios de la cadena TRH. Frente a los lavabos la bañera con ducha y al fondo un inodoro enfrentado al bidet. Por la mañana en el suelo de mármol encontramos junto al inodoro un "cortapichinas" corriendo.
El caudal en los grifos es sumamente escaso. La presión se incrementa con mucho aire mezclado, pero la sensación general es de eternizarte en el proceso de ducha, y no por gusto. Para colmo la lencería de baño resulta muy vieja. Piezas pequeñas, ásperas y deshilachadas, especialmente la alfombrilla.
Salimos de madrugada hacia el aeropuerto y la despedida en el mostrador es tan oscura como los pasillos durante la noche y tan fría como la mañana. ¡Cómo añoramos la bienvenida!.
Calidad/precio: 7
Servicio: 8
Habitación: 8.5
Baño: 6
Estado conservación: 7.5
Valoración General: 7.5










