martes, 18 de septiembre de 2018

SHERATON LA CALETA (COSTA ADEJE - SANTA CRUZ DE TENERIFE)

SHERATON LA CALETA (*****)
La Enramada 9
38670 Adeje - Santa Cruz de Tenerife

Habitación: 106

Fecha de entrada: 12/12/17 
Tarifa: 140€ (A+D)

Al sur de la isla, a pie de playa y rodeado de otros enormes complejos hoteleros y comerciales encontramos este hotel operado por el sello Sheraton. Un potente edificio de cinco alturas en color rosa rodeado de exuberantes jardines tropicales y piscinas y colgado frente al mar. Una amplia rotonda situada bajo un generoso porche con bastante vegetación hace las veces de zona de bajada de viajeros, atendida por un joven que se desvive por hacerse cargo de nuestro equipaje y que podamos llegar a la recepción con las manos en los bolsillos.


Unas puertas correderas nos sitúan en un amplísimo y luminoso hall. Distintas alturas de techos pero luz a raudales tanto por la cristalera, algo apagada, de la puerta principal, como, y especialmente, de la del fondo que da a las piscinas y al mar. Aquí delante un delicado, cálido y agradable espacio con butacas y sofás para la tertulia y la charla. Un poco más allá, un precioso piano de cola. Hacia la izquierda, algo oculto, el mostrador de recepción. Entre medio distintos escritorios para relacione públicas, servicios externos al hotel... Todo en tonos blancos, crudos y arenas. Maderas, alfombras y moquetas en tonos cálidos. 

Bajo un altísimo techo alrededor del cual se abren varios pisos con algunas habitaciones encontramos el largo mostrador de recepción, en mármol blanco y marrón. El mostrador tiene cuatro puestos de trabajo con enormes pantallas que nos separan, quizá demasiado, de la joven que nos atiende. Bastante procedimental todo: DNI, tarjeta de crédito... pese a tener los datos de la tarjeta de fidelidad de la compañía. Al menos resulta simpática. Nos explica algunos de los servicios del hotel, el horario de bares y restaurantes y del wifi que es gratuito y que funciona perfectamente por todo el hotel con un sencillo acceso.


Volvemos sobre nuestros pasos y cruzamos todo el lobby por un pasillo acristalado a la derecha con vistas a la vegetación de la puerta principal. A la izquierda el bar, con suave música, y una zona de business center con varios equipos informáticos, prensa y algunos libros.

A continuación el mármol del suelo torna en moqueta color rosa. Mullida para apagar los ruidos de los pasos y de las ruedas, ya que empezamos a atravesar allí varios pasillos con habitaciones. Paredes en crudo con puertas en madera decorada con celosías y marquetería en tono natural. Las luces podrían ser algo más efectistas porque hay una cierta sensación de frialdad en la zona. No hay más decoración que los círculos rojos de la moqueta y las puertas de madera. Los números de las habitaciones aparecen en una sosa placa de porcelana de colores apagados.

Tras la puerta sentimos frío. El aire acondicionado está puesto demasiado fuerte. Y quizá nosotros también llegamos algo destemplados del viaje con turbulencias y demás. Mármol crudo en el suelo, quizá algo frío para ir descalzo, paredes pintadas en el mismo tono. A la derecha de la puerta varios interruptores y la rendija para introducir la tarjeta y activar las luces. A la izquierda hay una repisa con un espejo encima y después un larguísimo armario con cuatro puertas de madera clara como con celosías. En el primero hay varios cajones y un colgador sin perchas. En el segundo, que es doble hay baldas, varios cajones de cristal, la caja fuerte con enchufe en el interior y un colgador largo con varias perchas normales de distinto tipo (para trajes, faldas...). Además encontramos un albornoz, una plancha y la tabla de planchar, como suele ser típico en los hoteles gestionados por compañías americanas. En el último armario hay un minibar vacío para rellenar con los productos que uno quiera y que traiga de fuera y una bandeja de cortesía con una cafetera y varios servicios de café, te...


A la derecha de la puerta encontramos abierta una puerta doble de espejos por la que se accede al inmenso baño. En la misma entrada del dormitorio está el display del aire acondicionado. Funciona algo ruidosamente pero de forma eficaz. Dispone de un interruptor de encendido y apagado, varias potencias de aire y una rueda con modo automático para gestionar la temperatura a la que sale el aire.

El dormitorio es enorme. La decoración, la luz y el ambiente son muy agradables. A la izquierda hay un gran maletero de forja sobre el que cuelga un gran espejo con marco de madera. A continuación está el escritorio. Enorme. En madera con la parte de arriba de cristal. Sobre él tan sólo una lámpara de mesa (de luz algo escasa para trabajar) y un teléfono inalámbrico. Espacio inmenso para trabajar. En la pared, un enchufe para conectar el portátil u otros equipos electrónicos. Bajo el escritorio una papelera cuadrada de piel marrón y dos cajones. A continuación y bajo la pantalla de televisión que aparece enmarcada en madera sostenida de la pared, un cajonero de madera con una carpeta con folletos de información del hotel. 

Al fondo de la habitación, haciendo chaflán está la terraza. Descomunales puertas de cristal de apertura corredera, protegidas por un severo foscurit y un visillo en tonos arena. Fuera, un gran espacio rematado con una barandilla de forja dos butacas y una mesa de centro. Vistas, no muy afortunadas al jardín lateral del hotel, y a la inmensidad del cielo azul. Por dentro, también junto a la terraza hay dos butacas de piel muy cómodas con sendos cojines rojizos y una mesa redonda de centro con algunas revistas de la zona.

La cama es impresionante. La pared en la que está enmarcada está protegida por vescom gris, en contraste con el tono crudo del resto de la habitación. Un cabecero de madera con aire algo rústico y a juego con el resto del mobiliario. De los extremos salen dos pequeños y discretos brazos con luces de lectura. A ambos lados de la cama, sendas mesillas con cajón y con lámparas de pié y pantalla blanca. En ambas, una botella de agua de cortesía y en una de ellas un reloj despertador con dos puertos USB para cargar aparatos electrónicos. La cama es comodísima. Increíblemente cómoda. Mullida y suave, acogedora. Frescas y suaves sábanas cubiertas por un ligero nórdico. Cuatro enormes almohadas de distinta firmeza.

El descanso se consigue sin problemas. La oscuridad es total. El entorno exterior es súmamente tranquilo por lo que no se oye ningún ruido. La insonorización interior, en cambio, podría mejorar. Durante el día si que oímos alguna voz en el pasillo exterior, pero durante la noche la calma es absoluta. 

El baño es descomunal. A la izquierda de la entrada encontramos una enorme bañera con una pared de espejo. En ella hay un toallero con dos toallas de baño, enormes, mullidas, generosas. También hay un dispositivo que permite extender una cuerda para tener ropa a secar. De frente encontramos una enorme encimera que recoge dos lavabos. Bajo ellos un armario de madera con puertas. Sobre ella, una repisa de mármol y un enorme espejo de pared a pared con un aplique de luz a cada lado. En esa repisa, sobre una tabla de pizarra con dos vasos se ofrecen las amenities (gel, champú -delicioso-, enjuague bucal, crema hidratante, acondicionador, una curiosa esponja como de telas, gorro de baño, set de afeitado, costurero, bastoncillos y algodones desmaquilladores). Una caja de pañuelos de papel, un potente secador de pelo metido en una bolsa de tela, un espejo de aumento iluminado y un par de toallas de manos.

A la derecha del baño hay una enorme cabina de ducha protegida por una puerta de cristales opacos. Junto a ella en una percha un mullido albornoz con zapatillas y al otro lado otra toalla de baño. Dentro, aunque la alcachofa de ducha podría ser mejorable, la presión, el caudal y la temperatura son impresionantes. Impresionantes. Junto a la ducha, tras una puerta encontramos el inodoro y el bidet y una papelera metálica en un espacio suficiente y bien iluminado, como el resto del baño. Varios puntos de luz en el techo permiten distintas opciones de iluminación. 

Salimos muy temprano por la mañana. Demasiado. Un simpatiquísimo joven recepcionista bromea con nosotros por el madrugón mientras nos ofrece un café caliente con unos donuts mientras terminamos los trámites de salida. Nos desea un buen viaje, y la esperanza de que nos podamos volver a ver pronto en "mejores" circunstancias.

Calidad/precio: 10
Servicio: 9.5
Ambiente: 9.5
Habitación: 9.5

Baño: 9.5
Estado de conservación: 9

Desayuno: 
Valoración General: 9.5

miércoles, 29 de agosto de 2018

LOPESAN BAOBAB RESORT (MELONERAS - LAS PALMAS)

LOPESAN BAOBAB RESORT (*****)
Mar Adriático 1
35.100 Meloneras (Las Palmas)

Habitación 1003
Fecha de entrada 21/11/17
Tarifa:

En Maspalomas, al sur de la isla, rodeado de dunas, otros enormes complejos hoteleros y varias fincas rústicas esperando nuevos desarrollos urbanísticos, encontramos este inmenso complejo hotelero que pretende recrear visualmente el África más oscura y negra.

Un inmenso atrio con cascadas, exuberante vegetación, troncos traídos de África y varios puentes nos conduce hacia la recepción. Atrás queda un amplio espacio en el que los autobuses y taxis evacuan decenas de viajeros casi constantemente. Bajo un parasol nos recibe un tipo uniformado que nos pregunta si necesitamos ayuda con el equipaje. 

Atravesamos el atrio y entramos en una oscurísima recepción. El espacio sigue siendo enorme: techos altísimos, sofás y butacones con motivos africanos (caretas, pieles de animales, cañas...) por todos los sitios. Un inmenso y largo mostrador aparece atendido por tres personas vestidas con un uniforme de aire colonial. Varios cordones indican la manera de hacer la fila para ser atendidos. Sobre el mostrador simplemente un cuenco como de concha con algunos caramelos. Nada más. Todo muy oscuro. Mucho. Demasiado. Nos atiende un simpático joven de color que nos da la bienvenida y nos ofrece una copa de bienvenida. Nos pide el DNI, la tarjeta de crédito. Todo demasiado procedimental. Amable pero tedioso. Copia los datos y nos asigna una habitación. Nos entrega un plano para que sepamos ubicarla pero apenas se ve lo en él aparece. Incluso sobre el mostrador falta luz. Nos explica la dirección para llegar hasta nuestro dormitorio y nos entrega en un folio las claves del wifi gratuito  que funciona bastante rápido y sin cortes en todo el complejo. Nos indica que está a nuestra disposición por si luego queremos acercarnos a que nos explique todas las posibilidades del complejo, que son infinitas (gimnasios, varias piscinas, bares y restaurantes...).

Volvemos sobre nuestros pasos, cruzamos de nuevo el atrio y entramos en un edificio en el que alrededor de un patio lleno de exuberante vegetación se abren las habitaciones. Todo oscuro. Apenas unos puntos anaranjados cada tramo de pasillo nos ofrecen algo de luz. A la derecha están los ascensores. Tres, enormes, de puertas automáticas y forrados en madera tropical. En un lado un enorme espejo con un marco de tela de animal. En el otro, una pantalla de televisión que ofrece el carrusel de información del hotel (horario de bares y restaurantes, espectáculos, piscinas, alquiler de barcos...). 

El piso de arriba sigue siendo igualmente oscuro. Resulta casi complicado leer las indicaciones de las habitaciones. Suelo porcelánico oscuro, paredes en madera con alguna iluminación indirecta. La sensación es ciertamente africana. Como si nos encontráramos en un poblado del medio del África negra. Introducimos la tarjeta en la ranura de la puerta y la abrimos. Dentro, sigue la oscuridad: luces de poca intensidad, y muchas indirectas. Suelo porcelánico negro. Hay que entrar un poco adentro para introducir la tarjeta en una ranura que activa la escasa luz. El espacio en general resulta muy amplio, cálido y acogedor. 

A la derecha hay una repisa verde bajo un gran espejo en la que se presentan varios folletos con servicios del hotel y un par de botellas de agua. A la izquierda, el lavabo, sin puerta y la zona de baño.

Un largo pasillo de madera en ambas paredes nos lleva hasta el dormitorio. En el lado derecho del pasillo, un largo armario con tres puertas. Tiene de todo: baldas, colgadores altos y cortos, perchas normales y antirrobo, algunas incluso forradas de terciopelo y tela de de leopardo, cajoneras, zapatero, caja fuerte, un calzador, la bolsa de lavandería, una gamuza lustrazapatos y un set de costura. El pequeño minibar también está en el armario. Surtido fenomenal, casi tanto como sus precios. 

Unos pasos más adelante encontramos el enorme dormitorio. Oscuro. A la derecha hay un maletero de metal y tela que quizá desentona en el conjunto. De seguido un armario bajo con varios cajones, y a continuación un generoso escritorio que es una madera anclada a la pared sin patas. Frente a él, una comodísima silla de trabajo (giratoria y con ruedas) en piel blanca. En la pared de enfrente hay dos enchufes para poder trabajar con el portátil conectado. Por encima de todo ese mobiliario hay un largo trozo de madera pintada con motivos indígenas. Retranqueo en su parte baja hay un largo punto de luz que ilumina un poco la zona del escritorio. En medio hay dos puertas correderas de madera que ocultan una televisión plana. Sobre el maletero, anclado en la pared hay una rueda que permite encender el aire acondicionado, algo ruidoso, y regular su potencia, pero no hay opción de regular la temperatura ni una opción automática. Sólo encendido y apagado.

Al final del escritorio está la terraza. Toda la pared es de cristal con dos enormes y pesadas puertas con un curioso sistema de apertura que cuesta entender. Protegida por un visillo de lino color crudo y un cortinón con foscurit de rayas negras y doradas. Fuera, generoso espacio, con dos butacas, una mesa, un tendedor plegable y una barandilla en metal rematada con un tronco. Por la noche dos luces amarillas iluminan automáticamente la terraza.

A los pies del escritorio hay un formidable y cómodo sofá de piel en tono crudo. Varios cojines, una lámpara de pie que no luce y una mesa pequeña y redonda como para apoyar una copa o una botella. Sobre el sofá un gran cuadro. 

Las camas son dos, empotradas contra un alto cabecero de piel como de serpiente. Aparecen cubiertas con una única colcha de punto de tono verde. Blancas. Con una almohada cada una. Vestidas con suave lencería y un ligero nórdico. A cada lado hay sendas mesillas. En una el teléfono con un bolígrafo y un bloc de notas. En la otra, algunos avisos del hotel y un bombón de cortesía. Bajo cada una de ellas hay un enchufe disponible. Sobre ellas hay dos lámparas de noche con pantallas de tela cruda y dos brazos direccionables de potente luz para leer desde la cama. Los interruptores, en negro, son un lío. Hay algunos que no sirven para nada, y hay otros activan luces que quedan demasiado lejos. 

La insonorización es manifiestamente mejorable. Se escucha demasiado lo que pasa en las habitaciones contiguas (enchufes, interruptores, pasos, voces, duchas...) y también lo que pasa en el pasillo exterior (rodar de maletas...).

El baño está junto a la entrada. La zona de lavabo sin puertas. Una encimera oscura recoge un lavabo blanco exento. Sobre él hay un gran espejo enmarcado en metal. A un lado un espejo de aumento. Al otro, un potente secador, junto a los interruptores que encienden las luces de la zona y que cuesta encontrar. En un trozo de tronco se ofrecen algunas -quizá escasas, aunque curiosas- amenities: gorro de ducha, peine, crema exfoliante y tónico, dos vasos y una caja de pañuelos de papel. Un bote anclado a la pared provee el jabón de manos. Bajo la encimera hay una bandeja extraible con dos toallas de manos y dos de ducha, grandes, blancas, mullidas y cuidadas personalizadas para la cadena. 

A la izquierda del lavabo, en la pared de madera, encontramos casi oculta la puerta del wc. Un pequeño espacio con el inodoro. Como la cisterna apenas tiene presión hay colocada una antihigiénica escobilla de baño. 

A la derecha, tras una puerta de cristal opaco de la que cuelgan dos suaves albornoces de tela, encontramos un espacio con la ducha y una generosa bañera. Paredes oscuras de porcelana y suelo de piedra pulida muy agradable al tacto. La ducha ofrece un grifo de teléfono, y un gran rociador muy alto. Así como la presión y el caudal del lavabo eran algo justos, el de la ducha es descomunal. Da gusto. El champú/gel se ofrece desde un bote anclado a la pared. Falta la alfombrilla de baño, y por debajo de la puerta se cuela el agua, dejando perdido todo el espacio del lavabo tras ducharnos. 

Por la mañana en un gigantesco y bullicioso salón (con terraza) se sirve un descomunal buffet de desayuno. Una seria joven con un Ipad chequea que estemos autorizados para entrar. Dentro todo es un poco follón. Gente por todos los sitios, niños gritando, una enorme barra de cocina en directo en la que además se ofrecen todos los platos calientes inimaginables (sándwiches, huevos fritos, cocidos, revueltos con distintas opciones, salchichas, chorizos, bacon, patatas, verduras, churros...). En varios puestos se ofrecen fiambres, quesos, jamones, untables, salmón, multitud de tipos de panes, zumos naturales de todo tipo, mezclas de zumos y batidos de verduras, crujiente bollería de infinidad de variedades. Varios camareros se aseguran de que no falte de nada y de ofrecer enormes jarras de café que uno puede sustituir por café de la máquina que ofrece distintas y curiosas posibilidades (capuchino, macciato, latte...) no malas.

La despedida en recepción es algo atropellada. Pregunta por el minibar y por si necesitamos ayuda con el equipaje o el transporte. 

Calidad/precio: 
Servicio: 8.5
Ambiente: 9
Habitación: 9
Baño: 9
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 8.5
Valoración General: 8.5 

lunes, 16 de julio de 2018

NH MINDORO (CASTELLÓN DE LA PLANA - CASTELLÓN)

NH MINDORO (****)
Carrer de Moyano 4
12.002 Castellón de la Plana (Castellón)

Habitación 403
Fecha de entrada: 20/11/2017
Tarifa:

En el mismo corazón de la ciudad, justo donde las calles empiezan a ser peatonales y a un paso de la Catedral y el resto del casco histórico, NH gestiona uno de los hoteles más tradicionales de la ciudad.

Un edificio en una esquina. Diez plantas rotas por generosos balcones. Lineas rectas. Edificio algo antiguo pero cuidado e incluso remodelado en algunos tramos. Una planta acristalada sobre la recepción le concede algo más de altura y estilización. La entrada se sitúa en una calle ya peatonal, frente a una iglesia. La planta baja está a pie de calle y aparece totalmente acristalada. El bar-restaurante se llena de luz, y la recepción también. Un par de sitios para parar el vehículo en la misma puerta del hotel, en una zona de acceso no permitido, se agradecen. Una puerta automática de cristal, nos adentra en la recepción, llena de luz exterior y también interior. Un golpe de blanco lo llena todo: paredes blancas, mostrador blanco, suelo blanco... 

El mostrador es un potente armario de madera blanca. Tras él hay un armario portallaves también en blanco. Dos puestos de trabajo y algunos folletos y pantallas con información sobre el hotel. Nos atiende un joven que nos pide el DNI hasta que se da cuenta que ya tiene los datos. Nos hace firmar el bienvenida y nos entrega la llave, de las de antes de seguridad. Con un llavero que es una tarjeta. Nos indica el horario del desayuno y le preguntamos por el wifi, que es gratuito y funciona, como en toda la cadena, con una clave sencilla. Rápido y sin cortes. 

Tres escalones nos sitúan al nivel de los ascensores, que están como en una balconada en la que un rollup hace publicidad del propio hotel. Tres, de puertas automáticas metálicas. El interior, algo angosto, revestidos en madera y con un espejo. Algunos carteles de servicios del hotel. Salimos a un pequeño recibidor por el que corre a derecha e izquierda el pasillo con las habitaciones. Suelo porcelánico en tono verdoso, quizá demasiado ruidoso al paso de las maletas. Luz abundante pero poco efectista. Paredes con estuco azul y puertas de madera brillante con un pomo redondo plateado que fue mítico en la cadena.

Abrimos la puerta con la llave y accedemos a un largo pasillo que gira hacia la derecha. Suelo de lamas de madera, en general bien cuidado, aunque se nota el paso del tiempo. Paredes forradas en madera hasta media altura, luego estuco en crudo. Un interruptor activa la luz de toda la habitación.  

Al final de ese pasillo, a la izquierda encontramos la puerta del baño. A continuación otra puerta aísla el dormitorio. Nada más abrirla encontramos el display del aire acondicionado. Una rueda de temperatura, encendido y apagado y la potencia. No hay función automática. Resulta ruidoso y poco eficaz. No pasamos frío, pero la temperatura del aire no es ni mucho menos la que indica la rueda. 

Un paso más adelante está el dormitorio. De frente encontramos un maletero de madera con un cojín azulón. A continuación un escritorio, generoso, en madera con la mesa de mármol. Aunque es grande, el espacio se lo come una bandeja con algunos productos del minibar (gominolas, frutos secos, patatas fritas, vino, vasos) y una botella de agua de cortesía que agradecemos. Una gran pantalla plana también ocupa el espacio de trabajo, y se sitúa sobre el armario del minibar generosamente surtido.

Como el espacio del dormitorio no es muy grande, la silla (en madera y terciopelo azul) apenas puede salir de debajo de la mesa. Debajo hay un enchufe disponible de difícil acceso, y sobre la mesa, colgando de la pared, un cuadro. 

Al fondo, toda la pared es una puerta corredera de cristal que da acceso a una generosa terraza con vistas a la puerta principal. La ventana entera aparece cubierta con un visillo en tono crudo y un potentísimo y cuidado foscurit recubierto en cortina azul y amarilla. Ni una gota de luz se cuela en la habitación. Junto a la terraza, algo desubicada, hay una butaca de terciopelo azul, incómoda de lo desgastada que está. 

La cama es muy cómoda. Un potente colchón y cuatro almohadas de distinta rigidez se ofrecen bajo una suave lencería y un nórdico. Todo ello recubierto por una limpísima colcha blanca. Lástima que la insonorización interior del edificio sea manifiestamente mejorable, y se escuchen especialmente los ruidos de la habitación superior. La insonorización exterior, aunque no es óptima, no presenta problemas al tratarse de una zona tranquila. La cama está empujada contra un cabecero de madera y terciopelo azul. A cada lado hay sendas mesillas con cajón en madera, y parte superior en mármol. Sobre una de ellas, está el teléfono, un bloc de notas y un bolígrafo. Sobre ambas, interruptores blancos para apagar todas las luces. El juego de luces es adecuado. Hay tres puntos en el techo sobre el escritorio, y dos lámparas metálicas con pantalla color crudo sobre cada mesilla. Quizá en el escritorio para trabajar se echa de menos un flexo, lo mismo que alguna luminaria más potente sobre las mesillas para poder leer desde la cama. Lo que no es de recibo es que el único enchufe disponible esté situado detrás de la cama, por lo que hay que separar esta del cabecero para poder recargar nuestros artilugios electrónicos.

Junto a la cama está el generoso armario, empotrado, con dos puertas correderas de espejo. Dentro, baldas en tonos azulados, la caja fuerte, un colgador largo con perchas antirrobo de distintos formatos. 

El baño resulta pequeño. Recuerda mucho a los NH de los 90. Suelo de mármol y paredes, renovadas, en baldosas color chocolate hasta el techo. A la izquierda la encimera también de mármol con el lavabo, un flojo secador de pelo algo anticuado anclado a la pared, y una bandeja con las amenities  propias de la cadena (champú, gel, crema hidratante, gorro de baño y jabón). El grifo, que es moderno tiene un difusor de aire, y aunque la temperatura es adecuada, tanto la presión como el caudal son mejorables. 

En la pared del fondo hay una viejísima ventana cuidadosamente oculta tras una cortina tipo estor. Allí debajo está el inodoro, y sobre él, un toallero con las dos toallas de manos y las dos de baño. Son correctas de tamaño y calidad, aunque alguna presenta algún roto y deshilachado. 

A la derecha queda la bañera. En su interior una ducha con alcachofa de masaje algo antigua. Le ocurre lo mismo que al grifo: falta caudal y sobra presión de aire que a veces llega a pinchar demasiado. La bañera se protege con una mampara de cristal opaco con dos cuerpos, uno de ellos móvil para permitir el acceso.

Por la mañana en el entresuelo, en un luminoso salón, se sirve el desayuno. La configuración de la sala resulta como muy aburrida y cuadriculada: sillas grises y mesas negras, unas al lado de otras, demasiado juntas. Mantel y servilletas de papel. La persona que lo atiende está más pendiente de algún lío que tiene con el ordenador, que de dar los buenos días y ayudar a los huéspedes. Un lateral es todo de cristal, con vistas a la puerta principal. En los otros laterales se ofrece un espléndido buffet: zumo de naranja natural, frutas cortadas y preparadas, yogures, lácteos, fiambres y quesos, ibéricos y jamón, pizzas, sándwiches minis preparados, cocas de verdura típicas de la zona,  platos calientes (huevos, bacon y salchichas) y un generoso surtido de miniaturas de bollería. El café, correcto.

Antes de despedirnos, en recepción, nos preguntan por el minibar, pero también, con simpatía nos ofrecen ayuda para continuar nuestro viaje. 

Calidad/precio: 
Servicio: 7
Ambiente: 7
Habitación: 7.5
Baño: 6
Estado de conservación: 7
Desayuno: 8
Valoración General: 7.5 

martes, 3 de julio de 2018

HOTEL GALICIA PALACE (PONTEVEDRA)

HOTEL GALICIA PALACE (****)
Avenida de Vigo 3
36003 Pontevedra 


Habitación: 609
Fecha de entrada: 18/11/2017
Tarifa: 

En el mismo corazón de la ciudad, en una pequeña calle casi peatonal, con una zona de carga y descarga de vehículos justo frente a la puerta. Un edificio de siete plantas, de ventanas largas cortadas por pisos de color azulado. Unas pocas escaleras, sobre las que se sitúan un montón de banderas y las letras que indican el hotel, nos sitúan en una lentísima y grandísima puerta giratoria que nos introduce en la recepción. El dorado de la puerta ya presagia que el interior no será excesivamente moderno.

Tampoco es viejo. Suelo de terrazo marrón, espacio amplio, luces amarillentas, poco efectistas. De frente, bajo un mural colorista una zona con varios sofás en marrón y blanco. Hacia la izquierda, ya cerrada a la hora que llegamos, la cafetería y el restaurante. Hacia la derecha, la escalera, en semicírculo, los ascensores y a la derecha del todo el largo mostrador de recepción. El fondo forrado en madera brillante, el mostrador en una porcelana imitando al acero cortén. Varios puestos de trabajo bajo unas lámparas alargadas con pantallas en tonos amarillentos. Cálida sensación aunque con un punto trasnochado (que no viejo). Demasiados folletos y carteles en el mostrador, que resulta muy separador asumiendo que además tras él, los recepcionistas tienen una mesa de trabajo, lo que todavía nos separa más. 


Nos atiende un señor todo procedimiento. Pasa la medianoche larga, pero hay que pedir el DNI, copiarlo y todo eso. Que no se entere la policía que no he dormido allí también. Cuando termina, nos entrega la llave, una tarjeta blanca sin personalizar. Nos entrega un papelito con la extraña clave del wifi que funciona bastante bien en todo el hotel, de forma veloz y sin cortes. Le preguntamos por el desayuno y nos damos mediavuelta para recorrer la media docena de pasos que nos separan de los ascensores. Dos. De puertas automáticas. El interior, revestido en madera, con un espejo en la pared del fondo, varios carteles sobre los servicios del hotel (uno enorme anunciando el canal+) y una botonadura moderna pero combinada con unas placas más antiguas que indican lo que hay en cada planta.


Salimos a un pasillo con la luz algo fría. puertas de madera oscura, paredes entre azul y gris y suelo en gris brillante, algo ruidoso para el paso de las maletas con ruedas. Las luces se van encendiendo a nuestro paso con un sonoro repiqueteo. Tras la puerta, el suelo sigue gris, pero en una limpia madera. Las paredes, pintadas en tono crudo. Un largo pasillo de fría luz termina en un formidable salón. 


Antes del salón, a la derecha encontramos un armario empotrado de tres piezas, con puertas de madera con algún detalle de marquetería y pomos metálicos finos y alargados. El armario es enorme. Tras una puerta, baldas y la caja fuerte; tras las otras un formidable y alto perchero con perchas de todo tipo. También, la bolsa de la lavandería, una gamuza limpiazapatos y el calzador. A la izquierda la puerta que lleva al dormitorio. Y allí delante un alargado salón. Un sofá doble muy cómodo con una mesa de centro delante con un par de libros. Un armario que sostiene una pantalla plana de televisión acoge el minibar de generoso surtido. Un poco más al fondo, cerca de la ventana, cubierta por una cortina (algo fea) en tono arena, una mesa de trabajo de cierto estilo escritorio inglés en madera algo rojiza (como casi todo el mobiliario) con su silla de trabajo (algo incómoda en el respaldo y tapizada en una tela floreada) y algunos enchufes para los aparatos electrónicos. Esa zona queda iluminada por el potente y frío foco que hay junto a la puerta de entrada y por una lámpara de pié que proyecta hacia el techo dando una sensación más cálida pero tampoco tanto. 


Entramos en el dormitorio y a la izquierda nos encontramos la estrecha puerta del baño. En madera robusta de color oscuro y pomo dorado. Unos pasos más adelante encontramos el display del aire acondicionado, que es muy sencillo de manejo aunque algo ruidoso en su operativa. Eficaz en cualquier caso, pero imposible dormir con él encendido. El siguiente paso es el dormitorio. Enorme, descomunal. A la izquierda, un maletero al que va pegado un generoso escritorio en madera sobre el que hay un bade, también en madera, anclado. Algunos folletos del hotel y de servicios cercanos ocupan el espacio. La silla que hay debajo no es muy cómoda para el trabajo. De madera y tapizada en tela de colores tiene un respaldo algo estrecho para que resulte cómoda. No hay enchufe disponible pero el más cercano es el de la mesilla y queda allí cerca. Sobre el escritorio hay un espejo enmarcado en madera a juego con el mobiliario. Y sobre el maletero una lámpara con tulipa. Aunque la luz podría ser más efectiva, la que hay, no es mala, aunque escasa para poder leer en la cama. A cambio, la sensación de acogida se incrementa. 


En el medio, una enorme cama blanca. Empotrada contra un cabecero de madera brillante del que salen dos mesillas, generosas, con enchufes e interruptores para apagar todas las luces. Vestida con una suave sábana y un ligero nórdico resulta muy cómoda. Sobre la cama hay un tríptico de tonos dorados y motivos vegetales. La insonorización exterior del hotel es excelente, y la interior (con tantas puertas) también. No se oye nada. Lástima que la luz azul de standby del televisor haga que se llene de luz la estancia durante la noche. La tele está situada sobre un pequeño armario que acoge el minibar. Tras ella, oculta por unas cortinas en tonos arena y un poderoso foscurit hay una ventana a un estrecho y oscuro patio interior. Al fondo, oculta tras otras cortinas similares hay otra ventana enorme con vistas a la puerta principal. Junto a ella, y bajo una luz anclada a la pared hay un silla algo incómoda de madera y tapizada en tela de colores a juego con la del escritorio. 



El baño es enorme de tamaño. La primera impresión es que está reformado, pero destaca sobre todo lo limpio y brillante que está todo. Quizá demasiado. Suelo de porcelana en gris muy claro. Paredes iguales pero más brillantes, alicatadas hasta el techo. A la derecha, el inodoro el bidet y un radiador que se agradece por la mañana. Los toalleros, en metal blanco quizá sea demasiado ostentosos. Dos toallas de lavabo y dos de ducha componen el set de lencería. No son espectaculares (algo justas de tamaño) pero tampoco están mal. 

Frente a la puerta encontramos el lavabo, enmarcado en una pequeña encimera de mármol gris claro. En ella, en una cesta de mimbre se ofrecen desordenadas las amenities (un peine, unos pañuelos de papel, un set dental, una esponja y un lustrazapatos) siendo algunas personalizadas para el hotel y otras de marca blanca. Sobre el lavabo un enorme espejo hasta el techo. Junto a él, un espejo de aumento, un secador de pelo de poca potencia y un par de baldas de cristal con dos vasos. 

A la izquierda una enorme cabina de ducha protegida por una mampara de cristal casi hasta el techo con un vinilo que dibuja el logotipo del hotel. Dentro, la ducha se remata en un grifo de teléfono bastante normal. Quizá el enorme espacio de la ducha permitiría o pediría algo más espectacular. A cada lado de la ducha hay sendos dispensadores de gel y champú algo antiestéticos. La presión, el caudal y la temperatura son formidables. 

Por la mañana, en un salón iluminado con luces frías se sirve el desayuno buffet. No es un exceso de surtido, pero tampoco está mal. La calidad algo justa y la presentación, así como la vajilla algo anticuada. Mesas con mantel de tela y servilletas de papel. Café líquido perfectamente prescindible. 

En la recepción por la mañana entrega de llaves y salida. Sin poca más parafernalia. 

Calidad/precio:
Servicio: 7
Ambiente: 6
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 6.5
Valoración General: 

lunes, 18 de junio de 2018

GRAN HOTEL LAR (SEVILLA)

GRAN HOTEL LAR
Plaza Carmen Benítez 3
41003 Sevilla

Habitación: 416
Fecha de entrada: 16/11/2017
Tarifa:

Un edificio embutido en una manzana de vecinos, con cinco alturas y una fachada algo descuidada en blanco con grandes balcones. Letras art decó sobre la entrada y una primera planta toda de cristal en tono casi verdoso. El entorno, una pequeña plaza arbolada con una escuela y una iglesia será lo único que nos transmita algo en una lamentable estancia.

Sorteados dos escaloncitos bajo un pórtico, se abren, quejosas, las puertas correderas y en décimas de segundo nos vemos transportados a los años cincuenta. No sólo son los desgastadísimos sofás de piel marrón hundidos en su asiento, no sólo es la decoración y el mobiliario, propios de una vivienda de aquella época, no sólo es la luz (fría, impersonal...), no sólo son las plantas artificiales que tratan de decorar ese espacio, no sólo es la música, no sólo es el sonido a transistor del hilo musical, no sólo es el olor a rancio, no sólo es ese enorme y separador mostrador de mármol, no sólo es ese viejo y soso mueble recogellaves, no sólo es la vieja llave de plástico troquelada que te entregan, no sólo es el puñado de revistas y libros desordenados que se amontonan sobre el mostrador... Es que no hay nada que se salve. 

A la derecha una zona con sofás. Al fondo, a la izquierda, frente a los ascensores, el mostrador de recepción. Techo alto, paredes estucadas color amarillo desgastado y otras cubiertas por mármol entre blanco y rosáceo. Tras el mostrador nos atiende un empleado algo desganado. Nos pide el DNI para copiar los datos en el ordenador. A juzgar por el rato que tarda, el equipo informático debe ser también de los años 50. Nada más. No hay interacción alguna más allá de darnos la llave y responder a nuestra pregunta sobre el WiFi. Es lo único moderno del hotel. Además funciona perfectamente bajo una clave sencilla.

Los ascensores, se abren con puertas correderas automáticas en la planta baja. En los pisos, las puertas son de las de antes, de las de empujar. Normal. Suelo de goma, un espejo en la pared del fondo, y un pequeño cartel con publicidad de la cadena a la que pertenece el hotel.

Salimos a un recibidor al que rodean varios pasillos con habitaciones. Anchos, de techos altos desvencijados, paredes en estuco azul, con trozos rotos, ennegrecidos, aparatos de alarma totalmente desfasados que allí siguen, moqueta desgastadísima en el suelo; a tramos hasta deshilachada. Las puertas son de madera, con los números dorados, de aquellos antiguos, anclados al marco. Casi no se ven. La luz es casi fantasmal. Podrías incluso llegar a sentir miedo.

Introducimos la llave en la ranura y abrimos la puerta. Ya nada nos sorprende. Entramos a un pequeño cuadrado que nos separa del dormitorio por una puerta de madera blanca. Huele a humo, o a rancio, o a cerrado, o a todo junto. A la izquierda hay un antiguo diferencial que cría polvo, y dos interruptores. Uno enciende la fría luz de ese cuadrado; el otro, el fluorescente del baño, que está allí tras un escalón y una puerta de madera blanca que no se puede cerrar. El fluorescente es de los que primero vibra (y suena un repiqueteo) antes de encenderse. Paredes estucadas en amarillo con clavos abandonados e interruptores inservibles. Moqueta desgastadísima en verde. Vamos un paso más. Abrimos la puerta del dormitorio. Está oscuro. No hay interruptor. No vemos nada. Asusta. Encendemos la linterna del móvil para buscar la luz. Nada, no hay interruptores. Tenemos que ir hasta el fondo y encenderlo desde la mesilla junto a la cama. Hay dos lámparas de noche sobre las camas. Sólo luce una. 

El dormitorio no es pequeño. A la derecha hay un escritorio de mármol y madera. Sobre él una lámpara de pie con pantalla, de luz amarillenta muy tenue, un cuadro, y un enorme plasma (lo único moderno) con una potentísima luz azul en su standby que molesta -y mucho- por la noche. Delante del escritorio hay una silla de madera tapizada en verde, tan vieja que al sentarnos se le mueven un poco las patas. Por la pared de esa zona corren algunas canaletas blancas con cables para enchufar una lámpara y la televisión. Bajo el escritorio, una papelera. Entre el escritorio y la ventana, que ocupa toda la pared del fondo hay una nevera exenta, de las antiguas, sorprendentemente cargada con aguas, cervezas y refrescos... Sobre ella hay un par de regletas ancladas a la pared con tres enchufes disponibles. Los únicos que hay en toda la habitación, bien lejos de la cama. 

La ventana, con generosa terraza y vistas a la plaza en la que se abre la puerta principal, ocupa toda la pared del fondo. Madera vieja barnizada y rebarnizada y cristal viejo: ni antitérmico, ni antiruidos... El frío y las voces de la calle se cuelan como Pedro por su casa. Un viejo, deshilachado y destartalado foscurit y una vieja y raída cortina en color crudo tratan de proteger inútilmente la luz del exterior. 

A la izquierda de la puerta del dormitorio hay un pequeño maletero, también en madera y mármol. Junto a él, el mando, casi colgante del aire acondicionado. En realidad es simplemente una máquina de ruido. De mucho ruido. Saca poco aire, y ni mucho menos a la temperatura que dice la rueda del termostato. En Sevilla no suele hacer frío, pero los diez grados de esa noche, se cuelan en la habitación con una facilidad pasmosa sin que nada los detenga. Allí mismo está el armario empotrado con dos puertas correderas con espejo. Dentro, un desastre: cajones atascados, una barra colgador doblada con perchas antirrobo de distintos tipos, texturas y colores, una balda caída, un cable colgando que en algún momento debió servir para que alguna luz iluminara su interior. Una caja fuerte ¡¡con llave!! oxidada y raída aparece anclada a la pared. 

Hay dos camas embutidas es un pequeño espacio. Tan pequeño que sólo hay acceso a una de ellas por un lado (el del armario). La otra aparece pegada a las cortinas de la ventana y es imposible entrar por ese lado. Dos colchas de colores entre grises y vinos algo sucias cubren ambas. Debajo, simplemente una sábana. Frío. Ambas se empujan contra un cabecero de madera oscura en el que aún hay unos mandos de algún hilo musical que debió funcionar en su momento. Interruptores, pero no enchufe. Demasiados para las escasas luces que hay en la habitación que queda casi siempre en penumbra, así que resulta imposible el leer o el trabajar durante la noche. Sobre la mesilla un lapicero, un bloc de notas con una hoja y un viejo teléfono en el que aún pone "Telefónica de España". La cama no es incómoda, aunque almohada y colchón, que parecen nuevos, son de una consistencia extraña como si fueran de latex, de los que dejas la marca del cuerpo como los dibujos animados. La sábana bajera se apoya directamente sobre el colchón. Sin más protección. Mejor no pensar. El frío dificulta el descanso, pero también la nula insonorización exterior y la interior. Se escuchan todos los movimientos del pasillo, de las habitaciones contiguas y de las de encima. 

A los pies de la cama, hay una butaca de madera con cojines en color verdoso. Al sentarse, también se cimbrean un poco las patas, lo que demuestra el trato y trote que ha llevado. 

El baño también es antiguo. Generoso de tamaño. Suelo renovado de porcelana. Alicatado con baldosas hasta el techo. Cada trozo de un color, forma y textura distinta. A la izquierda bajo un gran espejo iluminado en su parte superior, y con una estrecha repisa en la inferior, encontramos el lavabo. Exento. Con grifo monomando algo plastificado. Junto a él hay una cesta de mimbre con un puñado de amenities: un bote de gel, dos ¡sobres! de champú, una pastilla de jabón, unos pañuelos de papel y un lustrazapatos. A cada lado del lavabo, en unos rancios colgadores se ofrecen sendas toallas de baño. Bastante decentes. Esas, junto con otras dos de ducha, de escaso tamaño completan el equipo de lencería. Un flojo secador de pelo también aparece colgado de la pared. 


El inodoro es muy antiguo, con un sistema de cisterna de palanca exterior. Es de esos que está lleno de agua casi hasta arriba y sin apenas presión para la retirada del agua. Junto a él hay un radiador que no funciona, y una papelera de plástico blanco de rejilla. Frente a la puerta esta el bidet.

La bañera aparece exenta por tres lados. Es baja. Protegida por una antihigiénica cortina de baño blanca que apenas llega a cubrir dos lados. La barra sobre la que cuelga está más que doblada. O uno presta cuidado o acaba llenando de agua el baño, porque puede salir el agua por cualquier lateral. La ducha es una alcachofa anclada a la pared, embaldosada con baldosas de otro color y dibujo, demasiado baja para los que somos algo altos, que funciona bastante correctamente (caudal, temperatura y presión adecuadas).


Por la mañana quizá haya desayuno, pero además de que salimos muy temprano, casi no nos atrevemos a preguntar por él. En recepción, un joven consulta el ordenador y esperamos a que se cargue en la pantalla, a esa velocidad de los años 50, que ya está todo pagado. Adiós. De verdad. Adiós. 

Calidad/precio:
Servicio: 4
Ambiente: 1
Habitación: 3
Baño: 4.5
Estado de conservación: 3
Desayuno:
Valoración General: 3.5

miércoles, 6 de junio de 2018

SENATOR BARAJAS (MADRID)

SENATOR BARAJAS
Galeón 27
28042 Madrid

Habitación: 143
Fecha de entrada: 15/11/2017
Tarifa:

En el barrio del aeropuerto en una estrecha y arbolada calle en una calle llena de curvas, rotondas y requiebros, a un paso de las terminales y conectado con estas con un shuttle encontramos bajo la bandera de Senador el mítico y antiguo Tryp Diana. Poco parece haber cambiado desde entonces, del que fue uno de los primeros hoteles del aeródromo madrileño. 

El edificio, de 7 plantas con balcones da una sensación de antiguo con algunos desconchones en la fachada y una acera olvidada por el Ayuntamiento. Poco ayuda la cantidad de negocios (bares, cafeterías, tiendas, rent a car, periódicos...) que pueblan sus bajos con entradas tanto desde la calle como desde el interior de la recepción y que llenan esta de ruidos, voces y jolgorio. 

Antes de entrar en la recepción debemos saltar tres pequeñas escalerillas con una rampa a la derecha para las maletas, todo ello bastante desgastado. La luz fría, incrementa el desasosiego. A la izquierda, el potente mostrador de recepción, de mármol blanco con algo de iluminación en la parte de abajo. Tres puestos de trabajo quizá demasiado juntos. Sobre el mismo, las pantallas de los ordenadores y varios folletos y carteles con servicios del hotel. El recepcionista que nos atiende nos indica que se les han borrado todas las reservas y que no va a poder encontrar la nuestra sin un documento, que no tenemos. Al final, la encuentra. Copia de datos del DNI. Nos entrega la llave con el bienvenida de papel en el que nos indica el horario del desayuno (¡desde las 5.30!) y un papelito con la clave del WiFi. Cuesta bastante conseguir conectar a la red los equipos, pero una vez conectados, la Red funciona veloz aunque con cortes esporádicos. 

Unos pasos más a la derecha, tras otras escaleritas de mármol negro (dejando atrás el claro) encontramos los tres ascensores que prestan servicio. Nuevos, modernos y cuidados. Con algunos carteles de los servicios de restauración del hotel. Las puertas se abren en la primera planta a un recibidor con suelo moderno porcelánico en tono metalizado. Enfrente una pared de estuco color crema con un espejo y los carteles (los antiguos del Tryp) indicando la dirección de las habitaciones. El pasillo está totalmente cubierto de telas (sábanas, toallas, cortinas...). Deben estar arreglando alguna habitación. Bajo las telas, una moqueta en tonos grises bastante cuidada. A derecha e izquierda se abren las puertas de las habitaciones, en madera oscura algo pasada de moda. La luz del pasillo es generosa pero poco efectista. 

Tras la puerta de la habitación el suelo pasa a ser de madera, brillante y cuidada. A largas lamas. Alguna junta está más separada de lo que debería. Paredes de caduco estuco blanco. A la izquierda, la ranura de la llave y la Puerta del baño. Quizá algo estrecha y que ajusta mal con el marco. A la derecha un minúsculo armario de puertas correderas con espejo desencajadas. Una inutilizable, salvo que uno quiera arriesgarse a que se le venga encima. Dentro una balda, un colgador de perchas (antirrobo) corto y la caja fuerte. Un paso más allá, el dormitorio. 

La luz, el desgastado y trabajado mobiliario (de madera clara brillante con numerosas marcas de cigarrillos), la pared... sigue ofreciendo esa sensación de "rancio" y "caduco" que ya ofrecía la recepción. A la derecha, y de seguido, hay un maletero de madera. Sobre él, un aburrido cuadro. A continuación un pequeño escritorio sobre el que cuelga un espejo y descansan varios folletos del hotel y una televisión plana. Debajo, la silla es una incomodísima banqueta que hace misión imposible el trabajar allí, y junto a ella, un minibar con cuatro botellas de agua mineral cortesía del hotel (¡bien!).

Toda la pared del fondo es una inmensa terraza con vistas a la puerta principal. Protegida por una cortina de tela color arena y un foscurit desvencijado, tanto que resulta difícil cerrarlo del todo y por la junta del medio de los dos tramos se cuela la luz de la mañana (y de las farolas de la noche). Junto a la ventana, una butaca en color arena de tela y madera, con una pequeña mesa redonda de centro.

La cama es enorme, blanca, con un plaid negro algo sucio. Dos almohadas. Un suave nórdico. Colchón cómodo. El descanso resulta sencillo. No se escucha ni el pasillo ni las habitaciones contiguas. Y la calle resulta tranquila como para que haya ruidos. La cama se empotra en un cabecero con sendas mesillas -con cajón- a cada lado de la misma madera que el resto del mobiliario. Sobre una, el teléfono. En ambas, enchufes para los aparatos electrónicos e interruptores para todas las luces. El aire acondicionado funciona con un sencillo display que permite seleccionar la temperatura con una rueda, la potencia con un selector, y el encendido y apagado. Resulta muy eficaz, aunque bastante sonoro. Los alrededores de la rejilla por la que sale el aire están muy deteriorados con la pintura desconchada, manchas de humedad...

El baño es un poco aburrido. Pero grande. Porcelana marrón clara en paredes y suelo (con un ribete negro). A la derecha inodoro y bidet. De frente, la encimera de mármol negro con el lavabo blanco incrustado y sobre él un gran espejo. Delante de la encimera, en una barra, dos toallas de lavabo, que junto con las dos de ducha que se ofrecen en un toallero de la bañera completan el set de lencería. Las toallas son correctas sin más. Quizá las de ducha sean demasiado "sencillas" y con un tamaño un poco justo. 

El grifo del lavabo funciona bien. Tiene una consistencia algo plastificada. El caudal y la presión van justitos, pero la temperatura es envidiable. A la derecha, un flojo secador de pelo y a la izquierda, un espejo de afeitado de aumento. Sobre la encimera, en una bandeja de metacrilato, se ofrece un colorido set de amenities con champú, gel, crema corporal, peine, pañuelos de papel, gorro de ducha... todo ello envasado con la imagen corporativa de la cadena.

La bañera es nueva, seguramente metida dentro de la antigua, porque dentro uno queda como elevado. El techo, ya de por sí bajo, llega incluso a agobiar. La grifería es nueva, y funciona correctamente tanto en caudal como presión y temperatura. Junto a la ducha hay un respiradero bastante sucio con restos de goma marrón. La mampara de cristal que protege la ducha se mueve excesivamente hacia afuera y si no tenemos cuidado podemos poner el baño perdido. Una parte del techo es practicable, posiblemente para acceder a los equipos de climatización. Cuando estos están encendidos vibran demasiado las placas de esa zona. La fría mañana lo es todavía más en el baño, que carece de cualquier elemento calefactor. Para colmo, al encender el aire de la habitación, hay un retorno de aire frío al baño. 


Salimos tan temprano que aunque hay desayuno desde las 5.30, no conseguimos probarlo. En el mostrador, rápidamente comprueban que todo está en orden para la salida y aunque sin demasiado entusiasmo, se despiden con un "buen viaje".

Calidad/precio:
Servicio: 6
Ambiente: 6
Habitación: 7
Baño: 7
Estado de conservación: 5.5
Desayuno:
Valoración General: 6 

domingo, 20 de mayo de 2018

HOTEL HUSA ABAD SAN ANTONIO (LEÓN)

HOTEL HUSA ABAD SAN ANTONIO (****)
Complejo Asistencial de León
Altos de Nava s/n
24071 León

Habitación: 211
Fecha de entrada: 14/11/2017
Tarifa:

Ubicado lejos del centro de la ciudad, pero junto a la ronda de circunvalación de la misma y a la misma puerta del Hospital Universitario de León. Un edificio moderno, construido sobre el inmenso parking hospitalario abre sus puertas en una amplia y desangelada explanada en la que encontramos cafeterías, tiendas de regalos, quiosco... Tres pequeños escalones o una rampa nos sitúan ante un edificio enteramente de cristal, de una planta que alberga la recepción. El resto del edificio resulta complicado encontrarlo porque la entrada está en la máxima altura del mismo y las habitaciones se encuentran en plantas hacia abajo aprovechando el talud del terreno. Luz a raudales durante el día y también durante la noche, porque todo el perímetro del edificio aparece iluminado con potentes focos.

Una enorme puerta giratoria de cristal sobre la que ondean unas cuantas banderas, nos deja en una también desangelada recepción: suelo de mármol color arena, luces frías, paredes de cristal y poca calefacción. Apenas hay una mesa decorativa. A la derecha, como si de un saliente se tratara aparece un cuerpo de madera que alberga el mostrador de recepción: robusto, potente, separador. Tras él un caos de maletas, una estufa, papeles y algunas carpetas. Debemos llegar en hora punta porque tenemos que esperar bastante rato a que nos atiendan. Hay tres clientes delante y la recepcionista, una simpática y amable joven se desvive por cada uno de ellos y por explicarnos todos los servicios del hotel: horarios, parking, opciones de cena, clave del wifi (que funciona a buena velocidad aunque se corta cada x tiempo)... Nos pide el DNI y una tarjeta de crédito, pero mientras trabaja con ello, nos va contando cosas. Al final, nos dice "y ahora, por fin, bienvenido". Bien hallado.

Dos pasos más allá en una zona de la recepción con la luz algo más tenue encontramos los ascensores. Hay tres. Uno dedicado en exclusiva al parking. Puertas metálicas, interior también metalizado pero opaco. Un espejo en la pared del fondo. Dos carteles anuncian la carta y los servicios del restaurante. Poca luz, frío. Moderno pero bastante usado. Nos deja en un distribuidor iluminado con una horrible luz fría como de hospital. Allí se abre el pasillo de las habitaciones: largo, enmoquetado en color vino, con una luz más cálida y con algunos sofás. Se abren a la derecha las habitaciones y a la izquierda con una barandilla de cristal una balconada a la que también se abre el piso inferior.

Tras la puerta, el espacio es muy generoso. Enorme. Suelo de madera oscura muy limpio y cuidado. Paredes pintadas en tono claro. A la izquierda la ranura de la luz y la puerta de madera del baño. Un paso más adelante el display del aire acondicionado: rueda de temperatura, y dos botones uno de encendido y otro de potencia. Funciona con el formato automático, y en su posición más suave, apenas hace ruido. A la derecha, un feo registro de luz y a continuación las enormes puertas de cristal opaco del armario. Iluminado por dentro, ofrece una zona de baldas, colgador con perchas antirrobo, una caja fuerte y un minibar vacío.

El dormitorio es gigante. Quizá algo desangelado. Poca luz, pero adecuada y cálida. Dos lámparas en la pared sobre las mesillas, un punto de luz en la entrada y una lámpara de pie junto al escritorio. Sensación de calidez. Dos camas vestidas con un nórdico y decoradas con un plaid marrón claro a juego con un cojín se sitúan bajo un corto cabecero de madera oscura. Sobre él, en la pared de marrón chocolate cuelga una lámina a color de un castillo. A cada lado de las camas, mesillas con interruptores para apagar todas las luces y en una de ellas (la que tiene el teléfono y un bloc de notas con un lapicero) un enchufe disponible. Colchones y almohadas son cómodos y el descanso se hace sencillo. Los alrededores del hotel son tranquilos y la insonorización tanto interior como exterior es bastante aceptable. 

A los pies de la cama hay un espejo sin marco y una puerta que debe comunicar con la habitación contigua. Junto a ella, un armario que hace las veces de maletero y escritorio. No está viejo pero da la sensación. Algo incómodo al tener el reborde del mismo chapado en metal. Sobre el escritorio un bade, la carta del room service, una encuesta, un libro sobre León, el mando a distancia de la TV, dos enchufes disponibles y la TV colgada de la pared. Bajo él, una papelera y una silla de piel bastante cómoda.

Un enorme sofá de piel negro, que se puede convertir en cama, una butaca tipo chester muy trabajada y una mesa redonda de metal de aire algo retro completan el mobiliario junto a la ventana, que da a una calle tranquila de las de acceso al Hospital aquí y a los campos exteriores de la ciudad allá. Todo protegido por un foscurit y por un visillo en tono crudo, que no terminan de parar toda la luz del exterior, especialmente al amanecer.  habitación.

El baño resulta generoso de espacio. Suelo porcelánico en marrón oscuro. Paredes en marrón claro. A la izquierda de la puerta el bidet, junto al que hay una cajita de plástico con bolsas higiénicas, y el inodoro, con la cisterna incrustada en la pared y un curioso pulsador para su descarga. Sobre él, un toallero, algo desvencijado y suelto de la pared, con dos toallas de ducha. A la derecha una larga encimera de madera, quizá algo baja recoge un pequeño y moderno lavabo. Sobre él, un gran espejo. Un bote anclado a la pared provee de jabón. El set de amenities se completa con una cajita de pañuelos de papel, un gorro de ducha, un lustrazapatos, un peine y un par de vasos de cristal. En la pared de la derecha hay un espejo de aumento y un secador de pelo de escasa potencia.


La bañera resulta muy baja, lo que favorece su acceso. Protegida por una mampara de cristal con unos vinilos. La grifería es moderna, rematada con una alcachofa normal que funciona con un excelente caudal de agua, presión y temperatura. Lástima que también para el cuerpo el champú/gel sea un bote de esos anclados a la pared.

Por la mañana, en un frío y acristalado comedor contiguo a la cafetería del hospital se sirve un prescindible desayuno. Mesas con mantel de papel rojo, servilletas de papel. Un corto surtido de frutas preparadas, zumos de máquina, algo de fiambre y quesos, huevos revueltos poco atractivos, tortilla de patata, bacon, unos bollos algo secos y dos ruidosas máquinas de buen café. 

En el mostrador de recepción, una joven simpática nos prepara la factura a toda velocidad y nos desea un buen viaje. 

Calidad/precio:
Servicio: 7.5
Ambiente: 6.5
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 6

Valoración General: 7