lunes, 20 de noviembre de 2017

IBIS BARCELONA CORNELLÁ (CORNELLÁ - BARCELONA)

IBIS BARCELONA CORNELLÁ (**)
Albert Einstein 53-55
08940 Cornellá (Barcelona)


Habitación: 8
Fecha de entrada: 28/06/2017
Tarifa: 78€ AD

Ubicado en medio del polígono industrial de Cornellá. Rodeado de centros comerciales, naves industriales y otros hoteles. A dos rotondas de la autovía que conduce al aeropuerto y a Casteldefells y Tarragona. Una finca rodeada con una verja y grandes árboles recoge un edificio de cuatro plantas, muy típico de la cadena, con paredes de granito rosa y ventanas en aluminio blanco. Una reja automática se abre para dejar pasar al coche y aparcarlo en un enorme parking descubierto que rodea todo el edificio. La puerta de entrada al hotel queda casi oculta en un lateral rodeada de árboles.

Dos puertas correderas automáticas de cristal nos introducen en la recepción. Frente a nosotros hay un pasillo. A la derecha, con ventanas abiertas al jardín, varias butacas modernas en tonos rojos y blancos (como el logo de la cadena) para esperar a clientes o charlar un rato. Algunas plantas y lámparas puntuales. Un pequeño corner ofrece "agua vitaminizada" (con trozos de frutas). A la izquierda queda el restaurante/bar sin apenas paredes que lo separen del resto de la recepción por lo que se escucha el bullicio y la música que viene de allí. Frente a nosotros dos mostradores de recepción. Techo blanco, paredes blancas y azules y suelo porcelánico en blanco y marrón. La tormenta de fuera ha llenado de hojas secas el primer tramo de la entrada. Sensación luminosa, moderna y con un toque juvenil.

La recepción es en madera clara, encimera de cristal y sobre los mostradores unas largas luces rojizas. Tras ellos, una pantalla con publicidad del hotel. Nos atiende una joven morena muy simpática y servicial. Rápidamente nos pide los DNIs (¿para qué sirve ser gold de la cadena?) los escanea y nos da a firmar para que la policía sepa que estamos allí, aunque no se para cometer ningún crimen, pero... es la ley. Nos explica el horario de desayunos y el funcionamiento del wifi que es gratuito y funciona con rapidez en todo el hotel. 

Dos pasos más adelante hay un distribuidor con varios totems con folletos del hotel, de la zona y algo de prensa, el ascensor y un par de pasillos. El que va hacia la derecha es el nuestro. El pasillo es algo estrecho. Paredes de color azulado, que contrasta con la moqueta oscura y las puertas en madera clara. Unos pasos más adelante hay un equipo de aire acondicionado bastante ruidoso.

Introducimos la tarjeta en la puerta y la empujamos. Pesa mucho. Dentro, suelo de madera clara brillante, paredes en blanco y azulón. Un breve pasillo con el interruptor general, la puerta del baño, de madera blanca con varias pegatinas con publicidad de la cadena. El mando del aire acondicionado, que funciona a la perfección aunque quizá demasiado ruidoso: sin modo automático, una rueda para seleccionar la temperatura, un botón de encendido y apagado y otro de la potencia del aire. 

A continuación, entramos en la habitación. El espacio es sumamente ajustado. En la pared de la izquierda hay un espejo estrecho y alto, una televisión plana enmarcada con madera y con varios folletos del hotel debajo y en la esquina del fondo junto a la ventana un armario sin puertas con varias baldas -en una la bolsa de la lavandería- y un colgador de ropa con varias perchas de plástico negro.

A la derecha está la cama, la típica de la cadena. Canapé negro; suave colchón; ligero, pero asfixiante nórdico y dos cómodas almohadas. Grande para ser individual y algo pequeña para ser doble. A un lado una estrecha mesilla con un enchufe. Al otro una mesilla más generosa con el teléfono, y algunos folletos del hotel. El cabecero es de madera clara, en el que hay incrustadas dos lámparas alargadas. No dan demasiada luz para leer, pero al menos hacen cálido el ambiente. Sobre la cama, un enorme cuadro en tonos grises.

En la pared del fondo está la ventana, de aluminio blanco y doble, lo que insonoriza muchísimo del parking que hay allí mismo. La ventana tiene un estor y por delante, una cortina color marrón. Ninguno de los dos consiguen parar la luz de la mañana, que se cuela con cierta intensidad al amanecer. Bajo la ventana hay otra cama, que recogida puede hacer las veces de gran mesa de trabajo. En el armario hay una silla metálica plegada para cuando la mesa está extendida. Junto a ella, dos enchufes disponibles. 

La insonorización no es excepcional y molesta bastante una puerta que hay junto a la habitación que se abre y se cierra varias veces durante la noche (debe ser un almacén, o el acceso del personal...). También se escuchan mucho los pasos por el pasillo e incluso algunas voces de la recepción. 

El baño es pequeño. Porcelana gris en el suelo, algo trabajada y no impecablemente limpia. Porcelana blanca en las paredes. Luz escasa, sin ningún efecto. A la izquierda, un pequeño lavabo blanco con una grifería que parece de plástico en una pequeña encimera. Sobre él, un espejo alto. Un secador de pelo de escasa potencia, dos vasos de plástico y un bote anclado a la pared con el jabón (que es jabón, champú y gel a la vez). La temperatura del grifo es adecuada pero la presión y el caudal son algo escasos.

A la derecha, el inodoro, con la cisterna empotrada en la pared, lo que deja una pequeña repisa para complementar la encimera y una papelera blanca. Frente a la puerta, la ducha, protegida con una mampara de cristal recubierta con un vinilo. Suelo blanco. La grifería de la ducha es también como de plástico. Junto a ella, otro bote como el del lavabo con jabón-gel-champú. La temperatura es fenomenal, pero la presión y el caudal sin ser malos no son para tirar cohetes. La lencería de baño se resume a dos toallas y una alfombrilla de baño. Algo viejitas y desgastadas. 

Por la mañana, en el restaurante se sirve un desayuno buffet corto de servicio (cada uno ha de apuntar en una tabla si consume o no el desayuno), de productos (bollería, yogur, fiambres, una tortilla de patata precongelada, algo de pan, mantequillas, mermeladas algo de cereales, zumos (de bote) y unas máquinas que sirven buen café -con tazas de porcelana y vasos de cartón para llevarte-) y de calidad. 

En la despedida, hay que volver a dar los datos fiscales para la factura (¡cómo si fuera la primera vez que dormimos en la cadena!). Al menos son simpáticos aunque algo lentos. 

Calidad/precio: 7
Servicio: 7
Ambiente: 7
Habitación: 7
Baño: 6
Estado de conservación: 7
Desayuno: 5.5
Valoración General: 6.5 

martes, 7 de noviembre de 2017

ATIRAM GRAN HOTEL DON MANUEL (CÁCERES)

ATIRAM GRAN HOTEL DON MANUEL (****)
San Justo 15
10003 Cáceres


Habitación: 132
Fecha de entrada: 27/06/2017
Tarifa: 

En el centro histórico de la ciudad, en una plaza moderna, peatonal, con unas fuentes y una terraza y rodeado de los edificios históricos cacereños encontramos un moderno edificio en granito rosado y con tres alturas rotas con grandes ventanales de aluminio. En una enorme pared de cristal en el bajo, enmarcada entre dos pequeñas macetas, encontramos la puerta automática de acceso a un inmenso hall iluminado solamente con la luz exterior. Suelo de mármol arena con algunos toques negros, grandes pilares redondos y blancos. Sensación bastante fría y poco acogedora: demasiado blanco, demasiado mármol y nulo juego con las luces. A la derecha, las puertas del spa y del ascensor que baja al parking. A la izquierda, el mostrador de recepción, en madera oscura y delante de un enorme logo del hotel y la cadena. Enfrente una zona de sofás y butacas para el descanso rematada con un enorme cuadro abstracto en tonos rojizos. Junto a la puerta hay una pequeña zona como de juegos con unas mesas de escuela antigua, una pizarra, varios libros y un totem lleno de papelitos con mensajes que los clientes han dejado al hotel. 

En el mostrador nos atiende un simpático joven que mientras teclea los datos del DNI nos explica los servicios del hotel: parking, horario y lugar del desayuno, la contraseña del wifi (que es gratuito y que funciona bastante bien en todo el edificio). Nos entrega las tarjetas de la habitación y nos indica el lugar del ascensor más cercano a la habitación. 

Atravesamos un largo, oscuro y frío pasillo con puertas a ambos lados (despachos, salones y el bar) y una colección de fotos de escuelas antiguas, que estaban situadas en el mismo solar en el que hoy está el hotel, y al final, casi en la puerta del desayunador, encontramos el ascensor. Moderno, un poco oscuro, vestido en metal con una pared de espejo y con un par de carteles con servicios del hotel. Nos deja en un largo y ancho pasillo que se abre hacia la izquierda. Suelo de madera negra cubierto con una tupida alfombra roja. Cruzamos una zona de ventanales a la plaza que alberga el hotel, donde se han instalado algunos sofás.

Tras otro giro a la izquierda entramos en el pasillo de las habitaciones, que describe una pequeña curva. A mano derecha varios ventanales de techo a suelo con vistas a pequeños patios interiores ajardinados. A la izquierda, un ascensor "portaplatos" y toda la hilera de habitaciones. Paredes blancas con puertas de madera oscura y en las paredes algunos lienzos de tela de colores. Junto a las puertas, un metacrilato con el número de la habitación. 

Metiendo la tarjeta en la cerradura se abre la puerta pero al empujarla, esta chirría bastante. Falta algo de aceite en las bisagras. Una vez dentro la sensación es más cálida que en el resto del hotel. Suelo de madera negra, paredes blancas y techos altos. Un pasillo nos ofrece a la izquierda los interruptores de la luz, la ranura para la tarjeta, la puerta (también de madera oscura) del baño y un pequeño armario ropero con una barra colgadora con perchas antirrobo y en la parte de abajo una barra a modo de zapatero. Todo ello sin puerta.Frente a él, el mando del aire acondicionado. Sin posición auto, con una rueda para indicar la temperatura deseada y varias opciones de potencia. En la potencia más baja no se escucha absolutamente nada. En la más alta, molesta un poco. 


A continuación, el generoso espacio de la habitación. A la izquierda, otro armario de madera oscura, abierto, con un maletero con listones de aluminio en el centro, bajo el que hay unos cajones con el minibar (con dos botellas de agua, dos cervezas y dos cocacolas) y la caja fuerte. A ambos lados, baldas. Y al fondo, un enorme espejo. Todo ello también sin puerta. 

Dos camas blancas con dos almohadas cada una y vestidas con suaves sábanas blancas y unos asfixiantes nórdicos a cuadros. Sobre las almohadas, dos pequeños cojines marrones oscuros. A los pies de ambas camas hay un plaid marrón brillante. La cama está enmarcada en un cabecero de madera y piel color calabaza en forma de capitoné. En el marco de madera hay sendas lámparas de lectura dirigibles de aluminio. Una de ellas no funciona. A ambos lados de las camas, mesillas de madera sobre las que hay lámparas con pantalla de color crudo. En una de las mesillas está el teléfono y un bloc de notas y un lapicero pequeño. Sobre ambas, enchufes e interruptores para la luz. El juego de luces es agradable, pero los interruptores apagan "demasiadas" luces en cada toque y el juego sólo puede ser las mesillas, una lámpara de pie y una luz de techo siempre encendidas o siempre apagadas, pero en general la sensación es de calidez. Podría ser más si las paredes no estuvieran tan desnudas.

A los pies de la cama, como simétrico al cabecero y con la misma decoración encontramos una televisión plana en el centro de un marco de madera oscura y un capitoné color calabaza. A continuación de él un escritorio generoso con una silla algo escasa de respaldo. Sobre él, un bade negro, una lámpara de mesa a juego con las de las mesillas, algunos folletos del hotel (servicios, room service...) y un enchufe para conectar el portátil. 

Al fondo de la habitación está la enorme ventana con vistas a la plaza peatonal en la que se encuentra el hotel. Cubierta por un visillo, un foscurit y un enorme cortinón algo hortera en rojo, verde, negro y blanco que no impiden  del todo el paso de la luz de la mañana. Bajo la ventana hay dos butacas de madera y piel clara no muy cómodas con una mesa de centro redonda y una lámpara de pié con pantalla. 

El descanso no es del todo perfecto. Aunque la insonorización entre habitaciones es estupenda, la puerta deja pasar todos los ruidos del pasillo, que no son pocos: pasos, portazos, voces. Las sábanas son suaves, pero el edredón da demasiado calor. 

El baño resulta generoso de tamaño. Paredes en porcelana marrón color arena, con un rodapié oscuro, suelo en porcelana del mismo color. A la derecha de la puerta, el lavabo, moderno, de porcelana blanca encastrada en una gran encimera de madera oscura. Grifería moderna pero algo "trabajada" a la que le falta algo de mantenimiento. Sobre la encimera, en una bandeja de plástico se presentan las amenities envueltas en plástico de chillones colores: jabón, kleenex, gorro de ducha y un peine. A cada lado del lavabo, un par de vasos de cristal y encima un gran espejo. A la derecha, un espejo de afeitado y un secador de pelo de escasa potencia. 

La iluminación no es muy generosa. Dos puntos sobre el lavabo que dan calidez a la zona, y un frío foco en el centro, que al activarse activa también un ruidoso ventilador de extracción de aire y vapor. 

A la izquierda de la puerta, un bidet y un inodoro. Con un rollo de papel higiénico de color oscuro (el papel). Sobre el bidet un enorme calienta toallas de aluminio. Frente a la puerta, la bañera, muy limpia y generosa. Su pared interior es de madera oscura. La grifería muy nueva con una ducha de teléfono y otra de efecto lluvia. Tanto la presión como el caudal y la temperatura son excelentes, gracias a sus grifos termostáticos. Dentro de la bañera el toque rancio lo pone un dispensador de gel/champú de color blanco. Un toallero ofrece dos toallas de ducha limpias y mullidas, que completan el conjunto lencero con con una alfombrilla de baño y dos toallas de lavabo.

Por la mañana, en un salón algo frío se presenta un gigantesco buffet de desayuno. La calidad de los productos es algo justita pero el surtido descomunal: zumos de distintas frutas, batidos, platos calientes (huevos, salchichas, bacon, minisandwiches, migas), fiambres, quesos, embutidos, bollería, diversos tipos de panes, mantequillas y mermeladas industriales y varias máquinas de un café más que bueno. 

En el mostrador de recepción, al decir adiós,  aunque el trámite es "el de siempre", al menos lo es con cierta cercanía y rapidez. 

Calidad/precio:
Servicio: 7
Ambiente: 6
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 6.5
Valoración General: 

miércoles, 25 de octubre de 2017

MAS D' EN ROQUETA (ARAVELL - LLEIDA)

MAS D'EN ROQUETA (**)
25712 Aravell (Lleida)


Habitación: 4
Fecha de entrada: 15/06/2017
Tarifa: 

A un paso de Seo de Urgell, y a otro paso de Andorra. Al final del campo de golf de Aravell, junto al aeropuerto de Andorra y en medio de un precioso valle con masías, encontramos este complejo de restaurante, hotel, pich&putt, pistas de pádel, piscina... 

Un parking arenoso bajo una arboleda nos deja junto a una arcada de seto que nos introduce en un cuidado jardín con enormes árboles y varias elegantes sillas y mesas que invitan a la contemplación. Tras la puerta de madera llegamos al restaurante cayendo junto a la barra. Un joven sale a recibirnos y aunque nos dice que las habitaciones no se dan hasta las 14, nos dice que va a ver qué puede hacer por nosotros. Enseguida vuelve para acompañarnos unos metros calle arriba hasta el edificio del hotel. Una preciosa masía de tres alturas con techo de pizarra a dos aguas, roca vista, balcones y ventanas con portillos de madera y muchas macetas con flores. Árboles, fuentes, pequeños rincones en los que sentarse a ver la vida pasar.

Bajo un enorme arco‎ encontramos la puerta de entrada, de madera y cristal. Un feo cartel avisa en la misma puerta del horario de los servicios del hotel y de la clave del wifi, que es gratuito y que funciona bastante bien. Allí mismo, a la derecha, un antiguo armario vajillero de media altura hace las veces de mostrador. Sobre él, un sin fin de folletos, tarjetas e información sobre la zona. Nada más abrir la puerta se enciende automáticamente la luz de la estancia, porque la recepción no está atendida permanentemente. El espacio es algo oscuro, pero grande. Estrecho y largo. Suelo porcelánico con baldosas en tono marrón grisáceo, vigas de madera en el techo y paredes de piedra.  

Hacia la izquierda, se abre una larga sala con una mesa comunal y unos enorme butacones en color claro que invitan a sentarse a la lectura o a disfrutar de las ‎vistas a través de las floridas ventanas. Lo rústico (estatuas, ollas, aperos de labranza, mobiliario...) combina con lámparas modernas, luces puntuales, 

El joven nos entrega la llave que coge de un ‎armario que hay allí mismo. No hemos enseñado ni el DNI, ni la tarjeta de crédito. Tan sólo hemos dado el nombre. Nos dice que tiempo habrá para esas cosas. El llavero tiene una llave (para la puerta), una tarjeta (para la luz) y un llaverito con una pequeña campana y una yunta de bueyes en pequeño. El joven nos lleva hacia la derecha, bajo las escaleras, junto a una enorme estatua de D. Quijote, y tras una baja puerta de cristal y metal nos introduce en una bodega donde está el bar. Nos explica que está todo a nuestra disposición, que lo que tomemos, lo apuntemos en un papel y que ya rendiremos cuentas al irnos. El surtido de refrescos, vinos, licores, snacks... es generoso. Y la temperatura fresquita, como si de una bodega real se tratara. No en vano hay hasta una cuba de vino a disposición de los clientes.

Volvemos sobre nuestros pasos y subimos escaleras arriba. De madera clara, brillante y moderna. En el piso de arriba paredes y suelo se mantienen igual que en la planta baja. Armarios con espejos por el pasillo, bancos rústicos y luces algo menos efectistas que en la planta inferior. Nuestra habitación está al final del pasillo. Una puerta de madera clara brillante, con pomo dorado y el número clavado en ella. Tras la puerta, seguimos con la luz algo pálida y puntual. Calor, porque fuera posiblemente haga uno de los días más calurosos del año, y un espacio grande. Suelo y techo se mantienen invariables, paredes en estuco amarillo, con algunas decoraciones florales en color. Quizá el suelo porcelánico le reste aire acogedor al espacio. 

Junto a la puerta encontramos una ranura para la tarjeta, que activa la luz de la habitación. A su lado, un termómetro. Los interruptores son curiosos con un botón como "de grifo". Tras un breve pasillo entramos en un generoso espacio como de salón, rematado por un bonito balcón cubierto con unas cortinas en tonos rojizos y amarillos. Gracias a unos estores ubicados entre el balcón y el cortinón la luz se para un poco, aunque no del todo, y el amanecer fuera también ilumina algo la estancia. 

A la derecha hay un puff que hace las veces de cama supletoria y la puerta del baño, de madera y espejo. A la izquierda un escritorio rústico con la televisión plana encima. No hay mucho espacio para el trabajo, porque junto a la tele, hay una lámpara de tulipas de cristal. A continuación el armario ropero, también rústico, con puerta enrrejada en madera. Dentro una balda y un colgador alto con perchas vestidas con ganchillo de distintos colores. Junto a la ventana hay un conjunto de dos butacas rojas estrechas -algo modernas- con una mesa baja de madera y acero y una lámpara con fino pie de hierro y una pantalla clara. 

Del techo cuelga un ventilador. No hay aire acondicionado, aunque si generosos radiadores en casi todas las paredes. No parece que allí el aire acondicionado sea necesario porque la temperatura baja bastante durante la noche, pero estamos en medio de una ola de calor y el ventilador no es suficiente. 

Justo enfrente de la televisión hay un arco abierto en la pared y rodeado de motivos vegetales que da acceso al dormitorio. Dos camas individuales, vestidas con sábanas agradables y limpias y recubiertas con gruesas colchas blancas bordadas. El colchón es cómodo así como la almohada. Al pie de la cama unos plaids de colores y motivos vegetales. Un par de cojines sobre la almohada. Cabeceros de forja sobre una pared de piedra. Entre medio de los dos hay una "pera" para apagar algunas de las luces. A cada lado de las camas, sendas mesillas de madera y sobre ellas, un enchufe, y una luz de noche con tulipa en color crema, algo escasa para la lectura. A la izquierda hay otro balcón con vistas a la puerta principal. A la derecha hay un maletero también de madera, que cojea más de la cuenta. 

El descanso no es malo, aunque pasamos bastante calor. La insonorización de la habitación no es muy buena, pero el hotel es muy pequeño, y calmado, por lo que no sentimos molestias de ruidos en ningún momento. Por la noche, el silencio de la zona resulta sobrecogedor. Al amanecer, la luz empieza a entrar en la habitación acompañada del canto de los pájaros que habitan los árboles que rodean la finca. 
El baño es largo y estrecho. Y curioso. La paredes de la izquierda y del fondo son de piedra. En ella una ventana estrecha con vistas a los edificios traseros del hotel (un granero...), en un hueco de la pared sobre unas baldas de madera se ofrecen las toallas: dos de baño, generosas, limpias y mullidas, una alfombrilla de baño y dos toallas de mano. 

Nada más entrar, a la derecha encontramos el lavabo. Enmarcado en un rincón alicatado en baldosas blancas y amarillas, con un espejo en rincón sobre el que si sitúa un moderno aplique de luz. El lavabo es contundente, moderno, con una grifería incrustada en la pared. No tiene encimera, pero sobre él se ofrece un bote con jabón de manos. Bajo el espejo hay una repisa de cristal en la que se presentan dos vasos y una cesta de mimbre con las amenities: unos kleenex y un par de sobres de gel y champú. Un flojo secador de pelo anclado a la pared completa el servicio del baño.

Un paso más adelante se encuentra la bañera con la ducha, protegida en dos laterales por mamparas de cristal. La grifería es un poco justa de calidad, casi más parecería de plástico, pero la presión, la temperatura y el caudal son correctos. Lástima que el anclaje de la ducha en la pared esté situado muy bajo, lo que hace complicada la ducha a los que somos demasiado altos. 

Al fondo de la estancia, en el último rincón después de la bañera encontramos el inodoro. Junto a él, colgado de la pared hay un par de rollos de papel de repuesto en un colgador de tela decorado con ganchillo. 

Por la mañana en el edificio del restaurante se sirve el desayuno. Nada más sentarnos nos ofrecen un zumo de naranja (no natural), una bandeja con embutidos de la zona, otra con pan con tomate, otra con mantequilla -riquísima- y mermelada -casera y riquísima-, y otra con tostadas de pan de pagés recién hechas. Además nos ofrece si queremos, algo de fruta, huevos, tortilla, otras bebidas... El café delicioso. 

A la salida, simplemente le dictamos el número de nuestro DNI y el código postal de nuestra ciudad. Y nos desea buen viaje. 

Calidad/precio:
Servicio: 7
Ambiente: 6.5
Habitación: 7
Baño: 6.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 8
Valoración General: 7.5

lunes, 9 de octubre de 2017

PRAKTIK METROPOL (MADRID)

PRAKTIK METROPOL (**)
Montera 47
28013 Madrid

Habitación: 901

Fecha de entrada: 20/05/2017
Tarifa: 111€

En el mismo corazón de la ciudad de Madrid, en la esquina de la Gran Vía con Montera, donde pasa todo. Un edificio sin rotulo alguno, entre un enorme McDonalds y otra franquicia de restauración tan sólo avisado por unos parterres sobre la acera peatonal encontramos un portal como de vivienda, sin cartelería. Las puertas, de cristal correderas están abiertas. En el portero automático vemos que Praktik Metropol se indica en la primera planta, pero que en otras plantas se anuncian también otros Hostales. 

Tras la puerta un espacio de mármol y espejos, como un portal de casa de vecinos, algo pequeño, algo desvencijado y con una pequeña mesa tras la que hay un portero en camisa y corbata que lee el periódico sin prestarnos atención alguna. A la derecha de él encontramos un pequeño distribuidor con las escaleras y los ascensores, y allí, si, un enorme cartel con las nueve plantas del edificio y lo que podemos encontrar en cada una de ellas. En la primera la recepción del Metropol. Y el resto se reparten entre otros hostales, y habitaciones del Metropol. 


Los ascensores son muy modernos y nuevos. Muy anchos y poco profundos. Algo oscuros, con espejo, una botonadura iluminada y una réplica del cartel del distribuidor con el reparto de las plantas del hotel. Salimos en el primer piso como si a un edificio de vecinos se tratara. Una puerta a derecha, otra a la izquierda y otra enfrente. En la de la izquierda pone "Hola" y entendemos que será la recepción. Empujamos la pesada y antigua puerta y aparecemos como en un piso. Madera en el suelo y un largo y ancho pasillo desde el que se adivina una larga mesa comunal al fondo. A la derecha hay una ventana a un oscuro patio interior. A la izquierda hay un marco de puerta doble que da a un salón, paralelo al otro con varias butacas tapizadas a cuadros y sofás delante de una enorme cristalera con vistas a la calle Montera. Allí mismo, hacia atrás encontramos el mostrador de recepción desde el que nos saludan con un desenfadado "Hola cómo estáis". 


El mostrador es de madera antigua, con un par de puestos de trabajo, aunque sólo atiende una persona. Nos trata de tú, nos indica que nos han hecho un upgrading en la habitación y que nos han puesto en una tipo skyline. A continuación nos pide todos los datos, el DNI y la tarjeta de crédito. Todo un poco lento para haber rellenado ya todos los datos por internet. El mostrador tiene varios folletos de la ciudad, algunos libros de arte y varios folios sobre los que trabaja la recepcionista. En la pared del fondo hay algunas palabras escritas sobre la pared. Todo da la sensación de esa "modernidad antigua" que se lleva ahora. Una vez que nos entrega las llaves nos explica el funcionamiento del wifi que es tan gratuito como inservible. No conseguimos conectarnos ni un sólo instante de las 12 horas que estuvimos en el hotel. La señal estuvo "Limitada" todo el tiempo. Además nos explica que el desayuno se sirve desde las 7.30.


Volvemos al rellano y volvemos a coger el ascensor hasta la planta 9. Allí, de nuevo un rellano de escalera de viviendas con tres puertas. En una no hay cartel, en la que se sitúa frente al ascensor pone 906 y  en la de la derecha, hay un cartel que pone "Hola", por lo que entendemos que allí debemos dirigirnos. Junto a la puerta, hay una ranura en la que introducimos la tarjeta y se abre. Accedemos a un pasillo largo que inicia con un pequeño recibidor con un sofá doble de corte antiguo. Paredes blancas con frases y palabras escritas por todos los sitios. Allí mismo está la puerta de nuestra habitación, blanca, y con un metal que imita a un cristal como si pudiéramos ver la habitación desde allí (o viceversa). 


Una vez abierta la puerta lo primero que vemos es un generoso espacio rectangular en el que está todo. Pero también notamos un extraño olor como a pozo. En la jamba de la puerta, la ranura para la tarjeta y el display del aire acondicionado. Aparentemente su manejo es sencillo, con posición on, off, auto y una rueda para seleccionar la temperatura. Sin embargo, y pese al ruido, no conseguimos hacer que la temperatura varíe. Sorprendentemente la extracción del aire genera un molesto ruido durante toda la noche. El suelo es de una madera muy bonita y cuidada, como si fuera antigua, en marrón oscuro. Todo lo demás es blanco. Las paredes aparecen recubiertas por unas lamas de madera blanca rematadas en unas especies de colgadores a lo largo de toda la habitación. Abajo un gran rodapiés negro de madera. A la izquierda hay un armario exento con las puertas de espejo. Dentro, algunas baldas (con una manta extra), una caja fuerte y una barra con perchas. Las patas del armario son curiosamente redondeadas y de corte antiguo. Bajo el armario hay una papelera metálica en blanco como antigua.


A continuación del armario hay dos estrechas puertas de color negro con cristales tapados por unos visillos en color crudo que dan acceso al baño. Junto a ello, una estrecha y larga mesa de trabajo casi de plástico decorada con un dibujo de un plano de Madrid. Sobre ella hay un antiguo flexo de cobre.  Algunos papeles del hotel sobre ella, y un par de enchufes debajo. Delante, una silla no demasiado cómoda para trabajar. Sobre el conjunto, cuelga de la pared una moderna televisión plana. Antes de la pared del fondo, donde hay dos generosos balcones (aunque de terraza estrecha) con bonitas vistas al centro de Madrid, se sitúan dos enormes sofás orejeros de piel marrón antigua con una mesa redonda de centro que usamos de maletero. 


Dos camas blancas. Con sábana y colcha. Colchón cómodo pero sin más. Sábanas algo duras. Sobre cada cama un par de almohadas de distintos tamaños, durezas y grosores; y una toalla enrollada con un cartel de esos que fomentan la culpa en uno mismo por querer sábanas limpias. Por encima de las camas y ancladas a la pared hay cuatro enormes lámparas, metálicas en negro, situadas a distinta altura. Las altas iluminan la estancia. Las bajas sirve como lectura. Luz potente. A cada lado de las camas hay sendas mesillas modernas de madera. Sobre una de ellas, un teléfono. Y junto a ellas, interruptores para las luces y un enchufe. 


Pese a que la cama es cómoda, entre el ruido de la extracción de aire (que no se apaga ni con el aire acondicionado desconectado), los ruidos del pasillo (se escuchan todos los pasos, las puertas...), el bullicio del centro de Madrid (pese a la que las puertas del balcón no están muy mal insonorizadas) y el flojo foscurit (que no frena la luz de la mañana), el descanso no es estupendo. 

El baño huele terriblemente a pozo. Aunque es moderno, todo recuerda a antiguo. No es muy grande. El suelo tiene pequeñas baldosas hexagonales negras, grises y blancas. Las paredes, alicatadas con baldosas blancas cuadradas hasta media altura. Las juntas aparecen como pintadas en negro. Desde el final de las baldosas hasta el techo, pintura blanca. La estancia posee mucha luz porque además de la artificial, hay una ventana de madera blanca al exterior con vistas directas a un grifo antiguo e indirecta a los tejados de la ciudad. A la derecha un inodoro moderno. De frente un lavabo exento, sin encimera. En él, un bote de champú y otro de gel. No hay pastilla de jabón. Sobre el lavabo un espejo rectangular, y junto a él un pequeña repisa metálica para dejar nuestros útiles de aseo. De allí cuelgan las dos toallas de mano que complementan el juego de lencería con  las que había sobre la cama: muy limpias, nuevas y mullidas.


La presión del grifo del lavabo es normal. Pero al abrir el grifo aumenta ese olor extraño. A la izquierda de la entrada hay una generosa cabina de ducha, protegida por una mampara de cristal con puerta. Dentro una enorme alcachofa en el techo de efecto lluvia y anclado a la pared un grifo de teléfono de corte antiguo como de mango de marfil. Presión, caudal y temperatura envidiables.


Por la mañana en recepción no pueden hacernos la factura porque ya habían cerrado el programa (?) quedan en enviarla a lo largo de la mañana pero hemos de reclamarla un par de veces. No nos preguntan muchas cosas, ya que no hay minibar, así que simplemente nos indican que el desayuno se sirve en un bar de una cadena de cafeterías que hay junto a la puerta del hotel: un zumo de naranja, un minibocadillo de tortilla congelada, un buen croisant y un buen café. 


Calidad/precio: 5
Servicio: 5
Ambiente: 8
Habitación: 7.5

Baño: 7
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 7
Valoración General: 5.5

martes, 26 de septiembre de 2017

SH VALENCIA PALACE (VALENCIA)

SH VALENCIA PALACE (*****)
Paseo de la Alameda 32
46023 Valencia

Habitación: 444

Fecha de entrada: 29/04/2017
Tarifa: 152 (A+D)

Ubicado en la orilla del antiguo cauce del Turia, justo enfrente del Palau de la Música, a cinco minutos andando del centro comercial de la ciudad y a diez del centro histórico y cultural. En un moderno edificio de siete alturas, en acero y cristal marrón y rodeado de edificios de oficinas de similar porte. 

Aunque la avenida en la que ubica es grande y con fuerte tráfico, el carril lento en el que se abre la puerta hace que la zona sea un poco más tranquila. Tras pasar una, algo vieja ya, alfombra con el logo del hotel, una puerta giratoria algo lenta nos introduce en un gigantesco recibidor con techo altísimo. Las paredes de cristal a la calle llenan aquello de la luz valenciana. Suelo de granito negro muy brillante. A la izquierda tras una pared de cristal con una puerta vemos la cafetería. A la derecha varios sofás y butacas de piel marrón en capitoné incluyendo un sofá redondo alrededor de una columna recubierta de mármol retroiluminada. ‎Un poco más hacia adelante, encontramos un business corner, una zona de escaparates comerciales, más zona de descanso y tertulia... hasta que al fondo, están las escaleras que suben al restaurante y bajan al desayunador.

Antes de llegar al mostrador de recepción, ubicado frente a la entrada, un mozo se nos acerca por si necesitamos ayuda con el equipaje. El mostrador es alargado, en granito negro y contundente. Tres puestos de trabajo, aunque sólo lo atienden dos personas. Detrás hay un espacio generoso rematado con una pared de madera color rojiza con un par de mesas de trabajo y algo de sensación desordenada con algunas maletas, unas bolsas, un ramo de flores protegido por unos plásticos, algunos folios... Varios carteles de papel y electrónicos nos ofrecen algo de información sobre una app que ofrece el hotel para conocer Valencia, sobre el parking y sobre el wifi del hotel, que es gratuito, velocísimo y funciona bajo un complejo juego de contraseñas.

Un joven nos atiende amable, eficaz y rápidamente. Busca nuestros datos en el ordenador y nos asigna la habitación. Nos entrega el bienvenida para firmar, junto con las tarjetas de la habitación y un papelito con las claves del wifi. Además nos explica el horario del desayuno y nos ofrece su disposición para lo que podamos necesitar.

Unos pasos más a la derecha encontramos los ascensores. Son cuatro, rapidísimos. Junto a los botones de llamada, una pantalla digital con la hora y la temperatura. Siempre que los llamamos (estemos en el piso que sea) llega uno rápidamente. Modernos, elegantes y grandes. Paredes de acero y espejo. Techo de mármol retroiluminado, una pantalla con noticias y una columna de techo a suelo con fotos de los distintos servicios del hotel (piscina, gimnasio, restaurante, desayuno...) y su ubicación.  

Salimos a un generoso distribuidor de paredes de mármol blanco, gris y negro, y tras una mampara de cristal se abre a derecha e izquierda un ancho pasillo. Puertas de madera en color rojizo, paredes acolchadas en gris azulado, moqueta gris con algunas flores color anaranjado. Luz cálida a lo largo de todo el pasillo. Junto a la zona de ascensores, al inicio del corredor, una mesa con un sofá y un teléfono. 

Tras la puerta encontramos a la derecha la ranura para la tarjeta y un interruptor de luz. Paredes blancas en un vescom haciendo ángulos.  Suelo de madera limpísimo y bonito. A la derecha, una puerta de madera al baño. Justo enfrente de ella un espejo enmarcado en madera oscura de cuerpo entero. Unos pasos más adelante y tras una puerta de madera con un bello pomo hexagonal entramos en el dormitorio.

Luz a la raudales por la enorme ventana que se sitúa al final de la estancia. Cubierta por un foscurit, un visillo y dos cortinones en tonos arena clara, apenas se abre unos centímetros. A la derecha de la entrada, dos armarios de techo a suelo protegidos por enormes puertas de madera clara a juego con el mobiliario de la habitación. En uno un zapatero, una balda y un colgador alto con perchas antirrobo. El calzador, un lustrazapatos, ‎y la bolsa de la lavandería. En el otro el mimibar, muy bien surtido pero de precios elevados, una caja fuerte, vasos y copas, un maletero y seis cajones. 

La cama es blanca, con un plaid en tono arena con motivos florales. Sábana, manta y colcha blanca. Muy agradable y con colchón cómodo. Dos almohadas y dos cuadrantes. Algo pequeña para ser doble. Más que grande para ser individual. 

Un cabecero de la misma madera clara del resto del mobiliario sube hasta el techo. Algo retranqueado hacia adelante porque tras él se enciende alrededor una luz, que hace la estancia acogedora. En los extremos interruptores para todas las luces y un par de enchufes a cada lado. También un par de potentes focos de lectura. A cada lado igualmente sendas mesillas de madera con cajón. Sobre ellas, algunos folletos con información del hotel, un bloc de notas, un lapicero y el teléfono. 

A los pies de la cama, la pared pasa del vescom blanco a madera de techo a suelo. Sobre ella cuelga una televisión plana quizá algo pequeña, y a continuación un espejo y bajo él un generoso escritorio con cajones con un par de folletos del hotel‎, varios enchufes y un punto de luz justo encima. Una cómoda silla para trajabar. Una papelera. Entre la cama y la ventana hay una butaca color arena y sobre ella en la pared un cuadro de inspiración valenciana.

La doble puerta insonoriza mucho la habitación y la confortable cama ayudan al descanso. El aire acondicionado, que funciona desde un sencillo display lo hace silenciosamente, pero no conseguimos poner la temperatura que indica el display, debe estar limitada desde la recepción entre dos valores.

El baño es muy generoso. Suelo de granito negro y paredes de mármol blanco con vetas en gris. De frente a la puerta un enorme espejo con una zona antivaho y debajo una repisa de mármol negro todo lo larga que es la enorme encimera que se sitúa debajo. Dos lavabos. Del mármol de la encimera cuelgan dos toallas de mano, y entre medio una caja metálica con pañuelos de papel. En los grifos, caudal y presión son algo escasos. Sobre la encimera hay un enorme juego de amenities (bastoncillos, algodones, set dental, de afeitado, peine, limas...) todo ello estuchado en unas elegantes cajitas de cartón azul con el logo del hotel. Sobre una bandeja blanca de plástico dos botes de champú, dos de gel y dos lociones corporales de la marca Rituals. Dos pastillas de jabón. Un espejo de aumento y un secador de pelo de escasa potencia. Bajo el lavabo una papelera y una banqueta ambas metálicas.
 
A la izquierda, tras dos puertas de cristal opaco encontramos el inodoro y el bidet, en una estancia decorada con espejos oscuros desde media altura.

A la derecha de la puerta, una bañera con mampara de cristal. Ancha y no muy alta. Presión y caudal por la ducha absolutamente formidables. Dentro, un toallero con dos toallas de baño. El juego de lencería se completa con sendos mullidos albornoces. Todo muy limpio aunque la prestancia de alguna toalla podría ser mejor.

Por la mañana en un bullicioso salón en el sótano se sirve el desayuno. Zumo de naranja natural recién exprimido, con la máquina allí mismo. Platos calientes (huevos revueltos, bacon, judías, verduras, salchichas, chorizo...) que pueden ser cocinados en el acto. Embutidos , jamón, fiambres, quesos. Fruta cortada y preparada, cereales de distintos tipos, panes variados, bollería recién horneada, mermeladas caseras, y un café de máquina más que aceptable. Todo servido en mesa con mantel de tela, servilleta de papel y atendido con simpatía por un maitre y su equipo.

Al final, en el mostrador la despedida es algo más fría que la acogida, pregunta por el minibar, pago y eso sí, interés por nuestro descanso y por si necesitamos ayuda para proseguir viaje.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 9
Ambiente: 8.5
Habitación: 9

Baño: 9
Estado de conservación: 9

Desayuno: 8.5
Valoración General: 9

miércoles, 13 de septiembre de 2017

ILUNION VALENCIA (VALENCIA)

ILUNION VALENCIA (****)
Valle de Ayora 1
46015 Valencia

Habitación: 428
Fecha de llegada: 9/03/17
Tarifa: 

A las afueras de Valencia, en la zona de expansión de la ciudad junto al Palacio de Congresos y junto al inacabado campo de fútbol encontramos un enorme edificio ocupado por tres hoteles distintos. Un Eurostars y dos hoteles de la cadena Ilunion de tres y cuatro estrellas. A nosotros nos corresponde el de cuatro, que hasta hace un poco era un Novotel, y todavía se le nota. 

Una tranquila y luminosa calle (la parcela de enfrente está sin desarrollar) acoge la entrada del hotel. Una enorme cristalera con algunos vinilos ocupa todo lo que es la recepción. La luz lo llena todo. Techo altísimo, como si fuera dos o tres alturas, dos puertas correderas y decoración en tonos marrones oscuros. Buena temperatura, pero demasiado follón que se escucha desde la cafetería/restaurante que está al fondo pero sin puerta que la separa de la zona de acogida. Un largo mostrador en negro y marrón nos recibe frente a la puerta. Hay varios puestos de trabajo con las pantallas quizá demasiado altas. Por detrás del mostrador, decoración en madera oscura y apliques de luz en tonos amarillentos. Frente al mostrador y bajo los cristales hay varios sofás con mesas para esperar a clientes alojados, charlar, trabajar... En general el espacio resulta demasiado gigantesco y por tanto algo desangelado.

Tras el mostrador una simpática, amable y eficaz recepcionista nos da la bienvenida. Enseguida localiza nuestra reserva y los datos de nuestro DNI. Nos entrega la tarjeta de la habitación, nos explica el funcionamiento del wifi (gratuito, veloz, sin cortes y de sencilla conexión) y avanzamos hacia la izquierda hacia los ascensores.

No son nuevos, pero tampoco están descuidados. Luz algo mortecina, un espejo y algunos carteles con publicidad de la cadena, e información del hotel. Sube rápido hasta el piso 15. Allí salimos a un largo pasillo que recuerda totalmente a un Novotel. Moqueta color salmón en el suelo, paredes blanquecinas y luces algo amarillentas para avanzar por el pasillo. Las puertas, de color madera clara, muy pesadas y con poderoso marco que aísla mucho la habitación de los ruidos del pasillo. 

Tras la puerta, suelo de madera limpísima y nueva en tono marrón oscuro. Todo lo demás, recuerda a un Novotel. Un pasillo avanza hacia el dormitorio. En él a la derecha, los interruptores y la puerta del baño, de color blanco. A la izquierda hay un armario bajo con dos puertas que guarda algunas mantas extras. A continuación dos tableros sostienen con la pared unas barras de colgar con un espejo entre ambas. En cada barra un par de perchas. Es el armario. Toda la madera es clara. A continuación de los colgadores y ya casi en el dormitorio hay un pequeño armario con una estantería iluminada con información del hotel, un minibar con dos botellas de agua de cortesía y una caja fuerte. 

Notamos algo de frío, las luces son algo mortecinas, con lo que no ayudan y demasiado ruido. La ventana no encaja bien en el marco. Llamamos a recepción y en cuestión de segundos aparece alguien de mantenimiento que casi desmonta la ventana, pero nos la deja perfectamente encajada y aislados del exterior. El piso es alto (15) pero las avenidas que circundan el hotel son de alta capacidad y "sonoridad". La ventana nos protege. El foscurit generoso en tamaño no impide que por la mañana la luz de Valencia se cuele por alguna rendija. 

En el dormitorio encontramos un maletero de madera y tela azul, sobre el que hay unos cuadros en tonos grises. Junto a él, un generoso escritorio que puede girarse para trabajar con las piernas estiradas. Incrustado en él hay una lámpara de trabajo, quizá algo tenue. Un teléfono, varios enchufes para el portátil una silla, una televisión plana y el folleto del room service del hotel.

En la pared del fondo encontramos la ventana, que nos acaban de reparar. Sus vistas son magníficas hacia el exterior de la ciudad. Junto a ella y frente al escritorio encontramos un sofá-cama-doble tapizado en un marrón grisáceo. Y junto a él, el mueble que conforma la cama. De madera clara, con dos pequeñas mesillas una de ellas ocupada por el teléfono. Sobre ellas incrustados en el cabecero dos puntos de luz para la noche. Bajo ellos, sendos enchufes e interruptores para apagar todas las luces de la habitación. 

La cama, en blanco con un plaid a juego con el sofá. Vestida con limpias y agradables sábanas blancas que cubren una manta. Cuatro almohadas muy confortables. El colchón no es muy grueso, pero resulta cómodo. Sin más. Junto a la cama hay un mando del aire acondicionado de sencillo manejo. Lo encendemos para darnos cuenta que hace algo de ruido, pero no lo necesitamos. La habitación tiene una temperatura adecuada. La insonorización es estupenda tanto exterior como interiormente.  

El baño es otra vez made in Novotel. El suelo como de madera plastificada, y las paredes con unas baldosas blancas con unas cenefas a media altura de colores azules y marrones. Además de un inodoro con la cisterna incrustada en la pared y un bidet hay una bañera de forma extrañamente redondeada y muy sobreelevada protegida por una antihigiénica cortina blanca. El caudal en el grifo es prácticamente inexistente. Apenas un hilillo de agua con el que hay que despertarse y ducharse por la mañana. 

El lavabo es una pieza de fibra de vidrio de color verdoso. Sobre él un gran espejo con dos luces a cada lado. La luminaria se completa con varios puntos de luz en el techo. Dentro de la ducha se ofrecen dos toallas de baño colgadas de un toallero, y bajo el lavabo otras dos de lavabo. Un secador de pelo anclado en la pared y una bandeja de plástico blanco con amenities (dos botes de gel, dos de champú y un jabón de manos) completan el set de baño. 

Por la mañana el ruidoso comedor, muy iluminado por las ventanas que dan al jardín del hotel, ofrece un desayuno buffet algo destartalado. Hay zumos naturales, platos calientes (tortillas, chorizos, bacon...), embutidos y quesos, cereales, yogures, dulces (bollos, donuts...) y un café de máquina que no es malo. Lo mejor, sin duda, el atento servicio.

En recepción, para la salida nos atiende otra joven muy atenta y servicial. Al no haber minibar se preocupa por nuestro descanso y por si necesitamos ayuda para seguir nuestro viaje. Sin duda, lo mejor del hotel, su atención.

Calidad/precio: 
Servicio: 9
Ambiente: 7
Habitación: 7
Baño: 4
Estado conservación: 7.5
Desayuno: 5
Valoración General: 7

miércoles, 30 de agosto de 2017

NH COLLECTION BARCELONA GRAN HOTEL CALDERÓN (BARCELONA)

NH COLLECTION BARCELONA GRAN HOTEL CALDERÓN (*****)
Rambla de Cataluña 26
08007 Barcelona

Habitación: 116
Fecha de llegada: 04/04/17
Tarifa: 


Situado en el mismo corazón de la ciudad, a una manzana de la Plaza Cataluña, el hotel se alberga en un edificio que consta de cuatro torres unidas con una central superior con hierros blancos entrelazados. Aunque no es nuevo, el exterior resulta moderno en comparación con el resto de edificios más clásicos de la zona. A pie de calle esa comparación es todavía más acusada ya que toda la fachada de la planta baja se trata de una enorme cristalera con vistas a la recepción.

A la puerta del taxi acude un mozo a abrirnos la puerta y saludarnos, aunque no se ocupa de nuestro equipaje (sólo es un troley). Tras una puerta giratoria accedemos a la recepción. Detrás de nosotros, una enorme cristalera a la calle, lo que llena de luz el espacio. A la derecha, otra cristalera deja ver el bar/restaurante a través de unos vinilos. A la izquierda bajo una gigantesca pantalla de cinco metros de altura proyecta la imagen de una cascada en movimiento varios sofás de piel rojos y varias sillas "colgantes" a modo de columpio con vistas a la calle. Delante de nosotros 5 escaleras de mármol blanco nos conducen al mostrador de recepción.

El espacio es agradable, moderno y atractivo, pero algo angosto para la excesiva gente que se arremolina por allí. Los recepcionistas se ubican en un poderoso mostrador ovalado de madera blanca. Nos avisan que tienen un problema con el sistema informático y que aquello será lento. Y así es. Cuando por fin nos atienden, nos piden disculpas además de pedirnos el DNI y una tarjeta de crédito. Nos asignan la habitación casi corriendo y nos vamos, después de preguntar el horario del desayuno y el funcionamiento del wifi, que es gratuito y bastante correcto en cuanto a su velocidad y funcionamiento.

Al fondo de la recepción junto a unas pantallas que proyectan noticias (el tiempo, la bolsa...) sobre un panel blanco, plateado y con detalles en madera encontramos el vestíbulo de los ascensores. Frente a ellos una pantalla proyecta el cuadro de las Meninas con movimiento. Los ascensores (5) son modernos, algo oscuros, con espejos en tres de sus paredes y una pantalla pequeña en la que se proyecta igualmente noticias y la previsión del tiempo. Bajo la pantalla en un cartelito se describen algunos servicios del hotel. 

Las puertas automáticas del ascensor nos dejan en un recibidor en el que destaca un enorme dibujo de la Basílica de la Sagrada Familia sobre una pared marrón chocolate. Varios carteles señalizan desde allí las direcciones de las habitaciones. En los pasillos, paredes blancas que contrastan con una tupida moqueta color vino tinto y con las puertas de las habitaciones en marrón oscuro. Un moderno pomo metálico abre la puerta tras acercar la tarjeta a un dispositivo. 

Tras la puerta, apenas medio metro de pasillo antes de entrar en el dormitorio. A la derecha dos puertas de cristal transparente con marco de madera oscura y tiradores en piel acogen el armario. Algo pequeño, con una barra colgadora con muchas perchas normales de distintos formatos (camiseras, para trajes, faldas...). Debajo una cajonera con un calzador, una gamuza lustrazapatos, la bolsa de la lavandería y una bolsa con el logo del hotel.

A continuación entramos en el dormitorio. Rectangular. Muy blanco y luminoso. Enfrente, la cama. Grande para ser individual y justita para ser doble. Seis almohadas rematan un brutal colchón comodísimo, vestido con un suave y ligero nórdico. Pese a ello el descanso no es del todo óptimo. Se escucha muchísimo el pasillo y los ruidos de las habitaciones contiguas (duchas, voces...). Es especialmente molesto el continuo golpear de una puerta (quizá del servicio interno del hotel) en una de las paredes. 

La cama aparece enmarcada en un cabecero de piel blanca, con un marco como de cuadro retroiluminado. A cada lado de la cama sendas mesillas redondas -también blancas- sobre las que cuelgan sendas lámparas de noche. A cada lado del cabecera hay unas pequeñas y potentes lámparas direccionables de lectura. Sobre una de las mesillas un moderno teléfono. Sobre la otra una revista y unos lacasitos cortesía del hotel. Detrás de las mesillas, interruptores de B-ticino para apagar todas las luces de la habitación (menos una lámpara de pie) y varios enchufes, incluyendo unos tipo USB. A los pies de la cama, en la pared hay un enorme espejo de cuerpo entero con un marco de madera en tonos plateados y una enorme pantalla plana de televisión. 

Al fondo del dormitorio está la ventana. Nueva y bien insonorizada da a un patio de vecinos algo amplio, pero justo delante de nuestra ventana hay un montón de maquinarias y chimeneas del hotel que ofrecen una visión terrible y oscura, sensación que sin duda se traslada a la habitación. Un foscurit que se cruza en el centro detiene por completo la luz exterior -y la horrible visión de la maquinaria- y este a su vez se recubre con un leve visillo en tono gris.

Justo debajo de la ventana encontramos un maletero, una moderna lámpara de pie metálica, una enorme y confortable butaca roja de diseño nórdico, y una mesa de centro redonda llena de snacks, vino, algunos licores, dulces... como parte del minibar.

Junto a todo ello un escritorio de madera blanca brillante. Delante de él varios enchufes (incluido uno de USB) y sobre él una bandeja con una máquina de café Nespresso, un hervidor de agua y varias opciones de café e infusiones. Bajo el escritorio, en un armario, el minibar, de amplio y exclusivo surtido, en consonancia con sus precios, claro. La silla de trabajo es comodísima, en piel blanca y con ruedas. Quizá se echa de menos un flexo para trabajar y algo más de espacio, porque la bandeja de cortesía y varios folletos del hotel acaban ocupando demasiado.


El aire acondicionado funciona desde un sencillo y moderno display. No es demasiado ruidoso, ‎pero la rueda que regula la temperatura no funciona con precisión. El aire sale a la misma temperatura subiendo el selector de temperatura o bajándolo. El juego de luces permite crear distintos ambientes en la habitación, cosa que se agradece. 

Junto a la pantalla de televisión está la entrada al baño. Sin puerta. Tan sólo el marco. Mármol color arena en el suelo y paredes. En una primera estancia, bastante bien iluminada encontramos el lavabo. Moderno, de lineas rectas, con una encimera en la que se presentan sobre una bandeja de porcelana blanca las amenities (jabón, gel, champú, crema corporal, crema de manos y gorro de ducha). El grifo, muy moderno está incrustado en la pared y aunque funciona a la perfección quizá queda demasiado al fondo del lavabo lo que provoca que al lavarnos las manos el agua caiga sobre la encimera. Sobre el conjunto, un enorme espejo retroiluminado. En la pared varios enchufes, un aparato para manejar algún audio y un secador de pelo. Bajo el lavabo el juego de lencería: dos cuadrantes de manos, dos toallas de lavabo, dos enormes toallas de ducha y un albornoz. Todo nuevo, muy limpio y mullido. 

Tras una pared de cristal opaco accedemos a otra estancia del baño donde se encuentra el bidet, el inodoro y la ducha. El inodoro entorpece un poco la entrada a la ducha que es una enorme cabina protegida por una mampara transparente de cristal. La pared del fondo es de una piedra como de lava, labrada con motivos geométricos. La ducha consta de un teléfono enorme situado en la pared y de un generoso rociador efecto lluvia situado en el techo. La presión, el caudal y la temperatura son formidables. El mando de su manejo es sumamente moderno y tan sólo permite la opción encendido, apagado y la regulación de temperatura. El caudal, muy generoso, no es posible regularlo. Dentro de la cabina encontramos también un calienta toallas que hace las veces de calefacción.   

Por la mañana, un bullicioso salón situado tras la recepción acoge el desayuno. Mesas redondas, cuadradas, con bancos, banquetas, sillas... de distintos formatos y tamaños, sin mantel y con servilletas de papel. El buffet es impresionantemente generoso: zumos variados (incluso con mezclas), embutidos, fiambres, quesos, bocadillos y sándwiches preparados, un enorme surtido de frutas peladas y cortadas, bollería recién hecha, distintos tipos de panes, un espacio destinado a la gastronomía local (fuet, butifarra, tomates, aceites...). El café, se sirve desde una máquina automática y aunque no es excelente, tampoco resulta malo.

En el mostrador de recepción se interesan por nuestro minibar más que por nuestro descanso y nos piden que contemos qué nos ha parecido la estancia en Tripdavisor.

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 8.5
Baño: 9
Estado conservación: 9
Desayuno: 9
Valoración General: 8.5