domingo, 2 de julio de 2017

PUEBLO ACANTILADO (EL CAMPELLO - ALICANTE)

PUEBLO ACANTILADO SUITES (****)
Plaza de la Ciutat de l'Alguer 10 
03560 El Campello (Alicante)

Habitación: Suite Real 3

Fecha de entrada: 10/02/2017
Tarifa: 

Colgando de un acantilado sobre el mar y como si fuera un pequeño pueblo mediterráneo, con sus plazas, su teatro, su ayuntamiento... encontramos este curioso hotel construido, sin duda alguna, para el relax veraniego, que en estas latitudes es casi todo el año menos diciembre, enero y febrero, precisamente cuando lo visitamos nosotros. La página web del hotel nos sorprende con un vídeo a cámara rápida en el que nos indica visualmente el camino a tomar desde distintos puntos cercanos (aeropuertos, estaciones...) hasta el complejo hotelero, situado al final de una carretera que atraviesa una abigarrada urbanización.

En la rotonda en la que termina la carretera además de las pistas deportivas (pádel, tenis), del spa, y del caminito que da acceso al mar (no playa), encontramos una gran reja que hace las veces de puerta de entrada al alojamiento, aunque junto a ella, replicando una pequeña iglesia de las que abundan por estos pueblos encontramos la recepción, un bar, el acceso al Spa y una pequeña tienda de comestibles. La recepción es una estancia estrecha y larga. Paredes y mobiliario blanco y suelo negro de porcelana. Llena de cosas. Hay vitrinas que venden desde pulseras y relojes a excursiones en barco, aceite, camisetas y mochilas... Al fondo a la derecha está el mostrador. De metacrilato blanco con un puesto de trabajo. 

Tras él nos atiende una simpática joven. Ella es simpatía y amabilidad. Otra persona que hay detrás del mostrador tras unas mamparas -quizá su jefe- es algo menos. Y entorpece nuestro proceso de registro y llegada. Por fin, nos entrega un sobre con la llave, la clave del wifi (que es gratuito y funciona bastante bien en todo el complejo) y un plano de las principales instalaciones. Llama por teléfono y otro joven se acerca hasta la puerta con un cochecito de esos de golf para acercarnos hasta nuestra habitación. 

Tras la reja, hay una empinada subida hacia las habitaciones que quedan dispersas a lo largo del acantilado y a lo alto de la colina. Hay una calle central, decorada con olivos y parterres, por la que sube el cochecito, y a cada lado se abren casitas de colores con las habitaciones. La sensación resulta simpática, amable y plácida. Nosotros estamos ubicados en la primera casita, en un gran torreón. El coche para junto a una doble puerta que está abierta. La atravesamos y vemos una estancia con dos pisos. En el de abajo está la Suite Real número 1, junto a cuya puerta hay un par de sofás negros. A la izquierda sube una escalera en semicírculo, en mármol rojo y con baranda de forja negra hasta casi tocar el techo, con vigas a la vista. Allí está la puerta marrón oscura, con moderna manivela en acero, de la Suite Real número 3. La nuestra. 

Nada más abrir la puerta caemos en un pasillo que se abre hacia la derecha. De frente, allí mismo, encontramos la puerta del dormitorio. Junto a ella una ranura iluminada para introducir la tarjeta y activar la luz. Suelo de madera clara, bastante limpio y agradable. Paredes blancas. Sensación un punto fría. No sólo por la temperatura. Si seguimos el pasillo hacia la derecha encontramos una repisa bajo una ventana que da a la escalera. Junto a ella, el mando inalámbrico del aire acondicionado, que en el salón funciona a la perfección aunque con un poco de ruido. Un paso más, un escalón y aparecemos en el enorme salón/cocina/comedor. Una gigantesca estancia llena de luz. Techo altísimo, con vigas a la vista y a dos aguas. 

A la izquierda de la entrada hay una larga encimera con un fregadero, una cocina vitrocerámica con campana extractora, un horno y varios armarios blancos en la parte de abajo. Sobre el fregadero dos . armarios con vajilla de cristal opaco. La pared del fondo de la izquierda es toda un enorme ventanal que cae sobre el mar. Cubierto por un visillo azulado y un foscurit grueso. En el suelo continúa la madera rojiza limpia y reluciente. Junto a la enorme ventana, una mesa de comedor de cristal con cuatro sillas de piel color crudo. 

En la pared del fondo, bajo un enorme cuadro con dos lirios de colores encontramos un confortable sofá (doble) cama con un par de mesas de centro, de cristal, y un armario bajo que queda en el centro de la estancia y que acoge la enorme televisión. Esta, igual que la del dormitorio, se maneja desde un complejo mando a distancia que tiene un teclado qwerty. No conseguimos subirle el volumen. Junto al sofá, y frente a la ventana que da al mar, hay otra pequeña ventana con vistas a la "calle principal" del complejo. Las luces, situadas en el techo quizá den una luz demasiado fría, aunque con tantas horas de sol al año, que llena la estancia por la ventana ¿quién va a querer encenderlas?. La calma y la tranquilidad combinan con una cierta falta de calidez en el ambiente. 

El dormitorio es pequeño de tamaño. Pero suficiente. Se mantiene el suelo de madera limpia y agradable y las paredes pintadas en blanco. Sobre la puerta de entrada hay un equipo de aire acondicionado que no conseguimos poner en marcha. A la derecha un armario lacado en madera blanca brillante. Dos puertas correderas, una de ellas de espejo. Dentro perchas normales, un par de baldas y la caja fuerte. La pared situada frente a la entrada es una nueva cristalera con increíbles vistas al mar. Ventana de madera oscura y antigua cubierta por un foscurit y un visillo color crudo que no pueden con la luz exterior y por la mañana se cuela en la estancia. La marquetería de la ventana es algo antigua, así como sus manivelas. Le da un punto de contraste a la estancia, y permite además que se cuele el rumor de las olas que rompen ahí abajo en el acantilado. Bajo la ventana, un maletero de madera con bandas metálicas. 

La cama es grande para ser individual y algo justa para ser doble. Aparece vestida con unas sábanas limpias pero que empiezan a pedir su sustitución. Sobre la sábana una colcha de color crudo y un cojín a juego. El colchón es cómodo pero sin más. Igual que las dos almohadas. El cabecero es una pieza de madera, también brillante en albero y blanco. Sobre él, hay un cuadro con motivos azules. A cada lado de la cama hay sendas mesillas, algo destartaladas, y lacadas en blanco roto brillante algo hortera. Sobre ellas hay unas lámparas de acero con tulipa en crudo. Enchufe en un lado a cambio de desconectar el aparato que carga el mando a distancia de la televisión. Interruptores que permiten apagar todas las luces de la estancia desde la cama. Sobre los interruptores hay dos apliques en la pared: modernos y de metacrilato. El juego de luces es agradable, y se puede crear una atmósfera confortable. Lástima que al no funcionar el aire acondicionado, pasemos algo de frío.

La televisión de plasma cuelga de la pared ubicada a los pies de la cama, y un poco más allá, junto a la ventana, la puerta del baño, también de madera oscura y moderna. Por alguna extraña razón, siempre se cierra sola. 

El baño es moderno. Mucho. Quizá renovado, quizá ampliado recientemente a la habitación. Destaca sin duda el tener dos ventanas con espectaculares vistas al mar y a la línea de la costa pudiendo ver Villajoyosa, Benidorm... Suelo de porcelana marrón y paredes alicatadas hasta media altura en tonos crudos. Desde las baldosas hasta el techo, pintura blanca. Todo lo que tiene de moderno lo tiene de frío. No hay ningún artilugio para calentar el espacio, y en febrero, hace frío. El espacio es grande y luminoso. En la pared de la derecha encontramos el bidet y el inodoro, ambos de porcelana blanca y moderno diseño. Junto al inodoro una papelera metálica. 

En la pared de la izquierda una encimera de madera larga alberga el lavabo.Sobre él un gran espejo y a su lado otro más pequeño de aumento para el afeitado. El lavabo es pequeño, de capacidad con moderna grifería. No conseguimos que saliera agua caliente. La presión y el caudal son correctos sin más. Pero el sumidero no traga bien. Enseguida se llena la pila. De la encimera de madera cuelgan de una barra dos toallas de manos. Y sobre ella se presenta el completo pack de amenities: dos botes de champú, dos de jabón, un set dental, otro de afeitado, gorro de ducha, bastoncillos, pañuelos de papel...

En la pared del fondo se ubica la bañera con ducha. Una mampara de cristal evita que salpiquemos agua. La grifería termostática funciona perfectamente y la alcachofa de la ducha escupe agua con una presión, caudal y temperatura envidiables. Nos duchamos con agua caliente -hace frío- y llenamos la estancia de vapor que acaba humedeciendo todas las paredes. Dos toallas de baño grandes, limpias y nuevas completan el set de lencería. 

Por la mañana, en la salida nos atiende en la misma puerta de la habitación otra joven encargada del hotel (quizá de los eventos). Nos pregunta por el descanso y por si necesitamos ayuda con el equipaje para llegar hasta el coche. Simpatía y atención. Y nos vamos.

Calidad/precio: 
Servicio: 7.5
Ambiente: 7
Habitación: 7.5

Baño: 7.5
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 
Valoración General: 7.5

lunes, 19 de junio de 2017

AC SOM (BARCELONA)

 
HOTEL AC SOM MARRIOT (****)
Arquitectura 1- 3
08908 L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona)


Habitación: 711
Fecha de entrada: 24/01/2017
Tarifa: 88€ SA

Un moderno edificio de vanguardista arquitectura construido en granito blanco, cristal y madera se sitúa frente a la Fira de Barcelona rodeado de edificios de viviendas, jardines y un gigantesco centro comercial. Amplias avenidas lo circundan y junto a él hay un pequeño jardín con un parque infantil y unos colegios. 

En la acera hay una parada de taxis y entre esta y la entrada del hotel un pequeño pasillo para que los coches puedan acceder al parking o podamos estacionar el nuestro un momento para descargar el equipaje. La entrada al edificio se hace desde una especie de plataforma cubierta por una techumbre de madera, reflejo del suelo. Bajo ella, dos puertas correderas: una en tres partes y la otra de una única pieza. El conjunto nos va aislando del frío del exterior para sentir la calidez del interior en cuanto el suelo pasa de ser de madera a moqueta de color oscuro entre verdoso, marrón y negro. Entramos a un generoso espacio, sobre todo en altura donde se ubica la tranquila cafetería. Techo alto, muy alto. En blanco. Paredes de cristal que llenan de luz la estancia. 

A la derecha, separando el pasillo de entrada de la propia cafetería hay unas estanterías abiertas, con libros, jarrones y otros elementos decorativos. Tras ella, varias mesas de metacrilato negro y butacas bajas del mismo color. Una televisión enorme, afortunadamente sin sonido, y una barra de bar del mismo tono cuya trasera está decorada con cuadros luminosos. Lámparas de pie. Sensación de calidez en la temperatura, aunque sólo en eso. 

A la izquierda del pasillo de entrada queda la cristalera de los ascensores panorámicos. Unos pasos más adelante y remetiéndose hacia la izquierda queda el espacio de recepción. Un mostrador poderoso, en negro y metal protege a dos empleados. Uno está ordenando papeles y atendiendo asuntos internos. La otra atiende a una pareja de huéspedes. Nosotros esperamos. Y esperamos. Y esperamos. Cuando la pareja de huéspedes se va, nos atiende ella a nosotros. El otro sigue trabajando en los papeles. El trato es distante, frío y peñazo. Otra vez los datos del DNI (¡¿para qué soy Oro de la cadena y reservo a través de su web?! ¿quizá para que tengan ya todos mis datos?). Mientras copian por enésima vez lo de que vivo en la Calle Olite, nos entretenemos con una pantalla que hay sobre el mostrador con publicidad de hoteles en Ibiza (aunque curiosamente no de Marriott) y con otro gran totem metálico que hay instalado junto al mostrador que ofrece información y servicios de la ciudad.

Por fin nos entrega la llave, la clave del wifi que es gratuito y veloz en todo el hotel, y un documento que nos pide rellenar si queremos obtener una factura a nombre de una compañía al día siguiente. ¡Como si no tuvieran ya los datos!...

Damos unos pasos hacia atrás y atravesando una puerta metálica gris llegamos al rellano de los ascensores. Pequeñito ofrece dos ascensores de puerta corredera y cabina de cristal panorámica. Modernos, limpios, silenciosos nos suben hasta otro rellano del mismo tamaño en nuestra planta. Allí se abren dos puertas, una a derecha y otra a izquierda. El suelo de madera en algunas zonas, a modo de puente, y de moqueta en otras amortigua los ruidos de los pasos y de las ruedas. El pasillo hace una especie de cuadrado pasando por las habitaciones y el rellano del ascensor. La nuestra queda junto a la puerta, aunque no encontramos los indicadores que nos dirijan hacia la izquierda al salir del ascensor, por lo que damos la vuelta entera a la pequeña planta. 

Las puertas de madera oscura contrastan con las paredes grises claras de vescom. Introducimos la tarjeta en el pomo metálico y abrimos la puerta. La sensación nada más acceder a la habitación es de frío. La moqueta del suelo del pasillo cambia a madera oscura. A la derecha, pared gris en vesco con la ranura de la tarjeta, un par de interruptores y el display del aire acondicionado. Sencillo, con un botón de encendido, apagado y auto y una rueda para hacer que salga aire frío o caliente. Funciona perfectamente y enseguida se caldea la estancia, pero hace demasiado ruido para dormir con él encendido.  La parte trasera de la puerta es un enorme espejo que la ocupa entera. Tras ella un pequeño pasillo en el que encontramos  a la derecha la puerta de cristal del baño y a la izquierda otra puerta de cristal con el armario. Al abrirla se enciende una luz dentro. Un colgador largo con perchas normales con el logo de la cadena, la caja fuerte, la bolsa de ropa sucia y un par de cajones lo visten por dentro.

Un paso más adelante está ya el dormitorio. De generoso tamaño destaca sobre todo por su enorme cama blanca, de agradable lencería (unas suaves sábanas blancas con un ligero nórdico) rematada con cuatro almohadas. Cabecero acolchado en piel negra y una mesilla de metacrilato negro a cada lado. En una de ellas hay un enchufe para los aparatos en electrónicos y en ambas hay interruptores para las luces. Como nos tiene acostumbrados la cadena, sólo hay la opción de todo encendido o todo apagado, con la salvedad de las dos potentes lámparas dirigibles de lectura que hay bajo las lámparas (con pantalla blanca) de las mesillas. 

A los pies de la cama sobre una pared blanca con un cuadro en negro hay una larga repisa que hace las veces de escritorio en su parte más ancha. Sobre ella, una televisión plana, un enchufe normal y otro para enchufar cables USB, una carpeta con información del hotel y otra con servicios externos al mismo. Esa repisa se va estrechando conforme se acerca a la pared del fondo, totalmente de cristal con una ventana que se abre batiente de abajo hacia arriba. La ventana aparece protegida por un potente foscurit y una cortina oscura algo metálica. Justo delante hay una columna. A un lado de esta hay un maletero de madera y lamas de tela, y al otro una butaca baja con una mesa de acero y plástico y una lámpara de pie. 

La ventana, con vistas a la entrada principal aquí delante, y a la montaña y la ciudad allá al fondo, aísla mucho del exterior y apenas se oyen los ruidos de la calle. Sin embargo la insonorización interior necesita mejorar: se escucha mucho el pasillo y lo que pasa en las habitaciones contiguas. El foscurit y las cortinas impiden el paso de la luz, pero esta se cuela bastante por las rendijas de la puerta de entrada. 

El baño resulta moderno. Rectangular, con dos paredes de espejo. La pared del frente tiene además dos líneas de luz incrustadas en el espejo. Granito color gris en la encimera, paredes y suelo. Un lavabo con un moderno grifo que quizá queda demasiado al fondo del lavabo. Presión y caudal algo justos. Temperatura brutal. Junto al lavabo se ofrecen dos botes de champú, dos de gel y una bola de jabón de manos. Bajo la encimera, además de una papelera metálica, encontramos una pequeña mesa metálica de ruedas en la que se ofrece el resto del set de amenities: gorro de ducha, pañuelos de papel, set dental, de afeitado y gamuza para el calzado todo ello en el formato propio de la cadena envuelto en papel de plástico blanco. A la derecha, bajo la otra pared de espejo se encuentra el bidet y el inodoro, algo separado de la pared por el uso. 

En la pared de la izquierda ya sólo queda la bañera con la ducha, rematada con un moderno "teléfono". La pared aparece recubierta con unas pequeñas baldosas de porcelana también en tono gris marrón. Aunque la grifería es moderna y nueva y la temperatura más que adecuada, tanto el caudal como la presión dejen mucho que desear. A los pies de la bañera encontramos la alfombrilla para el suelo, y junto a él, en un colgador una toalla de baño. Hay otra en la mesilla de debajo del lavabo, y dos toallas de manos que cuelgan de la barra que hay delante del lavabo. En general la calidad de la lencería es formidable y su tamaño más que generoso. 

Por la mañana, en la recepción el trato es tan frío y distante como durante la llegada. Nos pregunta por el minibar, nos entregan la factura, pagamos y nos vamos. Sin más.

Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 
Valoración General: 7.5

domingo, 4 de junio de 2017

IBIS ALCALÁ DE HENARES (ALCALÁ DE HENARES - MADRID)

IBIS ALCALA DE HENARES LA GARENA (***)
Antonio Suárez 8
28.802 Alcalá de Henares (Madrid)

Habitación: 213
Fecha de entrada: 18/1/2017
Tarifa: 64€ (A+D)


Ubicado a las afueras de la ciudad, en un parque comercial a pie de la carretera que une la A2 con Alcalá. Situado junto a una gasolinera, entre un supermercado y un moderno edificio de oficinas en una estrecha calle que no conduce a ningún sitio. Un edificio de tres plantas en granito color rosado y arena con ventanas cuadradas de aluminio rojo. Instalado en una parcela rectangular, vallada que reserva un espacio para parking en su parte trasera. 

Frente a la puerta hay una zona con un pequeño jardín y una curva entre las dos puertas de la valla que protege la parcela en la que se puede aprovechar para descargar el vehículo. Junto a la puerta, y desordenadas, una mesa metálica de aluminio con dos sillas de plástico naranja dan la sensación de tasca de carretera.  

Dos pares de puertas correderas de cristal nos llevan a la recepción. En el espacio entre ambas hay un paragüero, una maceta y un tótem con información del hotel, de la cadena y de la zona. a al parking ubicado detrás. Tras la segunda puerta llegamos a la recepción. Es un único espacio que ocupa toda la planta. A la izquierda queda la cafetería, algo oscura, con un puñado de mesas y un enorme televisor encendido. Un poco más allá está la zona donde se sirve el desayuno. A la derecha de la puerta hay varios ventanales enormes que llenan de luz natural la zona de recpeción. Cuando las cristaleras terminan se suceden hasta el fondo varios sofás de color rojo en los que charlar o esperar a alguien alojado.

El mostrador es de madera clara brillante rematado con un mostrador color verde. Largo y algo curvo. Con dos puestos de trabajo. Sobre él varios folletos del hotel, y un timbre para avisar por si no está el recepcionista. Detrás varios carteles del hotel y algunos armarios con carpetas, papeles... algo desordenado. Tras el mostrador nos atiende una joven extranjera que nos pide todos los datos del DNI (¿para eso soy Gold de la cadena?). El trato es distante, frío y procedimental. Pero muy rápido. Eso si. Nos indica los horarios del desayuno y le preguntamos por el wfi que es gratuito y veloz en todo el hotel. 

A continuación del mostrador de recepción en dirección a los ascensores encontramos a la izquierda un pequeño business corner protegido por unas mamparas de madera y cristal. Un ordenador y varios folletos turísticos. Frente a los ascensores hay una fuente de agua, un microondas y una máquina de vending con productos de higiene, bebidas y snacks.

Hay dos ascensores. Modernos, limpios, brillantes y muy luminosos. Paredes de formica brillante, un espejo en la pared del fondo y varios carteles sobre el hotel, sus servicios y la cadena. Las puertas, correderas y de acero se abren muy muy despacio. Y nos sitúan en un pequeño recibidor sobre el que corre un largo pasillo en el que se encuentran las habitaciones. 

Luz fría, moqueta verde y rosa de motivos vegetales, paredes de gotelé en color crudo y puertas marrón claro algo brillante. En un pomo de acero mate introducimos la tarjeta y abrimos la puerta. Tras ella, a la izquierda la ranura en la que colocar la llave para activar la luz y dos interruptores, uno para la luz del corto pasillo y otro para el baño, cuya puerta queda unos pasos más adelante. Siguen las paredes de gotelé claro y el suelo cambia de moqueta a parquet, de color marrón claro algo brillante. Muy limpio y cuidado, aunque hay alguna zona con marcas del uso. La sensación es de estandarización absoluta. Nada de emoción. Nada que se salga de lo normal.

Tras el corto pasillo en el que se encuentra la entrada al baño llegamos al dormitorio. El espacio allí no es muy grande. Pero tampoco pequeño. Todo está como muy medido. Pocos espacios libres. La mayor parte del mismo lo ocupa una enorme cama blanca con dos almohadas pequeñas y quizá excesivamente gruesas (para gustos, los colores). Cubierta con un ligero nórdico vestido con sábanas algo ásperas. Rematada con un cabecero de madera clara con algunos detalles metálicos y sendas mesillas a cada lado. Sobre ellas interruptores para apagar la luz y dos lámparas de noche feas y poco prácticas para la lectura. No hay enchufes, aunque no queda lejos el del escritorio. 


A los pies de la cama cuelgan de la pared un cuadro y un gran espejo casi de cuerpo entero. La pared del fondo de la habitación además de la ventana, que se puede abrir sólo un poco y cuyas vistas dan al edificio de oficinas que hay junto al hotel, acoge el armario y el escritorio. La cortina es de color marrón y naranja, y no cubre del todo la ventana por lo que se cuela la luz de la mañana por los laterales. Junto a todo ello, en una pequeña repisa triangular se presenta un pequeño televisor de plasma bajo el que hay un folleto con los canales disponibles. 

El armario no es más que un juego de tablas que acoge un par de baldas y un colgador con perchas normales y de antirrobo. En la zona hay una luz en el techo que se activa cuando nos acercamos y se apaga al alejarnos. Dentro, un maletero plegable de aluminio y tiras de tela negra, otro almohadón y una manta extra. 

Bajo la ventana, el escritorio. Con una silla de madera y patas metálicas algo incómoda. Sobre el escritorio un teléfono y la carta del room service. En la pared hay un par de enchufes disponibles para poder cargar los aparatos electrónicos. Si el cable es largo podemos dejar el aparato incluso sobre la mesilla. 

A la entrada al dormitorio encontramos en la pared el display del aire acondicionado. Muy simple: dos ruedas, una para la potencia y otra para más o menos temperatura. Funciona con eficacia, pero también con ruido. Imposible dormir con él encendido. Quizá la habitación pierda demasiado calor durante la noche, porque al despertar hace frío. Los alrededores del hotel son tranquilos -quizá demasiados- así que la insonorización exterior es buena. La interior es muy mejorable. Se escucha demasiado el pasillo, los ronquidos, los movimientos de las habitaciones colindantes. Las puertas crujen demasiado al cerrarse y abrirse. Tanto que cuando nuestro vecino de habitación sale de la suya nos despertamos sobresaltados pensando que están abriendo la nuestra.


El baño no es pequeño. Pero es muy sencillo. Paredes de mármol color marrón claro, al igual que el suelo. Una única luz, con dos puntos sobre lavabo, situado en una encimera curva quizá demasiado baja. Un grifo monomando que ofrece agua bastante mezclada con aire. Poca potencia. Al abrir el grifo, el desagüe ofrece un repugnante olor como a pozo. Frente al lavabo un gran espejo. A la derecha un secador de escasa potencia y un bote anclado a la pared con el jabón de manos. Bajo la encimera una banqueta y una chirriante papelera de plástico verde.


Un bidet, el inodoro, y una gran cabina de cristal con la ducha completan el aseo. El grifo de la ducha está algo destartalado. La temperatura es correcta pero tanto el caudal como la presión resultan lamentables. Otro bote alargado anclado a la pared ofrece el champú/gel. Dos toallas de tamaño mediano, limpias aunque algo ásperas, constituyen todo el equipo de lencería que se ofrece. 

Por la mañana, detrás del mostrador de recepción, se autosirve el desayuno. Todo muy normalito, muy aburrido. Un cortito buffet en el que tenemos que servirnos en una bandeja lo que queramos: zumo, bollería, pan, algo de fiambre y queso, tortilla de patata, mantequilla y mermelada, algunos yogures y lácteos y una máquina de café bastante decente. Entre las mesas encontramos algunos armarios en los que dejar la bandeja del desayuno al terminar el mismo.

En la recepción de salida el trato vuelve a ser otra vez frío y distante. De nuevo piden los datos para la factura, que hay que volver a teclear. Al menos, son rápidos.

Calidad/precio: 7
Servicio: 6.5
Ambiente: 6
Habitación: 7
Baño: 4.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 5

Valoración General: 6

jueves, 25 de mayo de 2017

AM KONZERTHAUS (VIENA - AUSTRIA)

HOTEL AM KONZERTHAUS VIENNA MGALLERY BY SOFITEL (****)
Am Heumarkt 35 - 37
1030 Viena (Austria)


Hab: 518
Llegada: ‎26/12/2016
Tarifa: 103 AD

Situado entre la Karlkische y el Konzerthouse, a dos manzanas del RingStrasse, junto al Belvedere y al StadtPark y al lado de varias estaciones de metro y tranvías. Un edificio de 8 plantas, que ocupa la mitad de una manzana cuya otra mitad ocupa un moderno edificio de oficinas en unas tranquilas calles.

La entrada principal se encuentra ‎en un chaflán, muy iluminada y rematada por un elegante toldo negro. Dos maceteros a cada lado de dos tramos de puertas correderas de cristal. Nos situamos en la recepción. No muy grande, en forma casi triangular con vértice en el chaflán. De frente los tres ascensores con metálicas puertas en negro con detalles dorados. A la derecha e introduciéndose hasta el final del edificio, el bar y restaurante, bastante bullicioso en el momento en que llegamos. En el centro de ese triángulo, una figura dorada con algunos regalos a sus pies envueltos en papel de colores brillantes. Por algo es Navidad. A la izquierda, un robusto mostrador de recepción en madera oscura con algunos toques dorados y rematado en mármol claro. Todo en general resulta bastante Art Deco, envuelto en una atmósfera algo oscura e intimista con luces puntuales. 

Tras ‎el mostrador, con dos puestos de trabajo nos saluda en perfecto castellano una amable argentina que nos pide la documentación para revisarla. El trámite es rápido pero mientras lo ejecuta no deja de preguntarnos por nuestro viaje, de explicarnos los horarios del hotel, el funcionamiento del wifi, que es gratuito pero que funciona bastante mal (demasiados cortes, zonas de sombra y caídas de la red), la ubicación del hotel en la ciudad, así como algunas recomendaciones gastronómicas...

Las puertas del ascensor se abren -y se cierran- bruscamente. Dentro, paredes de espejo ahumado, acero y un techo retroiluminado con unos dibujos en azul. No es nuevo, pero está bien conservado. Botonadura de acero con luces azuladas. Es necesario, por seguridad, insertar la tarjeta en una ranura para que el elevador funcione. De nuevo las puertas se abren bruscamente en nuestra planta y salimos a un distribuidor triangular en el que hay cuatro habitaciones (entre ellas, la nuestra) y al que a cada lado se abre un pasillo con el resto de dormitorios.

Suelo de moqueta azul. Paredes en color crudo con un fino estucado con remates dorados junto al techo. Puertas negras con números y señalética dorada. La pesada puerta remata en un marco cuadrado, que también tiene "suelo", lo que añade un extra de insonorización y privacidad a la estancia. 
Tras la puerta, el suelo continúa en moqueta azul grisácea con algunas ondas más claras y algunos detalles dorados. No es nueva pero está limpia y bastante bien cuidada. La habitación tiene una forma extraña. Tras la puerta hay un pasillo amplio, con paredes estucadas en blanco. Junto a la puerta el interruptor general de la luz, a la izquierda, unos pasos antes de la puerta del baño, en marrón oscuro. La sensación general es cálida, algo antigua, pero no vieja, aún así, hay un zumbido, en el techo, cerca de la puerta, permanente provocado por el retorno de aire. 

Pasado el baño, a la derecha nos encontramos con el armario, casi junto al dormitorio. Dos puertas de espejo correderas. Dentro un colgador alto con una docena de perchas de distintos tipos (chaqueta, camisas, faldas, tirantes, pantalones...), un paraguas, una tabla de planchar y una plancha. Sobre el colgador una balda con la caja fuerte, un calzador, un cepillo de ropa, un set de costura y una gamuza limpiazapatos. 


Allí mismo empieza el dormitorio. Generoso de tamaño. Casi rectangular. Junto al armario, un gran maletero situado sobre un armario cajonero en madera marrón rojiza con detalles dorados. Sobre él, una lámina de Art Deco. A su lado, y ocupando parte de la pared del fondo, un sofá alargado en tonos azules. Algo incómodo y algo sucio. A los pies del mismo una mesa redonda con una silla y una lámpara de pie de lectura. Sobre la mesa, unos bombones de bienvenida con una nota de la directora del hotel y una revista sobre la ciudad. Esa pared del fondo aparece protegida por una larga cortina. Visillos blancos por detrás de un foscurit en tono crudo. Tres enormes ventanas detrás, con vistas a la puerta principal. Una de ellas completamente practicable. Las otras dos no. Una no cierra bien, y eso hace que parte del ruido de la calle se cuele en la habitación, aunque gracias a Dios las calles que circundan el hotel son tranquilas. El foscurit se queda corto en los extremos, por lo que la luz exterior del día (o la iluminación artificial de la fachada) se cuelan en el dormitorio. 

A la izquierda de la entrada del dormitorio en una pared cubierta con un elegante papel en oro viejo encontramos el escritorio. Tan enorme como abigarrado y lleno de cosas. En un extremo, la televisión de plasma. Bajo ella, en un armario de madera rojiza a juego con el maletero y con las mesillas, el minibar, de justo surtido sin bebidas alcohólicas. A continuación en la zona de escritorio propiamente dicho hay una bandeja con una Nespresso, una tetera y varias opciones de té, café y azúcar. Una botella de agua con gas. Un display con una revista de la cadena, unos sobres, una carpeta con información del hotel... En el poco espacio que queda disponible hay una bonita lámpara de escritorio de cristal verde muy en la línea artística del hotel. Dos enchufes disponibles para los aparatos electrónicos. Una silla no demasiado cómoda para el trabajo en madera y tapizado en azul y dorado.

La cama es grande. Mullida, muy mullida gracias al confortable topper que se coloca sobre el colchón. Cómoda. Blanca. Presentada abierta de forma muy curiosa "jugando" con el suave nórdico que la recubre. Cuatro almohadas. ‎A cada lado sendas mesillas en madera. Tras ellas, un par de enchufes disponibles. Sobre ellas unas lámparas de noche de cristal, también de estilo Art Deco. Sobre una de las mesillas, el teléfono, un lapicero y un bloc de notas. Sobre la otra una bandeja con dos tazas, dos infusiones, dos antifaces y dos juegos de tapones para los oídos. Sobre la cama hay un enorme mural de uno de los cuadros más representativos de Gustav Klimt. En el marco que lo bordea hay sendas lámparas de lectura dirigibles, los interruptores para apagar unas cuantas luces (no todas) de la habitación y se remata en la parte de arriba con tres potentes focos.

Aunque la luz de la puerta resulta algo fría, la del resto del dormitorio consigue formar una atmósfera cálid‎a y acogedora. 

El baño resulta algo pequeño. Antiguo pero no viejo. De forma trapezoidal. Paredes y suelo de baldosas cuadradas de porcelana blancas aunque entre medio se alterna alguna azul y dorada. La fila junto al techo hace un dibujo geométrico todo alrededor. 


Un punto de luz en el techo y dos tubos fluorescentes a cada lado del enorme espejo del lavabo, incrustado en una encimera de granito marrón y grifo monomando. Sobre una bandeja el set de amenities, de C Bigelow (champú, gel, acondicionador y leche hidratante, jabón) una manopla de crin, una lima‎ y un set con desmaquilladores y bastoncillos para las orejas. Anclado a la pared un porta kleneex de acero, un espejo de aumento y un secador de escasa potencia. 


A la izquierda del lavabo el inodoro, algo antiguo, pegado al radiador que funciona a toda potencia, cosa que se agradece en el crudo invierno austriaco. A la derecha del lavabo, la bañera, algo elevada, con una ducha remetida entre la pared del lavabo. Quizá algo corta lo que hace que salpiquemos agua al suelo. Temperatura formidable, pero caudal y potencia un pelín justa. 

Dos cuadrantes de manos, dos toallas de lavabo, dos de ducha y dos albornoces, todo ello nuevo, limpio, mullido y blanco configuran el set de lencería.

Por la mañana, en un bullicioso salón se sirve el desayuno buffet. Zumos, fruta cortada, embutidos, fiambres y quesos, platos calientes (huevos, bacon, salchichas, patatas, verduras...), un buen surtido de cereales, panes variados y recién hechos, crujientes croissants, mermeladas caseras, algunos bizcochos... El café -líquido y flojo- se sirve en la mesa en unos termos.

En el mostrador, la salida, demasiado temprana, es demasiado rápida. Pero sin más. Pagar y adiós. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 7.5
Baño: 6.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 7.5
Valoración General: 8

martes, 9 de mayo de 2017

HOTEL DERBY (BARCELONA)

HOTEL DERBY (****)
Loreto 21
08029 Barcelona

Habitación: 625

Fecha de entrada: 20/11/2016
Tarifa:

Un edificio incrustado en una manzana en una tranquila calle a dos pies de la Avda Sarria, al lado de la Diagonal y de la zona comercial y de negocios que rodea la plaza Francesc Maciá. 8 alturas en ladrillo que destaca sobre el aluminio blanco de las grandes ventanas y de las persianas. Toda la parte baja del hotel es una enorme cristalera que permite ver desde el exterior lo que nos espera dentro. Primero dos puertas manuales con clásicos tiradores de madera, y después dos puertas correderas automáticas que nos dejan ante un hall amplio, de techo algo bajo y de mármol negro y blanco en el suelo. 

A la derecha una mesa de escritorio, la puerta que comunica con un bar de estilo clásico inglés y el restaurante de desayunos, y hacia el fondo una serie de esculturas de granito de corte clásico. Dicen que originales del S XVIII. A la izquierda, y pegados a los ventanales, varios sofás que invitan a la lectura y al descanso. Y allí mismo, nada más abrirse la puerta, el mostrador de recepción: mármol negro en forma de U. Con dos puestos de trabajo.

Pese a que no es la primera vez que estamos en el hotel, otra vez vuelta a escribir todos los datos: el DNI, la Iberia Plus y una tarjeta de crédito de garantía. El trato es frío y distante, quizá aumentado por la luz algo amarillenta que rodea la estancia. Nos explican el funcionamiento del wifi, que es gratuito, aunque algo lento para los servicios de streaming y el horario del desayuno.

Al fondo a la izquierda están los ascensores, junto a un gran artilugio lleno de folletos turísticos de la ciudad y alrededores. Los ascensores son muy clásicos, con un punto antiguo. Suelo de granito blanco y negro, metal hasta media altura, y espejos en el resto de paredes. Puertas automáticas y botonadura con un cartel con indicación de los servicios que hay repartidos entre este hotel y el Gran Derby, ubicado enfrente.

El ascensor nos deja en un rellano al que se abren las escaleras. A la izquierda el pasillo de las habitaciones, que se abre a derecha e izquierda. El suelo, de mármol da sensación de frialdad. ‎Paredes de color oscuro, como la madera de las puertas, que casi tira a rojizo. Las luces tampoco acompañan mucho a hacer acogedor el ambiente.

Tras la puerta la sensación cambia. Paredes de gotelé blanco, suelos de agradable y cuidada madera clara. ‎De primeras, un pasillo con la puerta del baño, de madera rojiza y moderno pomo plateado, a la izquierda. Unos pasos más adelante y tras otra puerta, el dormitorio. La insonorización exterior es formidable, ayudada por la persiana que protege la ventana y porque el patio interior al que da el hotel es tranquilo. Sin embargo y pese a esa doble puerta, la insonorización interior es muy mejorable. Se escuchan los portazos de las puertas de otras habitaciones, las voces de otros huéspedes, pasos, duchas, despertadores...

El espacio de la habitación es generoso, y aunque la pared de gotelé pudiera resultar fría unas molduras de madera iluminadas le dan una sensación acogedora. Junto a la puerta está el mando del aire acondicionado. Una rueda para indicar la potencia y otra para la temperatura. Funciona eficazmente pero de forma algo ruidosa, inviable para dormir con él encendido. 

A la izquierda de la entrada se encuentra el armario. Por un lado una zona de baldas con un par de revistas de publicidad de la cadena y de la ciudad, y una piedra a modo de antigüedad. ‎Por otro, tras dos puertas correderas, el armario. Tras una puerta varias baldas y cajones. En una de ellas la caja fuerte y en otra la bolsa de lavandería y una pequeña bolsa de lino con el logo del hotel que contiene un juego de zapatillas de felpa. Tras la otra puerta un colgador largo con varias perchas antirrobo, una bolsa con publicidad del hotel y un maletero de tijera que podemos poner donde queramos.

A continuación, y quizá demasiado cerca del armario, las dos camas. Vestidas con una suave sábana y la colcha/edredón marrón que las recubre. Algo horterilla sus brillos tornasolados. La cama es cómoda aunque el colchón recubierto con alguna funda hace que sudemos demasiado. También se observa un cierto combamiento en el mismo. Quizá se esté acercando el momento de cambiarlos.

Las dos camas aparecen enmarcadas en un cabecero de madera con sendas mesillas de madera negra una a cada lado. Sobre una de ellas el teléfono, la carta del room Service, un curioso folleto con los servicios del hotel, un bloc de notas y un lapicero. En ambas, interruptores para apagar todas las luces y enchufes para los aparatos electrónicos. Sobre ellas dos apliques de luz, en tonos amarillentos que dan suficiente luminosidad al espacio.

En el generoso espacio que queda hasta la ventana, de moderno aluminio blanco, con vistas a un patio interior, y protegida por una persiana y un visillo, se ubica una pequeña butaca de piel negra, y una mesa pequeña de centro de madera y cristal.

Además un escritorio grande, en madera marrón y negra, con un gran espejo delante y varios enchufes para el ordenador. Una cómoda silla completa el mobiliario. ‎Sobre la mesa una televisión. No hay lámpara de trabajo, pero hay luz suficiente para trabajar con un aplique en la pared.

El baño es pequeño. Se le nota reformado, y bastante bien reformado, aunque no es moderno. ‎Ya la puerta se nota que es la antigua repintada. Una vez dentro, mucha luz. Paredes de cerámica blanca con algún toque ocre. Suelo de mármol claro. Techo practicable de placas metálicas. A la izquierda un moderno inodoro y bidet. 

De frente una encimera de mármol encuadrada entre dos paredes acoge el lavabo. Sobre él un potente espejo, y una pequeña repisa de mármol con dos vasos y una bolsita de lino con el set de amenites en su interior. Elegantes y de buena calidad. Gel, champú, crema hidratante, guante lustrazapatos, gorro de ducha, pañuelos y ‎algodones, bastoncillos y artículos de costura. La repisa esta incomoda un poco para acecar la cara al lavabo.

La grifería es moderna, y muy limpia. A cada lado del lavabo hay un secador de escasa potencia y un espejo de aumento. Bajo la encimera hay una estantería de cristal iluminada -lo que da una agradable sensación en la estancia- en la que se ofrecen dos gigantescas, mullidas y novísimas toallas de baño, dos de lavabo y una alfombrilla de baño.

A la derecha de la puerta hay una bañera, con algunos esconchones, y protegida por una mampara de cristal. Un grifo termostático nos permite manejar la temperatura de una ducha fija rematada con una amplia alcachofa de efecto lluvia. Lástima que la ducha esté situada a 1,90m lo que nos obliga a ducharnos de rodillas. Y lástima que el caudal y la presión dejen bastante que desear.

Por la mañana en un restaurante situado en el sótano se sirve el desayuno. Presentado en una consola central y atendido distante y fríamente por dos empleadas. Los platos calientes hay que demandarlos a las camareras. Zumos, algo de fruta, fiambres, quesos, panes cortados, tortilla de patata, pan con tomate, cereales, distintos tipos de leche, bol‎leria crujiente y donuts normales y de chocolate. El café, líquido, es casi prescindible.

En ‎el mostrador, al decir adiós, casi ni eso. El empleado está más pendiente de atender no se qué tablas que le enseña la encargada del restaurante que de enterarse de que volvemos en dos días. 

Calidad/precio: 
Servicio: 5

Ambiente: 6.5
Habitación: 8

Baño: 6.5
Estado de conservación: 8

Desayuno: 7
Valoración General: 7
 

lunes, 24 de abril de 2017

HOTEL CONDESTABLE IRANZO (JAÉN)

CONDESTABLE IRANZO (****)
Paseo de la Estación 32
23008 Jaén

Habitación: 501

Fecha de entrada: 18/11/2016
Tarifa:

Uno de los hoteles clásicos de la ciudad. Ubicado en el mismo centro de la misma. En el cruce de dos amplias avenidas junto al Hospital, la zona comercial y turística y a un paso de todo, con las puertas abiertas a un parque. Nueve plantas de un edificio de ladrillo marrón oscuro con ventanas tintadas y rematado con un letrero amarillo.

Tres escaleras de mármol marrón nos dejan ante dos pares de puertas de cristal, que se abren empujando grandes tiradores de madera. Tras ellas, el hall. Tan generoso de tamaño como caduco en su decoración. Mantenemos el suelo marrón ‎de frío mármol. Luces algo amarillentas. A la izquierda se encuentran las escaleras que van al restaurante y a la cafetería. Por su puerta abierta se escucha bastante jaleo.  A la derecha el mostrador de recepción, largo, poderoso y potente. En madera oscura y más mármol marrón. Rematado por detrás con uno de aquellos antiguos casilleros de madera para cada habitación. Antiguo y viejo, con papeles en algunas casillas, y cierta sensación de desorden. Junto al mostrador una vitrina iluminada que vende algunos productos de moda y recuerdos.

El trato es frío y distante. Nos piden el DNI, lo copian y nos asignan la habitación. Nos entregan la llave. Preguntamos por el wifi que es gratuito, y que funciona bastante bien con una clave. Preguntamos también por el desayuno. Y nos damos la vuelta para ir hacia los ascensores, que quedaban a nuestra espalda.

Son dos. Lo más moderno de todo el hall. Más anchos que profundos. Con suelo de cerámica con el logo del hotel. Paredes con espejo y acero. Botonadura moderna.

Las puertas automáticas se nos abren en un extraño recibidor. Ancho y largo. Suelo de moqueta plastificada en gris como si fuera de espiga. De frente una pared blanca, en estuco, con dos puertas una en el extremo derecho y otra en el izquierdo. Las puertas son como de obra, metálicas blancas con un pomo de plástico negro. A la izquierda del ascensor queda el hueco de la escalera, con ventanas ahumadas y vistas a la ciudad. 

Tras la puerta "de obra" accedemos a otro pasillo paralelo. Se mantiene el suelo gris. La luminosidad baja más todavía. Puntos de luz sobre las viejas puertas de las habitaciones. Las paredes decoradas con un papel pintado que imita a una librería. Aunque las puertas son viejas, y los números de las habitaciones se sitúan en una placa de corte algo anticuado, la manivela es modernisima. Se abre por contacto de la llave. 

Tras la puerta, el suelo cambia a un frío mármol marrón oscuro. Terriblemente frío para el pie descalzo. ‎Nos damos de bruces con las puertas del armario. Tres. En su interior colgador con perchas de distintos tipos (normales, antirrobo, de falda...), una cajonera, la Bolsa de la lavandaria y una manta y un almohadón de recambio.

Junto a la puerta y casi en el techo, el display que maneja el aire acondicionado. Una rueda de temperatura y un botón para la intensidad. Muy efectivo, pero muy ruidoso. No hace frío en la estancia, pero el suelo produce una desapacible sensación de frialdad.
 
A continuación del armario y ya en lo que es el dormitorio encontramos una pared pintada en estuco gris. Con una lámpara en medio de la pared. A cada lado de la misma, un maletero de madera oscura y ‎un estrecho escritorio con una gran silla correcta para el trabajo. Entre ambos muebles, varios enchufes. Sobre la mesa falta una lámpara de trabajo. La iluminación de la habitación en general es sumamente escasa. Tan sólo ese punto de luz y los dos de las mesillas. Especialmente oscura es la zona que queda entre la puerta de entrada y el armario.

A la izquierda del armario encontramos la cama. Doble, pero no enorme. Cómoda. Vestida con suaves sábanas blancas, una manta y una colcha blanca muy limpia. Un largo almohadón. La pared del cabecero también es gris, pero este, de madera brillante con algunas rayas verticales en negro ocupa casi toda la pared. A cada lado sendas mesillas a él ancladas. Pequeñas. De madera negra. Sobre una de ellas un moderno teléfono. Sobre ambas interruptores y enchufes. 

En la pared que se sitúa a los pies de la cama, encontramos una butaca pequeña en tonos blancos, una televisión de plasma colgando de la misma y la ventana, amplia, generosa y con buenas vistas de la ciudad aquí y de los olivares allí. Protegida por una cortina foscurit en tonos también marrón oscuro. Cumple eficazmente su misión de parar la luz. La insonorización exterior es fenomenal, porque además la habitación da a la parte trasera del edificio a un patio abierto con una piscina. La interior es manifiestamente mejorable y se escuchan las voces y puertas del pasillo con mucha facilidad.

A la izquierda de la cama, encontramos un espejo de cuerpo entero y la puerta, antigua, que da acceso al baño.

El baño da más sensación de antiguo. Precioso mármol rosado en paredes y suelo. Sanitarios en color marrón. A la izquierda un radiador que calienta, ¡y cuánto!, la estancia. A continuación el bidet, el inodoro y una pequeña encimera también de mármol que recoge el lavabo. Sobre él un espejo iluminado. La luz en general es abundante, quizá aquí demasiada. Pero también demasiado fría. Sobre la encimera en una bandeja de plástico negro el set de amenities, personalizado para el hotel y envuelto en elegantes fundas negras: peine, lustrazapatos, gorro de ducha, pastillas de jabón, y dos botes de gel/champú.  Dos vasos de cristal higienizados y envueltos en plástico. Un secador de pelo de escasa potencia anclado a la pared.

El grifo del lavabo está viejo. Le falta caudal y presión y para colmo el agua sale disparada en distintos chorros y direcciones, mojando el pantalón si uno anda demasiado cerca. La lencería son dos toallas de manos y dos de baño. Grandes. Un par (de ambas) nuevo y formidable. El otro par (de ambas) viejo y deshilachado. Las de baño se presentan en un potente toallero ubicado dentro de la bañera.

La bañera también es marrón y tiene varios "desconchones". Protegida por una bajita mampara de cristal con algunos vinilos a rayas. El agua salta por encima de ella. Dentro de la bañera hay una ventana con vistas al exterior. El grifo es antiguo, pero el dispositivo de ducha no. Está rematado con un teléfono como de plástico imitando al acero. Resulta difícil encajarlo en su enganche, pero al final lo conseguimos. El caudal es escaso, pero sale con una fuerza (aire) descomunal. Además la temperatura pasa del frío a calor de forma cíclica. 

Por la mañana en un oscuro salón se sirve un desayuno buffet con un buen surtido de productos (huevos fritos, revueltos, bacon, fiambres, quesos, panes, untables, cereales, fruta, zumos, agua...), un café bastante aceptable pero una decoración y presentación francamente mejorable.

En la recepción por la mañana, el trato es tan distante como rápido. Teclean el número de la habitación y nos dicen adiós. 

Calidad/precio: 
Servicio: 6

Ambiente: 6
Habitación: 6.5

Baño: 6
Estado de conservación: 6.5

Desayuno: 5
Valoración General: 6

miércoles, 5 de abril de 2017

URH PALACIO DE ORIOL (SANTURCE - VIZCAYA)

URH PALACIO DE ORIOL (****)
Cristóbal de Murrieta 27
48980 Santurce - Vizcaya

Habitación: 603
Fecha de entrada: 17/11/2016
Tarifa: 65 (A+D)


En la frontera entre Santurce y Portugalete, casi en la boca de la ría, un palacete de principios del siglo XXI acoge un hotel antes abanderado por NH y eso se nota en casi toda la decoración, estructura... Una pequeña zona ajardinada junto a la acera nos acerca hasta la verja de la finca, tras la que se eleva el estilizado edificio con torreones. Una decena de escaleras cubiertas por una alfombra roja nos sitúan frente a la entrada, protegida por una especie de baldaquino y con dos puertas de cristal correderas que nos introducen en la recepción.

Lo primero que nos salta a la vista una vez dentro es un armario grande de puertas abiertas en el que se venden patatas fritas, champú y botellas de aceite. Y después un montón de maletas que hay acumuladas junto a las escaleras. La recepción tiene como dos cuerpos. El primero a lo ancho acoge a la derecha el mostrador, y a la izquierda unos cuantos sofás y mesas para la tertulia y espera. Sorprende lo alto de los techos, y la luz que entra por las ventanas estrechas y altas de la estancia. 

De una puerta situada a la izquierda sale la recepcionista que nos saluda cariñosamente y después de situarse en el mostrador nos pide la documentación y nos asigna la habitación. Un poco lento todo, siendo tarde, pero amable y cariñoso. Al terminar, nos prepara la tarjeta de la habitación y nos dice que tiene una noticia buena y una mala. La mala es que ya no hay habitaciones como la que yo tenía reservada (que no sé cuál era) y la buena es que me va a dar una mejor. No está mal para empezar. Después nos explica el funcionamiento del wifi que es veloz y gratuito en todo el hotel, y el horario del desayuno. Como este no empieza hasta las 7.30 y hemos de salir antes ella se compromete a prepararnos algo a las 6.45. 

Damos dos pasos y accedemos a la segunda parte del recibidor, que es un espacio con un techo altísimo al que se abren algunas habitaciones y sobre todo una majestuosa escalera de madera que da acceso al resto de plantas. Allí, en un rincón hay un pequeño recibidor con dos ascensores. Todo recuerda al NH de antaño. Los ascensores, aunque no son nuevos, están bien cuidados. Protegidos por unas placas de metal rosado en dos paredes. En la otra un espejo. Junto a los números la descripción de los servicios de cada planta. El suelo con motivos florales. 

Salimos a un nuevo recibidor y de allí al pasillo de las habitaciones. Moqueta gruesa color rojo en el suelo, que amortigua pasos y ruedas, barandilla de madera oscura, a juego con las puertas, que se abre a ese enorme espacio en el que abajo está el segundo recibidor. Pomo metálico brillante en el que introducimos la llave. Al abrirse la puerta, el suelo pasa a ser de madera oscura, muy limpia, brillante y bien conservada. Hay un primer espacio como un pasillo corto en el que a la derecha encontramos la puerta del baño y a la izquierda las puertas correderas del armario. Dentro, una zona de colgador con perchas normales, otra de baldas donde está la caja fuerte y una gamuza limpiazapatos. 

Tras otra puerta que aísla bastante e insonoriza mucho la habitación el resto del interior del hotel entramos en la habitación. Adecuada de tamaño. Con un techo altísimo. Escasa luz. Quizá demasiado amarillenta, acrecentada por lo amarillento del vescom de las paredes. Las dos luminarias de las mesillas y la lámpara del escritorio son claramente escasas para un espacio tan alto. Todo queda un poco tenue. Y además el suelo, marrón oscuro, tampoco da luminosidad. A la izquierda un largo escritorio, de madera también oscura, con una cómoda silla. Sobre él una lámpara con luz algo justa para trabajar. una bandeja con un hervidor, un par de tazas y varios servicios de café e infusiones. Un espacio de trabajo y al final una gran pantalla de plasma. Bajo ella y dentro de un armario, el minibar.

A continuación de la mesa, en la pared situada frente a la puerta está la ventana. Estrecha y alta. Con bonitas vistas a la Escuela de Ingeniería Naval y a la ría. Por allí delante pasa un tren , pero o bien no circula por la noche o bien la insonorización exterior también es formidable porque no oímos nada en toda la noche. También influye que el entorno del hotel es súmamente tranquilo. La ventana se protege con un gran visillo y dos enormes cortinones que impiden el paso de la luz. Al llegar la sensación es de frío. Pero encendemos el aire acondicionado que se maneja desde un sencillo display con opciones de potencia y temperatura (pero no de auto) y la estancia coge calor. Aunque no es muy ruidoso, quizá sí bastante como para dormir con él encendido. 

A la derecha de la puerta hay un galán de noche, y junto a él la cama. A sus pies un maletero tapizado en tela color verdoso y patas metálicas. Y a continuación la cama. Grande, de matrimonio. Muy cómoda. Vestida con un suave nórdico blanco y rematada con cuatro almohadas y dos cojines marrones. El cabecero, de madera también oscura que contrasta con dos trozos de tela mullida en el mismo tono verdoso que el maletero. A cada lado sendas mesillas. Muy simples. De madera, otra vez oscura. Sobre una de ellas el teléfono. Sobre ambas, las lámparas de noche, dos pequeños focos de lectura direccionables y varios interruptores para apagar todas las luces de la estancia. Bajo ellas, a cada lado un enchufe. 

El baño resulta un poco caduco. No viejo. Es de los NH antiguos. Mármol color arena en suelo y paredes. A la derecha de la puerta sobre una encimera el lavabo. Su presión y caudal son escasos, muy escasos, pero es el lavabo. Junto a él, una bandeja ofrece un set de amenities compuesto por un champú, un gel, una loción corporal, gorro de ducha, peine y pañuelos de papel. Delante del lavabo un buen espejo (el único que hay en toda la habitación) bien iluminado y colgando de la pared un gran secador de buena potencia. 

Tras la puerta, un calienta toallas eléctrico que además sirve para caldear la estancia al despertar. Inodoro enfrente del bidet y al fondo la bañera, con una ducha rematada en una gran alcachofa de efecto masaje. Aunque la grifería está ya un poco raída presión y caudal en la ducha son correctos. Sin más. Pero sin menos. La iluminación del baño sigue con ese cierto tono amarillento que desprende toda la habitación. Dos toallas de manos, dos de baño y una alfombrilla de ducha son el set de lencería que es más que correcto en tamaño y calidad. 

Por la mañana no podemos probar el desayuno buffet que se sirve desde las 7.30, pero cumpliendo su promesa, la recepcionista nos ha dejado una bandeja con mucho más de lo que esperábamos: zumo, varias piezas de fruta cortada, un bocadillito de fiambre, un croisant, un donut, mantequilla, mermelada y un café solo doble, como nos gusta...

En la puerta, al despedirnos nos atiende un joven. El trámite es algo lento porque la tecnología no acompaña y además ha de dar de alta los datos de la empresa para la factura. Pero al menos se preocupa por nuestra estancia, por nuestro descanso y por la continuación de nuestro viaje. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8.5
Ambiente: 7.5
Habitación: 7.5

Baño: 7
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 
Valoración General: 7.5