sábado, 10 de abril de 2021

NH LES CORTS (BARCELONA)


NH LES CORTS (***)
Nicaragua 146
08029 Barcelona

Habitación: 108
Fecha de entrada: 22/12/2020

Tarifa: 56,00 (SA)

En el corazón del popular barrio de Les Corts, no lejos de la Diagonal, ni de la estación de Sants, frente a una amplia plaza ajardina encontramos este edificio en esquina con grandes balcones corridos. En una de las esquinas sobreelevada del suelo de la calle por tres escalones encontramos la puerta de acceso al establecimiento. Alfombra azul con el logo de la cadena algo desgastada, y dos puertas de cristal automáticas nos dejan junto a la pequeña recepción. Suelo de mármol crudo, pequeño e irregular espacio. Luz fría artificial y suficiente durante el día por las cristaleras a la calle que ofrece el pequeño espacio. 

A la derecha una mesa larga de madera oscura, delante de una cortina azulada, un árbol de Navidad y varios avisos sobre las medidas de seguridad del virus. A la izquierda una pequeña zona con unas butacas para la espera, las escaleras que suben al comedor, apagado ya a esa hora y el potente mostrador de recepción, de poderoso mármol blanco en forma de V y con dos puestos de trabajo protegidos por potentes mamparas de metacrilato. Sobre el mostrador, los tpvs del pago con tarjeta, y algunas pantallas con información sobre el hotel. Detrás, una puerta de madera blanca y cristal entreabierta al despacho de recepción. 

Nos atiende un joven de forma rápida y eficaz, aunque algo frío al principio. Nos indica que la estancia se cobra por adelantado. Pagamos y nos entrega la factura. Después resulta mucho más amable y cercano. Nos avisa de las medidas de seguridad que las autoridades locales han dictado ese mismo día sobre el acceso a bares y restaurantes. Nos entrega la tarjeta de la habitación en un cartoncito que hemos de firmar con un papel en el que se indica la clave del wifi que es veloz y eficaz en todo el edificio. 

Unos pasos más adelante encontramos los ascensores. Son dos. Uno más grande que el otro. Ambos de puertas normales, pintadas en marrón, con tirador metálico. Tras ellas hay puertas automáticas. Suelo de granito negro, paredes de madera clara. Botonera metálica con una pantalla que emite noticias y música algo estridente y voces del piso al que accedemos. En un display, un par de folios resumen la información sobre la seguridad covid de la cadena. Empujamos la puerta y salimos a un estrecho y largo pasillo de luz fría y suelo de mármol que aumenta la sensación de frialdad. Techos bajos. Puertas nuevas de madera con cerraduras de proximidad. Paredes con papel pintado en tono blanco bastante desconchadas. Al fondo del pasillo, en forma de L hay un balcón a la calle mal insonorizado. 

Tras la puerta de la habitación, el suelo se presenta en vieja madera brillante bastante machacada y arañada por el uso. Las paredes cubiertas con vescom a rayas blancas y crudas con algunas zonas demasiado machacadas por el golpe de maletas, mobiliario... A la derecha encontramos la ranura para que la tarjeta de la habitación active las luces. Techo bajo, especialmente en el pasillo que nos lleva hasta el dormitorio. En ese pasillo la la derecha, la puerta del baño. Frente a ella, un armario cerrado con llave con una reja de ventilación por el que se oye el ruido de aguas de otras habitaciones. Enfrente, una pantalla digital permite regular el aire acondicionado: sencillo de utilizar y eficaz  y silencioso en su en su funcionamiento. 

Un paso más adelante accedemos al dormitorio. El espacio es correcto de tamaño y luminoso. Quizá algo frío e impersonal. A la derecha un armario de nuevas puertas correderas en madera. Quizá algo bajo. En su interior en un lado baldas, con la caja fuerte, y en el otro lado un colgador de perchas normales. Además dentro hay un maletero plegable en metal y tiras de tela negra. Junto al armario hay un espejo de cuerpo entero con un curioso marco en tono metalizado y a continuación un poderoso y confortable sillón orejero en tela azulada. A su lado una lámpara baja de lectura con potente iluminación. Justo enfrente, el escritorio, lacado en madera gris. Sobre él una felicitación de Navidad sin personalizar y un flexo de trabajo blanco dirigible. Bajo él, una comodísima silla de piel blanca, metal y ruedas y un armario con el minibar vacío. En la pared dos enchufes normales y dos de USB de b-ticino para recargar aparatos electrónicos.   

A continuación la cama. Blanca y luminosa. Grande para ser individual, pequeña para ser doble. Colchón muy cómodo de gran calibre. Aparece empotrado contra un cabecero en piel en tono crudo, con varias tiras de luz led que le dan un cierto toque agradable a la habitación. Dos almohadas cómodas. A cada lado hay sendas mesillas con cuerpo de metal amarillento y tapas de madera. Sobre una de ellas el mando de la televisión envuelto en plástico y un moderno teléfono de aire americano con una permanente luz roja que puede molestar durante la noche. Sobre las mesillas, anclados a cada lado del cabecero hay sendos flexos de aire retro dirigibles para la lectura. Interruptores para apagar las luces y enchufes disponibles tanto normales, como de USB. 

En la pared del fondo hay un balcón con vistas a Travessera de les Corts. Un foscurit en tono gris claro recubre toda la pared impidiendo que entre la luz de la mañana. Por delante de él un ligero visillo blanco. Su insonorización podría ser mejor, igual que la insonorización interior que permite escuchar lo que pasa en el pasillo, en las habitaciones contiguas, el sonido de cañerías... Sobre la puerta de entrada hay un piloto de luz verde que ilumina permanentemente ese espacio y puede llegar a molestar durante la noche.
El baño resulta estrecho y largo aunque pequeño. Suelo y paredes de mármol blanco. Resulta algo frío al no tener ningún aparato para calefactar el espacio y por la mañana, después de tener la puerta cerrada toda la noche hay un cierto olor a humedad. La puerta, nueva, de bonita madera, es más estrecha y baja de lo normal. También el techo es bastante bajo. Frente a esta encontramos una encimera en silestone blanco sobre la que se presenta un lavabo rectangular moderno y de escasa profundidad. La grifería, monomando también es moderna. Una placa de porcelana blanca ofrece un bote de gel, otro de champú, una pastilla de jabón y dos vasos de cristal. Encima, un espejo antivaho que incluye dos tiras de luz led a cada lado, una de ellas fundida. También, hay una zona redonda que conforma un espejo de aumento. A su lado, un potente secador de pelo en color plateado. Cuelga de la encimera una barra metálica con dos toallas de lavabo correctas.

A la derecha de la entrada encontramos un toallero con dos toallas de baño correctas en cuanto a tamaño y calidad. A continuación el inodoro, de cisterna exenta y al fondo, ocupando todo lo ancho del espacio, una cabina de ducha protegida por una corta mampara de cristal que hace que el agua al ducharnos salga por el suelo. La grifería es moderna y se remata con una ducha de teléfono normal y una alcachofa de efecto lluvia quizá demasiado baja (para los que somos demasiado altos) a la que le falta caudal y presión. La temperatura sin embargo es formidable. En la pared del fondo hay una ventana de aluminio blanco no practicable y de cristal opaco. La escayola del techo de la ducha presenta grandes humedades, y los cuatro puntos de luz que hay a lo largo del baño tienen grandes esconchones y rendijas.

En el mostrador por la mañana, aunque todo ya está pagado, el trato no deja de ser más allá de procedimental. Adiós. 

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 8
Ambiente: 6
Habitación: 7
Baño: 6.5
Estado de conservación: 5.5
Desayuno: 

miércoles, 24 de marzo de 2021

ONE SHOT RECOLETOS (MADRID)



ONE SHOT RECOLETOS (****)
Salustiano Olózaga 4
28001 Madrid

Habitación: 306
Fecha de entrada: 16/12/2020

Tarifa: 66,00 (SA)

Entre la Puerta de Alcalá y el Paseo de Recoletos, rodeado de señoriales edificios y cafés modernos.  Una fachada clásica en ladrillos rojizos y grandes bloque de granito blanco enmarcando las ventanas, balcones de rejas y contraventanas de madera, mimetizan totalmente el establecimiento con el entorno. La calle resulta tranquila y frente a la puerta hay una zona reservada para facilitar la descarga de equipajes, taxis... 

Dos altos maceteros metálicos rematados por sendas esculturas en forma de cabezas redondeadas enmarcan la típica puerta de paso de carruajes de la zona. Si no fuera por las esculturas, el hotel pasaría desapercibido. Pasadas estas paredes grises, techos altos, suelos de baldosas antiguas con el sabor del Madrid de antaño. Alfombras gruesas, y unas puertas de cristal correderas nos dejan en un mínimo recibidor de suelo irregular ocupado por una enorme silla de enea y una escultura de una vaca con cuernos de ciervo. A la izquierda unas bonitas escaleras nos suben a una mínima recepción. De frente, por un intrincado pasillo llegaríamos al ascensor. 

Subimos por la escalera, que tiene una bonita barandilla metálica en el lado izquierdo. De frente, un mostrador contundente de forma irregular con un puesto de trabajo. Protegido por un metacrilato que nos separa del todo de la joven recepcionista que inicia un tedioso proceso de registro. Recoge nuestro DNI y nuestra tarjeta de crédito y después de tomar todos los datos, los mete en un aparato para ‘desinfectarlos’. Por fin nos da, en el mismo aparato desinfectador la llave de la habitación. Nos explica que por el covid los servicios del hotel se han reducido al mínimo así como las amenidades ofrecidas en la habitación. Que en unos instantes recibiremos un email con diversas opciones para solicitar algún producto más de aseo, productos para el minibar y la clave del wifi. Este es gratuito pero el proceso de conexión resulta complicado por no hablar de la contraseña que hay que introducir de nuevo cada vez que nos desconectamos.

A la izquierda del mostrador hay unas butacas en rojo para esperar a algún huésped junto a un bonito balcón, aunque el espacio es reducido. Sin volver a bajar, salimos hacia la derecha por un pasillo en el que ya hay habitaciones. 

Allí tomamos el ascensor de puertas metálicas correderas. Su interior es excepcionalmente grande. Un gran espejo al fondo y paredes negras en el resto. Un dispensador de gel. Suelo de madera con baldosas de las antiguas. El interior de la cabina tiene dos puertas: por una se entra y por la otra se sale, directamente a un pasillo de habitaciones, sin recibidor. Suelo de madera con una larga, bonita y tupida alfombra en tonos escoceses para amortiguar el sonido. Unos discretos carteles oscuros con números metálicos nos indican el camino a seguir hacia la habitación. Atravesamos la vieja y preciosa escalera del edificio original, con una madera de caoba muy brillante y una barandilla de forja, y unos amplios ventanales que dan a un patio interior pintado con extraños dibujos de caras, ojos, manos… desde arriba hasta abajo. Los pasillos de las habitaciones hacen varios requiebros. Paredes de color gris, techos altos y puertas en blanco con grandes números al lado indicando la habitación.

La habitación se abre por contacto con la llave entregada, que es de color rojo fuerte con el logo de la cadena. Dentro, suelo de madera antigua muy bonita y cuidada. Paredes pintadas en gris. El espacio no es muy grande. Primero un pasillo. A la derecha, una larga cortina gris y un visillo cubren dos ventanas a un oscuro patio, con cristales opacos. Tras las ventanas, un espejo de cuerpo entero y el display del aire acondicionado, algo complicado con demasiados botones pero que funciona bastante bien y con escaso sonido. En el lado izquierdo de ese pasillo de entrada además de la rendija para activar la luz, encontramos un armario pequeño, sin puerta, con un colgador con 6 perchas normales y la caja fuerte que es el único espacio sobre el que dejar la maleta. Encima, un punto de luz.

El espacio de la habitación no es grande. Dos camas, estrechas, vestidas con suaves edredones nórdicos blanquísimos y tres almohadas en cada uno con distinta dureza y tamaño. Resultan cómodas aunque justas de anchura para los que somos grandes. Aparecen empotradas contra un cabecero de capitoné en piel azul muy claro. A cada lado sendas mesillas de madera negra de forma piramidal. Sobre ellas, enchufes para los aparatos electrónicos y curiosos interruptores de los que simplemente hay que apretar en el centro. Por encima, y enfocando a la cama sendos potentes flexos de luz direccionables para la lectura.

A los pies de la cama hay una mesa de madera con patas de metal y un armario en cuyo interior hay un minibar vacío, que hace demasiado ruido por la noche. Sobre la mesa se ofrece un sobrecito de gominolas y un brick de agua mineral. Además en la pared hay un enchufe disponible, y sobre él un enorme televisor de plasma. La silla de trabajo, de madera negra, resulta algo incómoda y baja de respaldo. A su lado hay una butaca roja  En un rincón hay una butaca color burdeos también incómoda.

A la izquierda de la cama encontramos una lámina enmarcada con la foto de un edificio en construcción y  a continuación una estrecha ventana practicable y de aluminio moderno muy consistente. Las vistas a un oscuro patio interior al que se asoman otras habitaciones y baños teniendo todas las paredes pintadas con motivos vegetales. Visillos y foscurits, tanto en esta ventana, como en las otras no pueden evitar que la escasa luz de los patios interiores se cuele también en la habitación. 

El hotel resulta tranquilo. No se escucha nada del exterior, al ser habitaciones interiores. La insonorización interior podría ser mejorable porque se oyen las puertas de las habitaciones cercanas, pasos, movimientos....  Todo el techo de la habitación está rodeado de una moldura de escayola que tiene remetida una tira de luz led, que ofrece al especio una calidez especial. 

A la derecha de la habitación encontramos el baño, sin puerta. Es pequeño de tamaño y está divido en tres partes. En el centro, sobre suelo de baldosas grises y blancas y paredes alicatadas en mármol blanco hasta media altura, encontramos una encimera de silestone blanco apoyada sobre unas patas metálicas negras. Encima un lavabo exento con un gran grifo moderno al que le falta algo de caudal, dos vasos de plástico negros y una bandeja con un bote de gel, otro de champú y otro de aconcidionador envasados para la cadena con unos mensajes divertidos y una jabonera negra con una pastilla de jabón . Encima hay un generoso espejo y a cada lado sendos apliques de luz. En la pared derecha un espejo de aumento  y un secador de pelo potente.

A la derecha, tras una puerta de cristal opaco encontramos el inodoro. El habitáculo tiene una ventana grande a un patio interior que puede cubrirse con un estor desde el techo. También hay una papelera metálica. En el lado izquierdo y simétrico hay una bestial cabina de ducha con un remate de teléfono y una enorme alcachofa en el techo de la que cae agua a raudales. Presión, caudal y temperaturas son formidables. Colgando del lavabo se ofrece el juego de toallas, blancas, mullidas, haciendo tiras con el logo de la cadena: dos de lavabo, dos de baño, enormes, y un albornoz con zapatillas de felpa negras.  

Ambos espacios están iluminados con una tira de luz retranqueada en una moldura generando una agradable sensación.

Por la mañana en la recepción de nuevo hemos de dar todos los datos para la emisión de la factura y seguir el mismo procedimiento de desinfección de la tarjeta de crédito. Todo algo largo y tedioso. Al menos nos preguntan si todo ha estado bien y si el descanso ha sido correcto. 

Calidad/precio: 9
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 9
Estado de conservación: 9
Desayuno:

miércoles, 10 de marzo de 2021

NH SANTS (BARCELONA)


NH SANTS (****)
Numancia 74
08029 Barcelona

Habitación: 314
Fecha de entrada: 20/12/2020

Tarifa: 61,00 (SA)

En la calle Numancia, a medio camino entre la estación de Sants y la Diagonal, un edificio empotrado en una de esas manzanas acoge este histórico hotel de la marca NH. Siete alturas con fachada renovada y llamativa con cristales verdosos. Todo el frontal a la calle es de cristal, lo que asegura la iluminación interior. Una enorme puerta giratoria de cristal nos introduce en él. A la izquierda una enorme N y una enorme H con el logo del hotel. Techo bajo, suelo de mármol blanco, todo reformado con aire afrancesado, cálido y moderno. No hay música.

El recibidor es largo terminando al fondo con el mostrador de recepción. Antes de él a la izquierda hay dos sofás con butacas alrededor y los dos ascensores, de puertas automáticas metálicas. A la derecha una mesa comunal alargada preparada para trabajar con enchufes y luces. Columnas retroiluminadas, lámparas de bolas y espejos ofrecen una iluminación cálida, igual que que la temperatura ambiente. 

El mostrador es un bloque negro descomunal con tres puestos de trabajo protegidos con metacrilatos. Además se ha puesto una mesa portátil delante que todavía nos aleja más del mismo. Llegamos en hora punta y hay cuatro personas haciendo cola para el registro de entrada. Un único empleado hace lo que puede con toda la celeridad que le permite el procedimiento.

Cuando por fin nos toca, nos pide disculpas una y otra vez por la espera. Nuestro trámite resulta muy muy rápido. Es lo que tiene ser fiel de la cadena. En menos de un minuto nos entrega el bienvenido para firmar, y un cartoncito con la sencilla clave del wifi gratuito y la tarjeta de la habitación. Damos dos pasos atrás hacia los ascensores. Son dos, modernos. Suelo de mármol y paredes metálicas. Un espejo al fondo. Bien iluminados y con un cartel sencillo con las recomendaciones sanitarias de la cadena.

Salimos a un amplio recibidor con un par de butacas. Luces indirectas y tenues. Suelo de moqueta verde oscura, paredes en madera y números en metal. A derecha e izquierda se abren los pasillos de las habitaciones. Sensación cálida y acogedora. Las puertas son más bajas de lo normal, nuevas con modernas cerraduras y pomos en metal cromado. 

Dentro, paredes pintadas en color crema clara y suelos de madera. Techo metálico practicable bajo. A la izquierda la ranura para meter la tarjeta  y varios interruptores para la luz. Un poco más adelante, la puerta del baño. A la derecha, un pequeño armario con puertas correderas en madera. En su interior, a un lado baldas con la caja fuerte y al otro una barra colgadora con media docena de perchas antirrobo. A continuación el moderno display del aire acondicionado. Funciona de forma sencilla con una rueda que sube y baja la temperatura que indica una pantalla digital. A media noche deja de funcionar. Cuando lo hace no es silencioso, pero si eficaz.

Y entramos en el dormitorio. Su planta es un poco extraña y el tamaño más bien justo. Delante de nosotros una cama blanca, con un confortable colchón de gran calibre, dos almohadas algo duras y un nórdico agradable y suave. Empotrada sobre un cabecero en piel gris verdosa con varias tiras de led que le dan una iluminación agradable a la estancia. A cada lado sendas mesillas metálicas, algo alejadas de la cama. Esta resulta grande para ser individual, algo pequeña para ser doble. Sobre una de las mesillas el teléfono y el mando de la televisión envuelto en plástico. Por encima, enchufes disponibles e interruptores para encender y apagar las luces. Hay un punto de luz junto el armario, las luces led del cabecero y dos enormes flexos direccionables sobre cada una de las mesillas.  

A los pies de la cama hay un televisor de pantalla plana de generosas dimensiones. A su lado, un espejo exento de cuerpo entero con un sencillo marco metálico. En un extremo situado a la izquierda de la cama encontramos el escritorio. Moderno, de estructura metálica y cuerpo de madera. Sobre él, un flexo de trabajo negro y moderno. En su interior, un minibar vacío, y bajo él, una silla giratora de trabajo cómoda, con ruedas, en piel y metal. Al lado está la ventana, protegida por un visillo y un corto foscurit por el que se cuela la luz a la habitación. La ventana es nueva y su insonorización más que adecuada. Las vistas en cambio son terribles, a una especie de terraza inaccesible que a su vez da a un angosto patio interior con algunas pasarelas metálicas. No lejos debe haber alguna máquina de las instalaciones y en el silencio de la noche se oye el ruido de estas. Por debajo de la puerta principal también se cuela una raya de luz del pasillo. 

La insonorización interior es muy mejorable Se escuchan las habitaciones contiguas, los pasos por el pasillo, el ruido del ascensor... Aún así el hotel resulta tranquilo. 

El baño es correcto aunque se queda algo pequeño. Suelo de mármol blanco y paredes en granito. Mucha luz. A la izquierda una repisa de madera blanca sostiene un lavabo exento grande con grifería moderna al que le falta caudal y le sobra aire.. El lavabo no tiene tapón. Junto a él hay una placa de porcelana blanca sobre la que se ofrece un botecito de champú , otro de gel y una pastilla de jabón con dos vasos de cristal. En la pared, un potente secador de pelo. Bajo la encimera, una toalla de manos. Sobre la encimera un generoso espejo.

Frente a la puerta se ubica el inodoro, moderno y blanco con cisterna exenta. Encima un fino toallero con una pequeña toalla de baño y un pie de ducha que completan el juego de lencería. A su lado la cabina de ducha, de cristal, moderna. Suelo agradable de porcelana blanca y grifería moderna con una terminación en teléfono y una gran alcachofa de efecto lluvia. Aunque todo funciona correctamente, y la grifería termostática resulta muy cómoda, quizá falta algo de presión. 

Por la mañana en el mostrador el proceso de salida es tan rápido como el de llegada, aunque algo más atropellado y frío. 


Calidad/precio: 8
Servicio: 7.5
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 7.5
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 

miércoles, 24 de febrero de 2021

ERBA PILLOW (GERONA)

ERBA PILLOW (**)
Carrer Ultonia 1
17002 Girona 

Habitación: 206
Fecha de entrada: 29/10/2020
Tarifa: 47€ (SA)

No lejos de la estación del tren, en la zona más moderna y comercial de la ciudad, pero a un paso del casco histórico. Un antiguo hotel de toda la vida en un edificio insulso de cuatro plantas en color albero embutido en una manzana de viviendas recientemente semirenovado a base de pintura de colores y dibujitos por las paredes ofrece ahora un sencillo alojamiento. Una pequeña puerta corredera de cristal nos ubica en un estrecho y frío recibidor. Suelos de terrazo y una larga y estrecha rampa nos deja junto a un descomunal armario lleno de folletos de actividades turísticas de la zona, y junto a él un pequeño y curvo mostrador protegido por ostentosas pantallas de metacrilato por el virus. A su lado una pared de cristal opaco que deja entrar algo de luz en el espacio. La sensación es algo fría, antigua y demodé.

Tras él una joven sentada frente a un caos de papeles, carpetas... Nos da la bienvenida y nos dice que tenemos que hacer el check in en una máquina que hay junto a la puerta. Volvemos hacia atrás y ante una pantalla que indica en letras rojas "Máquina fuera de servicio" vamos haciendo los pasos que la joven nos indica: meter el DNI en una ranura lectora, introducir en la pantalla nuestros datos, y por fin seleccionar la forma de pago. Cuando le decimos que queremos pagar en efectivo nos dice que tenemos que volver al mostrador, porque la máquina sólo sirve para pagos con tarjeta... Pagamos, recibimos los cambios y con este un cartoncito con la tarjeta que hace de llave de la habitación. Está rotulada como hotel Margarit, y no indica nada de Erba. Asumimos que es el antiguo nombre del hotel. Nos indica que el desayuno, si lo queremos -que no- se sirve en otro hotel de la ciudad ubicado a 5 minutos a pie; que la recepción se cierra por la noche; que no habrá nadie por la mañana cuando salgamos indicándonos dónde dejar la llave a nuestra salida y nos explica el funcionamiento del wifi que es gratuito, protegido por una contraseña sencilla y bastante veloz en todo el edificio.

Un paso más adelante, y tras dos puertas de cristal abiertas entramos en la zona de las escaleras, que aparentan antiguas y estrechas y del ascensor, de puertas metálicas y correderas. El interior es pequeño. Muy pequeño. Una persona con una maleta y poco más. Paredes de madera, carteles con información sobre el covid y los horarios de la recepción (de 14h a 2h). Cuando se abren las puertas caemos a un pequeño rellano por el que bajan las escaleras. Una pared blanca con un ostentoso extintor en medio. A la izquierda una vieja ventana con vistas a un oscuro patio interior. Suelo de parquet nuevo y claro, iluminado por una efectista tira de led que corre por el suelo junto al rodapié. A mitad de pasillo hay una cesta de plástico blanco y sobre ella, un folio pegado en la pared que indica "deposite aquí sus toallas". Techos practicables con puntos de luz que se encienden automáticamente con sensor de movimiento. 

La puerta de la habitación, de madera clara y nueva se abre por contacto con la llave. Una vez dentro, el espacio es ajustado. Suelo de madera clara y paredes en distintos tonos de azul. Caemos directamente a los pies de la cama. A la derecha, una ranura para meter la llave y activar la iluminación. Los interruptores, modernos, en color metalizado aparecen decorados con dibujitos de muñecos y comecocos. En el suelo un taburete de plástico de color pistacho que desentona con casi todo. A su lado un radiador antiguo que durante la noche hace ruidos como de aguas. Sobre él un equipo de aire acondicionado nuevo.

La cama, vestida en blanco, resulta pequeña para ser doble, pero amplia para ser individual. Cuatro almohadas y un suave nórdico ofrecerían un agradable descanso. Empotrada en un cabecero de madera brillante sobre el que corre una tira de led que da efectividad a la luminosidad de la estancia. A cada lado de la cama hay sendas mesillas de madera. Encima de una, un teléfono, y encima de la otra, el mando a distancia de la televisión y una maceta con una flor de plástico poco agraciada. Encima, enchufes disponibles e interruptores para apagar todas las luces. Incrustados en el cabecero sendos apliques de luz en metal y cristal, con escasa luz para la lectura, que suple perfectamente la tira de led que hay sobre el mismo. Encima de la cama, enrolladas se presentan dos grandes toallas de baño. 

Tras la puerta de entrada hay una especie de pequeño escritorio que hace las veces de maletero. En la pared a los pies de la cama hay una televisión de pantalla plana con una generosa raya que la atraviesa por completo. 

Al fondo de la habitación a la derecha hay un pequeño escritorio empotrado junto a una columna, con una moderna silla con ruedas delante. Cuelga del techo, para iluminar la zona, una lámpara de cristal azulado. En la pared frontal está la ventana, con vistas a la calle, persiana de las clásicas con la cuerda algo desvencijada y cortinas de tela azul como de pana. Bajo ella dos sillas de madera tapizadas en terciopelo. Al lado un armario empotrado con dos puertas y en su interior perchas antirrobo, una balda superior y otra inferior. 

La insonorización interior es lamentable. Se escuchan todos los movimientos de las habitaciones contiguas: voces, pasos, televisiones, conversaciones. El tiempo de pandemia, el toque de queda, y lo tranquilo de la calle hacen que los ruidos que se escuchan del exterior sean inexistentes. Para colmo durante la noche el radiador emite una serie de ruidos como si se estuviera llenando o vaciando. La oscuridad sería absoluta de no ser porque la ranura de la llave emite una luz amarillenta todo el tiempo. 

El baño está sobreelevado. Los interruptores, junto a la puerta, activan por un lado dos puntos de luz sobre el lavabo y por otro otro punto de luz más cerca de la ducha y un extractor de humedad y olores de gran sonoridad. Suelo de porcelana gris, y paredes alicatadas casi hasta arriba con pequeñas baldosas de color mar. Frente al a entrada encontramos una larga encimera con dos lavabos generosos que apenas dejan espacio. Grifería nueva y un jarrón de vídrio con una flor artificial. Las amenities se han sustituido por un dispensador de jabón de manos anclado a la pared junto al lavabo, y otro similar con gel/champú dentro de la ducha. Sobre los lavabos y llegando hasta el techo un enorme espejo . Un secador de pelo de escasa potencia anclado a la pared, una banqueta metálica situada debajo de los lavabos, y una papelera metálica completan el mobiliario de la zona.

En la pared que hay frente al lavabo se presenta un toallero del que cuelgan las dos toallas de manos y el pie de ducha. La lencería resulta generosa en tamaño y limpieza y algo más justa en calidad. Antes de la ducha, en el lado derecho encontramos el inodoro con cisterna exenta. Junto a él, un feo dispensador de papel higiénico de plástico blanco. A continuación la cabina de ducha que es grande, con una mampara la mitad de obra y la otra mitad, hasta el techo de cristal. Dentro la grifería es moderna de doble mando y rematada en un rociador de teléfono. La temperatura es correcta pero el caudal y la presión resultan lamentables. Apenas un hilillo de agua que ni de lejos nos ayuda a despertar. 

Cuando bajamos a la recepción por la mañana no hay recepcionista, porque no llega hasta primera hora de la tarde, así que dejamos la tarjeta en una bandeja que hay sobre el mostrador y nos vamos. Al menos no nos preguntan por el minibar.

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 5.5
Ambiente: 4.5
Habitación: 6.5
Baño: 7
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 

martes, 9 de febrero de 2021

AC MARRIOTT DIAGONAL L'ILLA (BARCELONA)

AC MARRIOTT DIAGONAL L'ILLA (****)
Avenida Diagonal 555
08029 Barcelona 

Habitación: 517
Fecha de entrada: 28/10/2020
Tarifa: 

Situado en el centro comercial de L'Illa, en la misma Diagonal ocupando un voluminoso edificio de seis plantas en granito blanco con enormes ventanales cuadrados. Todo ello descansando sobre una planta baja a modo de zócalo en cristal y acero negro. La enorme acera de la avenida realza todavía más el acceso, ubicado junto a una de las bulliciosas entradas al centro de comercial y de ocio. Entre dos altas macetas con plantas y en medio de una larga pared de cristal encontramos una estrecha puerta giratoria, que hemos de empujar pesadamente y a la que se accede tras subir un incómodo escalón. 

Al otro lado de la puerta una generosa recepción cuadrada. Sensación moderna y amplia. Música suave con toques electrónicos de fondo. Suelo de mármol gris, paredes en madera y cristal. Techos altísimos y mucha luz que viene de las cristaleras que dan a la Diagonal. A la izquierda un pasillo estrecho termina en una escalera de caracol. A la derecha, una mesa grande de madera con un centro de flores y varias sillas alrededor de una biblioteca con libros y revistas. Al fondo, un sofá delante de una pared gris con varias molduras en escayola con luces retranqueadas haciendo como un mural. A la derecha, dos pequeños mostradores individuales, en madera clara con algunos detalles en ámbar. Detrás, toda la pared de madera. Sensación de orden y limpieza en los puestos de trabajo.

Nos atiende un joven sumamente amable. El trámite es un rollo: el DNI, la tarjeta de crédito como garantía, el... pero al menos lo hace amablemente preguntándonos por el viaje y dándonos algunas indicaciones y consejos sobre el hotel, sus servicios y los servicios que podemos encontrar en el centro comercial. Por fin nos entrega en una carpetita de cartón la tarjeta que hace de llave de la habitación y nos indica el camino de los ascensores, que quedan al fondo a la izquierda. Son dos, de enormes puertas, algo oscuros, con un espejo al fondo y paredes de madera, suelo de moqueta oscura, enorme botonadura metálica, una pegatina con la información a cuidad por el covid y dos puntos de luz en el techo. 

Las puertas se abren a un enorme hall que distribuye las habitaciones a derecha e izquierda en unos enormes pasillos, jalonados con enormes columnas redondas de hormigón gris. Suelo de moqueta gris muy suave, techos de color blanco y puertas de color gris oscuro sobre las que hay una lamparita. La cerradura funciona por contacto con la tarjeta.  

Una vez dentro de la habitación dos sensaciones. Por un lado la amplitud, y por otro la enorme luminosidad que aporta el gigantesco ventanal del fondo de la habitación, que ocupa toda la pared y ofrece vistas a la Diagonal. Cerramos la puerta, que tiene en su parte trasera un espejo de cuerpo entero y una cadena de seguridad para cerrarla. Suelo de madera clara limpia y cuidada y paredes en madera un poco más oscura. A la izquierda la ranura para activar la iluminación y bajo ella un largo maletero de metal rematado en un mullido capitoné de piel. A continuación un armario sin puerta con varias baldas con la caja fuerte en una de ellas, varios cajones, y una barra retroiluminada de la que cuelgan varias perchas normales con el logo de la cadena. Se ofrece también una tabla de planchar y una plancha metida en una bolsa de tela negra. En la pared de la derecha encontramos la puerta de cristal opaco del 
baño con un tirador en forma de bola metálica. 

Un paso más adelante el enorme dormitorio. Paredes cubiertas en madera. De tan grande quizá quede algo desangelado. A la derecha el display del aire acondicionado que funciona silenciosamente, pero no demasiado eficazmente. Unos botones seleccionan la temperatura y otros la potencia y se ve reflejado en una pequeña pantalla digital. 

A la derecha queda también la cama, grande para ser individual, justa para ser doble, vestida en blanco con cuatro almohadas de distinto grosor y dureza envueltas en suaves sábanas blancas con un ribete en gris. El colchón es de enorme calibre, cómodo y mullido. Vestido con un edredón ligero. Se encuentra empotrada en un cabecero de piel gris oscura. A cada lado sendas mesillas de madera con una balda de cristal en el interior. En una de ellas el mando a distancia envuelto en plástico, una botella de agua mineral y una toallita con gel hidroalcohólico. En la otra el teléfono moderno típico de la cadena. Sobre ambas interruptores para apagar las luces de la habitación y enchufes para los aparatos electrónicos. Por encima y ancladas a la pared dos lámparas rectangulares y largas de metal y pantalla en color crudo. Luz amarillenta más cálida que potente para la lectura. 

El juego de luces se completa con dos puntos de luz en el techo sobre el escritorio, una tira de led bajo el armario, otra bajo el escritorio y otra que recorre todo el foscurit. En el enorme espacio que queda al fondo de la habitación y bajo la ventana, que no es practicable, hay una mesa ovalada y dos sillones de piel gris. Un visillo leve blanco y un foscurit gris anclado a la pared en ambos lados cubren la enorme cristalera con vistas a la ciudad. La luz no entra durante la mañana. La insonorización del edificio por dentro es algo mejorable. Se escuchan los ruidos en la habitación contigua, aunque el hotel es claramente tranquilo y más en este momento de pandemia. Quizá por la ventana se escuche demasiado el pesado tráfico de la avenida.   

A la izquierda del dormitorio un largo escritorio demasiado bajo para trabajar, y sin silla delante. Es simplemente una madera apoyada sobre sendas patas metálicas. Sobre ella una bandeja de cortesía con una cafetera nespresso con algunas cápsulas de café, azúcar, vasos y una botella de agua mineral. Por debajo de la mesa, el minibar, vacío, que hace demasiado ruido y acabamos desenchufándolo.

El baño mantiene el mismo suelo de madera que el resto de la habitación, pero algo más deteriorado por culpa de la humedad. Enfrente de la puerta un armario de madera abierto en el que encontramos una toalla de manos y un secador de pelo metido en una bolsa de tela negra. Bajo él una papelera de metal oscuro. La parte de arriba del armario es una encimera de silestone blanco con un lavabo moderno y poco profundo, algo incómodo para lavarse bien las manos. Grifería monomando moderna con escaso caudal. Una pastilla de jabón rectangular metida en una caja de cartón con el logo de la cadena es la única amenitie que se ofrece. Dentro de la ducha encontraremos un bote de gel y otro de champú. Encima del conjunto un gran espejo con dos puntos de luz en el techo para iluminar. 

A la derecha de la puerta queda el inodoro con la cisterna exenta y frente a él un bidet. A la izquierda, junto a dos pequeñas perchas, una gran cabina de ducha con suelo suave en color blanco y una mampara de cristal de techo a suelo. El grifo monomando se remata con una alcachofa de teléfono con buen caudal, presión y temperatura. Una toalla de baño cuelga de la barra, y en una pequeña bandeja rinconera encontramos los botes de gel y champú. Junto a la entrada de la ducha, en el suelo, doblado un pie de ducha con el logo de la cadena igual que el resto de la lencería blanca, cuidada y mullida. 

Por la mañana, en una planta intermedia con vistas a la Diagonal se sirve el desayuno en mesa. Un simpático y eficaz camarero nos sirve lo que le pidamos de la elección de la carta que incluye tortilla de patata (congelada), fruta, tostadas, mantequilla y mermelada, tomate triturado, aceite, bacon crujiente y recién hecho, zumos variados, agua, bollería crujiente y caliente recién hecha y un estupendo café.

En la despedida en recepción el mismo joven amable que estaba en la llegada se preocupa interesado por nuestro descanso y por si necesitamos alguna cosa para continuar nuestro viaje.  

Calidad/precio: 
Servicio: 8.5
Ambiente: 8
Habitación: 8.5
Baño: 8.5
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 8

martes, 26 de enero de 2021

OCCIDENTAL ALICANTE (ALICANTE)

OCCIDENTAL ALICANTE (****)
Tomás López Torregrosa 7
03002 Alicante

Habitación: 402
Entrada: 25/9/2020
Tarifa:

En el mismo centro de la ciudad. A un paso de las calles comerciales y de ocio, de la estación del tren, del mar... Embutido en una manzana de casas en una estrecha calle sin espacio para parar el coche, si uno viene motorizado, un edificio de ocho alturas con fachada de colores en distintas tonalidades de azul, verde y naranja que trata de destacar sobre el resto. Varias escaleras y una pequeña rampa nos sitúan sobre un zócalo al que se abre una generosa puerta giratoria de cristal.

Tras ella accedemos a una pequeña pero moderna y recién reformada recepción. Señales en el suelo y paredes alertando de las medidas tomadas por el covid. A la derecha un armario abierto con bebidas, una máquina de café y algunos dulces (chocolates, caramelos...) a la venta. A la izquierda una reja dorada separa la recepción de una zona de estar con sofás, mesas altas para el trabajo, la tertulia o la espera. Y allí mismo el mostrador, potente en forma de L de madera blanca en la parte de abajo y madera clara en la parte superior. Tras él, una cortina turquesa suave decora la pared trasera. Una gran pantalla de televisión proyecta imágenes sugerentes del hotel y el destino. Encontramos el mostrador lleno de papeles, carpetas y objetos de escritorio todo bastante desordenado. Tras una mampara de metacrilato y delante de un ordenador encontramos una joven recepcionista con mascarilla.

El trámite resulta lento. Copia todos los datos del DNI y además nos pregunta por el mail, el teléfono, el código postal... Por fin nos entrega la llave tras firmar el bienvenida y un documento por el que nos comprometemos a avisar al hotel si tenemos síntomas del virus. Nos indica, amablemente, que nos habían asignado una habitación pequeña pero que nos cambia a una algo más grande, o al menos con cama grande. Cosa que agradecemos. Nos explica el horario del desayuno y el funcionamiento del wifi que es gratuito y libre -sin contraseña- y que funciona perfectamente.

Volvemos sobre nuestros pasos y atravesamos la zona de sofás y mesas para dirigirnos a los ascensores. Hay dos, de puertas metálicas automáticas doradas. Su interior no es muy grande, con la pared del fondo toda de espejo. Las otras en madera con algunos carteles con información sobre las medidas anti covid. Suelo de mármol blanco. Muy iluminados. Botonera metálica y una pantalla digital que indica el piso por el que se pasa. Las puertas se abren a un pasillo algo estrecho que corre a derecha e izquierda. Moqueta verde bastante mullida que rebaja el sonido de pisadas y ruedas de maletas, paredes blancas y puertas de madera clara nuevas. Mucha luz, artificial, y cartelería moderna en negro y blanco.


Tras la puerta encontramos una habitación luminosa. Suelo de madera clara nueva, paredes blancas inmaculadas. A la derecha la ranura para meter la tarjeta y activar la luz. Interruptores nuevos de Bticino. Frente a nosotros un corto pasillo que acaba en una pared con un espejo de cuerpo entero. El pasillo continúa hacia la derecha, más largo, con un armario sin puertas en el lado izquierdo. Varias baldas color azul turquesa, un colgador con perchas variadas normales, y una caja fuerte. A continuación y antes de la puerta del baño, un maletero de madera, también clara, con lamas metálicas que lo protegen. De nuevo el pasillo se revuelve hacia la derecha y entramos en el dormitorio. Allí mismo, antes de entrar, a la derecha en la pared el display del aire acondicionado. Sencillo: rueda de temperatura, botón de encendido y apagado, botón de potencia. Funciona perfectamente de forma silenciosa y eficaz. 


El dormitorio resulta limpísimo, claro aunque algo escaso de tamaño. Paredes blancas y decoración en madera clara. A la derecha, colgando de una gran madera clara una enorme pantalla de televisión. Justo enfrente una sencilla mesa escritorio de madera con patas de metal negro. Bajo ella, una efectista pero incómoda silla de metacrilato y un minibar con puerta de cristal vacío. Sobre la mesa el plastificado mando de la televisión, una lámpara metálica negra de escritorio, de aire escandinavo, y varios enchufes USB para los aparatos electrónicos. Encima de la mesa y protegida por un estor-foscurit azul turquesa, una pequeña ventana corredera que da a un patio de luces bastante oscuro con dibujos de peces. La iluminación natural de la habitación resulta escasa, pero la artificial la suple con fuerza.

A la izquierda se ubica la cama. Enorme, formada por dos colchones individuales unidos de generoso calibre y excelsa comodidad. Vestida con un nórdico suave. Sábanas de hilo casi sin estrenar. Cuatro almohadas de distinto tamaño y grosor. Apoyada sobre un cabecero de madera, a juego con todo el mobiliario de la habitación recubierto con piel azul turquesa. A cada lado sendas mesillas exentas, redondas de madera con patas metálicas. Sobre una de ellas el teléfono. Sobre ambas, interruptores y enchufes disponibles. Y encima, anclados al cabecero, sendas lámparas metálicas en negro, a juego con la del escritorio que permiten conseguir una luz cálida en el espacio. Por encima del cabecero corre una tira de led que ilumina de forma efectiva y poderosa toda la habitación.

En la pared por la que se entra a la habitación hay sendas rejillas para el aire acondicionado. No hay cuadros ni decoración más allá del mobiliario. El descanso es sencillo. La insonorización exterior es perfecta, al dar al patio interior. Y la interior resulta también formidable. En general el hotel es tranquilo.


El baño tiene una puerta algo más estrecha de lo normal. Resulta un poco justo de tamaño pero suficiente. A la derecha encontramos sobre una encimera de madera, el lavabo en porcelana blanca con un grifo monomando moderno. Sobre la encimera una bandeja blanca con cuatro botecitos de champú, gel, acondicionador y crema hidratante, un gorro de ducha y una pastilla de jabón. Además dos vasos de cristal sobre unos posavasos. Junto al lavabo, anclados a la pared un espejo de aumento dirigible y un secador de pelo de buena potencia. Un espejo redondo sin marco cuelga de la pared, que está pintada en color azul turquesa. Bajo el lavabo, una papelera metálica algo abollada. El resto de paredes en blanco y el suelo en la misma madera que el resto de la habitación, clara, limpia y muy cuidada. Junto al lavabo está el inodoro, de cisterna vista. Sobre él se ofrece el juego de lencería que consiste en un pie de ducha, una toalla de manos y otra de baño. Todo ello en blanco, con el logo de la cadena, nuevas y mullidas.

En la pared del fondo se ubica la cabina de ducha. Larga aunque algo estrecha. Protegida por una mampara de cristal fija de techo a suelo. En su interior, el suelo de porcelana blanca, y la pared decorada con una imagen de unos veleros en tonos azules. La grifería es nueva con mandos termostáticos. El remate, con dos duchas, una de teléfono y otra de efecto lluvia.

Falta un poco de caudal, aunque la temperatura resulta perfecta. Lo mismo ocurre en el lavabo. Al estar enrasado el suelo de la ducha con el del baño acabamos sacando todo el agua fuera empapando el pie de ducha.

Por la mañana el desayuno se sirve en un moderno y agradable salón decorado en tonos verdes, maderas y dorados con cómodas y mullidas sillas y sofás de terciopelo. Pese al covid el servicio es "como toda la vida" aunque hay disponibles guantes, gel y una simpática y amable camarera por si alguno prefiere que le sirvan. Platos calientes: judías, bacon, huevos revueltos y verduras asadas, embutidos, jamón y una variedad de quesos amplía. Bocadillo preparados vegetales y de jamón en pan y en croissant, zumos de naranja, piña y manzana. agua fresca y cava, fruta cortada y preparada, donuts, croissants, cereales y yogures. Lástima el café, de máquina, y bastante horrible.

Luego en el mostrador nos preguntan amablemente si hemos descansado y si todo ha estado bien, cosa que se agradece.

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 8.5
Habitación: 9
Baño: 8
Estado de conservación: 10
Desayuno: 8.5
Valoración General: 9

miércoles, 13 de enero de 2021

IBIS GRANADA (GRANADA)

IBIS GRANADA (*)
Graham Bell 3
18100 Granada

Habitación: 037
Fecha de entrada: 31/07/2020




Tarifa: 44,00 (AD)

A las afueras de la ciudad junto a la misma ronda que la circunvala en medio de un gran polígono, empresas, restaurantes, centros comerciales y de ocio, en una tranquila calle con edificios bajos, parcelas en espera de construcción y zonas de aparcamiento encontramos un edificio alargado de dos alturas en granito rugoso gris, salmón y blanco con ventanas cuadradas a lo largo de toda la fachada. Junto a la acera, un tótem metálico con el logo del hotel y una pantalla indicando la tarifa media de la noche. Tras una puerta de reja metálica en aluminio blanco se abren dos puertas correderas de cristal.

Dentro un espacio que lo es todo. Suelo de madera. A la izquierda, el restaurante y cafetería con varias mesas altas y bajas de madera con sillas de plástico de diversos colores. Paredes negras, estanterías de colores chillones y luz natural que viene de las grandes cristaleras con vistas a la terraza-jardín que se ubica al lado de la entrada. A la derecha, junto a una gran máquina de vending, hay un  sofá curvo de piel roja con varios cojines. Delante de él una mesa baja y varias banquetas blancas. Al fondo, junto a la ventana, una mesa comunal con varios puestos y sillas de madera para trabajar. La pared del fondo, pintada en negro con algunas inscripciones en pintura blanca. Algunas macetas con plantas altas. La sensación general es fresca pero algo apagada. Todo demasiado normal, estándar, y quizá "apagado"

Un mostrador de madera clara atrincherado en metacrilato por culpa de la pandemia se une a la barra del bar, en ese momento sin apenas luz. Tras el metacrilato una joven nos atiende con simpatía. El plástico y las mascarillas dificultan la conversación. El trámite de registro es bastante lento y tedioso. En la pared de detrás se proyecta con un proyector sobre una pared cubierta con armarios de madera algunas informaciones sobre el hotel (horarios, precios, servicios...). Cuando por fin todo se ha registrado nos ofrece pagar la estancia en ese momento para evitar esperas al día siguiente. Sin duda aceptamos aunque aquello retrase el trámite algo más. Nos explica el funcionamiento del desayuno, del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio bajo un código que nos entregan en unas cuartillas, de la piscina... 

Hacia la derecha, pasamos junto a una pared con algunas fotos de viajeros en la que hay incrustado un lustrazapatos automático, como suele ser habitual en la cadena. Y avanzamos por un pasillo largo con vistas a un pequeño patio de decoración andaluza. Frente a él están los ascensores. Pero nuestra habitación está en la planta baja así que seguimos por ese pasillo de madera, hasta que tras pasar junto a un coqueto rincón con una lámpara, dos butacas de tela y madera y una mesa de centro entramos en el pasillo de los dormitorios. Moqueta mullida en gris con toques blancos y rojos. Paredes estucadas también en gris con algunos dibujos de edificios iluminados. Hilo musical. Las puertas modernas también en gris, y junto a ellas, en grandes grafías el número de la habitación.

Tras la puerta sentimos el fresco del aire acondicionado, cosa que agradecemos. Suelo de madera limpia muy cuidada. Paredes en estuco gris oscuro casi negro. Un breve pasillo antes del dormitorio: a la derecha el interruptor de la luz, y el display del aire acondicionado que funciona de forma efectiva, eficaz y silenciosa con una rueda de temperatura, un botón de frío o claro y otro con la potencia.

El espacio es ajustado. Quizá algo pequeño. A la izquierda un espejo de cuerpo entero sobre el que hay un aplique de luz. Todo apoyado en una madera roja. A continuación, sobre una madera blanca una gran televisión plana. Al fondo del espacio, en el rincón junto a la ventana un armario sin puerta con unas cuantas baldas y media docena de perchas en una barra. En una de las baldas hay un nórdico de repuesto envuelto en una bolsa de plástico. 

La ventana del fondo está protegida por un visillo blanco y un foscurit color arena. Además,  sobre el mismo vidrio de la misma corre un estor blanco que impide el paso de la luz por la mañana. Las vistas, escasas y oscuras, a un destartalado patio interior que hace las veces de terraza, almacén y jardín en porcelana color arena. En la madera que protege los rieles de las cortinas hay otro punto de luz, de metal y cristal algo frío.

Bajo la ventana, el escritorio, de madera en curva que acoge en su interior una cama plegable que se puede sacar girando un artilugio con forma de llave. Sobre la mesa un teléfono gris. Bajo ella una silla de plástico rojo algo incómoda y dura. Al lado de la mesa, y en la extensión del cabecero de la cama hay dos enchufes disponibles, bien ubicados para recargar los aparatos electrónicos sobre la mesa.   

A la derecha de la habitación encontramos la cama. Apoyada sobre un estrecho y largo cabecero de madera clara y blanca. Sobre este un cuadro grande en negro con trazos en blanco. A cada lado, sendas mesillas como pequeñas estanterías madera blanca. En una de ellas, un enchufe disponible y el mando de la TV. Sobre ellas lámparas de metal blanco con tulipa blanca imitando al cristal. Se encienden con pequeños interruptores negros. La luz que ofrecen es cálida aunque algo escasa para leer. Y contrasta con la fría luz de los otros dos apliques de la habitación.

La cama, típica de la cadena, se compone de un canapé grande de tela negra sobre el que se presenta un fino y cómodo colchón y un edredón nórdico bastante suave y ligero. Grande para ser individual y algo justa de tamaño para ser doble. Dos almohadas cómodas. El descanso no es difícil aunque se escucha un permanente zumbido de alguna instalación, algún esporádico ruido "de aguas" por las tuberías del baño y la insonorización interior resulta bastante mejorable. 

 Encima un fino colchón y un edredón nórdico. Dos almohades. Grande para individual, justa para doble. Entra luz. Se oye un ruido de instalación y lo que hacen los de al lado. También el pasillo. Y un ruido de aguas en el baño.

El baño resulta pequeño. Pero suficiente. Moderno y nuevo. Limpio. Suelo de cerámica gris, igual que la pared de la ducha. Una encimera de fibra de vidrio ocupando una esquina ofrece un pequeño lavabo con un grifo monomando al que le falta caudal y presión. Dos vasos de cartón, un bote de gel anclado a la pared junto a un secador de escasa potencia y dos pequeñas perchas. Bajo el lavabo, en una barra de metal se ofrecen las dos toallas de ducha y lavabo que componen en juego de lencería: blancas, suaves y bastante cuidadas. Sobre el lavabo un espejo de forma rectangular irregular con dos luces incrustadas. La luz se completa con un punto más ubicado en el techo. 

Sobre el inodoro, la cisterna incrustada en la pared, y encima un shunt para extraer vapor y olores. A la izquierda la cabina de ducha, en ángulo. Mampara curva y puerta de cristal con una manilla redondeada metálica y una pequeña gota de silicona para evitar que golpee con el inodoro. Dentro, otro bote de gel/champú anclado en la pared y una grifería moderna y cuidada en la que destaca una gran alcachofa. Lástima que le falte tanto presión como caudal y que la temperatura oscile del frío al calor sin tocar el grifo. 

Por la mañana, en el espacio que hace de recepción, zona de estar y bar-restaurante se sirve el desayuno. Dos simpáticas y eficaces empleadas nos van preguntando qué queremos tomar entre distintas opciones: zumo de naranja artificial, jamón serrano, de york, quesos, pan y bollería crujiente y recién horneada, cereales y yogures y un café expreso más que aceptable. Todo ello se sirve sobre una bandeja de plástico con una servilleta de papel y cubiertos que cada uno lleva hasta su mesa.

Como el día anterior ya hicimos el pago de la estancia la salida es tan rápida como dejar la tarjeta de la habitación en una urna de metacrilato. Y adiós. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 7
Baño: 6.5
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 6