miércoles, 13 de septiembre de 2017

ILUNION VALENCIA (VALENCIA)

ILUNION VALENCIA (****)
Valle de Ayora 1
46015 Valencia

Habitación: 428
Fecha de llegada: 9/03/17
Tarifa: 

A las afueras de Valencia, en la zona de expansión de la ciudad junto al Palacio de Congresos y junto al inacabado campo de fútbol encontramos un enorme edificio ocupado por tres hoteles distintos. Un Eurostars y dos hoteles de la cadena Ilunion de tres y cuatro estrellas. A nosotros nos corresponde el de cuatro, que hasta hace un poco era un Novotel, y todavía se le nota. 

Una tranquila y luminosa calle (la parcela de enfrente está sin desarrollar) acoge la entrada del hotel. Una enorme cristalera con algunos vinilos ocupa todo lo que es la recepción. La luz lo llena todo. Techo altísimo, como si fuera dos o tres alturas, dos puertas correderas y decoración en tonos marrones oscuros. Buena temperatura, pero demasiado follón que se escucha desde la cafetería/restaurante que está al fondo pero sin puerta que la separa de la zona de acogida. Un largo mostrador en negro y marrón nos recibe frente a la puerta. Hay varios puestos de trabajo con las pantallas quizá demasiado altas. Por detrás del mostrador, decoración en madera oscura y apliques de luz en tonos amarillentos. Frente al mostrador y bajo los cristales hay varios sofás con mesas para esperar a clientes alojados, charlar, trabajar... En general el espacio resulta demasiado gigantesco y por tanto algo desangelado.

Tras el mostrador una simpática, amable y eficaz recepcionista nos da la bienvenida. Enseguida localiza nuestra reserva y los datos de nuestro DNI. Nos entrega la tarjeta de la habitación, nos explica el funcionamiento del wifi (gratuito, veloz, sin cortes y de sencilla conexión) y avanzamos hacia la izquierda hacia los ascensores.

No son nuevos, pero tampoco están descuidados. Luz algo mortecina, un espejo y algunos carteles con publicidad de la cadena, e información del hotel. Sube rápido hasta el piso 15. Allí salimos a un largo pasillo que recuerda totalmente a un Novotel. Moqueta color salmón en el suelo, paredes blanquecinas y luces algo amarillentas para avanzar por el pasillo. Las puertas, de color madera clara, muy pesadas y con poderoso marco que aísla mucho la habitación de los ruidos del pasillo. 

Tras la puerta, suelo de madera limpísima y nueva en tono marrón oscuro. Todo lo demás, recuerda a un Novotel. Un pasillo avanza hacia el dormitorio. En él a la derecha, los interruptores y la puerta del baño, de color blanco. A la izquierda hay un armario bajo con dos puertas que guarda algunas mantas extras. A continuación dos tableros sostienen con la pared unas barras de colgar con un espejo entre ambas. En cada barra un par de perchas. Es el armario. Toda la madera es clara. A continuación de los colgadores y ya casi en el dormitorio hay un pequeño armario con una estantería iluminada con información del hotel, un minibar con dos botellas de agua de cortesía y una caja fuerte. 

Notamos algo de frío, las luces son algo mortecinas, con lo que no ayudan y demasiado ruido. La ventana no encaja bien en el marco. Llamamos a recepción y en cuestión de segundos aparece alguien de mantenimiento que casi desmonta la ventana, pero nos la deja perfectamente encajada y aislados del exterior. El piso es alto (15) pero las avenidas que circundan el hotel son de alta capacidad y "sonoridad". La ventana nos protege. El foscurit generoso en tamaño no impide que por la mañana la luz de Valencia se cuele por alguna rendija. 

En el dormitorio encontramos un maletero de madera y tela azul, sobre el que hay unos cuadros en tonos grises. Junto a él, un generoso escritorio que puede girarse para trabajar con las piernas estiradas. Incrustado en él hay una lámpara de trabajo, quizá algo tenue. Un teléfono, varios enchufes para el portátil una silla, una televisión plana y el folleto del room service del hotel.

En la pared del fondo encontramos la ventana, que nos acaban de reparar. Sus vistas son magníficas hacia el exterior de la ciudad. Junto a ella y frente al escritorio encontramos un sofá-cama-doble tapizado en un marrón grisáceo. Y junto a él, el mueble que conforma la cama. De madera clara, con dos pequeñas mesillas una de ellas ocupada por el teléfono. Sobre ellas incrustados en el cabecero dos puntos de luz para la noche. Bajo ellos, sendos enchufes e interruptores para apagar todas las luces de la habitación. 

La cama, en blanco con un plaid a juego con el sofá. Vestida con limpias y agradables sábanas blancas que cubren una manta. Cuatro almohadas muy confortables. El colchón no es muy grueso, pero resulta cómodo. Sin más. Junto a la cama hay un mando del aire acondicionado de sencillo manejo. Lo encendemos para darnos cuenta que hace algo de ruido, pero no lo necesitamos. La habitación tiene una temperatura adecuada. La insonorización es estupenda tanto exterior como interiormente.  

El baño es otra vez made in Novotel. El suelo como de madera plastificada, y las paredes con unas baldosas blancas con unas cenefas a media altura de colores azules y marrones. Además de un inodoro con la cisterna incrustada en la pared y un bidet hay una bañera de forma extrañamente redondeada y muy sobreelevada protegida por una antihigiénica cortina blanca. El caudal en el grifo es prácticamente inexistente. Apenas un hilillo de agua con el que hay que despertarse y ducharse por la mañana. 

El lavabo es una pieza de fibra de vidrio de color verdoso. Sobre él un gran espejo con dos luces a cada lado. La luminaria se completa con varios puntos de luz en el techo. Dentro de la ducha se ofrecen dos toallas de baño colgadas de un toallero, y bajo el lavabo otras dos de lavabo. Un secador de pelo anclado en la pared y una bandeja de plástico blanco con amenities (dos botes de gel, dos de champú y un jabón de manos) completan el set de baño. 

Por la mañana el ruidoso comedor, muy iluminado por las ventanas que dan al jardín del hotel, ofrece un desayuno buffet algo destartalado. Hay zumos naturales, platos calientes (tortillas, chorizos, bacon...), embutidos y quesos, cereales, yogures, dulces (bollos, donuts...) y un café de máquina que no es malo. Lo mejor, sin duda, el atento servicio.

En recepción, para la salida nos atiende otra joven muy atenta y servicial. Al no haber minibar se preocupa por nuestro descanso y por si necesitamos ayuda para seguir nuestro viaje. Sin duda, lo mejor del hotel, su atención.

Calidad/precio: 
Servicio: 9
Ambiente: 7
Habitación: 7
Baño: 4
Estado conservación: 7.5
Desayuno: 5
Valoración General: 7

miércoles, 30 de agosto de 2017

NH COLLECTION BARCELONA GRAN HOTEL CALDERÓN (BARCELONA)

NH COLLECTION BARCELONA GRAN HOTEL CALDERÓN (*****)
Rambla de Cataluña 26
08007 Barcelona

Habitación: 116
Fecha de llegada: 04/04/17
Tarifa: 


Situado en el mismo corazón de la ciudad, a una manzana de la Plaza Cataluña, el hotel se alberga en un edificio que consta de cuatro torres unidas con una central superior con hierros blancos entrelazados. Aunque no es nuevo, el exterior resulta moderno en comparación con el resto de edificios más clásicos de la zona. A pie de calle esa comparación es todavía más acusada ya que toda la fachada de la planta baja se trata de una enorme cristalera con vistas a la recepción.

A la puerta del taxi acude un mozo a abrirnos la puerta y saludarnos, aunque no se ocupa de nuestro equipaje (sólo es un troley). Tras una puerta giratoria accedemos a la recepción. Detrás de nosotros, una enorme cristalera a la calle, lo que llena de luz el espacio. A la derecha, otra cristalera deja ver el bar/restaurante a través de unos vinilos. A la izquierda bajo una gigantesca pantalla de cinco metros de altura proyecta la imagen de una cascada en movimiento varios sofás de piel rojos y varias sillas "colgantes" a modo de columpio con vistas a la calle. Delante de nosotros 5 escaleras de mármol blanco nos conducen al mostrador de recepción.

El espacio es agradable, moderno y atractivo, pero algo angosto para la excesiva gente que se arremolina por allí. Los recepcionistas se ubican en un poderoso mostrador ovalado de madera blanca. Nos avisan que tienen un problema con el sistema informático y que aquello será lento. Y así es. Cuando por fin nos atienden, nos piden disculpas además de pedirnos el DNI y una tarjeta de crédito. Nos asignan la habitación casi corriendo y nos vamos, después de preguntar el horario del desayuno y el funcionamiento del wifi, que es gratuito y bastante correcto en cuanto a su velocidad y funcionamiento.

Al fondo de la recepción junto a unas pantallas que proyectan noticias (el tiempo, la bolsa...) sobre un panel blanco, plateado y con detalles en madera encontramos el vestíbulo de los ascensores. Frente a ellos una pantalla proyecta el cuadro de las Meninas con movimiento. Los ascensores (5) son modernos, algo oscuros, con espejos en tres de sus paredes y una pantalla pequeña en la que se proyecta igualmente noticias y la previsión del tiempo. Bajo la pantalla en un cartelito se describen algunos servicios del hotel. 

Las puertas automáticas del ascensor nos dejan en un recibidor en el que destaca un enorme dibujo de la Basílica de la Sagrada Familia sobre una pared marrón chocolate. Varios carteles señalizan desde allí las direcciones de las habitaciones. En los pasillos, paredes blancas que contrastan con una tupida moqueta color vino tinto y con las puertas de las habitaciones en marrón oscuro. Un moderno pomo metálico abre la puerta tras acercar la tarjeta a un dispositivo. 

Tras la puerta, apenas medio metro de pasillo antes de entrar en el dormitorio. A la derecha dos puertas de cristal transparente con marco de madera oscura y tiradores en piel acogen el armario. Algo pequeño, con una barra colgadora con muchas perchas normales de distintos formatos (camiseras, para trajes, faldas...). Debajo una cajonera con un calzador, una gamuza lustrazapatos, la bolsa de la lavandería y una bolsa con el logo del hotel.

A continuación entramos en el dormitorio. Rectangular. Muy blanco y luminoso. Enfrente, la cama. Grande para ser individual y justita para ser doble. Seis almohadas rematan un brutal colchón comodísimo, vestido con un suave y ligero nórdico. Pese a ello el descanso no es del todo óptimo. Se escucha muchísimo el pasillo y los ruidos de las habitaciones contiguas (duchas, voces...). Es especialmente molesto el continuo golpear de una puerta (quizá del servicio interno del hotel) en una de las paredes. 

La cama aparece enmarcada en un cabecero de piel blanca, con un marco como de cuadro retroiluminado. A cada lado de la cama sendas mesillas redondas -también blancas- sobre las que cuelgan sendas lámparas de noche. A cada lado del cabecera hay unas pequeñas y potentes lámparas direccionables de lectura. Sobre una de las mesillas un moderno teléfono. Sobre la otra una revista y unos lacasitos cortesía del hotel. Detrás de las mesillas, interruptores de B-ticino para apagar todas las luces de la habitación (menos una lámpara de pie) y varios enchufes, incluyendo unos tipo USB. A los pies de la cama, en la pared hay un enorme espejo de cuerpo entero con un marco de madera en tonos plateados y una enorme pantalla plana de televisión. 

Al fondo del dormitorio está la ventana. Nueva y bien insonorizada da a un patio de vecinos algo amplio, pero justo delante de nuestra ventana hay un montón de maquinarias y chimeneas del hotel que ofrecen una visión terrible y oscura, sensación que sin duda se traslada a la habitación. Un foscurit que se cruza en el centro detiene por completo la luz exterior -y la horrible visión de la maquinaria- y este a su vez se recubre con un leve visillo en tono gris.

Justo debajo de la ventana encontramos un maletero, una moderna lámpara de pie metálica, una enorme y confortable butaca roja de diseño nórdico, y una mesa de centro redonda llena de snacks, vino, algunos licores, dulces... como parte del minibar.

Junto a todo ello un escritorio de madera blanca brillante. Delante de él varios enchufes (incluido uno de USB) y sobre él una bandeja con una máquina de café Nespresso, un hervidor de agua y varias opciones de café e infusiones. Bajo el escritorio, en un armario, el minibar, de amplio y exclusivo surtido, en consonancia con sus precios, claro. La silla de trabajo es comodísima, en piel blanca y con ruedas. Quizá se echa de menos un flexo para trabajar y algo más de espacio, porque la bandeja de cortesía y varios folletos del hotel acaban ocupando demasiado.


El aire acondicionado funciona desde un sencillo y moderno display. No es demasiado ruidoso, ‎pero la rueda que regula la temperatura no funciona con precisión. El aire sale a la misma temperatura subiendo el selector de temperatura o bajándolo. El juego de luces permite crear distintos ambientes en la habitación, cosa que se agradece. 

Junto a la pantalla de televisión está la entrada al baño. Sin puerta. Tan sólo el marco. Mármol color arena en el suelo y paredes. En una primera estancia, bastante bien iluminada encontramos el lavabo. Moderno, de lineas rectas, con una encimera en la que se presentan sobre una bandeja de porcelana blanca las amenities (jabón, gel, champú, crema corporal, crema de manos y gorro de ducha). El grifo, muy moderno está incrustado en la pared y aunque funciona a la perfección quizá queda demasiado al fondo del lavabo lo que provoca que al lavarnos las manos el agua caiga sobre la encimera. Sobre el conjunto, un enorme espejo retroiluminado. En la pared varios enchufes, un aparato para manejar algún audio y un secador de pelo. Bajo el lavabo el juego de lencería: dos cuadrantes de manos, dos toallas de lavabo, dos enormes toallas de ducha y un albornoz. Todo nuevo, muy limpio y mullido. 

Tras una pared de cristal opaco accedemos a otra estancia del baño donde se encuentra el bidet, el inodoro y la ducha. El inodoro entorpece un poco la entrada a la ducha que es una enorme cabina protegida por una mampara transparente de cristal. La pared del fondo es de una piedra como de lava, labrada con motivos geométricos. La ducha consta de un teléfono enorme situado en la pared y de un generoso rociador efecto lluvia situado en el techo. La presión, el caudal y la temperatura son formidables. El mando de su manejo es sumamente moderno y tan sólo permite la opción encendido, apagado y la regulación de temperatura. El caudal, muy generoso, no es posible regularlo. Dentro de la cabina encontramos también un calienta toallas que hace las veces de calefacción.   

Por la mañana, un bullicioso salón situado tras la recepción acoge el desayuno. Mesas redondas, cuadradas, con bancos, banquetas, sillas... de distintos formatos y tamaños, sin mantel y con servilletas de papel. El buffet es impresionantemente generoso: zumos variados (incluso con mezclas), embutidos, fiambres, quesos, bocadillos y sándwiches preparados, un enorme surtido de frutas peladas y cortadas, bollería recién hecha, distintos tipos de panes, un espacio destinado a la gastronomía local (fuet, butifarra, tomates, aceites...). El café, se sirve desde una máquina automática y aunque no es excelente, tampoco resulta malo.

En el mostrador de recepción se interesan por nuestro minibar más que por nuestro descanso y nos piden que contemos qué nos ha parecido la estancia en Tripdavisor.

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 8.5
Baño: 9
Estado conservación: 9
Desayuno: 9
Valoración General: 8.5

domingo, 2 de julio de 2017

PUEBLO ACANTILADO (EL CAMPELLO - ALICANTE)

PUEBLO ACANTILADO SUITES (****)
Plaza de la Ciutat de l'Alguer 10 
03560 El Campello (Alicante)

Habitación: Suite Real 3

Fecha de entrada: 10/02/2017
Tarifa: 

Colgando de un acantilado sobre el mar y como si fuera un pequeño pueblo mediterráneo, con sus plazas, su teatro, su ayuntamiento... encontramos este curioso hotel construido, sin duda alguna, para el relax veraniego, que en estas latitudes es casi todo el año menos diciembre, enero y febrero, precisamente cuando lo visitamos nosotros. La página web del hotel nos sorprende con un vídeo a cámara rápida en el que nos indica visualmente el camino a tomar desde distintos puntos cercanos (aeropuertos, estaciones...) hasta el complejo hotelero, situado al final de una carretera que atraviesa una abigarrada urbanización.

En la rotonda en la que termina la carretera además de las pistas deportivas (pádel, tenis), del spa, y del caminito que da acceso al mar (no playa), encontramos una gran reja que hace las veces de puerta de entrada al alojamiento, aunque junto a ella, replicando una pequeña iglesia de las que abundan por estos pueblos encontramos la recepción, un bar, el acceso al Spa y una pequeña tienda de comestibles. La recepción es una estancia estrecha y larga. Paredes y mobiliario blanco y suelo negro de porcelana. Llena de cosas. Hay vitrinas que venden desde pulseras y relojes a excursiones en barco, aceite, camisetas y mochilas... Al fondo a la derecha está el mostrador. De metacrilato blanco con un puesto de trabajo. 

Tras él nos atiende una simpática joven. Ella es simpatía y amabilidad. Otra persona que hay detrás del mostrador tras unas mamparas -quizá su jefe- es algo menos. Y entorpece nuestro proceso de registro y llegada. Por fin, nos entrega un sobre con la llave, la clave del wifi (que es gratuito y funciona bastante bien en todo el complejo) y un plano de las principales instalaciones. Llama por teléfono y otro joven se acerca hasta la puerta con un cochecito de esos de golf para acercarnos hasta nuestra habitación. 

Tras la reja, hay una empinada subida hacia las habitaciones que quedan dispersas a lo largo del acantilado y a lo alto de la colina. Hay una calle central, decorada con olivos y parterres, por la que sube el cochecito, y a cada lado se abren casitas de colores con las habitaciones. La sensación resulta simpática, amable y plácida. Nosotros estamos ubicados en la primera casita, en un gran torreón. El coche para junto a una doble puerta que está abierta. La atravesamos y vemos una estancia con dos pisos. En el de abajo está la Suite Real número 1, junto a cuya puerta hay un par de sofás negros. A la izquierda sube una escalera en semicírculo, en mármol rojo y con baranda de forja negra hasta casi tocar el techo, con vigas a la vista. Allí está la puerta marrón oscura, con moderna manivela en acero, de la Suite Real número 3. La nuestra. 

Nada más abrir la puerta caemos en un pasillo que se abre hacia la derecha. De frente, allí mismo, encontramos la puerta del dormitorio. Junto a ella una ranura iluminada para introducir la tarjeta y activar la luz. Suelo de madera clara, bastante limpio y agradable. Paredes blancas. Sensación un punto fría. No sólo por la temperatura. Si seguimos el pasillo hacia la derecha encontramos una repisa bajo una ventana que da a la escalera. Junto a ella, el mando inalámbrico del aire acondicionado, que en el salón funciona a la perfección aunque con un poco de ruido. Un paso más, un escalón y aparecemos en el enorme salón/cocina/comedor. Una gigantesca estancia llena de luz. Techo altísimo, con vigas a la vista y a dos aguas. 

A la izquierda de la entrada hay una larga encimera con un fregadero, una cocina vitrocerámica con campana extractora, un horno y varios armarios blancos en la parte de abajo. Sobre el fregadero dos . armarios con vajilla de cristal opaco. La pared del fondo de la izquierda es toda un enorme ventanal que cae sobre el mar. Cubierto por un visillo azulado y un foscurit grueso. En el suelo continúa la madera rojiza limpia y reluciente. Junto a la enorme ventana, una mesa de comedor de cristal con cuatro sillas de piel color crudo. 

En la pared del fondo, bajo un enorme cuadro con dos lirios de colores encontramos un confortable sofá (doble) cama con un par de mesas de centro, de cristal, y un armario bajo que queda en el centro de la estancia y que acoge la enorme televisión. Esta, igual que la del dormitorio, se maneja desde un complejo mando a distancia que tiene un teclado qwerty. No conseguimos subirle el volumen. Junto al sofá, y frente a la ventana que da al mar, hay otra pequeña ventana con vistas a la "calle principal" del complejo. Las luces, situadas en el techo quizá den una luz demasiado fría, aunque con tantas horas de sol al año, que llena la estancia por la ventana ¿quién va a querer encenderlas?. La calma y la tranquilidad combinan con una cierta falta de calidez en el ambiente. 

El dormitorio es pequeño de tamaño. Pero suficiente. Se mantiene el suelo de madera limpia y agradable y las paredes pintadas en blanco. Sobre la puerta de entrada hay un equipo de aire acondicionado que no conseguimos poner en marcha. A la derecha un armario lacado en madera blanca brillante. Dos puertas correderas, una de ellas de espejo. Dentro perchas normales, un par de baldas y la caja fuerte. La pared situada frente a la entrada es una nueva cristalera con increíbles vistas al mar. Ventana de madera oscura y antigua cubierta por un foscurit y un visillo color crudo que no pueden con la luz exterior y por la mañana se cuela en la estancia. La marquetería de la ventana es algo antigua, así como sus manivelas. Le da un punto de contraste a la estancia, y permite además que se cuele el rumor de las olas que rompen ahí abajo en el acantilado. Bajo la ventana, un maletero de madera con bandas metálicas. 

La cama es grande para ser individual y algo justa para ser doble. Aparece vestida con unas sábanas limpias pero que empiezan a pedir su sustitución. Sobre la sábana una colcha de color crudo y un cojín a juego. El colchón es cómodo pero sin más. Igual que las dos almohadas. El cabecero es una pieza de madera, también brillante en albero y blanco. Sobre él, hay un cuadro con motivos azules. A cada lado de la cama hay sendas mesillas, algo destartaladas, y lacadas en blanco roto brillante algo hortera. Sobre ellas hay unas lámparas de acero con tulipa en crudo. Enchufe en un lado a cambio de desconectar el aparato que carga el mando a distancia de la televisión. Interruptores que permiten apagar todas las luces de la estancia desde la cama. Sobre los interruptores hay dos apliques en la pared: modernos y de metacrilato. El juego de luces es agradable, y se puede crear una atmósfera confortable. Lástima que al no funcionar el aire acondicionado, pasemos algo de frío.

La televisión de plasma cuelga de la pared ubicada a los pies de la cama, y un poco más allá, junto a la ventana, la puerta del baño, también de madera oscura y moderna. Por alguna extraña razón, siempre se cierra sola. 

El baño es moderno. Mucho. Quizá renovado, quizá ampliado recientemente a la habitación. Destaca sin duda el tener dos ventanas con espectaculares vistas al mar y a la línea de la costa pudiendo ver Villajoyosa, Benidorm... Suelo de porcelana marrón y paredes alicatadas hasta media altura en tonos crudos. Desde las baldosas hasta el techo, pintura blanca. Todo lo que tiene de moderno lo tiene de frío. No hay ningún artilugio para calentar el espacio, y en febrero, hace frío. El espacio es grande y luminoso. En la pared de la derecha encontramos el bidet y el inodoro, ambos de porcelana blanca y moderno diseño. Junto al inodoro una papelera metálica. 

En la pared de la izquierda una encimera de madera larga alberga el lavabo.Sobre él un gran espejo y a su lado otro más pequeño de aumento para el afeitado. El lavabo es pequeño, de capacidad con moderna grifería. No conseguimos que saliera agua caliente. La presión y el caudal son correctos sin más. Pero el sumidero no traga bien. Enseguida se llena la pila. De la encimera de madera cuelgan de una barra dos toallas de manos. Y sobre ella se presenta el completo pack de amenities: dos botes de champú, dos de jabón, un set dental, otro de afeitado, gorro de ducha, bastoncillos, pañuelos de papel...

En la pared del fondo se ubica la bañera con ducha. Una mampara de cristal evita que salpiquemos agua. La grifería termostática funciona perfectamente y la alcachofa de la ducha escupe agua con una presión, caudal y temperatura envidiables. Nos duchamos con agua caliente -hace frío- y llenamos la estancia de vapor que acaba humedeciendo todas las paredes. Dos toallas de baño grandes, limpias y nuevas completan el set de lencería. 

Por la mañana, en la salida nos atiende en la misma puerta de la habitación otra joven encargada del hotel (quizá de los eventos). Nos pregunta por el descanso y por si necesitamos ayuda con el equipaje para llegar hasta el coche. Simpatía y atención. Y nos vamos.

Calidad/precio: 
Servicio: 7.5
Ambiente: 7
Habitación: 7.5

Baño: 7.5
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 
Valoración General: 7.5

lunes, 19 de junio de 2017

AC SOM (BARCELONA)

 
HOTEL AC SOM MARRIOT (****)
Arquitectura 1- 3
08908 L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona)


Habitación: 711
Fecha de entrada: 24/01/2017
Tarifa: 88€ SA

Un moderno edificio de vanguardista arquitectura construido en granito blanco, cristal y madera se sitúa frente a la Fira de Barcelona rodeado de edificios de viviendas, jardines y un gigantesco centro comercial. Amplias avenidas lo circundan y junto a él hay un pequeño jardín con un parque infantil y unos colegios. 

En la acera hay una parada de taxis y entre esta y la entrada del hotel un pequeño pasillo para que los coches puedan acceder al parking o podamos estacionar el nuestro un momento para descargar el equipaje. La entrada al edificio se hace desde una especie de plataforma cubierta por una techumbre de madera, reflejo del suelo. Bajo ella, dos puertas correderas: una en tres partes y la otra de una única pieza. El conjunto nos va aislando del frío del exterior para sentir la calidez del interior en cuanto el suelo pasa de ser de madera a moqueta de color oscuro entre verdoso, marrón y negro. Entramos a un generoso espacio, sobre todo en altura donde se ubica la tranquila cafetería. Techo alto, muy alto. En blanco. Paredes de cristal que llenan de luz la estancia. 

A la derecha, separando el pasillo de entrada de la propia cafetería hay unas estanterías abiertas, con libros, jarrones y otros elementos decorativos. Tras ella, varias mesas de metacrilato negro y butacas bajas del mismo color. Una televisión enorme, afortunadamente sin sonido, y una barra de bar del mismo tono cuya trasera está decorada con cuadros luminosos. Lámparas de pie. Sensación de calidez en la temperatura, aunque sólo en eso. 

A la izquierda del pasillo de entrada queda la cristalera de los ascensores panorámicos. Unos pasos más adelante y remetiéndose hacia la izquierda queda el espacio de recepción. Un mostrador poderoso, en negro y metal protege a dos empleados. Uno está ordenando papeles y atendiendo asuntos internos. La otra atiende a una pareja de huéspedes. Nosotros esperamos. Y esperamos. Y esperamos. Cuando la pareja de huéspedes se va, nos atiende ella a nosotros. El otro sigue trabajando en los papeles. El trato es distante, frío y peñazo. Otra vez los datos del DNI (¡¿para qué soy Oro de la cadena y reservo a través de su web?! ¿quizá para que tengan ya todos mis datos?). Mientras copian por enésima vez lo de que vivo en la Calle Olite, nos entretenemos con una pantalla que hay sobre el mostrador con publicidad de hoteles en Ibiza (aunque curiosamente no de Marriott) y con otro gran totem metálico que hay instalado junto al mostrador que ofrece información y servicios de la ciudad.

Por fin nos entrega la llave, la clave del wifi que es gratuito y veloz en todo el hotel, y un documento que nos pide rellenar si queremos obtener una factura a nombre de una compañía al día siguiente. ¡Como si no tuvieran ya los datos!...

Damos unos pasos hacia atrás y atravesando una puerta metálica gris llegamos al rellano de los ascensores. Pequeñito ofrece dos ascensores de puerta corredera y cabina de cristal panorámica. Modernos, limpios, silenciosos nos suben hasta otro rellano del mismo tamaño en nuestra planta. Allí se abren dos puertas, una a derecha y otra a izquierda. El suelo de madera en algunas zonas, a modo de puente, y de moqueta en otras amortigua los ruidos de los pasos y de las ruedas. El pasillo hace una especie de cuadrado pasando por las habitaciones y el rellano del ascensor. La nuestra queda junto a la puerta, aunque no encontramos los indicadores que nos dirijan hacia la izquierda al salir del ascensor, por lo que damos la vuelta entera a la pequeña planta. 

Las puertas de madera oscura contrastan con las paredes grises claras de vescom. Introducimos la tarjeta en el pomo metálico y abrimos la puerta. La sensación nada más acceder a la habitación es de frío. La moqueta del suelo del pasillo cambia a madera oscura. A la derecha, pared gris en vesco con la ranura de la tarjeta, un par de interruptores y el display del aire acondicionado. Sencillo, con un botón de encendido, apagado y auto y una rueda para hacer que salga aire frío o caliente. Funciona perfectamente y enseguida se caldea la estancia, pero hace demasiado ruido para dormir con él encendido.  La parte trasera de la puerta es un enorme espejo que la ocupa entera. Tras ella un pequeño pasillo en el que encontramos  a la derecha la puerta de cristal del baño y a la izquierda otra puerta de cristal con el armario. Al abrirla se enciende una luz dentro. Un colgador largo con perchas normales con el logo de la cadena, la caja fuerte, la bolsa de ropa sucia y un par de cajones lo visten por dentro.

Un paso más adelante está ya el dormitorio. De generoso tamaño destaca sobre todo por su enorme cama blanca, de agradable lencería (unas suaves sábanas blancas con un ligero nórdico) rematada con cuatro almohadas. Cabecero acolchado en piel negra y una mesilla de metacrilato negro a cada lado. En una de ellas hay un enchufe para los aparatos en electrónicos y en ambas hay interruptores para las luces. Como nos tiene acostumbrados la cadena, sólo hay la opción de todo encendido o todo apagado, con la salvedad de las dos potentes lámparas dirigibles de lectura que hay bajo las lámparas (con pantalla blanca) de las mesillas. 

A los pies de la cama sobre una pared blanca con un cuadro en negro hay una larga repisa que hace las veces de escritorio en su parte más ancha. Sobre ella, una televisión plana, un enchufe normal y otro para enchufar cables USB, una carpeta con información del hotel y otra con servicios externos al mismo. Esa repisa se va estrechando conforme se acerca a la pared del fondo, totalmente de cristal con una ventana que se abre batiente de abajo hacia arriba. La ventana aparece protegida por un potente foscurit y una cortina oscura algo metálica. Justo delante hay una columna. A un lado de esta hay un maletero de madera y lamas de tela, y al otro una butaca baja con una mesa de acero y plástico y una lámpara de pie. 

La ventana, con vistas a la entrada principal aquí delante, y a la montaña y la ciudad allá al fondo, aísla mucho del exterior y apenas se oyen los ruidos de la calle. Sin embargo la insonorización interior necesita mejorar: se escucha mucho el pasillo y lo que pasa en las habitaciones contiguas. El foscurit y las cortinas impiden el paso de la luz, pero esta se cuela bastante por las rendijas de la puerta de entrada. 

El baño resulta moderno. Rectangular, con dos paredes de espejo. La pared del frente tiene además dos líneas de luz incrustadas en el espejo. Granito color gris en la encimera, paredes y suelo. Un lavabo con un moderno grifo que quizá queda demasiado al fondo del lavabo. Presión y caudal algo justos. Temperatura brutal. Junto al lavabo se ofrecen dos botes de champú, dos de gel y una bola de jabón de manos. Bajo la encimera, además de una papelera metálica, encontramos una pequeña mesa metálica de ruedas en la que se ofrece el resto del set de amenities: gorro de ducha, pañuelos de papel, set dental, de afeitado y gamuza para el calzado todo ello en el formato propio de la cadena envuelto en papel de plástico blanco. A la derecha, bajo la otra pared de espejo se encuentra el bidet y el inodoro, algo separado de la pared por el uso. 

En la pared de la izquierda ya sólo queda la bañera con la ducha, rematada con un moderno "teléfono". La pared aparece recubierta con unas pequeñas baldosas de porcelana también en tono gris marrón. Aunque la grifería es moderna y nueva y la temperatura más que adecuada, tanto el caudal como la presión dejen mucho que desear. A los pies de la bañera encontramos la alfombrilla para el suelo, y junto a él, en un colgador una toalla de baño. Hay otra en la mesilla de debajo del lavabo, y dos toallas de manos que cuelgan de la barra que hay delante del lavabo. En general la calidad de la lencería es formidable y su tamaño más que generoso. 

Por la mañana, en la recepción el trato es tan frío y distante como durante la llegada. Nos pregunta por el minibar, nos entregan la factura, pagamos y nos vamos. Sin más.

Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 
Valoración General: 7.5

domingo, 4 de junio de 2017

IBIS ALCALÁ DE HENARES (ALCALÁ DE HENARES - MADRID)

IBIS ALCALA DE HENARES LA GARENA (***)
Antonio Suárez 8
28.802 Alcalá de Henares (Madrid)

Habitación: 213
Fecha de entrada: 18/1/2017
Tarifa: 64€ (A+D)


Ubicado a las afueras de la ciudad, en un parque comercial a pie de la carretera que une la A2 con Alcalá. Situado junto a una gasolinera, entre un supermercado y un moderno edificio de oficinas en una estrecha calle que no conduce a ningún sitio. Un edificio de tres plantas en granito color rosado y arena con ventanas cuadradas de aluminio rojo. Instalado en una parcela rectangular, vallada que reserva un espacio para parking en su parte trasera. 

Frente a la puerta hay una zona con un pequeño jardín y una curva entre las dos puertas de la valla que protege la parcela en la que se puede aprovechar para descargar el vehículo. Junto a la puerta, y desordenadas, una mesa metálica de aluminio con dos sillas de plástico naranja dan la sensación de tasca de carretera.  

Dos pares de puertas correderas de cristal nos llevan a la recepción. En el espacio entre ambas hay un paragüero, una maceta y un tótem con información del hotel, de la cadena y de la zona. a al parking ubicado detrás. Tras la segunda puerta llegamos a la recepción. Es un único espacio que ocupa toda la planta. A la izquierda queda la cafetería, algo oscura, con un puñado de mesas y un enorme televisor encendido. Un poco más allá está la zona donde se sirve el desayuno. A la derecha de la puerta hay varios ventanales enormes que llenan de luz natural la zona de recpeción. Cuando las cristaleras terminan se suceden hasta el fondo varios sofás de color rojo en los que charlar o esperar a alguien alojado.

El mostrador es de madera clara brillante rematado con un mostrador color verde. Largo y algo curvo. Con dos puestos de trabajo. Sobre él varios folletos del hotel, y un timbre para avisar por si no está el recepcionista. Detrás varios carteles del hotel y algunos armarios con carpetas, papeles... algo desordenado. Tras el mostrador nos atiende una joven extranjera que nos pide todos los datos del DNI (¿para eso soy Gold de la cadena?). El trato es distante, frío y procedimental. Pero muy rápido. Eso si. Nos indica los horarios del desayuno y le preguntamos por el wfi que es gratuito y veloz en todo el hotel. 

A continuación del mostrador de recepción en dirección a los ascensores encontramos a la izquierda un pequeño business corner protegido por unas mamparas de madera y cristal. Un ordenador y varios folletos turísticos. Frente a los ascensores hay una fuente de agua, un microondas y una máquina de vending con productos de higiene, bebidas y snacks.

Hay dos ascensores. Modernos, limpios, brillantes y muy luminosos. Paredes de formica brillante, un espejo en la pared del fondo y varios carteles sobre el hotel, sus servicios y la cadena. Las puertas, correderas y de acero se abren muy muy despacio. Y nos sitúan en un pequeño recibidor sobre el que corre un largo pasillo en el que se encuentran las habitaciones. 

Luz fría, moqueta verde y rosa de motivos vegetales, paredes de gotelé en color crudo y puertas marrón claro algo brillante. En un pomo de acero mate introducimos la tarjeta y abrimos la puerta. Tras ella, a la izquierda la ranura en la que colocar la llave para activar la luz y dos interruptores, uno para la luz del corto pasillo y otro para el baño, cuya puerta queda unos pasos más adelante. Siguen las paredes de gotelé claro y el suelo cambia de moqueta a parquet, de color marrón claro algo brillante. Muy limpio y cuidado, aunque hay alguna zona con marcas del uso. La sensación es de estandarización absoluta. Nada de emoción. Nada que se salga de lo normal.

Tras el corto pasillo en el que se encuentra la entrada al baño llegamos al dormitorio. El espacio allí no es muy grande. Pero tampoco pequeño. Todo está como muy medido. Pocos espacios libres. La mayor parte del mismo lo ocupa una enorme cama blanca con dos almohadas pequeñas y quizá excesivamente gruesas (para gustos, los colores). Cubierta con un ligero nórdico vestido con sábanas algo ásperas. Rematada con un cabecero de madera clara con algunos detalles metálicos y sendas mesillas a cada lado. Sobre ellas interruptores para apagar la luz y dos lámparas de noche feas y poco prácticas para la lectura. No hay enchufes, aunque no queda lejos el del escritorio. 


A los pies de la cama cuelgan de la pared un cuadro y un gran espejo casi de cuerpo entero. La pared del fondo de la habitación además de la ventana, que se puede abrir sólo un poco y cuyas vistas dan al edificio de oficinas que hay junto al hotel, acoge el armario y el escritorio. La cortina es de color marrón y naranja, y no cubre del todo la ventana por lo que se cuela la luz de la mañana por los laterales. Junto a todo ello, en una pequeña repisa triangular se presenta un pequeño televisor de plasma bajo el que hay un folleto con los canales disponibles. 

El armario no es más que un juego de tablas que acoge un par de baldas y un colgador con perchas normales y de antirrobo. En la zona hay una luz en el techo que se activa cuando nos acercamos y se apaga al alejarnos. Dentro, un maletero plegable de aluminio y tiras de tela negra, otro almohadón y una manta extra. 

Bajo la ventana, el escritorio. Con una silla de madera y patas metálicas algo incómoda. Sobre el escritorio un teléfono y la carta del room service. En la pared hay un par de enchufes disponibles para poder cargar los aparatos electrónicos. Si el cable es largo podemos dejar el aparato incluso sobre la mesilla. 

A la entrada al dormitorio encontramos en la pared el display del aire acondicionado. Muy simple: dos ruedas, una para la potencia y otra para más o menos temperatura. Funciona con eficacia, pero también con ruido. Imposible dormir con él encendido. Quizá la habitación pierda demasiado calor durante la noche, porque al despertar hace frío. Los alrededores del hotel son tranquilos -quizá demasiados- así que la insonorización exterior es buena. La interior es muy mejorable. Se escucha demasiado el pasillo, los ronquidos, los movimientos de las habitaciones colindantes. Las puertas crujen demasiado al cerrarse y abrirse. Tanto que cuando nuestro vecino de habitación sale de la suya nos despertamos sobresaltados pensando que están abriendo la nuestra.


El baño no es pequeño. Pero es muy sencillo. Paredes de mármol color marrón claro, al igual que el suelo. Una única luz, con dos puntos sobre lavabo, situado en una encimera curva quizá demasiado baja. Un grifo monomando que ofrece agua bastante mezclada con aire. Poca potencia. Al abrir el grifo, el desagüe ofrece un repugnante olor como a pozo. Frente al lavabo un gran espejo. A la derecha un secador de escasa potencia y un bote anclado a la pared con el jabón de manos. Bajo la encimera una banqueta y una chirriante papelera de plástico verde.


Un bidet, el inodoro, y una gran cabina de cristal con la ducha completan el aseo. El grifo de la ducha está algo destartalado. La temperatura es correcta pero tanto el caudal como la presión resultan lamentables. Otro bote alargado anclado a la pared ofrece el champú/gel. Dos toallas de tamaño mediano, limpias aunque algo ásperas, constituyen todo el equipo de lencería que se ofrece. 

Por la mañana, detrás del mostrador de recepción, se autosirve el desayuno. Todo muy normalito, muy aburrido. Un cortito buffet en el que tenemos que servirnos en una bandeja lo que queramos: zumo, bollería, pan, algo de fiambre y queso, tortilla de patata, mantequilla y mermelada, algunos yogures y lácteos y una máquina de café bastante decente. Entre las mesas encontramos algunos armarios en los que dejar la bandeja del desayuno al terminar el mismo.

En la recepción de salida el trato vuelve a ser otra vez frío y distante. De nuevo piden los datos para la factura, que hay que volver a teclear. Al menos, son rápidos.

Calidad/precio: 7
Servicio: 6.5
Ambiente: 6
Habitación: 7
Baño: 4.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 5

Valoración General: 6

jueves, 25 de mayo de 2017

AM KONZERTHAUS (VIENA - AUSTRIA)

HOTEL AM KONZERTHAUS VIENNA MGALLERY BY SOFITEL (****)
Am Heumarkt 35 - 37
1030 Viena (Austria)


Hab: 518
Llegada: ‎26/12/2016
Tarifa: 103 AD

Situado entre la Karlkische y el Konzerthouse, a dos manzanas del RingStrasse, junto al Belvedere y al StadtPark y al lado de varias estaciones de metro y tranvías. Un edificio de 8 plantas, que ocupa la mitad de una manzana cuya otra mitad ocupa un moderno edificio de oficinas en unas tranquilas calles.

La entrada principal se encuentra ‎en un chaflán, muy iluminada y rematada por un elegante toldo negro. Dos maceteros a cada lado de dos tramos de puertas correderas de cristal. Nos situamos en la recepción. No muy grande, en forma casi triangular con vértice en el chaflán. De frente los tres ascensores con metálicas puertas en negro con detalles dorados. A la derecha e introduciéndose hasta el final del edificio, el bar y restaurante, bastante bullicioso en el momento en que llegamos. En el centro de ese triángulo, una figura dorada con algunos regalos a sus pies envueltos en papel de colores brillantes. Por algo es Navidad. A la izquierda, un robusto mostrador de recepción en madera oscura con algunos toques dorados y rematado en mármol claro. Todo en general resulta bastante Art Deco, envuelto en una atmósfera algo oscura e intimista con luces puntuales. 

Tras ‎el mostrador, con dos puestos de trabajo nos saluda en perfecto castellano una amable argentina que nos pide la documentación para revisarla. El trámite es rápido pero mientras lo ejecuta no deja de preguntarnos por nuestro viaje, de explicarnos los horarios del hotel, el funcionamiento del wifi, que es gratuito pero que funciona bastante mal (demasiados cortes, zonas de sombra y caídas de la red), la ubicación del hotel en la ciudad, así como algunas recomendaciones gastronómicas...

Las puertas del ascensor se abren -y se cierran- bruscamente. Dentro, paredes de espejo ahumado, acero y un techo retroiluminado con unos dibujos en azul. No es nuevo, pero está bien conservado. Botonadura de acero con luces azuladas. Es necesario, por seguridad, insertar la tarjeta en una ranura para que el elevador funcione. De nuevo las puertas se abren bruscamente en nuestra planta y salimos a un distribuidor triangular en el que hay cuatro habitaciones (entre ellas, la nuestra) y al que a cada lado se abre un pasillo con el resto de dormitorios.

Suelo de moqueta azul. Paredes en color crudo con un fino estucado con remates dorados junto al techo. Puertas negras con números y señalética dorada. La pesada puerta remata en un marco cuadrado, que también tiene "suelo", lo que añade un extra de insonorización y privacidad a la estancia. 
Tras la puerta, el suelo continúa en moqueta azul grisácea con algunas ondas más claras y algunos detalles dorados. No es nueva pero está limpia y bastante bien cuidada. La habitación tiene una forma extraña. Tras la puerta hay un pasillo amplio, con paredes estucadas en blanco. Junto a la puerta el interruptor general de la luz, a la izquierda, unos pasos antes de la puerta del baño, en marrón oscuro. La sensación general es cálida, algo antigua, pero no vieja, aún así, hay un zumbido, en el techo, cerca de la puerta, permanente provocado por el retorno de aire. 

Pasado el baño, a la derecha nos encontramos con el armario, casi junto al dormitorio. Dos puertas de espejo correderas. Dentro un colgador alto con una docena de perchas de distintos tipos (chaqueta, camisas, faldas, tirantes, pantalones...), un paraguas, una tabla de planchar y una plancha. Sobre el colgador una balda con la caja fuerte, un calzador, un cepillo de ropa, un set de costura y una gamuza limpiazapatos. 


Allí mismo empieza el dormitorio. Generoso de tamaño. Casi rectangular. Junto al armario, un gran maletero situado sobre un armario cajonero en madera marrón rojiza con detalles dorados. Sobre él, una lámina de Art Deco. A su lado, y ocupando parte de la pared del fondo, un sofá alargado en tonos azules. Algo incómodo y algo sucio. A los pies del mismo una mesa redonda con una silla y una lámpara de pie de lectura. Sobre la mesa, unos bombones de bienvenida con una nota de la directora del hotel y una revista sobre la ciudad. Esa pared del fondo aparece protegida por una larga cortina. Visillos blancos por detrás de un foscurit en tono crudo. Tres enormes ventanas detrás, con vistas a la puerta principal. Una de ellas completamente practicable. Las otras dos no. Una no cierra bien, y eso hace que parte del ruido de la calle se cuele en la habitación, aunque gracias a Dios las calles que circundan el hotel son tranquilas. El foscurit se queda corto en los extremos, por lo que la luz exterior del día (o la iluminación artificial de la fachada) se cuelan en el dormitorio. 

A la izquierda de la entrada del dormitorio en una pared cubierta con un elegante papel en oro viejo encontramos el escritorio. Tan enorme como abigarrado y lleno de cosas. En un extremo, la televisión de plasma. Bajo ella, en un armario de madera rojiza a juego con el maletero y con las mesillas, el minibar, de justo surtido sin bebidas alcohólicas. A continuación en la zona de escritorio propiamente dicho hay una bandeja con una Nespresso, una tetera y varias opciones de té, café y azúcar. Una botella de agua con gas. Un display con una revista de la cadena, unos sobres, una carpeta con información del hotel... En el poco espacio que queda disponible hay una bonita lámpara de escritorio de cristal verde muy en la línea artística del hotel. Dos enchufes disponibles para los aparatos electrónicos. Una silla no demasiado cómoda para el trabajo en madera y tapizado en azul y dorado.

La cama es grande. Mullida, muy mullida gracias al confortable topper que se coloca sobre el colchón. Cómoda. Blanca. Presentada abierta de forma muy curiosa "jugando" con el suave nórdico que la recubre. Cuatro almohadas. ‎A cada lado sendas mesillas en madera. Tras ellas, un par de enchufes disponibles. Sobre ellas unas lámparas de noche de cristal, también de estilo Art Deco. Sobre una de las mesillas, el teléfono, un lapicero y un bloc de notas. Sobre la otra una bandeja con dos tazas, dos infusiones, dos antifaces y dos juegos de tapones para los oídos. Sobre la cama hay un enorme mural de uno de los cuadros más representativos de Gustav Klimt. En el marco que lo bordea hay sendas lámparas de lectura dirigibles, los interruptores para apagar unas cuantas luces (no todas) de la habitación y se remata en la parte de arriba con tres potentes focos.

Aunque la luz de la puerta resulta algo fría, la del resto del dormitorio consigue formar una atmósfera cálid‎a y acogedora. 

El baño resulta algo pequeño. Antiguo pero no viejo. De forma trapezoidal. Paredes y suelo de baldosas cuadradas de porcelana blancas aunque entre medio se alterna alguna azul y dorada. La fila junto al techo hace un dibujo geométrico todo alrededor. 


Un punto de luz en el techo y dos tubos fluorescentes a cada lado del enorme espejo del lavabo, incrustado en una encimera de granito marrón y grifo monomando. Sobre una bandeja el set de amenities, de C Bigelow (champú, gel, acondicionador y leche hidratante, jabón) una manopla de crin, una lima‎ y un set con desmaquilladores y bastoncillos para las orejas. Anclado a la pared un porta kleneex de acero, un espejo de aumento y un secador de escasa potencia. 


A la izquierda del lavabo el inodoro, algo antiguo, pegado al radiador que funciona a toda potencia, cosa que se agradece en el crudo invierno austriaco. A la derecha del lavabo, la bañera, algo elevada, con una ducha remetida entre la pared del lavabo. Quizá algo corta lo que hace que salpiquemos agua al suelo. Temperatura formidable, pero caudal y potencia un pelín justa. 

Dos cuadrantes de manos, dos toallas de lavabo, dos de ducha y dos albornoces, todo ello nuevo, limpio, mullido y blanco configuran el set de lencería.

Por la mañana, en un bullicioso salón se sirve el desayuno buffet. Zumos, fruta cortada, embutidos, fiambres y quesos, platos calientes (huevos, bacon, salchichas, patatas, verduras...), un buen surtido de cereales, panes variados y recién hechos, crujientes croissants, mermeladas caseras, algunos bizcochos... El café -líquido y flojo- se sirve en la mesa en unos termos.

En el mostrador, la salida, demasiado temprana, es demasiado rápida. Pero sin más. Pagar y adiós. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 7.5
Baño: 6.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 7.5
Valoración General: 8

martes, 9 de mayo de 2017

HOTEL DERBY (BARCELONA)

HOTEL DERBY (****)
Loreto 21
08029 Barcelona

Habitación: 625

Fecha de entrada: 20/11/2016
Tarifa:

Un edificio incrustado en una manzana en una tranquila calle a dos pies de la Avda Sarria, al lado de la Diagonal y de la zona comercial y de negocios que rodea la plaza Francesc Maciá. 8 alturas en ladrillo que destaca sobre el aluminio blanco de las grandes ventanas y de las persianas. Toda la parte baja del hotel es una enorme cristalera que permite ver desde el exterior lo que nos espera dentro. Primero dos puertas manuales con clásicos tiradores de madera, y después dos puertas correderas automáticas que nos dejan ante un hall amplio, de techo algo bajo y de mármol negro y blanco en el suelo. 

A la derecha una mesa de escritorio, la puerta que comunica con un bar de estilo clásico inglés y el restaurante de desayunos, y hacia el fondo una serie de esculturas de granito de corte clásico. Dicen que originales del S XVIII. A la izquierda, y pegados a los ventanales, varios sofás que invitan a la lectura y al descanso. Y allí mismo, nada más abrirse la puerta, el mostrador de recepción: mármol negro en forma de U. Con dos puestos de trabajo.

Pese a que no es la primera vez que estamos en el hotel, otra vez vuelta a escribir todos los datos: el DNI, la Iberia Plus y una tarjeta de crédito de garantía. El trato es frío y distante, quizá aumentado por la luz algo amarillenta que rodea la estancia. Nos explican el funcionamiento del wifi, que es gratuito, aunque algo lento para los servicios de streaming y el horario del desayuno.

Al fondo a la izquierda están los ascensores, junto a un gran artilugio lleno de folletos turísticos de la ciudad y alrededores. Los ascensores son muy clásicos, con un punto antiguo. Suelo de granito blanco y negro, metal hasta media altura, y espejos en el resto de paredes. Puertas automáticas y botonadura con un cartel con indicación de los servicios que hay repartidos entre este hotel y el Gran Derby, ubicado enfrente.

El ascensor nos deja en un rellano al que se abren las escaleras. A la izquierda el pasillo de las habitaciones, que se abre a derecha e izquierda. El suelo, de mármol da sensación de frialdad. ‎Paredes de color oscuro, como la madera de las puertas, que casi tira a rojizo. Las luces tampoco acompañan mucho a hacer acogedor el ambiente.

Tras la puerta la sensación cambia. Paredes de gotelé blanco, suelos de agradable y cuidada madera clara. ‎De primeras, un pasillo con la puerta del baño, de madera rojiza y moderno pomo plateado, a la izquierda. Unos pasos más adelante y tras otra puerta, el dormitorio. La insonorización exterior es formidable, ayudada por la persiana que protege la ventana y porque el patio interior al que da el hotel es tranquilo. Sin embargo y pese a esa doble puerta, la insonorización interior es muy mejorable. Se escuchan los portazos de las puertas de otras habitaciones, las voces de otros huéspedes, pasos, duchas, despertadores...

El espacio de la habitación es generoso, y aunque la pared de gotelé pudiera resultar fría unas molduras de madera iluminadas le dan una sensación acogedora. Junto a la puerta está el mando del aire acondicionado. Una rueda para indicar la potencia y otra para la temperatura. Funciona eficazmente pero de forma algo ruidosa, inviable para dormir con él encendido. 

A la izquierda de la entrada se encuentra el armario. Por un lado una zona de baldas con un par de revistas de publicidad de la cadena y de la ciudad, y una piedra a modo de antigüedad. ‎Por otro, tras dos puertas correderas, el armario. Tras una puerta varias baldas y cajones. En una de ellas la caja fuerte y en otra la bolsa de lavandería y una pequeña bolsa de lino con el logo del hotel que contiene un juego de zapatillas de felpa. Tras la otra puerta un colgador largo con varias perchas antirrobo, una bolsa con publicidad del hotel y un maletero de tijera que podemos poner donde queramos.

A continuación, y quizá demasiado cerca del armario, las dos camas. Vestidas con una suave sábana y la colcha/edredón marrón que las recubre. Algo horterilla sus brillos tornasolados. La cama es cómoda aunque el colchón recubierto con alguna funda hace que sudemos demasiado. También se observa un cierto combamiento en el mismo. Quizá se esté acercando el momento de cambiarlos.

Las dos camas aparecen enmarcadas en un cabecero de madera con sendas mesillas de madera negra una a cada lado. Sobre una de ellas el teléfono, la carta del room Service, un curioso folleto con los servicios del hotel, un bloc de notas y un lapicero. En ambas, interruptores para apagar todas las luces y enchufes para los aparatos electrónicos. Sobre ellas dos apliques de luz, en tonos amarillentos que dan suficiente luminosidad al espacio.

En el generoso espacio que queda hasta la ventana, de moderno aluminio blanco, con vistas a un patio interior, y protegida por una persiana y un visillo, se ubica una pequeña butaca de piel negra, y una mesa pequeña de centro de madera y cristal.

Además un escritorio grande, en madera marrón y negra, con un gran espejo delante y varios enchufes para el ordenador. Una cómoda silla completa el mobiliario. ‎Sobre la mesa una televisión. No hay lámpara de trabajo, pero hay luz suficiente para trabajar con un aplique en la pared.

El baño es pequeño. Se le nota reformado, y bastante bien reformado, aunque no es moderno. ‎Ya la puerta se nota que es la antigua repintada. Una vez dentro, mucha luz. Paredes de cerámica blanca con algún toque ocre. Suelo de mármol claro. Techo practicable de placas metálicas. A la izquierda un moderno inodoro y bidet. 

De frente una encimera de mármol encuadrada entre dos paredes acoge el lavabo. Sobre él un potente espejo, y una pequeña repisa de mármol con dos vasos y una bolsita de lino con el set de amenites en su interior. Elegantes y de buena calidad. Gel, champú, crema hidratante, guante lustrazapatos, gorro de ducha, pañuelos y ‎algodones, bastoncillos y artículos de costura. La repisa esta incomoda un poco para acecar la cara al lavabo.

La grifería es moderna, y muy limpia. A cada lado del lavabo hay un secador de escasa potencia y un espejo de aumento. Bajo la encimera hay una estantería de cristal iluminada -lo que da una agradable sensación en la estancia- en la que se ofrecen dos gigantescas, mullidas y novísimas toallas de baño, dos de lavabo y una alfombrilla de baño.

A la derecha de la puerta hay una bañera, con algunos esconchones, y protegida por una mampara de cristal. Un grifo termostático nos permite manejar la temperatura de una ducha fija rematada con una amplia alcachofa de efecto lluvia. Lástima que la ducha esté situada a 1,90m lo que nos obliga a ducharnos de rodillas. Y lástima que el caudal y la presión dejen bastante que desear.

Por la mañana en un restaurante situado en el sótano se sirve el desayuno. Presentado en una consola central y atendido distante y fríamente por dos empleadas. Los platos calientes hay que demandarlos a las camareras. Zumos, algo de fruta, fiambres, quesos, panes cortados, tortilla de patata, pan con tomate, cereales, distintos tipos de leche, bol‎leria crujiente y donuts normales y de chocolate. El café, líquido, es casi prescindible.

En ‎el mostrador, al decir adiós, casi ni eso. El empleado está más pendiente de atender no se qué tablas que le enseña la encargada del restaurante que de enterarse de que volvemos en dos días. 

Calidad/precio: 
Servicio: 5

Ambiente: 6.5
Habitación: 8

Baño: 6.5
Estado de conservación: 8

Desayuno: 7
Valoración General: 7