lunes, 24 de abril de 2017

HOTEL CONDESTABLE IRANZO (JAÉN)

CONDESTABLE IRANZO (****)
Paseo de la Estación 32
23008 Jaén

Habitación: 501

Fecha de entrada: 18/11/2016
Tarifa:

Uno de los hoteles clásicos de la ciudad. Ubicado en el mismo centro de la misma. En el cruce de dos amplias avenidas junto al Hospital, la zona comercial y turística y a un paso de todo, con las puertas abiertas a un parque. Nueve plantas de un edificio de ladrillo marrón oscuro con ventanas tintadas y rematado con un letrero amarillo.

Tres escaleras de mármol marrón nos dejan ante dos pares de puertas de cristal, que se abren empujando grandes tiradores de madera. Tras ellas, el hall. Tan generoso de tamaño como caduco en su decoración. Mantenemos el suelo marrón ‎de frío mármol. Luces algo amarillentas. A la izquierda se encuentran las escaleras que van al restaurante y a la cafetería. Por su puerta abierta se escucha bastante jaleo.  A la derecha el mostrador de recepción, largo, poderoso y potente. En madera oscura y más mármol marrón. Rematado por detrás con uno de aquellos antiguos casilleros de madera para cada habitación. Antiguo y viejo, con papeles en algunas casillas, y cierta sensación de desorden. Junto al mostrador una vitrina iluminada que vende algunos productos de moda y recuerdos.

El trato es frío y distante. Nos piden el DNI, lo copian y nos asignan la habitación. Nos entregan la llave. Preguntamos por el wifi que es gratuito, y que funciona bastante bien con una clave. Preguntamos también por el desayuno. Y nos damos la vuelta para ir hacia los ascensores, que quedaban a nuestra espalda.

Son dos. Lo más moderno de todo el hall. Más anchos que profundos. Con suelo de cerámica con el logo del hotel. Paredes con espejo y acero. Botonadura moderna.

Las puertas automáticas se nos abren en un extraño recibidor. Ancho y largo. Suelo de moqueta plastificada en gris como si fuera de espiga. De frente una pared blanca, en estuco, con dos puertas una en el extremo derecho y otra en el izquierdo. Las puertas son como de obra, metálicas blancas con un pomo de plástico negro. A la izquierda del ascensor queda el hueco de la escalera, con ventanas ahumadas y vistas a la ciudad. 

Tras la puerta "de obra" accedemos a otro pasillo paralelo. Se mantiene el suelo gris. La luminosidad baja más todavía. Puntos de luz sobre las viejas puertas de las habitaciones. Las paredes decoradas con un papel pintado que imita a una librería. Aunque las puertas son viejas, y los números de las habitaciones se sitúan en una placa de corte algo anticuado, la manivela es modernisima. Se abre por contacto de la llave. 

Tras la puerta, el suelo cambia a un frío mármol marrón oscuro. Terriblemente frío para el pie descalzo. ‎Nos damos de bruces con las puertas del armario. Tres. En su interior colgador con perchas de distintos tipos (normales, antirrobo, de falda...), una cajonera, la Bolsa de la lavandaria y una manta y un almohadón de recambio.

Junto a la puerta y casi en el techo, el display que maneja el aire acondicionado. Una rueda de temperatura y un botón para la intensidad. Muy efectivo, pero muy ruidoso. No hace frío en la estancia, pero el suelo produce una desapacible sensación de frialdad.
 
A continuación del armario y ya en lo que es el dormitorio encontramos una pared pintada en estuco gris. Con una lámpara en medio de la pared. A cada lado de la misma, un maletero de madera oscura y ‎un estrecho escritorio con una gran silla correcta para el trabajo. Entre ambos muebles, varios enchufes. Sobre la mesa falta una lámpara de trabajo. La iluminación de la habitación en general es sumamente escasa. Tan sólo ese punto de luz y los dos de las mesillas. Especialmente oscura es la zona que queda entre la puerta de entrada y el armario.

A la izquierda del armario encontramos la cama. Doble, pero no enorme. Cómoda. Vestida con suaves sábanas blancas, una manta y una colcha blanca muy limpia. Un largo almohadón. La pared del cabecero también es gris, pero este, de madera brillante con algunas rayas verticales en negro ocupa casi toda la pared. A cada lado sendas mesillas a él ancladas. Pequeñas. De madera negra. Sobre una de ellas un moderno teléfono. Sobre ambas interruptores y enchufes. 

En la pared que se sitúa a los pies de la cama, encontramos una butaca pequeña en tonos blancos, una televisión de plasma colgando de la misma y la ventana, amplia, generosa y con buenas vistas de la ciudad aquí y de los olivares allí. Protegida por una cortina foscurit en tonos también marrón oscuro. Cumple eficazmente su misión de parar la luz. La insonorización exterior es fenomenal, porque además la habitación da a la parte trasera del edificio a un patio abierto con una piscina. La interior es manifiestamente mejorable y se escuchan las voces y puertas del pasillo con mucha facilidad.

A la izquierda de la cama, encontramos un espejo de cuerpo entero y la puerta, antigua, que da acceso al baño.

El baño da más sensación de antiguo. Precioso mármol rosado en paredes y suelo. Sanitarios en color marrón. A la izquierda un radiador que calienta, ¡y cuánto!, la estancia. A continuación el bidet, el inodoro y una pequeña encimera también de mármol que recoge el lavabo. Sobre él un espejo iluminado. La luz en general es abundante, quizá aquí demasiada. Pero también demasiado fría. Sobre la encimera en una bandeja de plástico negro el set de amenities, personalizado para el hotel y envuelto en elegantes fundas negras: peine, lustrazapatos, gorro de ducha, pastillas de jabón, y dos botes de gel/champú.  Dos vasos de cristal higienizados y envueltos en plástico. Un secador de pelo de escasa potencia anclado a la pared.

El grifo del lavabo está viejo. Le falta caudal y presión y para colmo el agua sale disparada en distintos chorros y direcciones, mojando el pantalón si uno anda demasiado cerca. La lencería son dos toallas de manos y dos de baño. Grandes. Un par (de ambas) nuevo y formidable. El otro par (de ambas) viejo y deshilachado. Las de baño se presentan en un potente toallero ubicado dentro de la bañera.

La bañera también es marrón y tiene varios "desconchones". Protegida por una bajita mampara de cristal con algunos vinilos a rayas. El agua salta por encima de ella. Dentro de la bañera hay una ventana con vistas al exterior. El grifo es antiguo, pero el dispositivo de ducha no. Está rematado con un teléfono como de plástico imitando al acero. Resulta difícil encajarlo en su enganche, pero al final lo conseguimos. El caudal es escaso, pero sale con una fuerza (aire) descomunal. Además la temperatura pasa del frío a calor de forma cíclica. 

Por la mañana en un oscuro salón se sirve un desayuno buffet con un buen surtido de productos (huevos fritos, revueltos, bacon, fiambres, quesos, panes, untables, cereales, fruta, zumos, agua...), un café bastante aceptable pero una decoración y presentación francamente mejorable.

En la recepción por la mañana, el trato es tan distante como rápido. Teclean el número de la habitación y nos dicen adiós. 

Calidad/precio: 
Servicio: 6

Ambiente: 6
Habitación: 6.5

Baño: 6
Estado de conservación: 6.5

Desayuno: 5
Valoración General: 6

miércoles, 5 de abril de 2017

URH PALACIO DE ORIOL (SANTURCE - VIZCAYA)

URH PALACIO DE ORIOL (****)
Cristóbal de Murrieta 27
48980 Santurce - Vizcaya

Habitación: 603
Fecha de entrada: 17/11/2016
Tarifa: 65 (A+D)


En la frontera entre Santurce y Portugalete, casi en la boca de la ría, un palacete de principios del siglo XXI acoge un hotel antes abanderado por NH y eso se nota en casi toda la decoración, estructura... Una pequeña zona ajardinada junto a la acera nos acerca hasta la verja de la finca, tras la que se eleva el estilizado edificio con torreones. Una decena de escaleras cubiertas por una alfombra roja nos sitúan frente a la entrada, protegida por una especie de baldaquino y con dos puertas de cristal correderas que nos introducen en la recepción.

Lo primero que nos salta a la vista una vez dentro es un armario grande de puertas abiertas en el que se venden patatas fritas, champú y botellas de aceite. Y después un montón de maletas que hay acumuladas junto a las escaleras. La recepción tiene como dos cuerpos. El primero a lo ancho acoge a la derecha el mostrador, y a la izquierda unos cuantos sofás y mesas para la tertulia y espera. Sorprende lo alto de los techos, y la luz que entra por las ventanas estrechas y altas de la estancia. 

De una puerta situada a la izquierda sale la recepcionista que nos saluda cariñosamente y después de situarse en el mostrador nos pide la documentación y nos asigna la habitación. Un poco lento todo, siendo tarde, pero amable y cariñoso. Al terminar, nos prepara la tarjeta de la habitación y nos dice que tiene una noticia buena y una mala. La mala es que ya no hay habitaciones como la que yo tenía reservada (que no sé cuál era) y la buena es que me va a dar una mejor. No está mal para empezar. Después nos explica el funcionamiento del wifi que es veloz y gratuito en todo el hotel, y el horario del desayuno. Como este no empieza hasta las 7.30 y hemos de salir antes ella se compromete a prepararnos algo a las 6.45. 

Damos dos pasos y accedemos a la segunda parte del recibidor, que es un espacio con un techo altísimo al que se abren algunas habitaciones y sobre todo una majestuosa escalera de madera que da acceso al resto de plantas. Allí, en un rincón hay un pequeño recibidor con dos ascensores. Todo recuerda al NH de antaño. Los ascensores, aunque no son nuevos, están bien cuidados. Protegidos por unas placas de metal rosado en dos paredes. En la otra un espejo. Junto a los números la descripción de los servicios de cada planta. El suelo con motivos florales. 

Salimos a un nuevo recibidor y de allí al pasillo de las habitaciones. Moqueta gruesa color rojo en el suelo, que amortigua pasos y ruedas, barandilla de madera oscura, a juego con las puertas, que se abre a ese enorme espacio en el que abajo está el segundo recibidor. Pomo metálico brillante en el que introducimos la llave. Al abrirse la puerta, el suelo pasa a ser de madera oscura, muy limpia, brillante y bien conservada. Hay un primer espacio como un pasillo corto en el que a la derecha encontramos la puerta del baño y a la izquierda las puertas correderas del armario. Dentro, una zona de colgador con perchas normales, otra de baldas donde está la caja fuerte y una gamuza limpiazapatos. 

Tras otra puerta que aísla bastante e insonoriza mucho la habitación el resto del interior del hotel entramos en la habitación. Adecuada de tamaño. Con un techo altísimo. Escasa luz. Quizá demasiado amarillenta, acrecentada por lo amarillento del vescom de las paredes. Las dos luminarias de las mesillas y la lámpara del escritorio son claramente escasas para un espacio tan alto. Todo queda un poco tenue. Y además el suelo, marrón oscuro, tampoco da luminosidad. A la izquierda un largo escritorio, de madera también oscura, con una cómoda silla. Sobre él una lámpara con luz algo justa para trabajar. una bandeja con un hervidor, un par de tazas y varios servicios de café e infusiones. Un espacio de trabajo y al final una gran pantalla de plasma. Bajo ella y dentro de un armario, el minibar.

A continuación de la mesa, en la pared situada frente a la puerta está la ventana. Estrecha y alta. Con bonitas vistas a la Escuela de Ingeniería Naval y a la ría. Por allí delante pasa un tren , pero o bien no circula por la noche o bien la insonorización exterior también es formidable porque no oímos nada en toda la noche. También influye que el entorno del hotel es súmamente tranquilo. La ventana se protege con un gran visillo y dos enormes cortinones que impiden el paso de la luz. Al llegar la sensación es de frío. Pero encendemos el aire acondicionado que se maneja desde un sencillo display con opciones de potencia y temperatura (pero no de auto) y la estancia coge calor. Aunque no es muy ruidoso, quizá sí bastante como para dormir con él encendido. 

A la derecha de la puerta hay un galán de noche, y junto a él la cama. A sus pies un maletero tapizado en tela color verdoso y patas metálicas. Y a continuación la cama. Grande, de matrimonio. Muy cómoda. Vestida con un suave nórdico blanco y rematada con cuatro almohadas y dos cojines marrones. El cabecero, de madera también oscura que contrasta con dos trozos de tela mullida en el mismo tono verdoso que el maletero. A cada lado sendas mesillas. Muy simples. De madera, otra vez oscura. Sobre una de ellas el teléfono. Sobre ambas, las lámparas de noche, dos pequeños focos de lectura direccionables y varios interruptores para apagar todas las luces de la estancia. Bajo ellas, a cada lado un enchufe. 

El baño resulta un poco caduco. No viejo. Es de los NH antiguos. Mármol color arena en suelo y paredes. A la derecha de la puerta sobre una encimera el lavabo. Su presión y caudal son escasos, muy escasos, pero es el lavabo. Junto a él, una bandeja ofrece un set de amenities compuesto por un champú, un gel, una loción corporal, gorro de ducha, peine y pañuelos de papel. Delante del lavabo un buen espejo (el único que hay en toda la habitación) bien iluminado y colgando de la pared un gran secador de buena potencia. 

Tras la puerta, un calienta toallas eléctrico que además sirve para caldear la estancia al despertar. Inodoro enfrente del bidet y al fondo la bañera, con una ducha rematada en una gran alcachofa de efecto masaje. Aunque la grifería está ya un poco raída presión y caudal en la ducha son correctos. Sin más. Pero sin menos. La iluminación del baño sigue con ese cierto tono amarillento que desprende toda la habitación. Dos toallas de manos, dos de baño y una alfombrilla de ducha son el set de lencería que es más que correcto en tamaño y calidad. 

Por la mañana no podemos probar el desayuno buffet que se sirve desde las 7.30, pero cumpliendo su promesa, la recepcionista nos ha dejado una bandeja con mucho más de lo que esperábamos: zumo, varias piezas de fruta cortada, un bocadillito de fiambre, un croisant, un donut, mantequilla, mermelada y un café solo doble, como nos gusta...

En la puerta, al despedirnos nos atiende un joven. El trámite es algo lento porque la tecnología no acompaña y además ha de dar de alta los datos de la empresa para la factura. Pero al menos se preocupa por nuestra estancia, por nuestro descanso y por la continuación de nuestro viaje. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8.5
Ambiente: 7.5
Habitación: 7.5

Baño: 7
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 
Valoración General: 7.5

domingo, 19 de marzo de 2017

SB EXPRESS TARRAGONA (TARRAGONA)

SB EXPRESS TARRAGONA (***)
Plaza Cortes Catalanas 4
43.005 Tarragona

Habitación: 702
Fecha de entrada: 16/11/2016
Tarifa: 


Nueve plantas en un edificio moderno, de granito rojizo y de forma angular, ubicado en una enorme plaza circular algo a las afueras de la ciudad, junto al Hospital y a parte de la Universidad. Grandes avenidas lo circundan con amplios espacios para aparcar el coche cerca. La planta baja, prácticamente de cristal inunda de luz la recepción.

Dos puertas correderas nos sitúan en un espacio de tamaño normal. Ni muy amplio ni muy pequeño. Adecuado. Bastante frío, quizá ayudado por el mármol marrón claro y rojizo del suelo. A la izquierda, una larga cristalera decorada con unos vinilos da a la cafetería, ya cerrada. A la derecha, el mostrador de recepción, también en mármol. Por el medio, varias columnas recubiertas de acero brillante. Desde el techo, lo que debería ser hilo musical es una tertulia radiofónica nocturna que llega incluso a molestar.

Tras el mostrador un joven trata de poner orden en un follón que tiene sobre la mesa de facturas, documentos y tablas. Nos atiende con simpatía. No es súmamente rápido, pero se le perdona por su cercanía y servicio. Nos solicita el DNI, imprime los bienvenidas, prepara las tarjetas de la habitación, nos hacer firmar y mientras tanto nos cuenta un poco su vida y se interesa por la nuestra. Nos explica el horario de desayuno y la extraña clave del wifi, que funciona de forma gratuita, eficaz y veloz en todo el edificio.  

Al fondo de la recepción, junto a unos carteles que indican la presencia en el hall de una oficina de alquiler de coches, se encuentran los ascensores. Dos. Metálicos. Algo viejos y desgastados. El interior con espejos y los botones, en negro, algo desgastados. 

Nos deja en un distribuidor casi triangular al que se abren 5 o 6 habitaciones. A derecha e izquierda se abren dos pasillos hacia el fondo, con un par de habitaciones más en cada tramo. Poca luz. Algo fría. Suelo de mármol, que produce más frialdad. Pasillo estrecho. Puerta de madera clara. Pomo en acero.

Tras la puerta, paredes marrón chocolate hasta el dormitorio, de pintura algo plastificada. El suelo continua en mármol frío, claro. Nada más meter la llave en la ranura que hay a la derecha se enciende la televisión a un volumen demasiado alto. Otra gritona tertulia. Además se ve mal. A la derecha, la puerta del baño. A la izquierda tres pequeñas puertas de armario que ofrecen una balda y perchero de perchas antirrobo por un lado y unas baldas con la caja fuerte y la bolsa de lavandería por otro.

Un paso más adelante el dormitorio. Amplio. Algo frío. El oscuro de las cortinas, colchas y sofá contrasta con el frío marrón del mármol del suelo. A la izquierda un largo armario con maletero, en madera y protegido con unas bandas de metal y un largo escritorio rematado en una cajonera. Sobre él, una televisión de plasma de generoso tamaño. Tras ella el único enchufe disponible en toda la habitación. Y sobre él un largo espejo rematado en un aplique de luz.

A la derecha del pasillo de entrada, en la pared, un cuadro abstracto de inspiración hindú. Y las dos camas. Cómodas. Vestidas con limpias sábanas y una manta. Recubiertas por una sucia colcha color chocolate. Ambas están enmarcadas entre dos mesillas de madera clara. Sobre ellas interruptores pero no enchufes, lo que nos obliga a dejar los gadets cargando en el escritorio, lejos de la cama. Sobre una de las mesillas, el teléfono y un bloc de notas con un bolígrafo del hotel. Y sendos apliques de acero y cristal. El cabecero son tres piezas de madera alargada ancladas a la pared.

Junto a la cama hay un gran sofá de terciopelo marrón que acoge una cama plegable. La habitación se remata con una ventana con vistas a la plaza en la que se ubica el hotel. Cubierta por una tupida cortina marrón oscura que no consigue que la luz se cuele por las rendijas superiores. La insonorización exterior es fenomenal. La interior podría mejorar. Y eso que las plantas son pequeñas y no muy bulliciosas, pero se escuchan bastante los pasos, las ruedas por el pasillo, las puertas...

Aunque al entrar en la habitación sentimos frío (no sólo por el mármol) encendiendo el aire acondicionado la habitación coge temperatura enseguida. Se maneja desde un display con varias opciones, pero aunque hay una rueda que indica la temperatura esta sale constantemente a la misma (calor). Es demasiado ruidoso para dormir con él encendido, incluso en las opciones de potencia más baja. 

El baño no es muy grande y quizá le falte un poco de luz. Sigue el mármol en el suelo y las paredes se recubren con gres en tonos marrones. A la izquierda de la puerta una encimera de mármol acoge el lavabo como empotrado en un hueco de la pared rematado por un espejo bien iluminado. Sobre el lavabo una bandeja con dos vasos, un lustrazapatos, un paquete de pañuelos de papel y un gorro de ducha. A un lado un secador de pelo de escasa potencia y al otro un artilugio alargado que dispensa el jabón de manos. Bajo el lavabo, una papelera metálica.

Tras la puerta quedan el bidet y el inodoro. Y justo frente a la puerta, la bañera con ducha. Protegida por una antihigiénica cortina de tela. Su interior es algo oscuro. Dispone de una ducha con buena alcachofa. Excelente temperatura, pero le falta un pelín de caudal. Otro alargado artilugio nos dispensa el jabón. El set de lencería se compone de dos toallas de mano, dos de baño y una alfombrilla de ducha. La calidad no es mala, pero tampoco es excepcional. 

Por la mañana, el desayuno es bastante prescindible. Sobre una mesa se exponen cereales, algo de bollería, una urna con fiambres y queso, algo de pan, un poco duro, una máquina de café y otra de zumos. 

En el mostrador de recepción, al irnos, poco interés. No preguntan por el minibar, que no hay, pero casi tampoco se acuerdan de decirnos adiós.

Calidad/precio:
Servicio: 6.5
Ambiente: 6
Habitación: 6

Baño: 7
Estado de conservación: 7

Desayuno: 4
Valoración General: 6.5

martes, 7 de marzo de 2017

HOTEL AMENAL (ARCA DO PINO - LA CORUÑA)

HOTEL AMENAL (**)
Calle Amenal 12
15821 Arca do Pino (La Coruña)

Habitación: 103

Fecha de entrada: 12/11/2016
Tarifa: 50 A+D

En el mismo Camino de Santiago, y frente a la carretera, un conjunto de edificaciones engloban un moderno hotel y un restaurante con cafetería. Todo ello relativamente nuevo y rodeado de jardines y de una zona de parking. Las paredes de la cafetería en piedra antigua. El hotel, de corte más moderno en tono marrón claro con largas ventanas de aluminio oscuro.

Aunque teníamos reserva hecha desde hacía tiempo, al llegar encontramos el hotel cerrado. Nos dirigimos a la cafetería y allí, una joven alemana, en perfecto español nos explica que han perdido la reserva, pero que tienen habitaciones disponibles. Aunque le cuesta bastante rato rellenar los datos en el ordenador y dar de alta las habitaciones, al final nos acompaña por una escalera interior hacia el hotel. Atravesamos el jardín y tras dos puertas de aluminio verde y cristal llegamos a la recepción. En ese momento pagamos la estancia, porque la recepción no está siempre atendida. 

No es muy grande. Pero es fría. Hace frío. Es muy luminosa, porque su pared más grande es de cristal con vistas al edificio de restaurante/cafetería y a la carretera. Un mostrador pequeño, situado frente a la puerta, y decorado con motivos jacobeos. Varios radiadores bajitos, situados alrededor de la estancia, que cláramente no funcionan. Paredes en color rojo oscuro. Las escaleras que suben hacia el primer piso. Las que bajan al sótano, donde hay una lavandería para los peregrinos. Dos enormes butacas con unos aparatos para darse masajes en las piernas, y una mesa con folletos e información turística completan el recibidor. Allí, la simpática y amable alemana nos entrega las llaves, nos explica el horario de la cena, del desayuno y el wifi que funciona velozmente el todo el edificio con una clave que está anunciada en algunos carteles en las paredes.

A la izquierda se abre un pasillo donde están las habitaciones de esa planta. Paredes rojas, puertas de madera oscura y ventanas al jardín. La puerta de la habitación nos deja ante un pequeño pasillo. A la izquierda, la puerta del baño, también oscura y un par de pasos más adelante el dormitorio. Hace frío. Giramos el termostato de la calefacción (no hay aire acondicionado) y el radiador enseguida se enciende y caldea la estancia. 

Suelo de madera clara. Bien conservada. Paredes pintadas de blanco pero llenas de manchas de golpes de maletas, de roces... A la izquierda las dos camas, bajo un cabecero de madera oscura casi negra en el que se empotran sendas mesillas, algo pequeñas. Sobre una de ellas un teléfono. En ambas interruptores para apagar todas las luces y un enchufe. Por encima del cabecero un par de lámparas de noche. Correctas para dar un toque de calidez a la iluminación de la habitación, pero algo escasas para la lectura. Encima del cabecero, un cuadro abstracto. La luz del techo, con puntos halógenos es algo fría. 

Las camas aparecen vestidas con unas limpias sábanas blancas y una manta, y recubiertas por unas sucísimas colchas de color calabaza llenas de quemaduras, manchas... El colchón nota ya el paso de muchos huéspedes y quizá esté algo combado hacia dentro. La insonorización exterior es adecuada, especialmente porque la carretera ni se escucha. Pero la interior es muy mejorable. Se escucha todo lo que pasa, hasta la vibración de un móvil, en la habitación de al lado.

Frente a la cama hay un armario empotrado de doble puerta con colgadores una balda. Al lado el potente radiador. Delante de él un maletero de madera y junto a él una mesa escritorio con dos sillas bastante cómodas para trabajar. En la mesa una pequeña y destartalada lámpara con pantalla clara. Sobre el escritorio,en la pared, una pequeña televisión de plasma. Bajo él, una papelera.

Junto a la mesa está la ventana. De dos cuerpos, uno sobre otro. Aluminio verde. Una cortina en tonos arena cubre el foscurit que para por completo la luz exterior. Vistas a la zona de aparcamiento y a la carretera. 

El baño también resulta moderno. Alicatado hasta media altura con baldosas de tonos verdosos. Suelo verdoso también. A la izquierda de la puerta, un lavabo sobre el que hay un espejo con un doble aplique blanco de luz. Una repisa de cristal ofrece dos vasos y una cestita de mimbre una pastilla de jabón y par de sobres de gel/champú. A continuación el inodoro, y en la pared del fondo una baja bañera con ducha. Cortina de tela, que siempre resulta antihigiénica, aunque no parece muy sucia. Dentro, una ducha rematada en un teléfono de plástico blanco. Presión y caudal muy mejorables. 

Junto al lavabo en un toallero hay dos toallas de manos, y en la bañera, en otro toallero dos de baño. Limpias, pero algo viejas ya. Llevan demasiados lavabos. En el techo un extractor de aire que se activa automáticamente con el interruptor de la luz. 

El baño está lleno de mosquitos. Durante un rato, con una toalla vamos matando hasta 10. Dejando los cadáveres por todo el baño. Pensamos que hemos acabado con todos, pero durante la noche, o reviven, o vienen más porque a la mañana siguiente hay otros tantos rondando. El radiador que tiene el baño se agradece especialmente por la mañana, ya que encontramos, aunque con mosquitos, caliente la estancia.

Como queríamos salir muy temprano del hotel, la alemana nos ofrece la posibilidad de organizarnos un pequeño desayuno que nos deja en la habitación en una bolsa (zumo, agua, un plátano, unos dulces y un trozo de bizcocho). 

No hay despedida a la mañana siguiente, porque no hay nadie en la recepción, así que cerramos la puerta de la habitación, salimos por la puerta del hotel, y seguimos nuestro camino.

Calidad/precio: 4
Servicio: 8
Ambiente: 4
Habitación: 5

Baño: 3
Estado de conservación: 5

Desayuno: 5
Valoración General: 4.5

miércoles, 22 de febrero de 2017

PENSIÓN BERENGUELA (MELIDE - LA CORUÑA)

PENSIÓN BERENGUELA (*)
Rúa Cantón San Roque 5
15800 Melide (La Coruña)

Habitación: 413

Fecha de entrada: 11/11/2016
Tarifa: 30 A+D

En el mismo Camino de Santiago, en el centro del pueblo, y escondido en un estrecho callejón al que se abre la larga cristalera de una churrería con la que comparte propiedad, encontramos un diminuto edificio de 4 alturas, moderno, nuevo, pintado en rosa palo.

Diminuto es el edificio, la recepción y los espacios. Pero también lo es el precio. La acogida y atención sin embargo son muy grandes.‎ Mucho. La persona encargada de la churrería sale a recibirnos y nos entrega la tarjeta que hace de llave de la habitación. Sin más trámites que el de darle nuestro nombre en el mínimo espacio de la recepción. Un mínimo mostrador, con algunos folletos de servicios del pueblo y un puñado de caramelos. Suelo de mármol muy limpio, reluciente y nuevo. Nos explican el funcionamiento del wifi (que es gratuito, velocísimo y funciona con una sencilla contraseña) , el horario de desayuno (en la churrería) y el procedimiento para lavar y secar la ropa.

Un moderno ascensor, de metal, con una enorme pantalla para los botones y una pared de espejo nos conduce hasta la cuarta planta donde en un pequeño recibidor se abren las puertas de tres habitaciones. La cerradura de la puerta es muy moderna, y basta con acercar la tarjeta a la misma. La puerta, de madera clara, también es nueva.

Tras ella, el espacio es pequeño pero suficiente. Moderno, limpio. Casi cuadrangular, suelo de parquet nuevo y limpio, paredes y techos pintados en blanco. A la izquierda de la puerta un armario empotrado de dos puertas con una balda, dos cajones y colgador con un montón de perchas de distintos tipos.

En el centro la cama. Cómoda. Amplia para ser individual. Algo justa si fuera doble. Vestida con sábanas limpias y suaves, una manta y una colcha blanca que la recubre por completo. Cabecero de madera clara. Sobre él, una lámina alargada con una foto del Camino. Encima el aparato de aire acondicionado. Funciona con un "encendido y apagado" desde un interruptor que hay sobre la mesilla. Funciona bien, pero no podemos calibrar su potencia ni la temperatura -aunque está adecuada para el clima en el que viajamos-, y es bastante ruidoso para dormir con él encendido.

A cada lado de la cama, dos estrechas mesillas de la misma madera clara que el resto de la habitación. Sobre ellas, en un lado un interruptor de la luz y el del aire acondicionado. En el otro, otro interruptor y un enchufe. Sobre ambas, dos lámparas de noche con pantalla cuadrada color crudo. Una de ellas no funciona. 

La cama es cómoda, pero la insonorización es bastante mejorable. Tanto interior como exterior. Del interior se escuchan las otras habitaciones y del exterior, aunque la zona es tranquila, se escuchan las máquinas del aire acondicionado situadas junto a la ventana. Para colmo, sobre la puerta hay una luz que indica la "salida de emergencia" que es imposible apagar y permanece encendida toda la noche. Si uno no llega muy cansado, puede que el descanso se le complica. Desde luego, si viene andando por el Camino desde Gonzar (32 kms) le da igual la luz o el ruido.

Al fondo de la habitación hay una ventana de moderno aluminio con persiana y protegida por un estor con vistas al pueblo. Bajo ella una sencilla mesa de madera, una silla y una papelera. Al lado un espejo de cuerpo entero. Junto a la puerta del baño, colgando de la pared un moderno televisor de plasma.

El baño es tan pequeño como todo. Forrado de cerámica desde el suelo hasta el techo dispone de un inodoro, un minúsculo lavabo con un grifo moderno y un espejo sobre él y una ducha en esquina, con mamparas correderas. El lavabo es tan pequeño que resulta imposible lavarse (a poco grande que sea uno) sin tirar agua por fuera. Al encender la luz se activa un molesto extractor de aire, que hace lo que puede, porque tras la ducha, la humedad se mantiene durante horas adherida a la pared y al suelo, y si uno no cierra bien la puerta del baño hasta la habitación. El calefactado del baño se consigue gracias a un curioso aparato de calefacción por aire que funciona estupendamente.

Por la mañana, desde las 6 de la mañana se puede desayunar en la cafetería de enfrente. Donde además se paga la cuenta de la habitación. Chocolate recién hecho, con churros recién hechos para afrontar con la cariñosa despedida de la propietaria la siguiente etapa del Camino.

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 6
Habitación: 8.5

Baño: 7
Estado de conservación: 9

Desayuno: 7
Valoración General: 8

lunes, 6 de febrero de 2017

POUSADA DE PORTOMARÍN (PORTOMARÍN - LUGO)

POUSADA DE PORTOMARÍN (***)
Avda de Sarria 

27170 Portomarín (Lugo)

Habitación: 115

Fecha de entrada: 10/11/2016
Tarifa: 66 A+D

Hace años que el establecimiento perdió su bandera de Parador Nacional, y con ello el brillo y esplendor típico de la cadena, pero tanto su estructura, como sus habitaciones recuerdan bastante aquella época. Situado al final de la jacobea villa, reconstruida por completo a finales de los años 50 cuando un pantano ocupó su antigua ubicación. Un edificio de dos plantas, en piedra y con balconadas blancas de aluminio nos recibe tras un pórtico en una zona de aparcamiento de coches, vacío, y lleno de hojas de árboles.  Un techo con algunas jardineras y un par de elegantes lámparas nos sitúa en la puerta de madera del establecimiento.

Tras ella un mínimo recibidor en el que hay un armario con espejo y enganches para dejar paraguas, o bordones, porque ambos son compañeros inseparables de los huéspedes de esa zona. Una puerta más, de madera clara y cristales nos deja en la recepción. Grande. Fría. Suelo de mármol claro. Tristemente iluminada. Algo caduca y desangelada. A la derecha, la puerta de la cafetería en la que suenan con fuerza los gritos de alguna tertulia vespertina. Justo enfrente las escaleras, con una bella estatua de Santiago, el ascensor junto al que hay un carro portaequipajes. A la izquierda y frente a una mesa y sillas de madera de estilo castellano un largo mostrador de recepción. 

Tras el mostrador un enorme espacio con varias mesas de trabajo. Sobre el mostrador, varios folletos de negocios de la zona (masajes, geles...), el sello típico para plasmar en la credencial de peregrinos, algunos periódicos... Nos atiende una simpática joven. Muy servicial, eficaz y amable. Nos entrega directamente las llaves y negociamos con ella poder tomar un desayuno temprano. Ella misma se ofrece a servírnoslo media hora antes de la establecida en el hotel (8.00). Nos explica que el wifi es gratuito, sin clave y funciona con velocidad en todo el edificio. 

Subimos por la escalera. Esta termina en un amplio recibidor, junto al ascensor. A derecha e izquierda se abre el pasillo de las habitaciones. Madera brillante en el suelo protegido por una estrecha alfombra en tonos pastel azul y rosado que amortigua el ruido de pasos y ruedas de maleta. Un extractor de aire molesta con su ruido. Paredes en blanco. Puertas en madera clara brillante. Luces algo amarillentas. 

En el pomo de la puerta, nuevo, dorado, brillante introducimos la tarjeta y accedemos a un pequeño espacio. Suelo de parquet brillante bien conservado, con una línea oscura alrededor de toda la estancia. Paredes en blanco. Mucha luz (artificial). A la izquierda, otra puerta nos llevará al dormitorio; a la derecha, un armario de tres puertas: colgador con tres perchas, cajoneras, la bolsa de la lavandería, una manta extra y un cuadrante de almohada. 

La puerta de la izquierda se abre al dormitorio. Grande. Generoso. Paredes blancas con escasas manchas. Frente a la puerta, las dos camas, vestidas con colchas azules algo horteras. Cabeceros de barrotes en madera oscura. Sobre ellos un par de cuadros. Las camas son cómodas sin más. Quizá los colchones algo blandos. O muy usados ya. Limpias. Vestidas con suaves sábanas y una gruesa manta. A ambos lados, mesillas de la misma madera que el cabecero. Sobre ellas dos lámparas de pantalla ancladas a la pared, algo escasas para la lectura. En las mesillas hay interruptores, que no apagan todas las luces, y enchufes. Sobre una de ellas, además un teléfono con un bloc de notas y un bolígrafo con el logo del hotel y almohadilla para usarlo en el smartphone. Un viejo display para el hilo musical que no funciona. No hay aire acondicionado. A los pies de la cama, sendas alfombras en tonos pastel azul y rosa. 

En el espacio que hay hasta la pared de la derecha al fondo, hay dos butacas algo desgastadas, pero cómodas y una mesa de centro.  Al la derecha de la puerta un maletero tapizado en tela de cachemire y con la pared protegida con madera de rejilla. A continuación la puerta del baño y luego un incómodo escritorio. Por un lado la silla se ha sustituido por un banco sin respaldo incómodo para trabajar, y por otro lado, aparece completamente ocupado por una televisión de plasma, una bandeja de plástico con dos vasos, los precios del minibar y una lámpara de pie con pantalla y escasa potencia de iluminación para trabajar. No hay enchufes cerca. Bajo la mesa, hay un pequeño armarito con un minibar de espléndido surtido. Sobre ella, un espejo 

Aunque junto al balcón hay un radiador, este no funciona y se ha sustituido por un radiador eléctrico situado junto a la puerta del baño. Suficiente para calentar la estancia. 

El balcón es de aluminio nuevo blanco, aunque la manivela está rota. Pesados cortinones con foscurit lo protegen, pero una de los lados de la cortina está enganchado y no se puede abrir. Vistas a las banderas que hay junto a la puerta principal, y allí adelante a los montes de la ciudad. La ubicación del hotel hace que su exterior sea súmamente tranquilo por lo que el descanso es confortable, aunque la insonorización interior pueda ser algo mejorable. Es necesario acordarse de apagar bien el televisor, porque la luz azul que emite estando en standby puede molestar durante la noche.

El baño es amplio. Frío, si no dejamos que el calor del radiador eléctrico entre también en él. Un poco caduco, especialmente por el color marrón chocolate de los sanitarios. Suelo de mármol bastante machacado (manchas...) por el uso. Una especie de sifón metálico en el centro del suelo que falta por ajusta y se mueve si uno lo pisa.  Enorme encimera de mármol con dos lavabos con antiguas griferias monomando. Sobre ella un gigantesco espejo iluminado en su marco de mármol marrón más oscuro. Un enorme, antiguo y poco potente secador de pelo anclado a la pared sobre uno de los toalleros.  Bajo la encimera una banqueta y una papelera.

A la derecha la bañera con cortina y una ducha rematada en teléfono de plástico pero brutal presión y temperatura, justo lo que busca y necesita el peregrino. Un bote de gel y champú, de buena calidad, anclado a la pared. Algo roñoso todo. A la izquierda, taza y bidet junto a una ventana con cortina que da también a la puerta principal.

En el centro de la encimera, en una cesta de mimbre se ofrece un variado set de amenities de estética medieval (gamuza de zapatos, gorro de ducha, pastilla de jabón, set de costura...). La lencería se compone de dos toallas de lavabo, dos de baño (algo pequeñas) y una alfombrilla para la ducha. Todo de buena calidad pero algo antiguas ya y en algunos puntos deshilachadas. 

Por la mañana, en una fría cafetería de luz blanca, nos han preparado un potente desayuno -fuera de hora- con café expreso, zumo de naranja, pan recién hecho, bollería industrial, embutidos y quesos de la zona, tostadas, mantequilla, mermelada...

Tras el mostrador de recepción, se interesan por el descanso, nos cobran y nos desean buen Camino.

Calidad/precio: 7
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 6.5

Baño: 6
Estado de conservación: 5

Desayuno: 7
Valoración General: 7

domingo, 22 de enero de 2017

BARCELO ASIA GARDENS (BENIDORM - ALICANTE)

BARCELO ASIA GARDENS (*****)
Rotonda del Fuego
Terra Mítica
03509 Finestrat - Benidorm (Alicante)


Habitación: 1212
Fecha de entrada: 17/10/2016
Tarifa:

Un edificio de color rojizo, ubicado junto al parque temático Terra Mítica, y casi oculto en medio de un frondosísimo bosque tropical alberga uno de los hoteles más reputados de nuestro país. Cuando en la barrera desde la que se controla el acceso al complejo, aparece desde una cabaña de cañas y paja un empleado que nos saluda juntando las manos y haciendo una reverencia de tipo oriental entendemos que aquello puede ser distinto.


Una carreterita en cuesta abajo con parking descubierto a la izquierda sitúa a la derecha el edificio principal. En él, un enorme pórtico con un lujoso coche negro con los logos del hotel cubre la puerta de entrada al hotel, altísima, de cristal, corredera. Dentro un enorme espacio a derecha, izquierda, arriba y abajo. Hacia la derecha un tranquilo bar en tonos azulados; hacia la izquierda un larguísimo mostrador de recepción; hacia abajo unas escaleras que bajan a un piso inferior abierto al superior; hacia arriba unos techos altísimos en madera y paja, como si estuviéramos en una efímera construcción oriental. Música relajante, decoración oriental, olor a incienso, curiosos ventiladores de madera en forma de hoja. Silencio y calma. Luz, a raudales, que entra a través de las cristaleras que hay en la pared de la puerta y en la pared de enfrente, que da hacia los jardines, las piscinas, los rascacielos de Benidorm, y allí abajo, al mar.

Camino del mostrador nos encontramos un escritorio para las actividades del hotel, y una pequeña tienda con ropa y recuerdos del hotel. Pronto, un joven vestido -como todos- con una levita de color arena, sale a nuestro encuentro, nos saluda con una reverencia y juntando las manos y se hace cargo de nuestro equipaje. En el mostrador el trato es súmamente cordial. Lento, y tedioso como siempre, pero al menos el muchacho que nos atiende nos pregunta por nuestro viaje, por si es la primera vez en el hotel, por nuestras preferencias y nos explica los horarios del spa, comedor... Nos indica igualmente que el wifi es abierto y gratuito en todo el hotel. Funciona espectacularmente bien, aunque hay zonas (la habitación que nos asignan) a la que la señal llega con suma dificultad y la navegación se interrumpe constantemente.

El mozo que se hizo cargo de nuestro equipaje nos acompaña a la habitación explicándonos en el trayecto más cosas sobre el hotel, y una vez en la habitación, el funcionamiento de la misma. Amplios pasillos con mullida moqueta color arena, paredes del mismo color y puertas oscuras se abren a nuestro paso. De vez en cuando una mesa estrecha con una lámpara, un ramo de flores o un libro abierto con fotos del hotel. Tomamos un ascensor de puertas metálicas correderas en un recibidor redondo decorado con troncos de bambú. El ascensor guarda los mismos tonos arena que el resto del pasillo. Luz tenue en su interior, suelo porcelánico y espejos estrechos en alguna de sus paredes.

La puerta se abre a otro recibidor redondo, con bambús, en el que convergen varios pasillos de habitaciones, que siguen el mismo estilo. Avanzamos por el nuestro hasta el fondo, justo junto a la puerta por la que se sale al jardín y las piscinas. Los números de habitaciones se ubican junto a las puertas en unos cartelitos con forma de flor. Para abrir la puerta de la habitación hay que situar el dibujo de una flor que hay en la tarjeta que hace de llave en un pequeño círculo que hay sobre el pomo de acero. Al abrir la puerta la luz se enciende automáticamente gracias a un detector de presencia.

Suelo porcelánico negro en toda la estancia, muy agradable. A la izquierda una pared de cristal traslúcido y madera casi negra alberga el gigantesco baño. A la derecha, un larguísimo armario de tres cuerpos con colgador largo, colgador corto, estanterías, cajonera, una caja fuerte, la bolsa de lavandería, una gamuza limpiazapatos, un set de costura, dos preciosos albornoces/batas muy finos de una tela que hace cuadritos y dos juegos de zapatillas de baño. Donde el armario termina se abre la habitación.


Gigantesco tamaño. Luz a raudales que entra por la pared de cristal del fondo que da a una terraza con vistas al jardín tropical aquí y a las atracciones de Terra Mítica allá lejos, en la que hay una mesa y un par de sillas. Sobre la mesa un cenicero con una caja de cerillas. El exterior de la terraza es del color rojizo del edificio y se ve rematada por un tronco de madera oscura que hace de apoyabrazos.

A la derecha, bajo un enorme espejo un generoso maletero de madera y acero. A continuación una mesa de madera oscura de aire oriental, alargada sobre la que hay colgada una enorme televisión de plasma. Bajo la mesa, el minibar. Sobre él, varios folletos de los servicios del hotel, un par de guías de las cadenas a las que el hotel pertenece, la carta del room service y una botella de agua de cortesía. Al terminar esa mesa hay un espacio con una papelera y a continuación una mesa de trabajo de cristal y hierro, con una cómoda silla para trabajar. Una lámpara de mesa, un bade y un par de enchufes frente a ella para poder enchufar el ordenador. Lástima que el wifi llegue allí con suma difícultad.

El gran ventanal, de puertas correderas, que da acceso a la terraza se ve protegido por un potente foscurit y una cortina en tonos marrones claros. Las cortinas se cruzan en el centro consiguiendo que no entre nada de luz por la mañana. Junto a la ventana, dos elegantes butacas tapizadas en blanco y rojo con una mesa de hierro y cristal redonda y una lámpara de pie invitan a la lectura, a la tertulia o a ver la televisión.

Las camas son enormes. Dos. Amplias. Blanquísimas. Limpísimas. Comodísimas. El nórdico con el que se visten resulta ligerísimo y confortable. Vestido con una preciosa sábana de rayas. Un montón de almohadas, cojines y cuadrantes permiten elegir el que nos resulta más cómodo para descansar. A cada lado de las camas, situadas bajo un cabecero de madera hay sendas mesillas también de madera. Sobre ellas, un bloc de notas, un lapicero, una lámpara de noche con pantalla color claro (algo escasa para la lectura) un teléfono, un enchufe y varios interruptores que no apagan todas las luces. La luz del escritorio y la de las butacas situadas junto a la ventana hay que apargarlas desde sus propios interruptores. El descanso es confortable. El exterior es absolutamente tranquilo y no se oye ningún ruido. La insonorización del interior es mejorable. En el silencio de la noche se escucha desde la cama (hasta media noche, que entonces se apaga) el hilo musical del pasillo. Y las voces del pasillo también pueden llegar a molestar.

El baño es gigantesco. Casi tanto como el dormitorio. Se accede a él a través de dos puertas correderas. El suelo mantiene el porcelánico oscuro. Frente a la puerta una enorme pared de espejo en la que hay una enorme encimera de madera oscura sobre la que hay dos pilas de lavabo exentas, con esbeltos grifos. Junto a ellos, en una pesada bandeja el set de amenities (gel, champú, acondicionador, crema hidratante, set dental y de afeitado, un par de toallas de manos, dos pastillas de jabón y un set con algodones, bastoncillos...). Entre los lavabos hay un jarroncito con una flor de bambú verde. Una caja de kleenex, un potente secador, un espejo de aumento completan el servicio. Bajo la encimera tres gigantescas toallas de baño con el logo del hotel. A la izquierda de la encimera, colgando de un toallero dos toallas de lavabo. Calidad excepcional en la lencería. A la derecha de la encimera una generosa bañera desde la que se pueden correr dos puertas que comunican directamente con el dormitorio.

A la izquierda de la entrada al baño, y protegidos por unas enormes mamparas de cristal con un vinilo encontramos un espacio con el inodoro y el videt, de corte moderno, y una cabina de ducha formidable. Pared porcelánica y suelo agradable. Una ducha de teléfono y otra de generosa alcachofa para el efecto lluvia. La temperatura es formidable, y la presión y el caudal, alucinantes. Despertar asegurado.

Por la mañana en un enorme comedor, que se extiende hasta el exterior y permite desayunar al borde de un lago con peces y vistas allá abajo al mar, se sirve el desayuno buffet. Es difícil decir qué no se ofrece. Un simpático y amable cocinero prepara allí sobre la marcha y a la vista los platos que uno desee (huevos, tortillas, revueltos con todo tipo de ingredientes). Además hay tortillas de patata, crepes, gofres, churros, bacon, judías, tomate asado, salchichas, champiñones. En otra zona decenas de variedades de quesos, ibéricos, jamones, fiambres, panes, frutas cortadas, zumos de todo tipo, aguas de sabores inimaginables (pepino, frutos rojos, cítricos...), leche de todos los tipos, batidos, una extensa colección de bollería recién hecha, un puesto de productos sin gluten, otro de productos integrales...

A la salida, en el mostrador, todo un poco lento. Al menos se preocupan de nuestro descanso y de nuestro viaje de vuelta, pero no deja de ser tediosa la espera a la factura, la tarjeta...

Calidad/precio: 9
Servicio: 9.5
Ambiente: 9
Habitación: 9
Baño: 9.5
Estado de conservación: 9.5
Desayuno: 10
Valoración General: 9