miércoles, 10 de enero de 2018

HOTEL ALELUIA (FÁTIMA - PORTUGAL)

HOTEL ALELUIA (***)
Avda. Dom José Alves Correira da Silva 120
2495 - 402 Fátima (Portugal)

Habitación: 205
Fecha de entrada: 3/08/2017
Tarifa: 55€ (Habitación cuádruple SA)

El hotel se encuentra en un remozado edificio de cuatro plantas. Unas ondas de aluminio situadas frente a las terrazas con luces moradas por la noche le dan un aire algo moderno. En la planta baja, una enorme tienda de recuerdos. Todo ello situado en los mismos pies de la explanada de oración del Santuario. 

Varias escaleras nos sitúan frente a la puerta de cristal que hay que abrir tirando y por la que entramos en una estrecha y larga recepción. Mármol en el suelo. Luz a raudales por la cristalera de la entrada y la del lateral izquierdo. A la derecha, paredes con espejos y cuatro butacas de piel blanca para esperar. Un poco más al fondo, dos pequeños mostradores. Uno a la derecha, con varios soportes con información del hotel y de Fátima. El de la izquierda atendido por dos simpáticas, y amables jóvenes. Nos piden la documentación que fotocopian a toda velocidad mientras nos explican los puntos más importantes del Santuario (lugares que ver, horarios...) y los horarios de los servicios del hotel.

Nos entregan las llaves de la habitación y el mando a distancia del aire acondicionado. Tras él, en un adhesivo encontramos la clave del wifi, gratuito en todo el hotel aunque funciona con algunos cortes. En general la sensación es de modernidad... de la modernidad que puede haber en un sitio como Fátima. 

Volvemos sobre nuestros pasos y nos encontramos con el ascensor. Muy moderno, grande y panorámico con vistas al centro de Congresos Pablo VI. La puerta automática se abre a un pequeño recibidor con una silla algo rococó sobre la que una placa de metacrilato recuerda que se guarde silencio porque puede haber clientes durmiendo.

El pasillo al que se abren las habitaciones es largo. Suelo de mármol, paredes en estuco, puertas de madera oscura brillante. Un montón de cuadros hechos con las fotografías que (según indica un cartel) ha ido haciendo la dueña del establecimiento. La sensación es un poco rancia, pero claro, estamos en Fátima. 
 
La puerta se abre con una llave normal que cuelga de un pequeño llavero de plástico blanco. Resulta poco robusta y algo antigua, pero remozada y perfectamente pintada y barnizada. Nada más abrir la puerta nos impacta un fuerte olor a limpio (una mezcla de detergente y lejía). Un pasillo nos conduce al dormitorio. ‎El suelo, de limpia madera clara. Las paredes de estuco crudo. A la derecha, la estrecha puerta de madera del baño. Y un par de pasos más adelante el dormitorio. 

No es pequeño, tampoco grande, pero desde luego, no sobra espacio. A la derecha dos enormes camas dobles (en la habitación pueden dormir hasta 4 personas) cubiertas por un cubrecama color chocolate. Cuatro cojines en tonos arenas a juego con el plaid que hay a los pies de las camas. Colchón confortable y almohadas correctas. Lencería blanca limpia y agradable. La cama está hecha con sábana, una pesada manta en tono azul y una colcha blanca. Todo ello protegido por el cubrecama. Ambas camas se encuadran en un cabecero largo de madera oscura. Entre ambas hay una mesilla del mismo color que el cabecero, rematada en cristal sobre el que hay una lámpara con una pantalla en tono marrón oscuro y un teléfono.  En el otro lado hay otra mesilla a juego con la misma lámpara. 

Encima del cabecero, un interruptor para apagar la luz del dormitorio. El juego de luces no es muy efectista, pero hay un par de puntos de luz en el techo, no demasiado frío y la lámpara de la mesilla. 

Sobre las camas hay sendos cuadros, y al otro lado de ellas, junto al balcón, hay un armario r‎opero exento, con dos puertas con espejos. El escaso espacio entre la cama y el armario hace que una de las puertas no pueda abrirse del todo. Dentro del armario, una barra colgadora, una cajonera y varias mantas suplementarias. Junto al armario, una lámpara de pie con dos luminarias: una de lectura, y la otra orientada al techo. Sobre el armario, el aparato de aire acondicionado. Funciona perfectamente con el mando que nos entregan en recepción. Eficaz y potente, aunque muy ruidoso para dormir con él encendido. 

Allí mismo también encontramos el balcón. Tiene dos tramos, una ventana, y una puerta de acceso. Ambas son de madera algo antigua y con los vidrios sumamente finos. Una persiana, que no baja del todo los aislan un poco del exterior. La zona, ni que decir tiene, es tranquila, pero el ruido del paso de algún vehículo por la noche, llega a molestar‎. Además, al no cerrar del todo la persiana, la luz se cuela en la habitación. La terraza, pequeña -especialmente porque alberga la máquina del aire acondicionado-, ofrece vistas al Santuario. La ventana y el balcón están protegidas por una cortina en tonos arena clara algo hortera. 

A los pies de la cama encontramos un maletero en madera oscura, a juego con el escritorio, rematado en cristal blanco sobre el que hay una televisión de plasma. Encima del escritorio, un espejo, y sobre él un punto de luz. Debajo una butaca tapizada en piel blanca, sin respaldo para poder sentarse a escribir algo. Al otro lado del escritorio, y antes del balcón, de seguido: una silla, una papelera de plástico blanco y la calefacción para el invierno.

A cada lado del escritorio hay sendos enchufes para los aparatos electrónicos. Igual que a cada lado de las camas, aunque estas, al ser tan grandes, ocultan un poco su presencia. 

Tanto paredes como la puerta son bastante endebles y se escucha demasiado lo que pasa en el pasillo y en las habitaciones contiguas. Pese a ello el hotel es tranquilo y casi todos los clientes siguen el mismo horario (vuelta al hotel tras la procesión de las antorchas).

El baño es nuevo. Algo escaso de tamaño, pero nuevo. Hay un pequeño escalón para acceder a él. Suelo de mármol y paredes del mismo material. Todo en color arena. Dos puntos de luz en el techo crean una sensación poco luminosa, especialmente delante del espejo. A la izquierda un inodoro y un bidet de corte moderno. A la derecha, en una larga encimera de granito gris un lavabo rectangular.  Sobre él un gran espejo. Bajo él, una vieja banqueta plegable y una papelera. Un espejo de aumento, un flojo secador de pelo. Sobre la encimera, unos cuantos sobres de champú y gel y varias pastillas de jabón. Un par de vasos de cristal.
 
Frente a la puerta, la ducha, larga y estrecha totalmente cerrada con una mampara de cristal. Dentro, porcelana blanca en el suelo. La ducha se remata con un grifo de teléfono algo pequeño pero del que sale agua con una presión y un caudal envidiables. Igualmente ocurre en el grifo del lavabo. Sobre el bidet, en una repisa metálica se presenta la lencería. Cuatro enormes toallas de ducha y cuatro de lavabo. Limpias y nuevas. 

En el baño el olor a lejía y detergente se hace especialmente profundo.


Por la mañana salimos muy temprano. La despedida es súper rápida. Pago y listos. La señora que nos atiende en recepción nos lleva amablemente por el interior del hotel (zona de servicios) ‎hasta el garaje, para no tener que salir por la calle.

Calidad/precio: 8 
Servicio: 8
Ambiente: 6.5
Habitación: 6.5

Baño: 7.5
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 
Valoración General: 7

miércoles, 20 de diciembre de 2017

MELIA BARAJAS (MADRID)

MELIÁ BARAJAS (****)
Avenida de Logroño 305
28024 Madrid

Habitación: 206

Fecha de entrada: 05/07/17 
Tarifa: 

A un paso de las terminales del aeropuerto, convenientemente conectado con un shuttle con servicio 24horas, el hotel se encuentra ubicado junto a una rotonda con una ermita, un McDonalds, ‎y algún otro hotel. Delante del mismo, y tras unas barreras hay un gran parking con algunos árboles. El edificio, ochentero, en ladrillo rojizo y ventanas de aluminio en tono verde. Rodeado de jardines algo destartalados, excepto el del centro, que acoge la piscina y que está más cuidado.

Un generoso pórtico acoge una enorme puerta giratoria y dos puertas normales a cada lado. Una vez dentro nos situamos en un profundo y bullicioso hall muy al corte de la cadena. Mármol negro y blanco en el suelo, techos algo espejados. A la derecha el riguroso, serio, elegante y doble mostrador de recepción, a la izquierda una especie de business corner de corte más moderno y colorido con una pantalla que informa de la salida de los próximos vuelos.

La recepción es un gran mostrador de mármol negro con una columna en medio. Dos puestos de trabajo a cada lado. Sobre el mostrador varios carteles de información del hotel. Una recepcionista atiende a un cliente. Un joven, que no lleva uniforme de recepcionista (quizá de botones) se ofrece a atendernos. Aunque el proceso es tan repetitivo como siempre el joven lo hace con simpatía y atención. Nos explica el horario de la piscina, de los bares y restaurante, del desayuno y la clave del WiFi que es gratuito y veloz en todo el hotel.

Unos pasos más adelante subimos unas escaleras y llegamos a un segundo hall de donde llega el bullicio, porque allí está situada a la derecha, junto a los ascensores, la concurrida cafetería. Hacia adelante el hall se estira para acercar a los salones de reunión, con una pared de cristal que da al jardín de la piscina y que permite que la luz natural ilumine la zona.

La sensación es de rigorismo marmóleo y muy del estilo de la cadena: negros y blancos brillantes, algunos dorados, luz agradable aunque demasiado general y continuo trajín de viajeros con maletas.

Dos ascensores, convenientemente iluminados, de puertas automáticas, totalmente recubiertos con unas placas metálicas (para no sufrir con los golpes de las maletas) nos conducen a nuestro piso. 

Las puertas se abren en un desangelado recibidor. Techo muy bajo, en blanco, con varios ruidosos equipos de aire acondicionado. Luz fría, suelo de mármol grisáceo, una zona con unos sofás y unas mesitas, todo de corte algo "retro". Varios pasillos con las habitaciones se abren a ese espacio, del que destaca especialmente la escalera, con ventanas al exterior y que se sitúa justo frente al ascensor.

En el ancho pasillo de las habitaciones el mármol del suelo se sustituye por una oscura moqueta en tonos marrones muy oscuros. No está sucia, pero podría estar más limpia. Las paredes de rigurosa madera rojiza algo labrada hacen juego con las poderosas puertas. Junto a ellas, en elegantes y algo clásicos carteles ovalados, los números de las habitaciones. El rojizo de algunas puertas parece degradado, y las esquinas de marcos y molduras aparecen algo dañadas de golpes. Las luces se encienden con un detector de presencia. Varios puntos sobre el techo formando cuadros. Dejamos atrás la frialdad del recibidor y las luces aquí pasan a ser más cálidas. La sensación general es elegante aunque un poco caduca y quizá con falta de mantenimiento.

La puerta de la habitación se abre con un estruendoso chirrido. Sin duda falta aceite (mucho) en las bisagras. ‎Un estrecho y corto pasillo nos encontramos por delante. A la izquierda la ranura para introducir la tarjeta, que ya está puesta para mantener encendido el aire acondicionado, algún interruptor de luces y la puerta de madera del baño. A la derecha, un armario ropero con puertas correderas de espejo y madera. En su interior un colgador largo y otro corto, algunos cajones, y varias amenities de las ya olvidadas (lustrazapatos, calzador...). La bolsa de la lavandería y una caja fuerte.
 
Tras una puerta de madera y cristal entramos en el dormitorio. Suelo de moqueta marrón algo más clara que la del pasillo. ‎Luces algo frías, espacio generoso pero no excesivamente grande. Todo lo que se puede necesitar en una habitación. 

A la derecha, un maletero de madera algo machacado por el uso. Sobre él un cuadro. A continuación un armario con el minibar, generosamente surtido; sobre él, una enorme pantalla plana. A continuación, un escritorio con varios enchufes, una lámpara de mesa, y un par de carpetas con información del hotel. Sobre el escritorio otro cuadro,también en tonos crudos. Al fondo el gran ventanal con vistas a un lateral del hotel. Aquí abajo, una zona de almacén bastante destartalado y allí delante unas cuantas viviendas bajas del barrio de Barajas.  ‎La ventana se cubre con un destartalado foscurit que no llega a cubrir en el centro todo el vano, y por un visillo blanco algo machacado por el uso. Por la mañana, la luz se cuela por completo en la estancia. 

Bajo la ventana, una pequeña y clásica mesa redonda de centro con un par de revistas, y una pequeña butaca junto a la que se instala una lámpara de pie orientable para la lectura...

A la izquierda de la entrada están las dos camas. Blancas, vestidas con ‎suaves edredones y cómodos colchones. Dos almohadas en cada una. Sobre ellas un cabecero clásico hasta el techo, empapelado con rayas en marrón, crudo y albero, y un cuadro redondo en el centro. A cada lado de la cama hay sendas mesillas de madera, cubiertas de cristal. Sobre ellas dos lámparas de noche con pantallas de color blanco, que posiblemente den la luz más cálida de la habitación. Varios interruptores y en uno de los lados un enchufe para cargar el móvil. En el otro, el teléfono, un bloc de notas y un bolígrafo.

A los pies de la cama, en la pared, el mando del aire acondicionado. Funciona muy eficazmente y de forma bastante silenciosa. Un botón de encendido y apagado, otro de potencia del aire y una pantalla que regula la temperatura. 

Aunque la puerta interior de la habitación reduce el ruido del pasillo, se escuchan demasiado las ‎habitaciones contiguas. El exterior es lo suficientemente tranquilo como para que puedan molestar ruidos exteriores. 

El baño es algo justo de tamaño. Suelo de madera algo grisácea muy agradable, paredes en mármol salmón y negro con algunos detalles dorados. A la izquierda, justo detrás de la puerta el inodoro y el bidet. Entre medio, un teléfono. El papel higiénico se presenta en un portarrollos en bronce labrado en corte clásico. El inodoro está tan pegado a la pared de la bañera que puede resultar incómodo sentarse en él. 

A la derecha de la puerta está el lavabo. En una encimera contundente de mármol negro. El lavabo en porcelana blanca, y el grifo moderno de acero. Sobre una estructurilla de plástico negro se ofrecen cuatro botes con champú, gel, acondicionador y loción corporal, dos pastillas de jabón y tres elegantes cajas negras y grises con set dental, set de afeitado y set de tocador con bastoncillos, desmaquillador... Sobre el lavabo un poderoso espejo enmarcado. Junto a él, un espejo de aumento dorado, una caja de kleenex anclada a la pared, un secador de escasa potencia y un potenciómetro sin función alguna, quizá recuerdo de las habitaciones de antaño. 
 
El grifo del lavabo es de los de "efecto ducha". Caen una docena de chorros separados, sin caudal ni potencia. La temperatura es estupenda. De la encimera, en dos aros de bronce cuelgan sendas toallas de manos. La lencería, en general es buena, moderna, grande y mullida. A las sábanas del lavabo se añaden la alfombrilla de baño y dos enormes toallas de baño que se presentan en un calienta toallas, que funciona incluso en el mes de julio.

Frente a la puerta está la bañera. Porcelana blanca empotrada en una pared de mármol salmón y negro. Cerrada con una mampara de cristal. La grifería no es moderna, pero tampoco está mal. Rematada con un generoso grifo en forma de teléfono con masaje, aunque el agua sale siempre por todos los agujeros. La temperatura es adecuada, pero quizá le falte un puntito al caudal y ‎a la presión. 

Por la mañana ‎el desayuno se sirve en un enorme salón sin decoración y algo desangelado. Paredes de cristal con vistas a la puerta principal y a uno de los laterales del hotel. Nos saludan con una sonrisa antes de acceder a un zona donde se presenta un inmenso buffet. Platos calientes (huevos fritos, revueltos, bacon, salchichas, sopas, judías...) alguna comida japonesa y oriental. Jamón de york, serrano, chorizo, salchichón, una amplia selección de quesos, salmón, ensaladas... Dulces variados (tartas, bollería...). Variadas opciones de panes, un espacio especial de alimentos sin gluten y otro de productos naturales y saludables.

En el mostrador de recepción el trámite de salida es muy rápido. Teclear el número de la habitación y nada más que decir adiós. 

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 7

Baño: 7
Estado de conservación: 7

Desayuno: 8.5
Valoración General: 7.5

viernes, 1 de diciembre de 2017

AC GAVÁ MAR BY MARRIOTT (GAVÁ - BARCELONA)

AC GAVÁ MAR BY MARRIOTT (****)
Tellinaries 33-35
08850 Gavá (Barcelona)

Habitación: 104

Fecha de entrada: 29/06/17 
Tarifa: 132 SA

Aunque el hotel está situado en primerísima linea de playa (desde el jardín se sale directamente a la arena) la entrada al establecimiento se hace desde la parte de atrás, desde una pequeña y tranquila calle llena de pinos y coches. El edificio, descaradamente moderno es de dos alturas, con unos grandes ventanales que dejan ver los pasillos en los que se abren las habitaciones. Todo en negro, con una generosa explanada-jardín delante que permite estacionar algún vehículo, acceder al parking o pasear esperando a alguien sobre un suelo sobre elevado que da la sensación de moverse. 

En un edificio anexo a la izquierda encontramos la recepción. Madera clara en las paredes, mármol blanco en el suelo. Ancha hacia los lados y poco profunda, nos recibe tras unas puertas automáticas de cristal con el mostrador justo delante. Agradable y fresca sensación. Mucha luz, que entra desde las enormes cristaleras que ocupan todo el espacio, y desde el jardín que queda a la derecha después del bar. A la izquierda una zona de sofás en tonos arena con un armario librero y alguna mesa baja. A la derecha, antes del bar, bastante tranquilo, unas mesas altas de madera, con sillas a juego con periódicos. Un totem indica la ocupación de las salas de reunión y la distribución del hotel. Un poco más allá se adivina el bar, la terraza y el jardín con piscina. Y un poco más allá todavía el mar, embravecido este día. 

Frente a la puerta, el mostrador de recepción, en madera negra. Sobre él varios folletos del hotel. Nos sorprende uno que indica que "Es obligatorio vestir adecuadamente en las zonas comunes" (es lo que tiene la cosa playera, que la gente pierde las formas). Tras él, varios cuadros redondos. Dos puestos de trabajo. Ambos atendidos. Una joven nos saluda desde el lado izquierdo. Acudimos allí. Simpatía y demás, pero otra vez el rollo del DNI (está claro que no sirve de mucho ser gold de la cadena) para que sepa la policía que esta noche duermo allí, aunque lo cuelgue en tuiter y en un blog... Nos indica el número de la habitación y la clave del wifi (que nos entrega en un folio) que es gratuito, veloz y con buena señal en todo el hotel -jardín incluído-. Un poco más a la derecha están los ascensores. Modernos. Grandes. Algo oscuros. Bien cuidados. Suelo de moqueta oscura casi negra.  Una pared de color arena, otra con espejo y otra en metal, con un cartel de publicidad de la cadena. 

Salimos en nuestra planta a un largo pasillo con enormes ventanales a la puerta principal. Mucha luz que contrasta con el negro de la moqueta del suelo, y lo negro oscuro de las puertas y lo gris de las paredes. La llave no nos funciona al introducirla en la brillante manivela. Volvemos a recepción, nos las cambian y entonces sí que abren. Sensación de frescor, limpieza, luminosidad y modernidad.

Junto a la puerta, la ranura para la tarjeta que enciende las luces. Un pasillo con pared blanca a la derecha. Suelo de madera oscura muy limpia y bonita, en toda la estancia. A la izquierda, la puerta de cristal opaco del baño, como es habitual en la cadena. A continuación el control del aire acondicionado. Muy sencillo de manejar: un selector de temperatura y un panel de intensidades, incluyendo el auto. Aunque bastante ruidoso para dormir con él encendido. Antes de entrar en la habitación propiamente dicha hay un pequeño armario sin puerta, con varias baldas. En una de ellas hay dos toallas amarillas para la piscina, en otra hay un aparato de radio con reproductor de CDs (no conseguimos sintonizar ninguna emisora) y en la más baja de las baldas está el minibar, bien surtido con aguas, refrescos, cervezas, cavas, vinos y algunos snacks. 


A continuación, la habitación. Generosa de tamaño. En la pared izquierda, pintada en negro encontramos un largo maletero en piel y aluminio. Sobre él, un cuadro en blanco y negro de motivos marineros. A continuación una generosa mesa de trabajo en madera oscura y aluminio, sobre la que hay un vade negro, una lámpara de mesa (algo escasa de potencia) y algún folleto del hotel. Bajo la mesa, una papelera y dos enchufes disponibles, aunque de acceso algo difícil. Sobre la mesa un gigantesco televisor de plasma. Quizá excesivo. La silla de trabajo comodísima, de piel y acero giratoria y con ruedas. 

A la izquierda encontramos un armario con cuatro cuerpos. Los dos de los extremos son espejos de techo a suelo. Los otros dos, dos puertas correderas de madera oscura y cristal blanco tras las que se ofrece una barra colgadora con perchas normales de madera y una balda en altura en la que se encuentran los nórdicos de las camas doblados por si fuera necesario. El interior del armario está iluminado con un punto de luz.

En el centro, dos camas vestidas de blanco, con canapés en gris bastante sucios. Sábanas suaves, dos almohadas cada una, de distinta dureza, pero quizá ambos demasiado gruesos -aunque para gustos los colores-. El colchón está quizá "demasiado trabajado" y se hunde demasiado en el centro y "gruñe" mucho al moverse. Todo ello enmarcado en un cabecero rugoso de tonos grises. A cada lado sendas mesillas de madera color acero. Sobre ellas lámparas de noche y dos brazos direccionables de lectura, de fenomenal potencia. En una de las mesillas hay un teléfono, un bloc de notas, un bolígrafo y un enchufe. En la otra no hay nada más que interruptores. Estos sólo permiten encender las luces de lectura y encender y apagar todo lo demás. No es posible otro juego de luces, lo que resta cierta efectismo a la estancia. 

A continuación de las camas, hay una vieja e incluso rota alfombra gris, sobre la que hay una butaca a juego con la silla de trabajo pero algo más desgastada y rayada y con una especie de reposapiés en acero y piel negra. A continuación un enorme ventanal que da acceso a una mínima terraza desde la que se disfrutan de fantásticas vistas al jardín y la piscina aquí delante, y a la arena y al mar, allá lejos. La ventana se protege con un foscurir y un visillo algo sucios y viejos que evidentemente no impiden demasiado el paso de la luz por la mañana.

El descanso no es del todo agradable. Aunque el entorno del hotel es muy tranquilo no dejan de escucharse ruidos durante toda la noche. La insonorización de las habitaciones no es la mejor, ni tampoco de las puertas. Se escuchan voces en habitaciones cercanas, ruidos en el pasillo como si estuvieran pintando, sonidos de aguas, golpes con sillas, pasos...

El estilo del baño es el clásico de la cadena. Generoso de tamaño. Paredes de baldosas rectangulares en color gris verdoso. Suelo de la misma madera que el dormitorio. Una encimera de cristal opaco con el lavabo. Sobre ella un bote de champú, otro de gel, y otro con loción corporal además de una pastilla de jabón en forma de pelota de golf. Dos toallas pequeñas de mano. Sobre la encimera un espejo con dos luces incrustadas a derecha e izquierda. Bajo la encimera, un ligero armarito de metal y madera ofrece el resto del set de amenities: una gamuza limpiazapatos, unos kleenex, un gorro de ducha, un set dental, un peine y una toalla extra. Junto al lavabo un potente secador de pelo. 

A la derecha, el inodoro y el bidet, de porcelana blanca. Justo al frente, una generosa bañera protegida por media mampara de cristal. La ducha, de teléfono, funciona con una excelente temperatura, brutal presión pero quizá algo justa (pero no mal) de caudal... a veces llega a "pinchar" el agua. Dentro de la bañera, una barra de acero sostiene dos grandes toallas de baño y en otra barra bajo el lavabo, otras dos de manos. La lencería en general es limpia y de buena calidad y estado. 

En la recepción por la mañana, un trámite algo frío y aburrido. La factura, la tarjeta, algo del minibar y nos vamos. Sin mucho más. 


Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 7.5

Baño: 8.5
Estado de conservación: 7

Desayuno: 
Valoración General: 7.5

lunes, 20 de noviembre de 2017

IBIS BARCELONA CORNELLÁ (CORNELLÁ - BARCELONA)

IBIS BARCELONA CORNELLÁ (**)
Albert Einstein 53-55
08940 Cornellá (Barcelona)


Habitación: 8
Fecha de entrada: 28/06/2017
Tarifa: 78€ AD

Ubicado en medio del polígono industrial de Cornellá. Rodeado de centros comerciales, naves industriales y otros hoteles. A dos rotondas de la autovía que conduce al aeropuerto y a Casteldefells y Tarragona. Una finca rodeada con una verja y grandes árboles recoge un edificio de cuatro plantas, muy típico de la cadena, con paredes de granito rosa y ventanas en aluminio blanco. Una reja automática se abre para dejar pasar al coche y aparcarlo en un enorme parking descubierto que rodea todo el edificio. La puerta de entrada al hotel queda casi oculta en un lateral rodeada de árboles.

Dos puertas correderas automáticas de cristal nos introducen en la recepción. Frente a nosotros hay un pasillo. A la derecha, con ventanas abiertas al jardín, varias butacas modernas en tonos rojos y blancos (como el logo de la cadena) para esperar a clientes o charlar un rato. Algunas plantas y lámparas puntuales. Un pequeño corner ofrece "agua vitaminizada" (con trozos de frutas). A la izquierda queda el restaurante/bar sin apenas paredes que lo separen del resto de la recepción por lo que se escucha el bullicio y la música que viene de allí. Frente a nosotros dos mostradores de recepción. Techo blanco, paredes blancas y azules y suelo porcelánico en blanco y marrón. La tormenta de fuera ha llenado de hojas secas el primer tramo de la entrada. Sensación luminosa, moderna y con un toque juvenil.

La recepción es en madera clara, encimera de cristal y sobre los mostradores unas largas luces rojizas. Tras ellos, una pantalla con publicidad del hotel. Nos atiende una joven morena muy simpática y servicial. Rápidamente nos pide los DNIs (¿para qué sirve ser gold de la cadena?) los escanea y nos da a firmar para que la policía sepa que estamos allí, aunque no se para cometer ningún crimen, pero... es la ley. Nos explica el horario de desayunos y el funcionamiento del wifi que es gratuito y funciona con rapidez en todo el hotel. 

Dos pasos más adelante hay un distribuidor con varios totems con folletos del hotel, de la zona y algo de prensa, el ascensor y un par de pasillos. El que va hacia la derecha es el nuestro. El pasillo es algo estrecho. Paredes de color azulado, que contrasta con la moqueta oscura y las puertas en madera clara. Unos pasos más adelante hay un equipo de aire acondicionado bastante ruidoso.

Introducimos la tarjeta en la puerta y la empujamos. Pesa mucho. Dentro, suelo de madera clara brillante, paredes en blanco y azulón. Un breve pasillo con el interruptor general, la puerta del baño, de madera blanca con varias pegatinas con publicidad de la cadena. El mando del aire acondicionado, que funciona a la perfección aunque quizá demasiado ruidoso: sin modo automático, una rueda para seleccionar la temperatura, un botón de encendido y apagado y otro de la potencia del aire. 

A continuación, entramos en la habitación. El espacio es sumamente ajustado. En la pared de la izquierda hay un espejo estrecho y alto, una televisión plana enmarcada con madera y con varios folletos del hotel debajo y en la esquina del fondo junto a la ventana un armario sin puertas con varias baldas -en una la bolsa de la lavandería- y un colgador de ropa con varias perchas de plástico negro.

A la derecha está la cama, la típica de la cadena. Canapé negro; suave colchón; ligero, pero asfixiante nórdico y dos cómodas almohadas. Grande para ser individual y algo pequeña para ser doble. A un lado una estrecha mesilla con un enchufe. Al otro una mesilla más generosa con el teléfono, y algunos folletos del hotel. El cabecero es de madera clara, en el que hay incrustadas dos lámparas alargadas. No dan demasiada luz para leer, pero al menos hacen cálido el ambiente. Sobre la cama, un enorme cuadro en tonos grises.

En la pared del fondo está la ventana, de aluminio blanco y doble, lo que insonoriza muchísimo del parking que hay allí mismo. La ventana tiene un estor y por delante, una cortina color marrón. Ninguno de los dos consiguen parar la luz de la mañana, que se cuela con cierta intensidad al amanecer. Bajo la ventana hay otra cama, que recogida puede hacer las veces de gran mesa de trabajo. En el armario hay una silla metálica plegada para cuando la mesa está extendida. Junto a ella, dos enchufes disponibles. 

La insonorización no es excepcional y molesta bastante una puerta que hay junto a la habitación que se abre y se cierra varias veces durante la noche (debe ser un almacén, o el acceso del personal...). También se escuchan mucho los pasos por el pasillo e incluso algunas voces de la recepción. 

El baño es pequeño. Porcelana gris en el suelo, algo trabajada y no impecablemente limpia. Porcelana blanca en las paredes. Luz escasa, sin ningún efecto. A la izquierda, un pequeño lavabo blanco con una grifería que parece de plástico en una pequeña encimera. Sobre él, un espejo alto. Un secador de pelo de escasa potencia, dos vasos de plástico y un bote anclado a la pared con el jabón (que es jabón, champú y gel a la vez). La temperatura del grifo es adecuada pero la presión y el caudal son algo escasos.

A la derecha, el inodoro, con la cisterna empotrada en la pared, lo que deja una pequeña repisa para complementar la encimera y una papelera blanca. Frente a la puerta, la ducha, protegida con una mampara de cristal recubierta con un vinilo. Suelo blanco. La grifería de la ducha es también como de plástico. Junto a ella, otro bote como el del lavabo con jabón-gel-champú. La temperatura es fenomenal, pero la presión y el caudal sin ser malos no son para tirar cohetes. La lencería de baño se resume a dos toallas y una alfombrilla de baño. Algo viejitas y desgastadas. 

Por la mañana, en el restaurante se sirve un desayuno buffet corto de servicio (cada uno ha de apuntar en una tabla si consume o no el desayuno), de productos (bollería, yogur, fiambres, una tortilla de patata precongelada, algo de pan, mantequillas, mermeladas algo de cereales, zumos (de bote) y unas máquinas que sirven buen café -con tazas de porcelana y vasos de cartón para llevarte-) y de calidad. 

En la despedida, hay que volver a dar los datos fiscales para la factura (¡cómo si fuera la primera vez que dormimos en la cadena!). Al menos son simpáticos aunque algo lentos. 

Calidad/precio: 7
Servicio: 7
Ambiente: 7
Habitación: 7
Baño: 6
Estado de conservación: 7
Desayuno: 5.5
Valoración General: 6.5 

martes, 7 de noviembre de 2017

ATIRAM GRAN HOTEL DON MANUEL (CÁCERES)

ATIRAM GRAN HOTEL DON MANUEL (****)
San Justo 15
10003 Cáceres


Habitación: 132
Fecha de entrada: 27/06/2017
Tarifa: 

En el centro histórico de la ciudad, en una plaza moderna, peatonal, con unas fuentes y una terraza y rodeado de los edificios históricos cacereños encontramos un moderno edificio en granito rosado y con tres alturas rotas con grandes ventanales de aluminio. En una enorme pared de cristal en el bajo, enmarcada entre dos pequeñas macetas, encontramos la puerta automática de acceso a un inmenso hall iluminado solamente con la luz exterior. Suelo de mármol arena con algunos toques negros, grandes pilares redondos y blancos. Sensación bastante fría y poco acogedora: demasiado blanco, demasiado mármol y nulo juego con las luces. A la derecha, las puertas del spa y del ascensor que baja al parking. A la izquierda, el mostrador de recepción, en madera oscura y delante de un enorme logo del hotel y la cadena. Enfrente una zona de sofás y butacas para el descanso rematada con un enorme cuadro abstracto en tonos rojizos. Junto a la puerta hay una pequeña zona como de juegos con unas mesas de escuela antigua, una pizarra, varios libros y un totem lleno de papelitos con mensajes que los clientes han dejado al hotel. 

En el mostrador nos atiende un simpático joven que mientras teclea los datos del DNI nos explica los servicios del hotel: parking, horario y lugar del desayuno, la contraseña del wifi (que es gratuito y que funciona bastante bien en todo el edificio). Nos entrega las tarjetas de la habitación y nos indica el lugar del ascensor más cercano a la habitación. 

Atravesamos un largo, oscuro y frío pasillo con puertas a ambos lados (despachos, salones y el bar) y una colección de fotos de escuelas antiguas, que estaban situadas en el mismo solar en el que hoy está el hotel, y al final, casi en la puerta del desayunador, encontramos el ascensor. Moderno, un poco oscuro, vestido en metal con una pared de espejo y con un par de carteles con servicios del hotel. Nos deja en un largo y ancho pasillo que se abre hacia la izquierda. Suelo de madera negra cubierto con una tupida alfombra roja. Cruzamos una zona de ventanales a la plaza que alberga el hotel, donde se han instalado algunos sofás.

Tras otro giro a la izquierda entramos en el pasillo de las habitaciones, que describe una pequeña curva. A mano derecha varios ventanales de techo a suelo con vistas a pequeños patios interiores ajardinados. A la izquierda, un ascensor "portaplatos" y toda la hilera de habitaciones. Paredes blancas con puertas de madera oscura y en las paredes algunos lienzos de tela de colores. Junto a las puertas, un metacrilato con el número de la habitación. 

Metiendo la tarjeta en la cerradura se abre la puerta pero al empujarla, esta chirría bastante. Falta algo de aceite en las bisagras. Una vez dentro la sensación es más cálida que en el resto del hotel. Suelo de madera negra, paredes blancas y techos altos. Un pasillo nos ofrece a la izquierda los interruptores de la luz, la ranura para la tarjeta, la puerta (también de madera oscura) del baño y un pequeño armario ropero con una barra colgadora con perchas antirrobo y en la parte de abajo una barra a modo de zapatero. Todo ello sin puerta.Frente a él, el mando del aire acondicionado. Sin posición auto, con una rueda para indicar la temperatura deseada y varias opciones de potencia. En la potencia más baja no se escucha absolutamente nada. En la más alta, molesta un poco. 


A continuación, el generoso espacio de la habitación. A la izquierda, otro armario de madera oscura, abierto, con un maletero con listones de aluminio en el centro, bajo el que hay unos cajones con el minibar (con dos botellas de agua, dos cervezas y dos cocacolas) y la caja fuerte. A ambos lados, baldas. Y al fondo, un enorme espejo. Todo ello también sin puerta. 

Dos camas blancas con dos almohadas cada una y vestidas con suaves sábanas blancas y unos asfixiantes nórdicos a cuadros. Sobre las almohadas, dos pequeños cojines marrones oscuros. A los pies de ambas camas hay un plaid marrón brillante. La cama está enmarcada en un cabecero de madera y piel color calabaza en forma de capitoné. En el marco de madera hay sendas lámparas de lectura dirigibles de aluminio. Una de ellas no funciona. A ambos lados de las camas, mesillas de madera sobre las que hay lámparas con pantalla de color crudo. En una de las mesillas está el teléfono y un bloc de notas y un lapicero pequeño. Sobre ambas, enchufes e interruptores para la luz. El juego de luces es agradable, pero los interruptores apagan "demasiadas" luces en cada toque y el juego sólo puede ser las mesillas, una lámpara de pie y una luz de techo siempre encendidas o siempre apagadas, pero en general la sensación es de calidez. Podría ser más si las paredes no estuvieran tan desnudas.

A los pies de la cama, como simétrico al cabecero y con la misma decoración encontramos una televisión plana en el centro de un marco de madera oscura y un capitoné color calabaza. A continuación de él un escritorio generoso con una silla algo escasa de respaldo. Sobre él, un bade negro, una lámpara de mesa a juego con las de las mesillas, algunos folletos del hotel (servicios, room service...) y un enchufe para conectar el portátil. 

Al fondo de la habitación está la enorme ventana con vistas a la plaza peatonal en la que se encuentra el hotel. Cubierta por un visillo, un foscurit y un enorme cortinón algo hortera en rojo, verde, negro y blanco que no impiden  del todo el paso de la luz de la mañana. Bajo la ventana hay dos butacas de madera y piel clara no muy cómodas con una mesa de centro redonda y una lámpara de pié con pantalla. 

El descanso no es del todo perfecto. Aunque la insonorización entre habitaciones es estupenda, la puerta deja pasar todos los ruidos del pasillo, que no son pocos: pasos, portazos, voces. Las sábanas son suaves, pero el edredón da demasiado calor. 

El baño resulta generoso de tamaño. Paredes en porcelana marrón color arena, con un rodapié oscuro, suelo en porcelana del mismo color. A la derecha de la puerta, el lavabo, moderno, de porcelana blanca encastrada en una gran encimera de madera oscura. Grifería moderna pero algo "trabajada" a la que le falta algo de mantenimiento. Sobre la encimera, en una bandeja de plástico se presentan las amenities envueltas en plástico de chillones colores: jabón, kleenex, gorro de ducha y un peine. A cada lado del lavabo, un par de vasos de cristal y encima un gran espejo. A la derecha, un espejo de afeitado y un secador de pelo de escasa potencia. 

La iluminación no es muy generosa. Dos puntos sobre el lavabo que dan calidez a la zona, y un frío foco en el centro, que al activarse activa también un ruidoso ventilador de extracción de aire y vapor. 

A la izquierda de la puerta, un bidet y un inodoro. Con un rollo de papel higiénico de color oscuro (el papel). Sobre el bidet un enorme calienta toallas de aluminio. Frente a la puerta, la bañera, muy limpia y generosa. Su pared interior es de madera oscura. La grifería muy nueva con una ducha de teléfono y otra de efecto lluvia. Tanto la presión como el caudal y la temperatura son excelentes, gracias a sus grifos termostáticos. Dentro de la bañera el toque rancio lo pone un dispensador de gel/champú de color blanco. Un toallero ofrece dos toallas de ducha limpias y mullidas, que completan el conjunto lencero con con una alfombrilla de baño y dos toallas de lavabo.

Por la mañana, en un salón algo frío se presenta un gigantesco buffet de desayuno. La calidad de los productos es algo justita pero el surtido descomunal: zumos de distintas frutas, batidos, platos calientes (huevos, salchichas, bacon, minisandwiches, migas), fiambres, quesos, embutidos, bollería, diversos tipos de panes, mantequillas y mermeladas industriales y varias máquinas de un café más que bueno. 

En el mostrador de recepción, al decir adiós,  aunque el trámite es "el de siempre", al menos lo es con cierta cercanía y rapidez. 

Calidad/precio:
Servicio: 7
Ambiente: 6
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 6.5
Valoración General: 

miércoles, 25 de octubre de 2017

MAS D' EN ROQUETA (ARAVELL - LLEIDA)

MAS D'EN ROQUETA (**)
25712 Aravell (Lleida)


Habitación: 4
Fecha de entrada: 15/06/2017
Tarifa: 

A un paso de Seo de Urgell, y a otro paso de Andorra. Al final del campo de golf de Aravell, junto al aeropuerto de Andorra y en medio de un precioso valle con masías, encontramos este complejo de restaurante, hotel, pich&putt, pistas de pádel, piscina... 

Un parking arenoso bajo una arboleda nos deja junto a una arcada de seto que nos introduce en un cuidado jardín con enormes árboles y varias elegantes sillas y mesas que invitan a la contemplación. Tras la puerta de madera llegamos al restaurante cayendo junto a la barra. Un joven sale a recibirnos y aunque nos dice que las habitaciones no se dan hasta las 14, nos dice que va a ver qué puede hacer por nosotros. Enseguida vuelve para acompañarnos unos metros calle arriba hasta el edificio del hotel. Una preciosa masía de tres alturas con techo de pizarra a dos aguas, roca vista, balcones y ventanas con portillos de madera y muchas macetas con flores. Árboles, fuentes, pequeños rincones en los que sentarse a ver la vida pasar.

Bajo un enorme arco‎ encontramos la puerta de entrada, de madera y cristal. Un feo cartel avisa en la misma puerta del horario de los servicios del hotel y de la clave del wifi, que es gratuito y que funciona bastante bien. Allí mismo, a la derecha, un antiguo armario vajillero de media altura hace las veces de mostrador. Sobre él, un sin fin de folletos, tarjetas e información sobre la zona. Nada más abrir la puerta se enciende automáticamente la luz de la estancia, porque la recepción no está atendida permanentemente. El espacio es algo oscuro, pero grande. Estrecho y largo. Suelo porcelánico con baldosas en tono marrón grisáceo, vigas de madera en el techo y paredes de piedra.  

Hacia la izquierda, se abre una larga sala con una mesa comunal y unos enorme butacones en color claro que invitan a sentarse a la lectura o a disfrutar de las ‎vistas a través de las floridas ventanas. Lo rústico (estatuas, ollas, aperos de labranza, mobiliario...) combina con lámparas modernas, luces puntuales, 

El joven nos entrega la llave que coge de un ‎armario que hay allí mismo. No hemos enseñado ni el DNI, ni la tarjeta de crédito. Tan sólo hemos dado el nombre. Nos dice que tiempo habrá para esas cosas. El llavero tiene una llave (para la puerta), una tarjeta (para la luz) y un llaverito con una pequeña campana y una yunta de bueyes en pequeño. El joven nos lleva hacia la derecha, bajo las escaleras, junto a una enorme estatua de D. Quijote, y tras una baja puerta de cristal y metal nos introduce en una bodega donde está el bar. Nos explica que está todo a nuestra disposición, que lo que tomemos, lo apuntemos en un papel y que ya rendiremos cuentas al irnos. El surtido de refrescos, vinos, licores, snacks... es generoso. Y la temperatura fresquita, como si de una bodega real se tratara. No en vano hay hasta una cuba de vino a disposición de los clientes.

Volvemos sobre nuestros pasos y subimos escaleras arriba. De madera clara, brillante y moderna. En el piso de arriba paredes y suelo se mantienen igual que en la planta baja. Armarios con espejos por el pasillo, bancos rústicos y luces algo menos efectistas que en la planta inferior. Nuestra habitación está al final del pasillo. Una puerta de madera clara brillante, con pomo dorado y el número clavado en ella. Tras la puerta, seguimos con la luz algo pálida y puntual. Calor, porque fuera posiblemente haga uno de los días más calurosos del año, y un espacio grande. Suelo y techo se mantienen invariables, paredes en estuco amarillo, con algunas decoraciones florales en color. Quizá el suelo porcelánico le reste aire acogedor al espacio. 

Junto a la puerta encontramos una ranura para la tarjeta, que activa la luz de la habitación. A su lado, un termómetro. Los interruptores son curiosos con un botón como "de grifo". Tras un breve pasillo entramos en un generoso espacio como de salón, rematado por un bonito balcón cubierto con unas cortinas en tonos rojizos y amarillos. Gracias a unos estores ubicados entre el balcón y el cortinón la luz se para un poco, aunque no del todo, y el amanecer fuera también ilumina algo la estancia. 

A la derecha hay un puff que hace las veces de cama supletoria y la puerta del baño, de madera y espejo. A la izquierda un escritorio rústico con la televisión plana encima. No hay mucho espacio para el trabajo, porque junto a la tele, hay una lámpara de tulipas de cristal. A continuación el armario ropero, también rústico, con puerta enrrejada en madera. Dentro una balda y un colgador alto con perchas vestidas con ganchillo de distintos colores. Junto a la ventana hay un conjunto de dos butacas rojas estrechas -algo modernas- con una mesa baja de madera y acero y una lámpara con fino pie de hierro y una pantalla clara. 

Del techo cuelga un ventilador. No hay aire acondicionado, aunque si generosos radiadores en casi todas las paredes. No parece que allí el aire acondicionado sea necesario porque la temperatura baja bastante durante la noche, pero estamos en medio de una ola de calor y el ventilador no es suficiente. 

Justo enfrente de la televisión hay un arco abierto en la pared y rodeado de motivos vegetales que da acceso al dormitorio. Dos camas individuales, vestidas con sábanas agradables y limpias y recubiertas con gruesas colchas blancas bordadas. El colchón es cómodo así como la almohada. Al pie de la cama unos plaids de colores y motivos vegetales. Un par de cojines sobre la almohada. Cabeceros de forja sobre una pared de piedra. Entre medio de los dos hay una "pera" para apagar algunas de las luces. A cada lado de las camas, sendas mesillas de madera y sobre ellas, un enchufe, y una luz de noche con tulipa en color crema, algo escasa para la lectura. A la izquierda hay otro balcón con vistas a la puerta principal. A la derecha hay un maletero también de madera, que cojea más de la cuenta. 

El descanso no es malo, aunque pasamos bastante calor. La insonorización de la habitación no es muy buena, pero el hotel es muy pequeño, y calmado, por lo que no sentimos molestias de ruidos en ningún momento. Por la noche, el silencio de la zona resulta sobrecogedor. Al amanecer, la luz empieza a entrar en la habitación acompañada del canto de los pájaros que habitan los árboles que rodean la finca. 
El baño es largo y estrecho. Y curioso. La paredes de la izquierda y del fondo son de piedra. En ella una ventana estrecha con vistas a los edificios traseros del hotel (un granero...), en un hueco de la pared sobre unas baldas de madera se ofrecen las toallas: dos de baño, generosas, limpias y mullidas, una alfombrilla de baño y dos toallas de mano. 

Nada más entrar, a la derecha encontramos el lavabo. Enmarcado en un rincón alicatado en baldosas blancas y amarillas, con un espejo en rincón sobre el que si sitúa un moderno aplique de luz. El lavabo es contundente, moderno, con una grifería incrustada en la pared. No tiene encimera, pero sobre él se ofrece un bote con jabón de manos. Bajo el espejo hay una repisa de cristal en la que se presentan dos vasos y una cesta de mimbre con las amenities: unos kleenex y un par de sobres de gel y champú. Un flojo secador de pelo anclado a la pared completa el servicio del baño.

Un paso más adelante se encuentra la bañera con la ducha, protegida en dos laterales por mamparas de cristal. La grifería es un poco justa de calidad, casi más parecería de plástico, pero la presión, la temperatura y el caudal son correctos. Lástima que el anclaje de la ducha en la pared esté situado muy bajo, lo que hace complicada la ducha a los que somos demasiado altos. 

Al fondo de la estancia, en el último rincón después de la bañera encontramos el inodoro. Junto a él, colgado de la pared hay un par de rollos de papel de repuesto en un colgador de tela decorado con ganchillo. 

Por la mañana en el edificio del restaurante se sirve el desayuno. Nada más sentarnos nos ofrecen un zumo de naranja (no natural), una bandeja con embutidos de la zona, otra con pan con tomate, otra con mantequilla -riquísima- y mermelada -casera y riquísima-, y otra con tostadas de pan de pagés recién hechas. Además nos ofrece si queremos, algo de fruta, huevos, tortilla, otras bebidas... El café delicioso. 

A la salida, simplemente le dictamos el número de nuestro DNI y el código postal de nuestra ciudad. Y nos desea buen viaje. 

Calidad/precio:
Servicio: 7
Ambiente: 6.5
Habitación: 7
Baño: 6.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 8
Valoración General: 7.5

lunes, 9 de octubre de 2017

PRAKTIK METROPOL (MADRID)

PRAKTIK METROPOL (**)
Montera 47
28013 Madrid

Habitación: 901

Fecha de entrada: 20/05/2017
Tarifa: 111€

En el mismo corazón de la ciudad de Madrid, en la esquina de la Gran Vía con Montera, donde pasa todo. Un edificio sin rotulo alguno, entre un enorme McDonalds y otra franquicia de restauración tan sólo avisado por unos parterres sobre la acera peatonal encontramos un portal como de vivienda, sin cartelería. Las puertas, de cristal correderas están abiertas. En el portero automático vemos que Praktik Metropol se indica en la primera planta, pero que en otras plantas se anuncian también otros Hostales. 

Tras la puerta un espacio de mármol y espejos, como un portal de casa de vecinos, algo pequeño, algo desvencijado y con una pequeña mesa tras la que hay un portero en camisa y corbata que lee el periódico sin prestarnos atención alguna. A la derecha de él encontramos un pequeño distribuidor con las escaleras y los ascensores, y allí, si, un enorme cartel con las nueve plantas del edificio y lo que podemos encontrar en cada una de ellas. En la primera la recepción del Metropol. Y el resto se reparten entre otros hostales, y habitaciones del Metropol. 


Los ascensores son muy modernos y nuevos. Muy anchos y poco profundos. Algo oscuros, con espejo, una botonadura iluminada y una réplica del cartel del distribuidor con el reparto de las plantas del hotel. Salimos en el primer piso como si a un edificio de vecinos se tratara. Una puerta a derecha, otra a la izquierda y otra enfrente. En la de la izquierda pone "Hola" y entendemos que será la recepción. Empujamos la pesada y antigua puerta y aparecemos como en un piso. Madera en el suelo y un largo y ancho pasillo desde el que se adivina una larga mesa comunal al fondo. A la derecha hay una ventana a un oscuro patio interior. A la izquierda hay un marco de puerta doble que da a un salón, paralelo al otro con varias butacas tapizadas a cuadros y sofás delante de una enorme cristalera con vistas a la calle Montera. Allí mismo, hacia atrás encontramos el mostrador de recepción desde el que nos saludan con un desenfadado "Hola cómo estáis". 


El mostrador es de madera antigua, con un par de puestos de trabajo, aunque sólo atiende una persona. Nos trata de tú, nos indica que nos han hecho un upgrading en la habitación y que nos han puesto en una tipo skyline. A continuación nos pide todos los datos, el DNI y la tarjeta de crédito. Todo un poco lento para haber rellenado ya todos los datos por internet. El mostrador tiene varios folletos de la ciudad, algunos libros de arte y varios folios sobre los que trabaja la recepcionista. En la pared del fondo hay algunas palabras escritas sobre la pared. Todo da la sensación de esa "modernidad antigua" que se lleva ahora. Una vez que nos entrega las llaves nos explica el funcionamiento del wifi que es tan gratuito como inservible. No conseguimos conectarnos ni un sólo instante de las 12 horas que estuvimos en el hotel. La señal estuvo "Limitada" todo el tiempo. Además nos explica que el desayuno se sirve desde las 7.30.


Volvemos al rellano y volvemos a coger el ascensor hasta la planta 9. Allí, de nuevo un rellano de escalera de viviendas con tres puertas. En una no hay cartel, en la que se sitúa frente al ascensor pone 906 y  en la de la derecha, hay un cartel que pone "Hola", por lo que entendemos que allí debemos dirigirnos. Junto a la puerta, hay una ranura en la que introducimos la tarjeta y se abre. Accedemos a un pasillo largo que inicia con un pequeño recibidor con un sofá doble de corte antiguo. Paredes blancas con frases y palabras escritas por todos los sitios. Allí mismo está la puerta de nuestra habitación, blanca, y con un metal que imita a un cristal como si pudiéramos ver la habitación desde allí (o viceversa). 


Una vez abierta la puerta lo primero que vemos es un generoso espacio rectangular en el que está todo. Pero también notamos un extraño olor como a pozo. En la jamba de la puerta, la ranura para la tarjeta y el display del aire acondicionado. Aparentemente su manejo es sencillo, con posición on, off, auto y una rueda para seleccionar la temperatura. Sin embargo, y pese al ruido, no conseguimos hacer que la temperatura varíe. Sorprendentemente la extracción del aire genera un molesto ruido durante toda la noche. El suelo es de una madera muy bonita y cuidada, como si fuera antigua, en marrón oscuro. Todo lo demás es blanco. Las paredes aparecen recubiertas por unas lamas de madera blanca rematadas en unas especies de colgadores a lo largo de toda la habitación. Abajo un gran rodapiés negro de madera. A la izquierda hay un armario exento con las puertas de espejo. Dentro, algunas baldas (con una manta extra), una caja fuerte y una barra con perchas. Las patas del armario son curiosamente redondeadas y de corte antiguo. Bajo el armario hay una papelera metálica en blanco como antigua.


A continuación del armario hay dos estrechas puertas de color negro con cristales tapados por unos visillos en color crudo que dan acceso al baño. Junto a ello, una estrecha y larga mesa de trabajo casi de plástico decorada con un dibujo de un plano de Madrid. Sobre ella hay un antiguo flexo de cobre.  Algunos papeles del hotel sobre ella, y un par de enchufes debajo. Delante, una silla no demasiado cómoda para trabajar. Sobre el conjunto, cuelga de la pared una moderna televisión plana. Antes de la pared del fondo, donde hay dos generosos balcones (aunque de terraza estrecha) con bonitas vistas al centro de Madrid, se sitúan dos enormes sofás orejeros de piel marrón antigua con una mesa redonda de centro que usamos de maletero. 


Dos camas blancas. Con sábana y colcha. Colchón cómodo pero sin más. Sábanas algo duras. Sobre cada cama un par de almohadas de distintos tamaños, durezas y grosores; y una toalla enrollada con un cartel de esos que fomentan la culpa en uno mismo por querer sábanas limpias. Por encima de las camas y ancladas a la pared hay cuatro enormes lámparas, metálicas en negro, situadas a distinta altura. Las altas iluminan la estancia. Las bajas sirve como lectura. Luz potente. A cada lado de las camas hay sendas mesillas modernas de madera. Sobre una de ellas, un teléfono. Y junto a ellas, interruptores para las luces y un enchufe. 


Pese a que la cama es cómoda, entre el ruido de la extracción de aire (que no se apaga ni con el aire acondicionado desconectado), los ruidos del pasillo (se escuchan todos los pasos, las puertas...), el bullicio del centro de Madrid (pese a la que las puertas del balcón no están muy mal insonorizadas) y el flojo foscurit (que no frena la luz de la mañana), el descanso no es estupendo. 

El baño huele terriblemente a pozo. Aunque es moderno, todo recuerda a antiguo. No es muy grande. El suelo tiene pequeñas baldosas hexagonales negras, grises y blancas. Las paredes, alicatadas con baldosas blancas cuadradas hasta media altura. Las juntas aparecen como pintadas en negro. Desde el final de las baldosas hasta el techo, pintura blanca. La estancia posee mucha luz porque además de la artificial, hay una ventana de madera blanca al exterior con vistas directas a un grifo antiguo e indirecta a los tejados de la ciudad. A la derecha un inodoro moderno. De frente un lavabo exento, sin encimera. En él, un bote de champú y otro de gel. No hay pastilla de jabón. Sobre el lavabo un espejo rectangular, y junto a él un pequeña repisa metálica para dejar nuestros útiles de aseo. De allí cuelgan las dos toallas de mano que complementan el juego de lencería con  las que había sobre la cama: muy limpias, nuevas y mullidas.


La presión del grifo del lavabo es normal. Pero al abrir el grifo aumenta ese olor extraño. A la izquierda de la entrada hay una generosa cabina de ducha, protegida por una mampara de cristal con puerta. Dentro una enorme alcachofa en el techo de efecto lluvia y anclado a la pared un grifo de teléfono de corte antiguo como de mango de marfil. Presión, caudal y temperatura envidiables.


Por la mañana en recepción no pueden hacernos la factura porque ya habían cerrado el programa (?) quedan en enviarla a lo largo de la mañana pero hemos de reclamarla un par de veces. No nos preguntan muchas cosas, ya que no hay minibar, así que simplemente nos indican que el desayuno se sirve en un bar de una cadena de cafeterías que hay junto a la puerta del hotel: un zumo de naranja, un minibocadillo de tortilla congelada, un buen croisant y un buen café. 


Calidad/precio: 5
Servicio: 5
Ambiente: 8
Habitación: 7.5

Baño: 7
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 7
Valoración General: 5.5