
NH PRINCIPE DE VERGARA (****)
Príncipe de Vergara, 92
28006 Madrid
Telf: 915.632.695
Fax: 915.637.253
nhprincipedevergara@nh-hotels.com
www.nh-hotels.com
Habitación: 701
Fecha de Entrada: 13/11/2009
Tarifa: 65€ (Sólo alojamiento)
En el barrio de Salamanca, en una de las calles con más nombre de Madrid y estrategicamente situado tanto para viajes de ocio como de negocio, este hotel añora los tiempos en que fue uno de los estandartes de la cadena. Hoy, necesitando una reforma lo antes posible ha pasado a convertirse en uno de los hoteles de poco servicio pero tampoco poco coste.
Resulta complejo parar el coche delante de la puerta sin riesgo de que algún conductor se nos lleve por delante en medio de esa transitada avenida. Tras subir con las maletas cinco o seis escalones accedemos a un amplio y bullicioso hall que cumple a la perfección con los criterios arquitectónicos y decorativos de la cadena. Al fondo un alargado mostrador de recepción en madera y mármol, y hasta él distintas zonas con butacas, sofás y sillas en los tonos típicos de NH: azules, rojos y alberos. A la derecha queda una cafetería, los ascensores y la escalera.
La atención en el mostrador es lenta. ¿Cuantos NHs llevamos ya en el equipaje y siguen pidiéndonos nuestros datos?. DNI, tarjeta de crédito. La "molestia" se nos pasa cuando el recepcionista nos indica que nos va a asignar una habitación superior. La cosa se vuelve a desinflar cuando llegados a la habitación descubrimos que lo de superior debe ser por estar situada en el último piso.
El trance de los ascensores tiene su encanto. Hay tres, y aparentemente enormes. Dos de ellos están en el piso 4 a nuestra llegada y allí siguen a nuestra salida. Un sólo ascensor para semejante hotel se hace claramente insuficiente y hemos de esperar dos viajes para poder entrar. Imagino que el ahorro de luz debe ser contundente y el director será premiado en algún workshop de la cadena por su ahorro de energía. Dentro, el elevador es amplio, luminoso y forrado de espejos. Varios anuncios del hotel, y la carta del restaurante. Al salir de él, nos hallamos en el típico pasillo de NH: moqueta azul, puertas de madera brillante con pomos de acero, algún sofá alargado y luminosidad indirecta y acogedora.
Tras la puerta se abre un pasillo hacia la izquierda con un suelo enmoquetado en color azul con una moqueta muy degradada, de apariencia áspera y que incluso ha cambiado de color (hacia un tono rosáceo) en la junta de la puerta del baño y de la puerta de entrada. En ese pasillo encontramos a la derecha la puerta del baño y a la izquierda un armario ropero de puertas correderas de espejo que necesitan revisar el sistema de rodamiento. El armario en su conjunto da la sensación de oscuro y angosto.
Otra puerta nos aisla un poco más del pasillo y nos introduce en el dormitorio. Paredes forradas en madera, suelo de tarima bastante inestable e incluso a tramos inclinada, suficiente espacio lleno de luz gracias a la ventana del fondo abierta a un gran patio de vecinos. A la derecha una mesa de centro de mármol con dos butacas azules y varios libros y revistas. A la izquierda un escritorio agradable y cómodo con enchufe para el portátil pero wifi de pago. Junto al escritorio hay un maletero y el minibar sobre el que se ha dispuesto una bonita televisión de plasma.
La cama se presenta en blanco. Sorprende que sólo esté vestida con la sábana y una colcha blanca habiendo llegado ya el frío a la capital. El colchón es correcto así como las almohadas y la lencería, aunque les sobra un punto de esa aspereza que le da la lavandería industrial. Aparece enmarcada en un cabecero de madera al que se le han colocado sendas mesillas de mármol con enchufes e interruptores para todas las luces y dos lámparas direccionables de lectura. En una de ellas se ofrece un jabón líquido en forma de gel transparente. En la otra una bandeja de cortesía para preparar café, te... Sobre una de las mesillas, en el techo, hay una trampilla practicable absolutamente sucia y fuera de lugar que nos avisa que por allí algún día se salió el agua. Quizá por eso también la madera del suelo presente arañazos y en algunos tramos se muestra demasiado reblandecida.
La insonorización hacia fuera resulta convincente gracias a la contraventana y a la poderosa persiana que ayuda a alcanzar la total oscuridad. El aire acondicionado que funciona a la perfección en cuanto a la temperatura se refiere, también permite que se pueda dormir con él encendido porque se activa adecuadamente con la función Auto sin apenas ruido. Lástima que las paredes sean casi de papel y a las 12 de la madrugada asistimos atónitos a la bronca telefónica de los huéspedes de la habitación contigua.
El baño también requiere una reforma. Sigue el estándar antiguo de la cadena. Mármol en tonos marrones claros, un inodoro, un videt, una larga encimera con el lavabo un gran espejo y una bañera con ducha. El paso del tiempo deja manchas y rastros de suciedad en las juntas del suelo, sobre la encimera, tras la puerta... La presión en el lavabo es escasa y su caudal todavía más. Imagino que la cuenta de ahorro de consumo en el hotel sigue creciendo. La ducha es desesperante: apenas cae agua y sin mover el grifo la temperatura pasa de temperatura gélida a calor abrasador en apenas segundos repitiendo el ciclo cada pocos segundos.
Las amenities propias de la casa con la marca Agua de la Tierra se presentan envueltas en sobres de papel plastificado de colores brillantes anaranjados y verdosos. La variedad es amplia: set dental, de afeitado, gel, champú, jabón y gorro de ducha. Las toallas son numerosas pero requieren de una renovación: demasiado ásperas han perdido su esponjosidad y consistencia.
Por la mañana en la salida en recepeción les da prácticamente igual nuestra marcha. Ni tan siquiera se despiden. Eso si, preguntan antes por si habíamos tomado algo del minibar, claro, no vaya a ser que dejen de facturar 1,70Euros de una botellita de agua.
Calidad/precio: 5
Servicio: 4.5
Habitación: 6.5
Baño: 4.5
Estado conservación: 4.5
Valoración General: 5
miércoles 18 de noviembre de 2009
NH PRINCIPE DE VERGARA (MADRID)
domingo 15 de noviembre de 2009
HOTEL MONTE CARMELO (SEVILLA)

HOTEL MONTE CARMELO (***)
Virgen de la Victoria, 7
41011 Sevilla
Telf: 954.279.000
Fax: 954.271.004
montecarmelo@hotelesmonte.com
www.hotelesmonte.com
Habitación: 407
Fecha de Entrada: 12/11/2009
Tarifa: 59€ (Sólo alojamiento)
El alcalde de Sevilla debe pensar que en el Barrio de Los Remedios hay un tesoro y se ha puesto a buscarlo con todo el afán del mundo. Parece que nadie le ha dicho que su tesoro está en la gente, pero él sigue levantando calles como un loco. Por eso llegar hasta el hotel Monte Carmelo puede ser una aventura hasta que alguna excavadora de con el preciado cofre. Menos mal que el mozo de la puerta está al quite y que incluso se ofrece a aparcar nuestro coche en el hueco junto a vallas y materiales de obra que pueblan el tramo de calle en el que se levanta el hotel.
Un edificio recientemente remozado en su exterior, en el que dominan las placas de granito gris roto por numerosas ventanas y unas coquetas terrazas en la última planta. El mozo se anticipa a todo, y ya nos sorprende que nos llame por nuestro nombre cuando hacemos ademán de entrar en el hotel y se hace cargo de todo nuestro equipaje. Tras la puerta de cristal hay que descender seis o siete escalones para llegar a la recepción. Allí Esther nos recibe por nuestro nombre. Nos pregunta por nuestro viaje y nos dice que tenemos cara de cansados y que por eso han preparado ya todo para nosotros. Nos entrega la llave, el bienvenida y un papelito con nuestra contraseña personalizada para acceder al Wifi de alta velocidad. No hacen falta tarjetas de crédito, ni DNIs... Si ya tienen los datos. Claro. La tarde anterior nos ha escrito diciendo que como ellos siguen la política de "mejor tarifa disponible", habían cancelado una tarifa de las mejores y me la habían asignado a mí... Todavía no se lo que hay al otro lado del ascensor, pero chico, la cosa promete.
En un pequeño y algo antiguo ascensor subimos con el mozo hasta la cuarta planta. Mientras nos explica las obras del barrio, y que van a durar unos cuantos meses más. Seguro que al final, son para bien y queda un barrio precioso. Los pasillos resultan un tanto anticuados. Colores amarillos en las paredes, moquetas en el suelo para amortiguar pasos y ruedas pero luces algo frías y "hospitalarias".
Tras la puerta la planta de la habitación resulta curiosa. Hace una especie de U. Destaca el suelo de madera impecablemente limpio e impecablemente nuevo. Paredes amarillas, techos blancos y cortinas pesadas en color azul. A la derecha la puerta el baño, a continuación un estrecho armario ropero con puertas de espejo. Enfrente un perchero de pared para colgar abrigos. De frente y en el segundo tramo de la U además de un galán de noche muy completo, un maletero, dos butacas con una mesa de centro hay un enorme armario ropero, también de puertas de espejo y a cada lado dos enormes balcones con acceso a unas coquetas pero desaprovechadas terrazas con curiosas vistas sobre el barrio. En el último tramo de la U, se abre el dormitorio.
El espacio es suficiente para acoger una cama vestida con una colcha amarilla muy limpia, un cabecero color azul pastel algo hortera con dos mesillas a juego desde las que se puede apagar toda la habitación y con enchufes para cargar los ingenios electrónicos con los que viajamos. A los pies de la cama, delante de un espejo y en el mismo tono pastel un escritorio de tamaño adecuado con una lámpara de trabajo, enchufes suficientes para el portátil, wifi gratuito de velocidad sorprendente y un platito con dos deliciosos bombones. Junto a la mesa un algo viejo minibar y un televisor que pide a gritos su renovación.
La cama resulta confortable hasta decir basta. Sábanas suavísimas que parecen lavadas en casa y no en una lavandería industrial, colchón mullido. El aire acondicionado funciona correctamente y sin percibirlo. Las enormes y pesadas persianas de las terrazas impiden el paso de la luz que durante el día llena por completo la estancia. La insonorización hacia fuera con ellas está conseguida plenamente y hacia dentro no escuchamos ni un sólo ruido en toda la noche.
Se agradece poder descansar así. Sin duda. Pero lo que más nos sorprende es que cuando llegamos a la habitación después de cenar, nos han hecho la cobertura, han colocado un mullido albornoz en el baño, zapatillas de noche al pie de la cama, han repuesto los dos bombones que nos comimos y además sobre la mesa de centro junto a una de las terrazas han colocado una bandeja con fruta, pastelitos una botella de agua y un vaso de leche... Eso si que es "my home away home" que alguna cadena americana predica como slogan pero no se si practica...
El baño es pequeño de tamaño. Y algo hortera en su decoración. Mármoles rosas en paredes y suelo. Limpísimo hasta decir basta. El lavabo dispone de caudal y presión algo justas, pero la ducha no perdona y tanto el caudal como la presión y la temperatura son espectaculares para conseguir despertarnos después de una noche de jueves bien temprano. El set de amenities es increíblemente completo para un hotel de esta categoría (kleenex, jabón, set dental, de afeitado, costurero, gorro...). Igual que el conjunto de lencería empezando por el albornoz y pasando por las enormes, abundantes y mullidas toallas.
Por la mañana se olvidan del minibar. Sólo les importa si hemos descansado, si necesitamos un taxi y al final, cómo queremos pagar. La factura ya está preparada, así que sólo queda entregar la tarjeta de crédito. Mientras el mozo, que a temprana hora ya está dispuesto en la puerta se encarga de llevar nuestras maletas al coche entre medio de montes de arena, tierra y cemento... Aunque el alcalde siga sin encontrar el tesoro, volveremos.
Calidad/precio: 9
Servicio: 10
Habitación: 9
Baño: 8.5
Estado conservación: 8
Valoración General: 9
viernes 13 de noviembre de 2009
HOTEL BALNEARIO LAS ARENAS (VALENCIA)

HOTEL BALNEARIO LAS ARENAS (*****GL)
Eugenia Viñes 22
46011 Valencia
Telf: 963.120.600
Fax: 963.120.615
www.hotelvalencialasarenas.com
Habitación: 250
Fecha de Entrada: 26/10/2009
Tarifa: 150€ (Alojamiento y Desayuno buffet)
Delante de la playa de la Malvarrosa, alejado del centro de la ciudad aunque pegado a los nuevos pantalanes construídos para la Copa América, la cadena de Hoteles Santos devolvió a la ciudad del Turia en el 2005 una gigantesca edificación que fue balneario a principios de 1900. El edificio se ha mantenido en pie y destaca su clasicismo y el color claro de sus paredes, así como sus jardines a pie de playa y dos enormes imitaciones de templos romanos que albergan salas de reuniones y un enorme auditorio con vistas al mar.
Un enorme pórtico cubierto nos permite dejar el coche en la misma puerta del hotel. Rápida unque salen dos mozos a recibirnos. Uno se hace cargo del coche y el otro de nuestro equipaje. Tras la puerta giratoria la luz lo llena todo. Cristales a la calle de entrada y cristales al jardín y la playa. Techos altos, sofás y pinturas claras. En el mostrador de recepción, de forma triangular las gestiones son tan rápidas que apenas podemos percibir si son agradables o frías. Pero nos gusta. Estamos cansados, nos esperan para una reunión y queremos asearnos un poco.
Un pasillo nos conduce a un distribuidor en el que se encuentran los ascensores. Amplios, con suelo de piedra, bien iluminados y con anuncios de los servicios del hotel. Tras el ascensor un nuevo distribuidor abre distintos pasillos hacia las habitaciones. Puertas claras sobre suelo de moqueta verde que insonoriza los pasos. Tras la puerta se mantiene el golpe de luz y los colores claros y suaves. Blancos, crudos y marrones claros.
El suelo de madera marrón clara resulta muy agradable de pisar y mientras avanzamos hacia el dormitorio encontramos a la derecha la puerta del baño y a la izquierda un pequeño espejo de cuerpo entero, y un enorme armario ropero excelentemente vestido con todo tipo de posibilidades (perchas de varias formas y tamaños, cajones...). Después de otra puerta que nos aisla todavía más del pasillo, entramos en el dormitorio.
De proporciones colosales se remata al fondo con una pequeña terraza con vistas a la puerta principal (espectaculares deben ser las vistas desde la parte de atrás con el mar delante) por la que la luz llena la habitación. Una gigantesca cama con dos mesillas en tonos grises. Lámparas de noche sobre ellas, teléfono, block de notas y unos bombones. El cabecero de madera aparece decorado con unos listones trenzados. A los pies de la cama una enorme cómoda con cajones y un armario que oculta el minibar de pago pero con un surtido más que amplio. Sobre la cómoda un enorme televisor de plasma.
A continuación de la cómoda y hasta el balcón una poderosa mesa de trabajo, con conexión gratuita a internet de alta velocidad que funciona como un rayo y varios enchufes para conectar el portátil. Folios y toda la información del hotel se presentan en el interior de una pequeña reproducción de un templo romano que imita los que hay en el jardín. Completan el mobiliario un par de butacas con una mesa de centro con varias revistas y libros sobre la ciudad.
La cama se viste con unas exquisitas sábanas suaves y una ligera manta. El colchón es formidablemente acogedor así como las almohadas. La luz de las mesillas es escasa para leer, pero la insonorización tanto interior como exterior son fabulosas, propiciando el descanso. El aire acondicionado es tan sencillo como eficaz.
El baño en mármol rosa tiene un punto de hortera aunque sus dimensiones y equipamiento dejan boquiabierto. Tras la puerta y de frente encontramos un enorme espejo de techo a suelo delante del que se ha colocado una encimera de cristal que alberga dos lavabos con poderosos grifos de los que sale un generoso caudal de agua a excelente presión y temperatura. Iguales características se repiten en todos los grifos del baño. Junto al lavabo una bañera completa. Las amenities se presentan recogidas en una curiosa bolsa de tela y la amplitud de su surtido es tan espectacular, como la cabina de ducha de hidromasaje que se sitúa a la izquierda del lavabo. Lástima que hubiéramos esperado algo más trabajado en lo que al champú y al gel se refiere. Se ofrecen varios botes de gel, champú... de escaso tamaño y justa calidad.
Separado de la primera parte del baño por una puerta corredera de cristal se presentan el inodoro y el videt con la mencionada cabina de hidromasaje. El juego de lencería es adecuado en cuanto a tamaño y suavidad. Además incluye suaves albornoces y zapatillas de baño.
Por la mañana, con vistas al jardín o incluso sentados en él se puede degustar un impresionante desayuno buffet. El surtido es igual de grande que la calidad de los productos que allí se ofrecen y que el servicio que los camareros dispensan. Tras reponer fuerzas, en recepción son tan ágiles y rápidos en gestionar la salida que casi tampoco podemos apreciar su amabilidad. Lo cierto es que en dos minutos tenemos el coche cargado en la puerta.
Calidad/precio: 9.5
Servicio: 9
Habitación: 9.5
Baño: 9.5
Estado conservación: 9
Valoración General: 9.5
jueves 12 de noviembre de 2009
HOTEL VERTICE ALJARAFE (BORMUJOS - SEVILLA)

HOTEL VERTICE ALJARAFE (****)
Avda. República Argentina s/n
41930 Bormujos (Sevilla)
Telf: 955.063.100
Fax: 955.063.200
reservas.aljarafe@verticehoteles.com
www.verticehoteles.com
Habitación: 236
Fecha de Entrada: 11/11/2009
Tarifa: 65€ (Alojamiento y Desayuno buffet)
Aunque el hotel queda al pie mismo de la autovía que viene de Huelva hacia Sevilla casi a las puertas de la capital Hispalense, en la zona residencial del Aljarafe su acceso resulta complicado al tener que dar una vuelta por un oscuro (de noche) polígono industrial y área residencial. A pesar de ello jamás se pierde la perspectiva visual de las luces que iluminan el letrero ni los tres cubos grises repletos de ventanas que configuran el hotel, y los dos módulos de apartamentos turísticos que completan el complejo.
Aunque el hotel dispone de parking, es más que sencillo aparcar en la puerta en una larga calle paralela a la autovía. Protegida tras una valla encontramos el acceso al hotel, con una pequeña carreterita para los coches que permite estacionar uno o dos coches delante de la puerta principal protegida por una estructura que le hace de porche. Una pared de cristal que rompe todo el edificio de arriba a abajo deja ver el interior.
Allí el hall de recepción es amplio. A la derecha hay unos sofás junto a las escaleras, a la izquierda el mostrador en llamativo rojo de recepción. De frente se abre una zona con los ascensores y el acceso a la cafetería y al comedor. En esa zona más amplia también hay varias mesas y sillas para los huéspedes alojados, que en ese momento son un grupo de ancianos que gritan más de lo debido. Cuelgan sobre nuestras cabezas, completando el conjunto, unas lámparas larguísimas rematadas con una bola de luz.
En el mostrador el trato es muy correcto y muy rápido. En seguida nos entregan la llave de la habitación tras una breve consulta de nuestros datos en el ordenador. También nos indican que el wifi es gratuito. En un enorme ascensor negro con un enorme cartel que anuncia el buffet de desayuno nos elevamos hasta la segunda planta. Al salir aparecemos en el espacio abierto que se situaba sobre la recepción. Desde allí se abren tres pasillos con las habitaciones. En ese mismo distribuidor hay una máquina con refrescos a disposición de los clientes. Elegimos nuestro pasillo y caminamos sobre una fina moqueta verde y unas paredes negras que hacen juego con las negras puertas de las habitaciones que recogen en la parte superior derecha el número de las mismas.
Con la tarjeta abrimos la puerta y accedemos a un amplio espacio bien iluminado del que destaca el suelo de madera clara. Nuevo, limpio y agradable. Un espacio rectangular, que recoge a la derecha una cocina tipo americano con una pequeña nevera en la que se ofrecen dos botellas de agua de cortesía. Frente a la cocina, la puerta del baño y a continuación la puerta del dormitorio. Pasada la cocina encontramos un salón con una enorme mesa de trabajo en cristal y acero, con enchufes para el portátil y wifi gratuito que no conseguimos hacer funcionar en toda la noche.
Junto a la mesa de trabajo, un largo sofá en color naranja a juego con una butaca nos invitan a descansar junto a una mesa de centro y un armario de madera que alberga suspendida una pequeña televisión de plasma. Completa el conjunto casi junto a la ventana con vistas a la piscina del hotel, una lámpara colgante desde el techo de colores claros. Luz abundante artificial, incluyendo una pequeña lámpara de trabajo en su mesa y un también natural que deja pasar la ventana al exterior.
El dormitorio resulta correcto de tamaño. Dispone de dos camas cubiertas con una horrible colcha entre gris y verde de raso brillante, presentadas delante de un cabecero de madera oscura y entre dos mesillas grises que disponen de lámparas de noche poco potentes aunque con enchufes varios para el móvil, ipod... A la derecha de las camas hay un largo y amplio armario ropero con enormes puertas de espejo y junto a la ventana con similares vistas que la del salón, una televisión. La cama resulta un poco dura, pero confortable y la lencería deja notar mucho su tratamiento industrial. Sorprende que bajo la colcha la cama sólo disponga de la sábana, sin manta. No hace frío, pero tampoco calor. Frente a las camas dos horribles cuadros de pintura abstracta.
El aire acondicionado funciona adecuadamente con un modo automático que se maneja desde un sencillo display en el salón. La temperatura es correcta y se mantiene bien. No se puede dormir con él encendido, pero caldea la habitación cuando se necesita. El foscurit permite eliminar la luz del exterior pero el led rojo de la televisión lo llena todo, refleja en el espejo del armario y todavía lo llena más. Hay que apagarla del todo antes de dormir. El silencio en el exterior es total, aunque en el interior no hay ruidos si que se oye el profundísimo ronquido de alguien que llegó demasiado cansado al hotel...
El baño es adecuado de tamaño. Se presenta el colores grisáceos en las paredes y suelos. Lavabo empotrado en una encimera de gres gris con un set de amenities más bien justito: pastilla de jabón, gorro de ducha y pañuelos. El gel y el champú se presentan en un dispensador negro de diseño dentro de la bañera. El caudal en el lavabo es muy correcto, así como la temperatura. En la ducha el caudal es sencillamente colosal. Un grifo termostático nos ayuda a elegir la temperatura.
La lencería de baño adolece del mismo defecto que la de la cama. Su tratamiento industrial la ha vuelto áspera. Aunque las piezas son grandes y están muy limpias. La iluminación, toda ella desde el techo resulta más que correcta.
Por la mañana el desayuno se ofrece en un enorme salón con mesas preparadas más para grupos numerosos que para una habitación individual o dos personas viajando solas. El buffet es muy variado, aunque su calidad justita. Especialmente malo resulta el café de la máquina. Escaleras arriba en recepción la salida resulta muy rápida pero sin más. Que pase un buen día. Pues bien.
Calidad/precio: 8.5
Servicio: 8
Habitación: 8.5
Baño: 8.5
Estado conservación: 8.5
Valoración General: 8.5
jueves 22 de octubre de 2009
SERCOTEL ABBOT (BARCELONA)

SERCOTEL ABBOT
Avda. de Roma, 23
08029 Barcelona
Telf: 934.300.405
Fax: 934.195.741
info@hotelabbotbarcelona.com
www.hotelabbotbarcelona.com
Habitación: 104
Fecha de Entrada: 21/10/2009
Tarifa: 64€ (Sólo Alojamiento)
A dos manzanas de la estación de Sans, en una zona en la que han proliferado de la mano del AVE los hoteles urbanos en la Ciudad Condal encontramos este viejo hotel supuestamente renovado como escenario para una mala noche en una mala posada antes de tomar un tren demasiado madrugador. El edificio de ladrillo rojo y ventanas blancas está empotrado entre otros edificios y se corona con unas letras rojas luminosas con el nombre del hotel.
La recepción es pequeña. Tras las puertas correderas de cristal un suelo de parquet nuevo nos acoge bajo unas luces frías. Apenas una columna que vende artículos de regalo, una mesa que supuestamente debería servir, con unos viejos termos y unos vasos de plástico, como bebida de cortesía y un mostrador semicircular frente a los ascensores.
El trato tras el mostrador es muy rápido y cordial. Nos toman los datos del DNI con rapidez y eficacia y nos sorprende la simpatía del joven que nos recibe. Cumplido el sagrado trámite accedemos a los ascensores. Viejos pero remozados. Con suelo de aluminio antigolpes y botonadura tan desgastada que más que leer los números hay que adivinarlos. Para que se sepa cual es el botón de Recepción se ha puesto una pegatina blanca sobre el botón. Rápidamente llegamos a nuestra planta. La misma luz fría en el techo, el mismo suelo de parquet bajo nuestros pies pero ahora con una viejísima, sucísima y raidísima alfombra de tonos azules y amarillos. Paredes amarillentas y puertas mal pintadas en color asalmonado.
Tras la puerta la escena sigue parecida. El mismo suelo y las mismas paredes y la misma sensación de que allí se hizo una mala reforma hace años y que ya está necesitando otra, que esperemos sea buena. Frente a la puerta de entrada nos encontramos la puerta del baño, con dos tornillos clavados a la altura de los ojos que no sostienen nada. El pasillo gira hacia la derecha. Estrecho. Al final hay un maletero plegable justo antes de acceder al dormitorio.
Solamente el suelo que es nuevo y está limpio y el nuevo plasma evitan esa sensación de decrepitud general. Un destartalado escritorio en imitación de madera de caoba con una incómoda silla permiten trabajar. Hay un enchufe para una lámpara de mesa que se puede eliminar para enchufar el portátil. El wifi es gratuito pero la intensidad de la señal del hotel de enfrente llega con más fuerza a nuestra habitación que la de nuestro propio hotel. Por más que lo intentamos somos incapaces de acceder a la red. A juego con el escritorio se ha dispuesto un largo cabecero con dos mesillas empotradas, ambas repletas de cosas (teléfono, papeles plastificados con horarios del hotel, folletos de propaganda, un bolígrafo). Entre medio la cama.
A los pies de esta un enorme armario bien vestido en su interior con puertas de espejo y tiradores roñosos por el paso del tiempo. Junto a él empotrado en un hueco se presenta el minibar de corto surtido. Al fondo de la habitación la ventana sobre la puerta principal. Las cortinas color rosáceo están rotas y sumamente sucias. El foscurit demasiado flojo se presenta corto y medio arrancado, por lo que la luz entra a raudales por la noche.
La cama aparece con una cubierta color azul no demasiado sucia. Debajo un colchón confortable, aunque un poco blando envuelto en unas sábanas demasiado "químicas" fruto del trato de la tintorería. El descanso se hace confortable aunque entre luz por la ventana y por las rendijas de la puerta de entrada. El aire acondicionado no resulta necesario en esta época del año, pero cuando lo sea su sonoridad impedirá el dormir bien con él encendido. La insonorización en general es manifiestamente mejorable.
Sobre las mesillas hay interruptores que apagan todas las luces, menos la lámpara de pie del escritorio, y enchufes. Además todavía queda un viejo equipo de hilo musical que no funciona ya.
Abrir la puerta del baño es todo un atrevimiento. El espacio no puede ser más ajustado. La puerta roza el límite del lavabo, empotrado en una pequeña encimera de mármol muy desgastado. Paredes de porcelana color arena que perdió su lustre y su limpieza hace mucho tiempo. Milimétricamente seguidos se presentan un inodoro sobre el que se han colocado unas baldas para presentar un champú, un gel un bodymilk y una pastilla de jabón. Seguido a él el lavabo con un pequeño espejo delante y junto a este, al final de la mini estancia, y bajo un techo practicable impresentablemente sucio, una media bañera. Vieja, antigua, protegida por una sucia cortina blanca muchísimo más larga que la altura de la bañera por lo que acabamos pisándola.
La presión del lavabo es correcta, pero la ducha además de estar colocada demasiado baja no dispone ni de presión de caudal. Para colmo el desagüe no traga bien por lo que se nos llena la bañera. Quizá sea un método para hacer las duchas cortas, y casi sin agua porque apenas cae. El juego de toallas es completo pero manifiestamente mejorable en cuanto a su limpieza y presencia.
Por la mañana un extranjero nos despide atropelladamente tras el mostrador con la corbata sin atar y la clásica pregunta "¿algo del minibar?". Adiós.
Calidad/precio: 4
Servicio: 6
Habitación: 6
Baño: 2
Estado conservación: 3.5
Valoración General: 4
miércoles 21 de octubre de 2009
HOTEL SHA WELLNESS CLINIC (ALFAZ DEL PI - ALICANTE)

HOTEL SHA WELLNESS (*****)
Verderol 5
Playa del Albir
03580 Alicante
Telf: 986.442.224
www.shawellnessclinic.com
info@shawellnessclinic.com
Habitación: 207
Fecha de Entrada: 20/10/2009
Tarifa: 100€ (Sólo Alojamiento)
En una de las pedanías de Alfaz del Pi, y al final de una zona residencial con villas y chalets, colgado de la montaña y con descomunales vistas al mar encontramos este establecimiento a medio camino entre el hotel de lujo más espectacular y la clínica de tratamientos vitales más moderna. Todo tipo de tratamientos se ofrecen al cliente que pase varios días de estancia: adelgazamiento, antiestres, curas de sueño… Accedemos a la puerta de entrada situada junto a una monumental fuente sorteando varios escalones. A mitad de ellos aparece un mozo que se hace cargo de nuestro equipaje.
El hall es un golpe de blanco. Mármol blanco en el suelo, mostrador blanco y unos sofás blancos, todo ello rodeado de un enorme muro de cristal sin juntas que inunda la estancia con la luz del Mediterráneo. Angela nos espera tras el mostrador con una carpeta para hacernos el check in personalizado en la habitación. Nos acompaña por los distintos ascensores y corredores que debemos atravesar hasta llegar a la habitación. Cada zona del hotel tiene una letra asignada y el suelo de los ascensores está decorado con esa letra y palabras que empiezan por ella.
Tras el segundo ascensor salimos a un pasillo abierto al jardín rodeado de una vegetación casi tropical. El silencio y la calma son absolutos y el hilo musical nos envuelve con sus suaves melodías. Delante de las oscuras puertas de madera de las habitaciones y sobre el suelo se ha dispuesto un cristal retroiluminado con el número de la habitación.
Al abrir la puerta la sensación de calma todavía se acrecienta. Suelo de gres gris en toda la estancia. La pared del fondo es una enorme cristalera que da acceso a una gigantesca terraza con vistas al mar sobre la que hay dos tumbonas y una mesa con dos sillas. En la entrada, a la derecha, encontramos el baño y a la izquierda un amplio vestidor que dispone también de una bandeja de cortesía con te y otras infusiones y un minibar de servicio gratuito con agua y otros productos naturales.
Tras la entrada pasamos a la habitación. Enorme, de proporciones espectaculares y muy luminosa. Decorada con sumo gusto y cuidado en tonos blancos y negros. Paredes de madera marrón oscuro. Hacia la izquierda encontramos una zona de salón. Un enorme cheslong en tonos azulados, con una mesa baja de centro en un lado bajo la que se extiende una tupida alfombra. En el otro una mesa con dos sillas como de trabajo. Enchufes cercanos y luz potente en el techo para poder trabajar. Hay un enchufe de conexión a Internet, velocísima y gratuita. Sobre la mesa hay más botellas de agua a nuestra disposición y distintos libros y revistas.
Un armario separa el salón del dormitorio. En el centro un enorme plasma de Sony que puede girarse para ver la televisión desde el sofá o desde la espectacular cama. Junto a la cama, sobre las mesillas interruptores para subir y bajar las persianas, encender y apagar todas las luces y el hilo musical. Además un teléfono de diseño de Jacob Jensen, de curiosa melodía, inalámbrico que nos permite movernos por toda la habitación, incluso por la terraza, hablando. La cama se viste en blanco con unas increíbles sábanas de hilo y unas confortables almohadas de distinta dureza y tacto. Pero lo mas sorprendente es el colchón. Colosal, recubierto con un topper de viscoelástica que nos envuelve como un guante y nos procura un descanso reparador y formidable. El mullido cabecero aparece decorado con motivos naturales de inspiración oriental. No en vano el establecimiento dice que junta lo mejor de la medicina oriental con la occidental.
El aire acondicionado funciona a la perfección de modo silencioso y con un display de lo más sencillo. En cualquier caso Angela nos lo ha explicado bien al hacer el check in. La calma y el silencio lo envuelven todo. No en vano, en la carta de bienvenida que encontramos en el dormitorio nos indica que seamos especialmente cuidadosos con el descanso de otros huéspedes durante la siesta y por la noche. Enormes persianas eléctricas impiden que la luz nos despierte por la mañana.
En el baño todo es generoso. El tamaño, la iluminación, incluyendo una luz azulada en el techo para ir al baño por la noche y de efecto antivaho sobre el grandioso espejo. Junto al lavabo, enpotrado en una encimera alargada de color blanco se dispone un espejo de aumento para el afeitado y maquillaje. Bajo la encimera una repisa acoge las enormes, suaves y limpísimas toallas, un albornoz, zapatillas y un gran secador de pelo.
Las amenities se presentan sobre una bandeja de metacrilato. El surtido es impresionante. Hay de todo, incluido aftershave y cremas exfoliantes para hombre y mujer además de los clásicos gel, champú, costurero, set dental... todo ello de alta calidad y mejor presentación. Además del lavabo y del inodoro completan el equipamiento de baño un radiador calientatoallas de regulación termostática y una poderosa ducha protegida por cristal y con una increíble alcachofa de efecto lluvia por la que el agua sale con la presión y el caudal adecuados.
Por la mañana en recepción Jesús nos atiende con simpatía y nos pide disculpas por un pequeño problema que tuvo con la impresora al emitirse la factura. En cualquier caso su primera pregunta al vernos aparecer fue "Ha descansado bien". Gracias a Dios por el minibar (que es gratuito) no hay que preguntar. Sustituye la maldita pregunta por un "vuelva pronto, pero para estar más tiempo". Así será.
Calidad/precio: 10
Servicio: 10
Habitación: 10
Baño: 10
Estado conservación: 10
Valoración General: 10
martes 20 de octubre de 2009
HOTEL INFFINIT (VIGO - PONTEVEDRA)

HOTEL INFFINIT (***)
Marqués de Valladares 8.
36201 Vigo (Pontevedra)
Telf: 986.442.224
www.inffinit.com
vigo.hotel@inffinit.com
Habitación: 405
Fecha de Entrada: 19/10/2009
Tarifa: 74€ (Alojamiento y Desayuno)
Situado en el centro histórico, a un paso del puerto y el frente de mar y de la zona comercial de la ciudad el antiguo Hostal Nilo reabres sus puertas convertido en un confortable hotel de tres estrellas en el que el diseño y el confort se cruza en nuestro camino por todos los rincones.
Tras la puerta de apertura automática un golpe de granito y cristal negro lo invade todo. Una pequeña y acogedora recepción, con el mostrador a la derecha avanza hacia el interior del edificio con varios sofás de diseño que combinan el blanco con el negro. Al fondo la cafetería con un enorme plasma encendido pero gracias a Dios con el volumen apagado. La sensación general es de calidez, aumentada quizá por los numerosos puntos de luz indirecta que llenan la estancia. Tras el mostrador el trato es simplemente correcto. Quizá algo frío. Nos piden el DNI y nos indican que simplemente van a copiar los datos del DNI y nos dan la habitación. Y así es. Rápido y correcto. Sin más.
Un impecable y elegante ascensor vestido por completo de negro con varios puntos de luz en techo y suelo nos lleva hasta el pasillo de las habitaciones. Allí todavía más negro. Moqueta negra en el suelo, donde también se alojan los puntos de luz indirecta. Puertas negras y números de las habitaciones en blanco retroiluminados. La puerta de la habitación se abre por contacto con la tarjeta magnética que nos entregaron en recepción. Tras la puerta pasamos a la luz.
Suelo de madera clara agradabilísima al pie descalzo. Paredes blancas. A la derecha de la puerta un armario bien vestido -que alberga el minibar- con una puerta corredera de cristal negro. Delante de él una zona pequeña de recepción con un espejo y frente a la entrada la puerta del baño. El dormitorio se abre hacia la derecha. Sobre la madera y bajo la fantástica cama blanca con cuatro almohadas se ha desplegado una enorme alfombra color negro, que hace juego con el escritorio y contrasta con el cabecero en piel blanca.
Sobre el escritorio una potente lámpara para trabajar y colgada de la pared un plasma de 32 pulgadas con servicios interactivos. Una silla confortable para el trabajo y un pequeño maletero completan el mobiliario. Varios enchufes para conectar el portátil aunque el wifi es de pago. La cama aparece encuadrada entre dos grandes mesillas negras. En una de ellas hay un enorme teléfono con una gran pantalla táctil. Sobre las mesillas, todos los interruptores de luz necesarios para apagar desde la cama toda la luminaria y dos enchufes a cada lado para cargar móvil y otros engendros electrónicos. Por encima, dos ventanas que se protegen con unas cortinas eléctricas. Al fondo de la habitación y sobre una mesita de cristal con una butaca hay otra ventana. Todas ellas dan al exterior a una de las tranquilas y peatonales calles laterales.
La cama es sumamente confortable. Se viste con un ligero nórdico y cuatro almohadas de distintas durezas y medidas. La lencería es sobradamente correcta. El silencio y la insonorización tanto interior como exterior están muy bien conseguidos. La oscuridad se consigue por completo. Lástima que no haya manera de eliminar el brillo de la pantalla del teléfono, que refleja por toda la habitación. El aire acondicionado, que se maneja desde un display algo complicado, funciona silenciosamente y adecuadamente cuando adivinamos la combinación adecuada de teclas para ello.
El baño tiene el tamaño adecuado y además de disponer de una ventana con vistas a la calle convenientemente oculta tras una cortina, ofrece un lavabo, un inodoro y una enorme ducha de suelo de baldositas negras y mampara de cristal hasta el techo. La grifería de diseño de última generación funciona correctamente en cuanto a temperatura, caudal y presión. La ducha se presenta con un flexo normal de tipo teléfono y con una amplia alcachofa de efecto lluvia muy reparadora por la mañana. Lástima que el desagüe no cuele bien y en lo que dura una ducha normal se haya rebosado el vaso de la ducha y el agua llegue hasta fuera del baño.
El set de amenities es colosal. Varios botes de champú, gel, crema hidratante, jabón, set dental, de afeitado, peine, costurero... Igual de espectacular es la lencería de baño. Toallas amplias, mullidas y agradables al tacto.
Por la mañana en la entreplanta se sirve con una atención muy cordial y simpática un cortito pero delicioso desayuno buffet en el que todos los platos calientes se preparan bajo demanda en el momento.
Abajo en recepción nos sorprende la pregunta de la joven recepcionista. "Me voy, querría una factura". "Muy bien, pero ¿qué tal ha descansado?". "Necesitará un taxi?". Sólo al final se acuerda del minibar. Enseguida viene el taxi y nos vamos.
Calidad/precio: 9.5
Servicio: 8
Habitación: 9
Baño: 8.5
Estado conservación: 10
Valoración General: 9











