lunes, 22 de agosto de 2011

HOTEL DON PIO (MADRID)


HOTEL DON PIO (****)
Pio XII, 25
28016 Madrid, Spain
Telf: 913.530.780
www.hoteldonpio.com

Habitación: 201
Fecha de Entrada: 18/08/2010
Tarifa: 110€ (Sólo alojamiento)

Convenientemente localizado en el Barrio de Chamartín, frente a una parada de Metro, y un enorme centro comercial, a un paso de las principales salidas de la ciudad por el norte, encontramos este coqueto hotel. Externamente el edificio resulta bastante insulso. Estrecho, largo y de tan sólo tres alturas, como casi todos los edificios que le rodean. La acera de la Avenida Pío XII se ensancha para acercarnos hasta la puerta encuadrada en un pórtico de granito blanco sobre el que se lee, en sosas letras rojas, "Hotel".

Tras la puerta una pequeña recepción situada sobre una mullidísima moqueta color rosa. A la izquierda el mostrador, a la derecha la escalera y el ascensor y de frente una puerta de cristal que nos separa del patio central al que se abren los pasillos de las habitaciones y que aloja la cafetería y una zona con sofás y mesas que invitan a la lectura y a la tertulia.

En el mostrador el trato es frío y distante. Perfectamente sustituible por una máquina. Ni siquiera se levantan de la silla a la llegada. El único movimiento en la recepción es para acercarnos el bonito llavero de borlón en tonos granates del que cuelga la llave de la habitación. Pocas palabras más. Al menos ni siquiera nos han pedido la documentación. Un mozo toma nuestro equipaje y nos invita a pasar al correcto y bien cuidado ascensor. Cuando llegamos a la segunda planta, él ya nos está esperando en la puerta de la habitación.

La puerta se abre con un profundo chirrido, prueba de que falta algo de aceite en las bisagras de la puerta, debido seguramente a la falta de mantenimiento general que notamos en todo el hotel. Tras la puerta se abre una amplia estancia de planta casi cuadrada. El suelo es de madera oscura bastante bien cuidada. Las paredes pintadas en un amarillo muy tenue y el techo, con moldura de escayola, en blanco. El clasicismo de esos colores y formas hace juego con el corte clásico de los muebles.

Junto a la puerta un escritorio con televisión de plasma y un minibar empotrado en un armario bajo. No hay ningún enchufe cercano ni accesible para enchufar el ordenador, aunque el wifi es gratuito y libre. Frente a la puerta destaca un pequeño y curvo mirador con un enorme ventanal que se abre sobre el pórtico de entrada. El foscurit está destrozado además de ser escaso y corto, igual que el visillo y la cortina final, de color rojo, bastante raída. El resultado final es que en cuanto aparecen los primeros rayos de sol, la habitación se llena de luz. La ventana de aluminio cierra bien, pero su insonorización resulta escasa para el pesado tráfico mañanero de una de las principales vías de acceso a Madrid. El alféizar interior de la ventana presenta severos restos de humedad, posiblemente el agua de alguna tormenta se coló por la ventana abierta. Bajo la ventana una mesa redonda con dos enormes butacas y una lámpara de lectura.

A la izquierda de la puerta encontramos la cama. Demasiado ancha para ser individual, pero demasiado estrecha para ser doble. En cualquier caso una largura de 1.90 no es de recibo en un hotel de cuatro estrellas. Vestida con una correcta lencería en blanco, sin más pretensiones, y cubierta por una colcha en tonos amarillos a juego con el clasicismo que impregna todo. El colchón no destaca ni por bueno ni por malo. Simplemente correcto. La cama termina en un entelado cabecero color ocre remarcado en madera oscura. A ambos lados de la cama se presentan mesillas con una lámpara de noche con pantalla color crema. No hay enchufes disponibles. Es necesario desenchufar la lámpara para poder cargar el móvil...

A los pies de la cama, una mullida y sucia alfombra oculta inexplicablemente el precioso suelo de madera. Frente a ella dos puertas chirriantes de madera, cristal y tela albergan el armario. De tamaño correcto y perfectamente vestido, aunque con esas incómodas perchas antirobo. Dentro del armario encontramos además una gamuza limpiazapatos, un costurero y las instrucciones de lavandería.

Aunque el hotel es pequeño y su ambiente es muy tranquilo los ruidos en la noche llegan a molestar el descanso. Se oyen demasiado las cañerías y las puertas cercanas, aunque no la habitación contigua. A partir de las 8 de la mañana, el hilo musical del pasillo se cuela por las rendijas de la puerta.

El baño resulta pequeño para un hotel de esa categoría. Suelo y paredes blancas de mármol. Lo mejor, una ventana con vistas a la calle cubierta por una cortina con el logo del hotel. El lavabo se enmarca en una encimera bastante pequeña, insuficiente para desplegar algo más que el cepillo de dientes, la pasta, colonia y desodorante. Junto a la ventana el inodoro, y en el alféizar de la ventana una cesta de mimbre cubierta por una curiosa tela de ganchillo que recoge el set de cortesía, bastante completo: gel, champú, set de afeitado y dental, kleenex, gorro de ducha, peine y una pastilla de jabón de glicerina... todo ello embolsado en bolsas de papel plastificado con el logo del hotel y de cierto toque anticuado.

La bañera, algo pequeña, dispone de un sistema de hidromasaje y la ducha es moderna con alcachofa de efecto ducha. Tanto la temperatura como la presión son adecuadas, pero a los cinco minutos de ducha la presión desaparece durante unos segundos y pronto vuelve a aparecer. Las toallas, siguiendo la línea de la ropa de cama, son correctas sin más.

Por la mañana en recepción el trato es igual de distante que en la llegada. La inevitable pregunta sobre el minibar y un escueto adiós.

Calidad/precio: 6
Servicio: 6.5
Habitación: 6.5
Baño: 7
Estado conservación: 5
Valoración General: 6.5

lunes, 9 de agosto de 2010

HOTEL BAILEN (BAILEN - JAEN)



HOTEL BAILEN (***)
Avenida del Parador, s/n
23710 Bailén (Jaén)
Telf: 953.670.100
Fax: 953.672.530

hotelbailen@terra.es
www.hotelbailen.com

Habitación: 115
Fecha de Entrada: 31/07/2010
Tarifa: 55€ (Sólo alojamiento)

Más de una vez he escrito en este blog que a nuestro país le falta una buena cadena de hoteles de carretera, como tienen nuestros vecinos galos muchos establecimientos de la cadena Accor (entre otras). Rápidos accesos desde las principales carreteras, zona de aparcamiento, habitaciones funcionales y poco más. En España durante un tiempo esta función la realizaban algunos Paradores Nacionales (conocidos como Albergues de Carretera). Algunos de ellos han sido pasto de las ruinas, como el de Santa María de Huerta o el de Aranda de Duero; otros mantienen su misión como el de Manzanares, el de Benavente... y otros como el que nos ocupa se mantienen abiertos con más pena que gloria sin pertenecer a la cadena pública. Aunque ni pena ni gloria le correspondió al vecino Parador de Sierra Nevada, hoy absolutamente ruinoso tras un incendio forestal.

Si alguien estuvo en el hotel cuando era Parador, posiblemente hoy encontraría las cosas tal y como estaban entonces. Nada habrá cambiado. Nada. Desde la entrada en el recinto, situado en una rotonda a las afueras de la ciudad y a un paso de las autovías que atraviesan Andalucía la sensación de viejo y caduco nos rodea. Un amplio aparcamiento con techumbres de pajas permite aparcar el coche casi al lado de la puerta del hotel.

Tras esta, un amplio hall nos recibe. A la derecha una zona con sofás y mesas bajas y a la izquierda el mostrador de recepción, de madera con el mostrador de cristal bajo el que hay mapas de carreteras, de la ciudad... El trato allí es muy respetuoso y cordial. Aunque hay un ordenador, todavía utilizan aquellas fichas de colores de los hoteles de antaño. Tras fotocopiar el DNI y rellenar a mano rápidamente el bienvenida nos asignan la habitación correspondiente.

Un largo pasillo al que se abren las zonas comunes del hotel (salida al jardín y piscina, comedor, cafetería, salones) termina en otro pasillo perpendicular en el que se encuentran las habitaciones. La luz resulta algo tétrica, pero más todavía las viejas puertas, los viejos pomos y unas extrañas ventanas a la altura de la cabeza que recorren el pasillo entre puerta y puerta. Con la llave de la habitación 115, por error abrimos la puerta de la 114. Al ver que, aunque no hay gente, hay maletas y ropa la cerramos rápidamente y nos acercamos hasta nuestra puerta. Al abrirla hay que insertar la tarjeta que hace de llavero en una ranura para que la luz funcione. Un anchísimo pasillo sin decoración alguna conduce hasta el amplio dormitorio.

La puerta del baño y un destartalado armario empotrado quedan a nuestra derecha. El suelo, que en su momento debió ser de madera más que interesante aparece pintado de un rojo chorizo ciertamente impactante. El mobiliario es escaso y vetusto. Un galán de noche al que le falta la barra para el pantalón, una mesa espartana con una silla, perfectas para trabajar un rato, pero que ayudan poco a la decoración de la habitación. Sobre la mesa una lámpara. Frente a ella enchufes y wifi gratuito. Y a su lado un minibar que ofrece unas botellas de agua y sobre el que se sitúa una vieja televisión. Junto al enorme ventanal, protegido por un cuidado foscurit y unas bonitas cortinas de colores pastel, una pequeña butaca. Frente a todo ello, un largo cabecero de madera en medio del cual se sitúan las dos camas y a ambos lados las dos mesillas.

En las mesillas no sólo hay enchufes e interruptores para todas las luces, sino también una "pera" para poder colocarla en la cama y apagar desde allí la luz. La lencería de cama resulta nueva y agradable, así como el colchón y almohada. La luz natural que entra desde el verdoso jardín por la ventana resulta poderosa, especialmente al amanecer. Toda la luz artificial resulta tenue y mortecina, lo que da una sensación de mayor antiguedad al ambiente. La insonorización es casi nula especialmente con el pasillo donde se escuchan las voces de los otros huéspedes e incluso el desagradable ladrido de un perro a altas horas de la noche en alguna habitación cercana.

Pero si éramos pocos, el aire acondicionado funciona con corrección y ruido manejado desde un antiquísimo display de rueda dentada. Pero como indican en una nota en la mesa de trabajo, para ahorrar energía el aire se apaga desde las 0.00 hasta las 6.30... Un 31 de Julio en Jaén. No te quiero contar. Ahorrar energía.

El baño sin duda resulta lo más lamentable del hotel. Aunque el espacio que ocupa es enorme y está revestido de mármol blanco, con dos lavabos y una ducha con bañera, y separado, cerrado con una puerta, el inodoro y el bidet, las instalaciones se han quedado demasiado anticuadas. Los grifos aparecen roñosos y oxidados, igual que el cordón del tapón de la bañera ha dejado un rastro de óxido en la misma. La ducha de la que sale agua a una presión y caudal envidiables está demasiado raída e incluso produce cierta grima tocarla.

La zona del inodoro dispone de esas alargadas ventanas que dan al pasillo y que nos sorprendían al principio. El cristal es opaco, pero andando por el pasillo uno puedo ver las sombras de otros huéspedes en el baño. Las amenities se reducen a unos sobres de gel y champú con el logo del hotel y unas pastillas de jabón. La lencería de baño además de pequeña de tamaño necesita desde hace mucho una renovación. Las toallas clarean demasiado y secan poco.

Por la mañana en recepción el trato es simplemente rápido y correcto. Resultaría demasiado comprometedor que preguntaran por nuestro descanso, pero al menos nos desean buen viaje.

Calidad/precio: 3
Servicio: 6.5
Habitación: 5.5
Baño: 2
Estado conservación: 2
Valoración General: 3.5

miércoles, 28 de julio de 2010

W HOTEL NEW YORK (NUEVA YORK)



W NEW YORK HOTEL (****)
541 Lexington Avenue
New York, NY 10022
United States
Telf: 212-755-1200

www.newyork.com

Habitación: 1640
Fecha de Entrada: 21/07/2010
Tarifa: 210€ (Alojamiento y Desayuno)

Una de las mejores ubicaciones de Nueva York, con el metro en la misma manzana, a cuatro calles de la Gran Central Station, a tres avenidas de la 5th Ave, rodeado de tiendas famosas y de espectaculares edificios de oficina, la cadena Starwood gestiona este hotel de su bandera mas fashion: W.

Tras las puertas giratorias el sonido de la música nos envuelve como si estuviéramos en un pub de moda más que en la recepción de un hotel. Muchísima gente joven y guapa que se amontona frente a la barra del bar. Luces tenues y puntuales. Espacio amplísimo y altísimo, suelo de cemento oscuro, maderas claras, velas y manzanas ayudan a decorarlo. Una DJ se contornea al ritmo de la música mientras los ejecutivos recién salidos de sus trabajos apuran sus bebidas. El calor sofocante del exterior contrasta con una fresca temperatura que se agradece.

En el mostrador, el trámite es muy rápido gracias a Cinthy. Primero en inglés, hasta que descubre en nuestra ficha que somos Españoles, y lo primero que hace entonces es felicitarnos en español por haber ganado el Mundial de fútbol. Imagínese lo que pasaría si en vez de estar registrándome yo, se está registrando Carod Rovira... Nos entrega unos vales para los desayunos y nos explica rápidamente los servicios del hotel. ´

Un poco más adelante y algo protegido de la música disco encontramos los ascensores frente a los cuales hay unas alfombras que cambian a lo largo del día dándonos los buenos días, tardes o noches. Además en una mesa se ofrece una refrescante bebida de agua con limones, naranjas y hielo. El ascensor es amplio, decorado con una luz tamizada por un cristal que recoge hojas secas de Ginkgo Biloba. Para proteger el descanso y la seguridad de los huéspedes, del follón del hall de entrada es necesario introducir la tarjeta de la habitación para que suba el ascensor a nuestro piso.

Al salir del elevador encontramos unos largos pasillos de gruesa moqueta en colores negros y grises. Paredes claras y puertas gris azulado algo viejas, especialmente sus manillas. La puerta es tremendamente pesada, y se cierra con fuerza detrás de nosotros. El espacio dentro se presenta fresco. El aire acondicionado funciona de maravilla a costa de un tremendo ruido. En el suelo la misma moqueta del pasillo de todos oscuros. Paredes blancas. Un pasillo alargado con las puertas de acero y cristal del baño y el armario nos conducen al dormitorio rematado al final por dos ventanas tapadas con estores con vistas a la puerta principal del hotel y a la parte trasera del Waldorf Astoria.

La cama resulta fascinante. Un acogedor colchón, un edredón ligerísimo envuelto en deliciosas sábanas de hilo. Seis almohadas y cuadrantes de distintas formas, durezas y texturas para elegir la más conveniente. Todo ello rematado por un cabecero con un cristal en tonos marrones que se ilumina. Junto a la cama sendas mesillas con cajones. Enchufes para los gadets tecnológicos e interruptores para apagar todas las luces con potenciómetro de intensidad. Sobre una de las mesillas hay una estación para cargar un Ipod y un radio-despertador de aire retro. Sobre esa misma mesilla se suspende una lámpara de noche de pantalla morada. Sobre la otra un enorme flexo giratorio que también da servicio a la mesa de trabajo.

El escritorio resulta enorme. De cristal, giratorio para convertirlo en una mesa en L, con un potente flexo y varios enchufes frente al mismo. La silla de trabajo, cómoda y adecuada para la mesa, tapizada en color vino. El wifi es de pago (16$ al día) aunque en al hall de entrada es gratuito y velocísimo. A los pies de la cama se ofrece un armario-minibar repleto de opciones (desde botellas de agua hasta preservativos pasando por un paraguas, gorra, aspirinas...) de esos que son automáticos y que sólo por tocar el producto ya te cobra. Precios algo desorbitados. Al otro lado, junto a las ventanas, un enorme plasma de 42 pulgadas con DVD incorporado. A los pies de las ventanas, en una repisa se ofrece una cubitera (la máquina de hielo está en el pasillo) y un juego de copas.

El aire acondicionado es de sencillo manejo, incluso en la posición auto, pero el ruido es ensordecedor. Hay que optar por asarse de calor por la noche o por no dormir por culpa de su estruendoso sonido. La oscuridad se consigue perfectamente y aunque las paredes parecen bastante insonorizadas ya que no se escuchan movimientos en las habitaciones contiguas, la puerta, pese a su fortaleza deja pasar los ruidos de las otras puertas del pasillo.

El armario, situado junto a la puerta es literalmente un pequeño cuarto en el que además del perchero iluminado hay una plancha y una tabla de planchar. Una balda y suficiente espacio para acumular en su interior las maletas y tener despejada la habitación.

El baño, con puerta corredera resulta pequeño. Pero suficiente. Un lavabo, inodoro y ducha. Rodeado todo de un espejo iluminado. Una excelente colección de toallas suaves y enormes y un ligero albornoz completan la lencería. Temperatura y presión son correctos en ambos grifos, aunque la ducha, que ofrece una enorme alcachofa de efecto lluvia, necesita un poco más de caudal.

Las amenities son algo escasas, pero lo habitual en los hoteles americanos: jabón, gel, champú, acondicionador y limpiador facial. Todo ello de la prestigiosa marca Bliss.

Por la mañana el desayuno es más propio de un motel que de un hotel supuestamente de lujo. Terrible café (común en todos los sitios) y a elegir entre zumo o yogur y tres tipos de bollos (bagel, napolitana o croisant) todo ello servido con vajilla de plástico y en la misma barra del bar. En el check out basta con revisar la cuenta y con una sonrisa desearnos buen viaje, y un pronto regreso.

Calidad/precio: 7
Servicio: 9.5
Habitación: 8.5
Baño: 8
Estado conservación: 9
Valoración General: 8.5

sábado, 23 de enero de 2010

NH VIAPOL (SEVILLA)



NH VIAPOL (****)
Balbino Marrón, 9.
41018 Sevilla
Telf: 954.645.254
Fax: 954.646.668

nhviapol@nh-hotels.com
www.nh-hotels.com

Habitación: 216
Fecha de Entrada: 21/01/2010
Tarifa: 87€ (Sólo alojamiento)

Frente a los nuevos recintos universitarios, no lejos de la estación del AVE pero algo apartado del centro histórico, rodeado de bares de copas y tapas se levanta en San Bernardo un edificio blanco de planta irregular que acoge el tercer NH de la capital andaluza. La puerta de entrada queda oculta en un lateral del edificio al que se accede por unas escaleras o una rampa rodeada de vegetación.

Tras la puerta de cristal corredera automática accedemos a la recepción. De frente un descomunal mostrador y a la derecha una zona con una mesa y butacas junto a dos ordenadores a modo de business corner. La decoración es la esperada en la cadena. Mármoles verdes, alfombras y madera en las paredes. Tras el mostrador el trato es lento y cansino. Hace apenas cinco horas que hemos salido del NH Gran Hotel de Zaragoza pero tenemos que volver a entregarle todos los datos. En AVIS Rent a Car el programa informático les avisa de la última vez que esa persona alquiló un coche con ellos. En AC también ocurre algo parecido, y estoy convencido que en NH también. Llevo 5 NHs seguidos (y dos más la próxima semana) pero nadie hace referencia alguna a que esa "parece mi casa". Eso es "cuestión de detalle".

Nos entregan la llave después de haber firmado un bienvenida que no incluye nuestro nombre sino el de otro huésped, después de tanto rato esperando. A la derecha del mostrador se abre un espacio grande con varios sofás, una televisión -sin sonido- y los ascensores. Al fondo está la cafetería, de la que vienen voces y gritos. Tres enormes ascensores, limpios, y relucientes nos suben hasta nuestro piso.

Tras el elevador, un recibidor bastante generoso con luz natural, alfombras tupidas, azul pastel en las paredes con madera hasta media altura. Los pasillos se enmoquetan en azul, a juego con la pared, que se ve decorada con unas placas de madera a media altura entre puerta y puerta. La luz de los focos es sumamente fría, como de hospital. Desde luego poco acogedora.

Tras la puerta oscura y bien barnizada de la habitación encontramos un pasillo. A la izquierda un armario ropero bien vestido de puertas correderas de espejo. A la derecha la puerta del baño y un maletero escritorio de escasas dimensiones. Al fondo y junto a esto, la ventana. Con vistas a la puerta principal y protegida por una cortina blanca y negra a la que se ha cosido el foscurit. Suficiente para no dejar pasar la luz hasta que llega el alba, pero insuficiente cuando esta llega. Delante del escritorio disponemos de varios enchufes para el portátil y de una conexión por cable a internet, pero tanto esta como el wifi son de pago como viene siendo habitual en la cadena.

Frente al escritorio se abre un espacio cuadrado en el que cabe una cama amplia para ser individual, y estrecha para ser doble, con un cabecero en madera hasta el techo. A ambos lados mesillas a juego con interruptores para la luz y enchufes para móviles y otros aparatos electrónicos. A los pies de la cama un armario alberga el minibar y sobre él se ha colocado un plasma de 27pulgadas. Al otro lado, un incómodo galán de noche que escurre los pantalones al no disponer de sistema para agarrarlos. El descanso se hace correcto. La cama resulta confortable igual que las sábanas.

El aire acondicionado funciona permanentemente de modo silencioso alcanzando una fantástica temperatura de ambiente. La insonorización hacia fuera es contundente, ya que en la puerta del hotel se celebra una fiesta y no oímos absolutamente nada. Hacia el interior también el silencio es absoluto.

El baño es un golpe de color miel. Mármol de ese tono en paredes y suelo. Todo está en perfecto estado pero denota en juntas y suelos el paso del tiempo. Inodoro, bidet, lavabo empotrado en una encimera y bañera con ducha. Las toallas se han dispuesto en una repisa metálica sobre el inodoro, al otro lado de la bañera por lo que se hace necesario prepararlas antes de entrar en la ducha. La presión del lavabo es escasa y su caudal escasísimo. El set de amenities en el naranja y verde típicos de la cadena resulta suficiente: gel, champú, jabón, set dental y de afeitado y gorro de ducha. Sin embargo han desaparecido de toda la cadena las gamuzas para limpiar zapatos (¿quien viaja con el cepillo y el betún?, pero deben ahorrarse 0.00078€ por habitación).

La bañera resulta oscura porque más de la mitad de ella queda encerrada entre la pared principal y el muro que enmarca la encimera del lavabo. Dentro la presión y el caudal se hacen desesperadamente escasos. La temperatura es correcta y estable. El conjunto de toallas es numerosos, de gran tamaño, y agradable secado.

Por la mañana -madrugada- en recepción lo único importante es el minibar, mientras el recepcionista sigue hablando con el guardia de seguridad y con alguien que hay en el despacho de recepción. Soy el que he de recordarle que hay un café disponible para los madrugadores. No podemos protestar a algo que es gratis, y que sobre todo es variado: minibocadillos, magdalenas, café y zumo.

Calidad/precio: 6
Servicio: 6
Habitación: 7
Baño: 6.5
Estado conservación: 7
Valoración General: 6.5

jueves, 14 de enero de 2010

HOTEL TIVOLI ORIENTE (LISBOA)



HOTEL TIVOLI ORIENTE (****)
Av. D. João II - Parcela 1.14 Lote 3
Parque das Nações
1990-083 Lisboa
Telf: +351.21.891.51.00
Fax: +351.21.891.53.45

reservas.hto@tivolihotels.com
www.tivolihotels.com

Habitación: 517
Fecha de Entrada: 13/01/2010
Tarifa: 100€ (Sólo alojamiento)

Junto a la estación de Oriente de la capital lusa, y a las puertas de los grandes centros comerciales y de ocio que dejó la Expo del 98 descubrimos una elevada torre mezcla de acero y cristal que acoge un hotel cuyo interior contrasta al no ser tan sumamente moderno como su imagen exterior. Un generoso porche permite a los taxis y vehículos dejar a los clientes junto a la puerta principal protegidos de la lluvia. Allí mismo pasan los trenes y autobuses que llegan a la estación, aunque en el interior del hotel, ese runruneo no se percibe.

Tras la puerta accedemos a un vestíbulo más que agradable. Madera clara en el suelo y algunos muebles y metacrilatos negros en la recepción. Luces indirectas, sofás de diseño en tonos morados, poderosas alfombras, lcds, un internet corner y música envolvente. En recepción el trato es tan simple, sencillo y rápido como dar nuestro nombre y nos entregan la llave de la habitación que ya está preparada. Sin más. Ni documentación, ni tarjeta de crédito, ni formularios a rellenar.

Salimos de la recepción hacia la zona de los ascensores, separados del hall por unas puertas cortafuegos. Y nuestra sensación cambia. La calidez del recibidor desaparece, aunque la volvemos a recuperarla en los nuevos, amplios y brillantes ascensores en los que se han colgado enormes carteles con todos los servicios del hotel.

A la salida del ascensor la sensación se torna extraña: suelo de granito pulido en blanco y negro, puertas blancas antiguas con marcos de color verde, moqueta desgastada de ese mismo color. La calidez y modernidad de la recepción se ha perdido. Tras la puerta esa sensación de antigüedad del pasillo se atenúa y sólo se reduce a las puertas. Tras la principal, la moqueta se torna color rosa y se presenta bastante limpia y cuidada. Una primera zona de recibidor, con techo bajo, la puerta del baño a la izquierda y un espejo a la derecha. Tras otra puerta el dormitorio. Muy amplio, con sobrado espacio entre los muebles, luminoso, rematado con un gran ventanal situado en una zona de techo bajo (no más de 2m de altura) con fantásticas vistas al Parque de las Naciones y a la desembocadura del Tajo.

El mobiliario de color madera clara se compone desde la entrada de un maletero, un enorme escritorio con minibar sobre el que se dispone un plasma de 32 pulgadas y una bandeja de cortesía con café y té. Hay enchufes sobre el escritorio a disposición del cliente y un cable para conectarse a internet. Entre el escritorio, situado a los pies de la cama, y la ventana se ofrece un cómodo butacón de lectura con una mesa de centro, una lámpara baja y varias revistas y folletos de la ciudad.

La cama, protegida por un cabecero de madera a juego con el resto del mobiliario de la habitación se encuadra entre dos mesillas exentas que disponen de sendas lámparas de noche de porcelana verde y pantalla de color marfil. Su luz es algo escasa para la lectura pero de agradable sensación. No hay enchufes en las mesillas. El colchón es formidable así como el nórdico y las sábanas. La almohada sin embargo resulta demasiado gruesa. Quizá en el país vecino prefieran descansar con la cabeza más alta. Hay también varios cojines y cuadrantes con los que podemos descansar más que correctamente.

Junto a la cama hay situado un armario enorme de puertas correderas. Su interior resulta algo viejo, pero con todos los elementos necesarios para el viajero. Bajo el escritorio hay una curiosa papelera con distintos compartimentos para favorecer el reciclado.

El aire acondicionado funciona haciendo algo de ruido, pero su eficacia no tiene parangón. El display de utilización es sencillo. Un pesado foscurit y unas poderosas cortinas en tonos claros con flores estampadas impiden el paso de la luz por la ventana. La insonorización hacia afuera de la habitación es brutal, ya que la ventana -de apertura eléctrica- se cierra casi herméticamente. Hacia el interior, la doble puerta aisla profundamente del pasillo aunque la pared permite el paso de los ruidos de la habitación contigua. Sobre la mesilla por la noche encontramos además de la libreta y el lapicero para tomar notas, un tarjetón para poder encargar a la hora del check out unos típicos pasteis de Belem.

En el baño todo funciona a la perfección pero tanto el negro de su granito (en paredes y suelo) como la cortina de tela que cierra la bañera, como el diseño de los sanitarios y grifería dan una extraña sensación de viejo. Un espacio no demasiado grande y con una luz excesivamente fría acoge un inodoro, bidet, un lavabo empotrado en una encimera de mármol y una bañera.

Frente al lavabo hay un enorme espejo del que cuelga otro espejo de aumento con luz para facilitar el maquillaje o el afeitado. Dos vasos de Ikea. Un set de amenities más que completo (jabón, gel, champú, set de afeitado y dental...) que comparte diseño antiguo y moderno, siendo la calidad de este último notablemente superior. El caudal y presión en el grifo del lavabo es justito, pero en la ducha es colosal. Igual que su temperatura. El juego de lencería resulta grande en tamaño y número y muy agradable al tacto.

Por la mañana en recepción el trato es desesperadamente frío. Siempre he pensado que expresar emociones en otro idioma es difícil, pero no pensaba que tanto. "¿Minibar?" "Nothing, but I´ll need a taxi to go to the airport". "Ok"... Nada más. Ni adiós. Pues adiós. Y eso que tras el mostrador hay dos recepcionistas y junto a la puerta un guardia de seguridad.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 7
Habitación: 9
Baño: 7
Estado conservación: 7
Valoración General: 7.5

miércoles, 13 de enero de 2010

GRAN HOTEL BAHIA DEL DUQUE (ADEJE - TENERIFE)



GRAN HOTEL BAHIA DEL DUQUE (*****)
Av. Bruselas s/n,
38660 Costa Adeje (Tenerife)
Telf: 922.746.900
Fax: 922.746.916

comercial@bahia-duque.com
www.bahia-duque.com

Habitación: 622
Fecha de Entrada: 03/07/2009
Tarifa: 200€ (Alojamiento y Desayuno buffet)

Uno de los resorts más exclusivos de España y sin duda uno de los más espectaculares del mundo abre sus puertas en la abigarrada zona turística del sur de Tenerife donde gran parte de la hotelería se abandonó al turismo barato de importación de vuelo lowcost y zapatilla de goma. En medio de esa vorágine y tras atravesar un control de seguridad con guardia vestido de traje típico canario accedemos por una sinuosa y empinada rampa hasta el pie mismo de la recepción.

Allí un equipo de mozos se hacen cargo de todo nuestro equipaje y pertenencias mientras una simpática joven ataviada también con traje típico nos conduce hasta el mostrador de recepción. Tras la puerta de entrada, un pasillo en el que los mozos acumulan las maletas de los clientes que van llegando y saliendo y a continuación un espectacular y enorme espacio lleno de vegetación en el que se han instalado distintas "casetas": una es la cafetería, otra la recepción, otro el punto de información turística. Entre medio vegetación tropical, una enorme jaula con loro incluido, fuentes y escaleras que conducen a los distintos pisos del hotel.

En el mostrador nos atienden con cordialidad, cariño y atención como si nos estuvieran esperando. Nos piden la documentación y la tarjeta de crédito para los extras. Nos indican que nuestra habitación todavía no está preparada, pero que podemos esperar unos minutos tomando algo en el bar. Nosotros prolongamos esa espera hasta después de la comida. Al volver de esta nos vuelven a recibir con una sonrisa y nos indican que todo está preparado para llevarnos a la habitación. Otro mozo nos recoge en un coche de golf y por otra empinada rampa nos lleva hasta un edificio, alejado del bullicio central del hotel donde desde un salón típicamente canario con libros, prensa, una recepción privada, bebidas y dulces a disposición del cliente accedemos a una terraza elegantemente vestida con una pérgola con sofás que mira al mar encontramos la puerta de nuestra habitación rodeada de naturaleza.

Tras la puerta blanca el olor nos resulta encantador. Un pasillo largo conduce hasta el dormitorio. En el a la derecha se abre un enorme baño y frente a él un impecable y gigantesco armario con todo tipo de opciones de almacenaje: baldas, perchero, armarios interiores, cajones... Ofrece todo tipo de perchas de cuidado acabado: para traje, para faldas, de tela para no dañar la ropa, corbatero...

Otra puerta blanca nos aisla el dormitorio. Sencillamente gigantesco. La luz tenue, las cortinas entreabiertas que protegen la terraza con vistas al mar, los tonos suaves marrones de la lencería de cama, el azul claro de las paredes, la madera del suelo protegido por una alfombra color marrón, el raso que decora el cabecero de la cama... todo nos transforma a otra atmósfera.

El mobiliario de excelente factura respira clasicismo moderno. A los pies de la cama se ofrece un maletero seguido de un larguísimo escritorio sobre el que se han dispuesto algunos libros, dos botellas de agua de cortesía y un enorme plasma. Hay espacio suficiente para trabajar, pero en vez de silla hay una incómoda banqueta aterciopelada. También es cierto que poca gente viene aquí a trabajar, pero aún así hay enchufes para el ordenador y conexión por cable a la red. Junto a la cama y en la enorme zona que hay hasta la terraza disponemos de dos butacones de lectura con una mesa redonda y un sofá para dos plazas con una mesa baja delante. Confortables y acogedores. Al fondo de la habitación una terraza generosa con dos sillas y una mesa para perder la mirada en el infinito del mar que se nos presenta entre la vegetación.

La cama es gigantesca, de 210x210 enmarcada entre dos cuidadas mesillas de madera con superficie de mármol y con un cuidado cabecero en tela color rosa. El equipo de descanso es insuperablemente cómodo así como la batería de almohadas, cuadrantes y cojines que seguro colman las necesidades de cualquier viajero. Algo alejados de la cama, pero sobre las mesillas encontramos los interruptores de la luz y el potenciómetro que nos permite regular la intensidad de la misma. También hay enchufes para cargar los ingenios tecnológicos. El hilo de las sábanas se ajusta como un guante a nuestro cuerpo y ayuda a un descanso reparador.

Por la tarde/noche el equipo de pisos realiza la cobertura de la cama: abre la cama, cierra las cortinas, cambia las toallas, coloca dos alfombrines blancos junto a las camas y deja sobre las mesillas una cajita de ricos bombones. El aire acondicionado que funciona magníficamente bien es el único ruido -casi imperceptible- que nos molesta en el descanso, hasta que despertamos por la mañana con el trinar de los pájaros. El foscurit y el pesado cortinón que protege la terraza impide el paso de la luz exterior.

El baño es delicioso. Frente a la entrada, dos enormes pilas de lavabo exentas sobre una especie de mesa de mármol, cristal y metal. Grifería de diseño. Todo tipo de toallas (de damasco, pequeñas para las manos, albornoz, zapatillas) de poderoso tamaño y de soberbia factura. El set de amenities es inacabable: limas de uñas, botes de gel, champú, acondicionador, crema hidratante, de manos, set dental, de afeitado, desmaquillantes, gorros de ducha... todos presentados en unas cajas color marrón con el logo del hotel, de calidad insuperable y de aroma relajante.

A la izquierda del lavabo y tras una puerta de cristal el inodoro y el lavabo con una ventana con cortinas metálicas que miran hacia la habitación. A la derecha una bañera algo estrecha, pero que ofrece sobre el techo una gigantesca alcachofa de ducha efecto lluvia. Presión y caudal formidables, y temperatura excelente regulada desde un monomando termostático.

Un laberinto de caminos, escaleras, senderos.... nos lleva a las espectaculares piscinas del hotel, a la playa, a los varios restaurantes que tiene el complejo y al salón de desayunos, situado entre dos piscinas y que permite desayunar en una espléndida terraza desde la que se divisa el mar. El servicio es rápido y simpático. El surtido es desorbitado y la calidad de los productos óptima. Es difícil imaginar un producto que no esté ofrecido en ese monumental buffet (carne, huevos, pescado, champagne, caldos, batidos, zumos...) distribuido por zonas con participación incluida de los empleados (huevos fritos al instante, bacon recién cortado, zumos preparados al momento, gofres y tortitas...).

En recepción todo son simpatías y atenciones sobre cómo sigue nuestro viaje (taxi...). Al final nos preguntan por algún extra que hayamos podido tener y nos muestran la factura. No hace falta volver a pasar la tarjeta, ya la entregamos al principio. Cordialmente nos despiden deseando que volvamos más tiempo la próxima vez. Nuestras maletas, sin darnos casi cuenta ya están cargadas en el taxi.

Un lugar en el que disfrutar. Un hotel para aprender.

Calidad/precio: 10
Servicio: 10
Habitación: 10
Baño: 10
Estado conservación: 10
Valoración General: 10

martes, 12 de enero de 2010

TRYP LAS MATAS (LAS MATAS - MADRID)



TRYP LAS MATAS (***)
Urb. Las Matas
Calle de Martín Iriarte 2A,
28000 Madrid
Telf: 916.026.500
Fax: 916.301.233

tryp.las.matas@solmelia.com
www.solmelia.es

Habitación: 130
Fecha de Entrada: 14/10/2009
Tarifa: 59€ (Alojamiento y Desayuno Buffet)

Al pié de la Carretera de La Coruña, pero más al pié de la línea férrea que une Madrid con los municipios que le rodean por la zona Norte la cadena Tryp gestiona un hotel alojado en un edificio de ladrillo caravista con tiendas y restaurantes en sus bajos. En horas punta de trabajo resulta casi imposible acceder en coche hasta el hotel dada la concentracion de vehículos aparcados alrededor de la estación en los lugares más inverosímiles, haciéndose necesario el uso del parking.

Tras la puerta de cristal accedemos a la recepción. Amplia, sobriamente decorada sin estridencias, fríamente iluminada y dividida en tres zonas. A la derecha apenas seis mesas y una barra hacen las veces de cafetería y salón de desayunos. A la izquierda una zona de sofás y sillas de espera que llega hasta el ascensor y justo enfrente un correcto mostrador de madera oscura decorado con algunas plantas.

Llegamos tarde y el recepcionista está atendiendo a otro cliente. Acaba pronto con él y llega nuestro turno. Nos trata cordialmente con simpatía y sobre todo rapidez. Dice que ya tiene todos nuestros datos (siempre los enviamos al hacer la reserva), así que será otro de los que Rubalcaba detendrá según las opiniones de anónimos y sufridos visitantes de este blog que al parecer conocen al dedillo la legislación vigente y los protocolos de los libros de procedimientos pero que quizá sepan menos de tratar al cliente como un auténtico huésped. Sorprende que aunque lleva todo el uniforme reglamentario nos recibe en botas de trekking. Quizá está preparado para terminar el turno, o acaba de llegar y no le ha dado tiempo a cambiarse del todo. Nos entrega la llave y por un ascensor grande, nuevo aunque algo ruidoso subimos a nuestra planta.

Tras el elevador encontramos un gran vestíbulo en el que se han dispuesto algunas máquinas de bebidas, bocadillos y objetos de aseo personal. Todas ellas enmarcadas en madera sobre un suelo de poderosa moqueta rojizo y con varios sofás para disfrutar de la bebida en compañía y tertulia.

Tras la puerta de la habitación esta se abre en forma de U. A la derecha hay un salón, a la izquierda el dormitorio y de frente el baño. La madera clara del suelo da sensación de luminosidad y limpieza, aunque las luces, que son suficientes, son excesivamente frías. En la zona del salón encontramos un confortable sofá frente al que se ha dispuesto un larguísimo y amplísimo escritorio que alberga además de la televisión el minibar. Hay enchufes para poder conectar el portátil aunque el wifi del hotel es de pago. La decoración de esa zona responde a los estándares de la cadena: paredes en color crema y cuadros de tonos de suaves.

Junto a la puerta del dormitorio encontramos el armario ropero. Bien vestido, generoso y de puertas correderas de espejo. Y a continuación el dormitorio. Con dos camas presentadas bajo un cabecero corrido de madera oscura y vestidas con sábanas y colchas completamente blancas. El colchón resulta un poco duro y las sábanas presentan la aspereza típica del trato industrial en el lavado. Aún así todas esas contingencias no son las más graves a la hora de conseguir descansar.

Sobre las mesillas luces de noche algo más cálidas que los focos del techo y enchufes para el móvil y el portátil. Un galán de noche completa el juego de mobiliario en esa zona. El aire acondicionado, de sencillo display, funciona a la perfección y de modo silencioso en toda la estancia. Sin embargo la insonorización de la habitación deja bastante que desear. Se escucha demasiado el pasillo y las habitaciones contiguas. Y sobre todo el pesado paso de los trenes especialmente a partir de las 6 de la mañana. Las poderosas cortinas, el foscurit cuidado y las vistas a un estrecho patio interior hacen que la luz exterior apenas moleste en la habitación, pero una luz de emergencia situada sobre la puerta y casi enfrente de la cama molesta más de la cuenta.

El baño es nuevo. Mármol marrón claro por todos los sitios y suelo de agradable gres del mismo tono. Inodoro, lavabo y bañera protegida con una mampara de cristal. Espectaculares resultan el caudal, presión y temperatura de la grifería, así como el juego de lencería con el logotipo de la cadena grabado en él.

El set de amenities ofrece set dental, de afeitado y gorro de ducha. Jabón, gel y champú se ofrecen desde unos botes de Dove anclados a la pared. Fantástico producto pero de diseño poco brillante.

Por la mañana en recepción la despedida resulta agradable. Nos pregunta por el minibar, claro, pero antes pregunta por nuestro descanso, y nos indica que ahí al lado podemos desayunar mientras ella preparará nuestra factura y cobrará con nuestra tarjeta. El buffet del desayuno es muy muy cortito. Se presenta sobre una barra de bar de unos dos metros de largo: zumo de naranja, algo de embutido, donuts y otras piezas de bollería. Agua y un café sorprendentemente correcto. Todo ello servido por uno mismo en unas mesas cubiertas con manteles individuales de papel, y servilletas del mismo material. Mientras tanto, leemos la prensa que se ofrece y recibimos la despedida de la recepción con la factura en un sobre.

Calidad/precio: 7
Servicio: 8.5
Habitación: 5.5
Baño: 8.5
Estado conservación: 7.5
Valoración General: 7