miércoles, 18 de noviembre de 2020

HOTEL CASA SOTO (VEGADEO - ASTURIAS)

HOTEL CASA SOTO (***)
Armando Cotarelo 16
33770 Vegadeo (Asturias) 

Habitación: El Calero
Fecha de entrada: 18/07/2020

Tarifa: 90,00 (AD)

Ubicado en el mismo corazón de este pequeño pueblo fronterizo con Galicia. A un paso de la plaza del Ayuntamiento, de la Parroquia y de los pocos comercios, bares y restaurantes que sobreviven en la villa. En una calle adoquinada y en fuerte pendiente, rodeado de algunos edificios abandonados, encontramos este moderno edificio encalado en color marrón con una gran puerta doble en blanco. Dos alturas, balcones de aluminio blanco a la calle con barandillas de forja negra y tres mástiles con banderas. Frente a la puerta hay un pequeño hueco para dejar el coche y descargar el equipaje.

Tras la puerta de madera, hay un escalón que nos deja en un estrecho recibidor en cristal y madera con una tupida alfombra. La puerta que allí hay se cierra por las noches y la llave de la habitación incluye otra que permite abrir esta. En el cristal, un cartel avisa que si la recepcionista no está disponible, se llame a un número de teléfono. Tras esa puerta, entramos en la casa, y una joven y simpática recepcionista sale a acogernos. El espacio al que entramos es de corte rústico, con poca luz, no en vano estamos en Asturias. Suelo de piedra, paredes en verde botella con grandes zócalos de piedra, luces puntuales en un techo de madera. Muebles antiguos en madera y cristal, colgadores y percheros. Frente a nosotros, la ancha escalera de madera con barandilla de metal que sube a las habitaciones.

A la derecha, un aparador, con un espejo y algunas flores secas. A la izquierda se abre la recepción. En primer lugar un escritorio de madera de corte antigua donde se realiza el registro de llegada y se paga a la salida. Detrás del escritorio, una silla de despacho. Delante, dos. En la pared, ventanales de madera blanca cubiertos con visillos. Algunas mesas auxiliares con lámparas de pie y pantalla de tela. Frente a la mesa, cerrado por un biombo, el acceso al comedor de desayunos. A la izquierda de la mesa hay un sofá con dos sillones, recubiertos con mantas y cojines, una librería con libros de  y una chimenea que se enciende en invierno. La sensación es acogedora y cálida, pese al día destemplado que hace fuera.

La recepcionista nos entrega las llaves de la habitación, en un llavero de piel con el nombre de la misma grabado. Nos dice que tiempo habrá para recoger los datos y que vayamos a descansar y a ponernos cómodos. Se hace cargo de nuestra maleta y subimos escaleras arriba. A mitad de escalera hay una zona con varias maletas antiguas de decoración. El suelo, de madera limpísima y brillante cruje a nuestro paso. No hay ascensor, así que el crujido de otros huéspedes llegará a molestar durante la noche. Llegamos al primer piso, en el que un recibidor decorado con una enorme imagen de la cara de un toro distribuye las habitaciones a derecha e izquierda. La luz, que ofrece la claraboya del hueco de la escalera lo inunda todo. Bajo el cuadro del toro, un banco de madera. Al fondo del pasillo encontramos nuestra habitación, tras una puerta de madera clara. Una larga y estrecha alfombra protege el suelo del pasillo. Y dos lámparas de pared iluminan el mismo. 

Tras la puerta caemos directamente en el dormitorio. No es grande, pero tampoco pequeño. Toda la pared del frente está cubierta por ventanas de madera blanca protegidas por visillos y por dos largos estores que tratan en vano de ocultar la luz de la mañana. Las vistas son a un patio interior amplio arriba y a una pequeña terraza ajardinada que tiene el hotel en la planta baja. Silencio y tranquilidad. Sólo molesta por la mañana el canto de los pájaros y la luz que se cuela en la habitación por detrás del estor. Paredes pintadas en tono crudo. suelo de madera limpísima y techo muy alto, en madera algo abuhardillado. 

Junto a la puerta de entrada encontramos un maletero de tijera en madera y bandas de tela negra. Junto a él, un armario exento de madera roja. Estrecho y ancho. Con dos puertas. Dentro, un par de baldas y un par de colgadores "a lo ancho" con un conjunto de perchas de distintos tipos (para chaquetas, para pantalones, faldas, camisas...).  A continuación y hasta la ventana un pequeño e incómodo escritorio de metal y cristal. Sobre él, una televisión plana que no funciona y dos botellas de agua de cortesía. Debajo, una silla de madera y una papelera de mimbre. En la pared hay varios enchufes para los aparatos electrónicos. El hotel dispone de varias redes de wifi gratuito y bastante veloz en todo el edificio protegido con una larguísima contraseña. 

En el centro de la habitación está la cama. Ancha para ser individual, estrecha para ser doble. En cualquier caso muy corta, especialmente para los que somos de tamaño xxl. El colchón aunque es cómodo, se nota que ha pasado ya algunos años. Sábanas suaves blancas y una suave colcha blanca. El cabecero, anclado a la pared es de sencilla forja negra. A cada lado, sendas mesillas altas, de madera, de corte rústico, con un pequeño cajón y una balda. Sobre ellas, hay interruptores para apagar las luces y un enchufe disponible. La luz de la habitación se reduce a un punto de luz en el techo y tres apliques de metal y cristal a juego: dos sobre las mesillas y otro en la pared junto a la puerta del baño. Tres láminas enmarcadas constituyen toda la decoración de la habitación. No hay minibar, y se hecha en falta el aire acondicionado en los pocos días que el calor escala el termómetro. Bajo la ventana hay un radiador. 

La insonorización interior es manifiestamente mejorable y se escucha mucho lo que ocurre en el pasillo y en las habitaciones contiguas. Aún así el hotel resulta tranquilo, y el pueblo más. La insonorización exterior, con tanta ventana de cristal es algo justa, pero igualmente el patio interior al que da es igualmente silencioso.

Otra puerta de madera con un pomo de metal y porcelana blanca nos ofrece el acceso al baño. Detrás de la puerta queda una ventana más, igualmente en madera blanca y con visillos blancos. Suelo de gres porcelánico en vivos colores, y paredes alicatadas en baldosas cuadradas en color granate con unas cenefas a media altura con motivos vegetales. El lavabo, exento y generoso aparecer anclado sobre una mesa de madera. Sobre la blanca porcelana del mismo se ofrecen dos vasos de cristal, y una pequeña cesta de mimbre con las amenities: una pastilla de jabón, dos botes de gel, uno de champú, un gorro de baño y un lustrazapatos. Encima del lavabo hay un espejo y a su lado, en la pared, un aplique de luz -que junto con un punto de luz más fría en el techo iluminan la pequeña estancia- y un secador de pelo de escasa potencia. Caudal, presión y temperatura funcionan bien, aunque el chorro que expulsa el grifo resulta algo irregular. 

Al fondo del baño queda el inodoro, exento y moderno. A su lado un escobilla de baño, y un porta rollos con dos rollos de papel higiénico. Sobre el inodoro un sencillo toallero de metal. Dos toallas de bañera de tamaño justo, dos toallas de manos y un pie de ducha constituyen el juego de lencería. En la pared hay un toallero para colgar las toallas de manos una vez usadas. En el rincón del fondo encontramos la cabina de ducha. De cristal con puertas correderas que no terminan de ajustar bien y sacan algo de agua al suelo. La cabina es algo pequeña, pero el grifo funciona perfectamente bien tanto en presión como en caudal y temperatura. Junto al grifo hay una repisa sencilla en la que dejar las amenities que vayamos a utilizar.

Por la mañana el desayuno se sirve en el salón situado junto a la recepción. Una cariñosa, atenta y servicial señora nos ofrece café líquido pero no excesivamente malo, zumo de naranja recién exprimido, cereales, tostadas de rico pan, bizcocho, mantequillas, mermeladas, alguna pieza de fruta, tomate y aceite. Tras el desayuno, en la recepción el trámite de salida es muy rápido. Pagamos. Nos preguntan por la continuación de nuestro viaje y nos ofrecen  un par de botellas de agua frías para hacérnoslo más cómodo.

Calidad/precio: 7
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 6.5
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 7.5

lunes, 2 de noviembre de 2020

HOTEL EUROPA (JAÉN)

HOTEL EUROPA (***)
Plaza de Belén 1
23001 Jaén 

Habitación: 209
Fecha de entrada: 26/06/2020

Tarifa: 66,66 (AD)
En el mismo centro de la ciudad. Junto al casco histórico y a la zona comercial, en una pequeña plaza rodeada de casas bajas encontramos un pequeño edificio de cinco alturas, empotrado junto a otras viviendas. Planta baja en gris y cristal con la recepción. Dos puertas de acceso. Una con escaleras, un jardín central y otra entrada con rampa. Por encima, el edificio se presenta pintado totalmente de blanco, con enormes letras de distintos tamaños y estilos pintadas en negro: Jaen, Europa, Hotel.

Tras la puerta de acceso, hay un espacio amplio y profundo. Atravesamos dos pequeñas jardineras a cada lado y quedamos frente a la recepción, que queda a la derecha. Se trata de una mesa baja en forma de U, en blanco y protegida con enormes mamparas de metacrilato que cuelgan desde el techo, que para algo estamos en pandemia. Sentado tras la mesa, un hombre nos atiende amablemente. El trámite de check in resulta cansino, como siempre. Un DNI, el otro... Y mientras tanto, poco más. Sobre la mesa, un montón de displays con carteles avisando de demasiadas cosas: mascarillas, gel, el desayuno, el acceso al hotel... Por fin nos entrega un documento a firmar y una tarjeta blanca con una pegatina con el número de la habitación que hará de llave. Además nos indica el horario del desayuno. No hablamos del wifi, pero luego desde la habitación llamamos y nos indica la extraña contraseña. Es gratuito y funciona bastante bien en todo el edificio.

A la izquierda de la recepción se abre un gran espacio que hace las veces de business center, desayunador y zona de descanso. Hay sofás, mesas, sillas, el espacio para el buffet. Todo ello rodeado de paredes pintadas en blanco, y en gris con grandes dibujos y grafitis con siluetas de la ciudad y la provincia y algunas frases de poetas de la zona. Al fondo del todo, una mini terraza acristalada con paredes en verde botella intenso y las mismas letras que en la fachada exterior.

La única luz que entra, que no es poca, viene de la calle a través de la cristalera de entrada. En cualquier caso la sensación, aunque moderna resulta algo gris y languideciente, quizá acentuada por el brillante suelo blanco porcelánico. Frente al mostrador de recepción hay dos puertas metálicas. Entre medio un totem con un dispensador de gel hidroalcohólico. A la derecha el guardamaletas y a la izquierda, el ascensor.

Este resulta angosto y pequeño: para dos personas con poco equipaje. Un altavoz indica por qué piso vamos pasando. Un espejo de medio cuerpo en la pared del fondo. El resto de paredes pintadas en morado con escudos de la ciudad en la parte superior de cada pared. Carteles plastificados con horarios y descripciones de algunos servicios del hotel por todos los sitios. Las puertas se abren a un pequeño recibidor. Suelo de moqueta gris, muy mullida y acolchada con algunos motivos en rojo. La pared de enfrente, muy cercana, pintada en rojo fuerte con un 2 enorme en blanco y varias indicaciones con la ubicación de las habitaciones. Techo practicable en tono gris oscuro demasiado bajo.

Nuestra habitación queda hacia la izquierda, después de atravesar una puerta de madera gris con pomo en metal. Tras ella encontramos la puerta de la habitación, también en gris, moderna, con un sensor al que acercar la tarjeta. Junto a la puerta, hay un piloto de luz verde, que torna a roja cuando tras abrir la puerta introducimos la tarjeta en la ranura de la luz, como para indicar que la habitación está ocupada. 

La sensación al entrar es de fresco y luminosidad. Suelo de madera blanca clara, limpia y cuidada. La pared de enfrente en un intenso verde botella. Hacia la derecha dos pasos de pasillo ancho y la habitación, grande y espaciosa. Allí mismo dos camas, con un cabecero de madera clara, la misma con la que jugarán todo el mobiliario de la habitación. Sobre este, la pared sigue en verde. Arriba en el techo, sobre las cabezas de la cama, dos puntos de luz. A cada lado sendas mesillas vacías por dentro. Sobre una, un teléfono negro. En ambas, enchufes, interruptores y dos lámparas metálicas de forma rectangular que emiten luz hacia arriba y hacia abajo. Las camas están vestidas con una sencilla colcha de color crudo. Dos almohadas en cada una. Aunque el equipo de descanso es cómodo, la cama resulta corta para los que somos de tamaño excesivamente alto. Las sábanas limpias y quizá algo ásperas del lavado industrial. Junto a una de las mesillas cuelga feo sobre la pared un folio con algunas instrucciones sobre la política anti tabaco del establecimiento. El descanso no es difícil, porque el hotel resulta tranquilo, y nuestra habitación queda aislada. Aún así se escucha de vez en cuando algún portazo en otros pisos. 

Hacia la derecha de la habitación está el armario. Empotrado con puertas correderas. En una mitad, un colgador alto. Arriba, en una balda, una manta extra. En la otra mitad, cajones, baldas y la caja fuerte. Junto al armario un maletero de madera a juego con el resto de mobiliario de la habitación. Sobre él, el sencillo display del aire acondicionado que funciona perfectamente de forma eficaz y silenciosa: una pantalla digital y tres botones, uno de encendido y apagado, y otros dos para subir y bajar la temperatura.

En la pared enfrentada a las camas hay una ventana y un balón con vistas a un estrecho patio interior pintado en blanco con las mismas letras negras que la fachada. Ambas están cerradas por sendos foscurits blancos y visillos en crudo. Ninguno de los dos termina de cerrar bien y por la mañana desde bien temprano la luz inunda la estancia.  Entre la ventana y el balcón hay una mesa de escritorio generosa. Con una silla de polipiel cruda y patas metálicas. Sobre la mesa una carpeta con información del hotel, el mando a distancia de la televisión y una lámpara de mesa con pie metálico y pantalla en color arena. Bajo la mesa, una papelera metálica y sobre ella, colgando de la pared, una televisión plana con los cables colgado por la pared hasta el enchufe. Hay dos enchufes allí disponibles, para enchufar algún otro aparato electrónico, a cambio de desenchufar la televisión o la lámpara. 

En la pared del fondo, junto a una silla que desentona en madera y tapizado morado, hay un hueco sin puerta que entra al baño. Está separado en dos tramos. En el primero, como insertado en la habitación, encontramos el lavabo. Con una encimera blanca grande. Bajo ella una balda con dos generosas toallas de ducha y dos de manos. Correctas en factura y cuidado. Sobre la encimera en una bandeja de plástico blanco hay dos vasos, tres botes de champú-gel y una pastilla de jabón. Sobre el lavabo, un espejo grande de lado a lado que llega casi hasta el techo. El lavabo, redondo y pequeño incrustado en el centro de la encimera tiene el lavabo algo descolocado, y demasiado fuera de la pila, haciendo algo incómodo el lavado de manos. En la pared derecha, un secador de pelo de escasa potencia y en la pared izquierda, un espejo de aumento. Un punto de luz grande, situado en el centro del techo de esa zona llena el espacio de luz, algo fría. La pared tras el espejo aparece pintada en un color malva también vivo.


A la izquierda del lavabo, una puerta de madera gris da acceso a otro espacio generoso con el inodoro, el bidet y una cabina de ducha. El suelo sigue siendo de la misma madera que la habitación, y las paredes una gris y la otra malva. Detrás de la puerta hay dos esconchones grandes en la pared. La cabina de ducha resulta grande y generosa. Teselas grises en el suelo y algo más claras en las paredes. Mampara fija de cristal con un detalle en vinilo morado. Dentro una ducha de teléfono y una regadera efecto lluvia. El grifo resulta algo lioso de utilizar, pero una vez que uno entiende que el grifo de abajo es para la potencia, aunque tenga un piloto azul, y el de abajo para la temperatura, aunque tenga un piloto rojo, ofrece un excelente caudal, temperatura y presión. A los pies de la ducha, una pequeña alfombrilla de baño. Luz igualmente fría en esta estancia.

El desayuno, aunque es buffet, se encuentra muy limitado por las medidas de seguridad anti coronavirus. Unas cuantas mesas protegidas con metacrilato permiten ver los productos, y una camarera nos los ofrece en una bandeja tras nuestra selección. El surtido es algo justo en la oferta, pero aceptable en la calidad destacando los panes de diversos tipos y el aceite local también de diversos tipos. A ello se le añaden zumos, cereales, fiambres y queso, tomate rallado y algo de bollería. El café, preparado en una máquina expresso es bastante aceptable.

Después en la recepción, la misma frialdad que en la llegada y el mismo tedioso procedimiento de factura y pago. Al menos como no hay minibar en la habitación no nos tienen que preguntar por él. El recepcionista se interesa por la continuación de nuestro viaje y por si necesitamos ayuda con ello, cosa que agradecemos.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 8
Baño: 8
Estado de conservación: 8
Desayuno: 7.5

martes, 20 de octubre de 2020

NH ZURBANO (MADRID)

HOTEL NH ZURBANO (***)
Zurbano 79
28003 Madrid

Habitación: 311
Fecha de entrada: 21/02/2020
Tarifa: 

A un paso de la Castellana, rodeado de señoriales edificios mitad residenciales mitad de oficinas, en una calle tranquila encontramos este hotel dividido en dos edificios, cortados por una calle. Cada uno de ellos con su propia recepción. Cinco plantas, de corte antiguo, en tonos rojos con molduras que destacan las ventanas encaladas en blanco. La planta baja, toda acristalada está ocupada la mitad por el restaurante del hotel, como si fuera externo al mismo, y la otra mitad por la recepción. Muebles blancos, paredes blancas y pese a lo tupido de los árboles de la calle, mucha luz exterior.

La puerta doble de cristal se abre automáticamente, corredera, abriéndonos una rampa enmoquetada en negro que nos deja unos centímetros por debajo del nivel de la calle justo delante de los ascensores. Dos, metálicos. A la derecha está la entrada del bullicioso restaurante y bar. Y a la izquierda, la zona de recepción. Unas poderosas columnas recubiertas en tono metálico separan una zona de sofás y butacas justo debajo de las ventanas que dan a la calle, del largo, blanco y brillante mostrador. Sobre él cuelgan varias lámparas desde el techo. Tres puestos de trabajo pero sólo uno atendido. El procedimiento es sencillo: dar nuestro nombre y número de DNI y nos entregan la llave de la habitación. Todo tan rápido como frío e impersonal. Nos entrega una clave de wifi gratuito que funciona veloz y sin cortes en todo el edificio. Nos indica el horario del desayuno, damos la vuelta y regresamos sobre nuestros pasos hacia los ascensores.

Los ascensores son dos. Pequeños. Todo forrados en metal. Las puertas se cierran automáticamente con una extraña vibración. En su interior un cartel con el horario de los servicios del hotel y una pantalla con algunas noticias y la previsión del tiempo. Al abrirse las puertas salimos a un pasillo de techo sorprendentemente bajo, con techo metálico practicable, que corre a derecha e izquierda. Moqueta negra y gris a rayas en el suelo y vescom oscuro en las paredes. Unos pequeños apliques con luz indirecta hacia arriba y hacia abajo se sitúan en la parte alta de la pared. Las puertas de las habitaciones aparecen enmarcadas en una madera de color gris verdoso. Pomo metálico redondeado.

Tras las puertas, el suelo muta a madera gris verdosa algo brillante. A la izquierda se abre un pasillo que termina en el baño. Junto a la puerta, la ranura para meter la tarjeta y activar las luces y varios interruptores. Justo enfrente queda el armario. De dos cuerpos con una sola puerta corredera que es un espejo con un marco en blanco. El lado izquierdo es un colgador con una decena de perchas normales para camisas, pantalón, faldas... Además una balda superior con una manta y otra inferior con una gamuza lustrazapatos, un calzador y una alfombrilla antideslizante. En el lado izquierdo varias baldas que acogen la caja fuerte y el minibar de variado y caro surtido. Sobre él, se ofrecen además de vasos y copas, varios snacks, frutos secos y una botella de vino. 

Frente a la puerta de la habitación hay un corto pasillo con el display del aire acondicionado: una regleta para la potencia con tres potencias y una rueda para la temperatura. Funciona con eficacia pero hace algo de ruido. A continuación, el dormitorio. Enorme, blanco y luminoso. Paredes en vescom blanquísimo, techo blanco y cama enorme, en blanco. Situada a la derecha se enmarca bajo un alto cabecero de simil piel en tono gris todo él rodeado de una bonita luz de led que da al espacio una cierta calidez. La cama resulta comodísima. Cuatro almohadas de distinto grosor y dureza y un suave nórdico con suaves sábanas. A los pies, un plaid en tono aguamarina. A cada lado sendas mesillas en madera brillante gris verdosa y patas de metal. En una de ellas un par de libros sobre Madrid. Y en la otra un bloc de notas, un bolígrafo, el teléfono y el mando de la televisión. Sobre ambas, sendas lamparitas redondas, planas, modernas y dirigibles que permiten leer y trabajar desde la cama. Además, a ambos lados hay enchufes disponibles e interruptores para apagar todas las luces. Quizá la luz en general, por la noche se queda escasa. Bajo la cama cuelga algún cable como si por debajo de ella, en algún momento hubiera habido alguna luz. 

A la izquierda de la entrada al dormitorio, dejando en el centro un enorme espacio vacío hay una cómoda y acogedora butaca en el mismo tono que el plaid de la cama. A su lado una lámpara de pie con tulipa blanca de metacrilato. En la pared del fondo de la izquierda hay un largo escritorio de madera gris verdosa con discretas patas planas metálicas. En ella, una enorme bandeja de cortesía con un hervidor, una cafetera Nesspresso, una botella de agua, varias cápsulas de café, sobres de té y otras infusiones y un juego de tazas. Una carpeta con los servicios del hotel y del room service, y un moderno flexo de trabajo. Un par de enchufes disponibles en la pared. Sobre la mesa, una televisión plana de Philips, y delante de ella, una confortable silla de trabajo giratoria y con ruedas en metal y piel blanca. Pegado al escritorio, con la misma estructura y con un gran cojín en tono plateado y la pared protegida con madera, se ofrece un maletero. 

En la pared ubicada frente a la entrada hay una terraza con vistas a la puerta principal. Protegida por un foscurit blanco y un visillo también blanco. Doble contraventana, aunque la interior, que tiene la manivela rota no cierra bien, quizá por eso se escucha algo más de lo normal los ruidos de la calle y los coches. La insonorización interior es bastante mejorable, y aunque el hotel es tranquilo se escuchan algunos portazos y algunos de los movimientos de las habitaciones contiguas (enchufar y desenchufar aparatos electrónicos, pasos, voces, duchas...). El foscurit consigue frenar la luz del exterior durante la mañana, pero sobre la puerta de entrada hay un punto de luz que no se apaga durante la noche iluminando, quizá demasiado, toda la estancia.


El baño es alargado. Nuevo. Una regleta de luz incrustada en el largo espejo que se ubica sobre la encimera situada a la derecha. Cuatro puntos de luz en el techo. Al activar la luz del techo se activa también un extractor que emite un molesto zumbido. Techo y paredes recubiertas de porcelana gris cuidada y limpia. La encimera, de silestone color arena acoge dos lavabos blancos de moderna grifería. Entre medio una bandeja de porcelana blanca presenta las amenities (gel, champú, acondicionador, crema hidratante para manos, jabón y gorro de ducha) y dos vasos de cristal. A la derecha un espejo de aumento y un secador de pelo de adecuada potencia. Un par de toalleros presentan un par de toallas de manos blancas y limpias. La presión y caudal de los grifos del lavabo quizá resulta algo escasa. Bajo la encimera, una papelera metálica. 

Frente a la encimera, y quedando detrás de la puerta, hay un radiador que se agradece especialmente al despertar por la mañana. y encontrar el baño caliente. Además el inodoro. En el fondo del baño se ubica la cabina de ducha. Larga aunque un punto estrecha, con suelo en color arena clara y paredes en gris oscuro con unos azulejos que representan en grande un claustro de algún monasterio seguramente de la ciudad. La grifería es nueva: una ducha de teléfono y una regadera elevada de efecto lluvia. Presión, caudal y temperatura resultan excelentes. En un rincón una bandejita para dejar el jabón y en una de las paredes un toallero que ofrece dos toallas de ducha. Correctas de tamaño, calidad y cuidado. El espejo, que queda algo bajo para las personas que somos demasiado altas dispone de tres zonas antivaho: dos sobre cada uno de los lavabos y otra alargada que corre en la parte superior del mismo bajo la luz.

Por la mañana, en una cafetería moderna algo recargada se ofrece un buffett de desayuno. Una consola central recoge la variedad de productos y alrededor de ella se ubican las mesas de distinto tipo (normales, altas...) vestidas con manteles individuales reutilizables y servilletas de papel. El surtido es amplio y generoso muy al estilo de la cadena: enorme variedad de zumos naturales (incluyendo frutos rojos, kiwi, y algún otro más exótico), platos calientes (huevos revueltos, bacon, verduras asadas, salchichas, chorizo, tortilla...), fiambres (jamón de york, pavo, chorizo, salchichón, jamón...), quesos, cereales, fruta cortada y preparada, minibocadillos, sandwiches, distintos tipos de pan, tomate triturado... El café no es muy malo y lo ofrece una ruidosa y moderna máquina. 
  
En el mostrador, al despedirnos, se sigue el típico procedimiento de preguntar por el minibar. Al menos la intención es un poco más cálida que en la llegada.

Calidad/precio:
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 8
Estado de conservación: 8
Desayuno: 8
Valoración General: 8

domingo, 4 de octubre de 2020

ATIRAM ARENAS (BARCELONA)

HOTEL ATIRAM ARENAS (****)
Capitán Arenas 20
08034 Barcelona

Habitación: 801
Entrada: 20/1/2020
Tarifa: 63 SA

Encontramos este hotel en la zona alta de Barcelona, a un paso de la Diagonal y rodeado de las calles más exclusivas de la ciudad. Un edificio de nueve plantas empotrado en una manzana de viviendas de una amplia y luminosa calle en cuesta. Ante una ancha acera con árboles, y rodeado de un pequeño y poco afortunado jardín, con unos mástiles sin bandera, nos topamos con media docena de escaleras de granito rosado que nos suben hasta la recepción del hotel a la que se accede tras un pequeño dosel en forma de frontón, pisar una alfombra en tono oscuro y dos puertas de cristal correderas automáticas.

Dentro la sensación es algo desangelada. Como si faltara decoración. A la izquierda y rodeado de ventanas a la calle hay un par de butacas blancas y un sofá largo. Al fondo, algo oculto queda la barra de la cafetería y el acceso a un salón. Pero el espacio intermedio queda simplemente vacío, con un suelo de granito oscuro bastante poderoso. A la derecha, tras dos escalones encontramos los ascensores, y antes, el mostrador de recepción. Poderoso, hecho como de un armario lleno de pequeños cajones. Un par de puestos de trabajo en cada extremo, en medio una tablet sobre la que firmamos el bienvenida. En un extremo, dos frascos con chucherías a disposición de los clientes, nos alegran la llegada. 

Una joven nos atiende. Rápida, eficaz y amable. Nos explica el funcionamiento del wifi que es libre y gratuito en todo el hotel, y que además funciona estupendamente. Seguimos avanzando hacia la derecha, subimos un par de escalones más y nos encontramos con los ascensores, junto al lado de la puerta a la que se abren unas amplias escaleras. Son antiguos, de apertura manual con una puerta interior automática en forma de fuelle. Pese a su antigüedad, están bien cuidados. El interior, que es escaso de altura, está renovado con paredes en plástico gris con el logotipo del hotel y una pantalla de televisión con información sobre la ciudad, el tiempo... En la pared del fondo un espejo algo oscuro.


Al salir del ascensor encontramos un ancho pasillo. Paredes en gris, techo blanco algo anticuado con molduras, pero muy cuidado. Moqueta azul en el suelo bastante limpia. Varios puntos de luz con pantallas de cristal en las paredes ofrecen una sensación algo fría y anticuada. Puertas en blanco con unos adhesivos grandes con el número de la habitación. 

Tras la puerta, la moqueta se convierte en una madera un poco oscura muy bien cuidada. No hay ranura para activar la luz sino un interruptor blanco. Primero, un corto pasillo de techo bajo y paredes blancas. A la derecha, la puerta del baño, antigua pero lacada en blanco y con un renovado pomo dorado. Y antes de entrar en dormitorio un antiguo interruptor para activar el aire acondicionado, que en nuestro caso, no funciona, aunque tampoco lo necesitamos. En el lado izquierdo, además de los sistemas eléctricos hay un espejo horizontal, situado en la parte superior de la pared con un feo marco en tono plateado. 

El dormitorio resulta muy espacioso, aunque igualmente desangelado. La decoración brilla por su ausencia. Paredes blancas, y nada más. Junto a la puerta hay un sencillo escritorio de madera blanca. Sobre él una lámpara de trabajo, varios folletos del hotel, y una bandeja con una cafetera y dos tazas. Además, una tarjeta del hotel que nos da la bienvenida y nos ofrece un botellín de agua y una bolsa de tela de recuerdo del hotel. Sobre la mesa cuelga de la pared un televisor plano excesivamente pequeño. Bajo el escritorio, además de una papelera de plástico en colo crudo, un minibar, en uso, pero vacío. Además allí detrás podemos encontrar algún enchufe libre disponible para nuestros aparatos electrónicos. Entre la mesa y la ventana, que se encuentra en la pared del fondo hay una lámpara de pie de metal blanco, con luz hacia arriba y un brazo articulado para la lectura. A su lado, una butaca de piel oscura algo incómoda. 

A la derecha del dormitorio quedan las camas. Dos. generosas. Blancas. Cada una con una almohada grande y otra más pequeña. Vestidas en blanco con suaves sábanas y un agradable edredón nórdico. El colchón es sumamente cómodo. Aparecen empotradas contra un cabecero de madera oscura. En él hay enchufes disponibles y dos brazos de luz dirigibles. Sendas mesillas, muy sencillas de madera blanca con cajón y diseño algo moderno. Sobre una de ellas el teléfono. En la otra, un folleto del hotel. En el techo de la habitación hay una lámpara de cristal de luz bastante fría. Si la obviamos el resto de luces (la lámpara blanca que hay junto al escritorio, y las luces de las mesillas) permiten crear un ambiente algo agradable. 

En la pared del fondo encontramos un enorme armario de tres cuerpos, con puertas de madera oscura con espejos. En su interior barras colgadoras con escasas perchas de plástico negro. Además algunos cajones y una caja fuerte. En el otro lado del armario, está la ventana. Doble de hojas correderas. Con vistas a la puerta principal y gracias a la altura alguna vista de la Diagonal y del sur de la ciudad. Pese a ser doble la insonorización no es muy buena y se escuchan los ruidos de la calle. Igualmente la puerta de la habitación no termina de cerrar bien, y debido al temporal que hay fuera no deja de golpearse con la fuerza del viento y de alguna corriente de aire interior. El foscurit no consigue frenar la luz exterior, y las rendijas de la puerta hacen que la luz del pasillo también se cuele en la habitación. El hotel en general resulta tranquilo así que no se escuchan voces en las habitaciones cercanas, aunque de vez en cuando se escucha un ruido como de un motor posiblemente del ascensor.


El baño resulta espacioso. Aunque tiene un aire algo trasnochado está bien cuidado y muy limpio. Mármol marrón en suelo y paredes. A la derecha de la puerta una encimera de mármol con el lavabo blanco empotrado en ella. Por delante, en una barra metálica cuelgan dos toallas de lavabo, de tamaño, limpieza y calidad adecuadas. Grifo moderno monomando, con adecuada temperatura, caudal y presión. Por encima del lavabo, una pequeña repisa, también de mármol sobre la que hay dos vasos de cristal y dos piezas de jabón de manos. Ahí terminan todas las amenities que ofrece el hotel, aunque gel y champú se encuentran en sendos dispensadores anclados a la bañera. Encima del lavabo, un espejo hasta el techo. Debajo de la encimera, una papelera metálica en color blanco. Dos puntos de luz iluminan esta zona, escasamente. En la pared de la derecha, un viejo secador de pelo de escasa potencia.

A continuación del lavabo hay un bidet y después un inodoro algo bajo. Junto a él además del portarrollos hay un dispensador de bolsitas higiénicas de plástico. Encima, dos ventanas modernas de aluminio blanco no practicables. 

A la izquierda de la puerta, quedando detrás de ella, la bañera. Protegida con una mampara de cristal ofrece una grifería monomando algo antigua pero que funciona a la perfección. Caudal, temperatura y presión muy correctas en una ducha de teléfono quizá demasiado sencilla. En un artilugio metálico que cuelga de la pared se ofrecen dos grandes botes de gel y champú. En un algo alejado toallero se ofrecen sendas toallas de baño limpias y generosas de tamaño, junto a un pie de ducha también en blanco. 

Por la mañana cuando bajamos a recepción, no hay nadie tras el mostrador. Pronto llega un hombre dispuesto a cobrarnos y entregarnos la factura mientras nos pregunta por el descanso y nos ofrece su simpática ayuda para continuar nuestro viaje.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 8
Ambiente: 6
Habitación: 6.5
Baño: 8
Estado de conservación: 6.5
Desayuno:
Valoración General: 7.5

miércoles, 23 de septiembre de 2020

HOTEL SARAY (GRANADA)

HOTEL SARAY (****)
Profesor Tierno Galván 4
18006 Granada

Habitación: 107
Entrada: 23/1/2020
Tarifa: 63 A+D

Junto al Palacio de Congresos de la ciudad, aunque no lejos del centro de la misma, en una avenida amplia y luminosa de la zona de expansión de la misma, nos recibe este hotel en un edificio de siete plantas de color rosado con dos grandes torres y una zona central por la que suben tres ascensores panorámicos. A pié de acera debemos sortear unas cuantas escaleras -también hay rampa- que atraviesan un pequeño jardín con un gran dosel de acogida, fuentes y chorritos de agua, maderas y celosías con un punto árabe... hasta dejarnos junto a sendas puertas de cristal correderas automáticamente. 

Traspasadas las puertas nos recibe un gran espacio. Mármol blanco en el suelo, paredes igualmente rosas. Ventanas disfrazadas de corte árabe en un techo rematado en un artesonado en madera. En el centro del espacio una pequeña fuente rodeada de plantas. Luz algo fría. Sensación de amplitud, pero también con un punto anticuado. Al fondo, y como si estuvieran bajo unos arcos de inspiración oriental encontramos los dos poderoso mostradores de recepción. Uno de ellos no se utiliza. En el otro hay tres pantallas de ordenador, algunos folletos del hotel y un mujer que nos recibe amablemente. El proceso es algo lento, porque trata de buscarnos una habitación con cama grande para que podamos descansar mejor. Al final lo consigue. Nos entrega la llave de la habitación, nos hace firmar los documentos de bienvenida y nos explica el horario del desayuno. Nos da un folio con la contraseña para el wifi que es veloz y gratuito en todo el hotel.

Volvemos sobre nuestros pasas para alcanzar los ascensores. Son tres, no son nuevos pero tampoco viejos y aparecen bien cuidados. Las puertas de metal automáticas nos dan acceso a un espacio en forma de rombo, con suelo de mármol, paredes de cristal panorámicas con vistas al jardín de la entrada y a la calle principal. Antes de los cristales, una zona de espejos oscuros en los que se ubica la botonera moderna y una pantalla con información del hotel y de la ciudad.

Tras la puerta del ascensor un gran recibidor que corre a derecha y a izquierda. Carteles dorados que indican la dirección de las habitaciones. Mármol blanco en el suelo, paredes blancas, algunas ventanas a la puerta principal con aluminio negro y más maderas como con celosías árabes, que para algo estamos en Granada. Terminado el recibidor, encontramos el pasillo de las habitaciones donde el suelo muta a moqueta verde clara. Algunos armarios eclécticos, sillas de corte castellano y una luz blanquecina demasiado fría. Así, alargado, se presenta el pasillo de las habitaciones, con puertas bastante nuevas en madera clara. 

La puerta se abre introduciendo de forma horizontal la tarjeta en una ranura y tras un pitido, se desbloquea la cerradura y podemos entrar en la habitación. A la izquierda la ranura para meter la tarjeta y un interruptor de luz en plástico de color metálico. Suelo de madera oscura limpia y cuidada. Paredes en vescom blanco con un rodapié, algo machacado, en negro. En el pasillo que nos lleva hacia el dormitorio el techo es de madera, con dos puntos de luz y algunas rendijas de retorno del aire acondicionado. En el lado izquierdo, tras dos puertas correderas de espejo con marco en aluminio dorado está el armario. En su interior, una barra colgadora con perchas normales de varios tipos personalizadas con el logo de la cadena, tres cajones, la caja fuerte, la bolsa de la lavandería, una gamuza lustrazapatos y una balda superior con un edredón suplementario.

A continuación del armario hay otro armario de madera negra exento, de media altura, rematado con unas lamas metálicas que hace las veces de maletero. Bajo él, en el interior encontramos el minibar, con un surtido de aguas, cervezas, zumos y refrescos y precios algo desorbitados. Justo enfrente del armario queda la puerta de madera, con molduras y pomo dorado, del baño. 

El dormitorio es de tamaño adecuado. Quizá le sobra largura y le falta anchura. Junto al maletero, y ya dentro de este espacio, hay una papelera negra de plástico y a continuación un escritorio de forma ovalada situado frente a un enorme espejo, del que cuelga una televisión plana. A cada lado del espejo dos trozos de madera negra enmarcándolo. Bajo el escritorio, dos armarios, uno a cada lado, y una silla de madera oscura tapizada en tela casi negra. Sobre el escritorio, unas latas con aceitunas, frutos secos y dulces, un vade y un portacartas en tela marrón con varios folletos del hotel. El espacio que queda entre el pie de la cama y el escritorio quizá sea demasiado justo. A la derecha del escritorio hay un enchufe disponible en el que poder conectar los aparatos tecnológicos. A continuación y antes de la ventana hay una lámpara de pié en metal, y piel con una estrecha pantalla en tela negra. 

La ventana, de aluminio blanco es algo endeble y pese a que la zona es tranquila se escuchan algo los ruidos de la calle y no aísla bien del frío exterior. Vistas a uno de los andadores laterales del hotel. Protegida por un leve visillo blanco y un foscurit algo envejecido en tonos marrones de distinta intensidad. Por la mañana es insuficiente para frenar la luz que entra del exterior. Bajo la ventana una butaca de metal tapizada en piel negra y una mesa de centro redonda en metal y madera oscura. 

A la derecha del dormitorio se ubica la cama. Grande para ser individual, algo justa de tamaño para ser doble. Blanca, vestida con suaves sábanas y un ligero edredón nórdico. A los pies un plaid de terciopelo color marrón oscuro. Cuatro almohadas de distinta dureza. Aparece empotrada contra un cabecero de piel blanca sobre el que hay otro enorme espejo rematado en dos trozos de madera oscura, simétrico a lo que hay en la pared de enfrente con el escritorio. A cada lado hay dos mesillas de metal y madera negra, sin cajones, que quedan algo separadas de la cama. En una de ellas el teléfono, un bloc de notas, un lapicero y la carta de almohadas. Sobre ambas, interruptores para apagar todas las luces, que quedan algo alejados de la cama. En un lado hay un potenciómetro como para el hilo musical (que no funciona) y en el otro hay un enchufe disponible. Sobre las mesillas hay dos pequeñas luminarias y sendas lámparas de brazos dirigibles para la lectura. Con la cantidad de luces que hay en la habitación se pueden conseguir ambientes bastante efectistas. 

El display del aire acondicionado queda a la entrada del dormitorio y dispone de una pantalla digital y botones para manejar la temperatura y la potencia. Es eficaz, aunque su activación está retardada en el tiempo y su sonido, quizá un punto excesivo. El descanso es sencillo porque el hotel es tranquilo y la zona también. Sin embargo, por debajo de la puerta de entrada entra a raudales la luz del pasillo. Además a lo largo de la noche se escucha un leve zumbido como de algún sistema eléctrico.

El baño resulta justo de tamaño. El suelo mantiene la madera. Parece reformado. Las paredes cubiertas de baldosas de porcelana blanca. Junto al suelo y junto al techo hay un par de cenefas de color azul. A la izquierda de la puerta el inodoro. Sobre él un teléfono. A su izquierda un bidet con tapa, y sobre él, un secador de pelo potente. Frente a la puerta encontramos la encimera, de mármol blanco con el lavabo incrustado en ella. El grifo monomando, algo, viejo ofrece una excelente temperatura pero le falta caudal y presión. En una cesta de plástico se presentan las amenities: dos botes de champú, dos de gel, un gorro de baño, un set de afeitado y un juego de algodones y bastoncillos. Sobre el lavabo, un espejo grande. En el techo tres puntos de luz, descentrados respecto al espejo lo que genera algunas sombras a la hora de verse en este. A la derecha, en la pared, un espejo de aumento, una caja metálica con pañuelos de papel y una barra con dos toallas de lavabo blancas, personalizadas para la cadena, mullidas, limpias y nuevas, como el resto de la lencería: dos toallas de baño ubicadas en la bañera y un pie de ducha de generoso tamaño.

La bañera queda detrás de la puerta y tras la pared que queda a la derecha del lavabo. Su interior resulta un poco oscuro. Dentro, además del toallero con dos grandes toallas de baño encontramos una grifería termostática algo usada. Arriba, y anclada a la pared, un grifo de ducha fijo, de tipo americano algo antiguo también. Temperatura excelente y presión magnífica, pero le falta un punto de caudal. 

Por la mañana, justo debajo de la recepción y accediendo tras bajar unas escaleras con vistas a la piscina se ofrece el desayuno en un salón largo con decoración árabe. En el centro se ubica un largo mostrador en el que se ofrecen todos los productos del buffet: zumos naturales, aguas, fruta cortada, embutidos, quesos, jamón, cereales, platos calientes (huevos fritos, revueltos, champiñones, bacon, tomate asado, salchichas, chorizos...), distintos tipos de panes, bollería, churros... Hay un rincón dietético y otro sin gluten y quizá se echa en falta algo más de productos propios y típicos de la zona. Una máquina de café moderna dispensa uno más que aceptable. Las mesas, vestidas con manteles individuales de rejilla y servilletas de papel resultan un poco grandes. 

En el mostrador, un recepcionista revisa nuestra cuenta al decir que nos vamos, y con simpatía nos despide hasta una próxima vez.  


Calidad/precio: 8.5
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 8
Valoración General: 8

lunes, 7 de septiembre de 2020

BAROSSE (JACA - HUESCA)

BAROSSE (****)
Estiras 4
22712 Jaca (Huesca)

Habitación: Ermita
Entrada: 27/12/2019
Tarifa: 198 A+D

En una pequeña pedanía a dos kilómetros de Jaca, bajo la Peña Oroel, rodeado de modernos chalets para enamorados de las montañas, en medio del silencio sólo roto por el tañido de las campanas de la antigua iglesia, encontramos Barosse. Una casa nueva, construida con viejos sillares en medio de un pequeño jardín cuidado y decorado con velas, estanques... y fabulosas vistas a la primera línea de los Pirineos.

Al hacer la reserva preguntamos por cómo llegar hasta allí tras nuestra etapa del Camino de Santiago, y ya nos sorprende que el propio Gustavo (uno de los propietarios) se ofrezca a recogernos en su coche. Si eso no es hospitalidad...

Tras la puerta principal de la casa nos abre José, el otro propietario, que nos recibe en un espacio poco definido que hace de recepción. No es grande, más allá que un recibidor de una casa de ese tamaño. A la derecha una abigarrada estantería llena de productos a la venta (desde humidificadores a vinos pasando por embutidos de la zona). A la izquierda una mesa decorada de Navidad con rosas y una lámpara de mesa. Frente a la puerta, junto a una puerta sobre la que hay un cartel que indica el nombre de la habitación Iglesia, hay un aparador y un atril con un libro de firmas. Paredes blancas. Aroma a incienso muy suave. Luz. 

José nos ve cansados de la caminata así que sin más nos entrega la llave de la habitación y de la casa en un llavero de madera con el nombre "Ermita" grabado en él. Mientras nos explica el funcionamiento del wifi gratuito y veloz en todo el edificio se hace cargo de nuestro equipaje y nos invita a bajar por las escaleras que nacen allí mismo con la promesa de enseñarnos el comedor (donde además de una chimenea hay un servicio de café y te gratuito para los huéspedes y un bar a disposición de los clientes en el que prepararse una copa y anotar la consumición en un papel) y la sala de estar, con varios sofás, una pequeña biblioteca y una chimenea. 

Desde esa sala, salimos de nuevo al jardín. A la derecha una pequeña fuente completamente helada. Sobre el césped un par de árboles de Navidad hechos de luces. A la izquierda, una construcción exenta, con un ábside y piedras de mampostería como si de una ermita se tratara. Bajo un túnel creado con una enredadera encontramos la puerta, de madera, con llave normal. Un felpudo separa el suelo exterior del interior.

Tras la puerta suena de fondo una música que proviene de un formidable bafle conectado a un iPad con varias listas de música, aunque también podemos conectar nuestros dispositivos. Queda detrás de la puerta un armario de madera negra y cristal, sobre el que hay una pecera con plantas, que ofrece una botella de agua de cortesía con un par de vasos de cristal rojo. El resto de la habitación se abre hacia la derecha. Tejado a dos aguas de madera gris muy cuidada. En el centro un ventilador de techo. Suelos de porcelana marrón muy limpia.

Delante de la puerta, sobre una alfombra de esparto se ubican dos cómodas butacas tapizadas en marrón con una mesa redonda de centro en madera y mármol. Quizá les falte una lámpara de lectura. Sobre la mesa, además de una guía de hoteles de la cadena, un jarrón con una vela encendida. Tras el conjunto se encuentra la cama. Sumamente confortable. Una sola cama formada por dos colchones sin que apenas se note la junta. Suaves sábanas y un nórdico recubierto en tonos azules grises y blanco con motivos vegetales. Cuatro almohadas y dos cojines. Un cabecero de forja clásico y todo ello apoyado sobre una pared de mampostería como si fuera original de la ermita. A cada lado sendas mesillas de corte antiguo, en madera con tapa de mármol. Sobre ambas, altas y estilizadas lámparas de noche de metal y cristal  terminadas en clásicas tulipas de tela como de leopardo. Sobre las mesillas dos velas con portavelas. En la pared, dos apliques de metal de motivos vegetales con cristales de colores que dan más luz, aunque no suficiente para la lectura desde la cama. Una pera enrollada entre los barrotes del cabecero permite apagar las luces de los apliques de la pared. Todas las luces, indirectas, permiten crear distintas atmósferas bastante agradables. Hay que mover las mesillas para encontrar un par de enchufes disponibles tras ellas, aunque junto a la puerta de entrada hay otro con unos cuantos.

Junto a la mesilla derecha hay una puerta de madera y cristal que permite el acceso a un jardín privado con impresionantes vistas a las montañas pirenaicas.

A la derecha de la puerta hay un armario exento, de madera y puertas de cristal cubierto de tela. De corte clásico. En su interior dos baldas forradas de terciopelo rojo y leopardo, y una barra colgadora con una docena de perchas de distintos formatos (pantalones, chaquetas, con pinzas para faldas...). Además un par de albornoces y zapatillas. Cuando José nos explica todo se ofrece a traernos un albornoz más grande y acorde con nuestra talla. Junto al armario un enorme ventanal al jardín. Cubierto por una cortina blanca y unos portillos que lo aíslan del frío y la luz. 

En la pared de enfrente a la puerta, en el rincón, encontramos una hermosa chimenea metálica preparada para encender el fuego (leña, pastillas y cerillas). Junto a ella un juego de herramientas para controlar el fuego y una cesta metálica con leña de sobra. A continuación el pequeño armario antiguo de madera con un espejo, como de lavabo antiguo, con el iPad y el altavoz. Y a continuación ocupando toda la pared, un enorme espejo con un marco de madera dorado de corte clásico. Diseminados por las paredes algunos corazones coloridos con alas, con fuego, de espejos...

La sensación es agradable, cálida. La decoración sutil. El descanso es reparador. El silencio resulta sobrecogedor, y la oscuridad es total hasta la mañana, cuando por la ventana del baño ubicada en el ábside y cubierta con un cristal como nacarado se cuela la luz de la mañana. Lástima que de vez en cuando se escuche un chasquido como de la puesta en marcha de un sistema electrónico para controlar algo de la habitación. Si no, el silencio sería total.

El baño está separado de la habitación sólo por dos muros que no llegan hasta el techo y un vano protegido por unos leves visillos grises recogidos con lazos en los muros. A la derecha encontramos el inodoro, con cisterna incrustada en la pared, y bajo una pequeña ventana protegida con un rete antimosquitos y vistas al jardín. A su lado, cuelga de la pared un perchero antiguo con tres ganchos. 

A la izquierda del baño está el lavabo. Único, de porcelana blanca y con encimera, sobre ella un bote negro decorativo y una cesta de porcelana en forma de bañera con las amenities (de Clarins -champú, gel, crema corporal y jabón de manos-). La pared que rodea el baño está alicatada en porcelana verde brillante de pequeñas y cuadradas baldosas hasta media altura y de ahí al techo, de pizarra y en una bolsita de tela se ofrecen tizas para pintar. Sobre el lavabo, un antiguo espejo ovalado con marco metálico. Los curiosos interruptores encienden dos bolas de luz ubicadas a cada lado del espejo, pero insuficientes para el maquillaje y verse bien. En un hueco de la pared, dos vasos de cristal. Bajo el lavabo una papelera y un armarito de madera con dos cajones en los que se ofrece el correcto secador de pelo. La grifería  monomando funciona a la perfección. En todos los grifos temperatura, caudal y presión envidiables. 

De frente encontramos en perpendicular al ábside una enorme bañera de hidromasaje. Casi doble, con sendos reposacabezas de piel oscura. En la pared de mampostería del ábside se ofrecen varias velas grandes para crear bonitas sensaciones lumínicas. En el techo, una regadera efecto lluvia increíble tanto por su caudal como por la instantaneidad de la temperatura. Suerte del enorme tamaño de la bañera que hace que no saquemos demasiada agua fuera al ducharnos. Además de los albornoces, el fenomenal set de lencería se completa con dos toallas de lavabo y dos de ducha. Todas ellas blancas, generosas, mullidas, nuevas y limpias. Además un enorme pie de ducha. Todo ello se ofrece en unos antiguos toalleros metálicos con angelotes y corazones. 

Por la mañana en el salón del edificio principal se sirve el desayuno buffet, aunque José siempre está pendiente por si queremos alguna otra cosa. Una mesa comunal que se comparte con el resto de huéspedes, la chimenea encendida, música suave sonando de fondo. Zumo de naranja, o de manzana, zanahoria y jengibre, embutidos y quesos de la zona, fruta cortada, tortilla de patata, pan, yogures especiales de vaca, cereales preparados especialmente para la casa, croissants recién hechos, trenza de Almudévar y bizcocho casero, mantequilla y mermeladas. Una enorme colección de tés y una cafetera de Nespresso permiten recrearse a primera hora de la mañana. Que el horario del desayuno empiece a las 9 indica que allí se va a descansar y desconectar. Aunque José nos avisa que si necesitamos desayunar antes, no hay problema y que nos lo prepararían.

Luego, en ese recibidor que hace de recepción, Gustavo desde el móvil nos prepara la factura, recogiéndonos los datos que no entregamos a la llegada porque José nos ahorró el trámite en favor de nuestro descanso. Nos pregunta por nuestra estancia, por si nos ha gustado, nos ofrece varias indicaciones para seguir nuestra ruta y nos invita a volver pronto.

Calidad/precio: 10
Servicio: 10
Ambiente: 9.5
Habitación: 9.5
Baño: 10
Estado de conservación: 10
Desayuno: 9.5
Valoración General: 9.5

miércoles, 1 de julio de 2020

EUROSTARS BOUTIQUE SEVILLA (SEVILLA)

EUROSTARS BOUTIQUE SEVILLA (****)
Abades 41 43
41004 Sevilla
Habitación: 207
Fecha de entrada: 8/11/2019

Tarifa: 

Un palacio restaurado, en el mismo corazón de la ciudad, en una estrecha calle a la que resulta incluso complicado acceder en coche. Una fachada pintada en granate. Cuatro alturas y pocas ventanas diseminadas de forma irregular por las fachadas. La puerta está casi en la esquina del edificio, justo donde comienzan las calles peatonales que en dos pasos nos dejan a los pies de la Giralda. 

Las puertas de cristal, correderas automáticamente con el logotipo del hotel se ubican tras un gran portal de puertas de madera permanentemente abiertas. Nos dejan en la recepción. Un espacio pintado en blanco con luces algo amarillentas, techo alto y negro del que cuelga una bola de luz en color marrón oscuro. Suelo negro, al igual que la zona de mostradores de recepción. La sensación, pese a la fría noche es cálida y acogedora. Quizá notemos un extraño olor a humedad al fondo. 

A izquierda hay una mesa de centro con unas flores y una puerta cubierta con una sugerente foto nocturna de la Giralda. A la derecha queda el serio mostrador de recepción, separado en dos por una gruesa columna. Los dos puestos de trabajo, uno a cada lado quedan como encajados en sendos cubículos de techo bajo y decorados en la parte trasera con una pared almohadillada en piel negra como de capitoné. Sobre los mostradores algunas informaciones del hotel y las pantallas de los ordenadores. Una joven nos atiende simpática. Rápidamente nos entrega un sobre con la llave del hotel y alguna información comercial sobre paseos de la ciudad. Nos pide el DNI que copia rápidamente sobre un papel. No nos dice nada del desayuno pero si nos explica la clave del wifi que es veloz y gratuito por todo el establecimiento. Agradecemos la rapidez sobre la exhaustividad de las explicaciones dado lo avanzado de la noche. 

Frente a la puerta de entrada hay cuatro escalones que hemos de subir. A su izquierda hay una pantalla con vídeos de otros hoteles de la cadena. A la derecha hay un elevador de metal y cristal, algo aparatoso, para que las personas con movilidad reducida puedan salvar esa diferencia de nivel. Antes de llegar al patio (con el techo cerrado con una cristalera) sobre el que gira todo el hotel encontramos a la izquierda un bonito carro portaequipajes de factura clásica. Suelo de porcelana negra muy brillante recibe un bonito patio cuadrado, moderno pintado en tonos crudos y negros como una versión moderna de un clásico patio andaluz. Un arbolito en el centro, plantas, sofás, butacas, mesas de centro, pequeños rincones para la lectura o la tertulia. Varias salas de estar, el salón de desayunos y bajo la escalera, majestuosa, una pequeña barra de bar de corte clásico inglés con capitoné negro. Toda la decoración es a base de grandes cuadros abstractos muy coloristas y de figuras taurinas del mismo estilo. Todo ello supuestamente a la venta, da un toque moderno a rompedor al espacio, ya de por si curioso. 

En un extremo, junto a una puerta abierta que da a la escalera de incendios y a unos aseos, se encuentra el ascensor, moderno, impecablemente cuidado, de puertas automáticas negras. Botonadura nueva. Espejos a ambos lados. También hay puertas a ambos lados. Cuando estas se abren en el primer piso abierto al patio encontramos nuestra habitación allí mismo. Una gran puerta negra con números grandes metálicos colocados en vertical sobre la misma. 

Introducimos la llave en la cerradura y allí mismo se abre la habitación. Descomunal. Cuadrada. Con un techo a casi 7 metros de altura rematado con un espectacular artesonado en madera bajo el que hay una bonita cenefa de escayola con decoración clásica. En la pared de la puerta hay dos vanos a modo de ventana. Uno, a tres metros de altura como una vidriera con cristales de colores y motivos heráldicos. Con un mando que hay sobre el escritorio se puede bajar automáticamente una persiana para evitar la luz exterior (del patio) durante la noche. El otro vano queda casi a ras de suelo y se trata de otra descomunal ventana con vistas al pasillo del hotel, es decir al patio. Ninguna de las dos ventanas son practicables, y no hay por tanto ninguna ventilación hacia el exterior. La ventana que da al patio aparece protegida por un foscurit claro y una cortina blanca ambos colgando de una barra metálica. Lástima que la tela sea corta y queden a ambos lados rendijas por las que se cuela bastante la luz del exterior durante la noche. 

Suelo de cuidada, limpia y brillante porcelana negra. Paredes pintadas en marrón claro, salvo la del cabecero de la cama que está pintada en negro y en la que se apoya un gran cabecero de capitoné en terciopelo de color verdoso rematado con una discreta lámpara metálica alargada, más decorativa que otra cosa. El espacio es descomunal. La sensación es de calma, majestuosidad y amplitud. Cierta elegancia en tonos algo oscuros, quizá falte algo de color más vivo. La temperatura adecuada y la iluminación quizá algo escasa para un espacio tan grande. 

A la izquierda de la puerta encontramos un minibar exento sobre el que hay un jarrón con flores artificiales blancas. El surtido del mismo es adecuado, aunque no hay bebidas alcohólicas y los precios son algo caros. A continuación un largo escritorio de madera negra de corte clásico y elegante. La parte superior está protegida por un cristal y sobre él se acumulan una lámpara de mesa de color plata, folletos e información sobre el hotel, sobre el servicio de habitaciones, un servicio de masajes y al final una bandeja de cortesía con varios servicios de café y té y máquinas (de Nespresso) para prepararlos. Bajo la mesa, una papelera metálica negra y una silla clásica en torno verdoso plateado  no demasiado cómoda para trabajar. Sobre la mesa hay varios enchufes disponibles para los aparatos electrónicos y colgando de la pared un cuadro en blanco y negro con escenas de cine.  Junto al escritorio, en un carro de metal y cristal una gran pantalla de plasma con un lector de DVD debajo y dos discos con Forrest Gump y una colección de clásicos del cine. Además algunas revistas de estilo de vida. 

En la pared del fondo encontramos un maletero de metal y tiras de tela negra junto a un enorme armario exento en color negro y de líneas clásicas. En su interior, que puede iluminarse con una lámpara de led alargada encontramos la caja fuerte, la bolsa de la lencería, una tabla de planchar, una plancha, varias perchas normales de distintos formatos, un colgador largo y varias baldas. En una de ellas encontramos un par de albornoces y sendas zapatillas de baño. Junto al armario hay una lámpara moderna de color negro y un par de cuadros con fotos de actores de cine. Al lado una gran butaca tapizada en terciopelo morado. 

A los pies de la cama hay un gran sofá tapizado en morado, sobre una alfombra redonda en tono arena. La cama es grande, hecha con la suma de dos colchones, aunque las juntas apenas son perceptibles en el medio. Cuatro almohadas de distinto grosor, tamaño y dureza y dos pequeños cojines también en morado. Un nórdico suave en blanco. Todo muy confortable. A los pies un plaid también en morado. A ambos lados de la cama hay sendas mesillas de madera en tonos verdes metálicos con cajones. Sobre cada una de ellas unas lámparas de noche de cristal y tulipa de color plata. Quedan demasiado lejos de la cama y la luz no es suficiente para poder leer o trabajar desde la misma. Sobre una de ellas el hotel ofrece un libro de relatos editado por la cadena. Sobre la otra un pequeño bloc de notas, un bolígrafo y un teléfono. Sobre ambas, interruptores para apagar casi todas las luces de la habitación. Lástima que no haya enchufes disponibles y tengamos que desconectar las lámparas de noche para poder cargar cerca de la cama los aparatos electrónicos. 

A la derecha de la puerta, encontramos la ranura para introducir la tarjeta y activar la luz y el display del aire acondicionado, que resulta poco claro. Aunque su funcionamiento es muy efectivo y silencioso. Una columna retranqueada en la pared sirve de elemento decorativo a una zona, junto a la ventana que da al pasillo con otra butaca morada y una mesa de centro en tono plateado con una pequeña flor. 

El descanso es fácil ya que el hotel es silencioso. La insonorización interior (a excepción de los baños) es formidable. Y la exterior colosal al no haber ventanas a la calle. Lástima que entre la luz de emergencia que hay sobre la puerta y la que se cuela por el vano que da al patio, no se consiga una oscuridad total. 

Si la habitación era grande, el baño no le va a la zaga. Se mantiene el mismo suelo de porcelana negra aunque con baldosas más pequeñas. Alicatado hasta media altura y el resto pintado en blanco. A la izquierda encontramos una larga encimera sobre la que se recogen dos grandes lavamanos exentos en porcelanta blanca. Dos grifos elegantes que quedan demasiado cerca de la tina por lo que apenas queda hueco para lavarse las manos. Cuelgan de la encimera dos barras metálicas con sendas toallas de mano. Entre los dos lavabos, en una bandeja de porcelana blanca algo cascada se ofrece las amenidades de baño: dos botes de champú, dos de gel y uno de crema hidratante, un jabón de manos y un gorro de ducha. Todo ello de la marca Aroma de Ibiza propio de la cadena. Dos vasos de cristal y un espejo de aumento completan el espacio. Encima de la encimera se ofrece un enorme espejo hasta el techo. Bajo ella en unas baldas un secador de pelo de generosa potencia y dos mullidas toallas de bañera que completan el set de lencería. Todo ello con el logotipo de la cadena, en blanco y bien cuidado. 

A la derecha se ofrece una espectacular bañera exenta de corte antiguo con una grifería moderna. El conjunto es realmente impactante porque a su lado encontramos una enorme cabina de cristal que recoge la ducha. En su interior, un grifo termostático algo complicado de manejar y una regadera efecto lluvia anclada en el techo. La presión, el caudal y la temperatura son excepcionales. Lástima que el sumidero no trague suficiente agua y por debajo de la puerta acabe cayendo el sobrante de agua encharcando gran parte del baño. Junto a la ducha hay una ventana de aluminio blanco y cristal opaco que deja pasar la luz exterior. Quizá la iluminación pudiera ser más efectista, especialmente en la zona de la ducha. Bajo la ventana hay un inodoro y un bidet. 

En un pequeño salón abierto al patio se ofrece por las mañanas el desayuno. Un gran surtido de platos calientes (huevos revueltos, salchichas, chorizo, bacon...), fríos (jamón, chorizo, pavo, variedades de quesos...) zumos, bocadillitos, cereales, bollería crujiente, donuts, diversos tipos de lácteos... acompañados de un café que se sirve en una ruidosa máquina pero de buena calidad. 

Después, en la recepción se acumula el trabajo y hemos de esperar pacientemente hasta que nos toca el turno de decir que nos vamos. Nos preguntan por el minibar y con una sonrisa nos ofrecen ayuda para continuar el viaje. 

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 8
Estado de conservación: 9
Desayuno: 8