miércoles, 24 de febrero de 2021

ERBA PILLOW (GERONA)

ERBA PILLOW (**)
Carrer Ultonia 1
17002 Girona 

Habitación: 206
Fecha de entrada: 29/10/2020
Tarifa: 47€ (SA)

No lejos de la estación del tren, en la zona más moderna y comercial de la ciudad, pero a un paso del casco histórico. Un antiguo hotel de toda la vida en un edificio insulso de cuatro plantas en color albero embutido en una manzana de viviendas recientemente semirenovado a base de pintura de colores y dibujitos por las paredes ofrece ahora un sencillo alojamiento. Una pequeña puerta corredera de cristal nos ubica en un estrecho y frío recibidor. Suelos de terrazo y una larga y estrecha rampa nos deja junto a un descomunal armario lleno de folletos de actividades turísticas de la zona, y junto a él un pequeño y curvo mostrador protegido por ostentosas pantallas de metacrilato por el virus. A su lado una pared de cristal opaco que deja entrar algo de luz en el espacio. La sensación es algo fría, antigua y demodé.

Tras él una joven sentada frente a un caos de papeles, carpetas... Nos da la bienvenida y nos dice que tenemos que hacer el check in en una máquina que hay junto a la puerta. Volvemos hacia atrás y ante una pantalla que indica en letras rojas "Máquina fuera de servicio" vamos haciendo los pasos que la joven nos indica: meter el DNI en una ranura lectora, introducir en la pantalla nuestros datos, y por fin seleccionar la forma de pago. Cuando le decimos que queremos pagar en efectivo nos dice que tenemos que volver al mostrador, porque la máquina sólo sirve para pagos con tarjeta... Pagamos, recibimos los cambios y con este un cartoncito con la tarjeta que hace de llave de la habitación. Está rotulada como hotel Margarit, y no indica nada de Erba. Asumimos que es el antiguo nombre del hotel. Nos indica que el desayuno, si lo queremos -que no- se sirve en otro hotel de la ciudad ubicado a 5 minutos a pie; que la recepción se cierra por la noche; que no habrá nadie por la mañana cuando salgamos indicándonos dónde dejar la llave a nuestra salida y nos explica el funcionamiento del wifi que es gratuito, protegido por una contraseña sencilla y bastante veloz en todo el edificio.

Un paso más adelante, y tras dos puertas de cristal abiertas entramos en la zona de las escaleras, que aparentan antiguas y estrechas y del ascensor, de puertas metálicas y correderas. El interior es pequeño. Muy pequeño. Una persona con una maleta y poco más. Paredes de madera, carteles con información sobre el covid y los horarios de la recepción (de 14h a 2h). Cuando se abren las puertas caemos a un pequeño rellano por el que bajan las escaleras. Una pared blanca con un ostentoso extintor en medio. A la izquierda una vieja ventana con vistas a un oscuro patio interior. Suelo de parquet nuevo y claro, iluminado por una efectista tira de led que corre por el suelo junto al rodapié. A mitad de pasillo hay una cesta de plástico blanco y sobre ella, un folio pegado en la pared que indica "deposite aquí sus toallas". Techos practicables con puntos de luz que se encienden automáticamente con sensor de movimiento. 

La puerta de la habitación, de madera clara y nueva se abre por contacto con la llave. Una vez dentro, el espacio es ajustado. Suelo de madera clara y paredes en distintos tonos de azul. Caemos directamente a los pies de la cama. A la derecha, una ranura para meter la llave y activar la iluminación. Los interruptores, modernos, en color metalizado aparecen decorados con dibujitos de muñecos y comecocos. En el suelo un taburete de plástico de color pistacho que desentona con casi todo. A su lado un radiador antiguo que durante la noche hace ruidos como de aguas. Sobre él un equipo de aire acondicionado nuevo.

La cama, vestida en blanco, resulta pequeña para ser doble, pero amplia para ser individual. Cuatro almohadas y un suave nórdico ofrecerían un agradable descanso. Empotrada en un cabecero de madera brillante sobre el que corre una tira de led que da efectividad a la luminosidad de la estancia. A cada lado de la cama hay sendas mesillas de madera. Encima de una, un teléfono, y encima de la otra, el mando a distancia de la televisión y una maceta con una flor de plástico poco agraciada. Encima, enchufes disponibles e interruptores para apagar todas las luces. Incrustados en el cabecero sendos apliques de luz en metal y cristal, con escasa luz para la lectura, que suple perfectamente la tira de led que hay sobre el mismo. Encima de la cama, enrolladas se presentan dos grandes toallas de baño. 

Tras la puerta de entrada hay una especie de pequeño escritorio que hace las veces de maletero. En la pared a los pies de la cama hay una televisión de pantalla plana con una generosa raya que la atraviesa por completo. 

Al fondo de la habitación a la derecha hay un pequeño escritorio empotrado junto a una columna, con una moderna silla con ruedas delante. Cuelga del techo, para iluminar la zona, una lámpara de cristal azulado. En la pared frontal está la ventana, con vistas a la calle, persiana de las clásicas con la cuerda algo desvencijada y cortinas de tela azul como de pana. Bajo ella dos sillas de madera tapizadas en terciopelo. Al lado un armario empotrado con dos puertas y en su interior perchas antirrobo, una balda superior y otra inferior. 

La insonorización interior es lamentable. Se escuchan todos los movimientos de las habitaciones contiguas: voces, pasos, televisiones, conversaciones. El tiempo de pandemia, el toque de queda, y lo tranquilo de la calle hacen que los ruidos que se escuchan del exterior sean inexistentes. Para colmo durante la noche el radiador emite una serie de ruidos como si se estuviera llenando o vaciando. La oscuridad sería absoluta de no ser porque la ranura de la llave emite una luz amarillenta todo el tiempo. 

El baño está sobreelevado. Los interruptores, junto a la puerta, activan por un lado dos puntos de luz sobre el lavabo y por otro otro punto de luz más cerca de la ducha y un extractor de humedad y olores de gran sonoridad. Suelo de porcelana gris, y paredes alicatadas casi hasta arriba con pequeñas baldosas de color mar. Frente al a entrada encontramos una larga encimera con dos lavabos generosos que apenas dejan espacio. Grifería nueva y un jarrón de vídrio con una flor artificial. Las amenities se han sustituido por un dispensador de jabón de manos anclado a la pared junto al lavabo, y otro similar con gel/champú dentro de la ducha. Sobre los lavabos y llegando hasta el techo un enorme espejo . Un secador de pelo de escasa potencia anclado a la pared, una banqueta metálica situada debajo de los lavabos, y una papelera metálica completan el mobiliario de la zona.

En la pared que hay frente al lavabo se presenta un toallero del que cuelgan las dos toallas de manos y el pie de ducha. La lencería resulta generosa en tamaño y limpieza y algo más justa en calidad. Antes de la ducha, en el lado derecho encontramos el inodoro con cisterna exenta. Junto a él, un feo dispensador de papel higiénico de plástico blanco. A continuación la cabina de ducha que es grande, con una mampara la mitad de obra y la otra mitad, hasta el techo de cristal. Dentro la grifería es moderna de doble mando y rematada en un rociador de teléfono. La temperatura es correcta pero el caudal y la presión resultan lamentables. Apenas un hilillo de agua que ni de lejos nos ayuda a despertar. 

Cuando bajamos a la recepción por la mañana no hay recepcionista, porque no llega hasta primera hora de la tarde, así que dejamos la tarjeta en una bandeja que hay sobre el mostrador y nos vamos. Al menos no nos preguntan por el minibar.

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 5.5
Ambiente: 4.5
Habitación: 6.5
Baño: 7
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 

martes, 9 de febrero de 2021

AC MARRIOTT DIAGONAL L'ILLA (BARCELONA)

AC MARRIOTT DIAGONAL L'ILLA (****)
Avenida Diagonal 555
08029 Barcelona 

Habitación: 517
Fecha de entrada: 28/10/2020
Tarifa: 

Situado en el centro comercial de L'Illa, en la misma Diagonal ocupando un voluminoso edificio de seis plantas en granito blanco con enormes ventanales cuadrados. Todo ello descansando sobre una planta baja a modo de zócalo en cristal y acero negro. La enorme acera de la avenida realza todavía más el acceso, ubicado junto a una de las bulliciosas entradas al centro de comercial y de ocio. Entre dos altas macetas con plantas y en medio de una larga pared de cristal encontramos una estrecha puerta giratoria, que hemos de empujar pesadamente y a la que se accede tras subir un incómodo escalón. 

Al otro lado de la puerta una generosa recepción cuadrada. Sensación moderna y amplia. Música suave con toques electrónicos de fondo. Suelo de mármol gris, paredes en madera y cristal. Techos altísimos y mucha luz que viene de las cristaleras que dan a la Diagonal. A la izquierda un pasillo estrecho termina en una escalera de caracol. A la derecha, una mesa grande de madera con un centro de flores y varias sillas alrededor de una biblioteca con libros y revistas. Al fondo, un sofá delante de una pared gris con varias molduras en escayola con luces retranqueadas haciendo como un mural. A la derecha, dos pequeños mostradores individuales, en madera clara con algunos detalles en ámbar. Detrás, toda la pared de madera. Sensación de orden y limpieza en los puestos de trabajo.

Nos atiende un joven sumamente amable. El trámite es un rollo: el DNI, la tarjeta de crédito como garantía, el... pero al menos lo hace amablemente preguntándonos por el viaje y dándonos algunas indicaciones y consejos sobre el hotel, sus servicios y los servicios que podemos encontrar en el centro comercial. Por fin nos entrega en una carpetita de cartón la tarjeta que hace de llave de la habitación y nos indica el camino de los ascensores, que quedan al fondo a la izquierda. Son dos, de enormes puertas, algo oscuros, con un espejo al fondo y paredes de madera, suelo de moqueta oscura, enorme botonadura metálica, una pegatina con la información a cuidad por el covid y dos puntos de luz en el techo. 

Las puertas se abren a un enorme hall que distribuye las habitaciones a derecha e izquierda en unos enormes pasillos, jalonados con enormes columnas redondas de hormigón gris. Suelo de moqueta gris muy suave, techos de color blanco y puertas de color gris oscuro sobre las que hay una lamparita. La cerradura funciona por contacto con la tarjeta.  

Una vez dentro de la habitación dos sensaciones. Por un lado la amplitud, y por otro la enorme luminosidad que aporta el gigantesco ventanal del fondo de la habitación, que ocupa toda la pared y ofrece vistas a la Diagonal. Cerramos la puerta, que tiene en su parte trasera un espejo de cuerpo entero y una cadena de seguridad para cerrarla. Suelo de madera clara limpia y cuidada y paredes en madera un poco más oscura. A la izquierda la ranura para activar la iluminación y bajo ella un largo maletero de metal rematado en un mullido capitoné de piel. A continuación un armario sin puerta con varias baldas con la caja fuerte en una de ellas, varios cajones, y una barra retroiluminada de la que cuelgan varias perchas normales con el logo de la cadena. Se ofrece también una tabla de planchar y una plancha metida en una bolsa de tela negra. En la pared de la derecha encontramos la puerta de cristal opaco del 
baño con un tirador en forma de bola metálica. 

Un paso más adelante el enorme dormitorio. Paredes cubiertas en madera. De tan grande quizá quede algo desangelado. A la derecha el display del aire acondicionado que funciona silenciosamente, pero no demasiado eficazmente. Unos botones seleccionan la temperatura y otros la potencia y se ve reflejado en una pequeña pantalla digital. 

A la derecha queda también la cama, grande para ser individual, justa para ser doble, vestida en blanco con cuatro almohadas de distinto grosor y dureza envueltas en suaves sábanas blancas con un ribete en gris. El colchón es de enorme calibre, cómodo y mullido. Vestido con un edredón ligero. Se encuentra empotrada en un cabecero de piel gris oscura. A cada lado sendas mesillas de madera con una balda de cristal en el interior. En una de ellas el mando a distancia envuelto en plástico, una botella de agua mineral y una toallita con gel hidroalcohólico. En la otra el teléfono moderno típico de la cadena. Sobre ambas interruptores para apagar las luces de la habitación y enchufes para los aparatos electrónicos. Por encima y ancladas a la pared dos lámparas rectangulares y largas de metal y pantalla en color crudo. Luz amarillenta más cálida que potente para la lectura. 

El juego de luces se completa con dos puntos de luz en el techo sobre el escritorio, una tira de led bajo el armario, otra bajo el escritorio y otra que recorre todo el foscurit. En el enorme espacio que queda al fondo de la habitación y bajo la ventana, que no es practicable, hay una mesa ovalada y dos sillones de piel gris. Un visillo leve blanco y un foscurit gris anclado a la pared en ambos lados cubren la enorme cristalera con vistas a la ciudad. La luz no entra durante la mañana. La insonorización del edificio por dentro es algo mejorable. Se escuchan los ruidos en la habitación contigua, aunque el hotel es claramente tranquilo y más en este momento de pandemia. Quizá por la ventana se escuche demasiado el pesado tráfico de la avenida.   

A la izquierda del dormitorio un largo escritorio demasiado bajo para trabajar, y sin silla delante. Es simplemente una madera apoyada sobre sendas patas metálicas. Sobre ella una bandeja de cortesía con una cafetera nespresso con algunas cápsulas de café, azúcar, vasos y una botella de agua mineral. Por debajo de la mesa, el minibar, vacío, que hace demasiado ruido y acabamos desenchufándolo.

El baño mantiene el mismo suelo de madera que el resto de la habitación, pero algo más deteriorado por culpa de la humedad. Enfrente de la puerta un armario de madera abierto en el que encontramos una toalla de manos y un secador de pelo metido en una bolsa de tela negra. Bajo él una papelera de metal oscuro. La parte de arriba del armario es una encimera de silestone blanco con un lavabo moderno y poco profundo, algo incómodo para lavarse bien las manos. Grifería monomando moderna con escaso caudal. Una pastilla de jabón rectangular metida en una caja de cartón con el logo de la cadena es la única amenitie que se ofrece. Dentro de la ducha encontraremos un bote de gel y otro de champú. Encima del conjunto un gran espejo con dos puntos de luz en el techo para iluminar. 

A la derecha de la puerta queda el inodoro con la cisterna exenta y frente a él un bidet. A la izquierda, junto a dos pequeñas perchas, una gran cabina de ducha con suelo suave en color blanco y una mampara de cristal de techo a suelo. El grifo monomando se remata con una alcachofa de teléfono con buen caudal, presión y temperatura. Una toalla de baño cuelga de la barra, y en una pequeña bandeja rinconera encontramos los botes de gel y champú. Junto a la entrada de la ducha, en el suelo, doblado un pie de ducha con el logo de la cadena igual que el resto de la lencería blanca, cuidada y mullida. 

Por la mañana, en una planta intermedia con vistas a la Diagonal se sirve el desayuno en mesa. Un simpático y eficaz camarero nos sirve lo que le pidamos de la elección de la carta que incluye tortilla de patata (congelada), fruta, tostadas, mantequilla y mermelada, tomate triturado, aceite, bacon crujiente y recién hecho, zumos variados, agua, bollería crujiente y caliente recién hecha y un estupendo café.

En la despedida en recepción el mismo joven amable que estaba en la llegada se preocupa interesado por nuestro descanso y por si necesitamos alguna cosa para continuar nuestro viaje.  

Calidad/precio: 
Servicio: 8.5
Ambiente: 8
Habitación: 8.5
Baño: 8.5
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 8

martes, 26 de enero de 2021

OCCIDENTAL ALICANTE (ALICANTE)

OCCIDENTAL ALICANTE (****)
Tomás López Torregrosa 7
03002 Alicante

Habitación: 402
Entrada: 25/9/2020
Tarifa:

En el mismo centro de la ciudad. A un paso de las calles comerciales y de ocio, de la estación del tren, del mar... Embutido en una manzana de casas en una estrecha calle sin espacio para parar el coche, si uno viene motorizado, un edificio de ocho alturas con fachada de colores en distintas tonalidades de azul, verde y naranja que trata de destacar sobre el resto. Varias escaleras y una pequeña rampa nos sitúan sobre un zócalo al que se abre una generosa puerta giratoria de cristal.

Tras ella accedemos a una pequeña pero moderna y recién reformada recepción. Señales en el suelo y paredes alertando de las medidas tomadas por el covid. A la derecha un armario abierto con bebidas, una máquina de café y algunos dulces (chocolates, caramelos...) a la venta. A la izquierda una reja dorada separa la recepción de una zona de estar con sofás, mesas altas para el trabajo, la tertulia o la espera. Y allí mismo el mostrador, potente en forma de L de madera blanca en la parte de abajo y madera clara en la parte superior. Tras él, una cortina turquesa suave decora la pared trasera. Una gran pantalla de televisión proyecta imágenes sugerentes del hotel y el destino. Encontramos el mostrador lleno de papeles, carpetas y objetos de escritorio todo bastante desordenado. Tras una mampara de metacrilato y delante de un ordenador encontramos una joven recepcionista con mascarilla.

El trámite resulta lento. Copia todos los datos del DNI y además nos pregunta por el mail, el teléfono, el código postal... Por fin nos entrega la llave tras firmar el bienvenida y un documento por el que nos comprometemos a avisar al hotel si tenemos síntomas del virus. Nos indica, amablemente, que nos habían asignado una habitación pequeña pero que nos cambia a una algo más grande, o al menos con cama grande. Cosa que agradecemos. Nos explica el horario del desayuno y el funcionamiento del wifi que es gratuito y libre -sin contraseña- y que funciona perfectamente.

Volvemos sobre nuestros pasos y atravesamos la zona de sofás y mesas para dirigirnos a los ascensores. Hay dos, de puertas metálicas automáticas doradas. Su interior no es muy grande, con la pared del fondo toda de espejo. Las otras en madera con algunos carteles con información sobre las medidas anti covid. Suelo de mármol blanco. Muy iluminados. Botonera metálica y una pantalla digital que indica el piso por el que se pasa. Las puertas se abren a un pasillo algo estrecho que corre a derecha e izquierda. Moqueta verde bastante mullida que rebaja el sonido de pisadas y ruedas de maletas, paredes blancas y puertas de madera clara nuevas. Mucha luz, artificial, y cartelería moderna en negro y blanco.


Tras la puerta encontramos una habitación luminosa. Suelo de madera clara nueva, paredes blancas inmaculadas. A la derecha la ranura para meter la tarjeta y activar la luz. Interruptores nuevos de Bticino. Frente a nosotros un corto pasillo que acaba en una pared con un espejo de cuerpo entero. El pasillo continúa hacia la derecha, más largo, con un armario sin puertas en el lado izquierdo. Varias baldas color azul turquesa, un colgador con perchas variadas normales, y una caja fuerte. A continuación y antes de la puerta del baño, un maletero de madera, también clara, con lamas metálicas que lo protegen. De nuevo el pasillo se revuelve hacia la derecha y entramos en el dormitorio. Allí mismo, antes de entrar, a la derecha en la pared el display del aire acondicionado. Sencillo: rueda de temperatura, botón de encendido y apagado, botón de potencia. Funciona perfectamente de forma silenciosa y eficaz. 


El dormitorio resulta limpísimo, claro aunque algo escaso de tamaño. Paredes blancas y decoración en madera clara. A la derecha, colgando de una gran madera clara una enorme pantalla de televisión. Justo enfrente una sencilla mesa escritorio de madera con patas de metal negro. Bajo ella, una efectista pero incómoda silla de metacrilato y un minibar con puerta de cristal vacío. Sobre la mesa el plastificado mando de la televisión, una lámpara metálica negra de escritorio, de aire escandinavo, y varios enchufes USB para los aparatos electrónicos. Encima de la mesa y protegida por un estor-foscurit azul turquesa, una pequeña ventana corredera que da a un patio de luces bastante oscuro con dibujos de peces. La iluminación natural de la habitación resulta escasa, pero la artificial la suple con fuerza.

A la izquierda se ubica la cama. Enorme, formada por dos colchones individuales unidos de generoso calibre y excelsa comodidad. Vestida con un nórdico suave. Sábanas de hilo casi sin estrenar. Cuatro almohadas de distinto tamaño y grosor. Apoyada sobre un cabecero de madera, a juego con todo el mobiliario de la habitación recubierto con piel azul turquesa. A cada lado sendas mesillas exentas, redondas de madera con patas metálicas. Sobre una de ellas el teléfono. Sobre ambas, interruptores y enchufes disponibles. Y encima, anclados al cabecero, sendas lámparas metálicas en negro, a juego con la del escritorio que permiten conseguir una luz cálida en el espacio. Por encima del cabecero corre una tira de led que ilumina de forma efectiva y poderosa toda la habitación.

En la pared por la que se entra a la habitación hay sendas rejillas para el aire acondicionado. No hay cuadros ni decoración más allá del mobiliario. El descanso es sencillo. La insonorización exterior es perfecta, al dar al patio interior. Y la interior resulta también formidable. En general el hotel es tranquilo.


El baño tiene una puerta algo más estrecha de lo normal. Resulta un poco justo de tamaño pero suficiente. A la derecha encontramos sobre una encimera de madera, el lavabo en porcelana blanca con un grifo monomando moderno. Sobre la encimera una bandeja blanca con cuatro botecitos de champú, gel, acondicionador y crema hidratante, un gorro de ducha y una pastilla de jabón. Además dos vasos de cristal sobre unos posavasos. Junto al lavabo, anclados a la pared un espejo de aumento dirigible y un secador de pelo de buena potencia. Un espejo redondo sin marco cuelga de la pared, que está pintada en color azul turquesa. Bajo el lavabo, una papelera metálica algo abollada. El resto de paredes en blanco y el suelo en la misma madera que el resto de la habitación, clara, limpia y muy cuidada. Junto al lavabo está el inodoro, de cisterna vista. Sobre él se ofrece el juego de lencería que consiste en un pie de ducha, una toalla de manos y otra de baño. Todo ello en blanco, con el logo de la cadena, nuevas y mullidas.

En la pared del fondo se ubica la cabina de ducha. Larga aunque algo estrecha. Protegida por una mampara de cristal fija de techo a suelo. En su interior, el suelo de porcelana blanca, y la pared decorada con una imagen de unos veleros en tonos azules. La grifería es nueva con mandos termostáticos. El remate, con dos duchas, una de teléfono y otra de efecto lluvia.

Falta un poco de caudal, aunque la temperatura resulta perfecta. Lo mismo ocurre en el lavabo. Al estar enrasado el suelo de la ducha con el del baño acabamos sacando todo el agua fuera empapando el pie de ducha.

Por la mañana el desayuno se sirve en un moderno y agradable salón decorado en tonos verdes, maderas y dorados con cómodas y mullidas sillas y sofás de terciopelo. Pese al covid el servicio es "como toda la vida" aunque hay disponibles guantes, gel y una simpática y amable camarera por si alguno prefiere que le sirvan. Platos calientes: judías, bacon, huevos revueltos y verduras asadas, embutidos, jamón y una variedad de quesos amplía. Bocadillo preparados vegetales y de jamón en pan y en croissant, zumos de naranja, piña y manzana. agua fresca y cava, fruta cortada y preparada, donuts, croissants, cereales y yogures. Lástima el café, de máquina, y bastante horrible.

Luego en el mostrador nos preguntan amablemente si hemos descansado y si todo ha estado bien, cosa que se agradece.

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 8.5
Habitación: 9
Baño: 8
Estado de conservación: 10
Desayuno: 8.5
Valoración General: 9

miércoles, 13 de enero de 2021

IBIS GRANADA (GRANADA)

IBIS GRANADA (*)
Graham Bell 3
18100 Granada

Habitación: 037
Fecha de entrada: 31/07/2020




Tarifa: 44,00 (AD)

A las afueras de la ciudad junto a la misma ronda que la circunvala en medio de un gran polígono, empresas, restaurantes, centros comerciales y de ocio, en una tranquila calle con edificios bajos, parcelas en espera de construcción y zonas de aparcamiento encontramos un edificio alargado de dos alturas en granito rugoso gris, salmón y blanco con ventanas cuadradas a lo largo de toda la fachada. Junto a la acera, un tótem metálico con el logo del hotel y una pantalla indicando la tarifa media de la noche. Tras una puerta de reja metálica en aluminio blanco se abren dos puertas correderas de cristal.

Dentro un espacio que lo es todo. Suelo de madera. A la izquierda, el restaurante y cafetería con varias mesas altas y bajas de madera con sillas de plástico de diversos colores. Paredes negras, estanterías de colores chillones y luz natural que viene de las grandes cristaleras con vistas a la terraza-jardín que se ubica al lado de la entrada. A la derecha, junto a una gran máquina de vending, hay un  sofá curvo de piel roja con varios cojines. Delante de él una mesa baja y varias banquetas blancas. Al fondo, junto a la ventana, una mesa comunal con varios puestos y sillas de madera para trabajar. La pared del fondo, pintada en negro con algunas inscripciones en pintura blanca. Algunas macetas con plantas altas. La sensación general es fresca pero algo apagada. Todo demasiado normal, estándar, y quizá "apagado"

Un mostrador de madera clara atrincherado en metacrilato por culpa de la pandemia se une a la barra del bar, en ese momento sin apenas luz. Tras el metacrilato una joven nos atiende con simpatía. El plástico y las mascarillas dificultan la conversación. El trámite de registro es bastante lento y tedioso. En la pared de detrás se proyecta con un proyector sobre una pared cubierta con armarios de madera algunas informaciones sobre el hotel (horarios, precios, servicios...). Cuando por fin todo se ha registrado nos ofrece pagar la estancia en ese momento para evitar esperas al día siguiente. Sin duda aceptamos aunque aquello retrase el trámite algo más. Nos explica el funcionamiento del desayuno, del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio bajo un código que nos entregan en unas cuartillas, de la piscina... 

Hacia la derecha, pasamos junto a una pared con algunas fotos de viajeros en la que hay incrustado un lustrazapatos automático, como suele ser habitual en la cadena. Y avanzamos por un pasillo largo con vistas a un pequeño patio de decoración andaluza. Frente a él están los ascensores. Pero nuestra habitación está en la planta baja así que seguimos por ese pasillo de madera, hasta que tras pasar junto a un coqueto rincón con una lámpara, dos butacas de tela y madera y una mesa de centro entramos en el pasillo de los dormitorios. Moqueta mullida en gris con toques blancos y rojos. Paredes estucadas también en gris con algunos dibujos de edificios iluminados. Hilo musical. Las puertas modernas también en gris, y junto a ellas, en grandes grafías el número de la habitación.

Tras la puerta sentimos el fresco del aire acondicionado, cosa que agradecemos. Suelo de madera limpia muy cuidada. Paredes en estuco gris oscuro casi negro. Un breve pasillo antes del dormitorio: a la derecha el interruptor de la luz, y el display del aire acondicionado que funciona de forma efectiva, eficaz y silenciosa con una rueda de temperatura, un botón de frío o claro y otro con la potencia.

El espacio es ajustado. Quizá algo pequeño. A la izquierda un espejo de cuerpo entero sobre el que hay un aplique de luz. Todo apoyado en una madera roja. A continuación, sobre una madera blanca una gran televisión plana. Al fondo del espacio, en el rincón junto a la ventana un armario sin puerta con unas cuantas baldas y media docena de perchas en una barra. En una de las baldas hay un nórdico de repuesto envuelto en una bolsa de plástico. 

La ventana del fondo está protegida por un visillo blanco y un foscurit color arena. Además,  sobre el mismo vidrio de la misma corre un estor blanco que impide el paso de la luz por la mañana. Las vistas, escasas y oscuras, a un destartalado patio interior que hace las veces de terraza, almacén y jardín en porcelana color arena. En la madera que protege los rieles de las cortinas hay otro punto de luz, de metal y cristal algo frío.

Bajo la ventana, el escritorio, de madera en curva que acoge en su interior una cama plegable que se puede sacar girando un artilugio con forma de llave. Sobre la mesa un teléfono gris. Bajo ella una silla de plástico rojo algo incómoda y dura. Al lado de la mesa, y en la extensión del cabecero de la cama hay dos enchufes disponibles, bien ubicados para recargar los aparatos electrónicos sobre la mesa.   

A la derecha de la habitación encontramos la cama. Apoyada sobre un estrecho y largo cabecero de madera clara y blanca. Sobre este un cuadro grande en negro con trazos en blanco. A cada lado, sendas mesillas como pequeñas estanterías madera blanca. En una de ellas, un enchufe disponible y el mando de la TV. Sobre ellas lámparas de metal blanco con tulipa blanca imitando al cristal. Se encienden con pequeños interruptores negros. La luz que ofrecen es cálida aunque algo escasa para leer. Y contrasta con la fría luz de los otros dos apliques de la habitación.

La cama, típica de la cadena, se compone de un canapé grande de tela negra sobre el que se presenta un fino y cómodo colchón y un edredón nórdico bastante suave y ligero. Grande para ser individual y algo justa de tamaño para ser doble. Dos almohadas cómodas. El descanso no es difícil aunque se escucha un permanente zumbido de alguna instalación, algún esporádico ruido "de aguas" por las tuberías del baño y la insonorización interior resulta bastante mejorable. 

 Encima un fino colchón y un edredón nórdico. Dos almohades. Grande para individual, justa para doble. Entra luz. Se oye un ruido de instalación y lo que hacen los de al lado. También el pasillo. Y un ruido de aguas en el baño.

El baño resulta pequeño. Pero suficiente. Moderno y nuevo. Limpio. Suelo de cerámica gris, igual que la pared de la ducha. Una encimera de fibra de vidrio ocupando una esquina ofrece un pequeño lavabo con un grifo monomando al que le falta caudal y presión. Dos vasos de cartón, un bote de gel anclado a la pared junto a un secador de escasa potencia y dos pequeñas perchas. Bajo el lavabo, en una barra de metal se ofrecen las dos toallas de ducha y lavabo que componen en juego de lencería: blancas, suaves y bastante cuidadas. Sobre el lavabo un espejo de forma rectangular irregular con dos luces incrustadas. La luz se completa con un punto más ubicado en el techo. 

Sobre el inodoro, la cisterna incrustada en la pared, y encima un shunt para extraer vapor y olores. A la izquierda la cabina de ducha, en ángulo. Mampara curva y puerta de cristal con una manilla redondeada metálica y una pequeña gota de silicona para evitar que golpee con el inodoro. Dentro, otro bote de gel/champú anclado en la pared y una grifería moderna y cuidada en la que destaca una gran alcachofa. Lástima que le falte tanto presión como caudal y que la temperatura oscile del frío al calor sin tocar el grifo. 

Por la mañana, en el espacio que hace de recepción, zona de estar y bar-restaurante se sirve el desayuno. Dos simpáticas y eficaces empleadas nos van preguntando qué queremos tomar entre distintas opciones: zumo de naranja artificial, jamón serrano, de york, quesos, pan y bollería crujiente y recién horneada, cereales y yogures y un café expreso más que aceptable. Todo ello se sirve sobre una bandeja de plástico con una servilleta de papel y cubiertos que cada uno lleva hasta su mesa.

Como el día anterior ya hicimos el pago de la estancia la salida es tan rápida como dejar la tarjeta de la habitación en una urna de metacrilato. Y adiós. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 7
Baño: 6.5
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 6

lunes, 14 de diciembre de 2020

IBIS GIRONA COSTA BRAVA (GERONA)

IBIS GIRONA COSTA BRAVA (**)
Francesc Ferrer 16
17006 Gerona 


Habitación: 317
Fecha de entrada: 14/07/2020

Tarifa: 59,00 (AD)

A las afueras de la ciudad, cerca del Hospital Trueta y rodeado de vegetación y zonas residenciales, un edificio de granito gris, de cuatro alturas en forma de U acoge dos hoteles de la marca Ibis. Uno normal y el otro de la versión más económica Budget.  Varias barreras cierran el espacio del parking (uno reservado para vehículos eléctricos de alta gama) y un pequeño jardín con una terraza algo desordenada con sillas y mesas de plástico con el logo de una marca de cerveza. 

Las puertas de ambos hoteles están una junto a la otra, separadas por unos pequeños parterres. La nuestra, la de la derecha, tiene  dos puertas de cristal correderas. Entre medio de ambas bajo una pared roja y sobre una mullida alfombra encontramos un carro portaequipajes. Ya en el interior, a la izquierda, unos sofás de piel roja, casi inutilizados por falta de espacio, se amontonan junto a la cristalera casi tapados por unas máquinas de vending. A la izquierda varios displays y cartelería aludiendo al covid y destacando algunas imágenes del hotel. Junto a unas vitrinas que ofrecen a la venta productos de la zona encontramos el mostrador de recepción en madera gris con dos puestos de trabajo en madera más clara y protegidos por una descomunal mampara de metacrilato. Sobre todo el mostrador cuelga una alargada lámpara de tulipa roja de tela. Tras el mostrador, en la pared de madera del fondo varios carteles ofrecen a la venta mascarillas con el logotipo de la cadena.

Nos atiende una señora con rapidez y diligencia, aunque las mamparas nos impiden escuchar bien y dificultan la buena relación con ella. Nos ofrece la posibilidad de pagar la habitación en ese instante, cosa que aceptamos para evitar colas a la salida y nos entregan la factura rápidamente. Nos explica el funcionamiento del wifi que es libre, gratuito y sin contraseña, y el horario de desayunos. 

Hacia la derecha se abre el bar, junto a un tótem con algo de prensa y varias pantallas con las noticias en directo. El bar, que está allí mismo sin apenas separación más allá de algunos maceteros, tiene varias mesas ocupadas generando bastante bullicio. También a la derecha, después de un largo armario bajo con un lustrazapatos automático está la puerta blanca que da acceso a las habitaciones de la planta baja y al ascensor. La sensación es de calor, de luz fría, de escasa acogida.. Suelo porcelánico marrón en el suelo, techos blancos y algo de ruido proviniente de la cámara frigorífica y de otros artilugios del bar.

El ascensor es nuevo. Largo y estrecho. Suelo de mármol, paredes de madera y un espejo al fondo. Botonadura metálica. Un altavoz va indicando los pisos por los que pasamos. Todo lleno de carteles con información sobre los pestillos de la ventana, lo que hay en las habitaciones, medidas de seguridad... Salimos a un rellano por el que bajan las escaleras. Suelo de mármol gris algo desvencijado. Una puerta grande de madera blanca con un tirador de metal nos lleva al pasillo de las habitaciones, muy dañado de golpes y arañazos con el paso de las maletas. Moqueta de color verde con detalles florales en rojo algo desgastada. La luz quizá excesiva, amarillenta y fría. Las puertas de las habitaciones en madera clara con pomo metálico. 


Tras la puerta destaca el frescor de la habitación con el aire acondicionado encendido. Paredes de estuco blanco, suelo de madera clara mate, quizá demasiado apagada del exceso de cuidado químico de la limpieza. A la derecha un interruptor blanco activa al luz general de la habitación. A continuación la puerta del baño con un pomo metálico algo anticuado. Un paso más adelante el dormitorio, que no es ni grande ni pequeño: suficiente. 

Hacia la derecha encontramos el antiguo y sencillo display del aire acondicionado: rueda para la temperatura, selección de potencia y botón de encendido y apagado. Funciona en silencio y de forma bastante eficaz. En el centro la cama, típica de la cadena, con un fino canapé de tela negra y un sencillo, fino y cómodo colchón. La cama es grande para ser individual y algo escasa para ser doble. Aparece vestida con dos almohadas y una simple sábana sin más. La lencería es agradable al tacto y el colchón cómodo para el descanso. El cabecero de la cama, también en madera clara, incrusta sendas mesillas pequeñas. Sobre ellas hay dos pequeños apliques con un pequeño interruptor que dan el toque más cálido a la luminosidad del espacio. Entre la cama y la pared de la ventana hay un incómodo sofá-maletero en el que hay dos enchufes, algo alejados de la mesilla. 

A los pies de la cama hay un espejo de cuerpo entero y un armarito de madera oscura con la televisión plana empotrada en él. Sobre el espejo un aplique de luz algo fría. A continuación y hasta la ventana un armario en esquina, sin puertas, con dos cuerpos. Por un lado una barra para colgar ropa en unas perchas de plástico normales y por otro un módulo con varias baldas. 

En la pared del fondo bajo la ventana hay un escritorio de forma curva, con bastantes desconchones  con una vieja silla giratoria de metal y madera algo ruidosa. Sobre el escritorio, un viejo teléfono con una luz roja encendida todo el tiempo. La ventana, que está sucísima, se protege por un foscurit de color gris metálico. Las vistas no merecen la pena: al patio interior que forman los edificios que componen sendos hoteles.

El mantenimiento general del espacio es mejorable. Hay algunos óxidos en el baño y esconchones en armarios y rodapiés. El hotel es tranquilo y la insonorización exterior es perfecta. Sin embargo, la insonorización interior puede ser mejorable ya que escuchamos las voces en el pasillo durante la madrugada.

El baño es adecuado de tamaño, pero quizá demasiado usado. Porcelana blanca en el suelo y baldosas blancas en las paredes. Detrás de la puerta el inodoro con la cisterna incrustada en la pared. A su lado una papelera con una bolsa negra de plástico. Encima un extractor que no funciona. A la izquierda de la puerta una encimera de fibra de vidrio blanca acoge el lavabo con un grifo monomando bastante cuidado. La presión y el caudal son correctos sin más. Y la temperatura formidable. Bajo el lavabo un toallero metálico algo roñoso en el que cuelgan las dos piezas de lencería que se ofrecen: dos toallas de tamaño mediano blancas algo justas de calidad. Anclados a la pared, un secador de pelo potente y un bote de champú/gel/jabón. Sobre el lavabo un espejo enmarcado en madera con sendos apliques de luz a cada lado que iluminan bien la estancia para el afeitado y maquillaje.

La ducha está protegida por una mampara de cristal. Amplia, con un grifo nuevo al que le falta presión y caudal. La temperatura sin embargo es excelente. Dentro de la cabina de ducha hay dos ganchos para colgar las toallas, un pie de ducha doblado y otro bote de champú/gel anclado a la pared. 

Por la mañana, en el bar situado junto a la recepción se sirve un desayuno buffet atendido por causa de la pandemia. El surtido y la calidad son algo justitos: tortilla congelada, zumo de bote de un único sabor multifrutas, café flojo, embutidos (jamón de york, pavo, chorizo y jamón serrano), queso, tostadas y bollería industrial, mantequilla y mermelada. Sólo se salva el pan recién hecho.

Al haber pagado la tarde anterior, la despedida es inexistente. Adiós.

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 7.5
Ambiente: 6.5
Habitación: 6.5
Baño: 6
Estado de conservación: 4.5
Desayuno: 5

martes, 1 de diciembre de 2020

NH MADRID PASEO DE LA HABANA (MADRID)

NH MADRID PASEO DE LA HABANA (****)
Paseo de la Habana 73
28036 Madrid 

Habitación: 313
Fecha de entrada: 05/07/2020

Tarifa: 

Ubicado en el mismo Paseo de la Habana a un paso del Santiago Bernabeu y de la Castellana, en uno de los barrios más exclusivos y residenciales de Madrid capital. Un edificio exento de seis alturas con un llamativo remate en la cubierta en el que además se ubica un gran logo de la cadena. Fachada blanca con ventanas cuadradas que la rompen simétricamente. Alrededor del edificio hay un pequeño jardín adoquinado con algunos parterres y setos que separan la finca de las contiguas, residenciales. 

Delante de la puerta la acera baja en cuesta hacia la recepción. Paredes de cristal y aluminio blanco. Dos puertas dobles correderas, con una mullida alfombra en negro con el logo de la cadena entre ellas. Dentro una recepción muy iluminada, con la luz del exterior, pero también con luz artificial. Justo al frente el poderoso mostrador de recepción con una base negra sobre la que hay una enorme repisa en mármol claro. Son tiempos de coronavirus así que todo protegido con mamparas, cristales y carteles que indican las medidas de seguridad a atender. En la parte de atrás del mostrador hay dos puestos de trabajo con ordenadores, y detrás dos gruesas columnas de mármol claro entre una pared de madera con dos puertas de cristal tras las que hay un pequeño despacho. 

Nos atiende un joven con eficacia y simpatía. El procedimiento es más tedioso que nunca porque el virus así lo exige. Nos hacer firmar el bienvenida con un bolígrafo metido en una bolsa. Una vez usado debemos desecharlo en una urna que hay sobre el mostrador. Nos explica el horario del desayuno y el funcionamiento del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio con una sencilla contraseña. Desde el mostrador vemos a la derecha una zona con mesas y sillas, a esta hora totalmente vacía y en calma, y otra con sofás en los que tener una tertulia o esperar a algún huésped. Hacia la izquierda hay unas escaleras que bajan hacia el salón de desayunos, y tres escaleras (o una rampa) que nos llevan a los ascensores.

Tras las puertas automáticas y metálicas de estos, encontramos un espacio de madera, con suelo de mármol blanquecino. En la pared del fondo un espejo. Y en las paredes, además de un bote de gel hidroalcohólico, varios anuncios con las medidas de seguridad del hotel ante el coronavirus. Las puertas se abren en nuestro piso ante un recibidor al que también llegan las escaleras. El pasillo corre de derecha a izquierda, iluminado con mucha luz y muy fría, poco acogedora. Paredes en tono crudo, puertas de madera clara brillante con pomos en metal.   
 
Al abrir la puerta encontramos un pasillo de madera con techo, también de madera, muy bajo. La madera está bastante desvencijada, quizá por demasiados golpes de maletas, sobre todo en la parte baja pegada al suelo, que es de mármol blanco. A la derecha, la ranura para meter la tarjeta que activa la luz de la habitación. A continuación las puertas correderas de espejo del armario. En su interior, una zona con baldas, y la caja fuerte y otra de colgador con muchas perchas normales. Mantas suplementarias, bolsa de lavandería... han desaparecido, quizá por arte del coronavirus. En el techo un único punto de luz ilumina la zona, creando grandes sombras en los espejos del armario. 

Una puerta de madera con pomo redondeado, de los clásicos de NH, aísla algo más el dormitorio del pasillo. La habitación resulta amplia. Casi cuadrada. Paredes en vescom claro, excepto el cabecero de la cama que ocupa toda una de las paredes y que va en madera de arriba a abajo. El suelo cambia el mármol por la madera oscura que está realmente maltratada con rayas y arañazos. A la izquierda hay un enorme sofá doble en piel gris, tan frío como cómodo, que desentona algo con el resto del mobiliario. A continuación el escritorio, largo y vacío. Bajo él, una papelera metálica y una silla de patas de madera y tapizada en tela azulada. En la parte final del escritorio, dentro de un armario, se encuentra el minibar, vacío. Sobre el escritorio, en la pared, hay un enchufe disponible y una televisión plana. Una canaleta blanca vista recoge los cables de la misma a lo largo de la pared. 

En la pared del fondo hay una ventana con doble cristal protegida con un foscurit y un visillo. Ambos son tan viejos y están tan desvencijados que es imposible cerrarlos, por lo que la luz de la mañana entra en la estancia con total facilidad. En el resto de la pared, una fea lámina abstracta enmarcada. 

A la derecha de la entrada en el dormitorio hay un galán de noche algo roto. A su lado la puerta del baño. Junto a ella, el display que maneja el aire acondicionado. Sencillo, con una rueda para la temperatura, una regleta para la potencia y un botón de encendido y apagado. Funciona de forma eficaz y bastante silenciosa. A continuación las camas. Dos, blancas, mullidas, largas pero algo estrechas. Dos almohadas en cada una, de distinto tamaño y dureza. El colchón resulta muy cómodo aunque las sábanas ofrecen excesiva aspereza provocada por los procesos de lavado. El descanso es cómodo porque la insonorización interior es buena, amén que el hotel está prácticamente vacío. La insonorización exterior es algo más mejorable, pero tampoco molesta mucho ya que la ventana da a un lateral del edificio justo enfrente de una moderna vivienda. A cada lado de la cama hay sendas mesillas de madera clara, a juego con el cabecero, y casi empotradas por la falta de espacio. Sobre ambas hay interruptores para apagar todas las luces, así como enchufes para los aparatos electrónicos. Anclados al cabecero hay sendas lámparas de metal con tulipas en tela clara que ofrecen una luz agradable para la estancia. 

El baño resulta muy amplio. La puerta de acceso y el marco de la misma están bastante rotos en la parte de abajo, posiblemente por alguna salida de agua imprevista. Suelo y paredes de mármol blanco que contrastan con la gran encimera de mármol verde. En el centro de la misma, el lavabo en porcelana blanca con un grifo monomando algo viejo en el que la temperatura es formidable pero le falta caudal y presión. Sobre ella, dos vasos de plástico y una bolsita con las amenities: gel, champú, crema hidratante y un gorro de baño. Encima de la encimera un gran espejo hasta el techo, y debajo una banqueta metálica y una papelera similar. En la pared, un porta pañuelos de papel, un secador de pelo y un gancho para colgar toallas o ropa. Junto a la encima, un gran radiador calienta toallas. 

A la derecha de la puerta el inodoro, el bidet y la bañera. Todos ellos bien cuidados pero algo antiguos. Sobre el bidet un portatoallas ofrece el juego de lencería: dos toallas de baño y dos de manos con los logos de la cadena, de generoso tamaño y de cuidada calidad. La grifería de la ducha resulta también algo antigua a excepción de la alcachofa de la ducha. La temperatura es adecuada pero el caudal y la presión vuelve a fallar. Una mampara de cristal protege del agua de caer al resto del baño. Un par de puntos de luz ubicados en el techo, practicable de metal, iluminan de forma poco cálido el espacio creando además incómodas sombras al mirarse al espejo.

Por la mañana en un salón blanco y desangelado -quizá por culpa del virus- se sirve el desayuno buffet. Una gran vitrina muestra los productos que se pueden pedir a un camarero que lo va colocando en una bandeja: fruta cortada, cereales, embutidos, queso, pan, variedad de zumos, platos calientes que se encargan directamente a la cocina y un café no demasiado malo. La acumulación de huéspedes en la hora punta hace que el servicio se sature y resulte algo lento. 

En la recepción al decir adiós no hay que preguntar por el minibar, así que simplemente entregamos la llave, que se introduce en otra urna para su desinfección, y adiós. 

Calidad/precio: 
Servicio: 7.5
Ambiente: 7
Habitación: 7.5
Baño: 6
Estado de conservación: 5
Desayuno: 7.5

miércoles, 18 de noviembre de 2020

HOTEL CASA SOTO (VEGADEO - ASTURIAS)

HOTEL CASA SOTO (***)
Armando Cotarelo 16
33770 Vegadeo (Asturias) 

Habitación: El Calero
Fecha de entrada: 18/07/2020

Tarifa: 90,00 (AD)

Ubicado en el mismo corazón de este pequeño pueblo fronterizo con Galicia. A un paso de la plaza del Ayuntamiento, de la Parroquia y de los pocos comercios, bares y restaurantes que sobreviven en la villa. En una calle adoquinada y en fuerte pendiente, rodeado de algunos edificios abandonados, encontramos este moderno edificio encalado en color marrón con una gran puerta doble en blanco. Dos alturas, balcones de aluminio blanco a la calle con barandillas de forja negra y tres mástiles con banderas. Frente a la puerta hay un pequeño hueco para dejar el coche y descargar el equipaje.

Tras la puerta de madera, hay un escalón que nos deja en un estrecho recibidor en cristal y madera con una tupida alfombra. La puerta que allí hay se cierra por las noches y la llave de la habitación incluye otra que permite abrir esta. En el cristal, un cartel avisa que si la recepcionista no está disponible, se llame a un número de teléfono. Tras esa puerta, entramos en la casa, y una joven y simpática recepcionista sale a acogernos. El espacio al que entramos es de corte rústico, con poca luz, no en vano estamos en Asturias. Suelo de piedra, paredes en verde botella con grandes zócalos de piedra, luces puntuales en un techo de madera. Muebles antiguos en madera y cristal, colgadores y percheros. Frente a nosotros, la ancha escalera de madera con barandilla de metal que sube a las habitaciones.

A la derecha, un aparador, con un espejo y algunas flores secas. A la izquierda se abre la recepción. En primer lugar un escritorio de madera de corte antigua donde se realiza el registro de llegada y se paga a la salida. Detrás del escritorio, una silla de despacho. Delante, dos. En la pared, ventanales de madera blanca cubiertos con visillos. Algunas mesas auxiliares con lámparas de pie y pantalla de tela. Frente a la mesa, cerrado por un biombo, el acceso al comedor de desayunos. A la izquierda de la mesa hay un sofá con dos sillones, recubiertos con mantas y cojines, una librería con libros de  y una chimenea que se enciende en invierno. La sensación es acogedora y cálida, pese al día destemplado que hace fuera.

La recepcionista nos entrega las llaves de la habitación, en un llavero de piel con el nombre de la misma grabado. Nos dice que tiempo habrá para recoger los datos y que vayamos a descansar y a ponernos cómodos. Se hace cargo de nuestra maleta y subimos escaleras arriba. A mitad de escalera hay una zona con varias maletas antiguas de decoración. El suelo, de madera limpísima y brillante cruje a nuestro paso. No hay ascensor, así que el crujido de otros huéspedes llegará a molestar durante la noche. Llegamos al primer piso, en el que un recibidor decorado con una enorme imagen de la cara de un toro distribuye las habitaciones a derecha e izquierda. La luz, que ofrece la claraboya del hueco de la escalera lo inunda todo. Bajo el cuadro del toro, un banco de madera. Al fondo del pasillo encontramos nuestra habitación, tras una puerta de madera clara. Una larga y estrecha alfombra protege el suelo del pasillo. Y dos lámparas de pared iluminan el mismo. 

Tras la puerta caemos directamente en el dormitorio. No es grande, pero tampoco pequeño. Toda la pared del frente está cubierta por ventanas de madera blanca protegidas por visillos y por dos largos estores que tratan en vano de ocultar la luz de la mañana. Las vistas son a un patio interior amplio arriba y a una pequeña terraza ajardinada que tiene el hotel en la planta baja. Silencio y tranquilidad. Sólo molesta por la mañana el canto de los pájaros y la luz que se cuela en la habitación por detrás del estor. Paredes pintadas en tono crudo. suelo de madera limpísima y techo muy alto, en madera algo abuhardillado. 

Junto a la puerta de entrada encontramos un maletero de tijera en madera y bandas de tela negra. Junto a él, un armario exento de madera roja. Estrecho y ancho. Con dos puertas. Dentro, un par de baldas y un par de colgadores "a lo ancho" con un conjunto de perchas de distintos tipos (para chaquetas, para pantalones, faldas, camisas...).  A continuación y hasta la ventana un pequeño e incómodo escritorio de metal y cristal. Sobre él, una televisión plana que no funciona y dos botellas de agua de cortesía. Debajo, una silla de madera y una papelera de mimbre. En la pared hay varios enchufes para los aparatos electrónicos. El hotel dispone de varias redes de wifi gratuito y bastante veloz en todo el edificio protegido con una larguísima contraseña. 

En el centro de la habitación está la cama. Ancha para ser individual, estrecha para ser doble. En cualquier caso muy corta, especialmente para los que somos de tamaño xxl. El colchón aunque es cómodo, se nota que ha pasado ya algunos años. Sábanas suaves blancas y una suave colcha blanca. El cabecero, anclado a la pared es de sencilla forja negra. A cada lado, sendas mesillas altas, de madera, de corte rústico, con un pequeño cajón y una balda. Sobre ellas, hay interruptores para apagar las luces y un enchufe disponible. La luz de la habitación se reduce a un punto de luz en el techo y tres apliques de metal y cristal a juego: dos sobre las mesillas y otro en la pared junto a la puerta del baño. Tres láminas enmarcadas constituyen toda la decoración de la habitación. No hay minibar, y se hecha en falta el aire acondicionado en los pocos días que el calor escala el termómetro. Bajo la ventana hay un radiador. 

La insonorización interior es manifiestamente mejorable y se escucha mucho lo que ocurre en el pasillo y en las habitaciones contiguas. Aún así el hotel resulta tranquilo, y el pueblo más. La insonorización exterior, con tanta ventana de cristal es algo justa, pero igualmente el patio interior al que da es igualmente silencioso.

Otra puerta de madera con un pomo de metal y porcelana blanca nos ofrece el acceso al baño. Detrás de la puerta queda una ventana más, igualmente en madera blanca y con visillos blancos. Suelo de gres porcelánico en vivos colores, y paredes alicatadas en baldosas cuadradas en color granate con unas cenefas a media altura con motivos vegetales. El lavabo, exento y generoso aparecer anclado sobre una mesa de madera. Sobre la blanca porcelana del mismo se ofrecen dos vasos de cristal, y una pequeña cesta de mimbre con las amenities: una pastilla de jabón, dos botes de gel, uno de champú, un gorro de baño y un lustrazapatos. Encima del lavabo hay un espejo y a su lado, en la pared, un aplique de luz -que junto con un punto de luz más fría en el techo iluminan la pequeña estancia- y un secador de pelo de escasa potencia. Caudal, presión y temperatura funcionan bien, aunque el chorro que expulsa el grifo resulta algo irregular. 

Al fondo del baño queda el inodoro, exento y moderno. A su lado un escobilla de baño, y un porta rollos con dos rollos de papel higiénico. Sobre el inodoro un sencillo toallero de metal. Dos toallas de bañera de tamaño justo, dos toallas de manos y un pie de ducha constituyen el juego de lencería. En la pared hay un toallero para colgar las toallas de manos una vez usadas. En el rincón del fondo encontramos la cabina de ducha. De cristal con puertas correderas que no terminan de ajustar bien y sacan algo de agua al suelo. La cabina es algo pequeña, pero el grifo funciona perfectamente bien tanto en presión como en caudal y temperatura. Junto al grifo hay una repisa sencilla en la que dejar las amenities que vayamos a utilizar.

Por la mañana el desayuno se sirve en el salón situado junto a la recepción. Una cariñosa, atenta y servicial señora nos ofrece café líquido pero no excesivamente malo, zumo de naranja recién exprimido, cereales, tostadas de rico pan, bizcocho, mantequillas, mermeladas, alguna pieza de fruta, tomate y aceite. Tras el desayuno, en la recepción el trámite de salida es muy rápido. Pagamos. Nos preguntan por la continuación de nuestro viaje y nos ofrecen  un par de botellas de agua frías para hacérnoslo más cómodo.

Calidad/precio: 7
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 6.5
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 7.5