jueves, 25 de mayo de 2017

AM KONZERTHAUS (VIENA - AUSTRIA)

HOTEL AM KONZERTHAUS VIENNA MGALLERY BY SOFITEL (****)
Am Heumarkt 35 - 37
1030 Viena (Austria)


Hab: 518
Llegada: ‎26/12/2016
Tarifa: 103 AD

Situado entre la Karlkische y el Konzerthouse, a dos manzanas del RingStrasse, junto al Belvedere y al StadtPark y al lado de varias estaciones de metro y tranvías. Un edificio de 8 plantas, que ocupa la mitad de una manzana cuya otra mitad ocupa un moderno edificio de oficinas en unas tranquilas calles.

La entrada principal se encuentra ‎en un chaflán, muy iluminada y rematada por un elegante toldo negro. Dos maceteros a cada lado de dos tramos de puertas correderas de cristal. Nos situamos en la recepción. No muy grande, en forma casi triangular con vértice en el chaflán. De frente los tres ascensores con metálicas puertas en negro con detalles dorados. A la derecha e introduciéndose hasta el final del edificio, el bar y restaurante, bastante bullicioso en el momento en que llegamos. En el centro de ese triángulo, una figura dorada con algunos regalos a sus pies envueltos en papel de colores brillantes. Por algo es Navidad. A la izquierda, un robusto mostrador de recepción en madera oscura con algunos toques dorados y rematado en mármol claro. Todo en general resulta bastante Art Deco, envuelto en una atmósfera algo oscura e intimista con luces puntuales. 

Tras ‎el mostrador, con dos puestos de trabajo nos saluda en perfecto castellano una amable argentina que nos pide la documentación para revisarla. El trámite es rápido pero mientras lo ejecuta no deja de preguntarnos por nuestro viaje, de explicarnos los horarios del hotel, el funcionamiento del wifi, que es gratuito pero que funciona bastante mal (demasiados cortes, zonas de sombra y caídas de la red), la ubicación del hotel en la ciudad, así como algunas recomendaciones gastronómicas...

Las puertas del ascensor se abren -y se cierran- bruscamente. Dentro, paredes de espejo ahumado, acero y un techo retroiluminado con unos dibujos en azul. No es nuevo, pero está bien conservado. Botonadura de acero con luces azuladas. Es necesario, por seguridad, insertar la tarjeta en una ranura para que el elevador funcione. De nuevo las puertas se abren bruscamente en nuestra planta y salimos a un distribuidor triangular en el que hay cuatro habitaciones (entre ellas, la nuestra) y al que a cada lado se abre un pasillo con el resto de dormitorios.

Suelo de moqueta azul. Paredes en color crudo con un fino estucado con remates dorados junto al techo. Puertas negras con números y señalética dorada. La pesada puerta remata en un marco cuadrado, que también tiene "suelo", lo que añade un extra de insonorización y privacidad a la estancia. 
Tras la puerta, el suelo continúa en moqueta azul grisácea con algunas ondas más claras y algunos detalles dorados. No es nueva pero está limpia y bastante bien cuidada. La habitación tiene una forma extraña. Tras la puerta hay un pasillo amplio, con paredes estucadas en blanco. Junto a la puerta el interruptor general de la luz, a la izquierda, unos pasos antes de la puerta del baño, en marrón oscuro. La sensación general es cálida, algo antigua, pero no vieja, aún así, hay un zumbido, en el techo, cerca de la puerta, permanente provocado por el retorno de aire. 

Pasado el baño, a la derecha nos encontramos con el armario, casi junto al dormitorio. Dos puertas de espejo correderas. Dentro un colgador alto con una docena de perchas de distintos tipos (chaqueta, camisas, faldas, tirantes, pantalones...), un paraguas, una tabla de planchar y una plancha. Sobre el colgador una balda con la caja fuerte, un calzador, un cepillo de ropa, un set de costura y una gamuza limpiazapatos. 


Allí mismo empieza el dormitorio. Generoso de tamaño. Casi rectangular. Junto al armario, un gran maletero situado sobre un armario cajonero en madera marrón rojiza con detalles dorados. Sobre él, una lámina de Art Deco. A su lado, y ocupando parte de la pared del fondo, un sofá alargado en tonos azules. Algo incómodo y algo sucio. A los pies del mismo una mesa redonda con una silla y una lámpara de pie de lectura. Sobre la mesa, unos bombones de bienvenida con una nota de la directora del hotel y una revista sobre la ciudad. Esa pared del fondo aparece protegida por una larga cortina. Visillos blancos por detrás de un foscurit en tono crudo. Tres enormes ventanas detrás, con vistas a la puerta principal. Una de ellas completamente practicable. Las otras dos no. Una no cierra bien, y eso hace que parte del ruido de la calle se cuele en la habitación, aunque gracias a Dios las calles que circundan el hotel son tranquilas. El foscurit se queda corto en los extremos, por lo que la luz exterior del día (o la iluminación artificial de la fachada) se cuelan en el dormitorio. 

A la izquierda de la entrada del dormitorio en una pared cubierta con un elegante papel en oro viejo encontramos el escritorio. Tan enorme como abigarrado y lleno de cosas. En un extremo, la televisión de plasma. Bajo ella, en un armario de madera rojiza a juego con el maletero y con las mesillas, el minibar, de justo surtido sin bebidas alcohólicas. A continuación en la zona de escritorio propiamente dicho hay una bandeja con una Nespresso, una tetera y varias opciones de té, café y azúcar. Una botella de agua con gas. Un display con una revista de la cadena, unos sobres, una carpeta con información del hotel... En el poco espacio que queda disponible hay una bonita lámpara de escritorio de cristal verde muy en la línea artística del hotel. Dos enchufes disponibles para los aparatos electrónicos. Una silla no demasiado cómoda para el trabajo en madera y tapizado en azul y dorado.

La cama es grande. Mullida, muy mullida gracias al confortable topper que se coloca sobre el colchón. Cómoda. Blanca. Presentada abierta de forma muy curiosa "jugando" con el suave nórdico que la recubre. Cuatro almohadas. ‎A cada lado sendas mesillas en madera. Tras ellas, un par de enchufes disponibles. Sobre ellas unas lámparas de noche de cristal, también de estilo Art Deco. Sobre una de las mesillas, el teléfono, un lapicero y un bloc de notas. Sobre la otra una bandeja con dos tazas, dos infusiones, dos antifaces y dos juegos de tapones para los oídos. Sobre la cama hay un enorme mural de uno de los cuadros más representativos de Gustav Klimt. En el marco que lo bordea hay sendas lámparas de lectura dirigibles, los interruptores para apagar unas cuantas luces (no todas) de la habitación y se remata en la parte de arriba con tres potentes focos.

Aunque la luz de la puerta resulta algo fría, la del resto del dormitorio consigue formar una atmósfera cálid‎a y acogedora. 

El baño resulta algo pequeño. Antiguo pero no viejo. De forma trapezoidal. Paredes y suelo de baldosas cuadradas de porcelana blancas aunque entre medio se alterna alguna azul y dorada. La fila junto al techo hace un dibujo geométrico todo alrededor. 


Un punto de luz en el techo y dos tubos fluorescentes a cada lado del enorme espejo del lavabo, incrustado en una encimera de granito marrón y grifo monomando. Sobre una bandeja el set de amenities, de C Bigelow (champú, gel, acondicionador y leche hidratante, jabón) una manopla de crin, una lima‎ y un set con desmaquilladores y bastoncillos para las orejas. Anclado a la pared un porta kleneex de acero, un espejo de aumento y un secador de escasa potencia. 


A la izquierda del lavabo el inodoro, algo antiguo, pegado al radiador que funciona a toda potencia, cosa que se agradece en el crudo invierno austriaco. A la derecha del lavabo, la bañera, algo elevada, con una ducha remetida entre la pared del lavabo. Quizá algo corta lo que hace que salpiquemos agua al suelo. Temperatura formidable, pero caudal y potencia un pelín justa. 

Dos cuadrantes de manos, dos toallas de lavabo, dos de ducha y dos albornoces, todo ello nuevo, limpio, mullido y blanco configuran el set de lencería.

Por la mañana, en un bullicioso salón se sirve el desayuno buffet. Zumos, fruta cortada, embutidos, fiambres y quesos, platos calientes (huevos, bacon, salchichas, patatas, verduras...), un buen surtido de cereales, panes variados y recién hechos, crujientes croissants, mermeladas caseras, algunos bizcochos... El café -líquido y flojo- se sirve en la mesa en unos termos.

En el mostrador, la salida, demasiado temprana, es demasiado rápida. Pero sin más. Pagar y adiós. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 7.5
Baño: 6.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 7.5
Valoración General: 8

martes, 9 de mayo de 2017

HOTEL DERBY (BARCELONA)

HOTEL DERBY (****)
Loreto 21
08029 Barcelona

Habitación: 625

Fecha de entrada: 20/11/2016
Tarifa:

Un edificio incrustado en una manzana en una tranquila calle a dos pies de la Avda Sarria, al lado de la Diagonal y de la zona comercial y de negocios que rodea la plaza Francesc Maciá. 8 alturas en ladrillo que destaca sobre el aluminio blanco de las grandes ventanas y de las persianas. Toda la parte baja del hotel es una enorme cristalera que permite ver desde el exterior lo que nos espera dentro. Primero dos puertas manuales con clásicos tiradores de madera, y después dos puertas correderas automáticas que nos dejan ante un hall amplio, de techo algo bajo y de mármol negro y blanco en el suelo. 

A la derecha una mesa de escritorio, la puerta que comunica con un bar de estilo clásico inglés y el restaurante de desayunos, y hacia el fondo una serie de esculturas de granito de corte clásico. Dicen que originales del S XVIII. A la izquierda, y pegados a los ventanales, varios sofás que invitan a la lectura y al descanso. Y allí mismo, nada más abrirse la puerta, el mostrador de recepción: mármol negro en forma de U. Con dos puestos de trabajo.

Pese a que no es la primera vez que estamos en el hotel, otra vez vuelta a escribir todos los datos: el DNI, la Iberia Plus y una tarjeta de crédito de garantía. El trato es frío y distante, quizá aumentado por la luz algo amarillenta que rodea la estancia. Nos explican el funcionamiento del wifi, que es gratuito, aunque algo lento para los servicios de streaming y el horario del desayuno.

Al fondo a la izquierda están los ascensores, junto a un gran artilugio lleno de folletos turísticos de la ciudad y alrededores. Los ascensores son muy clásicos, con un punto antiguo. Suelo de granito blanco y negro, metal hasta media altura, y espejos en el resto de paredes. Puertas automáticas y botonadura con un cartel con indicación de los servicios que hay repartidos entre este hotel y el Gran Derby, ubicado enfrente.

El ascensor nos deja en un rellano al que se abren las escaleras. A la izquierda el pasillo de las habitaciones, que se abre a derecha e izquierda. El suelo, de mármol da sensación de frialdad. ‎Paredes de color oscuro, como la madera de las puertas, que casi tira a rojizo. Las luces tampoco acompañan mucho a hacer acogedor el ambiente.

Tras la puerta la sensación cambia. Paredes de gotelé blanco, suelos de agradable y cuidada madera clara. ‎De primeras, un pasillo con la puerta del baño, de madera rojiza y moderno pomo plateado, a la izquierda. Unos pasos más adelante y tras otra puerta, el dormitorio. La insonorización exterior es formidable, ayudada por la persiana que protege la ventana y porque el patio interior al que da el hotel es tranquilo. Sin embargo y pese a esa doble puerta, la insonorización interior es muy mejorable. Se escuchan los portazos de las puertas de otras habitaciones, las voces de otros huéspedes, pasos, duchas, despertadores...

El espacio de la habitación es generoso, y aunque la pared de gotelé pudiera resultar fría unas molduras de madera iluminadas le dan una sensación acogedora. Junto a la puerta está el mando del aire acondicionado. Una rueda para indicar la potencia y otra para la temperatura. Funciona eficazmente pero de forma algo ruidosa, inviable para dormir con él encendido. 

A la izquierda de la entrada se encuentra el armario. Por un lado una zona de baldas con un par de revistas de publicidad de la cadena y de la ciudad, y una piedra a modo de antigüedad. ‎Por otro, tras dos puertas correderas, el armario. Tras una puerta varias baldas y cajones. En una de ellas la caja fuerte y en otra la bolsa de lavandería y una pequeña bolsa de lino con el logo del hotel que contiene un juego de zapatillas de felpa. Tras la otra puerta un colgador largo con varias perchas antirrobo, una bolsa con publicidad del hotel y un maletero de tijera que podemos poner donde queramos.

A continuación, y quizá demasiado cerca del armario, las dos camas. Vestidas con una suave sábana y la colcha/edredón marrón que las recubre. Algo horterilla sus brillos tornasolados. La cama es cómoda aunque el colchón recubierto con alguna funda hace que sudemos demasiado. También se observa un cierto combamiento en el mismo. Quizá se esté acercando el momento de cambiarlos.

Las dos camas aparecen enmarcadas en un cabecero de madera con sendas mesillas de madera negra una a cada lado. Sobre una de ellas el teléfono, la carta del room Service, un curioso folleto con los servicios del hotel, un bloc de notas y un lapicero. En ambas, interruptores para apagar todas las luces y enchufes para los aparatos electrónicos. Sobre ellas dos apliques de luz, en tonos amarillentos que dan suficiente luminosidad al espacio.

En el generoso espacio que queda hasta la ventana, de moderno aluminio blanco, con vistas a un patio interior, y protegida por una persiana y un visillo, se ubica una pequeña butaca de piel negra, y una mesa pequeña de centro de madera y cristal.

Además un escritorio grande, en madera marrón y negra, con un gran espejo delante y varios enchufes para el ordenador. Una cómoda silla completa el mobiliario. ‎Sobre la mesa una televisión. No hay lámpara de trabajo, pero hay luz suficiente para trabajar con un aplique en la pared.

El baño es pequeño. Se le nota reformado, y bastante bien reformado, aunque no es moderno. ‎Ya la puerta se nota que es la antigua repintada. Una vez dentro, mucha luz. Paredes de cerámica blanca con algún toque ocre. Suelo de mármol claro. Techo practicable de placas metálicas. A la izquierda un moderno inodoro y bidet. 

De frente una encimera de mármol encuadrada entre dos paredes acoge el lavabo. Sobre él un potente espejo, y una pequeña repisa de mármol con dos vasos y una bolsita de lino con el set de amenites en su interior. Elegantes y de buena calidad. Gel, champú, crema hidratante, guante lustrazapatos, gorro de ducha, pañuelos y ‎algodones, bastoncillos y artículos de costura. La repisa esta incomoda un poco para acecar la cara al lavabo.

La grifería es moderna, y muy limpia. A cada lado del lavabo hay un secador de escasa potencia y un espejo de aumento. Bajo la encimera hay una estantería de cristal iluminada -lo que da una agradable sensación en la estancia- en la que se ofrecen dos gigantescas, mullidas y novísimas toallas de baño, dos de lavabo y una alfombrilla de baño.

A la derecha de la puerta hay una bañera, con algunos esconchones, y protegida por una mampara de cristal. Un grifo termostático nos permite manejar la temperatura de una ducha fija rematada con una amplia alcachofa de efecto lluvia. Lástima que la ducha esté situada a 1,90m lo que nos obliga a ducharnos de rodillas. Y lástima que el caudal y la presión dejen bastante que desear.

Por la mañana en un restaurante situado en el sótano se sirve el desayuno. Presentado en una consola central y atendido distante y fríamente por dos empleadas. Los platos calientes hay que demandarlos a las camareras. Zumos, algo de fruta, fiambres, quesos, panes cortados, tortilla de patata, pan con tomate, cereales, distintos tipos de leche, bol‎leria crujiente y donuts normales y de chocolate. El café, líquido, es casi prescindible.

En ‎el mostrador, al decir adiós, casi ni eso. El empleado está más pendiente de atender no se qué tablas que le enseña la encargada del restaurante que de enterarse de que volvemos en dos días. 

Calidad/precio: 
Servicio: 5

Ambiente: 6.5
Habitación: 8

Baño: 6.5
Estado de conservación: 8

Desayuno: 7
Valoración General: 7
 

lunes, 24 de abril de 2017

HOTEL CONDESTABLE IRANZO (JAÉN)

CONDESTABLE IRANZO (****)
Paseo de la Estación 32
23008 Jaén

Habitación: 501

Fecha de entrada: 18/11/2016
Tarifa:

Uno de los hoteles clásicos de la ciudad. Ubicado en el mismo centro de la misma. En el cruce de dos amplias avenidas junto al Hospital, la zona comercial y turística y a un paso de todo, con las puertas abiertas a un parque. Nueve plantas de un edificio de ladrillo marrón oscuro con ventanas tintadas y rematado con un letrero amarillo.

Tres escaleras de mármol marrón nos dejan ante dos pares de puertas de cristal, que se abren empujando grandes tiradores de madera. Tras ellas, el hall. Tan generoso de tamaño como caduco en su decoración. Mantenemos el suelo marrón ‎de frío mármol. Luces algo amarillentas. A la izquierda se encuentran las escaleras que van al restaurante y a la cafetería. Por su puerta abierta se escucha bastante jaleo.  A la derecha el mostrador de recepción, largo, poderoso y potente. En madera oscura y más mármol marrón. Rematado por detrás con uno de aquellos antiguos casilleros de madera para cada habitación. Antiguo y viejo, con papeles en algunas casillas, y cierta sensación de desorden. Junto al mostrador una vitrina iluminada que vende algunos productos de moda y recuerdos.

El trato es frío y distante. Nos piden el DNI, lo copian y nos asignan la habitación. Nos entregan la llave. Preguntamos por el wifi que es gratuito, y que funciona bastante bien con una clave. Preguntamos también por el desayuno. Y nos damos la vuelta para ir hacia los ascensores, que quedaban a nuestra espalda.

Son dos. Lo más moderno de todo el hall. Más anchos que profundos. Con suelo de cerámica con el logo del hotel. Paredes con espejo y acero. Botonadura moderna.

Las puertas automáticas se nos abren en un extraño recibidor. Ancho y largo. Suelo de moqueta plastificada en gris como si fuera de espiga. De frente una pared blanca, en estuco, con dos puertas una en el extremo derecho y otra en el izquierdo. Las puertas son como de obra, metálicas blancas con un pomo de plástico negro. A la izquierda del ascensor queda el hueco de la escalera, con ventanas ahumadas y vistas a la ciudad. 

Tras la puerta "de obra" accedemos a otro pasillo paralelo. Se mantiene el suelo gris. La luminosidad baja más todavía. Puntos de luz sobre las viejas puertas de las habitaciones. Las paredes decoradas con un papel pintado que imita a una librería. Aunque las puertas son viejas, y los números de las habitaciones se sitúan en una placa de corte algo anticuado, la manivela es modernisima. Se abre por contacto de la llave. 

Tras la puerta, el suelo cambia a un frío mármol marrón oscuro. Terriblemente frío para el pie descalzo. ‎Nos damos de bruces con las puertas del armario. Tres. En su interior colgador con perchas de distintos tipos (normales, antirrobo, de falda...), una cajonera, la Bolsa de la lavandaria y una manta y un almohadón de recambio.

Junto a la puerta y casi en el techo, el display que maneja el aire acondicionado. Una rueda de temperatura y un botón para la intensidad. Muy efectivo, pero muy ruidoso. No hace frío en la estancia, pero el suelo produce una desapacible sensación de frialdad.
 
A continuación del armario y ya en lo que es el dormitorio encontramos una pared pintada en estuco gris. Con una lámpara en medio de la pared. A cada lado de la misma, un maletero de madera oscura y ‎un estrecho escritorio con una gran silla correcta para el trabajo. Entre ambos muebles, varios enchufes. Sobre la mesa falta una lámpara de trabajo. La iluminación de la habitación en general es sumamente escasa. Tan sólo ese punto de luz y los dos de las mesillas. Especialmente oscura es la zona que queda entre la puerta de entrada y el armario.

A la izquierda del armario encontramos la cama. Doble, pero no enorme. Cómoda. Vestida con suaves sábanas blancas, una manta y una colcha blanca muy limpia. Un largo almohadón. La pared del cabecero también es gris, pero este, de madera brillante con algunas rayas verticales en negro ocupa casi toda la pared. A cada lado sendas mesillas a él ancladas. Pequeñas. De madera negra. Sobre una de ellas un moderno teléfono. Sobre ambas interruptores y enchufes. 

En la pared que se sitúa a los pies de la cama, encontramos una butaca pequeña en tonos blancos, una televisión de plasma colgando de la misma y la ventana, amplia, generosa y con buenas vistas de la ciudad aquí y de los olivares allí. Protegida por una cortina foscurit en tonos también marrón oscuro. Cumple eficazmente su misión de parar la luz. La insonorización exterior es fenomenal, porque además la habitación da a la parte trasera del edificio a un patio abierto con una piscina. La interior es manifiestamente mejorable y se escuchan las voces y puertas del pasillo con mucha facilidad.

A la izquierda de la cama, encontramos un espejo de cuerpo entero y la puerta, antigua, que da acceso al baño.

El baño da más sensación de antiguo. Precioso mármol rosado en paredes y suelo. Sanitarios en color marrón. A la izquierda un radiador que calienta, ¡y cuánto!, la estancia. A continuación el bidet, el inodoro y una pequeña encimera también de mármol que recoge el lavabo. Sobre él un espejo iluminado. La luz en general es abundante, quizá aquí demasiada. Pero también demasiado fría. Sobre la encimera en una bandeja de plástico negro el set de amenities, personalizado para el hotel y envuelto en elegantes fundas negras: peine, lustrazapatos, gorro de ducha, pastillas de jabón, y dos botes de gel/champú.  Dos vasos de cristal higienizados y envueltos en plástico. Un secador de pelo de escasa potencia anclado a la pared.

El grifo del lavabo está viejo. Le falta caudal y presión y para colmo el agua sale disparada en distintos chorros y direcciones, mojando el pantalón si uno anda demasiado cerca. La lencería son dos toallas de manos y dos de baño. Grandes. Un par (de ambas) nuevo y formidable. El otro par (de ambas) viejo y deshilachado. Las de baño se presentan en un potente toallero ubicado dentro de la bañera.

La bañera también es marrón y tiene varios "desconchones". Protegida por una bajita mampara de cristal con algunos vinilos a rayas. El agua salta por encima de ella. Dentro de la bañera hay una ventana con vistas al exterior. El grifo es antiguo, pero el dispositivo de ducha no. Está rematado con un teléfono como de plástico imitando al acero. Resulta difícil encajarlo en su enganche, pero al final lo conseguimos. El caudal es escaso, pero sale con una fuerza (aire) descomunal. Además la temperatura pasa del frío a calor de forma cíclica. 

Por la mañana en un oscuro salón se sirve un desayuno buffet con un buen surtido de productos (huevos fritos, revueltos, bacon, fiambres, quesos, panes, untables, cereales, fruta, zumos, agua...), un café bastante aceptable pero una decoración y presentación francamente mejorable.

En la recepción por la mañana, el trato es tan distante como rápido. Teclean el número de la habitación y nos dicen adiós. 

Calidad/precio: 
Servicio: 6

Ambiente: 6
Habitación: 6.5

Baño: 6
Estado de conservación: 6.5

Desayuno: 5
Valoración General: 6

miércoles, 5 de abril de 2017

URH PALACIO DE ORIOL (SANTURCE - VIZCAYA)

URH PALACIO DE ORIOL (****)
Cristóbal de Murrieta 27
48980 Santurce - Vizcaya

Habitación: 603
Fecha de entrada: 17/11/2016
Tarifa: 65 (A+D)


En la frontera entre Santurce y Portugalete, casi en la boca de la ría, un palacete de principios del siglo XXI acoge un hotel antes abanderado por NH y eso se nota en casi toda la decoración, estructura... Una pequeña zona ajardinada junto a la acera nos acerca hasta la verja de la finca, tras la que se eleva el estilizado edificio con torreones. Una decena de escaleras cubiertas por una alfombra roja nos sitúan frente a la entrada, protegida por una especie de baldaquino y con dos puertas de cristal correderas que nos introducen en la recepción.

Lo primero que nos salta a la vista una vez dentro es un armario grande de puertas abiertas en el que se venden patatas fritas, champú y botellas de aceite. Y después un montón de maletas que hay acumuladas junto a las escaleras. La recepción tiene como dos cuerpos. El primero a lo ancho acoge a la derecha el mostrador, y a la izquierda unos cuantos sofás y mesas para la tertulia y espera. Sorprende lo alto de los techos, y la luz que entra por las ventanas estrechas y altas de la estancia. 

De una puerta situada a la izquierda sale la recepcionista que nos saluda cariñosamente y después de situarse en el mostrador nos pide la documentación y nos asigna la habitación. Un poco lento todo, siendo tarde, pero amable y cariñoso. Al terminar, nos prepara la tarjeta de la habitación y nos dice que tiene una noticia buena y una mala. La mala es que ya no hay habitaciones como la que yo tenía reservada (que no sé cuál era) y la buena es que me va a dar una mejor. No está mal para empezar. Después nos explica el funcionamiento del wifi que es veloz y gratuito en todo el hotel, y el horario del desayuno. Como este no empieza hasta las 7.30 y hemos de salir antes ella se compromete a prepararnos algo a las 6.45. 

Damos dos pasos y accedemos a la segunda parte del recibidor, que es un espacio con un techo altísimo al que se abren algunas habitaciones y sobre todo una majestuosa escalera de madera que da acceso al resto de plantas. Allí, en un rincón hay un pequeño recibidor con dos ascensores. Todo recuerda al NH de antaño. Los ascensores, aunque no son nuevos, están bien cuidados. Protegidos por unas placas de metal rosado en dos paredes. En la otra un espejo. Junto a los números la descripción de los servicios de cada planta. El suelo con motivos florales. 

Salimos a un nuevo recibidor y de allí al pasillo de las habitaciones. Moqueta gruesa color rojo en el suelo, que amortigua pasos y ruedas, barandilla de madera oscura, a juego con las puertas, que se abre a ese enorme espacio en el que abajo está el segundo recibidor. Pomo metálico brillante en el que introducimos la llave. Al abrirse la puerta, el suelo pasa a ser de madera oscura, muy limpia, brillante y bien conservada. Hay un primer espacio como un pasillo corto en el que a la derecha encontramos la puerta del baño y a la izquierda las puertas correderas del armario. Dentro, una zona de colgador con perchas normales, otra de baldas donde está la caja fuerte y una gamuza limpiazapatos. 

Tras otra puerta que aísla bastante e insonoriza mucho la habitación el resto del interior del hotel entramos en la habitación. Adecuada de tamaño. Con un techo altísimo. Escasa luz. Quizá demasiado amarillenta, acrecentada por lo amarillento del vescom de las paredes. Las dos luminarias de las mesillas y la lámpara del escritorio son claramente escasas para un espacio tan alto. Todo queda un poco tenue. Y además el suelo, marrón oscuro, tampoco da luminosidad. A la izquierda un largo escritorio, de madera también oscura, con una cómoda silla. Sobre él una lámpara con luz algo justa para trabajar. una bandeja con un hervidor, un par de tazas y varios servicios de café e infusiones. Un espacio de trabajo y al final una gran pantalla de plasma. Bajo ella y dentro de un armario, el minibar.

A continuación de la mesa, en la pared situada frente a la puerta está la ventana. Estrecha y alta. Con bonitas vistas a la Escuela de Ingeniería Naval y a la ría. Por allí delante pasa un tren , pero o bien no circula por la noche o bien la insonorización exterior también es formidable porque no oímos nada en toda la noche. También influye que el entorno del hotel es súmamente tranquilo. La ventana se protege con un gran visillo y dos enormes cortinones que impiden el paso de la luz. Al llegar la sensación es de frío. Pero encendemos el aire acondicionado que se maneja desde un sencillo display con opciones de potencia y temperatura (pero no de auto) y la estancia coge calor. Aunque no es muy ruidoso, quizá sí bastante como para dormir con él encendido. 

A la derecha de la puerta hay un galán de noche, y junto a él la cama. A sus pies un maletero tapizado en tela color verdoso y patas metálicas. Y a continuación la cama. Grande, de matrimonio. Muy cómoda. Vestida con un suave nórdico blanco y rematada con cuatro almohadas y dos cojines marrones. El cabecero, de madera también oscura que contrasta con dos trozos de tela mullida en el mismo tono verdoso que el maletero. A cada lado sendas mesillas. Muy simples. De madera, otra vez oscura. Sobre una de ellas el teléfono. Sobre ambas, las lámparas de noche, dos pequeños focos de lectura direccionables y varios interruptores para apagar todas las luces de la estancia. Bajo ellas, a cada lado un enchufe. 

El baño resulta un poco caduco. No viejo. Es de los NH antiguos. Mármol color arena en suelo y paredes. A la derecha de la puerta sobre una encimera el lavabo. Su presión y caudal son escasos, muy escasos, pero es el lavabo. Junto a él, una bandeja ofrece un set de amenities compuesto por un champú, un gel, una loción corporal, gorro de ducha, peine y pañuelos de papel. Delante del lavabo un buen espejo (el único que hay en toda la habitación) bien iluminado y colgando de la pared un gran secador de buena potencia. 

Tras la puerta, un calienta toallas eléctrico que además sirve para caldear la estancia al despertar. Inodoro enfrente del bidet y al fondo la bañera, con una ducha rematada en una gran alcachofa de efecto masaje. Aunque la grifería está ya un poco raída presión y caudal en la ducha son correctos. Sin más. Pero sin menos. La iluminación del baño sigue con ese cierto tono amarillento que desprende toda la habitación. Dos toallas de manos, dos de baño y una alfombrilla de ducha son el set de lencería que es más que correcto en tamaño y calidad. 

Por la mañana no podemos probar el desayuno buffet que se sirve desde las 7.30, pero cumpliendo su promesa, la recepcionista nos ha dejado una bandeja con mucho más de lo que esperábamos: zumo, varias piezas de fruta cortada, un bocadillito de fiambre, un croisant, un donut, mantequilla, mermelada y un café solo doble, como nos gusta...

En la puerta, al despedirnos nos atiende un joven. El trámite es algo lento porque la tecnología no acompaña y además ha de dar de alta los datos de la empresa para la factura. Pero al menos se preocupa por nuestra estancia, por nuestro descanso y por la continuación de nuestro viaje. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8.5
Ambiente: 7.5
Habitación: 7.5

Baño: 7
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 
Valoración General: 7.5

domingo, 19 de marzo de 2017

SB EXPRESS TARRAGONA (TARRAGONA)

SB EXPRESS TARRAGONA (***)
Plaza Cortes Catalanas 4
43.005 Tarragona

Habitación: 702
Fecha de entrada: 16/11/2016
Tarifa: 


Nueve plantas en un edificio moderno, de granito rojizo y de forma angular, ubicado en una enorme plaza circular algo a las afueras de la ciudad, junto al Hospital y a parte de la Universidad. Grandes avenidas lo circundan con amplios espacios para aparcar el coche cerca. La planta baja, prácticamente de cristal inunda de luz la recepción.

Dos puertas correderas nos sitúan en un espacio de tamaño normal. Ni muy amplio ni muy pequeño. Adecuado. Bastante frío, quizá ayudado por el mármol marrón claro y rojizo del suelo. A la izquierda, una larga cristalera decorada con unos vinilos da a la cafetería, ya cerrada. A la derecha, el mostrador de recepción, también en mármol. Por el medio, varias columnas recubiertas de acero brillante. Desde el techo, lo que debería ser hilo musical es una tertulia radiofónica nocturna que llega incluso a molestar.

Tras el mostrador un joven trata de poner orden en un follón que tiene sobre la mesa de facturas, documentos y tablas. Nos atiende con simpatía. No es súmamente rápido, pero se le perdona por su cercanía y servicio. Nos solicita el DNI, imprime los bienvenidas, prepara las tarjetas de la habitación, nos hacer firmar y mientras tanto nos cuenta un poco su vida y se interesa por la nuestra. Nos explica el horario de desayuno y la extraña clave del wifi, que funciona de forma gratuita, eficaz y veloz en todo el edificio.  

Al fondo de la recepción, junto a unos carteles que indican la presencia en el hall de una oficina de alquiler de coches, se encuentran los ascensores. Dos. Metálicos. Algo viejos y desgastados. El interior con espejos y los botones, en negro, algo desgastados. 

Nos deja en un distribuidor casi triangular al que se abren 5 o 6 habitaciones. A derecha e izquierda se abren dos pasillos hacia el fondo, con un par de habitaciones más en cada tramo. Poca luz. Algo fría. Suelo de mármol, que produce más frialdad. Pasillo estrecho. Puerta de madera clara. Pomo en acero.

Tras la puerta, paredes marrón chocolate hasta el dormitorio, de pintura algo plastificada. El suelo continua en mármol frío, claro. Nada más meter la llave en la ranura que hay a la derecha se enciende la televisión a un volumen demasiado alto. Otra gritona tertulia. Además se ve mal. A la derecha, la puerta del baño. A la izquierda tres pequeñas puertas de armario que ofrecen una balda y perchero de perchas antirrobo por un lado y unas baldas con la caja fuerte y la bolsa de lavandería por otro.

Un paso más adelante el dormitorio. Amplio. Algo frío. El oscuro de las cortinas, colchas y sofá contrasta con el frío marrón del mármol del suelo. A la izquierda un largo armario con maletero, en madera y protegido con unas bandas de metal y un largo escritorio rematado en una cajonera. Sobre él, una televisión de plasma de generoso tamaño. Tras ella el único enchufe disponible en toda la habitación. Y sobre él un largo espejo rematado en un aplique de luz.

A la derecha del pasillo de entrada, en la pared, un cuadro abstracto de inspiración hindú. Y las dos camas. Cómodas. Vestidas con limpias sábanas y una manta. Recubiertas por una sucia colcha color chocolate. Ambas están enmarcadas entre dos mesillas de madera clara. Sobre ellas interruptores pero no enchufes, lo que nos obliga a dejar los gadets cargando en el escritorio, lejos de la cama. Sobre una de las mesillas, el teléfono y un bloc de notas con un bolígrafo del hotel. Y sendos apliques de acero y cristal. El cabecero son tres piezas de madera alargada ancladas a la pared.

Junto a la cama hay un gran sofá de terciopelo marrón que acoge una cama plegable. La habitación se remata con una ventana con vistas a la plaza en la que se ubica el hotel. Cubierta por una tupida cortina marrón oscura que no consigue que la luz se cuele por las rendijas superiores. La insonorización exterior es fenomenal. La interior podría mejorar. Y eso que las plantas son pequeñas y no muy bulliciosas, pero se escuchan bastante los pasos, las ruedas por el pasillo, las puertas...

Aunque al entrar en la habitación sentimos frío (no sólo por el mármol) encendiendo el aire acondicionado la habitación coge temperatura enseguida. Se maneja desde un display con varias opciones, pero aunque hay una rueda que indica la temperatura esta sale constantemente a la misma (calor). Es demasiado ruidoso para dormir con él encendido, incluso en las opciones de potencia más baja. 

El baño no es muy grande y quizá le falte un poco de luz. Sigue el mármol en el suelo y las paredes se recubren con gres en tonos marrones. A la izquierda de la puerta una encimera de mármol acoge el lavabo como empotrado en un hueco de la pared rematado por un espejo bien iluminado. Sobre el lavabo una bandeja con dos vasos, un lustrazapatos, un paquete de pañuelos de papel y un gorro de ducha. A un lado un secador de pelo de escasa potencia y al otro un artilugio alargado que dispensa el jabón de manos. Bajo el lavabo, una papelera metálica.

Tras la puerta quedan el bidet y el inodoro. Y justo frente a la puerta, la bañera con ducha. Protegida por una antihigiénica cortina de tela. Su interior es algo oscuro. Dispone de una ducha con buena alcachofa. Excelente temperatura, pero le falta un pelín de caudal. Otro alargado artilugio nos dispensa el jabón. El set de lencería se compone de dos toallas de mano, dos de baño y una alfombrilla de ducha. La calidad no es mala, pero tampoco es excepcional. 

Por la mañana, el desayuno es bastante prescindible. Sobre una mesa se exponen cereales, algo de bollería, una urna con fiambres y queso, algo de pan, un poco duro, una máquina de café y otra de zumos. 

En el mostrador de recepción, al irnos, poco interés. No preguntan por el minibar, que no hay, pero casi tampoco se acuerdan de decirnos adiós.

Calidad/precio:
Servicio: 6.5
Ambiente: 6
Habitación: 6

Baño: 7
Estado de conservación: 7

Desayuno: 4
Valoración General: 6.5

martes, 7 de marzo de 2017

HOTEL AMENAL (ARCA DO PINO - LA CORUÑA)

HOTEL AMENAL (**)
Calle Amenal 12
15821 Arca do Pino (La Coruña)

Habitación: 103

Fecha de entrada: 12/11/2016
Tarifa: 50 A+D

En el mismo Camino de Santiago, y frente a la carretera, un conjunto de edificaciones engloban un moderno hotel y un restaurante con cafetería. Todo ello relativamente nuevo y rodeado de jardines y de una zona de parking. Las paredes de la cafetería en piedra antigua. El hotel, de corte más moderno en tono marrón claro con largas ventanas de aluminio oscuro.

Aunque teníamos reserva hecha desde hacía tiempo, al llegar encontramos el hotel cerrado. Nos dirigimos a la cafetería y allí, una joven alemana, en perfecto español nos explica que han perdido la reserva, pero que tienen habitaciones disponibles. Aunque le cuesta bastante rato rellenar los datos en el ordenador y dar de alta las habitaciones, al final nos acompaña por una escalera interior hacia el hotel. Atravesamos el jardín y tras dos puertas de aluminio verde y cristal llegamos a la recepción. En ese momento pagamos la estancia, porque la recepción no está siempre atendida. 

No es muy grande. Pero es fría. Hace frío. Es muy luminosa, porque su pared más grande es de cristal con vistas al edificio de restaurante/cafetería y a la carretera. Un mostrador pequeño, situado frente a la puerta, y decorado con motivos jacobeos. Varios radiadores bajitos, situados alrededor de la estancia, que cláramente no funcionan. Paredes en color rojo oscuro. Las escaleras que suben hacia el primer piso. Las que bajan al sótano, donde hay una lavandería para los peregrinos. Dos enormes butacas con unos aparatos para darse masajes en las piernas, y una mesa con folletos e información turística completan el recibidor. Allí, la simpática y amable alemana nos entrega las llaves, nos explica el horario de la cena, del desayuno y el wifi que funciona velozmente el todo el edificio con una clave que está anunciada en algunos carteles en las paredes.

A la izquierda se abre un pasillo donde están las habitaciones de esa planta. Paredes rojas, puertas de madera oscura y ventanas al jardín. La puerta de la habitación nos deja ante un pequeño pasillo. A la izquierda, la puerta del baño, también oscura y un par de pasos más adelante el dormitorio. Hace frío. Giramos el termostato de la calefacción (no hay aire acondicionado) y el radiador enseguida se enciende y caldea la estancia. 

Suelo de madera clara. Bien conservada. Paredes pintadas de blanco pero llenas de manchas de golpes de maletas, de roces... A la izquierda las dos camas, bajo un cabecero de madera oscura casi negra en el que se empotran sendas mesillas, algo pequeñas. Sobre una de ellas un teléfono. En ambas interruptores para apagar todas las luces y un enchufe. Por encima del cabecero un par de lámparas de noche. Correctas para dar un toque de calidez a la iluminación de la habitación, pero algo escasas para la lectura. Encima del cabecero, un cuadro abstracto. La luz del techo, con puntos halógenos es algo fría. 

Las camas aparecen vestidas con unas limpias sábanas blancas y una manta, y recubiertas por unas sucísimas colchas de color calabaza llenas de quemaduras, manchas... El colchón nota ya el paso de muchos huéspedes y quizá esté algo combado hacia dentro. La insonorización exterior es adecuada, especialmente porque la carretera ni se escucha. Pero la interior es muy mejorable. Se escucha todo lo que pasa, hasta la vibración de un móvil, en la habitación de al lado.

Frente a la cama hay un armario empotrado de doble puerta con colgadores una balda. Al lado el potente radiador. Delante de él un maletero de madera y junto a él una mesa escritorio con dos sillas bastante cómodas para trabajar. En la mesa una pequeña y destartalada lámpara con pantalla clara. Sobre el escritorio,en la pared, una pequeña televisión de plasma. Bajo él, una papelera.

Junto a la mesa está la ventana. De dos cuerpos, uno sobre otro. Aluminio verde. Una cortina en tonos arena cubre el foscurit que para por completo la luz exterior. Vistas a la zona de aparcamiento y a la carretera. 

El baño también resulta moderno. Alicatado hasta media altura con baldosas de tonos verdosos. Suelo verdoso también. A la izquierda de la puerta, un lavabo sobre el que hay un espejo con un doble aplique blanco de luz. Una repisa de cristal ofrece dos vasos y una cestita de mimbre una pastilla de jabón y par de sobres de gel/champú. A continuación el inodoro, y en la pared del fondo una baja bañera con ducha. Cortina de tela, que siempre resulta antihigiénica, aunque no parece muy sucia. Dentro, una ducha rematada en un teléfono de plástico blanco. Presión y caudal muy mejorables. 

Junto al lavabo en un toallero hay dos toallas de manos, y en la bañera, en otro toallero dos de baño. Limpias, pero algo viejas ya. Llevan demasiados lavabos. En el techo un extractor de aire que se activa automáticamente con el interruptor de la luz. 

El baño está lleno de mosquitos. Durante un rato, con una toalla vamos matando hasta 10. Dejando los cadáveres por todo el baño. Pensamos que hemos acabado con todos, pero durante la noche, o reviven, o vienen más porque a la mañana siguiente hay otros tantos rondando. El radiador que tiene el baño se agradece especialmente por la mañana, ya que encontramos, aunque con mosquitos, caliente la estancia.

Como queríamos salir muy temprano del hotel, la alemana nos ofrece la posibilidad de organizarnos un pequeño desayuno que nos deja en la habitación en una bolsa (zumo, agua, un plátano, unos dulces y un trozo de bizcocho). 

No hay despedida a la mañana siguiente, porque no hay nadie en la recepción, así que cerramos la puerta de la habitación, salimos por la puerta del hotel, y seguimos nuestro camino.

Calidad/precio: 4
Servicio: 8
Ambiente: 4
Habitación: 5

Baño: 3
Estado de conservación: 5

Desayuno: 5
Valoración General: 4.5

miércoles, 22 de febrero de 2017

PENSIÓN BERENGUELA (MELIDE - LA CORUÑA)

PENSIÓN BERENGUELA (*)
Rúa Cantón San Roque 5
15800 Melide (La Coruña)

Habitación: 413

Fecha de entrada: 11/11/2016
Tarifa: 30 A+D

En el mismo Camino de Santiago, en el centro del pueblo, y escondido en un estrecho callejón al que se abre la larga cristalera de una churrería con la que comparte propiedad, encontramos un diminuto edificio de 4 alturas, moderno, nuevo, pintado en rosa palo.

Diminuto es el edificio, la recepción y los espacios. Pero también lo es el precio. La acogida y atención sin embargo son muy grandes.‎ Mucho. La persona encargada de la churrería sale a recibirnos y nos entrega la tarjeta que hace de llave de la habitación. Sin más trámites que el de darle nuestro nombre en el mínimo espacio de la recepción. Un mínimo mostrador, con algunos folletos de servicios del pueblo y un puñado de caramelos. Suelo de mármol muy limpio, reluciente y nuevo. Nos explican el funcionamiento del wifi (que es gratuito, velocísimo y funciona con una sencilla contraseña) , el horario de desayuno (en la churrería) y el procedimiento para lavar y secar la ropa.

Un moderno ascensor, de metal, con una enorme pantalla para los botones y una pared de espejo nos conduce hasta la cuarta planta donde en un pequeño recibidor se abren las puertas de tres habitaciones. La cerradura de la puerta es muy moderna, y basta con acercar la tarjeta a la misma. La puerta, de madera clara, también es nueva.

Tras ella, el espacio es pequeño pero suficiente. Moderno, limpio. Casi cuadrangular, suelo de parquet nuevo y limpio, paredes y techos pintados en blanco. A la izquierda de la puerta un armario empotrado de dos puertas con una balda, dos cajones y colgador con un montón de perchas de distintos tipos.

En el centro la cama. Cómoda. Amplia para ser individual. Algo justa si fuera doble. Vestida con sábanas limpias y suaves, una manta y una colcha blanca que la recubre por completo. Cabecero de madera clara. Sobre él, una lámina alargada con una foto del Camino. Encima el aparato de aire acondicionado. Funciona con un "encendido y apagado" desde un interruptor que hay sobre la mesilla. Funciona bien, pero no podemos calibrar su potencia ni la temperatura -aunque está adecuada para el clima en el que viajamos-, y es bastante ruidoso para dormir con él encendido.

A cada lado de la cama, dos estrechas mesillas de la misma madera clara que el resto de la habitación. Sobre ellas, en un lado un interruptor de la luz y el del aire acondicionado. En el otro, otro interruptor y un enchufe. Sobre ambas, dos lámparas de noche con pantalla cuadrada color crudo. Una de ellas no funciona. 

La cama es cómoda, pero la insonorización es bastante mejorable. Tanto interior como exterior. Del interior se escuchan las otras habitaciones y del exterior, aunque la zona es tranquila, se escuchan las máquinas del aire acondicionado situadas junto a la ventana. Para colmo, sobre la puerta hay una luz que indica la "salida de emergencia" que es imposible apagar y permanece encendida toda la noche. Si uno no llega muy cansado, puede que el descanso se le complica. Desde luego, si viene andando por el Camino desde Gonzar (32 kms) le da igual la luz o el ruido.

Al fondo de la habitación hay una ventana de moderno aluminio con persiana y protegida por un estor con vistas al pueblo. Bajo ella una sencilla mesa de madera, una silla y una papelera. Al lado un espejo de cuerpo entero. Junto a la puerta del baño, colgando de la pared un moderno televisor de plasma.

El baño es tan pequeño como todo. Forrado de cerámica desde el suelo hasta el techo dispone de un inodoro, un minúsculo lavabo con un grifo moderno y un espejo sobre él y una ducha en esquina, con mamparas correderas. El lavabo es tan pequeño que resulta imposible lavarse (a poco grande que sea uno) sin tirar agua por fuera. Al encender la luz se activa un molesto extractor de aire, que hace lo que puede, porque tras la ducha, la humedad se mantiene durante horas adherida a la pared y al suelo, y si uno no cierra bien la puerta del baño hasta la habitación. El calefactado del baño se consigue gracias a un curioso aparato de calefacción por aire que funciona estupendamente.

Por la mañana, desde las 6 de la mañana se puede desayunar en la cafetería de enfrente. Donde además se paga la cuenta de la habitación. Chocolate recién hecho, con churros recién hechos para afrontar con la cariñosa despedida de la propietaria la siguiente etapa del Camino.

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 6
Habitación: 8.5

Baño: 7
Estado de conservación: 9

Desayuno: 7
Valoración General: 8