martes, 11 de mayo de 2021

UPPER DIAGONAL HOTEL (BARCELONA)


UPPER DIAGONAL (****)
Paseo Manuel Girona 7
08034 Barcelona

Habitación: 120
Fecha de entrada: 3/01/2021

Tarifa: 67,00 (SA)

En una de las zonas más exclusivas de la Ciudad Condal rodeado de viviendas de alto standing y de edificios corporativos de acero y cristal encontramos este pequeño y moderno hotel que destaca por las dos plantas de su exento edificio en color marrón metalizado y su terraza ajardinada en medio de un mar de enormes edificios de viviendas. Grandes ventanales en la planta baja y largas ventanas en las superiores que alojan las habitaciones. 

Un pequeño jardín crea un paso para vehículos que nos deja junto a la discreta, y poco agraciada, puerta de entrada, que hay que abrir tirando de una barra y que nos deja directamente en la pequeña recepción. A la derecha bajo un espejo encontramos una pequeña butaca. Justo delante una parte del mostrador de recepción inutilizado con unas flores y pequeños elementos decorativos, entre los que llama la atención una pequeña réplica de los adoquines de las aceras de la ciudad . A la izquierda hay un sofá doble y una butaca delante de una chimenea de gas de bonito efecto. Paredes de cristal a la calle con cortinas de lamas de madera. Todo muy oscuro. Paredes y suelos de gres gris casi negro, luces indirectas desde el suelo, música suave algo alta de volumen. 

Sobre el contundente mostrador una descomunal mampara de metacrilato para proteger del virus. Tras ella una joven nos da la bienvenida cordialmente. Repasa los datos de la reserva y nos pide la documentación. El trámite no es rápido pero es agradable. Mientras rellena los datos nos explica algunas cosas sobre los servicios del hotel, el funcionamiento del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio, con una sencilla contraseña. Nos indica que hemos de abonar la factura en ese momento. Cosa que hacemos y nos entrega a firmar el bienvenida con la tarjeta de la habitación. Nos indica que nos han asignado una habitación superior a la que teníamos reservada con una cama grande.  

Un paso más allá está el ascensor. Hay que acercar la llave a un dispositivo para que funcione. Se abren las puertas metálicas grises y entramos a un espacio generoso. Suelo de madera, puertas a cada lado, una pared de espejo, dos puntos de luz en el techo y una blanca placa con la botonadura digital. Un cartel nos indica los servicios de cada uno de los pisos y otro nos informa del horario del servicio de restauración. Las puertas se abren a un pequeño recibidor donde hay ubicada una discreta máquina de hielos. Todo muy oscuro. Suelo gris, paredes en vescom crudo que contrasta con las negras puertas de las habitaciones. Al lado de las mismas, un círculo retroiluminado indica el número de la habitación. Puntos de luz en la pared a ras de suelo. El pasillo se estrecha un poco en la zona en la que está nuestra habitación. Una moderna cerradura por contacto nos abre la puerta, pesada, a la que hay que empujar bien para que cierre. 

Tras la puerta accedemos a un ancho y corto pasillo. Del interior de la puerta cuelgan varios carteles: uno para no molestar, otro para señalizar problemas de mantenimiento y otro que indica que colgándolo no limpiarán la habitación y te harán un descuento de 3€ en la factura del bar. Suelo de madera muy agradable, paredes en gris oscuro y techo blanco oscurecido. Hace frío en la calle, y también en la habitación. El aire acondicionado tarda en hacer efecto. Hay un extraño olor, como a humedad. A la derecha encontramos la ranura para insertar la tarjeta y encender las luces y dos interruptores negros. El espacio es amplio y encontramos una serie de armarios con tiradores de metal y puertas en gris. En el primero, una balda y un colgador con media docena de perchas antirrobo además de una tabla de planchar y una plancha. En el segundo varias baldas con la caja fuerte, y en el tercero el minibar vacío por culpa del covid, y en un espacio abierto, sin puerta e iluminado, un hervidor de agua y una máquina de café espreso con tazas, pero sin café. Todos ellos se iluminan en su interior con la apertura de las puertas. Justo enfrente, la puerta del baño. A su lado un estrecho espejo de cuerpo entero y bajo él un puf redondo de piel blanca. 

A continuación encontramos el dormitorio propiamente dicho. A la derecha una mesa de trabajo de madera gris, larga pero algo incómoda al tener debajo un saliente de la madera que impide meter bien las piernas. Bajo la misma, una pesada papelera en metal gris y una silla tapizada en el mismo color. Sobre ella una lámpara de trabajo de metal negro y aire retro y el mando de la televisión. Un enchufe disponible para los aparatos electrónicos. En la pared, sobre una moldura blanquecina se ubica la pantalla de televisión. 

La pared del fondo la ocupa por completo una larga ventana de aluminio con vistas a la puerta principal del establecimiento. Su insonorización no es espectacular, aunque la calle resulta muy tranquila, pero falla bastante su aislamiento término, y el frío de la calle (extremo estos días) hace que tengamos que mantener el aire acondicionado (algo ruidoso) funcionando durante la noche para que no baje demasiado la temperatura. La ventana se protege por un visillo blanco y unas cortinas de foscurit en marrón que se cruzan en el centro para evitar que entre la luz por las rendijas. Aún así por la mañana tanto por los laterales como por arriba y abajo la luz llena el espacio.

A la izquierda, el sencillo display del aire acondicionado. Funciona bastante bien pero de forma algo ruidosa. Si lo apagamos, el frío exterior hace que la temperatura baje demasiado. Además, todo ese espacio lo ocupa la cama. En realidad son dos camas individuales juntas vestidas como una única. Una vez dentro se nota algo la junta de ambos colchones. Se presenta en blanco con un colchón confortable y un ligero edredón. Cuatro almohadas de distinto tamaño y dureza. Todo ello bajo un cabecero en madera de gris claro y oscuro sobre el que corre una tira de led que da un cierto tono cálido a la estancia. A cada lado sendas mesillas de madera, pequeñas y con cajón. Sobre una de ellas el teléfono y sobre ambas interruptores para apagar las luces, un par de enchufes disponibles y un par de flexos negros de aire retro y dirigibles para leer en la cama. En la pared hay tres cuadros en blanco y negro con fotografías de motivos arquitectónicos. El hotel, además de pequeño es tranquilo, pero se escuchan durante la noches algunas puertas y pasos por el pasillo.

El baño resulta frío. No hay nada para caldearlo y por la mañana entrar en él resulta impactante. Oscuro, con porcelana gris en paredes y suelos, dos puntos de luz en el techo, otro en la cabina de ducha y dos tiras luminosas en el espejo. La iluminación resulta escasa para verse bien en el mismo. A la derecha una larga encimera blanca con un estrecho y poco profundo lavabo. Grifería moderna de buen caudal, presión y temperatura. Sobre la encimera dos vasos de cristal y dos botes dispensadores de jabón de manos y crema para el cuerpo. De la encimera cuelgan dos toallas de lavabo de buena calidad y tamaño. Anclado a la pared, un secador de pelo de buena potencia. Bajo la encimera una larga balda de madera con unas zapatillas de felpa con el logo del establecimiento.

Frente a la puerta el inodoro, en porcelana blanca con la cisterna empotrada en la pared y sobre ella una caja negra de pañuelos de celulosa. A su lado una abollada papelera metálica. A la izquierda la cabina de ducha con una de las paredes con porcelanas hexagonales de tonos marrones. De la puerta de cristal por la que se accede cuelgan dos enormes toallas de baño de gran tamaño y generosa calidad. En la pared dos botes dispensadores de gel y champú. La grifería es moderna y dispone de un grifo de teléfono y una rociador superior de efecto lluvia. El mando termostático permite regular bien la temperatura. Quizá falte un poco de caudal y presión.  

Por la mañana en el mostrador la misma recepcionista que nos recibió nos pregunta, amable, si todo ha estado en orden, si hemos descansado bien y si necesitamos ayuda para seguir el viaje.

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 8.5
Baño: 7.5
Estado de conservación: 9
Desayuno: 

lunes, 26 de abril de 2021

BARCELÓ SANTS (BARCELONA)



BARCELÓ SANTS 
Plaça dels Països Catalans
08014 Barcelona

Habitación: 726
Fecha de entrada: 28/12/2020

Tarifa: 57,00 (SA)

Ubicado sobre la estación de Sants, en un llamativo edificio de siete plantas con enormes ventanales. El acceso no resulta muy agraciado, y hemos de atravesar la estación, para una vez fuera de ella acceder al hotel por un largo pasillo enmoquetado en negro con cristales con vistas a la sala de espera principal de la estación. Al fondo de esa larga rampa y junto a un enorme mural con la foto de una de las habitaciones del establecimiento encontramos dos ascensores de ruidosas puertas automáticas pintadas en blanco como si de la puerta de una nave espacial se tratara. Su interior, oscuro con una pantalla que ofrece información sobre el hotel. Paredes y suelos tapizados con vinilo negro con estrellas. En un momento nos dejan en el enorme hall de recepción.

Suelo en moqueta verdosa con puntitos blancos. A la derecha se abre una enorme cristalera con vistas a una zona de parking por si alguien llega al hotel el coche. Una gran puerta giratoria permite allí el acceso. El recibidor es descomunal, quizá demasiado. En el centro, una gigantesca mesa redonda, como si del puesto de mando interestelar se tratara con algunos ordenadores a disposición de los clientes. Sofás, plantas, un astronauta a tamaño natural, un C3PO, una gran escalera... cartelería con letras de inspiración espacial... Al fondo del espacio, una barra de bar y algunas mesas altas que dan servicio a la cafetería.

A la izquierda del ascensor hay un pequeño mostrador de consejería con un par de pantallas que avisan de las salidas y llegadas de los trenes. A continuación y al fondo encontramos el mostrador de recepción, que resulta grande y robusto. Negro. Tres puestos de trabajo señalizados por cordones y protegidos por metacrilatos. Al fondo en la pared una enorme inscripción "Boarding Check". El proceso de recepción es algo lento: datos y más datos. Nos ofrece pagar en ese momento cosa que aceptamos. El hombre que nos atiende, perfectamente uniformado nos indica que nos han hecho un upgrading a la Junior Suite. Cosas de ser vip de la cadena... Nos explica los horarios de los servicios del hotel y del funcionamiento del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio tras un sencillo chequeo de acceso. Junto al mostrador hay una pequeña mesa para hacer el checkout express así como un carro de bebidas y un armario con algunos productos a la venta por si algún viajero olvidó algo en casa.  

A la derecha de los mostradores, en dirección al bar, pasamos junto a una enorme pantalla que emite imágenes y noticias sobre astronomía y espacio. Pasada esta encontramos la zona de los ascensores. En ella una zona de juegos con máquinas de marcianos, una vitrina con recuerdos espaciales, un cajero automático revestido de máquina espacial. Los ascensores, cinco, con puertas automáticas en forma de puerta espacial. Grandes, oscuros, forrados con vinilos que imitan el espacio y las estrellas y con dos espejos a cada lado del fondo de curioso efecto. En la pantalla del interior, además de noticias sobre el hotel y la cadena, se emiten noticias de la Agencia Espacial Europea.

Salimos a un amplio recibidor, muy oscuro. Suelo de moqueta negra, luces indirectas y tiras de led retranqueadas junto al techo. Dos butacas en forma de medio huevo en el centro. La tipografía espacial nos indica el camino a seguir hacia nuestra habitación. A ambos lados del recibidor corren sendos pasillos de habitaciones. Conforme vamos avanzando por él, se encienden las tiras de led que decoran el pasillo. Todo muy efectista. Las puertas, completamente enrasadas con las paredes del pasillo, disponen de lectores de tarjeta por contacto y manivelas metálicas. En cada fondo del pasillo, sendas ventanas de techo a suelo dejan entrar tímidamente la luz exterior. 

Atravesada la puerta, enorme y que se cierra sola, el espacio resulta gigante. Accedemos a un largo salón que se remata al fondo con una enorme ventana de techo a suelo protegida por un estor eléctrico blanco y un visillo como plastificado con agujeritos. A la izquierda la ranura para meter la llave e interruptores en blanco. Suelo de madera clara muy cuidada y agradable, madera que se extiende hasta media altura de la pared. Techos primero en blanco y luego en negro. Sensación de limpieza, calidez y modernidad. Al dejar la llave de la habitación puesta, encontramos la temperatura adecuada para el frío que hace fuera.

A la izquierda tras unas puertas correderas encontramos una zona con un hervidor de agua, una máquina de Nespresso (con varios cafés, infusiones y azúcares a disposición), el minibar, vacío por culpa de la pandemia y un armario con vasos, copas... A la derecha, la pared es de madera blanca y en ella hay una puerta que da acceso a un pequeño aseo todo en porcelana blanca muy luminoso, con un pequeño lavabo con espejo, toalla y pastilla de jabón, un inodoro de cisterna oculta en la pared y una papelera metálica. A continuación un enorme espejo desde el techo hasta el suelo. Justo enfrente una mesa de madera, robusta, con cuatro sillas en metal y piel blancas. Sobre ella dos feos jarrones de cristal blanco, y como cortesía del hotel una manzana, una botella de agua grande y una caja de bombones. En la pared varios enchufes disponibles y colgando del techo, en el centro de la mesa una lámpara de metacrilato y cristal blanco. Antes de los dos sofás negros que forman como un salón, en la pared encontramos un artilugio de madera para poner sobre las piernas (en el sofá o en la cama) y colocar sobre el portátil para trabajar. A su lado, una mesa baja lacada en blanco, un lustrazapatos automático y otra lámpara de metacrilato alta. 

Antes del enorme ventanal con unas espectaculares vistas a toda la ciudad (con la Sagrada Familia al frente) sobre una tupida alfombra negra hay dos sofás tapizados en negro con dos pequeñas mesas lacadas en blanco. Sobre ellas una bienvenida del director del hotel con dos botellas de agua y unos caramelos. Justo delante de la ventana hay una curiosa butaca en piel oscura y metal blanco giratoria y cómoda. A su lado varios enchufes disponibles junto a un porta revistas incrustado en la pared, varios interruptores para la luz y para subir y bajar el estor que cubre totalmente y a la perfección la ventana sin dejar pasar un rayo de luz. Además hay una pequeña lámpara de pie baja, de lectura en metal blanco. 

En una pared como de capitoné de piel negra cuelga una enorme pantalla de televisión. A cado lado hay puertas correderas en madera clara que dan acceso al dormitorio. A su lado hay un display para manejar el aire acondicionado, que funciona perfectamente y de forma silenciosa. Hay un sistema para el salón y otro para la habitación. Esta destaca por la luminosidad, no sólo de su enorme ventanal con las mismas vistas al salón sino por tener todas sus paredes blancas y por la enormidad de la cama doble completamente vestida de blanco. El colchón de gran calibre resulta comodísimo, igual que la lencería que se presenta suave y ligera. Seis almohadas de distintos tamaños y durezas hacen el descanso realmente exquisito. La cama se empotra ante un pequeño cabecero de madera, del mismo color que la del suelo y tras el que corre una tira de led que hace muy cálida la luminosidad de la zona. También en la zona de la ventana hay otra tira de led en el techo. A cada lado de la cama, retranqueadas en el cabecero hay sendas mesillas. En una de ellas el teléfono de la habitación y el mando de la televisión envuelto en plástico por el Covid. En la otra, un radio despertador con un par de salidas USB para enchufar algunos aparatos electrónicos. Sobre ambas, metidos en el remate en piel blanca que tiene el cabecero, dos pequeños focos redondos dirigibles para leer en la cama. Interruptores, mando para subir y bajar el estor y un par de enchufes disponibles, así como el sencillo display del aire acondicionado que permite regularlo desde la cama.

A los pies de la cama y en la parte trasera de la pantalla de televisión del salón hay simétrica la misma pared cubierta en piel oscura y otra enorme pantalla. Bajo ella, hay un largo maletero en piel oscura. En la pared, y a modo de decoración hay una semiesfera de plástico con unas coordenadas escritas en ella y un fondo con una foto de motivos vegetales, todo muy "espacial". 

Si a la izquierda del dormitorio hay una enorme ventana, a la derecha en el centro encontramos en cristal blanco la puerta de acceso al baño, y ambos lados sendos armarios en blanco. En su interior, hay una luz automática que se enciende al abrir la puerta. Una barra colgadora con media docena de perchas normales, cajones y alguna balda. En uno de ellos está la caja fuerte, y en el otro hay una tabla de planchar y una plancha además de la bolsa de la limpieza y y de una gamuza lustrazapatos. 

El descanso se hace sencillo. La cama resulta reparadora, la insonorización exterior es increíble, y la interior no le va a la zaga. Aunque el hotel es enorme resulta tranquilo por dentro, y desde el pasillo hasta la cama además de la puerta enorme de acceso hay un montón de espacio y las puertas correderas de madera que nos aíslan todavía más. 

Pasada la gran puerta de cristal blanca del baño encontramos un enorme espacio también blanco. Suelo porcelánico y paredes en el mismo tono. A la izquierda encontramos los interruptores de la luz, también en blanco, y un potenciómetro que en algún momento debió servir como hilo musical. Sobre ellos un par de perchas metálicas ancladas a la pared. A la izquierda encontramos una enorme encimera de silestone blanco con dos lavabos de modernísima grifería. Delante de cada uno de ellos cuelgan sendas toallas de lavabo. Debajo en una larga balda se ofrecen dos enormes toallas de baño, dos albornoces y dos juegos de zapatillas de felpa, todo ello de fantástica calidad, tamaño y con el logo de la cadena bordado, una caja de pañuelos de papel y un secador de pelo de buena potencia metido en una bolsa de tela. Sobre la encimera hay un espejo de aumento con luz incorporada que es móvil. En una bandeja de porcelana blanca se ofrece un completísimo juego de amenities en cajas de cartón blanco: set de afeitado, set dental, algodones, champú, gel, acondicionador, pastilla de jabón, gorro de ducha, todo por dos. Sobre los lavabos un gran espejo hasta el techo. Buena iluminación con varios puntos de luz en el techo y varias tiras de led retranqueadas en el mismo en la cabina de ducha y en la cabina del inodoro.

A la derecha del baño encontramos una enorme bañera con un reposacabezas en piel blanca. Anclada en la pared moderna grifería de ducha de teléfono. Junto a la bañera, una banqueta metálica blanca permite acercar las toallas para salir del baño. En el frente encontramos dos cabinas, una con puerta corredera de madera lacada en blanco y acceso al inodoro. En su interior además de una papelera metálica hay una taza de esas modernas de gusto japonés con chorrillos de agua que se manejan desde un mando a distancia anclado a la pared. La luminosidad del espacio es curiosa con la tira de led metida junto al techo. Sobre el inodoro otra media esfera con coordenadas y fondo de color rojo. En la otra cabina, esta con puerta de cristal opaco, encontramos la enorme cabina de ducha. En el suelo, la alfombra de baño, en un espacio dentro de la pared encontramos otro bote de champú y gel, en la pared un grifo de teléfono y en el techo un enorme rociador de efecto lluvia. La potencia, el caudal y la temperatura no tienen parangón. Sencillamente espectacular. 

Por la mañana en la recepción nos preguntan por el descanso, se interesan por nuestro viaje y poco más, porque la habitación ya está pagada desde el check in.

Calidad/precio: 10
Servicio: 9
Ambiente: 9
Habitación: 9.5
Baño: 10
Estado de conservación: 10
Desayuno: 

sábado, 10 de abril de 2021

NH LES CORTS (BARCELONA)


NH LES CORTS (***)
Nicaragua 146
08029 Barcelona

Habitación: 108
Fecha de entrada: 22/12/2020

Tarifa: 56,00 (SA)

En el corazón del popular barrio de Les Corts, no lejos de la Diagonal, ni de la estación de Sants, frente a una amplia plaza ajardina encontramos este edificio en esquina con grandes balcones corridos. En una de las esquinas sobreelevada del suelo de la calle por tres escalones encontramos la puerta de acceso al establecimiento. Alfombra azul con el logo de la cadena algo desgastada, y dos puertas de cristal automáticas nos dejan junto a la pequeña recepción. Suelo de mármol crudo, pequeño e irregular espacio. Luz fría artificial y suficiente durante el día por las cristaleras a la calle que ofrece el pequeño espacio. 

A la derecha una mesa larga de madera oscura, delante de una cortina azulada, un árbol de Navidad y varios avisos sobre las medidas de seguridad del virus. A la izquierda una pequeña zona con unas butacas para la espera, las escaleras que suben al comedor, apagado ya a esa hora y el potente mostrador de recepción, de poderoso mármol blanco en forma de V y con dos puestos de trabajo protegidos por potentes mamparas de metacrilato. Sobre el mostrador, los tpvs del pago con tarjeta, y algunas pantallas con información sobre el hotel. Detrás, una puerta de madera blanca y cristal entreabierta al despacho de recepción. 

Nos atiende un joven de forma rápida y eficaz, aunque algo frío al principio. Nos indica que la estancia se cobra por adelantado. Pagamos y nos entrega la factura. Después resulta mucho más amable y cercano. Nos avisa de las medidas de seguridad que las autoridades locales han dictado ese mismo día sobre el acceso a bares y restaurantes. Nos entrega la tarjeta de la habitación en un cartoncito que hemos de firmar con un papel en el que se indica la clave del wifi que es veloz y eficaz en todo el edificio. 

Unos pasos más adelante encontramos los ascensores. Son dos. Uno más grande que el otro. Ambos de puertas normales, pintadas en marrón, con tirador metálico. Tras ellas hay puertas automáticas. Suelo de granito negro, paredes de madera clara. Botonera metálica con una pantalla que emite noticias y música algo estridente y voces del piso al que accedemos. En un display, un par de folios resumen la información sobre la seguridad covid de la cadena. Empujamos la puerta y salimos a un estrecho y largo pasillo de luz fría y suelo de mármol que aumenta la sensación de frialdad. Techos bajos. Puertas nuevas de madera con cerraduras de proximidad. Paredes con papel pintado en tono blanco bastante desconchadas. Al fondo del pasillo, en forma de L hay un balcón a la calle mal insonorizado. 

Tras la puerta de la habitación, el suelo se presenta en vieja madera brillante bastante machacada y arañada por el uso. Las paredes cubiertas con vescom a rayas blancas y crudas con algunas zonas demasiado machacadas por el golpe de maletas, mobiliario... A la derecha encontramos la ranura para que la tarjeta de la habitación active las luces. Techo bajo, especialmente en el pasillo que nos lleva hasta el dormitorio. En ese pasillo la la derecha, la puerta del baño. Frente a ella, un armario cerrado con llave con una reja de ventilación por el que se oye el ruido de aguas de otras habitaciones. Enfrente, una pantalla digital permite regular el aire acondicionado: sencillo de utilizar y eficaz  y silencioso en su en su funcionamiento. 

Un paso más adelante accedemos al dormitorio. El espacio es correcto de tamaño y luminoso. Quizá algo frío e impersonal. A la derecha un armario de nuevas puertas correderas en madera. Quizá algo bajo. En su interior en un lado baldas, con la caja fuerte, y en el otro lado un colgador de perchas normales. Además dentro hay un maletero plegable en metal y tiras de tela negra. Junto al armario hay un espejo de cuerpo entero con un curioso marco en tono metalizado y a continuación un poderoso y confortable sillón orejero en tela azulada. A su lado una lámpara baja de lectura con potente iluminación. Justo enfrente, el escritorio, lacado en madera gris. Sobre él una felicitación de Navidad sin personalizar y un flexo de trabajo blanco dirigible. Bajo él, una comodísima silla de piel blanca, metal y ruedas y un armario con el minibar vacío. En la pared dos enchufes normales y dos de USB de b-ticino para recargar aparatos electrónicos.   

A continuación la cama. Blanca y luminosa. Grande para ser individual, pequeña para ser doble. Colchón muy cómodo de gran calibre. Aparece empotrado contra un cabecero en piel en tono crudo, con varias tiras de luz led que le dan un cierto toque agradable a la habitación. Dos almohadas cómodas. A cada lado hay sendas mesillas con cuerpo de metal amarillento y tapas de madera. Sobre una de ellas el mando de la televisión envuelto en plástico y un moderno teléfono de aire americano con una permanente luz roja que puede molestar durante la noche. Sobre las mesillas, anclados a cada lado del cabecero hay sendos flexos de aire retro dirigibles para la lectura. Interruptores para apagar las luces y enchufes disponibles tanto normales, como de USB. 

En la pared del fondo hay un balcón con vistas a Travessera de les Corts. Un foscurit en tono gris claro recubre toda la pared impidiendo que entre la luz de la mañana. Por delante de él un ligero visillo blanco. Su insonorización podría ser mejor, igual que la insonorización interior que permite escuchar lo que pasa en el pasillo, en las habitaciones contiguas, el sonido de cañerías... Sobre la puerta de entrada hay un piloto de luz verde que ilumina permanentemente ese espacio y puede llegar a molestar durante la noche.
El baño resulta estrecho y largo aunque pequeño. Suelo y paredes de mármol blanco. Resulta algo frío al no tener ningún aparato para calefactar el espacio y por la mañana, después de tener la puerta cerrada toda la noche hay un cierto olor a humedad. La puerta, nueva, de bonita madera, es más estrecha y baja de lo normal. También el techo es bastante bajo. Frente a esta encontramos una encimera en silestone blanco sobre la que se presenta un lavabo rectangular moderno y de escasa profundidad. La grifería, monomando también es moderna. Una placa de porcelana blanca ofrece un bote de gel, otro de champú, una pastilla de jabón y dos vasos de cristal. Encima, un espejo antivaho que incluye dos tiras de luz led a cada lado, una de ellas fundida. También, hay una zona redonda que conforma un espejo de aumento. A su lado, un potente secador de pelo en color plateado. Cuelga de la encimera una barra metálica con dos toallas de lavabo correctas.

A la derecha de la entrada encontramos un toallero con dos toallas de baño correctas en cuanto a tamaño y calidad. A continuación el inodoro, de cisterna exenta y al fondo, ocupando todo lo ancho del espacio, una cabina de ducha protegida por una corta mampara de cristal que hace que el agua al ducharnos salga por el suelo. La grifería es moderna y se remata con una ducha de teléfono normal y una alcachofa de efecto lluvia quizá demasiado baja (para los que somos demasiado altos) a la que le falta caudal y presión. La temperatura sin embargo es formidable. En la pared del fondo hay una ventana de aluminio blanco no practicable y de cristal opaco. La escayola del techo de la ducha presenta grandes humedades, y los cuatro puntos de luz que hay a lo largo del baño tienen grandes esconchones y rendijas.

En el mostrador por la mañana, aunque todo ya está pagado, el trato no deja de ser más allá de procedimental. Adiós. 

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 8
Ambiente: 6
Habitación: 7
Baño: 6.5
Estado de conservación: 5.5
Desayuno: 

miércoles, 24 de marzo de 2021

ONE SHOT RECOLETOS (MADRID)



ONE SHOT RECOLETOS (****)
Salustiano Olózaga 4
28001 Madrid

Habitación: 306
Fecha de entrada: 16/12/2020

Tarifa: 66,00 (SA)

Entre la Puerta de Alcalá y el Paseo de Recoletos, rodeado de señoriales edificios y cafés modernos.  Una fachada clásica en ladrillos rojizos y grandes bloque de granito blanco enmarcando las ventanas, balcones de rejas y contraventanas de madera, mimetizan totalmente el establecimiento con el entorno. La calle resulta tranquila y frente a la puerta hay una zona reservada para facilitar la descarga de equipajes, taxis... 

Dos altos maceteros metálicos rematados por sendas esculturas en forma de cabezas redondeadas enmarcan la típica puerta de paso de carruajes de la zona. Si no fuera por las esculturas, el hotel pasaría desapercibido. Pasadas estas paredes grises, techos altos, suelos de baldosas antiguas con el sabor del Madrid de antaño. Alfombras gruesas, y unas puertas de cristal correderas nos dejan en un mínimo recibidor de suelo irregular ocupado por una enorme silla de enea y una escultura de una vaca con cuernos de ciervo. A la izquierda unas bonitas escaleras nos suben a una mínima recepción. De frente, por un intrincado pasillo llegaríamos al ascensor. 

Subimos por la escalera, que tiene una bonita barandilla metálica en el lado izquierdo. De frente, un mostrador contundente de forma irregular con un puesto de trabajo. Protegido por un metacrilato que nos separa del todo de la joven recepcionista que inicia un tedioso proceso de registro. Recoge nuestro DNI y nuestra tarjeta de crédito y después de tomar todos los datos, los mete en un aparato para ‘desinfectarlos’. Por fin nos da, en el mismo aparato desinfectador la llave de la habitación. Nos explica que por el covid los servicios del hotel se han reducido al mínimo así como las amenidades ofrecidas en la habitación. Que en unos instantes recibiremos un email con diversas opciones para solicitar algún producto más de aseo, productos para el minibar y la clave del wifi. Este es gratuito pero el proceso de conexión resulta complicado por no hablar de la contraseña que hay que introducir de nuevo cada vez que nos desconectamos.

A la izquierda del mostrador hay unas butacas en rojo para esperar a algún huésped junto a un bonito balcón, aunque el espacio es reducido. Sin volver a bajar, salimos hacia la derecha por un pasillo en el que ya hay habitaciones. 

Allí tomamos el ascensor de puertas metálicas correderas. Su interior es excepcionalmente grande. Un gran espejo al fondo y paredes negras en el resto. Un dispensador de gel. Suelo de madera con baldosas de las antiguas. El interior de la cabina tiene dos puertas: por una se entra y por la otra se sale, directamente a un pasillo de habitaciones, sin recibidor. Suelo de madera con una larga, bonita y tupida alfombra en tonos escoceses para amortiguar el sonido. Unos discretos carteles oscuros con números metálicos nos indican el camino a seguir hacia la habitación. Atravesamos la vieja y preciosa escalera del edificio original, con una madera de caoba muy brillante y una barandilla de forja, y unos amplios ventanales que dan a un patio interior pintado con extraños dibujos de caras, ojos, manos… desde arriba hasta abajo. Los pasillos de las habitaciones hacen varios requiebros. Paredes de color gris, techos altos y puertas en blanco con grandes números al lado indicando la habitación.

La habitación se abre por contacto con la llave entregada, que es de color rojo fuerte con el logo de la cadena. Dentro, suelo de madera antigua muy bonita y cuidada. Paredes pintadas en gris. El espacio no es muy grande. Primero un pasillo. A la derecha, una larga cortina gris y un visillo cubren dos ventanas a un oscuro patio, con cristales opacos. Tras las ventanas, un espejo de cuerpo entero y el display del aire acondicionado, algo complicado con demasiados botones pero que funciona bastante bien y con escaso sonido. En el lado izquierdo de ese pasillo de entrada además de la rendija para activar la luz, encontramos un armario pequeño, sin puerta, con un colgador con 6 perchas normales y la caja fuerte que es el único espacio sobre el que dejar la maleta. Encima, un punto de luz.

El espacio de la habitación no es grande. Dos camas, estrechas, vestidas con suaves edredones nórdicos blanquísimos y tres almohadas en cada uno con distinta dureza y tamaño. Resultan cómodas aunque justas de anchura para los que somos grandes. Aparecen empotradas contra un cabecero de capitoné en piel azul muy claro. A cada lado sendas mesillas de madera negra de forma piramidal. Sobre ellas, enchufes para los aparatos electrónicos y curiosos interruptores de los que simplemente hay que apretar en el centro. Por encima, y enfocando a la cama sendos potentes flexos de luz direccionables para la lectura.

A los pies de la cama hay una mesa de madera con patas de metal y un armario en cuyo interior hay un minibar vacío, que hace demasiado ruido por la noche. Sobre la mesa se ofrece un sobrecito de gominolas y un brick de agua mineral. Además en la pared hay un enchufe disponible, y sobre él un enorme televisor de plasma. La silla de trabajo, de madera negra, resulta algo incómoda y baja de respaldo. A su lado hay una butaca roja  En un rincón hay una butaca color burdeos también incómoda.

A la izquierda de la cama encontramos una lámina enmarcada con la foto de un edificio en construcción y  a continuación una estrecha ventana practicable y de aluminio moderno muy consistente. Las vistas a un oscuro patio interior al que se asoman otras habitaciones y baños teniendo todas las paredes pintadas con motivos vegetales. Visillos y foscurits, tanto en esta ventana, como en las otras no pueden evitar que la escasa luz de los patios interiores se cuele también en la habitación. 

El hotel resulta tranquilo. No se escucha nada del exterior, al ser habitaciones interiores. La insonorización interior podría ser mejorable porque se oyen las puertas de las habitaciones cercanas, pasos, movimientos....  Todo el techo de la habitación está rodeado de una moldura de escayola que tiene remetida una tira de luz led, que ofrece al especio una calidez especial. 

A la derecha de la habitación encontramos el baño, sin puerta. Es pequeño de tamaño y está divido en tres partes. En el centro, sobre suelo de baldosas grises y blancas y paredes alicatadas en mármol blanco hasta media altura, encontramos una encimera de silestone blanco apoyada sobre unas patas metálicas negras. Encima un lavabo exento con un gran grifo moderno al que le falta algo de caudal, dos vasos de plástico negros y una bandeja con un bote de gel, otro de champú y otro de aconcidionador envasados para la cadena con unos mensajes divertidos y una jabonera negra con una pastilla de jabón . Encima hay un generoso espejo y a cada lado sendos apliques de luz. En la pared derecha un espejo de aumento  y un secador de pelo potente.

A la derecha, tras una puerta de cristal opaco encontramos el inodoro. El habitáculo tiene una ventana grande a un patio interior que puede cubrirse con un estor desde el techo. También hay una papelera metálica. En el lado izquierdo y simétrico hay una bestial cabina de ducha con un remate de teléfono y una enorme alcachofa en el techo de la que cae agua a raudales. Presión, caudal y temperaturas son formidables. Colgando del lavabo se ofrece el juego de toallas, blancas, mullidas, haciendo tiras con el logo de la cadena: dos de lavabo, dos de baño, enormes, y un albornoz con zapatillas de felpa negras.  

Ambos espacios están iluminados con una tira de luz retranqueada en una moldura generando una agradable sensación.

Por la mañana en la recepción de nuevo hemos de dar todos los datos para la emisión de la factura y seguir el mismo procedimiento de desinfección de la tarjeta de crédito. Todo algo largo y tedioso. Al menos nos preguntan si todo ha estado bien y si el descanso ha sido correcto. 

Calidad/precio: 9
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 9
Estado de conservación: 9
Desayuno:

miércoles, 10 de marzo de 2021

NH SANTS (BARCELONA)


NH SANTS (****)
Numancia 74
08029 Barcelona

Habitación: 314
Fecha de entrada: 20/12/2020

Tarifa: 61,00 (SA)

En la calle Numancia, a medio camino entre la estación de Sants y la Diagonal, un edificio empotrado en una de esas manzanas acoge este histórico hotel de la marca NH. Siete alturas con fachada renovada y llamativa con cristales verdosos. Todo el frontal a la calle es de cristal, lo que asegura la iluminación interior. Una enorme puerta giratoria de cristal nos introduce en él. A la izquierda una enorme N y una enorme H con el logo del hotel. Techo bajo, suelo de mármol blanco, todo reformado con aire afrancesado, cálido y moderno. No hay música.

El recibidor es largo terminando al fondo con el mostrador de recepción. Antes de él a la izquierda hay dos sofás con butacas alrededor y los dos ascensores, de puertas automáticas metálicas. A la derecha una mesa comunal alargada preparada para trabajar con enchufes y luces. Columnas retroiluminadas, lámparas de bolas y espejos ofrecen una iluminación cálida, igual que que la temperatura ambiente. 

El mostrador es un bloque negro descomunal con tres puestos de trabajo protegidos con metacrilatos. Además se ha puesto una mesa portátil delante que todavía nos aleja más del mismo. Llegamos en hora punta y hay cuatro personas haciendo cola para el registro de entrada. Un único empleado hace lo que puede con toda la celeridad que le permite el procedimiento.

Cuando por fin nos toca, nos pide disculpas una y otra vez por la espera. Nuestro trámite resulta muy muy rápido. Es lo que tiene ser fiel de la cadena. En menos de un minuto nos entrega el bienvenido para firmar, y un cartoncito con la sencilla clave del wifi gratuito y la tarjeta de la habitación. Damos dos pasos atrás hacia los ascensores. Son dos, modernos. Suelo de mármol y paredes metálicas. Un espejo al fondo. Bien iluminados y con un cartel sencillo con las recomendaciones sanitarias de la cadena.

Salimos a un amplio recibidor con un par de butacas. Luces indirectas y tenues. Suelo de moqueta verde oscura, paredes en madera y números en metal. A derecha e izquierda se abren los pasillos de las habitaciones. Sensación cálida y acogedora. Las puertas son más bajas de lo normal, nuevas con modernas cerraduras y pomos en metal cromado. 

Dentro, paredes pintadas en color crema clara y suelos de madera. Techo metálico practicable bajo. A la izquierda la ranura para meter la tarjeta  y varios interruptores para la luz. Un poco más adelante, la puerta del baño. A la derecha, un pequeño armario con puertas correderas en madera. En su interior, a un lado baldas con la caja fuerte y al otro una barra colgadora con media docena de perchas antirrobo. A continuación el moderno display del aire acondicionado. Funciona de forma sencilla con una rueda que sube y baja la temperatura que indica una pantalla digital. A media noche deja de funcionar. Cuando lo hace no es silencioso, pero si eficaz.

Y entramos en el dormitorio. Su planta es un poco extraña y el tamaño más bien justo. Delante de nosotros una cama blanca, con un confortable colchón de gran calibre, dos almohadas algo duras y un nórdico agradable y suave. Empotrada sobre un cabecero en piel gris verdosa con varias tiras de led que le dan una iluminación agradable a la estancia. A cada lado sendas mesillas metálicas, algo alejadas de la cama. Esta resulta grande para ser individual, algo pequeña para ser doble. Sobre una de las mesillas el teléfono y el mando de la televisión envuelto en plástico. Por encima, enchufes disponibles e interruptores para encender y apagar las luces. Hay un punto de luz junto el armario, las luces led del cabecero y dos enormes flexos direccionables sobre cada una de las mesillas.  

A los pies de la cama hay un televisor de pantalla plana de generosas dimensiones. A su lado, un espejo exento de cuerpo entero con un sencillo marco metálico. En un extremo situado a la izquierda de la cama encontramos el escritorio. Moderno, de estructura metálica y cuerpo de madera. Sobre él, un flexo de trabajo negro y moderno. En su interior, un minibar vacío, y bajo él, una silla giratora de trabajo cómoda, con ruedas, en piel y metal. Al lado está la ventana, protegida por un visillo y un corto foscurit por el que se cuela la luz a la habitación. La ventana es nueva y su insonorización más que adecuada. Las vistas en cambio son terribles, a una especie de terraza inaccesible que a su vez da a un angosto patio interior con algunas pasarelas metálicas. No lejos debe haber alguna máquina de las instalaciones y en el silencio de la noche se oye el ruido de estas. Por debajo de la puerta principal también se cuela una raya de luz del pasillo. 

La insonorización interior es muy mejorable Se escuchan las habitaciones contiguas, los pasos por el pasillo, el ruido del ascensor... Aún así el hotel resulta tranquilo. 

El baño es correcto aunque se queda algo pequeño. Suelo de mármol blanco y paredes en granito. Mucha luz. A la izquierda una repisa de madera blanca sostiene un lavabo exento grande con grifería moderna al que le falta caudal y le sobra aire.. El lavabo no tiene tapón. Junto a él hay una placa de porcelana blanca sobre la que se ofrece un botecito de champú , otro de gel y una pastilla de jabón con dos vasos de cristal. En la pared, un potente secador de pelo. Bajo la encimera, una toalla de manos. Sobre la encimera un generoso espejo.

Frente a la puerta se ubica el inodoro, moderno y blanco con cisterna exenta. Encima un fino toallero con una pequeña toalla de baño y un pie de ducha que completan el juego de lencería. A su lado la cabina de ducha, de cristal, moderna. Suelo agradable de porcelana blanca y grifería moderna con una terminación en teléfono y una gran alcachofa de efecto lluvia. Aunque todo funciona correctamente, y la grifería termostática resulta muy cómoda, quizá falta algo de presión. 

Por la mañana en el mostrador el proceso de salida es tan rápido como el de llegada, aunque algo más atropellado y frío. 


Calidad/precio: 8
Servicio: 7.5
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 7.5
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 

miércoles, 24 de febrero de 2021

ERBA PILLOW (GERONA)

ERBA PILLOW (**)
Carrer Ultonia 1
17002 Girona 

Habitación: 206
Fecha de entrada: 29/10/2020
Tarifa: 47€ (SA)

No lejos de la estación del tren, en la zona más moderna y comercial de la ciudad, pero a un paso del casco histórico. Un antiguo hotel de toda la vida en un edificio insulso de cuatro plantas en color albero embutido en una manzana de viviendas recientemente semirenovado a base de pintura de colores y dibujitos por las paredes ofrece ahora un sencillo alojamiento. Una pequeña puerta corredera de cristal nos ubica en un estrecho y frío recibidor. Suelos de terrazo y una larga y estrecha rampa nos deja junto a un descomunal armario lleno de folletos de actividades turísticas de la zona, y junto a él un pequeño y curvo mostrador protegido por ostentosas pantallas de metacrilato por el virus. A su lado una pared de cristal opaco que deja entrar algo de luz en el espacio. La sensación es algo fría, antigua y demodé.

Tras él una joven sentada frente a un caos de papeles, carpetas... Nos da la bienvenida y nos dice que tenemos que hacer el check in en una máquina que hay junto a la puerta. Volvemos hacia atrás y ante una pantalla que indica en letras rojas "Máquina fuera de servicio" vamos haciendo los pasos que la joven nos indica: meter el DNI en una ranura lectora, introducir en la pantalla nuestros datos, y por fin seleccionar la forma de pago. Cuando le decimos que queremos pagar en efectivo nos dice que tenemos que volver al mostrador, porque la máquina sólo sirve para pagos con tarjeta... Pagamos, recibimos los cambios y con este un cartoncito con la tarjeta que hace de llave de la habitación. Está rotulada como hotel Margarit, y no indica nada de Erba. Asumimos que es el antiguo nombre del hotel. Nos indica que el desayuno, si lo queremos -que no- se sirve en otro hotel de la ciudad ubicado a 5 minutos a pie; que la recepción se cierra por la noche; que no habrá nadie por la mañana cuando salgamos indicándonos dónde dejar la llave a nuestra salida y nos explica el funcionamiento del wifi que es gratuito, protegido por una contraseña sencilla y bastante veloz en todo el edificio.

Un paso más adelante, y tras dos puertas de cristal abiertas entramos en la zona de las escaleras, que aparentan antiguas y estrechas y del ascensor, de puertas metálicas y correderas. El interior es pequeño. Muy pequeño. Una persona con una maleta y poco más. Paredes de madera, carteles con información sobre el covid y los horarios de la recepción (de 14h a 2h). Cuando se abren las puertas caemos a un pequeño rellano por el que bajan las escaleras. Una pared blanca con un ostentoso extintor en medio. A la izquierda una vieja ventana con vistas a un oscuro patio interior. Suelo de parquet nuevo y claro, iluminado por una efectista tira de led que corre por el suelo junto al rodapié. A mitad de pasillo hay una cesta de plástico blanco y sobre ella, un folio pegado en la pared que indica "deposite aquí sus toallas". Techos practicables con puntos de luz que se encienden automáticamente con sensor de movimiento. 

La puerta de la habitación, de madera clara y nueva se abre por contacto con la llave. Una vez dentro, el espacio es ajustado. Suelo de madera clara y paredes en distintos tonos de azul. Caemos directamente a los pies de la cama. A la derecha, una ranura para meter la llave y activar la iluminación. Los interruptores, modernos, en color metalizado aparecen decorados con dibujitos de muñecos y comecocos. En el suelo un taburete de plástico de color pistacho que desentona con casi todo. A su lado un radiador antiguo que durante la noche hace ruidos como de aguas. Sobre él un equipo de aire acondicionado nuevo.

La cama, vestida en blanco, resulta pequeña para ser doble, pero amplia para ser individual. Cuatro almohadas y un suave nórdico ofrecerían un agradable descanso. Empotrada en un cabecero de madera brillante sobre el que corre una tira de led que da efectividad a la luminosidad de la estancia. A cada lado de la cama hay sendas mesillas de madera. Encima de una, un teléfono, y encima de la otra, el mando a distancia de la televisión y una maceta con una flor de plástico poco agraciada. Encima, enchufes disponibles e interruptores para apagar todas las luces. Incrustados en el cabecero sendos apliques de luz en metal y cristal, con escasa luz para la lectura, que suple perfectamente la tira de led que hay sobre el mismo. Encima de la cama, enrolladas se presentan dos grandes toallas de baño. 

Tras la puerta de entrada hay una especie de pequeño escritorio que hace las veces de maletero. En la pared a los pies de la cama hay una televisión de pantalla plana con una generosa raya que la atraviesa por completo. 

Al fondo de la habitación a la derecha hay un pequeño escritorio empotrado junto a una columna, con una moderna silla con ruedas delante. Cuelga del techo, para iluminar la zona, una lámpara de cristal azulado. En la pared frontal está la ventana, con vistas a la calle, persiana de las clásicas con la cuerda algo desvencijada y cortinas de tela azul como de pana. Bajo ella dos sillas de madera tapizadas en terciopelo. Al lado un armario empotrado con dos puertas y en su interior perchas antirrobo, una balda superior y otra inferior. 

La insonorización interior es lamentable. Se escuchan todos los movimientos de las habitaciones contiguas: voces, pasos, televisiones, conversaciones. El tiempo de pandemia, el toque de queda, y lo tranquilo de la calle hacen que los ruidos que se escuchan del exterior sean inexistentes. Para colmo durante la noche el radiador emite una serie de ruidos como si se estuviera llenando o vaciando. La oscuridad sería absoluta de no ser porque la ranura de la llave emite una luz amarillenta todo el tiempo. 

El baño está sobreelevado. Los interruptores, junto a la puerta, activan por un lado dos puntos de luz sobre el lavabo y por otro otro punto de luz más cerca de la ducha y un extractor de humedad y olores de gran sonoridad. Suelo de porcelana gris, y paredes alicatadas casi hasta arriba con pequeñas baldosas de color mar. Frente al a entrada encontramos una larga encimera con dos lavabos generosos que apenas dejan espacio. Grifería nueva y un jarrón de vídrio con una flor artificial. Las amenities se han sustituido por un dispensador de jabón de manos anclado a la pared junto al lavabo, y otro similar con gel/champú dentro de la ducha. Sobre los lavabos y llegando hasta el techo un enorme espejo . Un secador de pelo de escasa potencia anclado a la pared, una banqueta metálica situada debajo de los lavabos, y una papelera metálica completan el mobiliario de la zona.

En la pared que hay frente al lavabo se presenta un toallero del que cuelgan las dos toallas de manos y el pie de ducha. La lencería resulta generosa en tamaño y limpieza y algo más justa en calidad. Antes de la ducha, en el lado derecho encontramos el inodoro con cisterna exenta. Junto a él, un feo dispensador de papel higiénico de plástico blanco. A continuación la cabina de ducha que es grande, con una mampara la mitad de obra y la otra mitad, hasta el techo de cristal. Dentro la grifería es moderna de doble mando y rematada en un rociador de teléfono. La temperatura es correcta pero el caudal y la presión resultan lamentables. Apenas un hilillo de agua que ni de lejos nos ayuda a despertar. 

Cuando bajamos a la recepción por la mañana no hay recepcionista, porque no llega hasta primera hora de la tarde, así que dejamos la tarjeta en una bandeja que hay sobre el mostrador y nos vamos. Al menos no nos preguntan por el minibar.

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 5.5
Ambiente: 4.5
Habitación: 6.5
Baño: 7
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 

martes, 9 de febrero de 2021

AC MARRIOTT DIAGONAL L'ILLA (BARCELONA)

AC MARRIOTT DIAGONAL L'ILLA (****)
Avenida Diagonal 555
08029 Barcelona 

Habitación: 517
Fecha de entrada: 28/10/2020
Tarifa: 

Situado en el centro comercial de L'Illa, en la misma Diagonal ocupando un voluminoso edificio de seis plantas en granito blanco con enormes ventanales cuadrados. Todo ello descansando sobre una planta baja a modo de zócalo en cristal y acero negro. La enorme acera de la avenida realza todavía más el acceso, ubicado junto a una de las bulliciosas entradas al centro de comercial y de ocio. Entre dos altas macetas con plantas y en medio de una larga pared de cristal encontramos una estrecha puerta giratoria, que hemos de empujar pesadamente y a la que se accede tras subir un incómodo escalón. 

Al otro lado de la puerta una generosa recepción cuadrada. Sensación moderna y amplia. Música suave con toques electrónicos de fondo. Suelo de mármol gris, paredes en madera y cristal. Techos altísimos y mucha luz que viene de las cristaleras que dan a la Diagonal. A la izquierda un pasillo estrecho termina en una escalera de caracol. A la derecha, una mesa grande de madera con un centro de flores y varias sillas alrededor de una biblioteca con libros y revistas. Al fondo, un sofá delante de una pared gris con varias molduras en escayola con luces retranqueadas haciendo como un mural. A la derecha, dos pequeños mostradores individuales, en madera clara con algunos detalles en ámbar. Detrás, toda la pared de madera. Sensación de orden y limpieza en los puestos de trabajo.

Nos atiende un joven sumamente amable. El trámite es un rollo: el DNI, la tarjeta de crédito como garantía, el... pero al menos lo hace amablemente preguntándonos por el viaje y dándonos algunas indicaciones y consejos sobre el hotel, sus servicios y los servicios que podemos encontrar en el centro comercial. Por fin nos entrega en una carpetita de cartón la tarjeta que hace de llave de la habitación y nos indica el camino de los ascensores, que quedan al fondo a la izquierda. Son dos, de enormes puertas, algo oscuros, con un espejo al fondo y paredes de madera, suelo de moqueta oscura, enorme botonadura metálica, una pegatina con la información a cuidad por el covid y dos puntos de luz en el techo. 

Las puertas se abren a un enorme hall que distribuye las habitaciones a derecha e izquierda en unos enormes pasillos, jalonados con enormes columnas redondas de hormigón gris. Suelo de moqueta gris muy suave, techos de color blanco y puertas de color gris oscuro sobre las que hay una lamparita. La cerradura funciona por contacto con la tarjeta.  

Una vez dentro de la habitación dos sensaciones. Por un lado la amplitud, y por otro la enorme luminosidad que aporta el gigantesco ventanal del fondo de la habitación, que ocupa toda la pared y ofrece vistas a la Diagonal. Cerramos la puerta, que tiene en su parte trasera un espejo de cuerpo entero y una cadena de seguridad para cerrarla. Suelo de madera clara limpia y cuidada y paredes en madera un poco más oscura. A la izquierda la ranura para activar la iluminación y bajo ella un largo maletero de metal rematado en un mullido capitoné de piel. A continuación un armario sin puerta con varias baldas con la caja fuerte en una de ellas, varios cajones, y una barra retroiluminada de la que cuelgan varias perchas normales con el logo de la cadena. Se ofrece también una tabla de planchar y una plancha metida en una bolsa de tela negra. En la pared de la derecha encontramos la puerta de cristal opaco del 
baño con un tirador en forma de bola metálica. 

Un paso más adelante el enorme dormitorio. Paredes cubiertas en madera. De tan grande quizá quede algo desangelado. A la derecha el display del aire acondicionado que funciona silenciosamente, pero no demasiado eficazmente. Unos botones seleccionan la temperatura y otros la potencia y se ve reflejado en una pequeña pantalla digital. 

A la derecha queda también la cama, grande para ser individual, justa para ser doble, vestida en blanco con cuatro almohadas de distinto grosor y dureza envueltas en suaves sábanas blancas con un ribete en gris. El colchón es de enorme calibre, cómodo y mullido. Vestido con un edredón ligero. Se encuentra empotrada en un cabecero de piel gris oscura. A cada lado sendas mesillas de madera con una balda de cristal en el interior. En una de ellas el mando a distancia envuelto en plástico, una botella de agua mineral y una toallita con gel hidroalcohólico. En la otra el teléfono moderno típico de la cadena. Sobre ambas interruptores para apagar las luces de la habitación y enchufes para los aparatos electrónicos. Por encima y ancladas a la pared dos lámparas rectangulares y largas de metal y pantalla en color crudo. Luz amarillenta más cálida que potente para la lectura. 

El juego de luces se completa con dos puntos de luz en el techo sobre el escritorio, una tira de led bajo el armario, otra bajo el escritorio y otra que recorre todo el foscurit. En el enorme espacio que queda al fondo de la habitación y bajo la ventana, que no es practicable, hay una mesa ovalada y dos sillones de piel gris. Un visillo leve blanco y un foscurit gris anclado a la pared en ambos lados cubren la enorme cristalera con vistas a la ciudad. La luz no entra durante la mañana. La insonorización del edificio por dentro es algo mejorable. Se escuchan los ruidos en la habitación contigua, aunque el hotel es claramente tranquilo y más en este momento de pandemia. Quizá por la ventana se escuche demasiado el pesado tráfico de la avenida.   

A la izquierda del dormitorio un largo escritorio demasiado bajo para trabajar, y sin silla delante. Es simplemente una madera apoyada sobre sendas patas metálicas. Sobre ella una bandeja de cortesía con una cafetera nespresso con algunas cápsulas de café, azúcar, vasos y una botella de agua mineral. Por debajo de la mesa, el minibar, vacío, que hace demasiado ruido y acabamos desenchufándolo.

El baño mantiene el mismo suelo de madera que el resto de la habitación, pero algo más deteriorado por culpa de la humedad. Enfrente de la puerta un armario de madera abierto en el que encontramos una toalla de manos y un secador de pelo metido en una bolsa de tela negra. Bajo él una papelera de metal oscuro. La parte de arriba del armario es una encimera de silestone blanco con un lavabo moderno y poco profundo, algo incómodo para lavarse bien las manos. Grifería monomando moderna con escaso caudal. Una pastilla de jabón rectangular metida en una caja de cartón con el logo de la cadena es la única amenitie que se ofrece. Dentro de la ducha encontraremos un bote de gel y otro de champú. Encima del conjunto un gran espejo con dos puntos de luz en el techo para iluminar. 

A la derecha de la puerta queda el inodoro con la cisterna exenta y frente a él un bidet. A la izquierda, junto a dos pequeñas perchas, una gran cabina de ducha con suelo suave en color blanco y una mampara de cristal de techo a suelo. El grifo monomando se remata con una alcachofa de teléfono con buen caudal, presión y temperatura. Una toalla de baño cuelga de la barra, y en una pequeña bandeja rinconera encontramos los botes de gel y champú. Junto a la entrada de la ducha, en el suelo, doblado un pie de ducha con el logo de la cadena igual que el resto de la lencería blanca, cuidada y mullida. 

Por la mañana, en una planta intermedia con vistas a la Diagonal se sirve el desayuno en mesa. Un simpático y eficaz camarero nos sirve lo que le pidamos de la elección de la carta que incluye tortilla de patata (congelada), fruta, tostadas, mantequilla y mermelada, tomate triturado, aceite, bacon crujiente y recién hecho, zumos variados, agua, bollería crujiente y caliente recién hecha y un estupendo café.

En la despedida en recepción el mismo joven amable que estaba en la llegada se preocupa interesado por nuestro descanso y por si necesitamos alguna cosa para continuar nuestro viaje.  

Calidad/precio: 
Servicio: 8.5
Ambiente: 8
Habitación: 8.5
Baño: 8.5
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 8