martes, 29 de noviembre de 2016

HOTEL CARRIS ALMIRANTE (FERROL - LA CORUÑA)

HOTEL CARRIS ALMIRANTE FERROL (****)
María 2 
15402 Ferrol (Coruña)


Hab: 305
Fecha: 4/10/16
Tarifa: 


Situado en el mismo centro de la ciudad, junto a la Plaza de España en una zona tranquila y peatonal. Un edificio de siete plantas, en chaflán, remozado por fuera en un color blanco casi brillante.

Una puerta corredera automática nos da paso a mediadocena larga de escaleras, en mármol arena clara que nos dejan ante otras puertas correderas que ya nos sitúan en‎ la recepción. Lo moderno y brillante del exterior contrasta con un interior algo más trasnochado.

A la derecha el largo mostrador de recepción, de madera, tras el que nos atiende una señora. Tras ella una pared blanca, desnuda, que pide a gritos algo: un cuadro, un mural, un reloj... Frente a la puerta de entrada a continuación de la recepción, el acceso a la ‎cafetería, tranquila, de la que se oye en exceso la televisión. Junto a su puerta dos columnas revestidas de metal dorado como imitando a un barco. A la izquierda de la puerta de entrada, los dos ascensores y un poco más atrás una zona de sofás y mesas con folletos turísticos. El suelo de mármol, dibuja una rosa de los vientos.

En general el espacio resulta algo frío, y trasnochado. La decoración es un poco antigua: plantas de interior, adhesivos en el suelo indicando que es una zona wifi...

Sobre el mostrador hay varios folletos y publicidad del hotel y la cadena. El libro de reservas y un par de monitores de los ordenadores que maneja la recepcionista. El trato es muy agradable, aunque profesional. Y algo lento. Quizá demasiado lento. Por fin nos entrega la tarjeta de la habitación y la clave del wifi que es gratuito y funciona velozmente en todo el edificio, aunque no conseguimos que el Outlook saque nuestros correos. Nos indica dónde podemos aparcar el coche, que hemos dejado en un par de plazas reservadas que hay junto a la puerta, y nos dirigimos hacia el ascensor.

Hay dos. De modernas puertas correderas en acero inoxidable. Su interior es estrecho y largo. Espejos de media altura con unos cuantos carteles sobre la cadena y los servicios del hotel. 

Nos dejan en un frío recibidor al que también llegan las escaleras. El pasillo que se abre a derecha e izquierda se estrecha bastante. Luz fría como de hospital. Gotelé amarillo. Suelo de fría cerámica clara. Estrecho. Frío. Puertas de las habitaciones en marrón oscuro, con molduras. La placa con el número de la habitación en plateado y negro junto a la puerta.

Al abrir la puerta la sensación rancia y algo casposa se acentúa. Junto a la puerta, el dispositivo para introducir la llave y que se active la luz. El suelo se convierte en parquet de pequeñas lamas haciendo cuadraditos, algo deteriorado por el uso. ‎Un pequeño recibidor con un perchero colgado en la pared. Una puerta a la derecha que abre al baño. Y otra enfrente que abre a un saloncito: un sofá doble y otro individual vestidos con una horrible tapicería marrón. Una mesa de centro baja en madera y cristal. Un espejo colgado en la pared. Y un minibar alto exento y en madera. Una lámpara de pie. Luz fría sobre el techo. La pared sigue amarillenta, aunque el gotelé ha desaparecido. Al fondo del espacio una ventana protegida por un visillo blanco y una cortina algo hortera y rancia en tonos azules tornasolados. La ventana, en aluminio azul tiene la persiana por el interior.

Otra puerta nos deja en el dormitorio. ‎Muy amplio. Muy rancio. En forma casi triangular rematada con tres grandes ventanas que llenan de luz la estancia. La lámpara del techo, fría, vibra a punto de fundirse, así que la apagamos. A la izquierda un armario empotrado. Enorme: cajones, caja fuerte, estanterías, colgador con perchas anti robo y espejos en el interior de las puertas. Sobre una de las estanterías, una manta y otra almohada. En uno de los cajones la bolsa de la ropa sucia y una gamuza lustrazapatos. Al lado del armario, una mesa baja con una moderna televisión de plasma. 

A su lado y bajo las ventanas una mesa camilla de madera oscura con dos sillas. Es la mesa de trabajo, pero resulta ciertamente incómoda. Sobre ella, la desgastada carta del room Service, y un bloc de notas del hotel con un bolígrafo. Hay una lámpara de pie a su lado y un enchufe disponible. La ventana igual que la del salón: en aluminio azul y con la persiana por dentro. No cierran muy bien, por lo que se escucha bastante el ruido de los coches que por esa calle si que circulan. Además la insonorización interna también es mejorable y se escuchan los pasos sobre el mármol del pasillo y el ir y venir de las ruedas de las maletas.
La cama, aparece vestida con una tela a juego de la hortera de las cortinas. Es sorprendentemente baja. Aunque cómoda, quizá algo dura. Vestida con suaves sábanas blancas y manta. Muy ancha para ser individual, algo estrecha para ser doble. A cada lado hay sendas mesillas exentas, de madera oscura a juego con el cabecero. Sobre ellas, además de un cristal hay interruptores para apagar las luces (no todas) ‎y enchufes disponibles. ‎Y sobre todo ello sendas lámparas de noche con pantallas en color claro, poco intensas para la lectura. Sobre una de ellas un teléfono.

Junto a la puerta de entrada hay un maletero de madera, apoyado en una pared bastante maltratada con golpes y arañazos de otras maletas. Sobre él, un display digital para el aire acon‎dicionado, aunque no conseguimos que la temperatura de la habitación suba al nivel que le pedimos. Las luces del display, que siempre permanecen encendidas -incluso apagado- iluminan demasiado la habitación de noche. Tanto en el salón, como en el dormitorio (y en el baño) hay radiadores para la noche...

El baño es moderno. Algo hortera, pero se nota reformado no hace mucho. Cerámica en tonos verdosos y grises en paredes y suelo. ‎Luz fría sobre el techo. El inodoro junto a la puerta. El bidet al fondo. Junto al inodoro el lavabo, blanco, incrustado en una generosa encimera de mármol sobre la que hay un gran espejo. Champú, gel, jabón y set dental. Dos vasos de cristal, un secador de pelo de poca potencia, una banqueta de plástico blanco bajo la encimera y una papelera de acero inoxidable.. La temperatura del lavabo es correcta aunque al caudal y la presión le pueda faltar un poquito.

La bañera, con la ducha, aparece protegida por una cortina blanca, que deberían haber sido desterrada hace tiempo. La presión y el caudal son formidables. Dos toallas de lavabo y dos toallas de ducha completan el set de lencería, correcto y generoso. 

En un moderno comedor, ocupado por mesas de almuerzo hay dispuestas unas pocas mesas en la pared del fondo para tomar el desayuno. Es buffet y se ofrece en una larga barra. Zumos naturales, fiambres, quesos, bocadillos, macedonias, bollería y barras de pan recién hecho. En la cocina pueden prepararnos algunos platos calientes (huevos fritos, bacon...). Una máquina de café ofrece uno de respetable calidad. 

Al decir adiós en el mostrador, sólo nos recuerdan el minibar. 

Calidad/precio: 
Servicio: 7

Ambiente: 5.5
Habitación: 5.5

Baño: 6.5
Estado de conservación: 4

Desayuno: 7
Valoración General: 5.5

martes, 15 de noviembre de 2016

MELIA MADRID PRINCESA (MADRID)

MELIA MADRID PRINCESA (*****)
Calle de la Princesa 27
28008 Madrid


Habitación: 608

Fecha de entrada: 23/09/2016
Tarifa:

Un mastodonte rectangular de cemento, roto por largas hileras de ventanas, de casi 20 plantas ubicado entre el Arco de Moncloa y la Plaza de España. A un paso de la Gran Vía y de la Zona Universitaria. La finca ocupa una manzana entera con una calle interior en la que pueden aparcar los coches -si uno encuentra espacio- para descargar pasajeros y equipaje. Si uno va caminando por la calle, casi no se da cuenta que llega al hotel, ya que los bajos de todo el edificio están ocupados por comercios, y el rótulo del hotel, apenas se ve. 

Dos jóvenes botones salen de un destartalado cuarto situado junto a la puerta principal para ayudarnos con el equipaje. Una enorme puerta giratoria de cristal nos conduce a un amplio y bullicioso hall. Nuestra llegada coincide con la llegada de un grupo de orientales que acaban de "asaltar" la tienda del Real Madrid. La sensación general del ambiente es barroca. Todo en mármol negro, que contrasta con algunas butacas y sofás en piel de tonos claros de caprichosas formas, situados a la derecha de la puerta. De frente, justo en el centro, una enorme mesa, barroca. Y tras ella, unas escaleras que bajan hacia el bar y otras que suben al espacio "The Level" para los clientes más prioritarios de la cadena. Del techo, alto, cuelgan dos arañas de cristal. 

A la izquierda encontramos el mostrador. Con un carril especial para los clientes Prioritarios. También en mármol negro es atendido por una pareja de recepcionistas. Aunque hay tres puestos de trabajo. El trato es correcto. Rápido, eficaz y sumamente procedimental. Sin salirse un ápice de lo necesario y de lo -supongo- escrito en el manual de estilo de acogida: DNI, tarjeta de puntos "y ahora para cerrar el check in necesitaré una tarjeta de crédito". Nos entrega la llave de tarjeta de la habitación en una elegante carpetita negra de cartón donde escribe la contraseña del wifi.

Atravesamos todo el hall para llegar al vestidor en el que se abren los ascensores. Tres. Las puertas, automáticas, son antiguas. Todavía conservan el viejo logotipo del Sol de la cadena. Su interior es completamente nuevo. Seguimos en negro, todo bastante oscuro, con espejos en las paredes y una pantalla con noticias, el tiempo, un reloj... Las puertas se abren a un distribuidor igualmente oscuro. Moqueta negra en el suelo, paredes de espejo muy ahumado y tres esculturas de formas redondeadas. Apenas se distinguen los letreros que indican la dirección de las habitaciones. El pasillo se abre a derecha e izquierda, con paredes de madera clara, y moqueta tupida en tonos marrones, negros y rojos chillones. Las puertas de las habitaciones quedan muy iluminadas. Y el techo se ve retroiluminado en rojo. Quizá demasiado en contraste con la oscuridad del ascensor y del recibidor. 

Tras la puerta encontramos un largo pasillo de suelo cerámico en pequeñas baldosas color cobrizo. A la izquierda el interruptor general de la luz y un gigantesco espejo de techo a suelo. A la derecha un armario de puerta corredera en madera clara y cristal traslúcido. Dentro de él, una barra colgador con perchas variadas (normales, antirrobo, para faldas...), una placa de mármol que hace las veces de maletero y una serie de cajones y estanterías. La pared del fondo del armario es una puerta corredera que se abre desde el baño, por lo que tenemos acceso al armario por ambos lados. En uno de los cajones hay un lustrazapatos, un calzador y la bolsa de lavandería.

El suelo de la habitación es de una cerámica que imita a la madera clara. Agradable. Paredes en madera y pintura marrón. El espacio no es muy grande, pero si suficiente. Destaca la cama, enorme, blanca, comodísima, vestida con un nórdico agradable y media docena de almohadas de distintos tipos. A los pies de la cama un plaid como de pana marrón. A ambos lados de la cama sendas mesillas de madera, con la tapa en cristal retroiluminado en colores que podemos variar desde los interruptores que hay sobre ella (rojo, verde, azul, amarillo...) para cambiar el ambiente de la estancia. Interruptores que permiten apagar todas las luces de la habitación y un enchufe a cada lado. Sobre una de las mesillas un teléfono, un bolígrafo y un set de notas. El cabecero de la cama, también de madera se remata en el centro con un espejo rodeado de un marco dorado. A cada lado, incrustadas en el cabecero, hay unas lámparas de lectura escamoteables y direccionables. 

También junto a la mesilla, acertadamente enclavado en el cabecero de la cama, encontramos el display del aire acondicionado. Que funciona de forma sencilla con la posición automática y con poco ruido, aunque el arranque hace vibrar la instalación entera. 

A los pies de la cama hay una estrecha mesa de cristal bajo la que hay un taburete y sobre la que cuelga la tele de plasma. En la mesa un libro de Madrid y varias revistas comerciales. Junto a ella un escritorio en forma de L diseñado para el trabajo. Cuerpo de madera y mesa de cristal , con un moderno y potente flexo de trabajo y una silla de trabajo con ruedas en color rojo. El armario esconde el minibar y una caja fuerte. A su lado hay varios enchufes disponibles así como un teléfono, otro block de notas y bolígrafo y una papelera plateada. Sobre la mesa, una bandeja de cortesía nos ofrece unas gominolas y una botella de agua con un saluda del director. 

La pared del fondo es una enorme cristalera. Dos ventanas de compleja apertura que dejan ver bonitas vistas de la Almudena y el Palacio Real. Unos visillos blancos la cubren de día y un tupido foscurit revestido con una cortina en tonos marrones y dorados algo brillantes por la noche. Junto a la ventana, y para completar el mobiliario, una butaca de terciopelo marrón con un reposapies redondo a juego. Sobre ella una lámpara sesentera de color rojo con una bola de luz en su interior. 

La sensación es de tranquilidad. Se está bien. La insonorización exterior es adecuada. Sin más. La interior es algo mejorable. Se escuchan bastante las voces del pasillo y la actividad en las habitaciones contiguas.

Otra puerta corredera de madera y cristal traslúcido nos deja en el baño. Suelo cerámico en colo cobre con pequeñas baldosas similar al del pasillo de entrada. Primero encontramos a la derecha el armario que se abre al pasillo, y a la izquierda una encimera de mármol con dos lavabos pequeños exentos con modernos grifos efectistas. El set de amenities es completo: gel, champú, acondicionador, leche hidratante, set dental, de afeitado, dos pastillas de jabón todo ello en elegantes frascos negros y estuches negros y plateados. Un enorme espejo situado sobre la encimera, dos toallas de lavabo colgando de ella, un secador de escasa potencia y un espejo de aumento completan los detalles de esta zona.

Un paso más y separado por una puerta de cristal encontramos el inodoro, el bidet y la bañera. Sanitarios blancos, de corte moderno. Paredes en cerámica de color cobrizo con bastantes chorretones provocados por el uso. Un toallero calefactado con dos enormes toallas y dos albornoces completan el set de lencería. Grandes tamaños, aunque podríamos esperar algo más de las toallas. La bañera tiene una mampara de cristal y tras ella una ducha de teléfono y otra fija de efecto lluvia. La grifería es moderna, muy moderna. Tanto que cuesta un poco entender cómo funciona aquello. La temperatura es fenomenal, el caudal y la presión es simplemente correcto.

El desayuno se sirve en la primera planta, en un bullicioso restaurante lleno de orientales. Dos paredes de cristal con vistas a Princesa. En forma de L se establecen dos barras con el enorme surtido de productos que se ofrecen: zumos variados, fruta cortada y preparada, platos calientes (tortillas, bacon, verduras, chorizos, salchichas...) una zona de show cooking, friambres, quesos, minibocadillos, churros, porras, bollería de todos los tipos y tamaños, macarrons... El café se sirve en la mesa por un atento servicio. En jarras de café aguado, aunque también existe la opción de pedir un expresso.

Al final, en el mostrador de recepción, pregunta por el minibar y adiós, aunque nos desean pasar un buen día...

Calidad/precio: 
Servicio: 8

Ambiente: 8
Habitación: 8.5

Baño: 9
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 8.5
Valoración General: 9

martes, 1 de noviembre de 2016

AC MÁLAGA PALACIO (MÁLAGA)

AC MALAGA PALACIO (****)
Cortina del Muelle 1
29015 Málaga

Habitación: 708
Fecha de entrada: 15/09/2016
Tarifa:

Situado justo entre la Estación Marítima y la Catedral, en el mismo corazón de la ciudad. Un edificio de 12 plantas en uno de los chaflanes más clásicos y famosos de la ciudad, no en vano acaba de cumplir 50 años como establecimiento hotelero. El acceso es transporte público no presenta inconvenientes, aunque llegar hasta la puerta implica atravesar algunas zonas de acceso restringido. Amplias avenidas y calles lo circundan, siendo una de ellas peatonal. 

En el vértice del chaflán y tras un par de escaleras accedemos al recibidor tras unas puertas de cristal que nos abre amablemente un empleado. Unas pocas escaleras más y nos encontramos con el mostrador de recepción a la izquierda, y el mostrador de la consejería a la derecha. De frente, un largo pasillo conduce a los ascensores y a una zona de estar amplia y moderna con sofás, butacas y mesas para la tertulia y el descanso, todo ello separado por cortinas metálicas. El ambiente es un poco bullicioso, ya que la terraza mirador de la última planta congrega a muchos curiosos que pueden acceder por un ascensor directo hasta la planta 13.

El mostrador de recepción, en madera negra, dispone de tres puestos de trabajo. A un lado una enorme maqueta en acero cortén conmemora los 50 años del hotel. Al otro lado una puerta donde se guardan los equipajes. Tras el mostrador nos atienden rápida y amablemente dos jóvenes recepcionistas. Enseguida encuentran nuestra reserva y sin más nos entregan la llave de la habitación y el código del wifi. Nos indica que al ser Marriott Gold nos ha ofrecido, por el mismo precio, una bonita suite, y nos desea que estemos a gusto. Rapidísimo y eficaz, que es tarde, y debemos mostrar en la cara que andamos cansados.

Tres escaleras más hacia el pasillo central y encontramos tres ascensores. Los maneja un simpático ascensorista. Hay que elegir el piso antes de entrar en el ascensor, y la pantalla domótica nos indica el ascensor que debemos coger. Como la mayoría de estos sistemas no tenemos claro si funciona bien o no. Lo cierto es que tenemos que esperar tres o cuatro minutos hasta que por fin llega un ascensor en el que nos metemos 5 personas. No es pequeño, pero tan lleno da sensación de agobio. Nuevo, con suelo de moqueta negra y paredes forradas en madera. En la pared del fondo, un espejo algo oscuro. Varios puntos de luz en el techo. Carteles del hotel y la cadena en las paredes y una estrecha y larga pantalla junto a las puertas va indicando los pisos en los que parará.

En la séptima planta salimos a un pasillo que se abre a derecha e izquierda. Amplio, con puertas a ambos lados, moqueta negra en el suelo. Paredes en madera clara que contrasta con la oscura (rojiza) de las puertas, en las que destacan los grandes pomos plateados. Luces puntuales y todo con un punto oscuro. Calma y tranquilidad.

Nada más abrir la puerta con la llave de tarjeta, la sensación es de que aquello va a ser muy grande. Mucho. Suelo de madera clara de lamas estrechas, pared de madera más clara todavía y un largo pasillo que acaba en un recibidor casi triangular al que se abren tres puertas.

Justo enfrente un enorme salón con un sofá doble de pie en tono marrón oscuro (algo plastificado) y dos butacas con una mesa de centro, con varios libros sobre la ciudad; y todo ello sobre una tupida alfombra. Al lado del sofá, en otra mesa auxiliar hay una lámpara y una cafetera de Nespresso con una botella de agua de cortesía. Dos simpáticas tazas de café y varias cápsulas y azúcar. Junto a la mesa, una torre altavoz de música para poner nuestro móvil. A la derecha de la puerta está el escritorio típico de la cadena, en madera con dos pequeños cajones. Sobre él una lámpara de trabajo y un montón de folletos, libros y documentación del hotel. Cerca varios enchufes. Bajo ella una papelera. Delante de ella una silla de piel algo incómoda para trabajar. Junto a ella sobre un armario una enorme televisión plana.


Lo más destacado sin duda es la enorme cristalera que ocupa de techo a suelo toda la pared del fondo. Las vistas de los cruceros atracados en la estación marítima son formidables y de la puerta principal también. Luz natural para dar y tomar, aunque contenida por un poderoso foscurit y unos visillos blancos. 

Si volvemos a ese distribuidor casi triangular con tres puertas encontramos en otra de ellas el dormitorio. Generoso. Una cama enorme con cuatro almohadas de distinta dureza y dos cojines decorativos de ganchillo gris. En los pies de la cama un plaid. Vestida con una sábana sin más. Blanca. Agradable. Sobre la cama se nos ofrece un detalle por ser cliente preferente Marriott (un bote con gominolas en forma de corazón). El colchón también es agradable. No hay cabecero, pero la madera de la pared hace acogedor el espacio. A ambos lados sendas mesillas con enfuches e interruptores de luz negros en ambas. Lámparas de noche alargadas ancladas a la pared y recubiertas de lino. No hay foco de lectura, pero la luz de las lámparas es suficiente. Con los interruptores podemos elegir dos ambientes lumínicos: la luz de las lámparas de la pared, o la luz incrustada en el armario, que da un punto más cálido a la habitación. Sobre las mesillas un teléfono, folletos de la ciudad, de un servicio de masajes y varias revistas comerciales. 

En la pared situada frente a la puerta encontramos un largo maletero en madera y piel que va desde el armario (que queda junto a la puerta) hasta la ventana. La ventana es enorme, protegida con un foscurit y con unos visillos blancos. Fuera hay una terraza algo estrecha pero con una mesa y dos sillas y fenomenales vistas a la puerta de la Catedral que está allí mismo.

El armario, situado a la izquierda de la puerta es de tres piezas con dos puertas correderas de madera y cristal. En las dos piezas extremas hay percheros, con perchas normales, y una balda de cristal. En uno de ellos la bolsa de ropa sucia y en el otro una caja fuerte. En la pieza central, sobre el minibar, de precios elevados, hay una cadena de sonido con un CD de música ambiental de la cadena. 

La insonorización interior es formidable. La habitación es tan grande que el pasillo queda lejos. La exterior es bastante mejorable. Se escucha demasiado por la noche la música de las terrazas cercanas y los gritos de la calle aunque pronto deja de sonar o el sueño les puede. El aire acondicionado es independiente para ambas estancias, pero no funciona. Tampoco es necesario. Pero no sabemos si es ruidoso o no. Se maneja desde sencillos displays con selector de potencia y temperatura que automáticamente se regula.

La tercera puerta del distribuidor, que es de cristal opaco, nos lleva al baño. Suelo de mármol verde y negro, paredes de madera como en el resto de la habitación. Todo muy limpio, luminoso y brillante. En primer lugar encontramos a la derecha el lavabo, de cristal como remate de una encimera del mismo material. Sobre ella un generosisimo set de amenities: varios botes blancos con gel, champú, acondicionador y crema hidratante, un bote de Germain de Cappuccini con crema antienvejecimiento. Bajo la encimera, en una pequeña mesa auxiliar metálica con ruedas hay dos toallas grandes, unas zapatillas de baño, un set dental, de afeitado, gorro de baño, lustrazapatos y unos kleenex. Un potente secador de pelo, un espejo de aumento para afeitarse y un espejo frente al espejo hasta el techo completan el espacio iluminado por dos puntos de luz sobre el lavabo. Uno de ellos fundido.

Un paso más adelante, y tras otra puerta encontramos, con la misma madera en las paredes y el mismo mármol en el suelo el bidet y el inodoro. Frente a ellos y separados por una mampara de cristal una ducha, y a continuación una generosa bañera blanca encastrada entre paredes de mármol verdoso. La ducha es brutal. La generosa cabina que queda entre la mampara y la bañera dispone de una ducha de teléfono, y metida en el techo una placa metálica que ofrece por un lado ducha efecto lluvia y por otro una enorme cascada de agua. Impresionante su caudal, su potencia y su temperatura. En la bañera encontramos un bote de jabón y un gel de ducha así como un par de generosas toallas de baño. Junto a la ducha, sendos albornoces con el logo de la cadena.

El desayuno se sirve en la primera planta, en un bullicioso salón acristalado. El surtido es generoso (huevos, bacon, fiambres, quesos, fruta cortada, zumos, bollería crujiente casi recién hecha, pan...) y el café de Nespresso. 

Al despedirnos en el mostrador de recepción nos preguntan por el minibar pero se brindan a ofrecernos su ayuda para custodiar nuestro equipaje o informarnos sobre nuestra próxima etapa del viaje.

Calidad/precio: 
Servicio: 8

Ambiente: 8
Habitación: 8.5

Baño: 9
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 8.5
Valoración General: 8.5

lunes, 17 de octubre de 2016

IBIS VALENCIA ALFAFAR (VALENCIA)

IBIS VALENCIA ALFAFAR (*)
Alcalde José Puertes s/n
46.910 Alfafar (Valencia)

Habitación: 234
Fecha de entrada: 29/09/2016
Tarifa: 55€ (AD)

A pie de la carretera de Alicante, en medio de un inmenso parque comercial y de ocio, rodeado de restaurantes de comida rápida, autovías, autopistas y baypasses, encontramos otro hotel económico de la cadena francesa Accor. Un exterior bastante prefabricado, similar a otros hoteles de la cadena: planta baja más dos en un par de cubos a distintas alturas con una zona más baja en la que se encuentra la recepción/cafetería/restaurantes... Paredes rosadas y unos cuantos logos en rojo, rodeado de una pequeña zona más de aparcamiento que de jardín. Llegamos tarde y el aparcamiento está lleno de vehículos. La sensación del entorno es tranquila, aunque quizá demasiado solitaria. 


Empujando dos puertas de cristal entre las que se acumulan unos cuantos carritos portamaletas entramos en la recepción. Es un espacio rectangular que destaca sobre todo por su olor a comida: una mezcla de sandwich, pizza y pannini algo quemado. Suelo de cerámica marrón, tonos ocres en los muebles, luces algo amarillentas. A la izquierda, hay unas cuantas butacas para esperar a los huéspedes y un par de ordenadores a modo de business center. A la derecha se extiende, sin separación alguna, un amplio espacio que hace las veces de bar, restaurante y desayunador. Una barra larga, y varias mesas con sillas de corte rustico. 

La misma chica que está terminando de atender la barra nos atiende en el mostrador. En forma de medialuna, de madera barnizada. Dos puestos de trabajo. Aunque es tarde hay que hacer el procedimiento entero. Aunque ya hemos estado otras veces en la cadena (de hecho somos Gold de su programa de fidelidad) hay que volver a pedir los datos, el DNI, la tarjeta de crédito... Nada se sale del protocolo ni del procedimiento. Al menos el trato es amable y simpático. Nos entrega la llave, y nos ofrece reservar el desayuno del día siguiente, cosa que hacemos. Antes de que nos entregue la tarjeta con la bebida de cortesía le pedimos ya una botella de agua y nos vamos hacia el ascensor, que queda unos pasos más adelante. Antes de irnos nos recuerda la clave del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio.

El ascensor es grande, aunque lento y oscuro. Espejos ahumados en las paredes y suelo de porcelana negra. Puertas verdes junto a un limpiador de zapatos mecánico. Al salir, llegamos a un pasillo en forma de L con moqueta entre verde y azul. Algunas macetas de flores artificiales, y paredes en blanco. Las puertas de las habitaciones y sus marcos, en un azul verdoso muy claro. Recorremos casi la totalidad del pasillo, muy iluminado, hasta llegar a nuestra habitación.

La pesada puerta se abre a una habitación tranquila y algo acalorada. Moqueta marrón oscuro algo deteriorada en el suelo. Paredes blancas en estuco. El escaso mobiliario, blanco y marrón. Algunos toques verdosos en las lámparas de las mesillas, en la lámpara que hay en una de las paredes y en un pequeño detalle del cabecero de la cama. 

No hay rendija para tener que meter la tarjeta de la habitación para conectar la luz, sino que esta se enciende directamente con el interruptor. A la derecha de la puerta, una pared curva de fibra de vidrio en color madera es la pared del baño, que ocupa una pieza entera sobreelevada, prefabricada e incrustada en el espacio de la habitación.

Allí mismo encontramos la cama, blanca con dos cómodas almohadas. Grande para ser individual, quizá algo pequeña para doble. Grueso canapé negro sobre el que descansa un colchón fino. Correcta, sin más. Vestida con un nórdico limpio y blanco que debe transpirar poco porque nos levantamos empapados en sudor. La oscuridad no se alcanza del todo y por debajo de la cortina verdosa de la ventana se cuela mucha luz, especialmente del letrero luminoso que hay en la fachada. La insonorización exterior es correcta, aunque también es cierto que el entorno, de noche, está vacío. La interior podría ser algo mejor, porque como las puertas son muy pesadas, se cierran con fuerza, y cada portazo hace casi temblar toda la estructura. 


A los pies de la cama hay un espejo estrecho y alto y junto a ella hay dos mesillas pequeñas, bastante deterioradas en color blanco. Sobre las mesillas dos lámparas, bastante feas, en tonos verdosos que ofrecen dos potencias de iluminación. Con estas luces podemos llegar a crear un cierto tono acogedor en la estancia. El aire acondicionado se maneja desde un sencillo display con rueda, que es automático. Hace bastante calor cuando llegamos y aunque le cuesta un poco bajar la temperatura al final conseguimos un clima adecuado. Su excesiva sonoridad impide que durmamos con él encendido.

A continuación de la cama, hay un armario que en forma de L ofrece una estantería para colocar una vieja televisión plana, un pequeño armario perchero sin puerta, con unas cuantas perchas negras antirrobo y con un par de baldas en las que además de ofrecerse una almohada complementaria y la bolsa de la ropa sucia encontramos una bolsa de frutos secos abierta que debió dejar olvidado el anterior huésped y que no recogió el servicio de habitaciones. El lado largo de la L, situado bajo la ventana, es una larga tabla blanca que hace las veces de mesa. Frente a ella una silla de madera, algo incómoda. La mesa se remata uniéndose con la pared del cabecero de la cama con una zona de madera almohadillada a modo de maletero. Sobre él, dos enchufes, bien ubicados para la mesa, algo alejados para las mesillas. Sobre la mesa, un teléfono, algunos folletos sobre el hotel y un detalle de bienvenida: una piruleta y una botella de agua con una nota del director. 

La ventana, de aluminio blanco, se abre limitadamente y con vistas a la fachada principal del hotel se pueden observar las obras de algunas naves comerciales que terminarán de completar el polígono en unos meses. 

El baño es un único cuerpo de fibra de vidrio blanca. Para acceder a él hay que subir un escalón (por debajo deben ir las tuberías e instalaciones). Hay un extraño olor como a "pozo". Todo da la sensación de ser de plástico. El lavabo, de color verdoso ofrece algunas muestras amarillentas como de "quemados" de cigarrillos. El grifo, de plástico, imita al metal. Un enorme espejo con una pegatina de ofertas del hotel y dos lamparas alargadas a cada lado que tienen un cierto toque amarillento, quizá del exceso de calor de las luminarias. Las amenities se ven reducidas a sendos botes anclados a la pared (del lavabo y de la ducha) con jabón. Cuando apretamos para sacar el producto, se cae una carcasa gris de plástico. Además hay varios vasos de plástico y un secador de pelo de escasa potencia. Dos toallas de bañera (una en el colgador del lavabo y la otra sobre el lavabo) y un pie de ducha componen el set de lencería. Algo justitas de tamaño y calidad y con bastante uso. Eso sí, muy limpias. 

Pegado al lavabo está el inodoro y allí mismo un rincón que acoge una ducha tras dos puertas de plástico transparente. Aunque la temperatura es adecuada, falta algo de presión y caudal, como también falta, especialmente caudal, en el grifo del lavabo. La iluminación del espacio algo fría y desde que se enciende la luz no deja de sonar un molesto extractor de humos, olores, humedad...

Por la mañana el desayuno sería completamente prescindible, de no ser porque allí cerca todavía hay pocas opciones que abran temprano. En la barra del bar se ofrece una especie de selfservice con bandeja: zumo de naranja bastante artificial (¡¡en Valencia!!), y aguas, tortilla de patata precocinada, jamón serrano, york, pavo, queso semicurado, algo de fruta cortada y en piezas, pan, croissants, napolitanas de chocolate y un bizcocho, cereales, mantequilla y mermelada y café más que correcto servido desde una máquina automática. Los amantes del riesgo también pueden probar el típico café filtrado. Todo autoservicio con tazas y cubiertos de distintos tipos, tamaños, colores... 


Tras el desayuno, en recepción pedimos la factura, y hemos de volver a dar los datos de la empresa, el cif... para que nos la entreguen. Al menos la persona que nos atiende, que es la misma que está al cargo del desayuno, lo hace de forma simpática y amable.

Calidad/precio: 6
Servicio: 5
Ambiente: 4
Habitación: 5

Baño: 4
Estado de conservación: 5

Desayuno: 4
Valoración General: 5

martes, 4 de octubre de 2016

PETIT PALACE LEALTAD PLAZA (MADRID)

PETIT PALACE LEALTAD PLAZA (****)
Antonio Maura 5
28014 Madrid


Hab: 404
Fecha: 15/08/16
Tarifa: 135 (triple A+D)

Ubicado en una de las zonas más elegantes de Madrid, en el cuadrado formado‎ entre el Retiro, el Ritz, la Bolsa y el monumento al soldado desconocido. Petit Palace gestiona como hotel un antiguo edificio de viviendas que aún conserva ese sabor en su portal, en sus suelos, en sus balcones, en su estructura. Seis plantas de ladrillo rojo, contraventanas de madera y balcones de forja negra. 

La entrada, como si de a una vivienda se tratara se hace‎ a través de un portal muy iluminado con un puñado de escaleras. Antes de llegar a la antigua  escalera central del edificio, de madera y forja hoy restaurada y en uso, encontramos a la izquierda, como si de la entrada a una casa se tratara, un estrecho pasillo que termina en el mostrador de recepción. Dos puestos de trabajo bajo un enorme logo de la cadena.

A la izquierda del mostrador, un pequeño puesto con agua con naranja, con limón , con pepino para refrescar al viajero de la canícula capitalina. Sobre el mostrador unos cuantos carteles sobre el hotel y varias opciones para comprar su perfume (velas, pulverizadores...). Tras el mostrador, Blanca se preocupa de nuestro viaje, de si estamos cansados y demás, pero el trámite de recogida de datos es agotador. Todos los mayores de 18 años han de mostrar el DNI y todos los datos han de ser registrados en el ordenador... Cuando termina el proceso, nos explica el horario del desayuno y el funcionamiento del wifi que es gratuito y de sencilla conexión. Funciona correctamente durante toda la estancia.

Blanca nos indica que el ascensor está estropeado y que hay unos técnicos intentando repararlo. Así que subimos por la amplia escalera que no sólo conserva su estructura sino las bellas puertas de acceso a las viviendas. Una vez pasado el recibidor de la cuarta planta, nos adentramos en el pasillo de las habitaciones.

La sensación cambia por completo. El aroma fresco se mantiene, pero de lo "clásico" pasamos a lo moderno y futurista: ‎suelos de moqueta gris, luces puntuales, paredes y puertas blancas, números de las habitaciones en grandes adhesivos plateados sobre las puertas. Un moderno y sencillo pomo plateado nos permite insertar la tarjeta que abre la habitación.

Dentro destaca el fresco del aire acondicionado la luminosidad de la pared de entrada y la combinación entre elementos futuristas y formas clásicas como las molduras de las paredes o la madera del suelo, antigua y crujiente. La puerta se abre y se cierra con un profundo chirrido de sus bisagras. 

Accedemos a una pequeña estancia cuadrada, de blancas paredes, en la que encontramos un maletero en tonos plateados, un armario pequeño con dos puertas: en una colgador de ropa y algunas baldas. En el otro, más baldas con mantas, el minibar y la caja fuerte. A la izquierda, la puerta del baño, de cristal con un vinilo de una imagen como ampliada al microscopio. 

Junto a la puerta de entrada el display del aire acondicionado, de sencillo manejo, pero sumamente ruidoso. Menos mal que al llegar la habitación está lo suficientemente fresca como para mantener la temperatura toda la noche. Los interruptores de la luz, de toda la habitación, están rodeados de un marco de flores blancas y negras.

Un poco más adelante, pasando el marco de una puerta encontramos el dormitorio. Justo de tamaño destaca por sus paredes en verde y sus molduras de escayola en el techo blanco del que cuelga una gran lámpara de corte moderno.‎ Al fondo, tras un tupido foscurit y un visillo metálico un balcón, con estrecha terraza, y vistas a la puerta principal. El balcón cierra perfectamente e insonoriza bastante de la calle, ya de por sí tranquila. También el interior del hotel es tranquilo y no se escuchan voces ni pasos. 


En el lado derecho‎, a los pies de la cama, hay un estrecho y largo escritorio. Un tablero en tono plateado sostenido por dos tablas a juego. Nada más. Sencillo. Pero suficiente. En él, un lámpara modernísima de plástico negro, más decorativa que útil. Algunos folletos e información del hotel. Delante de la mesa varios enchufes para los gadets tecnológicos y una inclinada televisión plana que en standby emite una molesta luz azulada. 

A la izquierda está la cama. Blanca, muy confortable, de buen tamaño para ser doble. Mullido colchón, confortables almohadas, y un suave nórdico. Toda ella protegida por un cabecero de piel marrón oscura en capitoné. Del mismo cabecero salen dos mesillas metálicas, en una de ellas el mando de la televisión. Sobre las mesillas sendas repisas con enchufes e interruptores de la luz. Sobre una de ellas un teléfono de corte retro. La luz es bastante efectista, y desde la cama podemos controlar todas las opciones: la lámpara del techo, la de la mesa de trabajo, un aplique de la pared, un pequeño foco que hace las veces de luz de lectura y una tira de leds escondida en el remate del cabecero. 

El baño es pequeño, pero suficiente. Suelo negro de pizarra y paredes de porcelana blanca. Muy luminoso. A la derecha encontramos un armario ligero sobre el que se asienta un lavabo moderno y demasiado pequeño. Aunque la presión y el caudal son buenos, no sale agua caliente. En el armario se presenta el completo set de amenities: gel, champú, jabón, set dental, de afeitado, gorro de ducha, kleenex, un secador de pelo de generosa potencia y un espejo de aumento. El frontal del lavabo es de pequeñas baldosas negras brillantes, y sobre ellas, un generoso espejo.

A la izquierda encontramos el inodoro. Se prescinde del bidet. Y justo de frente la enorme cabina de ducha. Protegida por una mampara de cristal ofrece una columna con un grifo de teléfono y una gigantesca alcachofa (de la pared a la mampara) de la que sale agua abundante, con adecuada fuerza y fenomenal  temperatura. Junto a la ducha, en un alto toallero se presentan las toallas. En total hay cuatro de baño (alguna se presenta debajo del lavabo) y tres de manos (que cuelgan del lavabo), todas ellas de generoso tamaño y calidad. 

Por la mañana, en el sótano, se sirve un excelente buffet. Lo más destacado, sin duda, del establecimiento. Todo lo imaginable está allí: zumos, smoothies, huevos (que se pueden pedir en el acto), bacon, salchichas, tortilla de patata, jamón, fiambres, quesos, fruta cortada y preparada, espárragos, atún, salmón, lechugas, preparados lácteos de cacao, coco, avena... La bollería destaca por sus churros y porras además de algunas magdalenas, croissants, mantequilla y mermelada. Café de Nespresso para rematar el despertar. Todo ello atendido por un equipo numeroso, atento y sonriente en un entorno postmoderno en el que se combinan las lámparas colgantes con las paredes encaladas de ladrillo.

En la recepción al salir se preocupan de nuestro descanso, y de entregarnos adecuadamente la factura.

Calidad/precio: 9
Servicio: 8

Ambiente: 7.5
Habitación: 7

Baño: 8
Estado de conservación:7.5

Desayuno: 10
Valoración General: 8.5

miércoles, 21 de septiembre de 2016

AC SANT CUGAT (SANT CUGAT - BARCELONA)

AC SANT CUGAT (****)
Plaza de Xavier Cugat s/n
08174 Sant Cugat del Vallés (Barcelona)

Habitación: 321
Fecha entrada: 15/07/2016
Tarifa: 99€ AD

En un polígono empresarial, rodeado de modernos edificios corporativos, y a pie de la AP7 un antiguo Novotel hoy remodelado por completo y gestionado por AC. Rodeado de un pequeño jardín con piscina, un edificio de cuatro plantas y grandes ventanas con una legión de taxis en la puerta. 

Dos puertas de cristal automáticas nos dejan en la recepción. Moderna. Suelo de fina moqueta oscura, paredes en vescom gris. Sensación de modernidad, amplitud, y tranquilidad. A la izquierda del hall hay un espacio con sofás y alguna mesa baja y varios cuadros con motivos arquitectónicos y geométricos. De frente los dos ascensores en una pared forrada de acero. Hacia la derecha y algo oculto, el mostrador de recepción, junto a unas estanterías que venden bebidas, sándwiches, productos de higiene e incluso ropa. Un poco más adelante está el bar (detrás de los ascensores) una amplia zona de estar y el comedor junto a la puerta de salida al jardín y la piscina. Todo este espacio tiene la pared de cristal, oscuro, y cubierto con estores blancos. En cualquier caso, la luz artificial crea una atmósfera acogedora.

En el mostrador con dos puestos de atención el procedimiento es bastante rápido. Mostramos el DNI y a partir de ahí ya tienen todos nuestros datos. Nos dan el bienvenida para firmar, y nos entregan la llave de la habitación y la clave del wifi, gratuito que funciona bastante veloz en todo el edificio, aunque a veces se producen algunos cortes. 

Los ascensores son modernos, luminosos y amplios. Suelo de moqueta. Paredes de acero y espejo y un par de carteles sobre el hotel y la cadena. Las puertas se abren en un amplio recibidor, en el que ya hay habitaciones que continúan por un ancho pasillo en forma de L. Moqueta y paredes oscuras que contrastan con las puertas claras.

Las puertas de los dormitorios, en blanco son algo débiles, lo que implica que la insonorización interior sea manifiestamente mejorable. Se escucha demasiado lo que pasa en el pasillo. El exterior es tranquilo, pero la insonorización no es muy buena. Desde las 7 de la mañana oímos el motor de un autobús de japoneses aparcado en el jardín del hotel que espera a cargar su pasaje. Al sacar la tarjeta de la cerradura de la puerta esta se abre a una zona de estar. Suelo de madera blanca y paredes en vescom una negra y otra gris clara. Un sofá cama doble, una cómoda butaca giratoria (ambos en escay marrón claro) una mesa de centro en blanco y acero, una mesa rinconera con una lámpara con pantalla y un teléfono moderno. Todo ello sobre una gruesa alfombra marrón. 

En la pared negra, un cuadro‎ con motivos arquitectónicos y dos luces que lo iluminan. Junto a la ventana, una lámpara de pie en metal y blanco. La estrecha ventana, da a la entrada principal, y un foscurit y un leve visillo marrón y blanco a rayas protegen eficazmente de la entrada de la luz. 

Frente al sofá, un largo armario con cajones, baldas y un minibar. Sobre el armario, en una bandeja se ofrece una cafetera Nespresso con dos cápsulas, un par de juegos de tazas y una botella de agua. Sobre todo el conjunto un gran plasma LG. El regulador del aire acondicionado, situado junto a la puerta (que tiene un espejo de cuerpo entero y mirilla) es algo complejo, pero incluye la función auto. Funciona con eficacia aunque con un punto de excesiva sonoridad. Todos los interruptores de la habitación son de Bticino negro. 

Una puerta, también blanca, nos separa de una estancia pequeña que hace las veces de vestidor. A la derecha un armario entero de pared a suelo con tres puertas: baldas, colgadores, cajones, caja fuerte y algunas amenities (bolsa de lavado, lustrazapatos...). Sobre el armario tres focos de luz que iluminan fantásticamente el ambiente. A la izquierda, ocupando toda la pared, un espejo formidable de cuerpo entero. Junto al armario y tras una puerta de cristal hay un pequeño aseo: inodoro y lavabo. Este, moderno, en mármol blanco pulido, de escasa profundidad se recibe en una larga encimera sobre la que hay una pastilla de jabón en forma de pelota de golf y un par de toallas. Sobre la encimera otro espejo iluminado. 

Una puerta más, también blanco, y entramos en el dormitorio principal. Pared gris de vescom. A la izquierda, la puerta de cristal del baño. A la derecha, y en fila hasta la ventana un maletero tapizado en capitoné negro, un sencillo escritorio de madera con patas de acero con una luz bajo el mismo que hace más agradable la estancia, una silla algo plastificada y el minibar. Sobre el escritorio hay dos enchufes, una lámpara con pantalla no excesivamente buena para el trabajo y un teléfono. Por encima de ello un enorme plasma. A la izquierda del conjunto, la ventana, de apertura oscilobatiente, que no aisla del todo del exterior, al menos el sonido. Un foscurit y un ligero visillo impiden el paso de la luz, aunque en el extremo final, pegado a la pared, donde no llega la cortina se cuela algo al amanecer. 

Entre ese maletero-escritorio-minibar y la cama hay un generoso espacio con dos butacas y una mesa de centro redonda situadas sobre una tupida alfombra. Todo orientado hacia la televisión. Tras este conjunto, la cama. Grande, blanca, rematada con un plaid marrón. Lencería limpísima y correcta con un suave nórdico y cuatro almohadas de distinta dureza. El cabecero en madera y piel clara incluye una mesilla a cada lado. Sobre ellas un enchufe (en cada una) y sendas lámparas de acero y pantalla blanquecina y dos direccionables de lectura. En una de ellas un teléfono, un bloc de notas y un bolígrafo de la cadena. Lástima que con las distintas luminarias que hay en la estancia la opción que nos ofrecen los interruptores sea "todo encendido" o "todo apagado". Sólo podemos jugar a hacer más acogedora la habitación con la luz de lectura, pero el resultado no es sensato. 

Junto a la puerta de entrada al dormitorio hay otro display de aire acondicionado, que funciona independiente del que hay en el salón. De igual forma dispone del sistema automático y funciona perfectamente con un poquito de sonido. En la pared en la que se sitúa la ventana hay un gran cuadro de motivos arquitectónicos. 

El baño, tras una puerta de cristal opaco, es grande, nuevo, moderno y muy luminoso. El suelo de una especie de lamas de mármol que imita a la madera. Paredes en vescom negro. Luces puntuales que iluminan mucho. A la izquierda de la puerta encontramos el inodoro. Quizá demasiado pegado a la pared. Y justo de frente tras un amplio espacio, los lavabos. Dos, en una larga encimera en blanco con pilas poco profundas. Grifos modernos. Por encima, un espejo ocupando toda la pared, con dos puntos de luz en cada lado. Cuatro cuadrantes de mano, dos toallas de lavabo y dos enormes toallas de bañera completan el juego de lencería, además en el armario del vestidor se ofrece un albornoz y zapatillas. 

Sobre la encimera dos vasos, gel, champú, crema hidratante y pastillas de jabón en forma de pelota de golf. Bajo la encimera, en una liviana y metálica mesita auxiliar el resto de amenities: set dental, set de afeitado, kleenex y gorro de ducha. Junto a ella un espejo de aumento iluminado y un secador de pelo de fuerte potencia. 

La ducha, muy luminosa es formidable. Suelo blanco, paredes de cristal con un vinilo opaco a rayas, nueva, moderna. Una columna de ducha con teléfono, y sobre el techo un grifo de efecto lluvia formidable. La temperatura, la presión y el caudal son magníficos y la ducha matutina se convierte en una experiencia reconfortante. 

Tras ella, el desayuno se sirve en un salón algo bullicioso, desordenado y no del todo limpio. Mesas y sillas en tonos claros contrastan con el oscuro del suelo y la luminosidad que entra por las paredes acristaladas que dan al jardín y a la ventana. El surtido es un poco escaso: zumos, platos calientes en el mostrador de una cocina a la vista que no está operativa (huevos revueltos y bacon), fruta cortada, fiambres (jamón de york, pavo, jamón serrano y algo de queso), cereales, pan y bollería pequeña crujiente y recién hecha. Variedad de mermeladas y café Nespresso. No hay demasiada cantidad porque la reposición del producto cuesta mucho tiempo. 

Al final, en el mostrador de salida, el proceso es rápido y sin más: pregunta por el minibar, factura, pago y a por otro...

Calidad/precio: 8
Servicio: 6.5
Ambiente: 7.5
Habitación: 8

Baño: 9
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 7
Valoración General: 8

domingo, 4 de septiembre de 2016

NH SUECIA (MADRID)

NH SUECIA (****)
Marqués de Casa Riera 4

28014 Madrid


Habitación: 612
Fecha de entrada: 21/06/2016
Tarifa:

En el mismo corazón de Madrid. A un paso de la Gran Vía, tras el Círculo de Bellas Artes y en la confluencia de dos tranquilas y estrechas calles encontramos este edificio recientemente remodelado y convertido en un moderno y funcional NH. 15 plantas, en granito gris, serio y riguroso, como muchos edificios de la zona.

La entrada, cuesta arriba, bajo un altísimo pórtico nos obliga a superar dos puertas de cristal correderas y un puñado de escaleras antes de dejarnos a pie mismo del mostrador de recepción. El espacio es moderno, lo que contrasta con la seriedad del exterior, aunque algo justo de tamaño. De frente, un potente mostrador en forma de L y de color blanco brillante bellamente retroiluminado. A la derecha, allí mismo los dos ascensores que suben a las habitaciones. Techo de corcho con agujeritos y algunas luces ocultas azuladas; suelo de moqueta gris algo brillante y de textura filamentosa y paredes en blanco. A la izquierda se abre la barra del bar y una zona de estar con distintas configuraciones de sofás, sillas, butacas… en tonos agradables y modernos. Un poco más al fondo, y a ras de calle, sin visión desde la recepción, el comedor de desayunos. 

El mostrador tiene dos puestos de trabajo, uno en cada lado de la L. Nos atienden con simpatía y eficacia. Simplemente nos piden el número de DNI y una vez chequeado todo en el ordenador, nos entregan la llave de la habitación y la clave del wifi que es gratuito y funciona de manera veloz en todo el edificio. 

Los ascensores, metálicos, oscuros y muy modernos, con algunas fotografías de la terraza panorámica del hotel, suben rápidamente hacia la sexta planta. Al salir, aunque los pasillos son blancos, como las puertas de las habitaciones, y la moqueta del suelo de un gris claro, la sensación es un poco oscura. Los pasillos requiebran un poco intrincadamente, hasta que llegamos a una zona en la que grandes ventanas permiten el paso de la luz exterior. En esa zona encontramos nuestra habitación.

Tras la pesada puerta, el espacio es amplio, luminoso y moderno. Paredes blancas luminosas y suelo de madera en lamas anchas de un marrón grisáceo. A la derecha se abre un armario sin puertas, con varias baldas, un largo colgador con perchas y una zona de maletero. Entre las baldas está el minibar, la caja fuerte y una bandeja con varios snacks. Todo ello iluminado en un blanco azulado. A la izquierda y tras una puerta blanca encontramos el inodoro. Y un paso más adelante, sin puerta, el resto del baño (una espectacular cabina de ducha de cristal y un moderno lavabo blanco). A continuación el dormitorio.

La zona de dormir es generosamente grande. A la derecha hay unas baldas con un par de revistas y un juego de copas y vasos para el minibar. A continuación  una mesa redonda de centro con dos sillas de plástico algo incómodas. Aunque allí mismo hay un aplique con varios enchufes disponibles, ni las sillas ni la mesa son las más cómodas para trabajar. Sobre la mesa, colgando de la pared, una televisión de plasma. Bajo ella una lámpara de suelo en tonos amarillentos. Junto a todo ello un espejo de cuerpo entero. 

Entre la mesa y las dos enormes ventanas que rematan la pared del fondo de la habitación hay un sofá, que puede convertirse en cama de una piel excesivamente plastificada, y una lámpara de pie. Las dos ventanas dan a la tranquila calle lateral e insonorizan estupendamente bien el espacio. Un visillo blanco y una cortina en tornos verdes, sin foscurit, no consiguen -ni por asomo- detener la luz del exterior en cuanto el cielo empieza a clarear. Tampoco hay persianas ni otros elementos que consigan amortiguar la luz. El aire acondicionado se maneja desde un complejísimo display. Funciona de manera bastante silenciosa, y muy efectiva. Pero al no saber manejarlo decidimos apagarlo al haber descendido demasiado la temperatura.

La cama en blanco, con un suave nórdico ofrece un confortable colchón. A cada lado hay sendas mesillas redondas de madera blanca. En una el teléfono. En otra información sobre el hotel y un bloc de notas. Sobre ambas, enchufes disponibles y varios interruptores para apagar todas las luces menos la de pie que hay junto al sofá. El cabecero de la cama, en capitoné de piel color arena viene remarcado por una madera oscura y esta, con una impactante luz todo alrededor. A cada lado del cabecero sendas lámparas de lectura direccionables. Muy potentes. 

El baño, como hemos dicho, queda abierto a la habitación. Por un lado, un moderno lavabo blanco de escasa profundidad de pila. A su alrededor queda una mínima encimera en la que se ofrecen las amenities, algo escasas, propias de la cadena: gel, champú, leche hidratante y una pastilla de jabón. Dos vasos, dos toallas y un espejo alto embutido en una pared de pizarra. Bajo el lavabo en una repisa metálica encontramos las dos toallas de bañera, grandes, limpias y nuevas.

Una puerta corredera de cristal nos introduce en la ducha. Suelo agradable en color blanco, pared de pizarra y grifería moderna. Una enorme alcachofa de efecto ducha hace las delicias de este momento de la mañana: caudal, presión y temperatura impresionantes. 

Por la mañana el desayuno se sirve en un salón a pie de calle. Alrededor de una barra, como de bar, atendida por una camarera se ofrece un variado surtido. Platos calientes (huevos revueltos, tortillas, bacon... algunos platos que se pueden pedir para cocinar "al momento"), zumos, fiambres, quesos, jamones, mermeladas, bollería recién hecha, pan, churros y porras con chocolate... El café que es servido a la mesa resulta correcto.

En el mostrador de salida, todo simpatía. Pregunta rápida por el minibar y por si hemos descansado a gusto. Y como tenemos prisa, nos vamos.

Calidad/precio: 
Servicio: 8.5

Ambiente: 8
Habitación: 8

Baño: 9
Estado de conservación: 9.5

Desayuno: 8.5
Valoración General: 9