lunes, 18 de octubre de 2021

HOTEL RAMON BERENGUER IV (LLEIDA)


HOTEL RAMÓN BERENGUER IV (**)
Plaça Ramón Berenguer IV, 2
25007 Lleida 

Habitación: 213
Fecha de entrada: 21/05/2021
Tarifa: 39,00 (SA)

En la misma plaza de la estación del AVE, frente a una amplia plazoleta peatonal y haciendo esquina con una de las avenidas más amplias de la ciudad encontramos este vetusto establecimiento en un edificio cuadrado, pintado en verde con las ventanas, también cuadradas, remarcadas en blanco. Algunas tienen toldos blancos, hoy algo ennegrecidos por el pesado tráfico de la avenida y la falta de mantenimiento. 

Entre dos parterres y bajo un tejadillo metálico encontramos la puerta de entrada de cristal. Hay dos pares y no son automáticas. Entre ambas una zona con una viaja alfombra. Una vez dentro encontramos casi junto a la puerta un carro con sábanas sucias al lado de un armario con folletos turísticos de la zona. Una señora de la limpieza aparece por una puerta para retirarlo rápido. El hall se abre hacia la derecha. Bastante iluminado por la luz de la calle que entra a través de dos enormes ventanales que ocupan casi toda la pared a las dos avenidas principales en las que se ubica el hotel. Todo aparenta como caduco, antiguo y algo trasnochado. Suelos de mármol, muebles antiguos, sofás de piel y mesas barrocas de centro, tapices y cuadros, y allí mismo un poderoso mostrador de madera y mármol, parapetado en metacrilato tras el que, sentada tras una mesa, nos recibe una recepcionista algo mayor que escucha las noticias en un transistor. Fríamente y casi sin mirarnos nos pide el DNI a través de una pequeña rajita bajo el metacrilato y nos entrega un bienvenida relleno a mano con un cartoncillo y la tarjeta que hace de llave de la habitación. Nos explica el funcionamiento del wifi que es gratuito, veloz y eficaz en todo el establecimiento y nos resume la tarifa a pagar. 

A la izquierda está ubicado el único ascensor del hotel. Puerta metálica de las que hay que tirar de ella. El interior es estrecho y largo. Apenas cabrán dos personas. Botonadura metálica algo más moderna. Dos puertas automáticas se pliegan al pulsar el botón. La puerta se abre a un rellano por el que pasa la fría escalera de terrazo, y allí mismo se abre un pasillo estrecho, con suelo de madera nueva, puertas de madera oscura bastante nuevas, junto a las que hay unos cartelitos con el número de la habitación en guarismos dorados. 

Tras abrir la puerta, la habitación huele a cerrado y allí mismo hay una ranura para que introduciendo la tarjeta se encienda la luz. Cuando esto ocurre despertamos a una mosca que hay dentro. Al lado de la ranura hay una puerta de madera que accede a un mínimo armario que oculta los cuadros de la luz. A su lado el display moderno del aire acondicionado, que funciona eficazmente y sin apenas ruido. El espacio del dormitorio sin ser generoso, es adecuado. La sensación es una mezcla entre rancio y renovado con poco efectismo. Suelo de madera clara mate, tanto en la habitación como en el baño y paredes pintadas en blanco. La cama grande para ser individual y algo más justa de tamaño para ser doble aparece vestida en blanco, con un edredón sin planchar. A los pies, un plaid color chocolate algo sucio. Dos almohadones. Empotrada contra un cabecero de madera  en el que hay dos apliques de luz de lámparas metálicas en dorado y pantallas de tela en color arena. Bajo ellas, sendas mesillas cuadradas de madera a juego con tapa de cristal. En una de ellas un teléfono y un folio plastificado con los servicios del hotel. Sobre ambas, generosos interruptores de luz y un enchufe disponible para los aparatos electrónicos.  

A los pies de la cama hay una mesa de escritorio cubierta con un cristal. Sobre ella un hervidor de agua con dos tazas, un par de sobres de té, unas galletas y unos azucarillos. Encima de la mesa, el mando a distancia de la televisión, una lámpara de pie en metal negro y tulipa color crudo. Cuelga de la pared una pantalla plana de televisión, ubicada quizá demasiado baja. Junto a ella un par de enchufes disponibles. Bajo la mesa hay una papelera negra y una silla de madera tapizada en terciopelo color salmón. Al lado de la mesa, y en la pared de la ventana, un radiador repintado en plateado. La ventana, que da a un amplio y luminoso patio interior, está cubierta por unas feas cortinas de tela liviana a rayas en distintos tipos de marrón, y una persiana evita por completo que la luz exterior entre en el dormitorio. La iluminación ofrece además de las lámparas de la mesilla cuatro puntos halógenos de luz en el techo.

Detrás de la puerta e impidiendo su completa apertura hay un sencillo maletero de tijera en madera con tiras de tela negra. Sobre él, enmarcado en la pared, un rancio cartel con las instrucciones de emergencia. A la derecha de la puerta además del display moderno del aire acondicionado, que funciona con bastante eficacia y sin apenas ruido, hay un enorme armario de puertas correderas en madera. En su interior baldas con la caja fuerte y un colgador con varias perchas antirrobo. El descanso no es fácil porque aunque la insonorización exterior es adecuada, la interior resulta lamentable. Se escucha el ruido del ascensor, los pasos del pasillo, las voces de las habitaciones cercanas (en una de ellas hay una bronca de cuidado)... 
A los pies de la cama, encontramos la puerta de madera del baño, con manivela metálica algo trasnochada. Su interior es estrecho, tan estrecho que para usar el lavabo debemos salirnos del espacio del baño hacia la habitación. A la derecha queda el inodoro, justo debajo de una gran ventana no practicable. A la izquierda queda la generosa cabina de ducha protegida por unas puertas correderas en aluminio blanco y cristal algo antiguas. La grifería sin embargo es moderna y funciona perfectamente con un caudal, temperatura y presión envidiables.

Frente a la puerta, en una encimera clara se encastra el lavabo en blanco con una grifería monomando. Sobre ella un generoso espejo hasta el techo. A la derecha las amenities que se resumen en una pastilla de jabón y dos sobres de gel y champú de los que hacía mucho tiempo que no veíamos. A la derecha de la encimera, en una barra se ofrecen dos toallas de manos, y a la derecha de la puerta, en otro colgador en la pared, las dos toallas de ducha. Su calidad, tamaño y limpieza son incuestionables. En la pared también encontramos un secador de pelo de escasa potencia y un portarrollos de papel higiénico al que ya le queda poco. El techo practicable en metal hace que se oigan todos los sonidos del baño contiguo.

Por la mañana la salida del establecimiento resulta tan fría e impersonal como la llegada. Un empleado nos ofrece la factura y nos cobra la estancia sin demasiado interés más allá del procedimiento de pago. 

Calidad/precio: 7
Servicio: 5
Ambiente: 5
Habitación: 5.5
Baño: 7.5
Estado de conservación: 7
Desayuno:  

jueves, 7 de octubre de 2021

NH MADRID ATOCHA (MADRID)


NH MADRID ATOCHA (***)
Paseo Infanta Isabel 9
28014 Madrid

Habitación: 605
Fecha de entrada: 29/04/2021
Tarifa:  (SA)

Delante mismo de la Estación de Atocha, casi oculto por los enormes árboles del Paseo, este histórico hotel de la cadena NH ocupa un edificio de tres cuerpos, siete plantas con ciertos aires clásicos y con un montón de antenas en la azotea. Empotrado entre otros edificios pasa bastante desapercibido frente a la majestuosidad de algunas de las edificaciones adyacentes como el Museo de Antropología o el Ministerio de Agricultura. 

Una puerta corredera de cristal y aluminio negro algo baja nos introduce en un mínimo recibidor acolchado por una mullida alfombra negra sobre mármol claro. A la derecha dos sillas de madera con una mesa de centro. De frente una escalera que sube a un espacio superior con un puñado de sofás. A la izquierda cuatro escaleras nos bajan a una mínima recepción ocupada por un mostrador contundente en granito negro. Suelo de mármol, paredes en vescom claro y grandes fotos de rincones madrileños, techo bajo a lamas de madera a juego con la pared del fondo de la recepción. Dos puestos de trabajo protegidos por mamparas, un bote de gel hidroalcohólico -ya medio retirado-, algunas pantallas que informan sobre servicios del hotel, y unos tpvs para el pago. Luz fría y bastante caos de papeles y carpetas en la mesa que hay tras el mostrador. Sensación de calma y limpieza. Pero también de impersonalidad y angostura. Se nota una reciente reforma.

Rápidamente aparece en el mostrador un sonriente, amable y cordial recepcionista que nos pregunta el nombre y un instante nos ha entregado los documentos a firmar y la llave de la habitación en una carpetita de cartón. Nos explica el funcionamiento del wifi, que es gratuito y correcto en todo el edificio y nos recuerda los horarios de los servicios del hotel. En apenas dos minutos estamos avanzando hacia la derecha por un pasillo blanco que termina en el comedor de desayunos en ese momento con las luces apagadas. Un pequeño pasillo a la derecha nos conduce hacia unos aseos y hacia el ascensor, ubicado junto a una pared de espejo con lamas de madera.

El ascensor es nuevo, metálico. De puertas automáticas y generoso tamaño. Quizá lo único grande que haya en el hotel. Suelo de granito, paredes metalizadas con algunos carteles con las medidas covid de la cadena y un folio con los horarios de los servicios del hotel. La pared del fondo está recubierta por un espejo en la mitad superior. Sobre la botonadura metálica una pantalla emite noticias. Las puertas se abren tras un aviso sonoro a un estrecho, frío y antiguo recibidor por el que pasa la escalera y en el que destaca un enorme extintor y una vieja papelera metálica. Allí mismo hay dos feas puertas metálicas antiincendios que nos introducen en el pasillo de las habitaciones. Estrecho, demasiado iluminado, con luces frías, suelo de mármol, paredes en vescom claro con algunas láminas grandes con fotos de detalles de la ciudad. Unos números metálicos brillantes -de la primera época de NH- nos indican la dirección de las habitaciones. La nuestra queda a mitad de un largo y estrecho pasillo con cierta sensación de frialdad.

La puerta, pintada en un tono gris verdoso es tan nueva como pequeña: más estrecha y baja que una puerta estándar. Introducimos la tarjeta en la cerradura y tras abrir la puerta caemos directamente al dormitorio. El suelo muta a una madera oscura bastante agradable y bien cuidada. El espacio es pequeño. Justo para una persona pero debe ser algo agobiante para dos. Todo nuevo. El contraste del suelo oscuro con el blanco del vescom de las paredes, de la cama, del cabecero, del escritorio y de los visillos es potente. 

A la izquierda encontramos una ranura para meter la tarjeta y activar la luz. Junto a ella, un interruptor metálico. Y allí mismo la cama. Blanca, cómoda, grande para ser individual, pequeña para ser doble. Vestida en blanco con un agradable edredón y cuatro almohadas de distinto tamaño y dureza. Colchón de buen calibre. Empotrada contra un cabecero de piel clara, de dos cuerpos en forma de capitoné. Alrededor del cabecero hay una tira de red retranqueada que ofrece una iluminación agradable al espacio. A cada lado de la cama hay sendas mesillas redondas, de madera lacada en un blanco metalizado. Sobre ambas, interruptores para apagar las luces y enchufes disponibles. Además en la pared, encima de ambas hay sendos reflectores de luz en forma de focos poco afortunados, pero dirigibles para la lectura desde la cama. En una de las mesillas hay un teléfono y el mando de la televisión plastificado.

En la pared del fondo oculta tras un foscurit blanco y unos visillos en el mismo color hay una ventana de poderoso aluminio blanco con curiosas vistas a las cúpulas del Museo contiguo aquí delante, y al Retiro allí algo más lejos. A los pies de la cama, y sin apenas espacio en el que removerse hay un armario empotrado pequeño. Dos puertas correderas, una de espejo y la otra de madera, ocultan un interior con un colgador con media docena de perchas antirrobo, una caja fuerte y un maletero plegable de metal y tiras de tela negra. En el otro lado, baldas.

Junto a la puerta de entrada hay una papelera de metal y a su lado un poderoso escritorio de madera lacada en blanco también metalizado. Bajo ella hay una silla de trabajo con ruedas de piel clara y acero. En un extremo cerrado con una puerta un minibar bien surtido. Sobre la mesa, además de dos kits con mascarillas, guantes, y gel, hay una botella de agua grande y un plato con jamón, queso y pan. En un extremo un flexo dirigible que se enciende de forma táctil. En la pared, varios enchufes disponibles, un par USB, y una pantalla de televisión plana y generosa. 

Junto a la puerta del baño hay un display en forma de pantalla digital para manejar el aire acondicionado. Es tan moderno que nos resulta complejo su uso. En cualquier caso la temperatura de la habitación es más que correcta. La insonorización exterior es estupenda, la interior podría mejorarse un poco especialmente el duro paso por el estrecho pasillo de pies y ruedas de maletas, aunque el hotel es tranquilo. La oscuridad no se consigue en la habitación durante la noche. porque por debajo de la puerta de entrada se cuela una raja de luz del pasillo que se mantiene iluminado toda la noche, la placa de aviso de incendios brilla demasiado y sobre la puerta hay un punto de luz verde permanentemente encendido. 

El baño resulta pequeño. Empezando desde la puerta, que resulta sorprendentemente estrecha y baja. Se le nota recientemente renovado. Suelo en porcelana gris y paredes en marrón. Buena iluminación con tres puntos de luz en el techo y dos apliques embutidos en el espejo que hay sobre el lavabo que además incluye el logo de la cadena. Lo primero que encontramos es el inodoro, antiguo pero bien cuidado de cisterna exenta. Al fondo hay una encimera en color arena sobre la que se sitúa un lavabo exento rectangular en blanco con un grifo monomando moderno, y una placa de porcelana blanca con un bote de champú, otro de gel, una pastilla de jabón y dos vasos de cristal. Cuelgan de la encimera dos toallas de manos, correctas, con el logo de la cadena. En la pared, un secador de pelo de buena potencia y una caja metálica con pañuelos de papel. 

A la derecha se ubica la bañera, protegida con una mampara de cristal de dos cuerpos. Rematada con un grifo de teléfono y otro de efecto lluvia. Presión y temperatura son excelentes. Al caudal puede que le falte un poquito. Dentro de la bañera hay un generoso calientatoallas que mantiene la temperatura durante la mañana y sobre él descansan dos toallas de baño más que correctas que junto con el pie de ducha completan el set de lencería. Junto a la puerta hay una pequeña percha metálica y el techo tiene varias trampillas practicables algo sucias con marcas de dedos.

Por la mañana salimos extremadamente temprano y no sabemos quién está más dormido si nosotros o el recepcionista que pesadamente nos cobra la estancia y nos entrega la factura sobre una mesa llena de papeles, sin olvidar preguntarnos por el minibar.

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 8.5
Ambiente: 7
Habitación: 7.5
Baño: 8
Estado de conservación: 8.5
Desayuno: 

miércoles, 22 de septiembre de 2021

H10 IMPERIAL TARRACO (TARRAGONA)

H10 IMPERIAL TARRACO (****S)
Rambla Vella 2
43004 Tarragona

Habitación: 417
Fecha de entrada: 12/04/2021
Tarifa: 68,00 (AD)

Junto al balcón del Mediterráneo y rodeado de las más impactantes ruinas romanas de la ciudad, a un paso de la Rambla comercial y con impresionantes vistas al mar encontramos este hotel-de-toda-la-vida de Tarragona recientemente renovado... ¡y menuda renovación!. El impactante edificio, de seis plantas en blanco, resulta demasiado racionalista y cartesiano. Una enorme plaza circular con un parterre repleto de flores de colores permite la carga y descarga de viajeros. Allí mismo, media docena de escaleras en tonos azul mediterráneo nos dejan en el majestuoso pórtico de entrada. Dos enormes puertas automáticas de aluminio azul nos dejan en una zona una gruesa alfombra marrón ante la que se abren otras dos puertas enormes y accedemos a la recepción. El mostrador queda allí delante.

Techo alto, luz, claridad, tonos pastel entre blanco y marrón, madera nórdica en el suelo, y en el mostrador. Sensación luminosa y mediterránea. A la derecha un enorme cuadro sobre un amplio sofá en terciopelo color cobre y varias sillas y mesas bajitas. A la izquierda tras tres o cuatro escaleras se abre un enorme espacio que incluye una zona de espera con una escultura de un dios en arcilla y hacia el fondo el bar, y el restaurante. La música, la luz, el aroma resultan deliciosos. 

En la pared del fondo y bajo un mural también de arcilla está el mostrador, en madera nórdica y mármol blanco. Tiene dos puestos de trabajo y una liviana mampara de metacrilato entre medio por protocolo sanitario. A un lado una lámpara blanca en forma de jarrón, al otro un jarrón con flores. Varios botes con bolígrafos. Nos atiende un joven algo frío y distante. Nos cobra la estancia -dice que es que había gente que se iba sin pagar- y nos entrega la llave de la habitación en un cartoncito donde está la clave del wifi que funciona perfectamente en todo el hotel. Antes de seguir hacia adelante nos pide tomarnos la temperatura con un termómetro de pistola.  

Subimos las escaleras y llegamos a los ascensores. Son dos. De puertas metálicas azules oscuras. El interior es muy nuevo. Botonadura metálica que pita al pulsarse, paredes de madera hasta media altura y enteladas en azul cielo a partir de ahí. La pared del fondo con espejo. Suelo de madera y techo con cuatro puntos de luz. Se abren a un recibidor amplio y luminoso con algunos cuadros de colores en tonos azules y rojos. Moqueta gruesa en azul y verde, pasillos anchos, iluminados a través de una moldura en el techo, aunque a nuestro paso se encienden otros puntos de luz. Puertas de madera clara con un pomo en metal negro. Un lector de tarjeta redondo por sensor. Sobre la puerta unos apliques de luz, como si fueran sirenas incluyen el número dela habitación. 

Dentro esa sensación mediterránea continúa. El suelo abandona la moqueta y se convierte en una agradable madera nórdica. A la izquierda de la puerta tenemos dos interruptores de luz y la ranura para meter la tarjeta, todos en blanco -como en el resto de la habitación-. Y allí mismo está el dormitorio. El tamaño es justo, quizá echamos en falta una mesa para trabajar, pero la cama llama tan poderosamente la atención que quién querría trabajar en una mesa habiendo esa cama. Grande, con un comodísimo colchón, seis almohadas de distinta dureza y grosor, vestida con un elegante y suave nórdico de listas. Aparece empotrada contra un bajo cabecero en madera blanca. Sobre ella una pared también blanca hecha como con sogas marinas. Incrustados aquí hay dos pequeños apliques en blanco a modo de potentes reflectores dirigibles para la lectura desde la cama. A cada lado de esta hay sendas mesillas mesillas de madera con cajón. Sobre ambas, sendas lámparas metálicas en negro. En una de las mesillas hay un teléfono, un bolígrafo y un bloc de notas. En la otra el mando de la televisión. Interruptores para todas las luces, un enchufe disponible y otro para USB. Además hay un interruptor que activa el ventilador de madera que hay en el techo. 

En la pared del fondo hay una ventana de aluminio azul con vistas aquí a la piscina y al Teatro de Tarragona, allí cerca al mar, y allá lejos a la zona industrial. Luz a raudales. Protegida por un foscurit blanco y un visillo en el mismo tono no impiden que la luz de la mañana se cuele en el dormitorio. Bajo la ventana hay una pequeña mesa redonda, baja con otra lámpara a juego con las de las mesillas, con varios avisos sobre seguridad sanitaria del hotel y una caja de bombones de cortesía. El juego de luces es muy agradable y la sensación es suave y relajante. En el techo hay una moldura de escayola que recoje una tira de led que rodea todo el dormitorio, quizá algo fría. 

En la pared de los pies de la cama hay anclado un enorme televisor plano y a su lado un display digital con el logo de la cadena que sirve para gestionar el aire acondicionado que funciona perfectamente y sin apenas ruido, incluso con posición automática. En la pared en la que está la puerta de entrada encontramos a la derecha un espejo enorme enmarcado en madera y una butaca en tela azul. Y a la izquierda un armario de tres cuerpos. En el primero dos baldas y una bandeja con una botella de agua de cortesía, una máquina de Nespresso con varias capsulas, azúcar, galletas y tazas y debajo el minibar vacío. Los otros dos cuerpos están protegidos por unas puertas de madera blanca con lamas dando una sensación muy marina. El interior se ilumina con una tira de led cuando se abre la puerta. Hay una zona de maletero, un colgador alto y otro bajo, media docena de perchas normales, dos cajones, la caja fuerte y un calzador. 

El descanso se hace muy fácil. La insonorización interior del hotel es fantástica. La exterior también. Pese a tener cerca las vías del tren y el puerto no se oye ningún ruido. 

La puerta del baño es blanca, a juego con la de los armarios. Roza un poco en el suelo y no se puede cerrar del todo si no es haciendo ruido. Dentro el espacio es adecuado e igualmente mediterráneo. Suelo de madera igual que la habitación, paredes en baldosas blancas y azules de bonito color. A la derecha encontramos un armario blanco sobre el que se empotra el lavabo. De la pared sale el grifo que se maneja con un monomando situado al lado. Sobre ello, un enorme espejo hasta el techo. Dos toallas de lavabo, dos vasos de cristal, una pastilla de jabón, un bote de champú, de gel, de crema hidratante y de acondicionador de pelo completan las amenities. En la pared hay un espejo de aumento y dentro del armario un secador de buena potencia. La iluminación es muy agradable. Tres puntos de luz en el techo, un aplique en la pared que funcionan todos a la vez, y una tira de led remetida en el techo de la ducha, para darle un toque más íntimo al baño.

Después del lavabo está el inodoro de cisterna exenta. Enfrente, y bajo un cuadro divertido de un niño marinero, una papelera metálica de pedal. Todo el fondo es la cabina de ducha. Enorme. Protegida por una mampara fija de cristal hasta el techo. Suelo en blanco, paredes de baldosas vainilla y azul. Un teléfono de ducha y un enorme rociador de efecto ducha empotrado en el techo. La temperatura es colosal, la presión adecuada y quizá falte un puntito de caudal. Un toallero anclado a la pared ofrece dos toallas descomunales de baño con el logo de la cadena. Junto con las de manos y el pie de ducha, algo pequeño, completan el fenomenal juego de lencería. Quizá echamos en falta una repisa en la que dejar el bote de jabón.

Por la mañana, en un luminoso, moderno y agradable comedor acristalado con vistas al mar o a la piscina se sirve un impresionante buffet de desayuno. Una atenta empleada se encarga de que no falte de nada. Platos calientes (huevos fritos, revueltos, bacon, chorizo, salchichas, verdura...) fiambres y quesos, frutos secos, un fantástico surtido de zumos, mantequillas y mermeladas, fruta cortada, chocolatinas... Todo ello completado con un café de Nespresso.

Tras ello, en recepción una amable y sonriente joven vestida sin uniforme se encarga de preguntarnos si hemos estado a gusto, si nos ha gustado el hotel, y si necesitamos ayuda para seguir nuestro viaje. Al menos nos vamos con una sensación mucho más cálida de la que recibimos al llegar.

Calidad/precio: 10
Servicio: 9
Ambiente: 10
Habitación: 9
Baño: 9.5
Estado de conservación: 10
Desayuno: 9.5

miércoles, 8 de septiembre de 2021

HOTEL BAVIERA (MARBELLA)

HOTEL BAVIERA (***)
Calvario, 4
29601 Marbella

Habitación: 302
Fecha de entrada: 09/04/2021

Tarifa: 60,00 (AD)

En el centro de Marbella sobre la Avenida principal que corre la ciudad, no lejos del mar ni del centro histórico, en una calle en cuesta encontramos este edificio exento de 8 alturas encalado completamente en blanco y roto con balcones con sillas y mesas y coloristas flores de plástico. Antes de la entrada una especie de terraza semi cerrada con unas mamparas de cristal a media altura nos separan de la acera en la que paran taxis. Toda la planta baja es de cristal, con vistas a la calle, lo que permite la entrada de la luz mediterránea al frío e impersonal espacio que hace de recepción. 

Bajo un gran letrero azul con el nombre y logo del hotel se ubican dos puertas automáticas de cristal que nos llevan al interior del establecimiento. Pisamos una llamativa alfombra anti-covid y entramos en el generoso hall que se extiende hacia la derecha. A la izquierda sólo queda un pequeño pasillo que lleva al ascensor y al despacho de dirección con puerta de cristal. Junto a los ventanales a la calle hay varios sofás con mesa en el centro tapizados en gris marengo. Junto a ellos, sobre el suelo de mármol el robusto mostrador de recepción, protegido además por unas potentes mamparas de metacrilato que hacen todavía más difícil la comunicación. Enorme el espacio que queda detrás de la mesa en la que, sin levantarse de la silla, nos atiende el recepcionista. Servicio frío y distante, copia de los datos, firma del bienvenida en un folio, y entrega de la llave de la habitación y de un folio con los datos de la estancia. Nos explica el funcionamiento del wifi, que es abierto sin contraseña y de bastante velocidad, y el horario del desayuno al día siguiente.  

Volvemos sobre nuestros pasos hasta el ascensor. Es uno, amplio, de puertas automáticas metálicas, igual que la botonadura. Paredes lacadas en madera brillante, un espejo de medio cuerpo en el fondo, suelo de granito oscuro y tres puntos de luz potentes en el techo, lo que lo hacen especialmente luminoso. Las puertas se abren a un pasillo que corre a izquierda y derecha, dejando las escaleras, en mármol gris protegido con una alfombra roja con toques dorados, enfrente. Los pasillos son cortos, apenas 6 habitaciones por planta. Suelo de madera oscura y luces en el techo algo fríos, paredes pintadas en blanco.

Las puertas de las habitaciones son de madera clara casi amarillenta. A su lado, el número, en una placa de metacrilato con grafías azules. La nuestra tiene uno de los anclajes caído y está medio colgando. El pomo de la puerta es dorado. Introducimos la tarjeta y dentro el suelo continúa en madera pero algo más clara y con un tono algo más plastificado. Limpia y cuidada. Unos interruptores en tonos metálicos y un viejo cajetín para meter la tarjeta y que se activen las luces. La televisión se activa automáticamente con el volumen algo alto sorprendiéndonos. Sensación algo fría e impersonal, aunque moderna y limpia. 

A la izquierda dos enormes puertas correderas de madera acogen el armario empotrado. En un lado colgador largo con tres perchas antirrobo algo antiguas, y una caja fuerte empotrada en la pared. En el otro lado, siete perchas, también antirrobo, en un colgador corto, una balda con una manta de repuesto y varios cajones. Justo enfrente queda la puerta del baño, del mismo tono y pomo metálico. 

Un par de pasos más adelante está el dormitorio. Generosa dimensión. Paredes pintadas en blanco limpias y bien cuidadas. A la izquierda un espejo enmarcado con madera oscura brillante. A juego, desde ahí corre una madera hasta media altura contra la que se empotra un maletero de madera clara y lamas metálicas. un escritorio con mesa de cristal bajo el que hay una cómoda silla de piel marrón oscura, y un minibar de puerta transparente con dos botellines de agua de cortesía. Sobre la mesa hay una lámpara de pie metálico y tulipa de tela cruda, el mando de la televisión, el del aire acondicionado, que es un equipo externo que funciona eficaz pero ruidosamente, un hervidor de agua, dos vasos de cartón y un enchufe disponible para los aparatos electrónicos. A continuación hay una butaca cómoda en piel marrón chocolate a juego con la silla. Sobre ella, la pantalla plana de televisión anclada a la pared. 

En la pared del fondo, además del aire acondicionado, protegido por una gruesa cortina oscura algo rota, y dos leves visillos blancos está el balcón en moderno aluminio blanco. Fuera dos sillas de plástico rojo, una mesa con un cenicero y jardineras con flores de plástico verdes, blancas y rojas. Luminosas vistas a la puerta principal. 

A la derecha encontramos las camas. Dos. Empotradas contra un cabecero de madera clara a juego con el escritorio, el maletero y las dos mesillas que hay a cada lado, pequeñas, con baldas de cristal y un cajón oscuro. Remarcando este cabecero, otro de madera más oscura. Sobre las mesillas, hay sendos enchufes disponibles e interruptores para las luces, dos lámparas ancladas al cabecero en metal y tulipa de tela color crudo. Ambas luces son algo más cálidas que el resto. Por encima del cabecero hay una tira de led fría, que con dos puntos de luz ubicados sobre la mesa, y otro, mucho más potente y frío sobre el armario, completan el equipo lumínico de la habitación. Sobre una de las mesillas hay un teléfono negro. La cama resulta correcta de tamaño, quizá algo blanda en su colchón, vestida con suaves sábanas, manta marrón y recubierta por una colcha clara y un plaid algo sucio en un llamativo color pistacho a juego con un pesado cojín. 

El descanso no es difícil. El hotel resulta tranquilo y la insonorización interior parece buena. La exterior falla un poco cuando, al amanecer, empieza la actividad en la avenida principal. La oscuridad es total durante la noche, pero al amanecer el sol mediterráneo se cuela por las rendijas inferior y laterales de las cortinas. 

El baño es nuevo, suelo y paredes de gres gris y blanco. Dos puntos de luz sobre el lavabo que iluminan el espacio de forma fría. A la derecha está la cabina de ducha de cristal, sobre una pletina en blanco en la que se ofrece la alfombra de baño. Dentro, dos dispensadores de gel y champú y una grifería moderna con terminaciones en teléfono y en rociador de efecto lluvia. La presión y el caudal son increíblemente buenos. La temperatura, también óptima se maneja con un mando termostático. 
A la izquierda queda el lavabo, en porcelana blanca, exento y que incluye una pequeña encimera. Sobre ella se disponen dos pastillas de jabón, un gorro de baño y una toalla de manos. El grifo, moderno es monomando y funciona perfectamente, sin embargo el tapón se encuentra atascado y el lavabo se llena cada vez que lo usamos vaciándose muy lentamente por alguna junta. Sobre el lavabo un espejo rectangular con luces incrustadas, quizá algo bajo para los que somos demasiado altos. Bajo el lavabo en dos colgadores metálicos se ofrecen dos toallas de lavabo y dos de ducha, todas de correcto tamaño y calidad y el logotipo del hotel grabado en ellas. Y en una repisa de madera se ofrece un lustrazapatos. En la pared del fondo hay un secador de pelo de escasa potencia, una papelera metálica blanca, el inodoro con cisterna exenta y una pequeña ventana que da a un estrecho patio. 

Previo paso por recepción para recoger un vale, por la mañana el desayuno se sirve en la cafetería que hay al lado con la que comparte terraza. Decorada en estilo moderno, con luces indirectas y muchas flores (de papel) haciendo la bandera de España. Música demasiado alta y un atento y extranjero camarero que nos ofrece distintas cosas para desayunar (tostadas, huevos, bocadillos, zumos, café -bastante bueno-...). 

Tras ello, en el mostrador, tampoco se levantan en la despedida que es tan fría y distante como la llegada. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 6
Ambiente: 6.5
Habitación: 7
Baño: 8
Estado de conservación: 9
Desayuno: 6.5

miércoles, 23 de junio de 2021

NH MADRID LAGASCA (MADRID)


NH MADRID LAGASCA (****)
Lagasca 64
28001 Madrid

Habitación: 614
Fecha de entrada: 3/02/2021

Tarifa: 76,00 (SA)

En el corazón del Barrio de Salamanca, a dos manzanas de la milla de oro de la Capital, rodeado de tiendas, bares y restaurantes encontramos este moderno edificio de seis alturas en granito gris (las plantas bajas) y rosa (las altas) con rectangulares ventanas de aluminio blanco rompiendo la fachada. Se ubica en una esquina y parte de sus bajos están ocupados por un restaurante italiano y algunas tiendas de decoración. Hay un par de grandes ventanales, sin embargo, que llenan de luz la recepción. Delante de las puertas de cristal correderas sobre una mullida alfombra negra con el logo del hotel hay una zona habilitada junto a la acera para la carga y descarga de viajeros y equipajes. 

Pasamos dos pares de puertas automáticas y entramos en la recepción. De frente, tras cuatro escalones están los ascensores, y hacia la derecha se abre el espacio de acogida con luces algo frías y sensación impersonal.  Junto a la cristalera que da a la calle hay una zona de espera con una alfombra sobre la que hay media docena de sofás, butacas y algún armario de madera todo de corte moderno y tonos cálidos decorado con alguna discreta planta. 

Al fondo encontramos el poderoso mostrador de recepción en madera clara a juego con la pared que hay detrás, recubierto con mármol blanco. Hacia la izquierda sale un pasillo en el que hay una estrecha mesa de metal dorado con una lámpara y algunos jarrones modernos, que comunica con el restaurante. Sobre el mostrador mamparas de metacrilato para separarnos del recepcionista que nos atiende y recibe algo distante una vez que ha terminado con el registro del huésped anterior. Además de las mamparas hay algún cartel con servicios del hotel y sendos aparatos electrónicos para abonar con tarjeta la estancia. 

El procedimiento de registro es, como habitualmente, largo y tedioso. Por fin nos entrega un folio para firmar y la llave de la habitación envuelta en un cartoncito. En él está escrita también la clave del wifi que es común a toda la cadena y que funciona correctamente. Damos unos pasos hacia atrás y frente a la puerta de entrada encontramos tres escalones que nos llevan a las escaleras y a los ascensores. Son dos, de puertas metálicas, algo estrechos, con espejos en las tres paredes y una televisión que emite noticias. Junto al pasamanos metálico hay un bote de gel hidroalcoholico. Salimos a un recibidor de fría luz, suelo y escaleras de mármol negro dan paso a pasillos con paredes en vescom claro, suelo recubierto con moqueta gris verdosa con motivos florales algo desgastada en algunos tramos. 

Aunque las puertas son oscuras por fuera, se convierten en madera blanca en su interior. El suelo abandona la moqueta y la sustituye por una madera brillante oscura, antigua pero bastante bien cuidada. Nada más entrar un recibidor cuadrado de separación. A la derecha la puerta del dormitorio, enfrente la puerta del baño y a la izquierda tres cuerpos armario protegidos por puertas de madera oscura y cristal blanco y pequeños tiradores metálicos redondeados. En los dos cuerpos principales hay dos cajones, la caja fuerte y una especie de maletero. Además un colgador corto con algunas perchas normales y una balda con un almohadón de más. En el otro cuerpo, un estrecho colgador de ropa larga y una estrecha balda en la parte superior.

El dormitorio es justo de tamaño. A la izquierda encontramos el display del aire acondicionado, que funciona haciendo bastante ruido y sin modo automático aunque de manera muy eficaz una vez que entendemos el manejo de la moderna pantalla de led. Pared en vescom de rayas en tonos crudos bastante elegante. Una mesa de madera blanca sobre la que hay un potente flexo de moderna factura que se enciende con el tacto. Bajo ella un hueco para una cómoda silla de metal y piel también blanca. El espacio es tan estrecho que apenas hay hueco para sacar la silla del todo. A su lado, cerrado por una puerta el minibar, relleno con refrescos, cervezas, aguas y algunos snacks. Sobre la mesa unos enchufes -también de USB- para los aparatos electrónicos y una pantalla de televisión plana. En el espacio que queda hasta la pared que alberga las dos ventanas hay una incómoda butaca tapizada en azul cielo junto a la que se ubica una lámpara de pie metálico y tulipa blanca adecuada para leer bajo la misma. 

Las ventanas correderas están ubicadas en una pared con bastantes desconchones y dan a un estrecho y oscuro patio interior. Están protegidas por sendos foscurits algo cortos que no impiden tapar las ventanas del todo y por la mañana la claridad llena el espacio. Por delante, un visillo blanco de lado a lado. El descanso no es del todo bueno porque a través de las ventanas se escuchan algunas voces, gritos y el zumbido de alguna instalación cercana. Sin embargo la insonorización interior del hotel resulta muy conseguida. 

La cama es blanca, grande para ser individual, correcta sin más para ser doble. Muy confortable. Aparece vestida con un agradable nórdico blanco y dos confortables almohadas. El espacio que queda a cada lado resulta algo pequeño. Empotrada contra un cabecero en piel en tono gris imitando el capitoné hasta media altura y por el que corre una tira de led que produce un acogedor efecto lumínico. Encastrados en el cabecero hay dos curiosos focos de luz dirigibles para la lectura. A cada lado sendas mesillas redondas de madera, pintadas con pintura blanca metálica. Sobre una de ellas el teléfono y el mando a distancia de la televisión. Además varios interruptores de luz y enchufes de BTicino para los aparatos electrónicos. En la pared que falta hay un espejo estrecho con marco de madera.

En el baño, suelo y paredes de porcelana color arena. Iluminación poco agradecida con dos puntos de luz en el techo y una fea lámpara metálica que se ancla sobre el espejo antivaho cuadrado sin marco. Debajo de él un fino mueble de madera oscura con una encimera de cristal blanco en la que se incrusta el lavabo. Grifo monomando nuevo. Sobre una porcelana blanca se ofrecen un bote de gel de ducha, otro de champú, una pastilla de jabón y dos vasos de cristal. Anclados a la pared un espejo de aumento, un secador de pelo de escasa potencia y una caja metálica con pañuelos de celulosa. Además un pequeño radiador, que no funciona, haciendo que la entrada en el baño al despertar resulte fría. Bajo el lavabo hay una barra metálica de la que cuelga una toalla de manos de justo tamaño y calidad. Abajo, en el suelo, una papelera metálica de pedal. Detrás de la puerta, a juego con la papelera, hay una banqueta. 

En la pared del fondo del baño, además del inodoro está la ducha. Sobre el inodoro se ha ubicado un toallero con una toalla de baño de tamaño normal y calidad algo justa, y esa ubicación resulta algo incómoda. La cabina de ducha es moderna, algo estrecha, cerrada con una mampara fija de cristal. La grifería, nueva, ofrece tanto acabado en rociador de teléfono como rociador de efecto lluvia. Aunque la temperatura de la ducha es adecuada, la presión y el caudal son realmente escasos. Suelo gris en la ducha, bastante agradable y la pared del fondo, en porcelana oscura protegida con un vinilo y una gran foto del Parque del Retiro de Madrid, haciendo un guiño a la ciudad en la que nos encontramos. 

Por la mañana, la misma distancia de la acogida nos despide preguntándonos por el minibar. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 7
Habitación: 7
Baño: 6
Estado de conservación: 7
Desayuno: 

martes, 8 de junio de 2021

CATALONIA GOYA (MADRID)

CATALONIA GOYA (****)
Goya 49
28001 Madrid

Habitación: 110
Fecha de entrada: 15/03/2021
Tarifa: 67,00 (SA)



En el mismo centro de la ciudad, en pleno Barrio de Salamanca rodeado de tiendas y edificios de oficinas encontramos este edificio con cierto aire señorial empotrado en una de las típicas manzanas de la zona. Fachada de ladrillo rojo y balcones con forja negra. Ocho plantas hacia arriba y bajos ocupados por tiendas de moda. El antiguo portal del edificio, con una pequeña pérgola de metal y cristal, decorado con sendos maceteros a cada lado hace de entrada al hotel, pasando casi desapercibido. Una luz en la acera proyecta el logo del hotel para que no lo pasemos por alto. Frente a la entrada una zona de carga y descarga exclusiva del hotel para poder recoger y dejar huéspedes. 

Una tupida alfombra negra nos sitúa frente a dos puertas correderas de cristal. Dentro un largo y estrecho pasillo muy iluminado en leve cuesta arriba con paredes decoradas con alusiones a la ciudad. Al fondo, antes del ascensor de cristal y las escaleras, encontramos remetido a la derecha un pequeño espacio para dos mostradores de recepción recubiertos con mamparas de metacrilato. Tras ellas unas pequeñas mesas con varias carpetas, papeles y algún libro algo desordenado. Sobre los mostradores, un par de marcos ofrecen distintas posibilidades de alojamiento en mejores habitaciones. Esperamos el final del registro de otro huésped y nos atiende una simpática joven. 

El proceso es algo frío, mecánico e impersonal, aunque al menos es rápido. Nos pide el nombre y el número del DNI y chequea en el ordenador que ya tiene nuestros datos por lo que directamente nos cobra la estancia, nos entrega la factura (chequeando antes que los datos fiscales están correctamente grabados en el sistema del ordenador) y nos entrega un pequeño cartoncito con dos copias de la llave de la habitación. Nos explica el funcionamiento del wifi que es correcto en todo el edificio después de introducir en nuestros dispositivos un raro código. 

Un paso más hacia adelante encontramos el único ascensor. De puertas de cristal enmarcadas en metal blanco a ambos lados. Dentro una pared de cristal con un vinilo con las estrellas características de la Cadena, y al otro una metálica botonadura que incluye información en cada uno de los pisos. Los números no parecen lógicos (salta varios) y la configuración del edificio hace que haya paradas intermedias. Las puertas se abren a un pasillo de fría luz, paredes blancas y suelo blanco que termina en otro que corre a derecha e izquierda donde si sitúan las habitaciones. Allí moqueta gris y paredes en marrón oscuro, igual que las puertas. No demasiado ancho y con luces algo más efectistas.

La puerta encaja un poco mal tras el cierre ya que está algo desencajada de tanto abrir y cerrar. Nos da paso a un espacio rectangular, alargado y con mucha luz (artificial). A un lado pared en vescom gris verdoso, al otro, pared de madera oscura en la que además están los grandes interruptores -en negro- para la luz, y la ranura para la tarjeta de la habitación. El suelo es de madera clara y brillante. Enfrente de nosotros hay otra puerta de madera oscura con pomo de metal que aísla el dormitorio del pasillo.

El dormitorio resulta generoso. Cuadrado. Suelo de parquet marrón claro aunque distinto al de la entrada. Paredes en vescom gris verdoso y techo blanco. Poca luz. A la derecha está la cama, vestida de blanco con un suave nórdico y cuatro almohadas de distinta dureza. Muy confortable. Empotrada contra un pequeño cabecero cuadrado en madera oscura a juego con las dos sencillas mesillas qu ehay a cada lado. Sobre ellas sendas lámparas metálicas con tulipa color arena que dan poca luz en general y especialmente para la lectura. Aún así el efecto lumínico del dormitorio resulta acogedor. Dos puntos de luz sobre la mesa de trabajo y las luces de la mesilla crean una sensación cálida y relajada. Sobre una de las mesillas hay un calzador y sobre ambas varios interruptores grandes y negros para apagar las luces. En una de ellas y descuadrado del resto de interruptores hay un enchufe disponible algo desencajado de la pared. En general el mantenimiento es un poco deficiente y hay esconchones por las paredes, golpes en los rodapiés y algunas juntas del vescom separadas. 

En la pared del fondo hay un pequeño balcón que da a un pequeño patio interior pintado en claro en el que se ven tuberías y otras instalaciones del hotel. Una cortina negra de terciopelo y dos leves visillos grises cubren el balcón aunque no impiden que por la mañana se cuele algo de luz en la habitación. La insonorización exterior resulta formidable. No así la interior que no impide que escuchemos pasos y voces del pasillo y algunos ruidos en las habitaciones contiguas.

A los pies de la cama hay una zona remetida en la que se empotra un armario alto que recoge la televisión plana sobre un minibar de puerta transparente con refrescos, agua, zumos y cava. A su lado hay una mesa de madera oscura protegida por un cristal y una silla de piel blanca. En la pared hay un enchufe disponible para los aparatos electrónicos. Sobre la mesa hay una enorme bandeja de cortesía con un hervidor, tazas y varios servicios de café y té además de una botella de litro y medio de agua de cortesía. La bandeja ocupa casi todo el espacio, quedando poco hueco para trabajar. Además, sobre la mesa está el teléfono, que no está en las mesillas. Bajo la mesa una papelera de metal. Cuelga de la pared una lámina que imitando una rara vidriera se ha enmarcado en madera color chocolate. A juego con esta lámina hay otra mucho más grande y de orientación vertical junto a la puerta del dormitorio. 

A la izquierda de la puerta, junto al sencillo display de utilización del aire acondicionado, que funciona perfectamente aunque de forma bastante sonora, hay un pasillo con un punto de luz que termina en un espejo de cuerpo entero colgado de la pared y enmarcado en madera. A la derecha, el armario de puertas correderas con dos largos tiradores metálicos. En un lado una balda y un colgador con una docena de perchas normales de distintos formatos. En el otro lado baldas, y en una de ellas la caja fuerte. 

A la izquierda la puerta de cristal del baño. Nuevo. Destaca al entrar el techo como con celosías de madera y cristal recogiendo las luces y generando un agradable efecto. Suelo de madera y paredes en blanco y vescom oscuro. A la derecha inodoro y bidet con tapa, un teléfono y dos pequeñas perchas. Frente a la puerta, una mesa exenta de madera clara y sobre ella un exento y generoso lavabo con moderna grifería de doble mando. Sobre el conjunto hay un espejo enmarcado en madera. A su lado un espejo de aumento y un secador de escasa potencia. En una bandeja de madera se ofrece el set de amenidades de baño con una pastilla de jabón, pañuelos de celulosa, gorro de ducha, peine y lustrazapatos. Además en dos botes pequeños de aire retro se ofrece un gel y un champú de agradable y revitalizante aroma. Cuelgan debajo del lavabo dos toallas de manos en blanco de buena calidad y con el logo de la cadena grabado. 

La bañera protegida por una mampara fija de cristal se ubica a la izquierda del espacio. La grifería es algo antigua pero funciona perfectamente. Tanto el caudal como la presión o la temperatura resultan envidiables. Un calientatoallas culmina la instalación del baño. Nos ofrece dos toallas de ducha de gran formato y buena calidad, calientes cuando salimos del baño, y además sirve para calefactar el espacio y que el frío de la mañana ni se note. 

Como ya pagamos en el registro de entrada la salida no tiene otra más que preguntar por el minibar y decir adiós. Sin más. 

Calidad/precio: 9
Servicio: 7
Ambiente: 8.5
Habitación: 8
Baño: 8.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 

miércoles, 26 de mayo de 2021

ROYAL PASSEIG DE GRACIA (BARCELONA)



ROYAL PASSEIG DE GRACIA (****)
Paseo de Gracia 84
08008 Barcelona

Habitación: 615
Fecha de entrada: 13/01/2021
Tarifa: 67,00 (AD)



En el mismo centro de la Ciudad Condal, sobre el mismo Paseo de Gracia, rodeado de tiendas de moda encontramos un moderno edificio de acero, cristal y unas leves y rugosas mamparas metálicas en tonos dorados que recubren algunas ventanas confiriendo al mismo una cierta personalidad. La entrada al hotel resulta casi imperceptible ya que los bajos del edificio están ocupados por una imponente y enorme oficina bancaria y una generosa entrada a un garaje. Apenas dos puertas de cristal, correderas, que se abren a un largo pasillo en ligera cuesta arriba que termina en los ascensores y en el que se encuentra la recepción.

A la izquierda la pared es de cristal, con extrañas vistas a la entrada del oscuro garaje. A la derecha, todo lo largo que es el pasillo lo ocupa el mostrador de recepción. El suelo es de mármol blanco, las luces resultan algo frías. El mostrador, contundente, protegido por metacrilatos para evitar el virus y la pared del fondo oscura. La sensación es algo desangelada. Son tiempos raros y en el pequeño pasillo que hace de recepción se agolpan algunos huéspedes y algunos empleados de transportar comida a domicilio. Los bares están cerrados y no queda otra opción para cenar. 

Tras los gruesos metacrilatos nos recibe una simpática joven que nos pregunta por nuestro viaje y bromea con alguna petición especial que pedimos para la habitación. El hotel nos envió un email esa mañana para rellenar nuestros datos y que ya estuviera todo preparado para la llegada. Y así es. Nos cobra la estancia, nos explica el funcionamiento del wifi (que es rápido y estable aunque el acceso es algo extraño a través de una página web externa al hotel), nos indica que aunque no hay zona de estar en la recepción, si necesitamos, podemos utilizar la terraza superior del hotel con vistas a la ciudad. Nos indica que hemos de elegir el tipo de desayuno que queremos tomar ya que por causa de la pandemia el este servicio es limitado y sólo se puede optar entre un desayuno normal o uno vegetariano. Hecha la elección, nos entrega un sobre con varias informaciones sobre el hotel y una tarjeta que hace de llave de la habitación, deseándonos un buen descanso. 

Un par de pasos más adelante encontramos los ascensores. Son tres, aunque uno exclusivo para el garaje. Puertas metálicas y generoso tamaño. Luz escasa, gran espejo al fondo, botonadura metálica, suelo de gres oscuro algo manchado con gotas de gel hidroalcohólico del bote que hay anclado en una de las paredes a disposición de los huéspedes. Las puertas se abren tras un pitido a un pequeño y oscuro recibidor con moqueta oscura en el suelo y luces indirectas y puntuales dando a todo un cierto tono dorado. Paredes marrones con un gran seis (del piso) en madera. A la izquierda se abre el pasillo de las habitaciones. Las paredes están recubiertas con una especie de tela plastificada en tono dorado metalizado produciendo una curiosa y moderna sensación. Las puertas, grandes y nuevas, son grises con una moderna cerradura metálica con lector por contacto. Los números en madera junto a la puerta.  

Tras la puerta, la habitación resulta sorprendente. Moderna y distinta. Vanguardista. Sentimos frío, aunque fuera hace demasiado. Suelo de moqueta gruesa en tono gris A la izquierda una pared blanca, y a la derecha, además de la ranura para la tarjeta y los interruptores de la luz, una entrada con puerta corredera blanca hacia el inodoro y la ducha. Sobre nuestra cabeza el techo blanco, bajo, practicable con una rendija metálica para el aire acondicionado.

En el siguiente paso el suelo cambia de moqueta a porcelánico gris, porque a la derecha encontramos el lavabo, dentro de habitación y sin separación. Moderno, de curiosa forma inclinada, en granito gris oscuro con un grifo encastrado en un espejo hasta el techo. Cuatro lámparas de cristal cuelgan desde el techo iluminando el espacio. En la encimera, sobre una madera se ofrecen tres botes de gel, champú y crema hidratante. Una barra metálica situada delante del lavabo cuelga dos toallas de manos. Bajo el lavabo, en un hueco de madera, además del secador de pelo hay dos enormes toallas de ducha.

Dejado atrás el lavabo, vuelve la moqueta gris gruesa, ya que entramos en el dormitorio. Antes, dos puertas blancas muy enrasadas con la pared, acogen el pequeño armario. Un estrecho espacio colgador con una decena de perchas antirrobo en un lado y en el otro, también estrecho, varias baldas. En el suelo, la caja fuerte. A la ya de por si limitada capacidad, hay que restarle el espacio que ocupan varias cajas con cuadros eléctricos. 

Desde el lavabo, una madera recorre toda la pared derecha. En ella se apoya un maletero plegable en metal y tiras negras de tela. De ella sale una mesa de trabajo, algo estrecha, con una tira de luz para trabajar y una bandeja blanca con un hervidor, dos tazas negras y un juego de cafés e infusiones. Al lado un par de enchufes disponibles. Bajo la mesa, una gran papelera negra, y una silla algo incómoda de piel y metal. Sobre ella, una pantalla de televisión empotrada en un marco blanco algo desvencijado. La madera de la pared llega hasta la pared del fondo, que está completamente ocupada por una enorme ventana de lado a lado y de techo a suelo con vistas a un amplio, coqueto y tranquilo patio interior de vecinos. Junto a la ventana una cómoda butaca de piel marrón y una lámpara de pie de metal con pantalla color arena y luz algo triste.  
La ventana, impracticable, está protegida con un enorme estor que se baja electrónicamente. Da a una especie de pequeño corredor (al que no se puede acceder) como si fuera una estrecha terraza. Un leve visillo gris metálico cubre todo. 

La cama doble resulta grande, compuesta de dos colchones unidos aunque apenas se nota la junta de ambos en el centro. Resulta confortable, sugerente, aunque quizá algo baja. Cuatro almohadas quizá demasiado gruesas -aunque para gustos, los colores-. Cuando nos sentamos en la cama se enciente una luz de cortesía de noche bajo las mesillas. Aparece empotrada contra un cabecero de madera con varios enchufes disponibles. A cada lado sendas mesillas de madera sobre las que hay lámparas en forma de botella de cristal gris verdoso y una pantalla de color arena. Junto a ellas hay sendos brazos metálicos de luz dirigible para la lectura aunque algo caídos por el uso. Y sobre ellas un par de botellas de agua de cortesía, el teléfono -moderno- y el mando a distancia. Sobre la cama se ofrecen dos sobres de papel con el logo del hotel y en su interior un juego de mascarillas, gel hidroalcohólico y pañuelos.
 
Las paredes están empapeladas con papel blanco que imita a la piel. Sin embargo, algunas de sus juntas están levantadas. En la pared restante hay un pequeño y estrecho armario empotrado con un espejo en el que se ofrece un minibar vacío por culpa de la pandemia. Al lado está el mando del aire acondicionado de sencillo manejo, tan eficiente, como ruidoso. Aunque todo es bastante moderno el mantenimiento podría mejorar un poco. La insonorización exterior es formidable, y más siendo tranquilísimo el patio al que se abre la habitación. El interior resulta bastante calmado y el descanso se consigue fácilmente, igual que la oscuridad total gracias al enorme y pesado foscurit que acaba cubriendo por completo la ventana. 

Tras la puerta corredera ubicada junto a la puerta de entrada y antes del lavabo accedemos al baño. Tiene dos espacios. A la izquierda el inodoro. Suelo de gres oscuro, y paredes alicatadas en mármol claro hasta media altura. Cisterna empotrada con una botonadura metálica en la pared. Al lado del inodoro, blanco, una papelera metálica y un portarrollos. Un punto de luz en el techo ofrece una luminosidad algo fría. A la derecha, y protegida por una puerta de cristal con un vinilo que dibuja los logos del hotel encontramos la generosa cabina de ducha revestida en mármol gris claro y con una moderna grifería. Allí dentro la luz es algo más efectista. En su interior hay un par de pequeños colgadores para las toallas y una zona remetida en la que poder dejar los botes de gel o champú. Destaca sin duda la enorme alcachofa con efecto ducha empotrada en el techo a la que le falta un puntito de caudal y de presión. 

En tiempos de pandemia el desayuno resulta de todo punto prescindible. En un desangelado comedor sin vestir un joven nos ofrece una bolsa de papel con un bocadillo de pan con queso y un crujiente croissant. Además, en un armario ubicado en la entrada se puede uno servir zumo de una máquina y un café no demasiado malo. No hay servilletas, ni vajilla, ni cubiertos...

Por la mañana la recepcionista al salir nos desea algo mecánicamente buen viaje y que volvamos pronto. 


Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 8.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 6