martes, 20 de octubre de 2020

NH ZURBANO (MADRID)

HOTEL NH ZURBANO (***)
Zurbano 79
28003 Madrid

Habitación: 311
Fecha de entrada: 21/02/2020
Tarifa: 

A un paso de la Castellana, rodeado de señoriales edificios mitad residenciales mitad de oficinas, en una calle tranquila encontramos este hotel dividido en dos edificios, cortados por una calle. Cada uno de ellos con su propia recepción. Cinco plantas, de corte antiguo, en tonos rojos con molduras que destacan las ventanas encaladas en blanco. La planta baja, toda acristalada está ocupada la mitad por el restaurante del hotel, como si fuera externo al mismo, y la otra mitad por la recepción. Muebles blancos, paredes blancas y pese a lo tupido de los árboles de la calle, mucha luz exterior.

La puerta doble de cristal se abre automáticamente, corredera, abriéndonos una rampa enmoquetada en negro que nos deja unos centímetros por debajo del nivel de la calle justo delante de los ascensores. Dos, metálicos. A la derecha está la entrada del bullicioso restaurante y bar. Y a la izquierda, la zona de recepción. Unas poderosas columnas recubiertas en tono metálico separan una zona de sofás y butacas justo debajo de las ventanas que dan a la calle, del largo, blanco y brillante mostrador. Sobre él cuelgan varias lámparas desde el techo. Tres puestos de trabajo pero sólo uno atendido. El procedimiento es sencillo: dar nuestro nombre y número de DNI y nos entregan la llave de la habitación. Todo tan rápido como frío e impersonal. Nos entrega una clave de wifi gratuito que funciona veloz y sin cortes en todo el edificio. Nos indica el horario del desayuno, damos la vuelta y regresamos sobre nuestros pasos hacia los ascensores.

Los ascensores son dos. Pequeños. Todo forrados en metal. Las puertas se cierran automáticamente con una extraña vibración. En su interior un cartel con el horario de los servicios del hotel y una pantalla con algunas noticias y la previsión del tiempo. Al abrirse las puertas salimos a un pasillo de techo sorprendentemente bajo, con techo metálico practicable, que corre a derecha e izquierda. Moqueta negra y gris a rayas en el suelo y vescom oscuro en las paredes. Unos pequeños apliques con luz indirecta hacia arriba y hacia abajo se sitúan en la parte alta de la pared. Las puertas de las habitaciones aparecen enmarcadas en una madera de color gris verdoso. Pomo metálico redondeado.

Tras las puertas, el suelo muta a madera gris verdosa algo brillante. A la izquierda se abre un pasillo que termina en el baño. Junto a la puerta, la ranura para meter la tarjeta y activar las luces y varios interruptores. Justo enfrente queda el armario. De dos cuerpos con una sola puerta corredera que es un espejo con un marco en blanco. El lado izquierdo es un colgador con una decena de perchas normales para camisas, pantalón, faldas... Además una balda superior con una manta y otra inferior con una gamuza lustrazapatos, un calzador y una alfombrilla antideslizante. En el lado izquierdo varias baldas que acogen la caja fuerte y el minibar de variado y caro surtido. Sobre él, se ofrecen además de vasos y copas, varios snacks, frutos secos y una botella de vino. 

Frente a la puerta de la habitación hay un corto pasillo con el display del aire acondicionado: una regleta para la potencia con tres potencias y una rueda para la temperatura. Funciona con eficacia pero hace algo de ruido. A continuación, el dormitorio. Enorme, blanco y luminoso. Paredes en vescom blanquísimo, techo blanco y cama enorme, en blanco. Situada a la derecha se enmarca bajo un alto cabecero de simil piel en tono gris todo él rodeado de una bonita luz de led que da al espacio una cierta calidez. La cama resulta comodísima. Cuatro almohadas de distinto grosor y dureza y un suave nórdico con suaves sábanas. A los pies, un plaid en tono aguamarina. A cada lado sendas mesillas en madera brillante gris verdosa y patas de metal. En una de ellas un par de libros sobre Madrid. Y en la otra un bloc de notas, un bolígrafo, el teléfono y el mando de la televisión. Sobre ambas, sendas lamparitas redondas, planas, modernas y dirigibles que permiten leer y trabajar desde la cama. Además, a ambos lados hay enchufes disponibles e interruptores para apagar todas las luces. Quizá la luz en general, por la noche se queda escasa. Bajo la cama cuelga algún cable como si por debajo de ella, en algún momento hubiera habido alguna luz. 

A la izquierda de la entrada al dormitorio, dejando en el centro un enorme espacio vacío hay una cómoda y acogedora butaca en el mismo tono que el plaid de la cama. A su lado una lámpara de pie con tulipa blanca de metacrilato. En la pared del fondo de la izquierda hay un largo escritorio de madera gris verdosa con discretas patas planas metálicas. En ella, una enorme bandeja de cortesía con un hervidor, una cafetera Nesspresso, una botella de agua, varias cápsulas de café, sobres de té y otras infusiones y un juego de tazas. Una carpeta con los servicios del hotel y del room service, y un moderno flexo de trabajo. Un par de enchufes disponibles en la pared. Sobre la mesa, una televisión plana de Philips, y delante de ella, una confortable silla de trabajo giratoria y con ruedas en metal y piel blanca. Pegado al escritorio, con la misma estructura y con un gran cojín en tono plateado y la pared protegida con madera, se ofrece un maletero. 

En la pared ubicada frente a la entrada hay una terraza con vistas a la puerta principal. Protegida por un foscurit blanco y un visillo también blanco. Doble contraventana, aunque la interior, que tiene la manivela rota no cierra bien, quizá por eso se escucha algo más de lo normal los ruidos de la calle y los coches. La insonorización interior es bastante mejorable, y aunque el hotel es tranquilo se escuchan algunos portazos y algunos de los movimientos de las habitaciones contiguas (enchufar y desenchufar aparatos electrónicos, pasos, voces, duchas...). El foscurit consigue frenar la luz del exterior durante la mañana, pero sobre la puerta de entrada hay un punto de luz que no se apaga durante la noche iluminando, quizá demasiado, toda la estancia.


El baño es alargado. Nuevo. Una regleta de luz incrustada en el largo espejo que se ubica sobre la encimera situada a la derecha. Cuatro puntos de luz en el techo. Al activar la luz del techo se activa también un extractor que emite un molesto zumbido. Techo y paredes recubiertas de porcelana gris cuidada y limpia. La encimera, de silestone color arena acoge dos lavabos blancos de moderna grifería. Entre medio una bandeja de porcelana blanca presenta las amenities (gel, champú, acondicionador, crema hidratante para manos, jabón y gorro de ducha) y dos vasos de cristal. A la derecha un espejo de aumento y un secador de pelo de adecuada potencia. Un par de toalleros presentan un par de toallas de manos blancas y limpias. La presión y caudal de los grifos del lavabo quizá resulta algo escasa. Bajo la encimera, una papelera metálica. 

Frente a la encimera, y quedando detrás de la puerta, hay un radiador que se agradece especialmente al despertar por la mañana. y encontrar el baño caliente. Además el inodoro. En el fondo del baño se ubica la cabina de ducha. Larga aunque un punto estrecha, con suelo en color arena clara y paredes en gris oscuro con unos azulejos que representan en grande un claustro de algún monasterio seguramente de la ciudad. La grifería es nueva: una ducha de teléfono y una regadera elevada de efecto lluvia. Presión, caudal y temperatura resultan excelentes. En un rincón una bandejita para dejar el jabón y en una de las paredes un toallero que ofrece dos toallas de ducha. Correctas de tamaño, calidad y cuidado. El espejo, que queda algo bajo para las personas que somos demasiado altas dispone de tres zonas antivaho: dos sobre cada uno de los lavabos y otra alargada que corre en la parte superior del mismo bajo la luz.

Por la mañana, en una cafetería moderna algo recargada se ofrece un buffett de desayuno. Una consola central recoge la variedad de productos y alrededor de ella se ubican las mesas de distinto tipo (normales, altas...) vestidas con manteles individuales reutilizables y servilletas de papel. El surtido es amplio y generoso muy al estilo de la cadena: enorme variedad de zumos naturales (incluyendo frutos rojos, kiwi, y algún otro más exótico), platos calientes (huevos revueltos, bacon, verduras asadas, salchichas, chorizo, tortilla...), fiambres (jamón de york, pavo, chorizo, salchichón, jamón...), quesos, cereales, fruta cortada y preparada, minibocadillos, sandwiches, distintos tipos de pan, tomate triturado... El café no es muy malo y lo ofrece una ruidosa y moderna máquina. 
  
En el mostrador, al despedirnos, se sigue el típico procedimiento de preguntar por el minibar. Al menos la intención es un poco más cálida que en la llegada.

Calidad/precio:
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 8
Estado de conservación: 8
Desayuno: 8
Valoración General: 8

domingo, 4 de octubre de 2020

ATIRAM ARENAS (BARCELONA)

HOTEL ATIRAM ARENAS (****)
Capitán Arenas 20
08034 Barcelona

Habitación: 801
Entrada: 20/1/2020
Tarifa: 63 SA

Encontramos este hotel en la zona alta de Barcelona, a un paso de la Diagonal y rodeado de las calles más exclusivas de la ciudad. Un edificio de nueve plantas empotrado en una manzana de viviendas de una amplia y luminosa calle en cuesta. Ante una ancha acera con árboles, y rodeado de un pequeño y poco afortunado jardín, con unos mástiles sin bandera, nos topamos con media docena de escaleras de granito rosado que nos suben hasta la recepción del hotel a la que se accede tras un pequeño dosel en forma de frontón, pisar una alfombra en tono oscuro y dos puertas de cristal correderas automáticas.

Dentro la sensación es algo desangelada. Como si faltara decoración. A la izquierda y rodeado de ventanas a la calle hay un par de butacas blancas y un sofá largo. Al fondo, algo oculto queda la barra de la cafetería y el acceso a un salón. Pero el espacio intermedio queda simplemente vacío, con un suelo de granito oscuro bastante poderoso. A la derecha, tras dos escalones encontramos los ascensores, y antes, el mostrador de recepción. Poderoso, hecho como de un armario lleno de pequeños cajones. Un par de puestos de trabajo en cada extremo, en medio una tablet sobre la que firmamos el bienvenida. En un extremo, dos frascos con chucherías a disposición de los clientes, nos alegran la llegada. 

Una joven nos atiende. Rápida, eficaz y amable. Nos explica el funcionamiento del wifi que es libre y gratuito en todo el hotel, y que además funciona estupendamente. Seguimos avanzando hacia la derecha, subimos un par de escalones más y nos encontramos con los ascensores, junto al lado de la puerta a la que se abren unas amplias escaleras. Son antiguos, de apertura manual con una puerta interior automática en forma de fuelle. Pese a su antigüedad, están bien cuidados. El interior, que es escaso de altura, está renovado con paredes en plástico gris con el logotipo del hotel y una pantalla de televisión con información sobre la ciudad, el tiempo... En la pared del fondo un espejo algo oscuro.


Al salir del ascensor encontramos un ancho pasillo. Paredes en gris, techo blanco algo anticuado con molduras, pero muy cuidado. Moqueta azul en el suelo bastante limpia. Varios puntos de luz con pantallas de cristal en las paredes ofrecen una sensación algo fría y anticuada. Puertas en blanco con unos adhesivos grandes con el número de la habitación. 

Tras la puerta, la moqueta se convierte en una madera un poco oscura muy bien cuidada. No hay ranura para activar la luz sino un interruptor blanco. Primero, un corto pasillo de techo bajo y paredes blancas. A la derecha, la puerta del baño, antigua pero lacada en blanco y con un renovado pomo dorado. Y antes de entrar en dormitorio un antiguo interruptor para activar el aire acondicionado, que en nuestro caso, no funciona, aunque tampoco lo necesitamos. En el lado izquierdo, además de los sistemas eléctricos hay un espejo horizontal, situado en la parte superior de la pared con un feo marco en tono plateado. 

El dormitorio resulta muy espacioso, aunque igualmente desangelado. La decoración brilla por su ausencia. Paredes blancas, y nada más. Junto a la puerta hay un sencillo escritorio de madera blanca. Sobre él una lámpara de trabajo, varios folletos del hotel, y una bandeja con una cafetera y dos tazas. Además, una tarjeta del hotel que nos da la bienvenida y nos ofrece un botellín de agua y una bolsa de tela de recuerdo del hotel. Sobre la mesa cuelga de la pared un televisor plano excesivamente pequeño. Bajo el escritorio, además de una papelera de plástico en colo crudo, un minibar, en uso, pero vacío. Además allí detrás podemos encontrar algún enchufe libre disponible para nuestros aparatos electrónicos. Entre la mesa y la ventana, que se encuentra en la pared del fondo hay una lámpara de pie de metal blanco, con luz hacia arriba y un brazo articulado para la lectura. A su lado, una butaca de piel oscura algo incómoda. 

A la derecha del dormitorio quedan las camas. Dos. generosas. Blancas. Cada una con una almohada grande y otra más pequeña. Vestidas en blanco con suaves sábanas y un agradable edredón nórdico. El colchón es sumamente cómodo. Aparecen empotradas contra un cabecero de madera oscura. En él hay enchufes disponibles y dos brazos de luz dirigibles. Sendas mesillas, muy sencillas de madera blanca con cajón y diseño algo moderno. Sobre una de ellas el teléfono. En la otra, un folleto del hotel. En el techo de la habitación hay una lámpara de cristal de luz bastante fría. Si la obviamos el resto de luces (la lámpara blanca que hay junto al escritorio, y las luces de las mesillas) permiten crear un ambiente algo agradable. 

En la pared del fondo encontramos un enorme armario de tres cuerpos, con puertas de madera oscura con espejos. En su interior barras colgadoras con escasas perchas de plástico negro. Además algunos cajones y una caja fuerte. En el otro lado del armario, está la ventana. Doble de hojas correderas. Con vistas a la puerta principal y gracias a la altura alguna vista de la Diagonal y del sur de la ciudad. Pese a ser doble la insonorización no es muy buena y se escuchan los ruidos de la calle. Igualmente la puerta de la habitación no termina de cerrar bien, y debido al temporal que hay fuera no deja de golpearse con la fuerza del viento y de alguna corriente de aire interior. El foscurit no consigue frenar la luz exterior, y las rendijas de la puerta hacen que la luz del pasillo también se cuele en la habitación. El hotel en general resulta tranquilo así que no se escuchan voces en las habitaciones cercanas, aunque de vez en cuando se escucha un ruido como de un motor posiblemente del ascensor.


El baño resulta espacioso. Aunque tiene un aire algo trasnochado está bien cuidado y muy limpio. Mármol marrón en suelo y paredes. A la derecha de la puerta una encimera de mármol con el lavabo blanco empotrado en ella. Por delante, en una barra metálica cuelgan dos toallas de lavabo, de tamaño, limpieza y calidad adecuadas. Grifo moderno monomando, con adecuada temperatura, caudal y presión. Por encima del lavabo, una pequeña repisa, también de mármol sobre la que hay dos vasos de cristal y dos piezas de jabón de manos. Ahí terminan todas las amenities que ofrece el hotel, aunque gel y champú se encuentran en sendos dispensadores anclados a la bañera. Encima del lavabo, un espejo hasta el techo. Debajo de la encimera, una papelera metálica en color blanco. Dos puntos de luz iluminan esta zona, escasamente. En la pared de la derecha, un viejo secador de pelo de escasa potencia.

A continuación del lavabo hay un bidet y después un inodoro algo bajo. Junto a él además del portarrollos hay un dispensador de bolsitas higiénicas de plástico. Encima, dos ventanas modernas de aluminio blanco no practicables. 

A la izquierda de la puerta, quedando detrás de ella, la bañera. Protegida con una mampara de cristal ofrece una grifería monomando algo antigua pero que funciona a la perfección. Caudal, temperatura y presión muy correctas en una ducha de teléfono quizá demasiado sencilla. En un artilugio metálico que cuelga de la pared se ofrecen dos grandes botes de gel y champú. En un algo alejado toallero se ofrecen sendas toallas de baño limpias y generosas de tamaño, junto a un pie de ducha también en blanco. 

Por la mañana cuando bajamos a recepción, no hay nadie tras el mostrador. Pronto llega un hombre dispuesto a cobrarnos y entregarnos la factura mientras nos pregunta por el descanso y nos ofrece su simpática ayuda para continuar nuestro viaje.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 8
Ambiente: 6
Habitación: 6.5
Baño: 8
Estado de conservación: 6.5
Desayuno:
Valoración General: 7.5

miércoles, 23 de septiembre de 2020

HOTEL SARAY (GRANADA)

HOTEL SARAY (****)
Profesor Tierno Galván 4
18006 Granada

Habitación: 107
Entrada: 23/1/2020
Tarifa: 63 A+D

Junto al Palacio de Congresos de la ciudad, aunque no lejos del centro de la misma, en una avenida amplia y luminosa de la zona de expansión de la misma, nos recibe este hotel en un edificio de siete plantas de color rosado con dos grandes torres y una zona central por la que suben tres ascensores panorámicos. A pié de acera debemos sortear unas cuantas escaleras -también hay rampa- que atraviesan un pequeño jardín con un gran dosel de acogida, fuentes y chorritos de agua, maderas y celosías con un punto árabe... hasta dejarnos junto a sendas puertas de cristal correderas automáticamente. 

Traspasadas las puertas nos recibe un gran espacio. Mármol blanco en el suelo, paredes igualmente rosas. Ventanas disfrazadas de corte árabe en un techo rematado en un artesonado en madera. En el centro del espacio una pequeña fuente rodeada de plantas. Luz algo fría. Sensación de amplitud, pero también con un punto anticuado. Al fondo, y como si estuvieran bajo unos arcos de inspiración oriental encontramos los dos poderoso mostradores de recepción. Uno de ellos no se utiliza. En el otro hay tres pantallas de ordenador, algunos folletos del hotel y un mujer que nos recibe amablemente. El proceso es algo lento, porque trata de buscarnos una habitación con cama grande para que podamos descansar mejor. Al final lo consigue. Nos entrega la llave de la habitación, nos hace firmar los documentos de bienvenida y nos explica el horario del desayuno. Nos da un folio con la contraseña para el wifi que es veloz y gratuito en todo el hotel.

Volvemos sobre nuestros pasas para alcanzar los ascensores. Son tres, no son nuevos pero tampoco viejos y aparecen bien cuidados. Las puertas de metal automáticas nos dan acceso a un espacio en forma de rombo, con suelo de mármol, paredes de cristal panorámicas con vistas al jardín de la entrada y a la calle principal. Antes de los cristales, una zona de espejos oscuros en los que se ubica la botonera moderna y una pantalla con información del hotel y de la ciudad.

Tras la puerta del ascensor un gran recibidor que corre a derecha y a izquierda. Carteles dorados que indican la dirección de las habitaciones. Mármol blanco en el suelo, paredes blancas, algunas ventanas a la puerta principal con aluminio negro y más maderas como con celosías árabes, que para algo estamos en Granada. Terminado el recibidor, encontramos el pasillo de las habitaciones donde el suelo muta a moqueta verde clara. Algunos armarios eclécticos, sillas de corte castellano y una luz blanquecina demasiado fría. Así, alargado, se presenta el pasillo de las habitaciones, con puertas bastante nuevas en madera clara. 

La puerta se abre introduciendo de forma horizontal la tarjeta en una ranura y tras un pitido, se desbloquea la cerradura y podemos entrar en la habitación. A la izquierda la ranura para meter la tarjeta y un interruptor de luz en plástico de color metálico. Suelo de madera oscura limpia y cuidada. Paredes en vescom blanco con un rodapié, algo machacado, en negro. En el pasillo que nos lleva hacia el dormitorio el techo es de madera, con dos puntos de luz y algunas rendijas de retorno del aire acondicionado. En el lado izquierdo, tras dos puertas correderas de espejo con marco en aluminio dorado está el armario. En su interior, una barra colgadora con perchas normales de varios tipos personalizadas con el logo de la cadena, tres cajones, la caja fuerte, la bolsa de la lavandería, una gamuza lustrazapatos y una balda superior con un edredón suplementario.

A continuación del armario hay otro armario de madera negra exento, de media altura, rematado con unas lamas metálicas que hace las veces de maletero. Bajo él, en el interior encontramos el minibar, con un surtido de aguas, cervezas, zumos y refrescos y precios algo desorbitados. Justo enfrente del armario queda la puerta de madera, con molduras y pomo dorado, del baño. 

El dormitorio es de tamaño adecuado. Quizá le sobra largura y le falta anchura. Junto al maletero, y ya dentro de este espacio, hay una papelera negra de plástico y a continuación un escritorio de forma ovalada situado frente a un enorme espejo, del que cuelga una televisión plana. A cada lado del espejo dos trozos de madera negra enmarcándolo. Bajo el escritorio, dos armarios, uno a cada lado, y una silla de madera oscura tapizada en tela casi negra. Sobre el escritorio, unas latas con aceitunas, frutos secos y dulces, un vade y un portacartas en tela marrón con varios folletos del hotel. El espacio que queda entre el pie de la cama y el escritorio quizá sea demasiado justo. A la derecha del escritorio hay un enchufe disponible en el que poder conectar los aparatos tecnológicos. A continuación y antes de la ventana hay una lámpara de pié en metal, y piel con una estrecha pantalla en tela negra. 

La ventana, de aluminio blanco es algo endeble y pese a que la zona es tranquila se escuchan algo los ruidos de la calle y no aísla bien del frío exterior. Vistas a uno de los andadores laterales del hotel. Protegida por un leve visillo blanco y un foscurit algo envejecido en tonos marrones de distinta intensidad. Por la mañana es insuficiente para frenar la luz que entra del exterior. Bajo la ventana una butaca de metal tapizada en piel negra y una mesa de centro redonda en metal y madera oscura. 

A la derecha del dormitorio se ubica la cama. Grande para ser individual, algo justa de tamaño para ser doble. Blanca, vestida con suaves sábanas y un ligero edredón nórdico. A los pies un plaid de terciopelo color marrón oscuro. Cuatro almohadas de distinta dureza. Aparece empotrada contra un cabecero de piel blanca sobre el que hay otro enorme espejo rematado en dos trozos de madera oscura, simétrico a lo que hay en la pared de enfrente con el escritorio. A cada lado hay dos mesillas de metal y madera negra, sin cajones, que quedan algo separadas de la cama. En una de ellas el teléfono, un bloc de notas, un lapicero y la carta de almohadas. Sobre ambas, interruptores para apagar todas las luces, que quedan algo alejados de la cama. En un lado hay un potenciómetro como para el hilo musical (que no funciona) y en el otro hay un enchufe disponible. Sobre las mesillas hay dos pequeñas luminarias y sendas lámparas de brazos dirigibles para la lectura. Con la cantidad de luces que hay en la habitación se pueden conseguir ambientes bastante efectistas. 

El display del aire acondicionado queda a la entrada del dormitorio y dispone de una pantalla digital y botones para manejar la temperatura y la potencia. Es eficaz, aunque su activación está retardada en el tiempo y su sonido, quizá un punto excesivo. El descanso es sencillo porque el hotel es tranquilo y la zona también. Sin embargo, por debajo de la puerta de entrada entra a raudales la luz del pasillo. Además a lo largo de la noche se escucha un leve zumbido como de algún sistema eléctrico.

El baño resulta justo de tamaño. El suelo mantiene la madera. Parece reformado. Las paredes cubiertas de baldosas de porcelana blanca. Junto al suelo y junto al techo hay un par de cenefas de color azul. A la izquierda de la puerta el inodoro. Sobre él un teléfono. A su izquierda un bidet con tapa, y sobre él, un secador de pelo potente. Frente a la puerta encontramos la encimera, de mármol blanco con el lavabo incrustado en ella. El grifo monomando, algo, viejo ofrece una excelente temperatura pero le falta caudal y presión. En una cesta de plástico se presentan las amenities: dos botes de champú, dos de gel, un gorro de baño, un set de afeitado y un juego de algodones y bastoncillos. Sobre el lavabo, un espejo grande. En el techo tres puntos de luz, descentrados respecto al espejo lo que genera algunas sombras a la hora de verse en este. A la derecha, en la pared, un espejo de aumento, una caja metálica con pañuelos de papel y una barra con dos toallas de lavabo blancas, personalizadas para la cadena, mullidas, limpias y nuevas, como el resto de la lencería: dos toallas de baño ubicadas en la bañera y un pie de ducha de generoso tamaño.

La bañera queda detrás de la puerta y tras la pared que queda a la derecha del lavabo. Su interior resulta un poco oscuro. Dentro, además del toallero con dos grandes toallas de baño encontramos una grifería termostática algo usada. Arriba, y anclada a la pared, un grifo de ducha fijo, de tipo americano algo antiguo también. Temperatura excelente y presión magnífica, pero le falta un punto de caudal. 

Por la mañana, justo debajo de la recepción y accediendo tras bajar unas escaleras con vistas a la piscina se ofrece el desayuno en un salón largo con decoración árabe. En el centro se ubica un largo mostrador en el que se ofrecen todos los productos del buffet: zumos naturales, aguas, fruta cortada, embutidos, quesos, jamón, cereales, platos calientes (huevos fritos, revueltos, champiñones, bacon, tomate asado, salchichas, chorizos...), distintos tipos de panes, bollería, churros... Hay un rincón dietético y otro sin gluten y quizá se echa en falta algo más de productos propios y típicos de la zona. Una máquina de café moderna dispensa uno más que aceptable. Las mesas, vestidas con manteles individuales de rejilla y servilletas de papel resultan un poco grandes. 

En el mostrador, un recepcionista revisa nuestra cuenta al decir que nos vamos, y con simpatía nos despide hasta una próxima vez.  


Calidad/precio: 8.5
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 8
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 8
Valoración General: 8

lunes, 7 de septiembre de 2020

BAROSSE (JACA - HUESCA)

BAROSSE (****)
Estiras 4
22712 Jaca (Huesca)

Habitación: Ermita
Entrada: 27/12/2019
Tarifa: 198 A+D

En una pequeña pedanía a dos kilómetros de Jaca, bajo la Peña Oroel, rodeado de modernos chalets para enamorados de las montañas, en medio del silencio sólo roto por el tañido de las campanas de la antigua iglesia, encontramos Barosse. Una casa nueva, construida con viejos sillares en medio de un pequeño jardín cuidado y decorado con velas, estanques... y fabulosas vistas a la primera línea de los Pirineos.

Al hacer la reserva preguntamos por cómo llegar hasta allí tras nuestra etapa del Camino de Santiago, y ya nos sorprende que el propio Gustavo (uno de los propietarios) se ofrezca a recogernos en su coche. Si eso no es hospitalidad...

Tras la puerta principal de la casa nos abre José, el otro propietario, que nos recibe en un espacio poco definido que hace de recepción. No es grande, más allá que un recibidor de una casa de ese tamaño. A la derecha una abigarrada estantería llena de productos a la venta (desde humidificadores a vinos pasando por embutidos de la zona). A la izquierda una mesa decorada de Navidad con rosas y una lámpara de mesa. Frente a la puerta, junto a una puerta sobre la que hay un cartel que indica el nombre de la habitación Iglesia, hay un aparador y un atril con un libro de firmas. Paredes blancas. Aroma a incienso muy suave. Luz. 

José nos ve cansados de la caminata así que sin más nos entrega la llave de la habitación y de la casa en un llavero de madera con el nombre "Ermita" grabado en él. Mientras nos explica el funcionamiento del wifi gratuito y veloz en todo el edificio se hace cargo de nuestro equipaje y nos invita a bajar por las escaleras que nacen allí mismo con la promesa de enseñarnos el comedor (donde además de una chimenea hay un servicio de café y te gratuito para los huéspedes y un bar a disposición de los clientes en el que prepararse una copa y anotar la consumición en un papel) y la sala de estar, con varios sofás, una pequeña biblioteca y una chimenea. 

Desde esa sala, salimos de nuevo al jardín. A la derecha una pequeña fuente completamente helada. Sobre el césped un par de árboles de Navidad hechos de luces. A la izquierda, una construcción exenta, con un ábside y piedras de mampostería como si de una ermita se tratara. Bajo un túnel creado con una enredadera encontramos la puerta, de madera, con llave normal. Un felpudo separa el suelo exterior del interior.

Tras la puerta suena de fondo una música que proviene de un formidable bafle conectado a un iPad con varias listas de música, aunque también podemos conectar nuestros dispositivos. Queda detrás de la puerta un armario de madera negra y cristal, sobre el que hay una pecera con plantas, que ofrece una botella de agua de cortesía con un par de vasos de cristal rojo. El resto de la habitación se abre hacia la derecha. Tejado a dos aguas de madera gris muy cuidada. En el centro un ventilador de techo. Suelos de porcelana marrón muy limpia.

Delante de la puerta, sobre una alfombra de esparto se ubican dos cómodas butacas tapizadas en marrón con una mesa redonda de centro en madera y mármol. Quizá les falte una lámpara de lectura. Sobre la mesa, además de una guía de hoteles de la cadena, un jarrón con una vela encendida. Tras el conjunto se encuentra la cama. Sumamente confortable. Una sola cama formada por dos colchones sin que apenas se note la junta. Suaves sábanas y un nórdico recubierto en tonos azules grises y blanco con motivos vegetales. Cuatro almohadas y dos cojines. Un cabecero de forja clásico y todo ello apoyado sobre una pared de mampostería como si fuera original de la ermita. A cada lado sendas mesillas de corte antiguo, en madera con tapa de mármol. Sobre ambas, altas y estilizadas lámparas de noche de metal y cristal  terminadas en clásicas tulipas de tela como de leopardo. Sobre las mesillas dos velas con portavelas. En la pared, dos apliques de metal de motivos vegetales con cristales de colores que dan más luz, aunque no suficiente para la lectura desde la cama. Una pera enrollada entre los barrotes del cabecero permite apagar las luces de los apliques de la pared. Todas las luces, indirectas, permiten crear distintas atmósferas bastante agradables. Hay que mover las mesillas para encontrar un par de enchufes disponibles tras ellas, aunque junto a la puerta de entrada hay otro con unos cuantos.

Junto a la mesilla derecha hay una puerta de madera y cristal que permite el acceso a un jardín privado con impresionantes vistas a las montañas pirenaicas.

A la derecha de la puerta hay un armario exento, de madera y puertas de cristal cubierto de tela. De corte clásico. En su interior dos baldas forradas de terciopelo rojo y leopardo, y una barra colgadora con una docena de perchas de distintos formatos (pantalones, chaquetas, con pinzas para faldas...). Además un par de albornoces y zapatillas. Cuando José nos explica todo se ofrece a traernos un albornoz más grande y acorde con nuestra talla. Junto al armario un enorme ventanal al jardín. Cubierto por una cortina blanca y unos portillos que lo aíslan del frío y la luz. 

En la pared de enfrente a la puerta, en el rincón, encontramos una hermosa chimenea metálica preparada para encender el fuego (leña, pastillas y cerillas). Junto a ella un juego de herramientas para controlar el fuego y una cesta metálica con leña de sobra. A continuación el pequeño armario antiguo de madera con un espejo, como de lavabo antiguo, con el iPad y el altavoz. Y a continuación ocupando toda la pared, un enorme espejo con un marco de madera dorado de corte clásico. Diseminados por las paredes algunos corazones coloridos con alas, con fuego, de espejos...

La sensación es agradable, cálida. La decoración sutil. El descanso es reparador. El silencio resulta sobrecogedor, y la oscuridad es total hasta la mañana, cuando por la ventana del baño ubicada en el ábside y cubierta con un cristal como nacarado se cuela la luz de la mañana. Lástima que de vez en cuando se escuche un chasquido como de la puesta en marcha de un sistema electrónico para controlar algo de la habitación. Si no, el silencio sería total.

El baño está separado de la habitación sólo por dos muros que no llegan hasta el techo y un vano protegido por unos leves visillos grises recogidos con lazos en los muros. A la derecha encontramos el inodoro, con cisterna incrustada en la pared, y bajo una pequeña ventana protegida con un rete antimosquitos y vistas al jardín. A su lado, cuelga de la pared un perchero antiguo con tres ganchos. 

A la izquierda del baño está el lavabo. Único, de porcelana blanca y con encimera, sobre ella un bote negro decorativo y una cesta de porcelana en forma de bañera con las amenities (de Clarins -champú, gel, crema corporal y jabón de manos-). La pared que rodea el baño está alicatada en porcelana verde brillante de pequeñas y cuadradas baldosas hasta media altura y de ahí al techo, de pizarra y en una bolsita de tela se ofrecen tizas para pintar. Sobre el lavabo, un antiguo espejo ovalado con marco metálico. Los curiosos interruptores encienden dos bolas de luz ubicadas a cada lado del espejo, pero insuficientes para el maquillaje y verse bien. En un hueco de la pared, dos vasos de cristal. Bajo el lavabo una papelera y un armarito de madera con dos cajones en los que se ofrece el correcto secador de pelo. La grifería  monomando funciona a la perfección. En todos los grifos temperatura, caudal y presión envidiables. 

De frente encontramos en perpendicular al ábside una enorme bañera de hidromasaje. Casi doble, con sendos reposacabezas de piel oscura. En la pared de mampostería del ábside se ofrecen varias velas grandes para crear bonitas sensaciones lumínicas. En el techo, una regadera efecto lluvia increíble tanto por su caudal como por la instantaneidad de la temperatura. Suerte del enorme tamaño de la bañera que hace que no saquemos demasiada agua fuera al ducharnos. Además de los albornoces, el fenomenal set de lencería se completa con dos toallas de lavabo y dos de ducha. Todas ellas blancas, generosas, mullidas, nuevas y limpias. Además un enorme pie de ducha. Todo ello se ofrece en unos antiguos toalleros metálicos con angelotes y corazones. 

Por la mañana en el salón del edificio principal se sirve el desayuno buffet, aunque José siempre está pendiente por si queremos alguna otra cosa. Una mesa comunal que se comparte con el resto de huéspedes, la chimenea encendida, música suave sonando de fondo. Zumo de naranja, o de manzana, zanahoria y jengibre, embutidos y quesos de la zona, fruta cortada, tortilla de patata, pan, yogures especiales de vaca, cereales preparados especialmente para la casa, croissants recién hechos, trenza de Almudévar y bizcocho casero, mantequilla y mermeladas. Una enorme colección de tés y una cafetera de Nespresso permiten recrearse a primera hora de la mañana. Que el horario del desayuno empiece a las 9 indica que allí se va a descansar y desconectar. Aunque José nos avisa que si necesitamos desayunar antes, no hay problema y que nos lo prepararían.

Luego, en ese recibidor que hace de recepción, Gustavo desde el móvil nos prepara la factura, recogiéndonos los datos que no entregamos a la llegada porque José nos ahorró el trámite en favor de nuestro descanso. Nos pregunta por nuestra estancia, por si nos ha gustado, nos ofrece varias indicaciones para seguir nuestra ruta y nos invita a volver pronto.

Calidad/precio: 10
Servicio: 10
Ambiente: 9.5
Habitación: 9.5
Baño: 10
Estado de conservación: 10
Desayuno: 9.5
Valoración General: 9.5

miércoles, 1 de julio de 2020

EUROSTARS BOUTIQUE SEVILLA (SEVILLA)

EUROSTARS BOUTIQUE SEVILLA (****)
Abades 41 43
41004 Sevilla
Habitación: 207
Fecha de entrada: 8/11/2019

Tarifa: 

Un palacio restaurado, en el mismo corazón de la ciudad, en una estrecha calle a la que resulta incluso complicado acceder en coche. Una fachada pintada en granate. Cuatro alturas y pocas ventanas diseminadas de forma irregular por las fachadas. La puerta está casi en la esquina del edificio, justo donde comienzan las calles peatonales que en dos pasos nos dejan a los pies de la Giralda. 

Las puertas de cristal, correderas automáticamente con el logotipo del hotel se ubican tras un gran portal de puertas de madera permanentemente abiertas. Nos dejan en la recepción. Un espacio pintado en blanco con luces algo amarillentas, techo alto y negro del que cuelga una bola de luz en color marrón oscuro. Suelo negro, al igual que la zona de mostradores de recepción. La sensación, pese a la fría noche es cálida y acogedora. Quizá notemos un extraño olor a humedad al fondo. 

A izquierda hay una mesa de centro con unas flores y una puerta cubierta con una sugerente foto nocturna de la Giralda. A la derecha queda el serio mostrador de recepción, separado en dos por una gruesa columna. Los dos puestos de trabajo, uno a cada lado quedan como encajados en sendos cubículos de techo bajo y decorados en la parte trasera con una pared almohadillada en piel negra como de capitoné. Sobre los mostradores algunas informaciones del hotel y las pantallas de los ordenadores. Una joven nos atiende simpática. Rápidamente nos entrega un sobre con la llave del hotel y alguna información comercial sobre paseos de la ciudad. Nos pide el DNI que copia rápidamente sobre un papel. No nos dice nada del desayuno pero si nos explica la clave del wifi que es veloz y gratuito por todo el establecimiento. Agradecemos la rapidez sobre la exhaustividad de las explicaciones dado lo avanzado de la noche. 

Frente a la puerta de entrada hay cuatro escalones que hemos de subir. A su izquierda hay una pantalla con vídeos de otros hoteles de la cadena. A la derecha hay un elevador de metal y cristal, algo aparatoso, para que las personas con movilidad reducida puedan salvar esa diferencia de nivel. Antes de llegar al patio (con el techo cerrado con una cristalera) sobre el que gira todo el hotel encontramos a la izquierda un bonito carro portaequipajes de factura clásica. Suelo de porcelana negra muy brillante recibe un bonito patio cuadrado, moderno pintado en tonos crudos y negros como una versión moderna de un clásico patio andaluz. Un arbolito en el centro, plantas, sofás, butacas, mesas de centro, pequeños rincones para la lectura o la tertulia. Varias salas de estar, el salón de desayunos y bajo la escalera, majestuosa, una pequeña barra de bar de corte clásico inglés con capitoné negro. Toda la decoración es a base de grandes cuadros abstractos muy coloristas y de figuras taurinas del mismo estilo. Todo ello supuestamente a la venta, da un toque moderno a rompedor al espacio, ya de por si curioso. 

En un extremo, junto a una puerta abierta que da a la escalera de incendios y a unos aseos, se encuentra el ascensor, moderno, impecablemente cuidado, de puertas automáticas negras. Botonadura nueva. Espejos a ambos lados. También hay puertas a ambos lados. Cuando estas se abren en el primer piso abierto al patio encontramos nuestra habitación allí mismo. Una gran puerta negra con números grandes metálicos colocados en vertical sobre la misma. 

Introducimos la llave en la cerradura y allí mismo se abre la habitación. Descomunal. Cuadrada. Con un techo a casi 7 metros de altura rematado con un espectacular artesonado en madera bajo el que hay una bonita cenefa de escayola con decoración clásica. En la pared de la puerta hay dos vanos a modo de ventana. Uno, a tres metros de altura como una vidriera con cristales de colores y motivos heráldicos. Con un mando que hay sobre el escritorio se puede bajar automáticamente una persiana para evitar la luz exterior (del patio) durante la noche. El otro vano queda casi a ras de suelo y se trata de otra descomunal ventana con vistas al pasillo del hotel, es decir al patio. Ninguna de las dos ventanas son practicables, y no hay por tanto ninguna ventilación hacia el exterior. La ventana que da al patio aparece protegida por un foscurit claro y una cortina blanca ambos colgando de una barra metálica. Lástima que la tela sea corta y queden a ambos lados rendijas por las que se cuela bastante la luz del exterior durante la noche. 

Suelo de cuidada, limpia y brillante porcelana negra. Paredes pintadas en marrón claro, salvo la del cabecero de la cama que está pintada en negro y en la que se apoya un gran cabecero de capitoné en terciopelo de color verdoso rematado con una discreta lámpara metálica alargada, más decorativa que otra cosa. El espacio es descomunal. La sensación es de calma, majestuosidad y amplitud. Cierta elegancia en tonos algo oscuros, quizá falte algo de color más vivo. La temperatura adecuada y la iluminación quizá algo escasa para un espacio tan grande. 

A la izquierda de la puerta encontramos un minibar exento sobre el que hay un jarrón con flores artificiales blancas. El surtido del mismo es adecuado, aunque no hay bebidas alcohólicas y los precios son algo caros. A continuación un largo escritorio de madera negra de corte clásico y elegante. La parte superior está protegida por un cristal y sobre él se acumulan una lámpara de mesa de color plata, folletos e información sobre el hotel, sobre el servicio de habitaciones, un servicio de masajes y al final una bandeja de cortesía con varios servicios de café y té y máquinas (de Nespresso) para prepararlos. Bajo la mesa, una papelera metálica negra y una silla clásica en torno verdoso plateado  no demasiado cómoda para trabajar. Sobre la mesa hay varios enchufes disponibles para los aparatos electrónicos y colgando de la pared un cuadro en blanco y negro con escenas de cine.  Junto al escritorio, en un carro de metal y cristal una gran pantalla de plasma con un lector de DVD debajo y dos discos con Forrest Gump y una colección de clásicos del cine. Además algunas revistas de estilo de vida. 

En la pared del fondo encontramos un maletero de metal y tiras de tela negra junto a un enorme armario exento en color negro y de líneas clásicas. En su interior, que puede iluminarse con una lámpara de led alargada encontramos la caja fuerte, la bolsa de la lencería, una tabla de planchar, una plancha, varias perchas normales de distintos formatos, un colgador largo y varias baldas. En una de ellas encontramos un par de albornoces y sendas zapatillas de baño. Junto al armario hay una lámpara moderna de color negro y un par de cuadros con fotos de actores de cine. Al lado una gran butaca tapizada en terciopelo morado. 

A los pies de la cama hay un gran sofá tapizado en morado, sobre una alfombra redonda en tono arena. La cama es grande, hecha con la suma de dos colchones, aunque las juntas apenas son perceptibles en el medio. Cuatro almohadas de distinto grosor, tamaño y dureza y dos pequeños cojines también en morado. Un nórdico suave en blanco. Todo muy confortable. A los pies un plaid también en morado. A ambos lados de la cama hay sendas mesillas de madera en tonos verdes metálicos con cajones. Sobre cada una de ellas unas lámparas de noche de cristal y tulipa de color plata. Quedan demasiado lejos de la cama y la luz no es suficiente para poder leer o trabajar desde la misma. Sobre una de ellas el hotel ofrece un libro de relatos editado por la cadena. Sobre la otra un pequeño bloc de notas, un bolígrafo y un teléfono. Sobre ambas, interruptores para apagar casi todas las luces de la habitación. Lástima que no haya enchufes disponibles y tengamos que desconectar las lámparas de noche para poder cargar cerca de la cama los aparatos electrónicos. 

A la derecha de la puerta, encontramos la ranura para introducir la tarjeta y activar la luz y el display del aire acondicionado, que resulta poco claro. Aunque su funcionamiento es muy efectivo y silencioso. Una columna retranqueada en la pared sirve de elemento decorativo a una zona, junto a la ventana que da al pasillo con otra butaca morada y una mesa de centro en tono plateado con una pequeña flor. 

El descanso es fácil ya que el hotel es silencioso. La insonorización interior (a excepción de los baños) es formidable. Y la exterior colosal al no haber ventanas a la calle. Lástima que entre la luz de emergencia que hay sobre la puerta y la que se cuela por el vano que da al patio, no se consiga una oscuridad total. 

Si la habitación era grande, el baño no le va a la zaga. Se mantiene el mismo suelo de porcelana negra aunque con baldosas más pequeñas. Alicatado hasta media altura y el resto pintado en blanco. A la izquierda encontramos una larga encimera sobre la que se recogen dos grandes lavamanos exentos en porcelanta blanca. Dos grifos elegantes que quedan demasiado cerca de la tina por lo que apenas queda hueco para lavarse las manos. Cuelgan de la encimera dos barras metálicas con sendas toallas de mano. Entre los dos lavabos, en una bandeja de porcelana blanca algo cascada se ofrece las amenidades de baño: dos botes de champú, dos de gel y uno de crema hidratante, un jabón de manos y un gorro de ducha. Todo ello de la marca Aroma de Ibiza propio de la cadena. Dos vasos de cristal y un espejo de aumento completan el espacio. Encima de la encimera se ofrece un enorme espejo hasta el techo. Bajo ella en unas baldas un secador de pelo de generosa potencia y dos mullidas toallas de bañera que completan el set de lencería. Todo ello con el logotipo de la cadena, en blanco y bien cuidado. 

A la derecha se ofrece una espectacular bañera exenta de corte antiguo con una grifería moderna. El conjunto es realmente impactante porque a su lado encontramos una enorme cabina de cristal que recoge la ducha. En su interior, un grifo termostático algo complicado de manejar y una regadera efecto lluvia anclada en el techo. La presión, el caudal y la temperatura son excepcionales. Lástima que el sumidero no trague suficiente agua y por debajo de la puerta acabe cayendo el sobrante de agua encharcando gran parte del baño. Junto a la ducha hay una ventana de aluminio blanco y cristal opaco que deja pasar la luz exterior. Quizá la iluminación pudiera ser más efectista, especialmente en la zona de la ducha. Bajo la ventana hay un inodoro y un bidet. 

En un pequeño salón abierto al patio se ofrece por las mañanas el desayuno. Un gran surtido de platos calientes (huevos revueltos, salchichas, chorizo, bacon...), fríos (jamón, chorizo, pavo, variedades de quesos...) zumos, bocadillitos, cereales, bollería crujiente, donuts, diversos tipos de lácteos... acompañados de un café que se sirve en una ruidosa máquina pero de buena calidad. 

Después, en la recepción se acumula el trabajo y hemos de esperar pacientemente hasta que nos toca el turno de decir que nos vamos. Nos preguntan por el minibar y con una sonrisa nos ofrecen ayuda para continuar el viaje. 

Calidad/precio: 
Servicio: 8
Ambiente: 8
Habitación: 8
Baño: 8
Estado de conservación: 9
Desayuno: 8

miércoles, 17 de junio de 2020

HOTEL LUZ CASTELLÓN (CASTELLÓN)

HOTEL LUZ CASTELLÓN (****)
Pintor Oliet, 3
12006 Castellón

Habitación: 424
Fecha de entrada: 25/10/2019

Tarifa: 

En una amplia avenida el hotel ocupa un moderno edificio de hormigón blanco y cristal, rematado por un tejado como en voladizo y un gran cubo rojo con el logotipo del hotel. Se encuentra ubicado justo enfrente de la estación de autobuses y tren de la ciudad, en la zona de expansión de la misma, con convenientes accesos a las autopistas que la circundan. La puerta de entrada, compuesta por un par de puertas de cristal que corren automáticamente está ubicada en el redondeado y acristalado chaflán.

Una vez dentro el espacio es muy grande, como de atrio. El techo sube muy arriba. Las paredes de cristal hacen que la luz exterior lo llene todo (por eso quizá su nombre), contrastando con lo negro de la porcelana del suelo. A la derecha encontramos algunos sofás para la espera en primer término y al fondo, tras unos curiosos cortinones blancos el restaurante y salón de desayunos. A la izquierda, más sofás, unas escaleras con fina barandilla metálica que suben a la entreplanta y varios pasillos que se pierden entre los salones del hotel, el acceso a los ascensores... Justo enfrente y en forma de U está el mostrador de recepción, en madera blanca. Contundente. Con un par de puestos de trabajo, aunque cabrían cinco o seis más. Sobre el mostrador varios folletos de la ciudad, mapas de la misma, avisos sobre el wifi...

Nos atiende un joven que nos pide la documentación y copia los datos sobre el ordenador. El trámite es un poco lento y aburrido. Por fin nos entrega la tarjeta de la habitación indicándonos los horarios del desayuno, su ubicación y el funcionamiento del wifi que es veloz y eficaz en todo el edificio. Rodeamos el mostrador y nos dirigimos hacia los ascensores pasando junto a un par de vitrinas de cristal que ofrecen productos de la zona a la venta y varios totems con folletos de actividades para realizar en el entorno.

Los tres ascensores son modernos. Como todo el hotel. Moderno y funcional. Quizá de tan moderno y funcional le falte alma. Puertas de metal automáticas, paredes de metal, suelo alfombrado en negro, botones modernos y algunos carteles con servicios del hotel. Las puertas se abren en nuestra planta a un gran recibidor. Paredes blancas, con algunos tramos recubiertos de metacrilato blanco retroiluminado con algunas siluetas y dibujos. Moqueta en el suelo, negra, gris y roja. Algunos sofás y butacas y las puertas de las habitaciones en madera clara que se abren a sendos pasillos que corren hacia la derecha y la izquierda. Luces indirectas pero abundantes que además se van encendiendo conforme avanzamos por el pasillo. Junto a las puertas hay un metacrilato de techo a suelo retroiluminado que indica el número de la habitación.

La puerta se abre con el clásico pomo metálico en el que hay que insertar la tarjeta. Una vez dentro encontramos un ancho pasillo. Paredes en vescom color claro, suelos en madera oscura bastante bien cuidada . Sobre nuestras cabezas el techo, practicable con lamas de metal blanco, acoge un punto de luz algo fría, como de hospital. En el lado derecho del pasillo encontramos los interruptores de la luz de Bticino, como todos los de la habitación, un cajetín para insertar la tarjeta que activa las luces, la puerta del baño, también en madera con un pomo recto en metal y el display del aire acondicionado. Este dispone de una pestaña metálica para el encendido y apagado y de botones para subir y bajar la temperatura y para aumentar el caudal de aire y su potencia. Una pantalla con números en verde indica la temperatura actual y la deseada. Aunque es eficaz, funciona ruidosamente. En el lado izquierdo del pasillo una madera con varios ganchos colgadores (para el abrigo...) y un espejo sin marco de techo a suelo.

En el paso siguiente entramos en el dormitorio. La sensación es de amplitud. Las luces, todas indirectas crean un agradable conjunto. Aunque de funcional, vuelve a perder alma y carácter. A la derecha hay un gran maletero de madera clara y barras metálicas de protección. Todo el mobiliario es de la misma madera. A su lado un gran armario exento con tres puertas. En una de ellas hay un colgador alto, en otra unas baldas y la tercera la caja fuerte, la bolsa de la lavandería y un kit de costura.


A la izquierda hay un curioso sofá tapizado en color negro, con un pequeño respaldo en rojo. Pegado a él un largo escritorio con el minibar oculto tras una puerta. Sobre la mesa una gran pantalla de televisión plana, y un montón de folletos, libros y revistas sobre el hotel y su entorno. En una cesta de mimbre se ofrecen algunos productos a la venta como unas bolsas de patatas fritas y unos panes Delante del escritorio hay varios enchufes disponibles y una lámpara de mesa de metal con una pantalla de color crudo, a juego con el resto de luminarias de la habitación. Debajo de la mesa, una silla con fina estructura de metal y tapizada en negro.  

A la derecha se ubica la cama grande y blanca, con un plaid negro a los pies algo sucio y dos cojines a juego. Vestida con sábanas blancas a rayas, un nórdico y dos almohadas algo planas. El colchón resulta cómodo. Aparece enmarcada en un largo cabecero de madera en el que también se empotran las dos mesillas y unas lámparas de noche con tulipa y sendos focos reflectantes para luz de lectura. Las mesillas, simples, de madera ofrecen el teléfono, unos folletos del hotel, un lapicero y el mando de la televisión. Además hay enchufes disponibles e interruptores para apagar las luces de la mesilla. Por encima del cabecero la pared aparece pintada en rojo y en ella un cuadro abstracto que recuerda al puerto de Sagunto.

Toda la pared del fondo está rasgada por una larga ventana de aluminio negro. Vistas a la estación de autobuses que queda ahí delante y a la avenida que corre frente a la puerta del hotel. La insonorización es bastante nefasta y se oye demasiado el ruido de la calle. Algo mejor es la insonorización interior, pero tampoco para echar cohetes.

El baño resulta tan generoso de tamaño como el dormitorio. Todo él alicatado en porcelana color arena, suelo incluido. A la derecha hay una enorme bañera con una ducha de grifería algo antigua pero que se remata con una nueva ducha de efecto lluvia y una alcachofa con efecto masaje. Junto a los grifos hay un bote dispensador de champú. Una mampara de cristal con el logo del hotel evita que se salga el agua al resto del baño. La temperatura es correcta y la presión también, aunque falta un punto de caudal. A los pies de la bañera, un toallero metálico algo arrancado ofrece dos enormes toallas de ducha, de calidad adecuada sin más.

Detrás de la puerta queda el inodoro. A su lado un aplique portarollos. Enfrente de la puerta una larga encimera de cristal algo verdoso con finas patas metálicas. De ella cuelgan dos toallas de lavabo. El lavabo, de porcelana blanca incrustado en el cristal y un grifo monomando de Roca. En la encimera, en una pequeña bolsa de tela se ofrecen envueltos en papel negro las utilities del baño: peine, pañuelos, set dental, una esponja, gorro de ducha y un par de vasos. Anclado a la pared, un espejo de aumento, un secador potente y una caja metálica con pañuelos de papel. Bajo el lavabo una banqueta blanca y una papelera de metal algo machacada por el uso. Los cuatro puntos de luz anclados en las lamas metálicas del techo practicable resultan suficientes aunque quizá poco efectistas.

Por la mañana, junto a la recepción en un salón de mesas con mantel de tela y sillas blancas se sirve el desayuno buffet. Sobre un largo armario en un extremo de la sala se exponen a ambos lados un montón de productos fríos y calientes. Una máquina para hacer zumo recién exprimido, zumos de otros sabores, platos calientes (huevos revueltos, chorizo, bacon...), fiambres, quesos, variedad de panes, cereales, fruta cortada y preparada, bollería variada. Dos máquinas de café (una de ellas Nespresso) ofrecen la mejor alternativa para terminar de despertarse. Una muchacha se encarga de recoger las mesas y dejarlas preparadas rápidamente para los siguientes comensales y vigila que no falte nada en el surtido.

La despedida en el mostrador es casi tan fría y protocolaria como la llegada. Nos preguntan por el minibar y adiós.  

Calidad/precio: 
Servicio: 7
Ambiente: 7.5
Habitación: 7.5
Baño: 7.5
Estado de conservación: 8
Desayuno: 8.5

miércoles, 3 de junio de 2020

VIÑAS DE LÁRREDE (LÁRREDE - HUESCA)

VIÑAS DE LÁRREDE (****)
San Juan de Busa 12
22666 Lárrede (Huesca)

Hab: 14 Patricia
Fecha de entrada: 31/08/2019
Tarifa: 157€ (AD)

Entre Sabiñánigo y Biescas, a las puertas del Pirineo Aragonés, y con unas vistas espectaculares de las montañas cercanas, en una finca compartida con dos preciosas ermitas románicas se levanta de nueva planta este chalet de montaña, de dos alturas, construido mayormente en cristal y madera. Ubicado en una ladera, hemos de acceder al jardín desde una verja automática corredera que nos abren desde recepción tras llamarles desde un interfono ubicado junto a unos arbustos. Fuera llueve fuerte, y desde recepción nos indican que subamos con el coche hasta la puerta. Nada más pasar la verja metálica encontramos a la derecha un largo (y algo desordenado) aparcamiento sobre gravilla. Al fondo del mismo una casa típicamente aragonesa con un espectacular huerto. 

Subimos con el coche por una rampa casi hasta la puerta del establecimiento. Allí, en una rotonda ajardinada encontramos además del edificio del hotel, un precioso jardín con piscina, hamacas, tumbonas, camas balinesas... La persona de recepción ha bajado hasta el coche con un paraguas (de una cadena hotelera andaluza) para recogernos y hacerse cargo de nuestro equipaje y del vehículo (que aparcan en el parking de la entrada). Cruzamos un gran porche, hoy deslucido por el tiempo, y accedemos al establecimiento por una enorme puerta de madera antigua abierta. A cada lado hay sendas mesas llenas de folletos, un libro de firmas, revistas... todo algo desordenado. Tanto que la decoración preparada con antiguos esquís, elementos de montaña, adornos florales, algunos espejos... apenas se ven. 

Un paso más y tras una puerta de cristal corredera accedemos a la recepción. Esta es estrecha y larga. A la izquierda se abre la sala de estar/bar, con una enorme cristalera con terraza, bajo la que hay un impresionante macizo de flores y vistas al valle. A la derecha hay un curioso banco tapizado como con piel de animal y una mesa anclada. A continuación una especie de muralla de madera tras la que se refugian dos recepcionistas. No hay mostrador, sino una especie de valla de madera con un espacio de tamaño folio sobre el que se pueden dejar los documentos... Detrás de la "valla" un enorme escritorio lleno de cosas (papeles, cuadrantes, cajas, vasos, ordenadores...) y algo desordenado. 

El recepcionista que nos ha recogido en el coche nos pide los DNIs que transcribe al sistema informático. Mientras imprime los documentos a firmar nos entrega y explica una octavilla con los datos de la reserva, los horarios de los servicios del hotel, la extraña clave del wifi que es gratuito y veloz en todo el edificio... Después de firmar en la pequeña repisa que hay sobre la valla que nos separa de él, nos entrega la llave de la habitación que es una tarjeta con el logo del hotel y un post it con el número de la misma. 

Un par de pasos más adelante, están los ascensores. Justo enfrente una librería abierta con vistas al salón de estar, la puerta del comedor, cerrada en ese momento, en madera, cristal y con unos coquetos visillos, y un rincón que hace las veces de tienda donde se amontonan, desordenados, jerseys, colgadores, portapajas, muñecos, cuadros... Dos ascensores. Nuevos y modernos. En gris, con la pared del fondo en espejo, botones metálicos y un cuadro con publicidad del spa (de pago) que hay en el establecimiento.     

Las puertas del ascensor se abren a una planta rectangular, con el centro abierto con vistas a la mesa de recepción desde arriba. Quizá el techo abuhardillado retumbe demasiado el sonido de lo que pasa abajo. Alrededor de ese balcón se abren las habitaciones. Cada una con nombre de mujer. Suelo de madera clara, paredes igual, sólo rotas por las puertas de madera y los cuadros que con ganchillo indican los números de las habitaciones y sus nombres. Además entre algunas habitaciones hay unos grandes cuadros con fotos de niños. 
Acercamos la llave a la moderna cerradura metálica de la puerta, y se abre. Tras ella, el olor a madera lo llena todo. Un primer pasillo de techo bajo y pared pintada con un papel con dibujos de animales de caza en blanco y negro que da la sensación de ser tela. La parte baja de la pared está simplemente pintada en blanco. Varios interruptores de luz de la marca B-ticino y una ranura para meter la tarjeta que activa la luz. En ese pasillo también encontramos la puerta del baño, corredera de madera con cuadrados de cristal y un coqueto visillo que tapa aquellos trozos del cristal que dejaran a la vista el interior del baño.

Un paso más adelante está el dormitorio. El techo allá arriba, a cinco metros de altura. La pared sigue con el papel blanco y negro de motivos animales y al fondo una enorme cristalera. El recepcionista que nos ha acompañado hasta la habitación nos enseña el curioso sistema de polea que hay establecido con dos grandes bloques de madera para correr las cortinas que protegen la ventana, que se abre a un pequeño balcón con coqueta barandilla de madera decorada con flores de lis y con vistas al jardín del hotel aquí abajo, a un feo monte ahí delante y a una pequeña torre medieval allí arriba.

Nada más entrar en el dormitorio, a la izquierda hay un sencillo display para manejar el aire acondicionado que aunque no es ruidoso, tampoco es silencioso. Una rueda para la temperatura y varios botones para regular la intensidad. Allí mismo nace una escalera de madera, algo estrecha y empinada que sube a una especie de segundo piso abalconado y abuhardillado. En ese espacio encontramos colgando de la pared una televisión plana, un aparador antiguo con varias revistas de decoración en su interior y una mesa de centro también antigua. Bajo un aplique de luz de pequeños cristales anclado a la pared y junto a unos cuantos enchufes encontramos dos confortables butacas protegidas con unas fundas de pelo blanco. Ambas situadas sobre una gruesa alfombra de color gris. La madera de la pared y del suelo, limpia y agradable.

Volviendo al dormitorio encontramos, antes de la ventana, y junto a una fina columna revestida en madera con un colgador en forma de diminuta cabeza de animal, un armario de madera sin barnizar, como casi toda la que hay en la habitación, que hace las veces de maletero y de escritorio. Sobre este hay varias carpetas con información sobre el hotel y la zona, y una bandeja de plástico con motivos florales con dos vasos y una botella e agua de cortesía que se agradece. Quizá falte el minibar, aunque con los precios que hay por ahí... Bajo la escalera que desciende del saloncito hay otro maletero de madera negra y cintas de tela, en una zona con varias humedades en la pared. Además un armario con varias baldas abiertas y otro, cerrado, con puertas con tiradores de metacrilato que ofrece un colgador con perchas normales, una pequeña caja fuerte, la bolsa de la lavandería y un par de juegos de zapatillas de baño. 
La cama es doble, con dos colchones unidos por una misma lencería: Sábanas blancas, colcha en tono blanco y un plaid a los pies en tono grisáceo. El colchón resulta confortable y la variedad de almohadas y cuadrantes permiten el elegir el más adecuado para nuestro cuello. No tiene cabecero y aparece directamente empotrada en la pared, aunque en esta hay una línea de luz led muy agradable que crea una cálida sensación. A cada lado de la cama hay sendas mesillas de madera, sobre una un gran teléfono, y sobre la ambas, anclados a la pared, dos brazos de luz direccionables para la lectura desde la cama. Además un montón de interruptores para encender o apagar todas las luces. El efecto de estas es más que agradable y variado.

El descanso es correcto, porque el hotel es tranquilo y el entorno más. Aún así, la gran cortina que trata de cubrir la descomunal ventana no consigue evitar que por los laterales se cuele la luz de la mañana. Por otro lado, hasta la media noche avanzada se escucha demasiado el sonido de lo que pasa en la planta inferior (restaurante, recepción...). Durante la noche el silencio es extraordinario.

Quizá echemos en falta un espejo de cuerpo entero, porque tampoco en el baño lo vamos a encontrar. Este es cuadrado, de tamaño normal revestido por completo en baldosas porcelánicas hasta media altura, y luego tras un friso de madera, un papel pintado muy elegante en tono crudo con listas negras. A la izquierda encontramos el inodoro y a su lado una papelera en sitio algo incómodo y que puede molestar a personas con piernas grandes. A la derecha, el lavabo exento y generoso sostenido sobre una mesa de madera a juego con el resto de la habitación. Sobre ella en una bandejita blanca un bote grande negro y rellenable de jabón de manos y cuatro botecitos de champú, acondicionador, gel y crema hidratante de marca no personalizada para el hotel. Además dos vasos de cristal. En la parte de abajo de la mesa se ofrece un secador de pelo de mínima potencia y dos toallas de manos y dos de ducha de buena calidad y tamaño. Encima del lavabo, cuelga de la pared aunque descentrado de la encimera, un pequeño espejo ovalado con el marco en metal con motivos vegetales. Insuficiente tanto su tamaño como la luz que ubicada sobre el techo justo encima crea espacios de sombra. Junto a la puerta, lejos del lavabo hay otro espejo direccionable de aumento. Dos colgadores negros para las toallas completan la decoración, además de un chirriante cartel pegado en la pared avisando de la necesidad de ahorrar agua o algo parecido.. 

En la pared de enfrente hay un enorme calienta toallas que hará las veces de radiador en invierno. En él, para completar el set de lencería de baño, una alfombrilla para la ducha. Esta está protegida en una generosa cabina con una mampara de cristal. En su interior hay un colgador de cinco ganchos de estilo rústico (igual que los colgadores del lavabo, el portarrollos... todos decorados con flores de lis). La ducha presenta un doble acabado: en teléfono direccionable y una enorme regadera sobre el techo. La regadera del techo no funciona, porque apenas arroja agua. En el teléfono aunque falta un pelín de caudal, tanto la temperatura como la presión son adecuadas, igual que en el vistoso grifo monomando del lavabo.

Por la mañana, en el restaurante ubicado junto a la enorme cristalera y terraza se sirve un desayuno con un cortito buffet. El zumo de naranja hay que pedirlo y se sirve en unas copas poco agraciadas. Quizá puedan destacar los embutidos (longanizas, chorizos, fuets...) de la zona, jamón y queso (aunque estos sean más bien corrientes), algunos yogures, pan y bollería industrial (a destacar los crujientes croissants), cereales y unas máquinas de café, que emiten mucho ruido, pero a cambio ofrecen una bebida más que apañada. Todo ello bastante desorganizado y en muchos momentos desabastecido. Las mesas, con mantel de papel y servilletas de papel y un camarero que hace lo que puede.

Frente a la muralla de la recepción en la salida el personal nos pregunta por nuestra estancia, por si hemos estado a gusto y aunque promete enviarnos la factura por email, esta no llegó. Sale de su puesto para despedirnos en la puerta con un apretón de manos mientras nos entrega dos botellas de agua fresca para el camino. No está mal.

Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 8.5
Baño: 7
Estado de conservación: 9
Desayuno: 7.5
Valoración General: 8