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miércoles, 13 de diciembre de 2023

NH BARCELONA ENTENZA (BARCELONA)


NH BARCELONA ENTENZA (***)
Calle Ecuador 20
08029 Barcelona

Habitación: 201
Fecha de entrada: 14/09/2023
Tarifa: 185€ (SA)

Cerca de la estación de Sants, en el popular barrio de Les Corts, en una tranquila calle, junto a un parque de poderoso arbolado y adosado a un moderno edificio en cuyos bajos hay un luminoso bar con terraza encontramos un bloque de ladrillo oscuro, de cinco plantas, con ventanas en aluminio blanco y grandes lienzos de sólo piedra. Todo ello sobre una recepción ubicada un poco por debajo de la línea de la calle y totalmente acristalada a dos calles. 

Una puerta de cristal automática nos sitúa ante media docena de escaleras que nos dejan en una pequeña recepción de las clásicas de la cadena: mármol verdoso en el suelo, paredes de madera brillante, A la izquierda, un par de sofás y una mesa de centro con alguna planta. A la derecha varios espacios para folletos y propaganda turística y justo enfrente un potente mostrador de recepción, en la misma madera y con la parte superior en mármol. Sobre él una lámpara, algunos folletos de la cadena y un monitor de ordenador. Tras él una zona de trabajo algo desordenada y una joven sentada en una silla que se levanta al vernos entrar y nos atiende con rapidez 

Pese a ser frecuentes en la cadena hay que volver a teclear los datos, aunque al menos se hace de manera rápida. Nos asignan la habitación y nos piden que paguemos en ese momento. La factura ya nos la entregarán a la salida. Por fin nos entrega la llave de la habitación en forma de tarjeta en un cartoncillo donde encontramos la clave del wifi gratuito que funciona con normalidad por todo el hotel. Hacia la derecha, un estrecho pasillo que conduce hacia el salón de desayunos nos presenta a la izquierda los dos ascensores. Uno más grande que el otro. Suelo de mármol verdoso, paredes en aluminio y espejo, un cartel con los servicios del hotel y de la cadena. Las puertas se abren en un distribuidor algo frío y desangelado.

Paredes en vescom claro, suelos de porcelana blanca y luz fría desde el techo. En las paredes unos carteles de madera y metal indican la dirección de las habitaciones, que se abren en sendos pasillos a derecha e izquierda. El suelo hace demasiado ruido con los zapatos y las ruedas del equipaje. Puertas de madera algo rojiza con pomos metálicos de ranura para meter la tarjeta se abren a derecha e izquierda. Al final del pasillo encontramos nuestra habitación, junto a la puerta que da acceso a las escaleras.

Tras la puerta, y antes del dormitorio, un pasillo con suelo de mármol blanco, paredes de madera y techo bajo también en madera. En el lado izquierdo hay tres interruptores de luz en blanco. Al estar la luz activada -sin tener que meter la tarjeta en una ranura- la habitación nos recibe con el aire acondicionado encendido, y una sensación de frescor que se agradece en contraste con el calor de la calle. El aire acondicionad se maneja con un display ubicado en ese pasillo un poco más adelante, con un botón de encendido y apagado, otro de potencia y una rueda para seleccionar la temperatura. Funciona de manera casi silenciosa y muy eficaz. En la pared derecha hay un cuadro abstracto en colores arena y justo enfrente la puerta del baño, más estrecha de lo normal, en madera con pomo metálico.

Una puerta separa y aísla ese pasillo del dormitorio. Una vez dentro llaman la atención las dos camas porque -pese a ser más cortas de lo normal- ocupan casi todo el espacio, dejando muy poco trozo de paso a sus pies. A la izquierda encontramos el armario empotrado, con dos puertas de espejo correderas. En su interior, un lado con baldas y en el otro un colgador con seis perchas antirrobo con el logotipo de la cadena. Dentro encontramos la bolsa de la ropa sucia, una gamuza limpia zapatos, un calzador y una caja fuerte.

Paredes en vescom color arena, suelo de madera limpia pero algo ya desgastada y arañada en algunos tramos. Techo en blanco, donde destaca visualmente que el detector de humos está medio arrancado. En el lado izquierdo se sitúan las camas. Dos. Más estrechas y cortas que lo estándar. Sobre canapés blancos, colchones de gran calibre, un nórdico algo asfixiante y dos almohadas de distintos tamaños. Todo ello en color blanco, empotrado contra un cabecero de madera, que a su vez tiene incrustado otro de tela azul acolchada algo desgastada. A cada lado de las camas sendas mesillas de madera y mármol blanco con ruedas, que permiten acceder a un enchufe -algo destartalado- que queda detrás de la misma. Sobre una de las mesillas un par de caramelos. Sobre la otra el mando a distancia de la televisión, un bloc de notas, un bolígrafo y un moderno teléfono en color negro. Encastradas en el cabecero dos lámparas de noche de metal y tulipa blanca, con luz agradable pero escasa para leer en la cama. Sobre las mesillas interruptores para apagar todas las luces de la habitación. El juego de luces puede resultar efectista aunque se hecha en falta algo más potente para el trabajo o la lectura durante la noche.

A continuación de las camas, y en el espacio que queda hasta la ventana, se presenta un generoso maletero de madera y tela azulada a juego con el cabecero. La pared del fondo recoge la ventana, con doble contraventana de aluminio gris. Fuera, vistas a un parque arbolado con mucha luz. Y dentro un foscurit bastante sucio y cochambroso protegido por un estor de tela blanca también desvencijado. Ambos impiden con bastante efectividad el paso de la luz. La insonorización exterior es correcta, y 

En la pared de la derecha, justo en el estrechísimo paso que queda a los pies de las camas, encontramos una televisión de pantalla plana colgando de la pared. A continuación una papelera metálica con bolsa de plástico y un escritorio confortable, la mitad en madera y la otra mitad en mármol blanco. Sobre él, dos botellas de agua de cortesía, una bandeja con una copa, un vaso, unas servilletas, la carta del room service y una pequeña lámpara de pie de metal con tulipa blanca. Bajo el escritorio encontramos el minibar, de puerta transparente y buen surtido con cervezas, refrescos, zumos y snacks, y una cómoda y moderna silla de trabajo en piel blanca y metal, giratoria y con ruedas. En el espacio que queda entre la mesa y la pared hay hueco para descolgar un cable de algún aparato electrónico y enchufarlo en un enchufe que queda disponible, después de mucho buscarlo.

El baño resulta algo justo de tamaño. Empezando por su puerta, que es bastante más estrecha de lo normal. Mármol blanco en las paredes y el suelo, y tres puntos de luz -algo fría- en el techo. A la izquierda, y en forma diagonal hay una encimera también en mármol con un lavabo en porcelana blanca y un grifo monomando del que sale demasiado aire. Anclados en la pared, junto a un potente secador de pelo y una caja de plástico de pañuelos de celulosa, un bote de jabón de manos y otro de crema hidratante. Sobre la encimera en una bandeja de porcelana blanca hay un par de vasos de cristal y un gorro de ducha. Hasta el techo un enorme espejo. Por debajo, una papelera metálica de pedal y un pequeño radiador. 

Antes de la bañera, que ocupa toda la pared del fondo encontramos el inodoro y el bidet, enfrentados de tal forma que queda poco espacio para pasar. Encima del inodoro, un teléfono anclado a la pared, y encima del bidet un toallero metálico que ofrece dos toallas de lavabo y dos de ducha, de calidad ya algo justita.  Una mampara con dos piezas, una de ellas móvil evita que el agua salga fuera de la bañera mientras nos duchamos. En el interior, además del pie de ducha, a juego con las toallas, encontramos tres botes anclados a la pared con champú, gel y acondicionador, una rejilla extractora de aire y una grifería rematada en una ducha de alcachofa bastante grande. Sin embargo la presión y el caudal son escasísimos, además de que cada x tiempo el agua pasa a ser gélida, para volver después a la temperatura establecida con el grifo monomando.

A la mañana siguiente en la salida, poco más que el trámite de entrega de la factura y un adiós. 

Calidad/precio: 6
Servicio: 7.5
Ambiente: 7
Habitación: 6.5
Baño: 6
Estado de conservación: 6.5
Desayuno: 
Valoración General: 7

miércoles, 1 de noviembre de 2023

NH COLLECTION BRUSSELS GRAND SABLON (BRUSELAS)

NH COLLECTION BRUSSELS GRAND SABLON (****)
Rue Bodendroek 2
1000 Bruselas

Habitación: 538
Fecha de entrada: 2/10/2023
Tarifa: 185€ (SA)

Junto a la Iglesia del Sablon, en una coqueta plaza semi ajardinada, rodeada de edificios medievales con bonitas tiendas y bulliciosos restaurantes, encontramos un edificio de estilo antiguo, con seis plantas, tejado inclinado de pizarra negra, ventanas de aluminio marrón a cuadros y cierto aire imperial. Unos toldos rojos nos señalan la entrada principal, que hallamos bajo un cuidado pórtico rematado en un balcón con reja. Una mullida alfombra roja con el logotipo de la cadena invade la acera entre medio de una tienda de chocolates y una joyería, que se meten incluso hacia el interior del hotel. 

Una puerta curva de cristal algo oscuro se abre para, tras pasar un pequeño espacio, cubierto con la misma moqueta introducirnos en un pasillo curvo con poca luz, con la joyería con ventanas en el lado izquierdo y el tranquilo restaurante -del que sale olor a pescado cocinado- en el derecho. Un paso más allá un carrito nos ofrece media docena de variedades de golosinas y chucherías. Y un poco más adelante encontramos el largo y curvilineo mostrador de recepción. Se trata de un potente bloque de madera en tonos blancos y rojos con algunas luces retranqueadas, con cuatro puestos de trabajo en todo lo largo que es. Por encima algunas lámparas y algún cartel con información del hotel. Todo muy limpio y despejado. Luces tenues y suaves que dejan ver allá al fondo la tranquila y en ese momento vacía zona de desayuno. 

Nos atiende una joven simpática que se presenta y se pone a nuestra disposición para ayudarnos en todo lo que necesitemos durante la estancia. Nos pide la documentación, rellena los formularios y rápidamente nos asigna una habitación entregándonos la tarjeta de hará de llave, en una cartulina de color rojo con la clave del wifi (gratuito y veloz en todo el hotel) escrita en él. Nos indica el horario del desayuno y nos soluciona algunas dudas que le planteamos sobre la estancia y la ciudad. Hacia la derecha sale otro pasillo curvo, que termina en un distribuidor al que llegan tres ascensores. En ese distribuidor además encontramos la puerta de las escaleras, una puerta de emergencia hacia el exterior del hotel, una máquina para limpiar los zapatos y una figura en madera roja con el logotipo de la cadena. 

De los tres ascensores, sólo hay dos en funcionamiento. En el tercero, la pantalla digital indica que está fuera de servicio. Amplios. Más largos que anchos, con paredes de espejo en el que hay incrustada una pantalla de televisión que emite anuncios de la cadena. Botonadura metálica que se retroilumina en azul una vez que la activamos pasando la tarjeta de la habitación por un lector de seguridad. Las grandes puertas automáticas se abren frente a una gran lámina de un edificio histórico de la ciudad. Sobe ella, varios números en plástico dorado indican la distribución y dirección de las habitaciones. Pasillo de suelo enmoquetado en gris rojizo. Paredes de vescom color arena y techos metálicos practicables algo bajos. Las puertas de las habitaciones, en madera clara tienen  anclados los números en ese mismo plástico dorado. Pomos metálicos plateados con una zona en negro a la que acercar la tarjeta para abrir la habitación. Junto a la puerta hay un timbre y dos luces una verde y otra roja para indicar el no molestar o que la habitación está disponible para ser limpiada. 

Cuando entramos en la habitación comprobamos que tiene dos camas en vez de una como habíamos pedido, así que volvemos a recepción y rápida y amablemente nos asignan otra habitación con una enorme cama king. Tras la puerta, suelo de madera, en algunos puntos algo desgastada, paredes de vescom arena y maderas en tono claro. A la derecha, un interruptor para la luz, otro para encender las luces roja o verde del exterior. A continuación, la puerta del baño. Todo el lado izquierdo es un enorme armario abierto, sin puertas, aunque hay alguna preinstalación para que hubiera podido tener una corredera. Iluminado por dentro de forma muy agradable, dispone de un cuerpo con baldas, otro con una barra colgadora con perchas normales de madera y una cajonera (donde encontramos el calzador, una gamuza lustrazaptos y la bolsa de la lavandería) terminada en un maletero acolchado. En el último tramo más baldas con el minibar, de puerta de cristal, una bandeja con copas y vasos y la caja fuerte. 

A continuación, el dormitorio, y junto a la entrada, el display del aire acondicionado. Parece de sencillo manejo: un interruptor para subir y bajar la potencia y una rueda para seleccionar la temperatura, pero además de que funciona con cierta sonoridad no somos capaces de hacer que el aire salga a la temperatura indicada. La sensación general de la habitación es agradable y moderna, y más que correcta de espacio. En el lado izquierdo, un enorme espejo con un marco clásico decapado en color oro; una mesa de trabajo, en madera lacada en gris claro brillante y patas metálicas. Bajo ella, una papelera también metálica y una comodísima silla de trabajo con ruedas, en piel color crudo y estructura de metal. Sobre la mesa, una bandeja de piel marrón con una cafetera Nespresso, un hervidor de agua, un juego de tazas y varios juegos de café e infusiones. Además una botella de agua mineral de cortesía. Un metálico y moderno flexo táctil ayuda mucho para trabajar. En la pared, dos enchufes disponibles y una más que correcta televisión de plasma. 

En el espacio que hay desde allí hasta la ventana, sobre una alfombra redonda roja encontramos una confortable butaca tapizada en color marrón claro algo sucia, junto a una mesa de centro de cristal y metal y una pequeña lámpara de pie de metal con tulipa en blanco. Detrás la ventana, muy luminosa -con toda la luminosidad que una ciudad como Bruselas puede ofrecer- con vistas a los bonitos tejados de los coquetos edificios que circundan el hotel. Se protege por un blanquísimo foscurit y un visillo blanco. Ninguno de los dos impiden que la luz se cuele bastante por la noche en el dormitorio. 

En el lado izquierdo encontramos la enorme cama blanca. Empotrada contra un cabecero retranqueado y tapizado en piel marrón clara de formas cuadrangulares, estando algunas separadas y conteniendo en su interior una tira de led que crea una agradable sensación lumínica. Dos canapés tapizaos en piel blanca sostienen un enorme colchón de gran calibre cubierto por un suave nórdico envuelto en agradables sábanas y cuatro almohadas de distinto tamaño, grosor y dureza. A cada lado sendas mesillas a juego con la mesa de trabajo: patas de metal y mesa de madera lacada en claro. Sobre una de ellas un teléfono negro moderno, un bloc de notas y un bolígrafo, el mando de la televisión y un folleto de información del hotel. Sobre ambas, interruptores para la luz, y enchufes disponibles. Además empotrados al cabecero hay sendos flexos de luz en plástico blanco y madera dirigibles, con suficiente potencia para la lectura o el trabajo desde la cama. Aunque la insonorización exterior es estupenda, la interior podría mejorar, especialmente en lo que respecta a voces y ruidos en el pasillo.

El baño resulta correcto de tamaño, moderno y nuevo. Suelo en gres color arena y paredes en gris. Dos puntos de luz en el techo, y una tira de led incrustada en el espejo antivaho. Frente a la puerta, una amplia encimera de silestone blanco con patas de metal oscuro. Sobre ella, un lavabo exento en porcelana blanca con un potente grifo monomando, una caja metálica con pañuelos de celulosa, una bandeja de porcelana blanca con dos toallas de manos y dos vasos. Anclados a la pared hay dos botes dispensadores de jabón y de crema hidratante, un espejo redondo de aumento y un secador de pelo de buena potencia. Cuelgan de la encimera toallas de lavabo blancas de buena calidad. 

En el lado derecho queda el moderno inodoro. A su lado dos portarrollos y un generoso radiador calienta toallas del que cuelgan dos enromes, blancas y mullidas toallas de baño con el logo del hotel. En el lado izquierdo una cabina de ducha de plato blanco cerrada con una mampara de cristal casi hasta el techo. Dentro, una grifería termostática se remata en una alcachofa tipo teléfono y en otra de efecto lluvia. Temperatura más que correcta. El caudal y la presión no están mal, pero quizá falte un poquito más del primero.

Por la mañana, salimos muy temprano y nos despide un amabilísimo empleado oriental que nos ayuda a seguir el viaje, nos pregunta si hemos estado a gusto y nos ofrece un café de cortesía por el madrugón. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 9
Ambiente: 8
Habitación: 7.5
Baño: 5.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 
Valoración General: 8

miércoles, 22 de junio de 2016

HOTEL LANDA (BURGOS)

HOTEL LANDA (*****)
Autovía A1 km 235
09001 Burgos

Habitación: 201
Fecha de entrada: 14/05/2016
Tarifa: 180€ (SA)

La respuesta a la petición de reserva en este maravilloso hotel ya presagia que algo distinto y especial encontraremos en él. Si además, la víspera de llegar recibimos otro correo de la encargada de recepción en la que nos reconfirma todo y se pone a nuestra disposición para ayudarnos en cualquier cosa que ocurra cuando lleguemos al hotel, entonces ya entendemos porqué el Landa es un sitio tan especial.


Cualquiera que haya viajado con frecuencia entre Madrid y el norte de España seguro que ha parado alguna vez en esta antigua casa de postas famosa por su cordero, sus huevos fritos y sus morcillas. Junto a aquella antigua casa se construyeron otras edificaciones con habitaciones y se trajo, piedra a piedra una torre medieval de un pueblo cercano, que acoge además de la recepción, las habitaciones más especiales. 

A pié mismo de la Nacional I y justo donde termina la ciudad de Burgos, rodeado de un enorme y tranquilo jardín (con pista de padel, piscina y hasta helipuerto) Landa es un ejemplo de buen hacer, lujo, elegancia y tranquilidad. 

Un timbre nos comunica con la recepción desde donde nos bajan un bolardo que limita el acceso al hotel sólo a los vehículos de los huéspedes alojados. A la puerta de la torre medieval acude raudo un botones elegantemente vestido que se hace cargo de nuestro equipaje y de nuestro coche. Tres escaleras nos sitúan junto a la enorme puerta de madera de la torre medieval. Tras ella dos enormes, pesados y larguísimos cortinones separan la calle de un espacio espectacular. Lo primero que nos impacta es el olor, maravilloso, que impregna todas las estancias del hotel. Huele a elegancia. La luz, tenue que proviene de algunas saeteras de la torre y de una decena de lámparas de pie que decoran el espacio. Una serie de alfombras muy gruesas en color crudo cubren el suelo. A la derecha una señorial escalera, también alfombrada y decorada con un enorme escudo de la España medieval. A la izquierda una zona con varios sofás y butacas, espejos y mesas bajas... todo ello cómodo y tranquilo para la lectura. 

Bajo la escalera, el mostrador de recepción, de acero y cristal, discreto y elegante. Oculta la zona de trabajo pero se observa como que tuviera dos puestos de trabajo. Es atendido por una simpática empleada elegantemente vestida de blanco. Nos pregunta por nuestro viaje, por si estamos cansados, nos pide la documentación y nos entrega la llave de la habitación, que cuelga de un enorme llavero de madera. El proceso no ha sido rápido, tampoco lento, pero ha sido sumamente cordial. 

La recepcionista sale del mostrador y nos acompaña al ascensor. Queda junto al mostrador de recepción en una puerta de madera separada por un enorme y elegante pórtico geminado de estilo gótico. El ascensor es antiguo, pero enorme. De madera todo él con un elegante espejo. Sube despacio la planta que nos separa de nuestra habitación. Al abrir la puerta un enorme espacio cuadrado de techos enormes y decoración medieval: algunas cómodas, unos espejos y algunas lámparas de pie. A la derecha nuestra habitación, a la izquierda otra y enfrente una bellísima puerta de madera que da a un salón.

El pomo de la puerta queda un poco bajo, pero se olvida en cuanto uno traspasa el umbral de la misma. Luz a raudales, pese a que la habitación sólo dispone de tres ventanas que se abren en la torre. El mismo olor elegante que en el resto del establecimiento. Moqueta en el suelo, de color crudo, mullida y sumamente limpia. 

Al abrir la puerta encontramos hacia la izquierda un pasillo corto que nos deja en el dormitorio. Enorme. Destaca especialmente la gigantesca cama de 2x2 hecha en forja dorada rematada con un dosel coronado. Del cabecero cuelga una rica tela de lino en tonos arenas. A cada lado de la cama hay una mesilla. En una lado una mesa camilla redonda pequeña, vestida con faldas en tonos verdosos muy elegante. En el otro lado una mesilla clásica rectangular de madera. Sobre ellas elegantes lámparas con pantalla. Junto al cabecera e incrustadas en la pared hay un par de brazos direccionables de luz para la lectura. Sobre las mesillas interruptores para apagar las luces del dormitorio y el pasillo y un par de enchufes disponibles para los gadets tecnológicos. La cama es comodísima. Exquisitamente vestida con sábanas de hilo lavadas y planchadas en el Monasterio de las Huelgas. Dos almohadas excelentes, aunque por la noche, en el servicio de cobertura, nos ofrecen además, un cuadrante más voluminoso, un pie de cama, una chocolatina y una botella de agua. 

Al pie de la cama se ofrece un descomunal maletero de tijera. Quizá excesivo. Junto a la puerta de entrada al dormitorio hay una enorme cómoda de madera oscura sobre la que hay un gigantesco plasma y una cadena de sonido. A su lado, una silla. Y sobre ella un sencillo display para el aire acondicionado con una rueda que le hace funcionar de forma silenciosa y automática. La pared pintada en tono arena clara parece algo manchada por el roce de la televisión, que es direccionable para verla desde la cama, o desde la zona de estar que hay en el otro extremo del dormitorio. Sobre otra gruesa alfombra y haciendo una L se dispone un enorme y mullido sofá doble, una butaca independiente y una mesa auxiliar, cuadrada, con una lámpara con pantalla. En ella se ofrecen unas fresas en una delicada cesta de mimbre. 

La estancia se ilumina con las lámparas de las mesillas, la de la mesa auxiliar, una lámpara de pie para la lectura que hay junto al sofá doble y unos focos que hay incrustados en el techo. Todo ello consigue crear un ambiente cálido y acogedor. Además, una enorme ventanal se abre al jardín en primera instancia, aunque allí adelante vemos los camiones que sin descanso recorren la carretera que une Madrid con Irún. La ventana cierra espectacularmente bien y no se oye un sólo ruido del exterior del hotel. Tampoco del interior. La ventana además tiene unas poderosas contraventanas de madera que se cierran desde el interior y una pesada y rica cortina. Junto a la ventana, enmarcado hay un trabajo de ganchillo con una imagen de San Antonio.

Frente a la puerta de la habitación encontramos tras una mampara de cristal y elegante acero, un enorme vestidor con zona de trabajo. El suelo sigue siendo de moqueta y la estancia se llena de luz con la ventana que da al jardín, algo matizada con la maceta que hay en su alfeizar. Enormes y pesados cortinones la separan de un precioso escritorio de corte inglés sobre el que descansa una lámpara y varios folletos con información del hotel. La silla no es muy cómoda para el trabajo y hay un par de enchufes cercanos para conectar el portátil. El establecimiento dispone de wifi gratuito y bastante veloz, aunque en algunos puntos la señal es algo débil. La pared de la izquierda de esta estancia es un enorme armario dividido en tres puertas con espejos en dos de ellas. En uno, hay cajones y colgadores de distintos tamaños. Baldas y colgadores en los otros dos. En el último además hay una caja fuerte y un minibar con cuatro botellas de agua de cortesía. En las cajoneras además de un elegante y enorme calzador hay un cepillo de ropa, dos bolsas de zapatos y dos gamuzas para limpiarlos.

La pared de la derecha de esa estancia vestidor/despacho es de nuevo de cristal y acero. Y da al baño. Enorme. Descomunal. Mármol claro en el suelo y en parte de las paredes. Frente a la entrada hay una bañera incrustada en una enorme encimera de mármol marrón algo más oscuro sobre la que se disponen dos albornoces, dos juegos de champú, gel y bodymilk de Loewe, una esponja que crece al contacto con el agua y un par de maceteros decorativos. La grifería en acero impecablemente limpio y cuidado es de corte clásico y un punto rococó. 

Junto a la bañera hay un calienta toallas del que cuelgan dos enormes toallas de baño y un pie de ducha, todos con el logotipo del hotel bordado en azul. Junto al toallero tras una puerta de cristal entramos en una cabina de ducha alucinante. Gran espacio y grifería clásica, como en la bañera. Ofrece una ducha de teléfono y una enorme alcachofa con un punto antiguo de la que sale un excepcional caudal, a una fenomenal presión y con la temperatura que deseemos. 

A la derecha de la entrada al baño, tras otra puerta de cristal encontramos el inodoro y el bidet, también de corte clásico y en porcelana blanca. A la izquierda de la entrada en una encimera de mármol con patas de madera se ofrecen dos pilas de lavabo de metal, con grifería clásica y sobre la que se dispone un enorme espejo hasta el techo. En la encimera encontramos el resto del set de amenities (gorro de ducha, set dental y de afeitado y kleenex) y el resto del impecable juego de lencería de baño (dos toallas de manos, otras dos de lavabo y dos toallas de damasco). 

El baño dispone de dos lámparas con pantallas a cada lado de los lavabos, pero también algunos puntos de luz en el techo. Una ventana saetera también da luz natural a la estancia. La iluminación del baño.

Por la mañana, el servicio de desayuno no está del todo bien conseguido. No hay buffet sino una especie de menú cerrado, a 17 euros que ofrece una excelente bollería, deliciosas mermeladas y mantequillas, excelente café, zumo de naranja natural y varias piezas de fruta que no vienen preparadas ni cortadas. Quizá sea mejor opción desayunar sobre la barra de la cafetería un café con un bollo. 

En la recepción al despedirnos no hay más preguntas que sobre nuestra estancia, sobre lo bien o mal que hemos estado, sobre si pudimos utilizar la piscina o si disfrutamos de la gastronomía. Mientras pagamos, nos dan la factura el botones nos trae el coche a la puerta con el equipaje ya cargado en su interior. 

Calidad/precio: 10
Servicio: 10

Ambiente: 10
Habitación: 10

Baño: 10
Estado de conservación: 9

Desayuno: 7.5
Valoración General: 10