Cesar Martinell 2
08172 Sant Cugat del Vallés (Barcelona)
Habitación: 506
Fecha de entrada: 13/02/2019
Tarifa:
Junto al Ayuntamiento de la ciudad, en una zona de expansión con casas bajas, jardines y amplias calles. En una rotonda que conecta el centro más antiguo con un barrio con modernos edificios de acero y cristal ocupados por empresas, universidades y centros lúdicos. El hotel se ubica en un edificio moderno, exento, de cinco plantas, de color blanco, con grandes ventanas oscuras. De forma ovalada, se encuentra rodeado de cuidadas zonas verdes con algo de arbolado y una terraza para disfrutar cuando el tiempo lo permite.
Delante de la puerta, que aparece protegida bajo una pérgola, hay una generosa zona asfaltada delimitada por jardines que permite parar un rato el coche para la carga y descarga de viajeros y equipajes. Bajo la pérgola, unas puertas correderas de cristal, con el logo del hotel nos introducen en la recepción. Techo blanco, suelo de mármol blanco cubierto con gruesas alfombras en tono rojo. A la izquierda un par de sofás y tapizados en verde en los que esperar. A la derecha, cortinones rojos brillantes que separan la zona del bar y restaurante, en el que amontonan unos cuantos butacones grises con mesas redondas.
Enfrente queda el mostrador de recepción. Largo, en madera
clara, robusto y unido a la barra del bar que empieza allí mismo y continúa hacia la derecha. Desde el
techo cuelgan dos lámparas con pantalla en color crudo y luz amarillenta. Sobre
el mostrador hay un par de puestos de trabajo. Delante de ellos algunas
tarjetas del hotel y algunos anuncios sobre el restaurante del establecimiento.
La pared tras el mostrador está decorada con puertas ficticias. Nadie hay tras
él, pero hay un timbre rosa para avisar a una empleada que sale de detrás para
atendernos. Vestida con un peto vaquero asimétrico, nos pide el DNI y una
tarjeta de garantía. Algo distante y fría. Demasiado procedimental. Tenemos que
preguntarle por todo: horarios, parking, WiFi... Este es gratuito y funciona
bastante veloz y sin cortes en todo el hotel sin contraseña alguna.
A la izquierda quedan los ascensores. Nuevos, modernos y
panorámicos, que ascienden por el edificio de forma ovalada quedando estos en
el centro. Muy luminosos y cuidados, con paredes de espejo y cristal con
información sobre los horarios del hotel. Nos dejan en un pequeño rellano de
moqueta color tierra y paredes pintadas en un gris claro. A derecha e izquierda
se abren como abalconados, los pasillos de las habitaciones. En el suelo hay
algunas luces y algunas rejillas de ventilación. Las puertas, en madera clara
brillante disponen de modernas cerraduras de llave de tarjeta con chip. En el
marco superior, en color naranja, están los números de las habitaciones.

El dormitorio es amplio. A la derecha hay un largo armario
de madera clara que hace las veces de maletero y continúa en un largo
escritorio en el mismo estilo. Sobre él, una enorme televisión plana, y tres
cajas de madera con una bandeja de cortesía con un hervidor, una botella de
agua y una bolsita de té. En una maceta se ofrecen algunos productos del minibar
(patatas, chocolates, snacks...). En la pared hay varios enchufes disponibles y
en lo alto una larga hilera de luz protegida con una alargada lámpara
metálica.
Bajo el escritorio, tras una puerta marrón oscura está el
completo minibar de precios algo elevados, una papelera metálica negra y dos
sillas grandes en madera blanca y roja y con patas de metal. Cómodas para el trabajo, aunque quizá un punto bajas (o la mesa un punto elevada).
La pared del fondo del dormitorio está ocupada por una ventana de derecha a
izquierda. Delante de ella hay una estrecha repisa de madera. Un estor en gris y
un foscurit también en gris algo metalizado protegen, escasamente, de la luz
exterior. Las vistas, a un pequeño jardín aquí abajo, a unas casas de vecinos residenciales y al lateral del ayuntamiento un poco más adelante.
Bajo la ventana hay una pequeña mesa de centro triangular, de madera negra y patas metálicas. Sobre ella hay una carta del room service,
y una cómoda y relajante butaca en madera y tapizada en terciopelo mostaza.
A la izquierda, en una pared pintada de negro, encontramos el
largo cabecero de madera, claro en la zona de la cama, y de madera oscura en
las mesillas. En el hueco que hay hasta la ventana hay un colorido póster de
motivos florales. La cama es grande y cómoda. Con cuatro almohadas. Vestida en
impecable blanco del que destaca, con hilos rojos, el bordado "Sant Cugat" en dos de los almohadones. El colchón resulta cómodo, quizá un punto duro, y el nórdico
que se ofrece es liviano y envolvente.
A cada lado, sendas mesillas, de madera. Sobre una el
teléfono, un lapicero y un block de notas. Sobre la otra, el mando de la
televisión. Sobre ambas, enchufes disponibles para el móvil e interruptores
para encender y apagar todas las luces. Por encima, dos enormes lámparas como
de flexo, regulables en altura y distancia que permiten trabajar sobre la cama
bañados en luz. En general, el juego de luces de la habitación es más que
efectista, aunque quizá las luminarias que hay en el pasillo de entrada puedan
resultar algo frías.
El aire acondicionado se maneja desde un completo y sencillo
display digital. Funciona de manera muy ruidosa, pero eficaz y permite
cualquier temperatura.

A la izquierda de la puerta está la enorme bañera protegida
por una colorista, efectista y antihigiénica cortina de ducha, en un material
plastificado, con el logo del hotel en naranja en el centro. Dentro hay una
buena grifería con una ducha de teléfono con alcachofa de masaje. Presión,
caudal y temperatura son correctas.
Por la mañana junto a la recepción se sirve un amplio buffet
de desayuno quizá demasiado disperso, con puestos con comidas y bebidas por
todo el restaurante. Zumos naturales (incluyendo una máquina para preparar en
el momento zumo de zanahoria), huevos revueltos (mejorables), bacon,
salchichas, fiambres, quesos, bollería y pan recién hechos, algunas tartas,
cereales, distintos tipos de leche... Todo ello servido en un restaurante quizá
escasamente iluminado cuando fuera aún no ha amanecido. Vajilla de aire
vintage, y café, no demasiado malo, que se ofrece en una máquina que además
permite llevárselo en un vaso de cartón.
Justo al lado, en el mismo mostrador, una joven más
servicial que simpática, también vestida con el curioso uniforme, nos cobra la
estancia tras preguntarnos por el minibar.
Calidad/precio:
Servicio: 6Ambiente: 8.5
Habitación: 8.5
Baño: 7.5
Estado de conservación: 9
Desayuno: 8.5
Valoración General: 8
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