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lunes, 2 de noviembre de 2020

HOTEL EUROPA (JAÉN)

HOTEL EUROPA (***)
Plaza de Belén 1
23001 Jaén 

Habitación: 209
Fecha de entrada: 26/06/2020

Tarifa: 66,66 (AD)
En el mismo centro de la ciudad. Junto al casco histórico y a la zona comercial, en una pequeña plaza rodeada de casas bajas encontramos un pequeño edificio de cinco alturas, empotrado junto a otras viviendas. Planta baja en gris y cristal con la recepción. Dos puertas de acceso. Una con escaleras, un jardín central y otra entrada con rampa. Por encima, el edificio se presenta pintado totalmente de blanco, con enormes letras de distintos tamaños y estilos pintadas en negro: Jaen, Europa, Hotel.

Tras la puerta de acceso, hay un espacio amplio y profundo. Atravesamos dos pequeñas jardineras a cada lado y quedamos frente a la recepción, que queda a la derecha. Se trata de una mesa baja en forma de U, en blanco y protegida con enormes mamparas de metacrilato que cuelgan desde el techo, que para algo estamos en pandemia. Sentado tras la mesa, un hombre nos atiende amablemente. El trámite de check in resulta cansino, como siempre. Un DNI, el otro... Y mientras tanto, poco más. Sobre la mesa, un montón de displays con carteles avisando de demasiadas cosas: mascarillas, gel, el desayuno, el acceso al hotel... Por fin nos entrega un documento a firmar y una tarjeta blanca con una pegatina con el número de la habitación que hará de llave. Además nos indica el horario del desayuno. No hablamos del wifi, pero luego desde la habitación llamamos y nos indica la extraña contraseña. Es gratuito y funciona bastante bien en todo el edificio.

A la izquierda de la recepción se abre un gran espacio que hace las veces de business center, desayunador y zona de descanso. Hay sofás, mesas, sillas, el espacio para el buffet. Todo ello rodeado de paredes pintadas en blanco, y en gris con grandes dibujos y grafitis con siluetas de la ciudad y la provincia y algunas frases de poetas de la zona. Al fondo del todo, una mini terraza acristalada con paredes en verde botella intenso y las mismas letras que en la fachada exterior.

La única luz que entra, que no es poca, viene de la calle a través de la cristalera de entrada. En cualquier caso la sensación, aunque moderna resulta algo gris y languideciente, quizá acentuada por el brillante suelo blanco porcelánico. Frente al mostrador de recepción hay dos puertas metálicas. Entre medio un totem con un dispensador de gel hidroalcohólico. A la derecha el guardamaletas y a la izquierda, el ascensor.

Este resulta angosto y pequeño: para dos personas con poco equipaje. Un altavoz indica por qué piso vamos pasando. Un espejo de medio cuerpo en la pared del fondo. El resto de paredes pintadas en morado con escudos de la ciudad en la parte superior de cada pared. Carteles plastificados con horarios y descripciones de algunos servicios del hotel por todos los sitios. Las puertas se abren a un pequeño recibidor. Suelo de moqueta gris, muy mullida y acolchada con algunos motivos en rojo. La pared de enfrente, muy cercana, pintada en rojo fuerte con un 2 enorme en blanco y varias indicaciones con la ubicación de las habitaciones. Techo practicable en tono gris oscuro demasiado bajo.

Nuestra habitación queda hacia la izquierda, después de atravesar una puerta de madera gris con pomo en metal. Tras ella encontramos la puerta de la habitación, también en gris, moderna, con un sensor al que acercar la tarjeta. Junto a la puerta, hay un piloto de luz verde, que torna a roja cuando tras abrir la puerta introducimos la tarjeta en la ranura de la luz, como para indicar que la habitación está ocupada. 

La sensación al entrar es de fresco y luminosidad. Suelo de madera blanca clara, limpia y cuidada. La pared de enfrente en un intenso verde botella. Hacia la derecha dos pasos de pasillo ancho y la habitación, grande y espaciosa. Allí mismo dos camas, con un cabecero de madera clara, la misma con la que jugarán todo el mobiliario de la habitación. Sobre este, la pared sigue en verde. Arriba en el techo, sobre las cabezas de la cama, dos puntos de luz. A cada lado sendas mesillas vacías por dentro. Sobre una, un teléfono negro. En ambas, enchufes, interruptores y dos lámparas metálicas de forma rectangular que emiten luz hacia arriba y hacia abajo. Las camas están vestidas con una sencilla colcha de color crudo. Dos almohadas en cada una. Aunque el equipo de descanso es cómodo, la cama resulta corta para los que somos de tamaño excesivamente alto. Las sábanas limpias y quizá algo ásperas del lavado industrial. Junto a una de las mesillas cuelga feo sobre la pared un folio con algunas instrucciones sobre la política anti tabaco del establecimiento. El descanso no es difícil, porque el hotel resulta tranquilo, y nuestra habitación queda aislada. Aún así se escucha de vez en cuando algún portazo en otros pisos. 

Hacia la derecha de la habitación está el armario. Empotrado con puertas correderas. En una mitad, un colgador alto. Arriba, en una balda, una manta extra. En la otra mitad, cajones, baldas y la caja fuerte. Junto al armario un maletero de madera a juego con el resto de mobiliario de la habitación. Sobre él, el sencillo display del aire acondicionado que funciona perfectamente de forma eficaz y silenciosa: una pantalla digital y tres botones, uno de encendido y apagado, y otros dos para subir y bajar la temperatura.

En la pared enfrentada a las camas hay una ventana y un balón con vistas a un estrecho patio interior pintado en blanco con las mismas letras negras que la fachada. Ambas están cerradas por sendos foscurits blancos y visillos en crudo. Ninguno de los dos termina de cerrar bien y por la mañana desde bien temprano la luz inunda la estancia.  Entre la ventana y el balcón hay una mesa de escritorio generosa. Con una silla de polipiel cruda y patas metálicas. Sobre la mesa una carpeta con información del hotel, el mando a distancia de la televisión y una lámpara de mesa con pie metálico y pantalla en color arena. Bajo la mesa, una papelera metálica y sobre ella, colgando de la pared, una televisión plana con los cables colgado por la pared hasta el enchufe. Hay dos enchufes allí disponibles, para enchufar algún otro aparato electrónico, a cambio de desenchufar la televisión o la lámpara. 

En la pared del fondo, junto a una silla que desentona en madera y tapizado morado, hay un hueco sin puerta que entra al baño. Está separado en dos tramos. En el primero, como insertado en la habitación, encontramos el lavabo. Con una encimera blanca grande. Bajo ella una balda con dos generosas toallas de ducha y dos de manos. Correctas en factura y cuidado. Sobre la encimera en una bandeja de plástico blanco hay dos vasos, tres botes de champú-gel y una pastilla de jabón. Sobre el lavabo, un espejo grande de lado a lado que llega casi hasta el techo. El lavabo, redondo y pequeño incrustado en el centro de la encimera tiene el lavabo algo descolocado, y demasiado fuera de la pila, haciendo algo incómodo el lavado de manos. En la pared derecha, un secador de pelo de escasa potencia y en la pared izquierda, un espejo de aumento. Un punto de luz grande, situado en el centro del techo de esa zona llena el espacio de luz, algo fría. La pared tras el espejo aparece pintada en un color malva también vivo.


A la izquierda del lavabo, una puerta de madera gris da acceso a otro espacio generoso con el inodoro, el bidet y una cabina de ducha. El suelo sigue siendo de la misma madera que la habitación, y las paredes una gris y la otra malva. Detrás de la puerta hay dos esconchones grandes en la pared. La cabina de ducha resulta grande y generosa. Teselas grises en el suelo y algo más claras en las paredes. Mampara fija de cristal con un detalle en vinilo morado. Dentro una ducha de teléfono y una regadera efecto lluvia. El grifo resulta algo lioso de utilizar, pero una vez que uno entiende que el grifo de abajo es para la potencia, aunque tenga un piloto azul, y el de abajo para la temperatura, aunque tenga un piloto rojo, ofrece un excelente caudal, temperatura y presión. A los pies de la ducha, una pequeña alfombrilla de baño. Luz igualmente fría en esta estancia.

El desayuno, aunque es buffet, se encuentra muy limitado por las medidas de seguridad anti coronavirus. Unas cuantas mesas protegidas con metacrilato permiten ver los productos, y una camarera nos los ofrece en una bandeja tras nuestra selección. El surtido es algo justo en la oferta, pero aceptable en la calidad destacando los panes de diversos tipos y el aceite local también de diversos tipos. A ello se le añaden zumos, cereales, fiambres y queso, tomate rallado y algo de bollería. El café, preparado en una máquina expresso es bastante aceptable.

Después en la recepción, la misma frialdad que en la llegada y el mismo tedioso procedimiento de factura y pago. Al menos como no hay minibar en la habitación no nos tienen que preguntar por él. El recepcionista se interesa por la continuación de nuestro viaje y por si necesitamos ayuda con ello, cosa que agradecemos.

Calidad/precio: 8.5
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 8
Baño: 8
Estado de conservación: 8
Desayuno: 7.5

miércoles, 7 de febrero de 2018

HOTEL ZENIT EL POSTIGO (ÚBEDA - JAÉN)

HOTEL ZENIT EL POSTIGO (***)
Calle Postigo 5
23400 Úbeda (Jaén)

Habitación: Suite 1
Tarifa: 90€ (A+D)

En el mismo centro de Ubeda, al inicio del casco histórico encontramos un edificio moderno, totalmente blanco con varias ventanas cuadradas que rompen de forma irregular la fachada. Hay una puerta lateral en una calle estrecha, y la puerta principal en un pequeño patio con unos naranjos aquí y la pequeña piscina rodeada de madera de teka un poco más allá. 

Unas pocas escaleras junto a una fina barandilla de metal negro nos dejan en la entrada principal, de cristal. Sobre ella en unas letras estilizadas de hierro negro, el nombre del hotel. Y justo enfrente el pequeño mostrador de recepción en madera negra, con una pantalla de ordenador sobre el mismo y un timbre clásico de hotel. Detrás un armario biblioteca con carpetas, expedientes... Suelo de mármol, paredes blancas y un punto de frialdad en el ambiente, quizá debido a la ausencia (en ese momento de luces artificiales). 

De pié nos atiende una simpática joven que se desvive por explicarnos todos los servicios del hotel: la piscina, la sala de estar, el parking cercano, el horario del desayuno. ‎Nos dice que tiempo habrá para recoger la documentación, que se la dejemos y que nos instalemos y antes de salir nos la devolverá. 

El espacio no es muy grande. Pero si moderno, muy luminoso (la luz entra por numerosos vanos que hay en el edificio, además de por la puerta principal y por una de las paredes del acceso que también es de cristal) y algo fresco, que se agradece porque fuera cae la canícula.  

A la izquierda un pasillo cuesta abajo con una mesa con folletos de la ciudad sale a una tranquila y estrecha calle lateral. A la derecha allí mismo se abre la sala de estar, con varias mesas con sillas, cómodos sofás y amplios butacones. Una chimenea con tiro, para los meses de frío, varios juegos de mesa y un excelente equipo de sonido en el que podemos elegir la música que envuelva el espacio. Desde allí también podemos acceder a la piscina. 

Volvemos sobre nuestros pasos por un pasillo de suelo de madera hasta el ascensor. Nuevo, moderno, con botones en un lateral y un espejo al fondo. Subimos un piso y salimos a un pasillo con una pared de cristal a la derecha con vistas al patio de entrada. Suelo de limpia madera oscura. Avanzamos el ancho pasillo siguiendo unas indicaciones en forja negra sobre paredes blancas. A tramos el suelo aparece cubierto por unas ‎alfombras negras algo arrugadas que amortiguan el ruido de los pasos y de las maletas. Las luces se encienden con detectores de presencia a nuestro paso. Al fondo del corredor encontramos nuestra habitación. 

La puerta, de madera oscura, se abre insertando ‎la tarjeta en una moderna manivela. Dentro el espacio es grande y generoso. Suelo de madera clara muy cuidada, paredes en vescom color arena. Junto a la puerta una ranura para la tarjeta. El espacio total es rectangular, con un cuadrado en medio que alberga el baño y el armario con pasillo a ambos lados. 

En el primer espacio, frente a la puerta, está el salón. En el otro espacio, el dormitorio. En ambos espacios y en el pasillo hay ventanas que dan al exterior del hotel, sobre el patio de naranjos que decora la entrada. Todas las ventanas están protegidas por un estor blanco y por un cortinón en tonos rojos metálicos. Pese a ello, la luz de la mañana se cuela a raudales en la habitación. 

El mobiliario del salón se compone de un sofá con dos butacas en tonos anaranjados, una mesa baja de cristal, un maletero de madera y  una mesa larga como de escritorio en madera negra‎. Sobre ella, una televisión plana y una cafetera de cápsulas con un generoso surtido de cafés, tes, chocolate, chocolatinas... Además varios folletos y revistas con información del hotel, de la ciudad y de la zona. La luz artificial, quizá algo escasa, se complementa de sobra con la luz natural que entra por la ventana. Todo ofrece esa sensación de modernidad algo "brillante" que se lleva en algunos hoteles. 

En el pasillo en el que encontramos la puerta -corredera- del baño está el display digital del aire acondicionado. Funciona perfectamente, aunque no tiene la opción auto. Es algo ruidoso para dormir con él encendido, pero una vez encendido es sumamente eficaz y en pocos minutos tenemos la habitación refrescada.

La zona de descanso es tan adecuada de tamaño como el salón. Quizá falte un maletero. Una cama, enorme para ser individual, algo justita para ser doble, vestida con una colcha dorada y unos cojines rojizos y dorados. A cada lado sendas mesillas sobre las que cuelgan curiosas lámparas de noche de brazo enrrollado. En una de las mesillas, un teléfono. En la otra, un cartelito que indica que en el armario hay almohadas más y menos duras que la que ofrece la cama. Sobre ambas, enchufes para recargar nuestros gadets electrónicos. 

La cama está vestida con sábanas blancas y una suave colcha. El colchón es cómodo y la almohada que se ofrece algo dura, pero podemos cambiarla por otra de las del armario. A los pies de la cama hay una enorme ventana a la puerta principal. Y junto a ella un pequeño y modesto escritorio de madera oscura, sumamente pequeño con una televisión plana que apenas deja espacio libre y una silla de piel blanca con patas metálicas. Bajo la mesa, un enchufe disponible.

El descanso resulta fácil. La cama es cómoda y el silencio en el hotel es casi sobrecogedor. La insonorización tanto interior como exterior (aunque fuera todo está muy tranquilo) es digna de mención.  

El baño quizá resulte un poco pequeño. La puerta corredera, al ser así, no aísla totalmente ruidos y olores. Paredes de mármol color arena hasta casi el techo. A la derecha el inodoro y el bidet en porcelana blanca. A la izquierda, sobre una encimera también de mármol hay dos pilas de agua de piedra oscura como pizarra complementadas con modernos grifos monomando. El caudal, temperatura y presión son muy correctos, tanto aquí como en la ducha. Sobre la encimera quizá se amontonan demasiado el completo set de amenities, en tonos marrones y verdes algo chillones (gel, champú, loción corporal, set dental,  kleenex, gamuza lustrazapatos). Bajo la encimera, encontramos las toallas, de mano y de baño: limpias, cuidadas y generosas de tamaño. 


La ducha se encuentra dentro de una bañera con sistema de hidromasaje y protegida por una mampara de cristal. Se remata en un grifo cuadrado y generoso de efecto lluvia. Quizá el único fallo sea que queda un poco bajito para los que somos demasiado altos, lo que nos obliga a ducharnos en incómoda postura. El grifo termostático permite adecuar perfectamente la temperatura y la presión.

Por la mañana, en un salón situado justo detrás de recepción y con una no muy conseguida iluminación se ofrece un buffet de desayuno algo limitado. No hay platos calientes y el surtido es un poco justito respecto a la calidad. Sin duda lo mejor, las variedades de aceite de la zona que ofrece para alegrar tostadas, bocadillos... Zumos (de bote), fiambres, quesos, patés y sobrasadas, cereales, yogures, variedad de panes y bollería típica de la zona. Aunque todo es autoservicio, la joven de la recepción está pendiente de cualquier cosa que uno pueda necesitar. El café, en principio es flojo, de una máquina automática, aunque la chica de recepción enseguida se ofrece para preparar un espresso de verdad.

Tras el desayuno en recepción nos preguntan por la estancia, y por si necesitamos ayuda para seguir el viaje. Pagamos y nos vamos agradecidos. 

Calidad/precio: 8 
Servicio: 8.5
Ambiente: 6.5
Habitación: 8

Baño: 8
Estado de conservación: 9

Desayuno: 6.5
Valoración General: 8

lunes, 24 de abril de 2017

HOTEL CONDESTABLE IRANZO (JAÉN)

CONDESTABLE IRANZO (****)
Paseo de la Estación 32
23008 Jaén

Habitación: 501

Fecha de entrada: 18/11/2016
Tarifa:

Uno de los hoteles clásicos de la ciudad. Ubicado en el mismo centro de la misma. En el cruce de dos amplias avenidas junto al Hospital, la zona comercial y turística y a un paso de todo, con las puertas abiertas a un parque. Nueve plantas de un edificio de ladrillo marrón oscuro con ventanas tintadas y rematado con un letrero amarillo.

Tres escaleras de mármol marrón nos dejan ante dos pares de puertas de cristal, que se abren empujando grandes tiradores de madera. Tras ellas, el hall. Tan generoso de tamaño como caduco en su decoración. Mantenemos el suelo marrón ‎de frío mármol. Luces algo amarillentas. A la izquierda se encuentran las escaleras que van al restaurante y a la cafetería. Por su puerta abierta se escucha bastante jaleo.  A la derecha el mostrador de recepción, largo, poderoso y potente. En madera oscura y más mármol marrón. Rematado por detrás con uno de aquellos antiguos casilleros de madera para cada habitación. Antiguo y viejo, con papeles en algunas casillas, y cierta sensación de desorden. Junto al mostrador una vitrina iluminada que vende algunos productos de moda y recuerdos.

El trato es frío y distante. Nos piden el DNI, lo copian y nos asignan la habitación. Nos entregan la llave. Preguntamos por el wifi que es gratuito, y que funciona bastante bien con una clave. Preguntamos también por el desayuno. Y nos damos la vuelta para ir hacia los ascensores, que quedaban a nuestra espalda.

Son dos. Lo más moderno de todo el hall. Más anchos que profundos. Con suelo de cerámica con el logo del hotel. Paredes con espejo y acero. Botonadura moderna.

Las puertas automáticas se nos abren en un extraño recibidor. Ancho y largo. Suelo de moqueta plastificada en gris como si fuera de espiga. De frente una pared blanca, en estuco, con dos puertas una en el extremo derecho y otra en el izquierdo. Las puertas son como de obra, metálicas blancas con un pomo de plástico negro. A la izquierda del ascensor queda el hueco de la escalera, con ventanas ahumadas y vistas a la ciudad. 

Tras la puerta "de obra" accedemos a otro pasillo paralelo. Se mantiene el suelo gris. La luminosidad baja más todavía. Puntos de luz sobre las viejas puertas de las habitaciones. Las paredes decoradas con un papel pintado que imita a una librería. Aunque las puertas son viejas, y los números de las habitaciones se sitúan en una placa de corte algo anticuado, la manivela es modernisima. Se abre por contacto de la llave. 

Tras la puerta, el suelo cambia a un frío mármol marrón oscuro. Terriblemente frío para el pie descalzo. ‎Nos damos de bruces con las puertas del armario. Tres. En su interior colgador con perchas de distintos tipos (normales, antirrobo, de falda...), una cajonera, la Bolsa de la lavandaria y una manta y un almohadón de recambio.

Junto a la puerta y casi en el techo, el display que maneja el aire acondicionado. Una rueda de temperatura y un botón para la intensidad. Muy efectivo, pero muy ruidoso. No hace frío en la estancia, pero el suelo produce una desapacible sensación de frialdad.
 
A continuación del armario y ya en lo que es el dormitorio encontramos una pared pintada en estuco gris. Con una lámpara en medio de la pared. A cada lado de la misma, un maletero de madera oscura y ‎un estrecho escritorio con una gran silla correcta para el trabajo. Entre ambos muebles, varios enchufes. Sobre la mesa falta una lámpara de trabajo. La iluminación de la habitación en general es sumamente escasa. Tan sólo ese punto de luz y los dos de las mesillas. Especialmente oscura es la zona que queda entre la puerta de entrada y el armario.

A la izquierda del armario encontramos la cama. Doble, pero no enorme. Cómoda. Vestida con suaves sábanas blancas, una manta y una colcha blanca muy limpia. Un largo almohadón. La pared del cabecero también es gris, pero este, de madera brillante con algunas rayas verticales en negro ocupa casi toda la pared. A cada lado sendas mesillas a él ancladas. Pequeñas. De madera negra. Sobre una de ellas un moderno teléfono. Sobre ambas interruptores y enchufes. 

En la pared que se sitúa a los pies de la cama, encontramos una butaca pequeña en tonos blancos, una televisión de plasma colgando de la misma y la ventana, amplia, generosa y con buenas vistas de la ciudad aquí y de los olivares allí. Protegida por una cortina foscurit en tonos también marrón oscuro. Cumple eficazmente su misión de parar la luz. La insonorización exterior es fenomenal, porque además la habitación da a la parte trasera del edificio a un patio abierto con una piscina. La interior es manifiestamente mejorable y se escuchan las voces y puertas del pasillo con mucha facilidad.

A la izquierda de la cama, encontramos un espejo de cuerpo entero y la puerta, antigua, que da acceso al baño.

El baño da más sensación de antiguo. Precioso mármol rosado en paredes y suelo. Sanitarios en color marrón. A la izquierda un radiador que calienta, ¡y cuánto!, la estancia. A continuación el bidet, el inodoro y una pequeña encimera también de mármol que recoge el lavabo. Sobre él un espejo iluminado. La luz en general es abundante, quizá aquí demasiada. Pero también demasiado fría. Sobre la encimera en una bandeja de plástico negro el set de amenities, personalizado para el hotel y envuelto en elegantes fundas negras: peine, lustrazapatos, gorro de ducha, pastillas de jabón, y dos botes de gel/champú.  Dos vasos de cristal higienizados y envueltos en plástico. Un secador de pelo de escasa potencia anclado a la pared.

El grifo del lavabo está viejo. Le falta caudal y presión y para colmo el agua sale disparada en distintos chorros y direcciones, mojando el pantalón si uno anda demasiado cerca. La lencería son dos toallas de manos y dos de baño. Grandes. Un par (de ambas) nuevo y formidable. El otro par (de ambas) viejo y deshilachado. Las de baño se presentan en un potente toallero ubicado dentro de la bañera.

La bañera también es marrón y tiene varios "desconchones". Protegida por una bajita mampara de cristal con algunos vinilos a rayas. El agua salta por encima de ella. Dentro de la bañera hay una ventana con vistas al exterior. El grifo es antiguo, pero el dispositivo de ducha no. Está rematado con un teléfono como de plástico imitando al acero. Resulta difícil encajarlo en su enganche, pero al final lo conseguimos. El caudal es escaso, pero sale con una fuerza (aire) descomunal. Además la temperatura pasa del frío a calor de forma cíclica. 

Por la mañana en un oscuro salón se sirve un desayuno buffet con un buen surtido de productos (huevos fritos, revueltos, bacon, fiambres, quesos, panes, untables, cereales, fruta, zumos, agua...), un café bastante aceptable pero una decoración y presentación francamente mejorable.

En la recepción por la mañana, el trato es tan distante como rápido. Teclean el número de la habitación y nos dicen adiós. 

Calidad/precio: 
Servicio: 6

Ambiente: 6
Habitación: 6.5

Baño: 6
Estado de conservación: 6.5

Desayuno: 5
Valoración General: 6

lunes, 9 de agosto de 2010

HOTEL BAILEN (BAILEN - JAEN)



HOTEL BAILEN (***)
Avenida del Parador, s/n
23710 Bailén (Jaén)
Telf: 953.670.100
Fax: 953.672.530

hotelbailen@terra.es
www.hotelbailen.com

Habitación: 115
Fecha de Entrada: 31/07/2010
Tarifa: 55€ (Sólo alojamiento)

Más de una vez he escrito en este blog que a nuestro país le falta una buena cadena de hoteles de carretera, como tienen nuestros vecinos galos muchos establecimientos de la cadena Accor (entre otras). Rápidos accesos desde las principales carreteras, zona de aparcamiento, habitaciones funcionales y poco más. En España durante un tiempo esta función la realizaban algunos Paradores Nacionales (conocidos como Albergues de Carretera). Algunos de ellos han sido pasto de las ruinas, como el de Santa María de Huerta o el de Aranda de Duero; otros mantienen su misión como el de Manzanares, el de Benavente... y otros como el que nos ocupa se mantienen abiertos con más pena que gloria sin pertenecer a la cadena pública. Aunque ni pena ni gloria le correspondió al vecino Parador de Sierra Nevada, hoy absolutamente ruinoso tras un incendio forestal.

Si alguien estuvo en el hotel cuando era Parador, posiblemente hoy encontraría las cosas tal y como estaban entonces. Nada habrá cambiado. Nada. Desde la entrada en el recinto, situado en una rotonda a las afueras de la ciudad y a un paso de las autovías que atraviesan Andalucía la sensación de viejo y caduco nos rodea. Un amplio aparcamiento con techumbres de pajas permite aparcar el coche casi al lado de la puerta del hotel.

Tras esta, un amplio hall nos recibe. A la derecha una zona con sofás y mesas bajas y a la izquierda el mostrador de recepción, de madera con el mostrador de cristal bajo el que hay mapas de carreteras, de la ciudad... El trato allí es muy respetuoso y cordial. Aunque hay un ordenador, todavía utilizan aquellas fichas de colores de los hoteles de antaño. Tras fotocopiar el DNI y rellenar a mano rápidamente el bienvenida nos asignan la habitación correspondiente.

Un largo pasillo al que se abren las zonas comunes del hotel (salida al jardín y piscina, comedor, cafetería, salones) termina en otro pasillo perpendicular en el que se encuentran las habitaciones. La luz resulta algo tétrica, pero más todavía las viejas puertas, los viejos pomos y unas extrañas ventanas a la altura de la cabeza que recorren el pasillo entre puerta y puerta. Con la llave de la habitación 115, por error abrimos la puerta de la 114. Al ver que, aunque no hay gente, hay maletas y ropa la cerramos rápidamente y nos acercamos hasta nuestra puerta. Al abrirla hay que insertar la tarjeta que hace de llavero en una ranura para que la luz funcione. Un anchísimo pasillo sin decoración alguna conduce hasta el amplio dormitorio.

La puerta del baño y un destartalado armario empotrado quedan a nuestra derecha. El suelo, que en su momento debió ser de madera más que interesante aparece pintado de un rojo chorizo ciertamente impactante. El mobiliario es escaso y vetusto. Un galán de noche al que le falta la barra para el pantalón, una mesa espartana con una silla, perfectas para trabajar un rato, pero que ayudan poco a la decoración de la habitación. Sobre la mesa una lámpara. Frente a ella enchufes y wifi gratuito. Y a su lado un minibar que ofrece unas botellas de agua y sobre el que se sitúa una vieja televisión. Junto al enorme ventanal, protegido por un cuidado foscurit y unas bonitas cortinas de colores pastel, una pequeña butaca. Frente a todo ello, un largo cabecero de madera en medio del cual se sitúan las dos camas y a ambos lados las dos mesillas.

En las mesillas no sólo hay enchufes e interruptores para todas las luces, sino también una "pera" para poder colocarla en la cama y apagar desde allí la luz. La lencería de cama resulta nueva y agradable, así como el colchón y almohada. La luz natural que entra desde el verdoso jardín por la ventana resulta poderosa, especialmente al amanecer. Toda la luz artificial resulta tenue y mortecina, lo que da una sensación de mayor antiguedad al ambiente. La insonorización es casi nula especialmente con el pasillo donde se escuchan las voces de los otros huéspedes e incluso el desagradable ladrido de un perro a altas horas de la noche en alguna habitación cercana.

Pero si éramos pocos, el aire acondicionado funciona con corrección y ruido manejado desde un antiquísimo display de rueda dentada. Pero como indican en una nota en la mesa de trabajo, para ahorrar energía el aire se apaga desde las 0.00 hasta las 6.30... Un 31 de Julio en Jaén. No te quiero contar. Ahorrar energía.

El baño sin duda resulta lo más lamentable del hotel. Aunque el espacio que ocupa es enorme y está revestido de mármol blanco, con dos lavabos y una ducha con bañera, y separado, cerrado con una puerta, el inodoro y el bidet, las instalaciones se han quedado demasiado anticuadas. Los grifos aparecen roñosos y oxidados, igual que el cordón del tapón de la bañera ha dejado un rastro de óxido en la misma. La ducha de la que sale agua a una presión y caudal envidiables está demasiado raída e incluso produce cierta grima tocarla.

La zona del inodoro dispone de esas alargadas ventanas que dan al pasillo y que nos sorprendían al principio. El cristal es opaco, pero andando por el pasillo uno puedo ver las sombras de otros huéspedes en el baño. Las amenities se reducen a unos sobres de gel y champú con el logo del hotel y unas pastillas de jabón. La lencería de baño además de pequeña de tamaño necesita desde hace mucho una renovación. Las toallas clarean demasiado y secan poco.

Por la mañana en recepción el trato es simplemente rápido y correcto. Resultaría demasiado comprometedor que preguntaran por nuestro descanso, pero al menos nos desean buen viaje.

Calidad/precio: 3
Servicio: 6.5
Habitación: 5.5
Baño: 2
Estado conservación: 2
Valoración General: 3.5

viernes, 6 de marzo de 2009

HOTEL DEL VAL (ANDUJAR - JAEN)



Hotel Del Val (***)
Avda. Blas Infante 29
23740 Andújar (Jaén)
Telf: 953.500.950
Fax: 953.506.606

hdelval@ofijaen.com
www.hoteldelval.es

Habitación: 118
Fecha de llegada: 04/03/09
Tarifa: 50 € (Sólo alojamiento)

A dos rotondas de la Nacional IV (ahora A4) y en la periferia de Andújar encontramos este hotel frecuentado por brigadas de montadores y operarios, comerciales y cazadores. No en vano en una de sus mesas tuvo lugar la controvertida cena del Ministro Bermejo y del Juez Garzón. Un edificio semicircular, vetusto y antiguo ha sido ampliado con un anexo alargado en tonos asalmonados (por dentro y por fuera) sin demasiada y con un terrorífico pavimento que hace las veces de parking entre socavones, charcos y barro.

Tras la puerta, una amplísima, fría y desangelada recepción. Un larguísimo mostrador absolutamente limpio de cosas, ni un folleto, ni siquiera una pantalla de ordenador nos recibe entre una luz triste y poco agradable. Detrás del mostrador, un empleado con el abrigo puesto, poca simpatía, algo de voluntad y menos conocimiento nos pide el DNI que fotocopia y nos entrega la llave de la habitación. Apenas sabe decirnos que el Wifi es de pago, y que la cafetería abre a las 7.

Antes de llegar al pasillo de las habitaciones pasamos junto a una zona de Business Corner con varios equipos a disposición de los clientes. Por un pasillo de moqueta rojiza y paredes color rosa oscuro escasamente iluminados y decorados con molduras y cuadros de temática cazadora, accedemos a la habitación. Las puertas de los offices despiden un fuerte olor a lejía.

La puerta, de madera oscura se abre con una llave normal y se cierra dando una sensación de extraña fragilidad. No hay pestillo ni cerrojo. Junto a la puerta un led verde nos indica donde hay que poner la tarjeta del llavero para que se active la luz. Un corto pasillo con la puerta del baño a la derecha y los interruptores del automático a la izquierda (uno de ellos arrancado). Suelo de mármol gélido para los pies descalzo y sin una alfombra sobre la que apoyarse. Paredes en colores amarillentos pálidos. Un enorme armario de grandes puertas de espejo (una de ellas roza en el suelo) presenta su interior destartalado, con perchas de plástico, madera....

Un enorme cabecero de madera recorre toda la pared. Sobre él un feo cuadro figurativo. Dos mesillas muy separadas de la cama, ancha para ser individual, estrecha para ser doble, y sobre todo: corta. No hay enchufes cerca de las mesillas y los interruptores de la luz quedan misteriosamente en el centro de la cama detrás del almohadón. Imagino que en su momento habría dos camas con una mesilla en el centro.

A los pies de la cama, junto al armario un maletero con escritorio y una televisión de plasma con un led azul que ilumina toda la habitación al apagar las luces, y con una penosa calidad de imagen (esto es culpa de la antena, no de la tele). Bajo ella un minibar vacío. El escritorio resulta confortable, pero el enchufe de corriente eléctrica -el único de la habitación- queda detrás de la mesa, por lo que hay que moverla para que podamos enchufar portátil o móvil. Junto al escritorio, la ventana, protegida por visillos y persianas que cierran por la noche el paso de la luz que proviene del jardín.

La cama es cómoda, a pesar de que el colchón sea demasiado rígido, pero nuevo y la almohada demasiado blanda. Las sábanas son correctas aunque toda ella se viste con una colcha color burdeos que mirada en detalle resulta sucia. La insonorización hacia fuera es óptima, hacia dentro deja algo que desear y se escuchan las conversaciones de las habitaciones contiguas. Menos mal que los clientes son respetuosos con el descanso del resto. El AC ejecuta perfectamente su misión calefactora, pero en sólo en la posición de máxima potencia, y también por tanto de máximo ruido.

El baño es muy amplio. Luminoso. Suelo de mármol frío. Inodoro, lavabo de cristal con un enorme espejo y una amplísima ducha con una mampara de cristal y puerta. El set de amenities es muy amplio. La calidad es más bien cortita pero sorprende que cada cosa sea de una marca distinta sin una homogeneidad en la imagen.

Al grifo del lavabo le sobra presión y le falta caudal. La ducha equipada con una magnífica alcachofa podría tener algo más de caudal, pero el que hay no está mal. Junto a la ducha, un dosificador de jabón-gel-champú de corta calidad. La lencería denota el paso de los lavados, y su limpieza no es impecable. El tamaño de las toallas no es para tirar cohetes.

Por la mañana, un olor a tostada quemada invade todos los pasillos. En la recepción no nos preguntan por el minibar, pero tampoco por nada más. No podemos pedir mucho por 50€.

Un hotel para una etapa en el camino o para pasar una noche por motivos laborales pero sin más pretensiones.

Calidad/precio: 6.5
Servicio: 4
Habitación: 6
Baño: 7.5
Estado conservación: 6.5
Valoración General: 6