Carretera Geldo - Castellnovo km 1
12413 Castellnovo (Castellón)
Fecha de entrada: 27/12/18
Tarifa: 210 (MP)
Convenientemente situado a muy poca distancia de la A23 a las afueras de Geldo, muy cerca de Segorbe. Desde la entrada del pueblo encontramos algunas señales (algo desgastadas) que nos indican el camino hacia el hotel. Tras atravesarlo por completo, y cruzar el río sobre
una pasarela, pasamos por varios campos de caquis viendo ya al fondo la Masía que
conforma el hotel. Una valla de piedras y metal delimita el perímetro de la gran finca. Una puerta de forja metálica nos introduce en un jardín con palmeras, un gran ciprés, árboles y algunos matorrales con flores, recubierto con gravilla sobre el que podemos aparcar el vehículo. Las vistas
alrededor son impactantes: campos aquí al lado, varios pueblos en distintos
puntos y todo alrededor los macizos montañosos de Castellón y Teruel.
La Masía, bien cuidada, construida en piedra clara ofrece
tres alturas. Un gran pórtico cuadrado da acceso a un pequeño jardín interior, que se resume en un tranquilo espacio con arcos de cristal a la recepción y al comedor, con varias
sillas y mesas de jardín y una pequeña fuente de piedra cuya silueta es el logotipo
del hotel. A su lado, bajo un arco de medio punto el acceso a la recepción, protegido por una
El suelo de la entrada pasa de la gravilla a unas baldosas
cerámicas separadas entre sí en color tierra. Algo ruidosas para las ruedas de
las maletas. A la izquierda queda la entrada al bar, con unos cuantos sofás, y
una chimenea apagada. A la derecha, los arcos acristalados que dan al patio, y
un poco más adelante dos elegantes escritorios sobre los que hay sendos
ordenadores, y el router del wifi como descolocado. Nos atienden desde el segundo, tras el que
hay un armario empotrado en la pared de piedra irregular. Una señora nos pide
la documentación, y mientras la fotocopia nos dice que se va y que ahora
vuelve. Quedamos un rato esperando solos en la recepción. Un poco más adelante está
el restaurante a la derecha y al fondo, el ascensor. Cuando la señora vuelve
nos devuelve la documentación y nos dice que subamos por el ascensor a la
segunda planta.
El ascensor es amplio. Moderno. Cuidado. De paredes en color
marrón de plástico imitando madera y un espejo al fondo. La botonadura es
metálica muy nueva y cuidada. Las puertas se abren dos pisos más arriba a un pequeño recibidor.
Nuestra habitación, ya abierta, queda enfrente. A la derecha, la escalera, con
pasamanos de madera baja hacia la recepción. A la izquierda tres escaleras
suben a otra habitación. Junto a la puerta de esta hay una gran cristalera con
vistas aquí a los tejados de la Masía y allá a los montes de la
provincia.
La recepcionista nos espera dentro de la habitación para
explicarnos el funcionamiento de la chimenea, del teléfono y poco más. Ni el wifi -que es gratuito y libre aunque con continuos cortes-, ni los horarios, ni... Nos entrega la llave, que es un llavero cuadrado
de metacrilato algo insulso con tres llaves: la de la habitación, la del portón
exterior por si volvemos tarde, ya que la recepción cierra de medianoche hasta
la mañana y una llave redonda para la caja fuerte que hay en un armario.
La habitación es grande. Enorme más bien. El suelo, de
baldosas rojizas grandes separadas por hormigón. Paredes pintadas en rojo con
un par de ventanas en cada una de las paredes. El techo, a dos aguas, en color
crudo con vigas vistas de madera. Tras la puerta, de madera oscura y corte algo castellano, la pared de la derecha, la
única pintada en blanco, recoge el display digital del aire acondicionado.
Funciona bien, aunque quizá demasiado ruidoso y algo escaso para una estancia
tan grande. En cualquier caso la temperatura exterior es envidiable para ser
diciembre y la chimenea cumplirá su labor de mitigar el posible frío. Junto al
display hay una caja de registro eléctrico algo fea y un poco más allá un largo
tapiz desde el techo hasta el suelo en tonos rojos y con símbolos
orientales.
Junto a la puerta hay un armario empotrado con tres puertas
de madera a juego con la de la habitación. Dentro una barra colgador con perchas normales de madera, alguna
balda, cajones y una caja fuerte con llave, que está en el llavero de la habitación. Allí mismo hay una mesa redonda de
madera con cuatro sillas con cojines blancos. Quizá demasiado pobres en
comparación con el resto del mobiliario de la habitación. A su lado, una
ventana doble de madera con portillos para evitar el paso de la luz. Vistas a la cubierta del hotel y al jardín interior del mismo.
Un poco más adentro, pegado a la pared encontramos un rico y
labrado escritorio de madera oscura con dibujos y tallas de carácter oriental.
Sobre él una escultura en madera, algo grande que parece un pájaro, a su lado
una lámpara con pie de madera y pantalla blanca algo desproporcionada de
tamaño, varias revistas de turismo, una vela aromática de color verde, un
ambientador de esos de palillos y una caja con pañuelos de celulosa. Delante de
la mesa una silla cómoda, moderna, con un cojin blanco en el asiento y respaldo de madera. Sobre
todo ello y anclado en la pared, un aplique de luz de forja con motivos
orientales.
Hasta la pared del fondo, en cuyo rincón hay una lámpara de
pie de madera oscura, a juego con la de la mesa, con pantalla en tono crudo, encontramos un enorme banco,
de madera oscura también tallada. Sobre el asiento, un gran y confortable cojín
blanco, y unos cuantos cojines de vivos colores con hilos dorados y metálicos.
Delante del banco, hay una mesa baja, antigua, grande, también de madera,
también oscura y también labrada y decorada, como si fuera un gran baúl. Sobre
ella, un tapete de raso rojo con hilos en dorado y sobre él unas cuantas bolas decorativas y una pequeña caja con algunos utensilios (cerillas...) para la chimenea.
A la derecha del banco encontramos la chimenea, metálica,
con puerta de cristal y ya preparada con varios troncos, una pastilla de
encendido y algunas ramas para avivar el primer fuego. Junto a ella hay una
cesta de mimbre con más troncos con los que atizar el fuego y una caja de
cerillas. Funciona a la perfección y permite caldear el ambiente, además de dar
a la estancia la luminosidad y calidez propia del fuego.
A la izquierda del banco, junto a una de las ventanas hay una escultura de un guerrero oriental de penetrante mirada, y a su lado un armario a juego con el resto del mobiliario, que acoge el minibar en su interior. Además de algunas copas y vasos. El surtido es generoso y los precios bastante razonables. Sobre el armario está la televisión, plana. Y a su lado un par de carteles plastificados con los precios del minibar y del horario de los servicios de restauración del establecimiento.
A la izquierda del banco, junto a una de las ventanas hay una escultura de un guerrero oriental de penetrante mirada, y a su lado un armario a juego con el resto del mobiliario, que acoge el minibar en su interior. Además de algunas copas y vasos. El surtido es generoso y los precios bastante razonables. Sobre el armario está la televisión, plana. Y a su lado un par de carteles plastificados con los precios del minibar y del horario de los servicios de restauración del establecimiento.
La cama es grande. Un cabecero a juego con el resto del
mobiliario, dos mesillas con cajones, también a juego, y sobre las que hay
sendas lámparas con pie de madera y pantalla cruda, que se encienden con una
pera situada en el cable. En la pared, a ambos lados hay interruptores para
apagar algunas de las luces de la habitación (no todas) y un par de enchufes
disponibles. La cama es generosamente grande y está vestida en blanco, con
suaves sábanas y un pesado edredón nórdico. El colchón es confortable. Sobre
las dos almohadas hay unos cojines cuadrados y otro en forma de rollo en tonos
rojos. Un plaid a juego a los pies. Y justo al pie de la cama un banco alargado en
madera y piel negra, estrecho, a modo de maletero. Las ventanas cierran a la
perfección y la oscuridad se consigue sin problemas. La insonorización es
deficiente, y aunque durante la noche la calma es total, durante el día se
escucha demasiado el ruido de botellas en el almacén, el teléfono, y algunas
voces en la recepción, pese a estar dos pisos por debajo.
El wifi, que es gratuito y abierto, aunque dispone de varias
redes a lo largo y ancho del hotel funciona con algunos cortes. Es el precio a
pagar por estar en el campo.

Junto al lavabo, en una especie de escalera de bambú se
presenta el juego de lencería. Dos toallas de lavabo y dos de ducha, de buena
factura. Aún así, un baño tan descomunal, posiblemente mereciera algo más
(albornoces, más toallas...). Junto a ello hay una puerta de madera de corte
castellano que accede a una pequeña estancia con el suelo de mármol (como el
resto del baño) con el inodoro y el videt. Ambos normales y en blanco. Al
encender la luz, quizá excesiva, se activa también un ruidoso extractor. El espacio
resulta muy cálido ya que dispone de un potente radiador eléctrico que
permanece constantemente encendido. El techo, practicable, está algo deteriorado.

Por la mañana en un armario junto a la recepción se sirve un
cortito desayuno. Escaso surtido aunque aceptable calidad. Sin duda echamos en
falta algún guiño a la gastronomía local. Un joven nos recibe preguntándonos
por el tipo de café que queremos mientras en el armario elegimos el zumo (de
botella) que queremos, algunos cereales, chorizo o jamón de york, pan,
bollería crujiente, tortilla de patata, algo de queso y tomate triturado. Se
sirve en el comedor luminosísimo con vistas al patio interior del hotel junto a
la recepción.
Allí, en la salida, el wifi da problemas al tpv. La
recepcionista es más eficaz que atenta, y apenas nos pregunta por el minibar y
poco más. Arreglado el problema de la conexión, pagamos y nos vamos.
Calidad/precio:
Servicio: 6
Ambiente: 7.5
Habitación: 8
Baño: 8
Estado de conservación: 9
Desayuno: 5
Valoración General: 7.5
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