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miércoles, 30 de abril de 2025

NH CIUTAT DE REUS (REUS - TARRAGONA)



NH CIUTAT DE REUS (****)
Marià Fortuny 85
43203 Reus

Habitación: 515
Fecha de entrada: 9/04/2025
Tarifa: 115€ (AD)

En una de las rondas interiores de la ciudad, cerca de la feria y de un enorme centro comercial, nos recibe un edificio exento, de cinco alturas con fachada revestida en granito gris y ventanas alargadas. La planta baja, poderosa, sostenida con unas enormes pilastras que permiten el acceso al estrecho, pero necesario parking del establecimiento. Enormes ventanales de aluminio en tono marrón, tapados con suaves visillos de color arena ocultan en el lado derecho la zona de recepción y en el lado izquierdo el restaurante y zona de desayunos.

Media docena de escalones, o una rampa, dos puertas automáticas de cristal separadas por una gruesa alfombra con el logo del hotel, nos dejan en el espacio de recepción. Que recuerda a los NH de hace años. Suelo de mármol verdoso, paredes en madera brillante, butacas, sillas y sofás en terciopelo de colores pastel. Luces algo frías con focos redondos en el techo. Hacia la izquierda el ya apagado bar (llegamos al filo de la medianoche) que durante la mañana sirve el desayuno. Hacia la derecha, una zona con sofás, los ascensores y el mostrador de recepción, potente, con una repisa metálica para apoyar maletines o mochilas. Dos puestos de trabajo. La parte superior del mostrador, también es de mármol verdoso, con algunas pantallas con información de la cadena y unos aparatos para cobrar con tarjeta de crédito. En la parte trasera del mostrador, que se encuentra relativamente ordenado, hay un antiguo armario guarda llaves, de cuando las cerraduras tenían llave con llavero. 

Un simpático recepcionista de mediana edad nos recibe amablemente y de forma ágil realiza todos los trámites de registro. Además nos cambia alguna cosa de la reserva para que la estancia nos resulte algo más barata. Al final, nos ofrece pagar la estancia por adelantado para evitar esperas al día siguiente, y nos entrega un cartoncito con la tarjeta que hará de llave de la habitación donde además encontramos la sencilla clave del wifi que funciona con normalidad y eficacia en todo el hotel. 

Giramos hacia la derecha para dirigirnos a los ascensores. Dos, de puertas metálicas automáticas, e interior bien cuidado con un espejo al fondo. Varios carteles con información sobre los servicios del hotel. Las puertas se abren en un pequeño recibidor atravesado por un pasillo de paredes blancas, moqueta color vino, luces frías y puertas de madera brillante. 

Introducimos la tarjeta en la ranura del viejo pomo y entramos en la habitación. La moqueta deja paso a una madera grisácea muy limpia y cuidada. A la derecha el cajetín para la tarjeta que permite la iluminación del espacio. Los interruptores son de una serie clásica algo antigua de Bticino. Un pasillo iluminado con dos puntos de luz en el techo ofrece en el lado derecho la puerta de vidrio que da acceso al baño, y en el lado izquierdo un armario de dos cuerpos con una pequeña puerta corredera de espejo. En el interior hay un cuerpo con baldas y cajones, otro con una barra colgadora con media docena de perchas antirrobo, una caja fuerte metálica azul con código numérico, la bolsa de la lavandería, un calzador, y un lustrazapatos en una cajita de cartón personalizada con el logo de la cadena. Por encima de todo ello hay una balda de cristal en la que se ofrece una almohada y una manta complementaria. Al lado del armario, un maletero de patas metálicas tapizado en tonos marrones. A continuación entramos en el dormitorio.  

Espacioso, aunque con aire algo caduco. Paredes pintadas en vescom blanco con un cierto recuerdo a estuco. En el lado izquierdo hay un práctico galán de noche para dos trajes. A su lado un armario que contiene un minibar de puerta transparente relleno de snacks, aguas, cervezas y refrescos de precios elevados. Sobre él, una bandeja oscura con una cafetera Nespresso, dos tazas, varios juegos de café y te y una botella de agua mineral. Encima, anclada a la pared, una pequeña televisión de pantalla plana.

A continuación un escritorio de madera marrón oscura. Sobre él, una botella de agua de cortesía por ser cliente preferente de la cadena, con dos cajitas de bombones. Además una lámpara de pie metálico y tulipa en blanco, y una hoja con los servicios del hotel. Por debajo una papelera metálica y una silla de trabajo tapizada en piel blanca y patas metálicas con ruedas. 

La pared del fondo plantea, tras un visillo de lino y un cortinón de tonos rojizos, el acceso a una generosa terraza con vistas a la puerta principal. Un par de cómodas sillas y una mesa de exterior completan el agradable espacio. Ya en el interior, entre la terraza y la cama encontramos una mesa de centro de madera cuadrada y una incómoda butaca tapizada en tela de color marrón.

A la derecha del dormitorio queda la cama. Generosa para ser individual algo justa para ser doble. Colchón cómodo de buen calibre, vestida con un suave nórdico y cuatro almohadas de distinta dureza. Empotrada contra un cabecero de los antiguos de la cadena de madera clara en el que se incrustan dos lámparas metálicas con tulipa blanca. Sobre las mesillas, que no son más que una pequeña repisa de mármol verdoso, hay enchufes normales y de USB a disposición de los aparatos electrónicos. En una de ellas, además, hay un bloc de notas, un bolígrafo, el mando de la televisión y un moderno teléfono.

En la pared restante, que pide a gritos algo que la decore, encontramos el display del aire acondicionado. Es de los antiguos, con tres posiciones de potencia, encendido y apagado y una rueda para seleccionar la temperatura. Funciona de forma ruidosa y poco eficaz, aunque no resulta necesario en las fechas que visitamos el hotel. La insonorización exterior del hotel es formidable, aunque por las rajas de las cortinas entra la luz por la mañana. La interior es bastante mejorable y se oyen demasiado los ruidos del pasillo, las voces de las habitaciones contiguas y algunas alarmas de despertar al amanecer.

El baño también recuerda a los antiguos de la cadena. Gres porcelánico de color arena en paredes y suelo. Tamaño más bien ajustado. Tras la puerta, un inodoro normal en porcelana blanca, y en una de las perchas ancladas a la pared, se ofrece un albornoz con zapatillas de felpa. Junto al inodoro, un teléfono negro anclado a la pared. Frente a la puerta hay una encimera de mármol claro con un generoso lavabo de porcelana blanca y un grifo monomando. Sobre la encimera una bandeja de porcelana blanca con dos vasos de cristal, un cepillo de dientes y un gorro de ducha. Anclados a la pared derecha hay un dispensador de pañuelos de papel, un bote de jabón de y crema hidratante, un espejo de aumento y un secador de escasa potencia. Encima de la encimera, un espejo hasta el techo que ocupa todo el espacio. Sobre él, dos puntos de luz. Bajo el lavabo, un radiador, una papelera metálica con tapa y una banqueta blanca. 

En el lado izquierdo queda la bañera, incrustada en una anterior lo que la hacen demasiado elevada,  rematada en una buena ducha de teléfono con diversas posiciones de agua. Potencia, caudal y presión envidiables. En el toallero, algo desvencijado, cuelgan dos tallas de lavabo y dos toallas de baño, todas blancas con el logo del hotel, pero de calidad variada: algunas más mullidas y nuevas que otras. También dentro de la bañera hay tres botes de champú, gel y acondicionador.

Por la mañana en el tranquilo desayunador se sirve un completísimo buffet de desayuno en el que no falta de nada: fruta preparada, huevos, fiambres, quesos, diversos tipos de pan, sándwiches, yogures, bollería recién hecha, productos locales como fuet, frutos secos, zumos variados... Varias y distintas máquinas de café lo ofrecen con una calidad más que correcta. 

Después, en el mostrador de recepción, los tramites de salida son rápidos, simpáticos y cordiales. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 7
Baño: 8
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 8.5
Valoración general: 8

martes, 7 de mayo de 2024

HOTEL COSTABELLA (GIRONA)

HOTEL COSTABELLA (***)
Avinguda de França 61
17007 Girona

Habitación: 101
Fecha de entrada: 11/04/2024
Tarifa: 110€ (AD)

A las afueras de la ciudad, en una de las vías de entrada a la misma, en lo alto de una pequeña loma, con vistas al Hospital Trueta, rodeado de un jardín y de una amplia zona de parking que está siendo remodelada, encontramos el hotel en forma de gran chalet exento recién pintado en tonos amarillentos. En el tejado, grandes letras luminosas con la palabra 'Hotel'. A la derecha, antes de la puerta de acceso principal hay una zona oculta por un frondoso seto con una terraza, un pequeño jardín cuidado y una coqueta piscina. 

Una puerta de cristal automática, junto a la que hay un cartel con el nombre del hotel, nos introduce rápidamente en la recepción. Alargada, muy luminosa ya que toda sus pared izquierda está acristalada aunque protegida por blancos visillos. A la derecha hay un par de espacios para la reunión (con potentes sofás de cuero), la tertulia (con una chimenea) y el juego (hay varios elementos para el esparcimiento infantil). El mostrador de recepción resulta poderoso. Tras él un curioso reloj. Nos atiende un amable joven que habla con voz alta. Muy ceremonioso nos da la bienvenida mientras nos pide los datos de la reserva, realiza unos trámites sobre el ordenador y nos explica los horarios y servicios del hotel, incluido el wifi que funciona perfectamente. Al final nos entrega la tarjeta que hace las veces de llave de la habitación y nos da la mano reiterando la bienvenida. 

Avanzamos hacia el interior de la recepción. A la izquierda más sofás y mesas bajas para el encuentro y la tertulia junto a los grandes ventanales. A la derecha, un largo armario con folletos de distintos servicios y opciones turísticas de la zona. Una puerta a las escaleras, y antes de la puerta que da acceso a la luminosa cafetería y restaurante, el ascensor.

Moderno, muy nuevo. Suelo de madera natural. Paredes con espejo y puertas correderas a dos lados. Sube despacio y nos deja en un pequeño distribuidor por el que suben las escaleras y junto al que encontramos una puerta abierta que nos comunica con el pasillo de las habitaciones. Moqueta en tonos verdosos claros, paredes de madera natural, muy limpia, mucha luz, junto a las puertas, unos apliques metálicos iluminados con el número de la habitación.

La puerta es de madera natural, con un estilizado pomo de acero con un lector de tarjetas por contacto. Acercamos la nuestra al mismo y se abre la puerta. Dentro mucha luz. Y de fondo, encendido, el hilo musical, muy suave con música clásica. Delicioso. Paredes en blanco inmaculado, suelo de madera natural limpísimo, sensación de novedad y cierto estilo. A la derecha hay un interruptor negro con cuatro botones para manejar los distintos tipos de luz. A la izquierda un armario sin puertas, en madera y vigas de metal negro donde encontramos unas baldas, el minibar (vacío), una caja fuerte, una bandeja con un hervidor de agua, una botella de agua de cortesía, dos vasos y dos tazas con sus juegos de café, azúcar e infusiones, una barra colgadora con media docena de perchas normales en negro. En la parte de arrib hay una funda como para guardar mantas o almohadas, pero vacía. 

A continuación, un espejo, de cuerpo entero, con un fino marco metálico en negro apoyado en la pared. Y después, un sencillo escritorio, también en metal negro y madera, sobre el que hay un buen espacio para trabajar. Un jarrón con flores secas, y un moderno flexo de trabajo también en metal negro. En la pared hay un display digital para manejar el hilo musical, y un enchufe disponible. Encima, cuelga de la pared una generosa pantalla plana. Debajo de la mesa, una butaca en color arena y una papelera de mimbre con una fea bolsa de plástico. En el espacio que hay hasta la ventana, un maletero a juego con el resto del mobiliario, cubierto por un cojín a juego con la silla de trabajo.

La pared del fondo está ocupada por la ventana, de moderno aluminio protegida por un potente foscurit, un visillo blanco y unos cortinones fijos en color marrón verdoso, que protege bastante bien de la luz exterior. Las vistas son a una terraza no practicable, y a las afueras de la ciudad, viendo en parte el enorme hospital general. 

En la pared de la derecha encontramos el display del aire acondicionado: digital, con un botón de encendido y apagado, una rueda para seleccionar la temperatura y varios botones para la potencia. Funciona perfectamente y de forma exquisitamente silenciosa. Y al lado, la cama. Grande, blanca. Con un colchón de generosísimo calibre, bastante blando, sobre un canapé de piel blanca. Empotrada en un cabecero de tela marrón verdosa. Vestida con suaves sábanas blancas y un ligero nórdico. Sobre ella cuatro almohadas y cuatro cojines, algo horteras en tonos marrones. A los pies un plaid y una manta decorativa a juego. Muy limpios. A cada lado sendas mesillas, igual que el resto del mobiliario, en metal negro y madera natural. Sobre una de ellas un teléfono moderno y sobre la otra el mando de la televisión. Por encima del cabecero una tira de led da un toque cálido a la luz de la habitación. Desde el techo y hasta las mesillas cuelgan sendos apliques de mimbre oscuro que ofrecen un bonito efecto lumínico. En el cabecero y sobre las mesillas sendos potentes reflectores para la luz de trabajo, enchufes, y un interruptor con cuatro posiciones de luz para crear distintos ambientes. Por encima del cabecero y hasta el techo, la pared aparecer recubierta de un papel pintado rugoso con motivos geométricos.

La insonorización exterior es formidable, y pese al tráfico pesado de la avenida no se oye nada. El interior es tranquilo y tampoco oímos demasiado. Sobre la puerta de entrada a la habitación, queda encendido durante toda la noche un incómodo punto de luz verde, como de emergencia, que llena ilumina demasiado y puede molestar durante el descanso. 

Junto al interruptor del aire acondicionado encontramos la puerta del baño, de cristal con un vinilo. Robusta. Con un tirador fino en metal. Dentro, envuelto en un aroma especial, el suelo y las paredes pasan a ser de porcelana rugosa en tonos crudos. Mucha luz. De frente un enorme espejo de pared a pared. Encima dos puntos de luz. Delante una larga encimera en silestone blanco con un potente grifo monomando sobre un lavabo. Sobre ella dos toallas de baño, de tamaño correcto y de adecuada calidad; una caja de madera con dos gorros de ducha, un peine y un set de cosmética; y un planta artificial con flores. En la pared, un bote dispensador de jabón de la marca Rituals, un espejo dirigible de aumento y un secador de escasa potencia. Cuelgan por debajo dos toallas de lavabo, una banqueta de madera negra y una pequeña papelera de pedal en negro.

A la izquierda, un moderno inodoro junto al que hay un par de portarrollos y una escobilla. Al otro lado de este una luminosa y generosa cabina de ducha. Suelo en porcelana blanca, mucha luz y puerta corredera de cristal. Una moderna grifería ofrece una ducha de teléfono y otra, fija, de efecto lluvia. Presión y temperatura son adecuados y quizá falte un punto de caudal. Anclados en la pared, también de Rituals, tres botes de gel, champú y acondicionador.

Por la mañana, en el restaurante se sirve un correcto y atendido desayuno buffet: platos calientes (huevos, bacon, salchichas, sándwiches), fiambres, quesos, fuet, cereales, bollería, distintos tipos de pan, fruta cortada y zumos naturales. Además una máquina de café sirve uno que podría ser mejorable.

Después, en el mostrador de recepción, una joven nos pregunta por cómo ha estado nuestra estancia y nos gestiona de forma ágil el pago y la factura. Nos ofrece su ayuda para continuar nuestro viaje y se despide.

Calidad/precio: 9.5
Servicio: 9
Ambiente: 9
Habitación: 9
Baño: 9
Estado de conservación: 10
Desayuno: 9
Valoración General: 9

martes, 28 de noviembre de 2023

HOTEL VINCCI FRONTAURA VALLADOLID (VALLADOLID)


HOTEL VINCCI FRONTAURA VALLADOLID (****)
Paseo Zorrilla 332
47008 Valladolid

Habitación: 708
Fecha de entrada: 28/10/2023
Tarifa: 110 AD

Alejando del centro, en la parte sur de la ciudad, rodeado de amplísimas y luminosas avenidas de anchísimas aceras y junto a un enorme centro comercial encontramos este edificio exento, rectangular, de siete alturas, con enormes ventanales de acero y cristal y rodeado por un bloque de granito rosáceo. En la cubierta se remata un enorme cartel con el logotipo de la cadena. En la enorme acera apenas destaca un pequeño saledizo sobre el que en letras metálicas figura el nombre del establecimiento. 

Dos grandes puertas correderas de cristal con el logo del hotel en vinilo, separadas por una zona de gruesa alfombra negra nos introducen en el recibidor. Techo alto, suelo de cerámica negra muy brillante, y olor a piscina interior (que debe estar ubicada en el piso de abajo). El fuerte viento de la calle ha metido dentro algunas hojas. A la derecha encontramos la cafetería, con unas butacas en llamativo color rojo, abierta y bulliciosa, y a la izquierda, vacío, apagado y casi cerrado con unas puertas correderas, el salón de desayunos. De frente nos encontramos la alargada y estrecha recepción. A la derecha una vitrina iluminada ofrece a la venta libros y productos típicos de la zona. A continuación el poderoso mostrador de recepción, en el mismo porcelánico que el suelo. Muy ancho, presenta dos puestos de trabajo con grandes pantallas sobre el mismo. Hay una empleada atendiendo a alguien con un montón de facturas y una gran carpeta entre las pantallas de ordenador. Se aparta a un lado y nos atienda mientras la otra persona espera. Nos pide la documentación, la tarjeta de crédito de garantía, copia los datos en el ordenador de manera ágil y nos entrega en un cartoncito las dos tarjetas que hacen de llave de la habitación indicándonos el horario del servicio de desayunos.

En el cartoncillo está la clave del wifi que es veloz y gratuito en todo el establecimiento. A nuestras espaldas están los tres ascensores. De puertas metálicas especialmente brillantes. El interior, con poca luz está revestido con maderas, espejos y una botonadura metálica. Hay una pantalla que ofrece noticias e imágenes de los servicios del hotel. Las puertas se abren en nuestra planta ante un recibidor enmoquetado y con luces indirectas. Suelo en tonos oscuros, paredes en madera negra y puertas enmarcadas en madera clara. con pomos en metal brillante. Al lado de la puerta, sobre la madera negra, en metal, el número de la habitación.

Tras la puerta, muy ancha y en cuyo lado interior encontramos dos cartulinas una verde y otra roja para poder indicar el no molestar o la petición de arreglar la habitación, avanzamos por un largo pasillo de techo metálico blanco practicable. Suelo de madera brillante, a lamas, limpio pero con alguna zona demasiado machacada. Paredes en vescom a tramos color arena, y otros tramos en gris claro. Cálida sensación de modernidad y luminosidad, con algunos fallos de mantenimiento. A la derecha una ranura para activar la luz de la habitación. A ambos lados, sendas puertas correderas, también de madera clara. En el lado derecho, con un pomo de metal encontramos el acceso al baño, y justo enfrente, con un espejo de arriba a abajo, el armario. Su interior dispone de una zona de baldas en las que encontramos la caja fuerte, la bolsa de la lavandería, almohadas extra, y una bandeja con un hervidor de agua y varios juegos de café y té, y un colgador largo con una decena de perchas antirrobo. Cuando nos acercamos a esa zona hay una luz interior que se activa automáticamente con nuestra presencia. Al final de ese pasillo, entramos en el dormitorio, de generoso tamaño y muy luminoso gracias a su enorme ventanal del fondo, que ocupa de techo a suelo y de pared a pared. La ventana, practicable y con amplísimas vistas a la puerta principal, está protegida por unos visillos blancos y un cortinón que hace las veces de foscurit en tonos marrón claro que no impide la entrada a raudales de la  luz de la mañana.

En la pared de la izquierda hay un largo escritorio de madera a juego con el resto de la habitación. Bajo ella, una cajonera oscura de tres cajones, una butaca sin respaldo tapizada en rojo algo sucio, y una papelera metálica. Al lado hay un armario, de madera más oscura, que recoge el minibar con zumos, cervezas y aguas. Sobre la mesa, un enorme flexo dirigible de trabajo en metal y tulipa blanca y dos enchufes disponibles. La generosa pantalla plana de televisión cuelga de la pared. En el gran espacio que hay desde el minibar hasta la ventana hay un incómodo sofá tapizado en rojo, también algo sucio. En la parte de abajo de la ventana hay un largo radiador que caldea fantásticamente bien la habitación. 

A la derecha encontramos las dos camas. Vestidas con un sábanas, manta y colcha. En cada una de ellas una comodísima almohada y un cuadrante. Aparecen empotradas contra un cabecero de cuadrados de madera hasta el techo. A cada lado, sendas mesillas de madera con enchufes disponibles e interruptores para apagar todas las luces de la habitación. Sobre las mesillas hay sendas lámparas con pie de metal y tulipa en color marrón, y dos bloques de madera más oscura en los que hay anclados sendos flexos dirigibles para la lectura desde la cama, que están ya algo destartalados. En una de las mesillas hay un teléfono digital y en la otra el mando a distancia de la televisión. En la pared que queda encontramos junto a un cuadro de motivos vegetales el sencillo display del aire acondicionado (que sólo funciona en verano, teniendo el radiador de la ventana para el invierno) con un botón de encendido y apagado, varios puntos de potencia y una pantallita para seleccionar la temperatura deseada. 

El juego de luces resulta bastante agradable y cálido. La insonorización exterior formidable, pero la interior deja bastante que desear y se escuchan demasiado los ruidos de las habitaciones contiguas y las voces del pasillo. Aún así, el hotel es tranquilo y se descansa moderadamente bien. 

Tras una pesada puerta corredera accedemos al baño. Suelo de porcelana negra brillante, paredes en color crudo. Frente a nosotros una poderosa encimera también en negro con un lavabo exento de porcelana blanca junto al que hay un poderoso grifo de complejo uso. Al encenderlo acaba saliendo agua por la junta inferior del mismo hacia la encimera. Anclado a la pared hay un bote de jabón de manos. Debajo de la encimera hay tres cajones de madera (en uno de ellos un secador de buena potencia), una papelera metálica de pedal y un toallero del que cuelgan dos toallas blancas de lavabo. Sobre la encimera, en una bandeja de plástico negra se presentan dos vasos de metacrilato, un bote de crema hidratante. Anclado a la pared, un dispensador metálico de pañuelos de papel. Toda la pared frontal es de espejo. En el lado derecho, encontramos un espejo de techo a suelo. A su izquierda el bidet, sobre el que hay un teléfono y un potenciómetro que en su momento debía trasladar el sonido de la televisión hasta el baño. A su  derecha, un moderno inodoro con la cisterna incrustada en la pared. A su lado un portarrollos y una cajita metálica con bolsitas higiénicas. En el techo hay un extractor de aire que se activa con la luz y cuyo sonido resulta algo molesto. 

La iluminación del espacio es bastante adecuada: varios puntos de luz sobre la encimera, otro en la zona del inodoro y otro en la ducha. En el lado izquierdo encontramos la bañera, protegida por una pequeña mampara corredera de cristal, rematada con una grifería, también de complejo uso, que termina en una ducha de teléfono a la que le falta un punto de presión. La ducha queda demasiado cerca de la pared y ello nos obliga a poner los pies un poco inclinados en el inicio de la pared de la bañera. Dentro, dos botes anclados a la pared con gel y champú, y un toallero con dos toallas de baño blancas de correcta calidad y tamaño con el logotipo de la cadena. Con el pie de ducha completan el más que correcto juego de lencería. 

Por la mañana, en el bullicioso salón ubicado junto a la puerta se sirve un completo desayuno buffet. Varias cafeteras (una de ellas Nespresso), una nevera con zumos en botellas individuales y yogures, varios tipos de pan, fiambres, quesos, embutidos, huevos revueltos y bacon, tortilla, mini bocadillos, varios tipos de cereales, mermeladas, nutellas, y un surtido de miniaturas de repostería. Quizá llegamos en mala hora pero la reposición de producto es excesivamente lenta, encontrándonos algunas bandejas vacías. 

Luego, en el mostrador de recepción, la salida es francamente rápida. Después de preguntarnos por el minibar, nos desean un buen viaje.

Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 7.5
Habitación: 8.5
Baño: 8
Estado de conservación: 8
Desayuno: 8
Valoración General: 8

martes, 11 de enero de 2022

HOTEL AC CARTLON (MADRID)


HOTEL AC CARTLON (****)
Paseo de las Delicias 26
28045 Madrid

Habitación: 210
Fecha de entrada: 28/10/2021
Tarifa: 110 (AD)

A dos manzanas de la estación de Atocha, en una esquina del bullicioso Paseo de las Delicias encontramos un edificio de inspiración clásica, en chaflán, con reminiscencias clásicas: mástiles -sin banderas- en lo alto, un enorme mural en el chaflán central y un baldaquino en la entrada donde una puerta giratoria nos recibe con unos cuantos carteles que nos avisan del peligro de caernos con los escalones que hay tras ella. Los bajamos con cuidado y caemos sobre la recepción. Es muy tarde y está bastante oscura. Suelo de mármol negro, paredes también. A la derecha el poderoso y largo mostrador de recepción. A la izquierda se abre un amplio espacio que deja un paso hacia los ascensores entre una barra de bar, ya apagada, de forma semicircular y unas cuantas sillas y mesas que invitan a la tertulia y al descanso. Luces tenues y puntuales que nos preparan para el descanso.

Tras el mostrador, bastante limpio de cosas, hay un par de puestos de trabajo. Protegidos por mamparas de metacrilato. Sólo uno ocupado. Nos atiende un recepcionista bastante rápido y eficaz. Le damos el nombre y nos pide los tres últimos dígitos del DNI y nos entrega enseguida la tarjeta que abre la puerta de la habitación. En un folio nos imprime un cuadradito con la clave del wifi que es gratuito y funciona bastante eficazmente en todo el hotel. Y nos indica que el desayuno, por culpa del virus tiene limitaciones de aforo y hay que reservar el tramo de media hora en el que queremos bajar. Lo anota y nos desea buenas noches.

Giramos ciento ochenta grados y una vez superada la barra del bar encontramos al a derecha los dos ascensores de puertas metálicas. Demasiados carteles con instrucciones sobre el virus. El interior no es demasiado grande, luz tenue, algunos carteles con servicios e información del hotel y las puertas que se vuelven a abrir en un pasillo que corre a derecha e izquierda. Luces puntuales junto a las puertas de las habitaciones. Suelo de gruesa moqueta azulada, paredes en vescom también azulado, rodapiés de madera clara y brillante igual que las puertas, de hechuras antiguas y con llamativo pomo dorado. Metemos y sacamos la tarjeta y el pestillo se desbloquea. 

Dentro una peculiar habitación. Suelo de madera bien cuidada, techo también de madera en un largo pasillo que nos lleva hasta una puerta corredera de cristal opaco tras la que está el dormitorio. Antes de él, a la izquierda hay un enrome espejo que ocupa toda la pared de techo a suelo. A la derecha, además de los interruptores y la ranura para meter la tarjeta hay un poderoso armario de madera a modo de vestidor entre el que se abre un pasillito que nos lleva hasta a puerta corredera del baño. En él encontramos un módulo con cajones, una repisa y un espejo que sube hasta el techo. A la izquierda una zona de puertas correderas con varias baldas, y un par de colgadores -de perchas normales-. También hay una potente tabla de planchar y una plancha, y en el suelo, sobre la caja fuerte, una bandeja con un hervidor y unos servicios de café y té. 

La sensación general es de clásico renovado y bastante cuidado. La temperatura adecuadamente cálida, porque la noche fuera está fría. Aún así el aire acondicionado funciona de manera ruidosa. Se maneja desde un sencillo display con dos mandos de subir y bajar la temperatura y otro de encendido y apagado que hay junto a la cama. 

Un paso más adelante y atravesando la puerta corredera llegamos al dormitorio. De generoso espacio. Casi cuadrado. En la pared del fondo destacan dos ventanas, una pequeña y otra muy grande, cubiertas por unos visillos en azul oscuro. Carpintería de aluminio y persianas de las de toda la vida. Vistas al ruidoso Paseo de las Delicias. A la izquierda la pared aparece alicatada en madera hasta media altura y desde ahí en vescom azul hasta el techo. Un escritorio de madera con el frontal en negro. Bajo él una papelera negra y una silla también de madera entelada en terciopelo azul. Varios enchufes disponibles, una lámpara de mesa con pie metálico y tulipa en tono claro. A la derecha, sobre el minibar correctamente surtido, aunque de precios elevados, una cafetera Nespresso con unos cuantos servicios de café y un par de botellas de agua de cortesía. Entre el minibar y la ventana, un amplio maletero de madera. Cuelga de la pared una generosa televisión plana.

Hacia la derecha, y a los pies de la cama, encontramos una mesa redonda de centro en cristal negro sobre la que está el mando a distancia de la televisión. A cada lado sendas butacas de piel en tono verdoso. Justo detrás queda la enorme cama. Blanca, con gran colchón muy cómodo y cubierta con un suave nórdico y agradable lencería. Cuatro almohadas también blancas con un ribete negro a cada lado. Todo el conjunto se encuentra empotrado contra un cabecero de madera de lado a lado de la pared. Sobre la cama hay otro cabecero en terciopelo oscuro. A cada lado de la cama sendas mesillas reducidas a una mera balda que imita el mármol negro. Sobre una de ellas el teléfono y sobre otra un bloc de notas y un bolígrafo. Sobre ambas, enchufes disponibles y sendas lámparas metálicas con tulipas en blanco. En cada una de ellas además hay un brazo dirigible con un foco para la lectura en la cama. El juego de luces es bastante cálido aunque quizá falte algo más de iluminación en la zona del maletero. 

El descanso se hace sencillo por la comodidad de la cama y por el aislamiento interior del hotel. Sin embargo la carpintería de aluminio se ve desbordada desde temprano por la mañana por el pesado trafico del Paseo de las Delicias.

El baño, una vez atravesado el armario-vestidor, es antiguo pero perfectamente renovado. Mármol color arena en el suelo y en las paredes. A la izquierda, además de un radiador que caldea la estancia, hay una estrecha encimera blanca con el lavabo de escasa profundidad. Grifería nueva monomando situada en un lateral de la encimera. Sobre ella, y colgando de la pared un generoso espejo bien iluminado por unos puntos de luz ubicados en el techo. Bajo el lavabo, en un par de baldas de madera se ofrecen las amenities de baño: set dental, pañuelos de papel y gorro de ducha. Sobre la encimera una pastilla de jabón y en un rincón de la bañera tres botecitos blancos de gel, champú y acondicionador. Todos ellos con un precinto metálico en su interior que a resulta complicado de abrir. A cada lado del espejo un secador de pelo potente y un espejo de aumento para el afeitado o maquillaje.

A la izquierda de la puerta, el inodoro, exento. En la pared en la que se ubica, hay un teléfono negro. Frente a la puerta, la bañera. Protegida con una mampara de cristal fija. Dentro grifería moderna rematada en una ducha de teléfono y un rociador de efecto ducha con excelente caudal, presión y temperatura. A los pies de la bañera, la alfombrilla de baño, un colgador con dos toallas de ducha generosas y de buena calidad, igual que otra toalla de manos que se ofrece colgando de un lateral de la encimera del lavabo. 

Por la mañana en un oscuro comedor con enormes ventanales a la calle, todavía oscura, se sirve un amplio desayuno buffet con un surtido y calidad envidiables: platos calientes (huevos, bacon, tortillas, vegetales), fiambres, quesos, jamón, variedad de panes y crujiente bollería, churros, zumos, lácteos, frutos secos y varias máquinas de café Nespresso. Al entrar en el comedor nos indican que, por el covid, es necesario usar unos incómodos guantes de plástico -de esos de gasolinera- para coger los alimentos.

Después, en el mostrador de recepción, al tener ya pagada la estancia, la atención es mecánica, pero al menos es rápida: pregunta por el minibar, entrega de la factura y nos vamos.

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 8
Baño: 9.5
Estado de conservación: 8
Desayuno:  8.5

martes, 5 de noviembre de 2019

IBIS MADRID PRADO (MADRID)

IBIS MADRID PRADO (***)
Calle del Prado 11
28014 Madrid

Habitación: 506
Fecha de entrada: 20/11/2018
Tarifa: 119 A+D

En el mismo corazón del Madrid de Las Cortes. A un paso del Congreso de los Diputados y de Sol, en una calle en cuesta, adoquinada y de acceso restringido encontramos haciendo esquina un feo edificio de ladrillo rojizo y siete alturas. Contrasta su moderna e insulsa fachada con el resto de edificios de la zona, mucho más trabajados y antiguos. El exterior de la planta baja, quizá para llamar la atención, se ha redecorado pintando todo en negro, con unas columnas de vivos colores y abriendo grandes Ventanales y una enorme puerta corredera de cristal en verde flúor. 

Tras las dos puertas correderas, accedemos a la recepción, Blanca y por tanto luminosa. Generosa de tamaño. Techo muy alto. Demasiado Blanco quizá la hacen un poco fría.  A la izquierda hay unas butacas para esperar junto a una cristalera a la calle ante la que hay una gran repisa llena de folletos. Las paredes, decoradas con letras de distintos tamaños y de vivos colores recopilando un montón de Denominaciones de Origen del vino español. El hotel está dedicado al mundo del vino. Junto a la puerta hay unas pequeñas butacas construidas con formas de tapón de corcho de botellas de vino y champagne. A la derecha hay una mesa alta, con seis sillas altas, varios periódicos, alguna planta y al fondo un pequeño espacio con una nevera con bebidas a modo de bar, y una máquina de café nespresso también de autoservicio, aunque no gratuito. 

Hacia la izquierda y al fondo encontramos los dos mostradores de recepción. Junto a el, en una pequeña mesa se ofrece una jarra de agua fría con limón y un par de botes de gominolas todo ello esta vez si, a disposición libre de los clientes.

El mostrador es alto, blanco. Hay dos, separados por una columna. Pero sólo uno parece estar en uso. Tras el, un despacho con la puerta abierta, en una pared también Blanca con unas ventanas protegidas con vinilos. Sobre los mostradores algunos cuadros con información sobre el hotel, la cadena, Madrid...

Nos atiende una joven simpática y educada vestida con un polo azul que nos acompaña en el ascensor de coches a dejar el vehículo en el parking subterráneo.  Desde este subimos en un ascensor de paredes metálicas con pequeños espejos estrechos y altos, con una pantalla de noticias y con varios carteles con información del desayuno, del parking y de la opción de salir con otros huésped a hacer footing en el Retiro. 

El proceso en recepción no es lento. Aunque tampoco rápido. Quizá algo frío. Nos explica el funcionamiento del WiFi, el horario del desayuno y nos entrega un cartoncillo con la tarjeta de la habitación. A la derecha del mostrador, justo enfrente de la puerta de la calle encontramos un pasillo que avanza hacia el interior bajando tres escaleras o una rampa. El techo ahí está demasiado bajo. Al fondo, está el ascensor. Antes de llegar a él a la derecha hay una pequeña sala de reuniones (y cata) con una biblioteca sobre vino y algunos utensilios que tienen que ver con el vino. El suelo se convierte en moqueta en distintas tonalidades de verde. Al fondo, junto a una pared recubierta con un vinilo con una foto enorme de unas parras volvemos a encontrar el ascensor.

Las puertas automáticas se abren a un pasillo en forma de T. Nuestra habitación, al fondo de pasillo. Luces puntuales, puertas en un gris claro azulado con unos recuadros de vivos colores con el número de la habitación y el nombre de una Denominación de Origen. La sensación tiene un punto de oscura, fría y algo kich por los brillantes colores de la decoración complementaria. Hasta llegar a la habitación pasamos junto a la puerta abierta de un office repleto de sábanas, toallas y productos de limpieza y junto a unas escaleras. 

Tras la puerta, con un pequeño pomo en el centro para colgar el no molestar y con mirilla, el suelo deja atrás la moqueta para ofrecernos una madera agradable y limpia en un tono gris claro. Tras la puerta aparecemos en un diminuto distribuidor cuadrado con un espejo que se queda detrás de la puerta. Luz fría en el techo. De frente, una puerta de cristal opaco al baño, con un pomo redondeado. A la derecha, el dormitorio. 

Suelo de madera gris clara y paredes blancas. La frontal, que recoge la cama y el armario está decorada con coloridos trazos dibujando botellas de vino. La pared de la derecha, con vescom blanco dispone de un mural con datos sobre la Denominación de Origen que da nombre a la habitación. La pared situada frente a esta acoge la ventana, grande, con aluminio negro muy cuidado y doble contraventana. La insonorización es perfecta y las vistas ahí delante, a los tejados de Madrid y ahí abajo, a la entrada principal. La ventana dispone de una persiana que se mueve eléctricamente con unos pulsadores a los que le falta la función automática y tenemos que estar apretando el botón hasta que esta cae por completo. Por delante, una cortina en tonos negros brillantes y un visillo también brillante pero en color morado.

La cama es blanca, lo que aumenta la luminosidad que ya de por si tiene la habitación. Grande para ser individual y algo pequeña para ser doble. Dos confortables almohadas, un buen colchón y un edredón nórdico bastante agradable, pese a que se nota un poco en la lencería la textura industrial. Tras la cama hay un pequeño cabecero de color gris acolchado. A cada lado de la cama hay sendas mesillas reducidas a tablas blancas ancladas a la pared. Sobre una de ellas el teléfono y sobre la otra el mando de la televisión. En ambas hay enchufes disponibles e interruptores para apagar las luces de toda la habitación. Sobre ellos, hay dos feos apliques metálicos que ofrecen una luz cálida aunque algo escasa para trabajar desde la cama. No obstante esa luz es mucho más agradable que la enorme lámpara redonda que hay ubicada en el techo de luz fría. El descanso es correcto, aunque la insonorización interior es manifiestamente mejorable.  

Junto a la cama y en el espacio que hay hasta la ventana hay un armario empotrado sin puerta. Revestido en blanco, con perchas normales también blancas. Dentro hay un maletero de metal y tela negra, la caja fuerte y el colgador. Junto a él, una mesa de centro redonda blanca y una butaca no muy cómoda en rojo.

A los pies de la cama, la pared vestida en vescom crudo, y en ella un minibar con dos botellas de agua mineral de cortesía, una tabla blanca anclada a la pared que hace las veces de escritorio. Sobre ella varios enchufes y una televisión plana. Bajo ella una silla de madera blanca y finas patas metálicas. Sobre todo ese espacio la lámpara de fría luz cenital.

El baño también es blanco. Y de luz fría que viene de un feo aplique ubicado en el techo justo encima del lavabo. El suelo de mármol gris y las paredes de grandes baldosas porcelánicas blancas con algún detalle en verde flúor. El lavabo es grande y exento, con una encimera a su alrededor. Grifo monomando y una bandeja de plástico, también blanco con dos vasos de cristal y un simpático set de amenities: pequeños botes de champú, gel y crema hidratante, una pastilla de jabón y un gorro de ducha, todo ello envuelto en papel blanco con las letras en tonos flúor. En el grifo la temperatura es colosal, aunque sobra un poco de aire y le falta algo de caudal. Junto al lavabo y quedando detrás de la puerta, hay un completo lote de toallas: dos de ducha y dos de lavabo. Correctas y muy bien cuidadas con un bordado en rojo que dice "Hotel El Prado". Bajo la repisa en la que se ofrecen las toallas hay un radiador que ofrece calor al espacio.

A la izquierda de la entrada queda el inodoro. Y enfrente de la puerta la generosa cabina de ducha protegida por una mampara de cristal con una zona en verde flúor para proteger a la persona que esté dentro. El suelo de la ducha es de un granito claro bastante agradable. La grifería es correcta aunque la sensación es algo endeble, como si fuera de plástico. Temperatura y presión correctas aunque quizá falte un punto de caudal. Dentro de la ducha hay un asidero con la alfombrilla de baño, y junto a ella una banqueta de plástico blanco.

En el sótano por la mañana se sirve un desayuno en un luminoso (y frío -no de temperatura-) comedor. Paredes blancas con dibujos coloristas de paisajes vinícolas. Mesas blancas cubiertas con manteles de papel y servilletas también de papel. Un variado surtido de frutas, zumos, embutidos, fiambres, algún plato caliente (bacon, salchichas, tortilla...), bollería crujiente recién hecha, churros, variedades de pan, cereales, mantequillas y mermeladas envasadas en unidosis y una máquina de café bastante correcta. Todo ello atendido por una distante pero eficaz camarera.

Al salir, en recepción todo demasiado procedimental y frío. Una joven nos cobra la estancia sin demasiado interés y así como al llegar nos acompañaron para ayudarnos en las engorrosas tareas del ascensor del aparcamiento, para salir nos abandonan a nuestra suerte...

Calidad/precio: 7
Servicio: 7
Ambiente: 6
Habitación: 7
Baño: 7
Estado de conservación: 9
Desayuno: 7

lunes, 9 de octubre de 2017

PRAKTIK METROPOL (MADRID)

PRAKTIK METROPOL (**)
Montera 47
28013 Madrid

Habitación: 901

Fecha de entrada: 20/05/2017
Tarifa: 111€

En el mismo corazón de la ciudad de Madrid, en la esquina de la Gran Vía con Montera, donde pasa todo. Un edificio sin rotulo alguno, entre un enorme McDonalds y otra franquicia de restauración tan sólo avisado por unos parterres sobre la acera peatonal encontramos un portal como de vivienda, sin cartelería. Las puertas, de cristal correderas están abiertas. En el portero automático vemos que Praktik Metropol se indica en la primera planta, pero que en otras plantas se anuncian también otros Hostales. 

Tras la puerta un espacio de mármol y espejos, como un portal de casa de vecinos, algo pequeño, algo desvencijado y con una pequeña mesa tras la que hay un portero en camisa y corbata que lee el periódico sin prestarnos atención alguna. A la derecha de él encontramos un pequeño distribuidor con las escaleras y los ascensores, y allí, si, un enorme cartel con las nueve plantas del edificio y lo que podemos encontrar en cada una de ellas. En la primera la recepción del Metropol. Y el resto se reparten entre otros hostales, y habitaciones del Metropol. 


Los ascensores son muy modernos y nuevos. Muy anchos y poco profundos. Algo oscuros, con espejo, una botonadura iluminada y una réplica del cartel del distribuidor con el reparto de las plantas del hotel. Salimos en el primer piso como si a un edificio de vecinos se tratara. Una puerta a derecha, otra a la izquierda y otra enfrente. En la de la izquierda pone "Hola" y entendemos que será la recepción. Empujamos la pesada y antigua puerta y aparecemos como en un piso. Madera en el suelo y un largo y ancho pasillo desde el que se adivina una larga mesa comunal al fondo. A la derecha hay una ventana a un oscuro patio interior. A la izquierda hay un marco de puerta doble que da a un salón, paralelo al otro con varias butacas tapizadas a cuadros y sofás delante de una enorme cristalera con vistas a la calle Montera. Allí mismo, hacia atrás encontramos el mostrador de recepción desde el que nos saludan con un desenfadado "Hola cómo estáis". 


El mostrador es de madera antigua, con un par de puestos de trabajo, aunque sólo atiende una persona. Nos trata de tú, nos indica que nos han hecho un upgrading en la habitación y que nos han puesto en una tipo skyline. A continuación nos pide todos los datos, el DNI y la tarjeta de crédito. Todo un poco lento para haber rellenado ya todos los datos por internet. El mostrador tiene varios folletos de la ciudad, algunos libros de arte y varios folios sobre los que trabaja la recepcionista. En la pared del fondo hay algunas palabras escritas sobre la pared. Todo da la sensación de esa "modernidad antigua" que se lleva ahora. Una vez que nos entrega las llaves nos explica el funcionamiento del wifi que es tan gratuito como inservible. No conseguimos conectarnos ni un sólo instante de las 12 horas que estuvimos en el hotel. La señal estuvo "Limitada" todo el tiempo. Además nos explica que el desayuno se sirve desde las 7.30.


Volvemos al rellano y volvemos a coger el ascensor hasta la planta 9. Allí, de nuevo un rellano de escalera de viviendas con tres puertas. En una no hay cartel, en la que se sitúa frente al ascensor pone 906 y  en la de la derecha, hay un cartel que pone "Hola", por lo que entendemos que allí debemos dirigirnos. Junto a la puerta, hay una ranura en la que introducimos la tarjeta y se abre. Accedemos a un pasillo largo que inicia con un pequeño recibidor con un sofá doble de corte antiguo. Paredes blancas con frases y palabras escritas por todos los sitios. Allí mismo está la puerta de nuestra habitación, blanca, y con un metal que imita a un cristal como si pudiéramos ver la habitación desde allí (o viceversa). 


Una vez abierta la puerta lo primero que vemos es un generoso espacio rectangular en el que está todo. Pero también notamos un extraño olor como a pozo. En la jamba de la puerta, la ranura para la tarjeta y el display del aire acondicionado. Aparentemente su manejo es sencillo, con posición on, off, auto y una rueda para seleccionar la temperatura. Sin embargo, y pese al ruido, no conseguimos hacer que la temperatura varíe. Sorprendentemente la extracción del aire genera un molesto ruido durante toda la noche. El suelo es de una madera muy bonita y cuidada, como si fuera antigua, en marrón oscuro. Todo lo demás es blanco. Las paredes aparecen recubiertas por unas lamas de madera blanca rematadas en unas especies de colgadores a lo largo de toda la habitación. Abajo un gran rodapiés negro de madera. A la izquierda hay un armario exento con las puertas de espejo. Dentro, algunas baldas (con una manta extra), una caja fuerte y una barra con perchas. Las patas del armario son curiosamente redondeadas y de corte antiguo. Bajo el armario hay una papelera metálica en blanco como antigua.


A continuación del armario hay dos estrechas puertas de color negro con cristales tapados por unos visillos en color crudo que dan acceso al baño. Junto a ello, una estrecha y larga mesa de trabajo casi de plástico decorada con un dibujo de un plano de Madrid. Sobre ella hay un antiguo flexo de cobre.  Algunos papeles del hotel sobre ella, y un par de enchufes debajo. Delante, una silla no demasiado cómoda para trabajar. Sobre el conjunto, cuelga de la pared una moderna televisión plana. Antes de la pared del fondo, donde hay dos generosos balcones (aunque de terraza estrecha) con bonitas vistas al centro de Madrid, se sitúan dos enormes sofás orejeros de piel marrón antigua con una mesa redonda de centro que usamos de maletero. 


Dos camas blancas. Con sábana y colcha. Colchón cómodo pero sin más. Sábanas algo duras. Sobre cada cama un par de almohadas de distintos tamaños, durezas y grosores; y una toalla enrollada con un cartel de esos que fomentan la culpa en uno mismo por querer sábanas limpias. Por encima de las camas y ancladas a la pared hay cuatro enormes lámparas, metálicas en negro, situadas a distinta altura. Las altas iluminan la estancia. Las bajas sirve como lectura. Luz potente. A cada lado de las camas hay sendas mesillas modernas de madera. Sobre una de ellas, un teléfono. Y junto a ellas, interruptores para las luces y un enchufe. 


Pese a que la cama es cómoda, entre el ruido de la extracción de aire (que no se apaga ni con el aire acondicionado desconectado), los ruidos del pasillo (se escuchan todos los pasos, las puertas...), el bullicio del centro de Madrid (pese a la que las puertas del balcón no están muy mal insonorizadas) y el flojo foscurit (que no frena la luz de la mañana), el descanso no es estupendo. 

El baño huele terriblemente a pozo. Aunque es moderno, todo recuerda a antiguo. No es muy grande. El suelo tiene pequeñas baldosas hexagonales negras, grises y blancas. Las paredes, alicatadas con baldosas blancas cuadradas hasta media altura. Las juntas aparecen como pintadas en negro. Desde el final de las baldosas hasta el techo, pintura blanca. La estancia posee mucha luz porque además de la artificial, hay una ventana de madera blanca al exterior con vistas directas a un grifo antiguo e indirecta a los tejados de la ciudad. A la derecha un inodoro moderno. De frente un lavabo exento, sin encimera. En él, un bote de champú y otro de gel. No hay pastilla de jabón. Sobre el lavabo un espejo rectangular, y junto a él un pequeña repisa metálica para dejar nuestros útiles de aseo. De allí cuelgan las dos toallas de mano que complementan el juego de lencería con  las que había sobre la cama: muy limpias, nuevas y mullidas.


La presión del grifo del lavabo es normal. Pero al abrir el grifo aumenta ese olor extraño. A la izquierda de la entrada hay una generosa cabina de ducha, protegida por una mampara de cristal con puerta. Dentro una enorme alcachofa en el techo de efecto lluvia y anclado a la pared un grifo de teléfono de corte antiguo como de mango de marfil. Presión, caudal y temperatura envidiables.


Por la mañana en recepción no pueden hacernos la factura porque ya habían cerrado el programa (?) quedan en enviarla a lo largo de la mañana pero hemos de reclamarla un par de veces. No nos preguntan muchas cosas, ya que no hay minibar, así que simplemente nos indican que el desayuno se sirve en un bar de una cadena de cafeterías que hay junto a la puerta del hotel: un zumo de naranja, un minibocadillo de tortilla congelada, un buen croisant y un buen café. 


Calidad/precio: 5
Servicio: 5
Ambiente: 8
Habitación: 7.5

Baño: 7
Estado de conservación: 8.5

Desayuno: 7
Valoración General: 5.5