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miércoles, 26 de marzo de 2025

HOTEL ARAVACA VILLAGE (MADRID)


HOTEL ARAVACA VILLAGE (****)
Camino de la Zarzuela 23 
28023 Madrid

Habitación: 124
Fecha de entrada: 18/09/2024
Tarifa: 135€ SA

Junto a la carretera de La Coruña, en una zona de urbanizaciones bajas, algunos otros hoteles, zonas ajardinadas y una parroquia. Antes de llegar al edificio rectangular, de cuatro alturas, en granito gris y negro con ventanas alargadas en el mismo color, debemos atravesar un un frondoso y bullicioso jardín artificial que acoge un concurrido restaurante y bar de copas. Una zona amplia jalonada con enormes maceteros nos conduce hasta un pequeño pórtico en el que se abren las puertas de cristal automáticas del hotel. Primero dos puertas con el logotipo del hotel en vinilo, luego una zona con una mullida alfombra y después otras dos puertas y ya estamos en la enorme recepción, que atraviesa el espacio para salir al otro lado del edificio donde hay otras puertas con la misma configuración.

La recepción resulta moderna, amplia y acogedora. Madera brillante, paredes en madera y vescom blanco. Si el edificio nos recuerda a un típico hotel de la cadena AC, el interior todavía más. Pero no lo es. Hacia la izquierda, unos sofás tapizados en piel de tonos grises y unas ligeras estanterías con algunos libros y jarrones. Hacia la derecha, el amplio pasillo que lleva a los ascensores y al comedor. Y allí al lado, el largo mostrador de recepción, en madera algo trabajada y con unas luces interiores que lo iluminan. Por encima varias lámparas que cuelgan desde el techo.

Hay tres puestos de trabajo, pero sólo uno esta atendido por una joven que realiza el engorroso y lento trámite de registro. Nos solicita el pago, y nos explica algunos servicios del hotel y el funcionamiento del wifi, que es gratuito y en algunos momentos se corta o viaja sumamente lento. Volvemos sobre nuestros pasos para dirigirnos a los ascensores. Tres. Grandes. De puertas metálicas automáticas y con el interior revestido en metal y metacrilato blanco. Botonadura metálica.

Las puertas se abren a un pasillo que corre a derecha e izquierda. Moqueta oscura en el suelo. Luces indirectas. Paredes en pintura blanca con bastantes desconchones a la altura de las puertas que cierran con mucha fuerza. Junto a la nuestra está el acceso al cuarto de limpieza, donde los golpes y manchas son mucho más abundantes y llamativos. También hay una zona en obras en el techo dejando visible un tramo de canalizaciones, tuberías e instalaciones. La puerta, de madera, dispone de un lector de tarjetas electrónico que abre la misma. 

En la parte interior de la puerta hay un espejo de cuerpo entero. Caemos en un pasillo algo estrecho en vescom claro casi blanco. Suelo de madera natural bastante cuidado. A la izquierda la puerta del baño, de cristal con un pomo metálico en forma de bola. Un poco más adelante el display del aire acondicionado con un botón de encendido y apagado, una rueda para seleccionar la temperatura y tres niveles de potencia. Funciona eficazmente pero también ruidosamente.

Un paso más adelante encontramos el dormitorio. Amplio, generoso. En el lado izquierdo dos camas individuales con un algodón y un cuadrante con el logo del hotel bordado en un tono verdoso, a juego con el canapé. Colchones de buen calibre vestidos con una simple sábana. Todo ello empotrado contra un cabecero de madera con una tira de luz led retranqueada que ofrece una agradable sensación al espacio. A cada lado, sendas mesillas de noche, que son simplemente una balda anclada a ese cabecero. En una de ellas no hay nada. En la otra, hay un teléfono de grandes teclas, un bolígrafo y un bloc de notas. Debajo de ella, de incómodo acceso, un enchufe para cargar los aparatos electrónicos y por encima interruptores para apagar las luces. Por encima, y anclados a la pared, dos flexos de ambiente retro en metal oscuro ofrecen una potente luz para la lectura desde la cama. 

En el lado derecho encontramos encontramos un armario largo de madera clara. El primer módulo es un maletero algo estrecho. A continuación un armario con puerta en cuyo interior encontramos el minibar con un buen surtido de bebidas y snacks a precios algo elevados. Justo encima, una generosa pantalla planta de televisión sobre lo que es un amplio escritorio con abundante zona de trabajo. Al final, anclado a la pared hay un flexo a juego con los de las mesillas. El problema es que hemos de desenchufar este para poder poder conectar nuestros aparatos electrónicos. Sobre el mismo se ofrecen dos botellas de agua de cortesía. Por encima, en la pared, un feo cuadro en blanco y negro. Por debajo, una papelera negra con bolsa de plástico y una butaca tapizada en tela azul y blanca con patas de madera.

La pared del fondo está ocupada por una ventana practicable de aluminio negro con vistas a un patio al que se abren varios edificios de oficinas. Está protegida por un estor que se baja con una cadenilla y por delante un visillo de tonos ocres. Junto a la ventana hay una butaca azul brillante y una lámpara de lectura. La insonorización exterior resulta correcta aunque también es cierto que no hay ruido alguno en ese patio.

En la pared que queda se aloja el armario con una zona de baldas en la que está la caja fuerte, la bolsa de la lavandería y un calzador, y en la otra zona una barra colgadora con seis perchas antirrobo. Puertas correderas de madera a juego con el cabecero e interior iluminado.

La sensación de la habitación es de amplitud y modernidad. También de espaciosidad porque no hay nada que sea superfluo. Aunque no se cuela demasiada luz por las ventanas, la insonorización interior es muy muy escasa, y se escucha todo lo que pasa en las habitaciones contiguas y en los pasillos a través de la puerta de entrada, por la que, además, se cuela la luz por sus juntas. 

El baño es lo que más recuerda a un AC. Suelos y paredes de mármol verdoso. A la izquierda una encimera blanca con el lavabo incrustado y con un grifo monomando del que sale escasa potencia y caudal. Anclados a la pared un bote de jabón de manos y de crema hidratante, un secador de pelo de poca potencia y un espejo de aumento. Sobre ella, en una bandeja de plástico con el logo del hotel, dos vasos de cristal. Delante, y casi hasta el techo, un buen espejo con dos puntos de luz sobre el mismo, que generan algunas sombras para verse en el mismo. Por debajo un colgador con dos toallas de mano, y una papelera metálica de pedal. 

A la derecha, el inodoro y el bidet, y de frente una generosa bañera protegida por una mampara móvil de cristal, rematada en un grifo de teléfono bastante normal. Dentro, un toallero con dos toallas de ducha blancas de buena calidad y tamaño, un pie de ducha, tres botes de champú, gel y acondicionador anclados a la pared. El caudal, la presión y la temperatura resulta impresionantes. En algunos momentos incluso excesiva lo que provoca que salpiquemos bastante agua durante la ducha. 

Por la mañana, la salida, con todo ya hecho, resulta bastante rápida e insulsa. Adiós.

Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 7.5
Habitación: 7
Baño: 7
Estado de conservación: 7
Desayuno: 
Valoración general: 7.5

miércoles, 24 de enero de 2024

NH MADRID CHAMBERI (MADRID)

NH MADRID CHAMBERÍ (***)
Bretón de los Herreros 29
28003 Madrid

Habitación: 602
Fecha de entrada: 05/01/2024
Tarifa: 135€ (AD)

En el corazón del bullicioso barrio de Chamberí, un edificio de ladrillo rojo, de seis plantas, empotrado entre otros edificios de viviendas, rodeado de bares, restaurantes y tiendas, apenas pasa desapercibido en la acera, de no ser por las paredes repletas de vegetación que presenta el bar restaurante que presta servicio al hotel. Delante de la puerta, un espacio reservado para el aparcamiento y la carga y descarga de equipajes y viajeros. 

Dos puertas correderas de cristal con el logo de la cadena nos hacen atravesar una alfombra algo metalizada en la que a la izquierda se ha situado el árbol de Navidad. Una vez dentro encontramos un espacio alargado, moderno y de agradable sensación. El aroma propio de la cadena lo invade todo. Suelo de madera oscura muy limpia, techos de lamas de madera con puntos de luz incrustados en ella. A la izquierda una escalera de caracol abrazada a una columna de hormigón recubierta con una curiosa estructura piramidal de acero cortén. Paredes recubiertas por una curiosa y arrugada tela blanca retroiluminada. Varias butacas delante de ella. Una vitrina de cristal, junto a la puerta del bar - restaurante, con botellas de vino, un largo banco tapizado en verde ubicado entre dos columnas, una mesa alta con varias bebidas de cortesía (agua, té frío, una cafetera de cápsulas), golosinas y algún dulce. Y allí enfrente, al fondo de ese largo espacio, dos mostradores de recepción.

Separados por una columna central encontramos dos poderosos mostradores retroiluminados en su parte inferior recubierta por unos metacrilatos blancos. Sólo está operativo uno. En él nos atiende un joven. En el otro hay una inscripción con una frase del poeta que da nombre a la calle del hotel. Sobre el mostrador, una pequeña pantalla muestra información de la cadena. El joven, atento, sigue escrupulosamente todos los trámites del registro, hasta que nos extiende un pequeño cartoncillo en el que se incluye la clave del wifi, que es gratuito y correcto en todo el edificio, las dos tarjetas que sirven de llave de la habitación y un documento para firmar.

Giramos sobre nuestros pasos y nos encontramos con un gran ascensor. Puertas metálicas, interior moderno. Suelo de mármol verdoso, paredes en metal y espejo, botonadura metálica. Abre las puertas en el sexto piso a un estrecho pasillo con suelo de mármol blanco, paredes en vescom claro y mucha luz artificial, algo blanquecina. En uno de los extremos del pasillo hay una colorida fotografía, ocupando toda la pared, con una imagen icónica del centro de Madrid. Un cartel de plástico negro y letras doradas indica la dirección de las habitaciones. Puertas antiguas, repintadas en blanco con los números metálicos grabados en ellas. Pomos de metal plateado redondeado, de los originales de la cadena. 

Una vez dentro el suelo pasa a una agradable y cuidada madera rústica a lamas. Encontramos un primer espacio a modo de recibidor con interruptores de la luz y la ranura para la tarjeta que activa la iluminación. Además, un cuadro de luces con un punto permanentemente encendido. También, la puerta blanca del baño. 

Un paso más adelante, y separado por otra puerta, que aísla algo del pasillo, encontramos el dormitorio. Sensación de amplitud, y modernidad. Mismo suelo y paredes. En el lado izquierdo encontramos un generoso maletero de madera blanca, con listones de protección en metal brillante, y a continuación un minibar de puerta de cristal con caro surtido de refrescos, cervezas, aguas y snacks. Sobre el minibar se nos ofrecen dos botellas de agua de cortesía por ser miembro preferente de la cadena. Además hay un par de copas, vasos, servilletas y un abrebotellas. El minibar hace un molesto ruido como de agua corriendo por su interior, así que lo desenchufamos durante la noche. A continuación, en la misma madera blanca algo brillante, hay un generoso escritorio con una moderna lámpara de trabajo. Enchufes en la pared para los aparatos electrónicos. Por debajo del escritorio una papelera metálica y una silla tapizada en blanco con finas patas de metal. En la pared, aparece colgada una enorme pantalla de televisión.

La pared del fondo, cubierta por completo por un visillo blanco de lado a lado y de techo a suelo, recoge una moderna ventana con persiana en aluminio gris. Las vistas, a un enorme patio ajardinado con varias piscinas aquí, y a las torres de Madrid allá, permiten, además, llenar el dormitorio de luz. Pese a que la ventana es relativamente nueva, no cierra bien en la parte de abajo, lo que hace que el viento y el frío se cuelen un poco hasta que bajamos la persiana del todo, consiguiendo así la oscuridad absoluta de la habitación.

En el lado derecho se encuentra la cama. Un somier blanco sostiene un buen colchón de generoso calibre muy confortable. Vestida con un suave y ligero edredón nórdico es grande para ser individual y algo justa para ser doble. Cuatro almohadas de distinta dureza y grosor. Empotrada contra un cabecero de madera de tres cuerpos. A cada lado, sendas mesillas de madera a juego. Sobre una de ellas, un teléfono moderno y el mando de la televisión. Sobre ambas enchufes disponibles, interruptores y un par de enchufes de USB. Anclados al cabecero sendos brazos metálicos de iluminación que generan un ambiente acogedor. En la parte superior de la cama, por un retranqueo de la escayola del techo, corre una tira de led que da mucha luz a la estancia, aunque quizá algo fría. El descanso es bastante agradable, porque el hotel es tranquilo. Gracias a la orientación interior de la habitación y a la persiana, la insonorización exterior es adecuada. Sin embargo la insonorización interior es brutalmente mejorable. Se escuchan todos los sonidos de las habitaciones contiguas. 

En la pared restante encontramos el moderno display del aire acondicionado, que funciona a la perfección y de forma casi silenciosa, y un armario doble cerrado con puertas correderas de espejo. En su interior, en un lado, media docena de perchas antirrobo, y en el otro lado, unas baldas, la caja fuerte, la bolsa de la lavandería, un calzador, una gamuza lustrazapatos y un bolígrafo.  

El espacio del baño es adecuado. Un par de puntos de luz fría desde el techo contrastan con la luz más cálida que ofrece un cuadrado retroiluminado que se ofrece en el espejo. Frente a la puerta, un lavabo rectangular con una más que escasa encimera. En ella, una bandeja ofrece dos vasos de cristal y un gorro de ducha en una cajita de cartón. Bajo el lavabo, una papelera metálica de pedal. Sobre él, un espejo cuadrado antivaho con una luz incrustada en él. A la izquierda, en la pared, un toallero metálico con dos toallas de lavabo con el logo de la cadena, un dispensador de pañuelos de papel, un espejo dirigible de aumento, un secador de buena potencia, un enchufe y dos botes de jabón de manos y crema hidratante anclados a la misma. 

En el lado derecho del lavabo, junto a un dispensador metálico de bolsitas higiénicas y dos portarrollos encontramos el inodoro, con la tapa algo torcida y la cisterna exenta. A continuación, una enorme cabina de ducha cubierta por una mampara de cristal hasta el techo. En su interior, en la pared una pequeña jabonera metálica esquinera, y tres botes de gel, champú y acondicionador anclados a la pared. Todo se remata con una ducha con dos rociadores, uno en forma de teléfono y otro de efecto lluvia. El grifo termostático permite alcanzar una óptima temperatura aunque faltaría un punto de caudal y presión. Dentro de la ducha se ofrece un pie de ducha, también con el logo de la cadena, y en un calienta toallas de metal brillante -que hace las veces de radiador- se presentan dos toallas de baño de tamaño medio y justa calidad. 

Por la mañana, en el bar restaurante que presta servicio al hotel se ofrece un corto desayuno buffet. Cereales, varios zumos naturales, fiambres y quesos, bollería, diversos panes, aceites y tomate rallado. Un simpático camarero tras la barra prepara sobre la marcha los cafés -correctos- que le vamos demandando. Después, en recepción, sencillos y rápidos trámites para el procedimiento de salida. Sin más. 

Calidad/precio: 7.5
Servicio: 8
Ambiente: 8.5
Habitación: 7.5
Baño: 7
Estado de conservación: 9.5
Desayuno: 7
Valoración General: 8.5

lunes, 21 de noviembre de 2022

MAS APARTHOTEL EU (BRUSELAS)

MAS APARTHOTEL EU (****)
Rue de Spa 14
1000 Bruselas (Bélgica)

Habitación: 20 
Fecha de entrada: 24/09/2022
Tarifa: 135€ (SA)
 
En el corazón del barrio europeo. A 10 minutos caminando de la Comisión, a 15 del Parlamento, y a 20 de la Grand Place, en una calle tranquila, rodeado de aburridos edificios burocráticos de las instituciones europeas encontramos este pequeño palacete, de tres alturas de estilo clásico con un punto italianizante, con balcones de forja, puerta labrada y paso de carruajes. Sobre dos escalones, una poderosa puerta de madera verde, muy iluminada bajo un cartel de lona que indica la ubicación del establecimiento. Un lector de tarjetas (para el acceso una vez que ya hemos hecho el check in) y un timbre con videoportero nos reciben. 

La puerta se abre casi automáticamente a un pasillo iluminado con mucha luz algo fría. Varias escaleras o una rampa nos dejan junto al pequeño mostrador de recepción, protegido con un metacrilato por el covid. Tras él una mesa ordenada con un ordenador, un teléfono y un par de carpetas abiertas. Hacia la izquierda se abre un lujoso salón cálido, de luces indirectas, con mullidos sofás y gruesas alfombras, muebles de madera cuidada, un pequeño mueble bar ofrece una bebida de cortesía y una biblioteca provee revistas, folletos y libros. En la recepción nos atiende un hombre en perfecto castellano preguntándonos por nuestro viaje. Después se ocupa rápidamente de nuestro pasaporte y de cobrar la estancia mientras nos explica el funcionamiento del hotel, los horarios y el wifi que funciona a gran velocidad en todo el edificio. Nos entrega una tarjeta que servirá para abrir la puerta exterior del edificio, ya que por la noche no hay recepción operativa, y una llave normal con un llavero pequeño para la habitación.

Nos acompaña un par de pasos hacia la izquierda por un pasillo moderno, de fría luz en el que encontramos el ascensor. Moderno, amplio, con iluminación puntual, puertas automáticas en metal, una pared de espejo y moderna botonadura que se ilumina al pulsar. Las puertas se abren a un pequeño recibidor con una gruesa moqueta roja. Paredes altas con molduras de escayola de formas clásicas. El pasillo con luces indirectas que se van encendiendo y apagando conforme avanzamos  nos obliga a bajar tres escaleras, subir dos y volver a bajar otras tres hasta que nos encontramos delante de la puerta de nuestra habitación. Blanca, moderna, con el número rotulado en la misma, y a sus pies una pequeña alfombra de rayas de colores. Tras la puerta, el suelo se convierte en una espectacular madera, el espacio se abre enorme y generoso y el techo, blanco, con escayola labrada, sube por encima de los cinco metros. 
Al abrir la puerta, un muro que no llega hasta arriba nos recibe con un largo espejo. Interruptores para las luces, un radiador y un paragüero. Hacia la izquierda avanzamos por el pasillo que deja en su lado izquierdo un par de repisas de cristal iluminadas con un par de jarrones decorativos. A la derecha, un enorme salón con una gruesa moqueta roja, un sofá doble de tela en el mismo color con varios cojines, una butaca, dos mesas de centro en metal y cristal, una lámpara curva de pantalla en cristal blanco y corte retro, y una espectacular chimenea en mármol oscuro. En la pared del fondo tres balcones con vistas a la puerta principal, protegidos por estores blancos que mantienen la privacidad. Un libro sobre montañas de Colombia, una guía de Bélgica y un ejemplar del Quijote. Junto a la chimenea, en una ligera mesa de metal y cristal con ruedas y móvil (para que se pueda ver desde el salón o desde el dormitorio) se presenta la televisión, de pantalla plana y un equipo de música. 

Pegado al salón hay una zona de comedor, con una mesa para seis personas a juego con el resto (metal y cristal). Sobre ella cuelga una gran lámpara de tulipa en tono crudo. En la pared, pintada en rojo hay un radiador y una papelera. Y a su lado una zona en tono gris en la que encontramos una cocina completa: armarios con vajilla, friegaplatos, vitrocerámica, lavaplatos, frigorífico (que hace las veces de minibar), horno y microondas, cafetera, papel de cocina... La sensación de todo el espacio resulta bastante señorial y entre las luces del techo, de corte clásico en metal imitando velas y las que se pueden encender en las mesas, se puede conseguir un cálido ambiente. 

Junto a la mesa de la televisión, un enorme vano (ancho y hasta el techo) nos conduce al dormitorio. Espacio generosísimo: alto, ancho, largo.... A la derecha, una pequeña lámpara metálica con tulipa de cristal blanco, una butaca en gris oscuro, a su lado una gigantesca y espectacular chimenea en mármol blanco. Dentro de ella se ofrece un maletero de metal y tela, y junto a ella y en una pared empapelada con un papel que imita al periódico una comodísima mesa de trabajo, amplia, con un potente flexo y una increíble silla de trabajo. En la mesa hay una carpeta con información sobre los servicios del hotel, museos y restaurantes cercanos. Un par de baldas disponibles en un sencillo armario negro colgado de la pared y un par de enchufes disponibles tras la mesa. La lámpara que cuelga del techo, de bolas de cristal, ofrece una luz algo fría, pero podemos encender las de pie o las de las mesillas para ofrecer un ambiente mucho más agradable. 

A la izquierda de ese espacio encontramos el armario. Enorme. De tres cuerpos. En uno de ellos, que es doble, hay un colgador larguísimo con un montón de perchas de distintos formatos, y una balda superior. En los otros se ofrecen baldas y cajones y en uno de ellos la bolsa de la lavandería y un par de almohadas de repuesto. A la izquierda, empotrada contra un cabecero blanco y una enorme pared pintada en azul cielo encontramos la cama. Doble, vestida con un ligero y mullido edredón, sobre un confortable colchón de buen calibre. A cada lado sendas mesillas, pequeñas, de madera, con interruptores y enchufes disponibles y en ambas sendas lámparas (cada una distinta de la otra) para la lectura nocturna. El descanso resulta fácil porque el hotel es absolutamente tranquilo, la insonorización interior total, al igual que la exterior. En la pared del fondo, junto a un enorme radiador encastrado en un armario, encontramos tras unas gruesas cortinas en tonos amarillentos la puerta de aluminio blanco y cristal que da acceso a una generosa terraza con una mesa y dos sillas y bonitas vistas al frondoso jardín del hotel aquí, y a modernos edificios corporativos allí atrás. 

Junto a la puerta de acceso a la terraza hay otra puerta de madera blanca cerrada, imaginamos que con el equipo de limpieza de la habitación, y hacia la izquierda media docena de escaleras en moqueta roja nos llevan hacia el baño en un pasillo rematado en un espejo de cuerpo entero. Junto a este y tras una puerta encontramos un pequeño cuarto con el inodoro, un pequeño lavabo con toalla y espejo y un par de cuadros con fotografías clásicas. Suelo de madera y paredes pintadas en tono crudo. Un punto de luz en el techo, algo frío, que al encenderse activa un sonoro extractor. Junto a él, y tras otra puerta encontramos el resto del baño en un espacio enorme rematado en una gran ventana de cristales opacos bajo la que hay un gran radiador. Del techo cuelga una lámpara de fría luz. En la pared de la izquierda, pintada en blanco, encontramos una lavadora, y a su lado sobre una larga encimera de madera oscura un lavabo de porcelana blanca. En la pared, un gran espejo rematado en la parte de arriba con un aplique de luz con tres puntos de luz agradable. Bajo la encimera, una balda con un secador de pelo y bajo esta una papelera metálica. Al lado un toallero ofrece una toalla de manos.

Frente a la puerta de entrada hay un largo banco de madera en el que se ofrece sobre una bandeja un bote pequeño de champú y una pastilla de jabón. Allí la pared aparece recubierta de porcelana blanca de cuadradas baldosas. En un toallero se ofrece una generosa y mullida toalla de baño. Y a continuación una moderna cabina de ducha de suelo blanco, y mampara de cristal rematada en una ducha de teléfono con efecto masaje. La temperatura es más que adecuada, la presión perfecta y quizá le falte un punto de caudal. 

Por la mañana la directora del hotel, que ocupa un despacho junto a la recepción y una joven recepcionista nos despiden calurosamente deseándonos un buen viaje y un pronto regreso.

Calidad/precio: 9.5
Servicio: 9
Ambiente: 9.5
Habitación: 9.5
Baño: 8
Estado de conservación: 9
Desayuno: 
Valoración general: 9

viernes, 1 de diciembre de 2017

AC GAVÁ MAR BY MARRIOTT (GAVÁ - BARCELONA)

AC GAVÁ MAR BY MARRIOTT (****)
Tellinaries 33-35
08850 Gavá (Barcelona)

Habitación: 104

Fecha de entrada: 29/06/17 
Tarifa: 132 SA

Aunque el hotel está situado en primerísima linea de playa (desde el jardín se sale directamente a la arena) la entrada al establecimiento se hace desde la parte de atrás, desde una pequeña y tranquila calle llena de pinos y coches. El edificio, descaradamente moderno es de dos alturas, con unos grandes ventanales que dejan ver los pasillos en los que se abren las habitaciones. Todo en negro, con una generosa explanada-jardín delante que permite estacionar algún vehículo, acceder al parking o pasear esperando a alguien sobre un suelo sobre elevado que da la sensación de moverse. 

En un edificio anexo a la izquierda encontramos la recepción. Madera clara en las paredes, mármol blanco en el suelo. Ancha hacia los lados y poco profunda, nos recibe tras unas puertas automáticas de cristal con el mostrador justo delante. Agradable y fresca sensación. Mucha luz, que entra desde las enormes cristaleras que ocupan todo el espacio, y desde el jardín que queda a la derecha después del bar. A la izquierda una zona de sofás en tonos arena con un armario librero y alguna mesa baja. A la derecha, antes del bar, bastante tranquilo, unas mesas altas de madera, con sillas a juego con periódicos. Un totem indica la ocupación de las salas de reunión y la distribución del hotel. Un poco más allá se adivina el bar, la terraza y el jardín con piscina. Y un poco más allá todavía el mar, embravecido este día. 

Frente a la puerta, el mostrador de recepción, en madera negra. Sobre él varios folletos del hotel. Nos sorprende uno que indica que "Es obligatorio vestir adecuadamente en las zonas comunes" (es lo que tiene la cosa playera, que la gente pierde las formas). Tras él, varios cuadros redondos. Dos puestos de trabajo. Ambos atendidos. Una joven nos saluda desde el lado izquierdo. Acudimos allí. Simpatía y demás, pero otra vez el rollo del DNI (está claro que no sirve de mucho ser gold de la cadena) para que sepa la policía que esta noche duermo allí, aunque lo cuelgue en tuiter y en un blog... Nos indica el número de la habitación y la clave del wifi (que nos entrega en un folio) que es gratuito, veloz y con buena señal en todo el hotel -jardín incluído-. Un poco más a la derecha están los ascensores. Modernos. Grandes. Algo oscuros. Bien cuidados. Suelo de moqueta oscura casi negra.  Una pared de color arena, otra con espejo y otra en metal, con un cartel de publicidad de la cadena. 

Salimos en nuestra planta a un largo pasillo con enormes ventanales a la puerta principal. Mucha luz que contrasta con el negro de la moqueta del suelo, y lo negro oscuro de las puertas y lo gris de las paredes. La llave no nos funciona al introducirla en la brillante manivela. Volvemos a recepción, nos las cambian y entonces sí que abren. Sensación de frescor, limpieza, luminosidad y modernidad.

Junto a la puerta, la ranura para la tarjeta que enciende las luces. Un pasillo con pared blanca a la derecha. Suelo de madera oscura muy limpia y bonita, en toda la estancia. A la izquierda, la puerta de cristal opaco del baño, como es habitual en la cadena. A continuación el control del aire acondicionado. Muy sencillo de manejar: un selector de temperatura y un panel de intensidades, incluyendo el auto. Aunque bastante ruidoso para dormir con él encendido. Antes de entrar en la habitación propiamente dicha hay un pequeño armario sin puerta, con varias baldas. En una de ellas hay dos toallas amarillas para la piscina, en otra hay un aparato de radio con reproductor de CDs (no conseguimos sintonizar ninguna emisora) y en la más baja de las baldas está el minibar, bien surtido con aguas, refrescos, cervezas, cavas, vinos y algunos snacks. 


A continuación, la habitación. Generosa de tamaño. En la pared izquierda, pintada en negro encontramos un largo maletero en piel y aluminio. Sobre él, un cuadro en blanco y negro de motivos marineros. A continuación una generosa mesa de trabajo en madera oscura y aluminio, sobre la que hay un vade negro, una lámpara de mesa (algo escasa de potencia) y algún folleto del hotel. Bajo la mesa, una papelera y dos enchufes disponibles, aunque de acceso algo difícil. Sobre la mesa un gigantesco televisor de plasma. Quizá excesivo. La silla de trabajo comodísima, de piel y acero giratoria y con ruedas. 

A la izquierda encontramos un armario con cuatro cuerpos. Los dos de los extremos son espejos de techo a suelo. Los otros dos, dos puertas correderas de madera oscura y cristal blanco tras las que se ofrece una barra colgadora con perchas normales de madera y una balda en altura en la que se encuentran los nórdicos de las camas doblados por si fuera necesario. El interior del armario está iluminado con un punto de luz.

En el centro, dos camas vestidas de blanco, con canapés en gris bastante sucios. Sábanas suaves, dos almohadas cada una, de distinta dureza, pero quizá ambos demasiado gruesos -aunque para gustos los colores-. El colchón está quizá "demasiado trabajado" y se hunde demasiado en el centro y "gruñe" mucho al moverse. Todo ello enmarcado en un cabecero rugoso de tonos grises. A cada lado sendas mesillas de madera color acero. Sobre ellas lámparas de noche y dos brazos direccionables de lectura, de fenomenal potencia. En una de las mesillas hay un teléfono, un bloc de notas, un bolígrafo y un enchufe. En la otra no hay nada más que interruptores. Estos sólo permiten encender las luces de lectura y encender y apagar todo lo demás. No es posible otro juego de luces, lo que resta cierta efectismo a la estancia. 

A continuación de las camas, hay una vieja e incluso rota alfombra gris, sobre la que hay una butaca a juego con la silla de trabajo pero algo más desgastada y rayada y con una especie de reposapiés en acero y piel negra. A continuación un enorme ventanal que da acceso a una mínima terraza desde la que se disfrutan de fantásticas vistas al jardín y la piscina aquí delante, y a la arena y al mar, allá lejos. La ventana se protege con un foscurir y un visillo algo sucios y viejos que evidentemente no impiden demasiado el paso de la luz por la mañana.

El descanso no es del todo agradable. Aunque el entorno del hotel es muy tranquilo no dejan de escucharse ruidos durante toda la noche. La insonorización de las habitaciones no es la mejor, ni tampoco de las puertas. Se escuchan voces en habitaciones cercanas, ruidos en el pasillo como si estuvieran pintando, sonidos de aguas, golpes con sillas, pasos...

El estilo del baño es el clásico de la cadena. Generoso de tamaño. Paredes de baldosas rectangulares en color gris verdoso. Suelo de la misma madera que el dormitorio. Una encimera de cristal opaco con el lavabo. Sobre ella un bote de champú, otro de gel, y otro con loción corporal además de una pastilla de jabón en forma de pelota de golf. Dos toallas pequeñas de mano. Sobre la encimera un espejo con dos luces incrustadas a derecha e izquierda. Bajo la encimera, un ligero armarito de metal y madera ofrece el resto del set de amenities: una gamuza limpiazapatos, unos kleenex, un gorro de ducha, un set dental, un peine y una toalla extra. Junto al lavabo un potente secador de pelo. 

A la derecha, el inodoro y el bidet, de porcelana blanca. Justo al frente, una generosa bañera protegida por media mampara de cristal. La ducha, de teléfono, funciona con una excelente temperatura, brutal presión pero quizá algo justa (pero no mal) de caudal... a veces llega a "pinchar" el agua. Dentro de la bañera, una barra de acero sostiene dos grandes toallas de baño y en otra barra bajo el lavabo, otras dos de manos. La lencería en general es limpia y de buena calidad y estado. 

En la recepción por la mañana, un trámite algo frío y aburrido. La factura, la tarjeta, algo del minibar y nos vamos. Sin mucho más. 


Calidad/precio: 8
Servicio: 7
Ambiente: 8
Habitación: 7.5

Baño: 8.5
Estado de conservación: 7

Desayuno: 
Valoración General: 7.5

martes, 4 de octubre de 2016

PETIT PALACE LEALTAD PLAZA (MADRID)

PETIT PALACE LEALTAD PLAZA (****)
Antonio Maura 5
28014 Madrid


Hab: 404
Fecha: 15/08/16
Tarifa: 135 (triple A+D)

Ubicado en una de las zonas más elegantes de Madrid, en el cuadrado formado‎ entre el Retiro, el Ritz, la Bolsa y el monumento al soldado desconocido. Petit Palace gestiona como hotel un antiguo edificio de viviendas que aún conserva ese sabor en su portal, en sus suelos, en sus balcones, en su estructura. Seis plantas de ladrillo rojo, contraventanas de madera y balcones de forja negra. 

La entrada, como si de a una vivienda se tratara se hace‎ a través de un portal muy iluminado con un puñado de escaleras. Antes de llegar a la antigua  escalera central del edificio, de madera y forja hoy restaurada y en uso, encontramos a la izquierda, como si de la entrada a una casa se tratara, un estrecho pasillo que termina en el mostrador de recepción. Dos puestos de trabajo bajo un enorme logo de la cadena.

A la izquierda del mostrador, un pequeño puesto con agua con naranja, con limón , con pepino para refrescar al viajero de la canícula capitalina. Sobre el mostrador unos cuantos carteles sobre el hotel y varias opciones para comprar su perfume (velas, pulverizadores...). Tras el mostrador, Blanca se preocupa de nuestro viaje, de si estamos cansados y demás, pero el trámite de recogida de datos es agotador. Todos los mayores de 18 años han de mostrar el DNI y todos los datos han de ser registrados en el ordenador... Cuando termina el proceso, nos explica el horario del desayuno y el funcionamiento del wifi que es gratuito y de sencilla conexión. Funciona correctamente durante toda la estancia.

Blanca nos indica que el ascensor está estropeado y que hay unos técnicos intentando repararlo. Así que subimos por la amplia escalera que no sólo conserva su estructura sino las bellas puertas de acceso a las viviendas. Una vez pasado el recibidor de la cuarta planta, nos adentramos en el pasillo de las habitaciones.

La sensación cambia por completo. El aroma fresco se mantiene, pero de lo "clásico" pasamos a lo moderno y futurista: ‎suelos de moqueta gris, luces puntuales, paredes y puertas blancas, números de las habitaciones en grandes adhesivos plateados sobre las puertas. Un moderno y sencillo pomo plateado nos permite insertar la tarjeta que abre la habitación.

Dentro destaca el fresco del aire acondicionado la luminosidad de la pared de entrada y la combinación entre elementos futuristas y formas clásicas como las molduras de las paredes o la madera del suelo, antigua y crujiente. La puerta se abre y se cierra con un profundo chirrido de sus bisagras. 

Accedemos a una pequeña estancia cuadrada, de blancas paredes, en la que encontramos un maletero en tonos plateados, un armario pequeño con dos puertas: en una colgador de ropa y algunas baldas. En el otro, más baldas con mantas, el minibar y la caja fuerte. A la izquierda, la puerta del baño, de cristal con un vinilo de una imagen como ampliada al microscopio. 

Junto a la puerta de entrada el display del aire acondicionado, de sencillo manejo, pero sumamente ruidoso. Menos mal que al llegar la habitación está lo suficientemente fresca como para mantener la temperatura toda la noche. Los interruptores de la luz, de toda la habitación, están rodeados de un marco de flores blancas y negras.

Un poco más adelante, pasando el marco de una puerta encontramos el dormitorio. Justo de tamaño destaca por sus paredes en verde y sus molduras de escayola en el techo blanco del que cuelga una gran lámpara de corte moderno.‎ Al fondo, tras un tupido foscurit y un visillo metálico un balcón, con estrecha terraza, y vistas a la puerta principal. El balcón cierra perfectamente e insonoriza bastante de la calle, ya de por sí tranquila. También el interior del hotel es tranquilo y no se escuchan voces ni pasos. 


En el lado derecho‎, a los pies de la cama, hay un estrecho y largo escritorio. Un tablero en tono plateado sostenido por dos tablas a juego. Nada más. Sencillo. Pero suficiente. En él, un lámpara modernísima de plástico negro, más decorativa que útil. Algunos folletos e información del hotel. Delante de la mesa varios enchufes para los gadets tecnológicos y una inclinada televisión plana que en standby emite una molesta luz azulada. 

A la izquierda está la cama. Blanca, muy confortable, de buen tamaño para ser doble. Mullido colchón, confortables almohadas, y un suave nórdico. Toda ella protegida por un cabecero de piel marrón oscura en capitoné. Del mismo cabecero salen dos mesillas metálicas, en una de ellas el mando de la televisión. Sobre las mesillas sendas repisas con enchufes e interruptores de la luz. Sobre una de ellas un teléfono de corte retro. La luz es bastante efectista, y desde la cama podemos controlar todas las opciones: la lámpara del techo, la de la mesa de trabajo, un aplique de la pared, un pequeño foco que hace las veces de luz de lectura y una tira de leds escondida en el remate del cabecero. 

El baño es pequeño, pero suficiente. Suelo negro de pizarra y paredes de porcelana blanca. Muy luminoso. A la derecha encontramos un armario ligero sobre el que se asienta un lavabo moderno y demasiado pequeño. Aunque la presión y el caudal son buenos, no sale agua caliente. En el armario se presenta el completo set de amenities: gel, champú, jabón, set dental, de afeitado, gorro de ducha, kleenex, un secador de pelo de generosa potencia y un espejo de aumento. El frontal del lavabo es de pequeñas baldosas negras brillantes, y sobre ellas, un generoso espejo.

A la izquierda encontramos el inodoro. Se prescinde del bidet. Y justo de frente la enorme cabina de ducha. Protegida por una mampara de cristal ofrece una columna con un grifo de teléfono y una gigantesca alcachofa (de la pared a la mampara) de la que sale agua abundante, con adecuada fuerza y fenomenal  temperatura. Junto a la ducha, en un alto toallero se presentan las toallas. En total hay cuatro de baño (alguna se presenta debajo del lavabo) y tres de manos (que cuelgan del lavabo), todas ellas de generoso tamaño y calidad. 

Por la mañana, en el sótano, se sirve un excelente buffet. Lo más destacado, sin duda, del establecimiento. Todo lo imaginable está allí: zumos, smoothies, huevos (que se pueden pedir en el acto), bacon, salchichas, tortilla de patata, jamón, fiambres, quesos, fruta cortada y preparada, espárragos, atún, salmón, lechugas, preparados lácteos de cacao, coco, avena... La bollería destaca por sus churros y porras además de algunas magdalenas, croissants, mantequilla y mermelada. Café de Nespresso para rematar el despertar. Todo ello atendido por un equipo numeroso, atento y sonriente en un entorno postmoderno en el que se combinan las lámparas colgantes con las paredes encaladas de ladrillo.

En la recepción al salir se preocupan de nuestro descanso, y de entregarnos adecuadamente la factura.

Calidad/precio: 9
Servicio: 8

Ambiente: 7.5
Habitación: 7

Baño: 8
Estado de conservación:7.5

Desayuno: 10
Valoración General: 8.5

viernes, 21 de agosto de 2015

SUITE NOVOTEL CALAIS COQUELLES TUNNEL SOUS LA MANCHE (CALAIS)

SUITE NOVOTEL CALAIS COQUELLES TUNNEL SOUS LA MANCHE (****)
Place de Canterbory
62231 Coquelles 
FRANCE

Habitación: 114
Fecha de entrada: 12/08/2015
Tarifa: 135€

Situado a dos kilómetros de la terminal del Eurotunnel sobre el Canal de la Mancha. junto a la terminal de mercancías, rodeado de un centro comercial, dos restaurantes de comida rápida y dos hoteles Ibis. Comparte parking y un pequeño jardín con los otros dos hoteles, todos de la misma estructura externa: tres alturas, muchas ventanas y una puerta de acceso casi oculta entre los pequeños árboles que rodean la finca. 

Tras la puerta automática hay un espacio no muy grande en forma de L. Hacia la izquierda se extiende el comedor de desayunos, algo desordenado. Hacia la derecha una zona con un ordenador, una mesa-pantalla interactiva para que jueguen los niños, un green de golf en miniatura, un pequeño corner en el que se ofrece una cierta variedad de alimentos y bebidas, y al fondo, los ascensores. Justo en el vértice de la L, un tanto abigarrado de carteles, displays y rollups se encuentra el largo mostrador de madera que hace las veces de recepción y de barra de bar. 

El trato del equipo humano es correcto y simpático pese a la dificultad de utilizar lenguas distintas. Se agradece el enorme esfuerzo por atendernos en castellano, aunque se le cuelen algunas palabras en inglés y francés. Las llaves están preparadas, así que sólo resta pagar la estancia (se cobra al entrar, no al salir) y que nos expliquen el funcionamiento del wifi, el horario del desayuno y nos entreguen la tarjeta con la bebida de cortesía que nos ofrecen por poseer el nivel Oro de su programa de fidelidad. La atmósfera en general aunque no es negativa, no es del todo acogedora, quizá falte algo de luz más cálida y algo menos de carteles. Además hay un continuo trajín de gendarmes que se alojan en el hotel como refuerzo por la llegada masiva de inmigrantes al túnel que intentan alcanzar una vida mejor en el Reino Unido.

Un pasillo largo, frente a los ascensores, enmoquetado en tonos amarillos, verdes y negros abre las habitaciones de la planta baja, donde está ubicada la nuestra. Puertas de color morado y todo bastante limpio. Lástima que la luz resulte algo fría e impersonal. Al abrir la puerta el espacio es enorme. Una moqueta a rayas en tonos marrones cubre todo el suelo. Su aspecto es cuidado y limpio. Lo primero que destaca del espacio son las cinco ventanas con vistas a la zona de parking y unos largos visillos blancos de techo a suelo que ayudan a separar los distintos espacios de la estancia. 

Frente a la puerta hay una gran mesa de trabajo en forma de riñón, con una silla bastante cómoda en cada lado. Sobre ella, una lámpara móvil y junto a ella una estantería con varios enchufes y una cafetera Nespresso con una cuidada selección de cafés y galletas. El wifi, que es gratuito, funciona rápida y eficazmente y no resulta demasiado complejo conectarse a él. 

Después de la mesa, y bajo cuatro ventanas tapadas por un suave visillo, desde el techo hasta el suelo, y por unos estores de foscurit, hay un sofá de tres plazas algo incómodo, pero que llegado el momento puede hacer las veces de cama. Ni el leve visillo ni el foscurit de las ventanas consigue frenar la luz de la mañana por lo que nos despertamos temprano. Sin embargo, la insonorización, tanto interior como exterior, resulta fenomenal. Hay interruptores por toda la habitación que permiten jugar con la luz hasta conseguir un ambiente más o menos cálido y acogedor.

Junto al sofá hay un mueble giratorio sobre el que está instalada la televisión: plana y moderna. Sobre ella otro riel de cortinas separa con unos visillos la zona de estar/trabajo de la zona de dormir. Tras los visillos encontramos una cama doble, bajo la que se ofrece, totalmente oculta en el pié de la cama, otra cama individual en caso de que se viaje en familia. La cama está encuadrada entre dos mesillas largas y un cabecero de madera en tonos rojizos. Sobre una de las mesillas hay una lámpara de noche. Agradable de luz, pero insuficiente para la lectura nocturna. Sólo en ese lado hay dos enchufes. En el otro lado de la cama no hay nada. Sobre la mesilla, junto a la lámpara, un teléfono y un block de notas y un lapicero. 

La cama es cómoda, blanca. El colchón no destaca por su grosor pero no podemos decir que sea incómodo. Vestida con unas suaves sábanas blancas y un mullido nórdico, quizá excesivo para la temperatura de agosto por lo que pasamos algo de calor durante la noche. El aire acondicionado que se maneja desde un display sencillo con tres opciones de potencia y una rueda para la temperatura funciona a la perfección, aunque no dispone de modo automático y en sus potencias más altas hace excesivo ruido para dormir con él encendido. Cuatro almohadas de distintos tamaños y durezas permiten elegir la más adecuada a nuestro descanso.

A la derecha de la puerta de entrada encontramos una zona incrustada en la habitación como si fuera prefabricada. Junto a la puerta hay un espejo y a continuación una especie de armario gigante curvo que combina la fibra de vidrio con la madera y el plástico y ofrece por un lado un pequeño cuartito con el inodoro y un pequeño lavabo con un espejo. En la zona central encontramos una pequeña "cocina" con un microondas, una tetera, un pequeño fregadero, un par de armarios y estantes y un surtido de tes, manzanillas, cafés y azúcar. Bajo el microondas hay un pequeño minibar de escaso surtido (zumos, refrescos y agua) que ofrece una botella de agua de cortesía. 

Al final de esa zona y tras el armario (con una zona de baldas a un lado, donde encontramos la caja fuerte, y otra zona de colgador al otro) dos puertas de madera roja nos sitúan en la zona "de agua". El suelo de fibra de vidrio imitando madera, sobreelevado desde el original de la habitación da una sensación como de inestabilidad. Todo muy iluminado. De frente el lavabo en forma de un cuarto de círculo, también de fibra en tono azul. Sobre él un espejo enorme y bajo el mismo un espacio para las toallas y el secador, de escasa potencia. A la izquierda una bañera y a la derecha tras una puerta doble de cristal una cabina de ducha. Todo da la sensación un poco de prefabricado, pero funciona bien. La presión es excelente en todos los grifos así como el caudal. La temperatura de la ducha es igualmente correcta, aunque entre el frío y el calor casi no hay separación y cuesta encontrar una temperatura "templada". 

Albornoces con capucha y toallas de bañera y lavabo componen el set de lencería. Bastante correcto. Sin grandes lujos, pero al menos limpias y de buen tamaño. El jabón de manos y el gel/champú se ofrecen en unos botes anclados a la pared, junto al lavabo y dentro de la ducha. El conjunto de amenities se complementa con una pastilla efervescente para la bañera, un set de manicura, y dos botecitos de gel exfoliante. 

Por la mañana el desayuno servido junto a la recepción es bastante prescindible, de no ser porque no hay nada alrededor donde tomar un café y un croisant. Un escaso buffet, aunque con gran variedad (cereales, bollería, huevos, bacon, fiambres y quesos, zumos, agua y café) se sirve a modo de self service con una bandeja. Al menos el agradable y entusiasta recepcionista te prepara con entusiasmo y brío el café. 

En la despedida todo correcto y amable. Nos preguntan por el minibar, claro; pero también por si hemos estado bien, por si necesitamos ayuda para seguir el viaje y nos desean un buen día. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Habitación: 8
Baño: 7
Estado conservación: 7.5
Valoración general: 8

martes, 8 de abril de 2008

ABBA MADRID HOTEL (MADRID)



Abba Madrid Hotel (****)
Avda. de America, 32
28028 Madrid
Telf: 912.125.000
Fax: 912.125.001

www.abbamadridhotel.com

Habitación: 1116
Fecha de entrada: 06/03/2008
Tarifa: 130€ (Sólo alojamiento)

Frente al primer semáforo de Madrid, entrando por la A2 y a un paso del barrio de la Salamanca, en el magnífico nudo de comunicaciones de la Avenida de América, Abba levanta este enorme hotel de 12 plantas, funcional, sin caracter, correcto y estandar.

El edificio más bien soso nos recibe con un montón de coches en doble fila frente a la puerta. Esta es de esas giratorias con vocación "asesina". Dentro un amplio espacio para la recepción, junto al bar y restaurante (separados por una puerta de cristal). Los trámites de check in resultan como siempre tediosos y lentos. Como si no tuvieran mis datos!, aunque al menos se realizan con amabilidad, cercanía y una sonrisa, que siempre agradece el viajero.

Por unos oscuros e insulsos ascensores accedemos hasta la penúltima planta del edificio. Allí, los pasillos, en tonos ocres nos abren las habitaciones. La tarjeta de apertura de la puerta, repleta de publicidad, no deja claro hacia donde hay que insertar la tarjeta, con el consiguiente lío a la hora de abrir la puerta. Una vez dentro, un pequeño recibidor con el armario ropero y la puerta del baño nos da la bienvenida a un espacio relativamente amplio, vestido con una moqueta azul bastante deteriorada con manchas de todo tipo y un una enorme ventana que deja ver el nuevo skyline de la capital.

La cama es enorme. El colchón confortable y las sábanas correctas. El cabecero se presenta con unas luces terribles de visión y nefastas para la lectura en la cama. No hay otras luces alternativas en las mesillas de cristal. Tampoco enchufes para el móvil o el portátil cerca de la cama. Además los interruptores de la luz se han colocado excesivamente lejos de la cama. Uno que es "largo" llega con dificultad, así que el común de los mortales debe bajarse de la cama para apagar la luminaria.

Junto a la cama, la enorme ventana con foscurit, visillo y cortina para impedir el paso de la luz, aunque no el ruido. Se ha hecho mucho por la insonorización, pero el tráfico de la calle sigue oyéndose en la habitación, especialmente a la noche. Ahora, que el zumbido del Aire Acondicionado es todavía peor. Nos gusta que junto al maletero haya un espejo vestidor de cuerpo entero.

En la mesa de trabajo dos partes separadas por una lámpara. La televisión y el minibar, y el escritorio, con conexión a la corriente y a la red, también con wifi, pero de pago. 5,12 Euros los 45 minutos. No está nada mal para ser un hotel de "negocios". Menudo negocio. El chollo del siglo. Sobre la mesa varias revistas, libros y el periódico del día.

Quizá falte un pequeño sofá junto a la ventana, para disfrutar de la lectura con los nuevos rascacielos de Madrid a la vista.

El juego de las luces es bastante penoso. O se tienen muchas encendidas, o casi ninguna. Además si enciendes las de la cama, se enciende también la de la mesa... en fin... que es imposible crear un "ambiente agradable".

El baño es igualmente espacioso. En mármoles blancos y verdes dispone de todos los elementos necesarios: inodoro -con escasa descarga de la cisterna-, bidet, lavabo con un enorme espejo y bañera sufiencientemente amplia y en la que disfrutar de su temperatura y caudal en una reparadora ducha matutina. Toallas abundantes, amplias, limpias y agradables completan un espectacular set de amenities en el que como productos curiosos se ofrecen un botecito de colonia y otro de after shave, todos ellos de la colección "Atapuerca", creada para la cadena. Nos resulta curioso -no nos había ocurrido antes- que el sobre de espuma de afeitar estaba vacío... No había espuma en su interior.

Dentro de la ducha, dos botes de gel y champú pegados a la pared. Menos mal que al tener cortina (y no mampara) uno no los ve hasta que no está dentro de la ducha, porque si no... Menudo bajón. ¿Hay algo menos lujurioso que eso?.

Por la mañana, más de lo mismo "¿La 1116? Muy bien. ¿Algo del minibar?"... Y si he dormido bien, no es importante...

Calidad/precio: 6
Servicio: 7.5
Habitación: 7
Baño: 7.5
Estado de Conservación: 7.5
Valoración General: 7